¡Ya estamos con el tercer capitulo! Bueno, realmente ahora sí es el tercer capitulo pero en mi primera etapa con esta historia, esto era la segunda parte del segundo capitulo. Lo que pasa es que me pareció un capitulo demasiado largo, así que decidí que lo mejor era dividirlo en dos, así no se os hará más pesado.
Espero que os guste este capitulo y que sigais leyendo la historia. Aquí lo tenéis:
Volviendo a la enfermería
El viento soplaba fuerte, por lo que Mara apenas podía escuchar a los compañeros que viajaban con ella en las escobas voladoras. Llevaba bajo el brazo un cofre de madera y estaba decidida a protegerlo con su vida. Era importante que aquel objeto no cayera en manos inadecuadas, porque si no supondría la extinción de todo lo que existía. Eso era lo que le habían enseñado los recuerdos heredados por su familia. "El tesoro de la sabiduría. Miles de años de lucha, sufrimiento y secretismo por el bien de la humanidad." se dijo así misma Mara. Muchas de las generaciones de su familia habían vivido por y para salvaguardar ese cofre y la historia que venía tras ella. Mara, al igual que sus padres, también seguiría con la misión que les fue encomendada hace muchos siglos atrás. Por eso estaba en esa situación, escapando de aquellos que querían su poder. Estúpidos ignorantes, que no se daban cuenta de que aún siendo el mago más poderoso del mundo no podrían controlarlo.
Mara dirigió la escoba a la derecha para acercarse al hombre que tenía más cerca y el que parecía ser el cabecilla de los demás.
-Thomas, dentro de poco tendremos que virar. La casa de los Constanzzo está al oeste de Florencia.-gritó Mara.
-Lo sé, pero para nuestra seguridad será mejor que demos un rodeo, no me extrañaría que nos estuvieran esperando. Giovanni y los demás te cubrirán por detrás, encima, abajo y en los laterales. Yo iré delante de ti. Toda precaución es mínima.
-Vale -dijo ella asombrada de la profesionalidad del hombre.
Había que admitir que era un hombre de confianza, ya que se lo había recomendado su tutor. Él se llamaba Ignatius y había sido el hombre que la encontró veinte años atrás en la cueva donde habían muerto sus familiares. Él la cuidó y educó de la mejor forma que pudo y le habló por primera vez de la misión de su vida. Ahora, Ignatius era demasiado viejo para ayudar a Mara en el traslado, pero su sabiduría siempre le ayudaría aunque él no estuviera presente.
Tal y como dijo Thomas, los hombres se pusieron en posiciones y empezaron a avanzar más rápidamente. Mara estaba rodeada como si de un escudo se tratase. La travesía estaba siendo bastante tranquila, no habían encontrado ningún enemigo todavía.
De repente, el hombre que estaba encima de Mara se cayó de la escoba sin vida. Mara le esquivó solo por unos centímetros. Subió la cabeza y vio a cinco personas a unos diez o quince metros de ella. Estaban vestidos de negro y con la varita en la mano.
-¡Atacad!-grito Thomas, que se acercaba a Mara para protegerla. Unos siete hombres se dirigieron hacia los otros cinco. Mientras los cinco que quedaban se reunieron alrededor de Mara para formar un escudo.
Diferentes luces cruzaron de un lado a otro, mientras los protectores de Mara con varita en mano los rechazaban y enviaban hechizos. Dos de ellos cayeron y los demás aumentaron la velocidad. Con esa velocidad la comunicación se hizo más imposible. Mara solo escuchaba palabras sueltas de los hombres que le rodeaban. "Ojala pudiera coger mi varita" pensó ella, pero no tenia manos, la izquierda dirigía la escoba y con la derecha cogía el cofre. Viraron bruscamente a la izquierda y se metieron en un bosque poco denso, pero que sería suficiente para poder despistarlos. Con gran destreza esquivaron los arboles.
-Vosotros a la izquierda, Mara, Charles y yo a la derecha nos encontraremos al final del bosque.-gritó Thomas.
Así el grupo se separo y los perseguidores también lo hicieron. El grupo de Mara se detuvo en un árbol a esperar que los seguidores pasaran por ahí. Cuando pasó el primero, un ataque de Charles le tiró de la escoba. A los pocos segundos pasaron otros dos que fueron abatidos por los hechizos de Thomas y Charles. Viendo que no pasaba nadie más, se imaginaron que esos serían los perseguidores que habrían ido por su lado, así que reanudaron el viaje.
Pero aún quedaba otro escondido entre los arboles, y cuando vio que Mara y sus acompañantes no estaban en guardia atacó. El primero en ser alcanzado por un hechizo fue Charles, que se desplomo hacia el suelo. Mara y Thomas aumentaron la velocidad, pero el enemigo les seguía de cerca enviándoles hechizos cada dos por tres. Por suerte Thomas los rechazaba con bastante soltura. Aún así un hechizo llegó a su escoba y le quemó la parte de atrás desequilibrándole por unos momentos. Unos momentos que el enemigo aprovechó para derribarlo. Mara se quedó sola. Intentó coger la varita del bolsillo derecho de su túnica, pero un hechizo la alcanzó.
-¡No!-grito Lily.
Aquello fue como un flash-back, Lily se volvió a ver a ella misma en la enfermería, pero esta vez sí sabía que había pasado. Al recordar a su profesor de pociones, la chica se levantó rápidamente de la camilla pero unas manos le pararon.
-Señorita Evans. Tranquila. Ahora descanse.- dijo la enfermera Pomfrey.
-¿Dónde está el profesor?
-Está en San Mugo. Pero no te preocupes solo ha sufrido heridas leves. Pero por si acaso le han llevado allí.
-¿Qué ha pasado? Estaba buscando ingredientes para la poción y de repente hubo una explosión.
-Según el director, alguien roció los calderos con mandrágora, al echar el higo seco pelado la mezcla hizo reacción. No se sabe quién pudo ser, pero se está investigando. Dumbledore me dijo que luego hablaría contigo.
-Vale -dijo ella dubitativa.
"¿Quién habrá hecho eso?" pensó Lily. ¿Acaso alguien querría matarla? ¿O el ataque iría para el profesor? Entre las pesadillas y el ataque que había sufrido, la pelirroja estaba cada vez más nerviosa. ¿Tendría todo aquello relación? ¿O se estaba volviendo loca? Cada vez se arrepentía más de haber hecho esa escapada aquel día.
De repente se escuchó un alboroto que venía de la puerta y cuando se levantó para ver qué pasaba, vio a sus amigas que venían acompañadas del director.
-¡Lily!-gritaron todas a la vez.
-Hola chicas.-dijo ella.
-¿Qué tal estás Lily?-pregunto Dumbledore con una sonrisa en la boca y rodeado por el grupo de chicas-.
-Bien. Me duele un poco la cabeza y algunas partes del cuerpo. Pero por lo demás estoy bien -respondió devolviendo la sonrisa al director.
-Mira que eres patosa.-le dijo Mary de forma cariñosa a la par que burlona.
-Hemos estado muy preocupadas por ti.-añadió Karen.
-No pasa nada, estoy bien. Aunque me gustaría saber, ¿Cuándo podre irme de aquí?
En ese momento las chicas y Dumbledore miraron a la enfermera. Esta se quedó unos segundos pensativa y respondió:
-Bueno, veo que está bien. Así que no veo impedimento para que la señorita Evans, vaya a la torre Gryffindor. Pero si se encuentra mal a la noche venga aquí inmediatamente.
-Gracias enfermera Pomfrey.-dijo Lily.
Entonces por la puerta apareció la profesora McGonagall, que tenía un mensaje para el director. Este citó a Lily en su despacho al día siguiente y, disculpándose ante las cinco amigas, dejó la enfermería. Ayudada por las demás, Lily recogió sus cosas de la mesilla de al lado de su camilla y se dirigió a la sala común de Gryffindor. Durante la caminata, las cuatro amigas le contaron a la pelirroja cómo habían oído la explosión y cómo los profesores habían bajado a las mazmorras. Cuando los vieron a los dos, decidieron llevar al profesor Slughorn a San Mugo y dejar a Lily en Hogwarts, ya que solo tenía rozaduras y moratones. En el camino, las chicas tuvieron que hacer unas cuantas paradas, ya que la gente le preguntaba a Lily qué tal estaba.
-Menudo día.- soltó Jane.
-Pues sí.-dijo Lily.
-No me creo que haya pasado esto en Hogwarts. Este es el lugar más seguro del mundo. ¿Cómo ha podido ocurrir semejante accidente?-añadió Pepper.
-Sí, un accidente.-susurró Lily pensativamente. Cada vez estaba más segura de que eso había sido un incidente fortuito.
De repente todas se quedaron calladas. Aunque Lily no lo supiera, no era la única que creía que lo ocurrido ese día no había sido un accidente. Ahora mismo circulaban por la escuela rumores que decían todo lo contrario, algunos de ellos culpaban a ni más ni menos que al mismísimo Voldemort, aunque según sabían sus amigas, no había razón para que él atacara a Slughorn.
-Bueno, será mejor que nos cuentes tu ver…-dijo Mary a su amiga sin acabar la frase, pues vio como James y los demás se acercaban.
Las cuatro amigas miraron hacia la dirección que miraba Mary.
-Hola -dijo Remus.
-Hola chicos.-contestó Lily.
Remus era el que más cerca estaba de Lily y sus amigas. Detrás de él estaban James y Sirius. Detrás de ellos dos estaba Peter, que al ver que Lily le miraba le dedico una sonrisa que ella le devolvió.
-¿Qué tal estas?-siguió hablando Lupin.
-Bien. La peor parte se la ha llevado el profesor. Espero que no tenga nada grave.-comentó preocupada.
-Seguro que está bien. Volverá en un visto y no visto.-le animó Peter.
-Sí, ya veras.-dijo James intentando quitarle importancia al asunto.- Seguro que Slughorn, en su vida como profesor de pociones, habrá pasado por peores situaciones. Sobre todo teniendo como alumno a Canuto.
-Oye, que yo sepa he tenido mejores notas que tú en pociones.-dijo Sirius ofendido.
Aquello provoco una sonrisa en los labios de Lily y por primera vez agradeció una broma de esos cuatro. Realmente aquellos cuatro sabían cómo relajar el ambiente.
-Bueno-dijo finalmente James ante el silencio que se había formado.- Si alguna vez necesitas algo, no sé algún apunte, el libro de pociones o una clase particular de Sirius.
-Será al revés.-comentó Mary cortando a James.
-Ya sabes dónde estamos.-concluyó él como si no hubiese escuchado a la morena.
-Gracias -dijo ella respondiéndole con una sonrisa.
-Será mejor que nos vayamos, no vaya a ser que vomite aquí mismo.-declaró Sirius, soltando un bufido al ver la escena.
-Tan suave como un estropajo.- expresó Mary sin tener respuesta de Canuto.
-Bueno será mejor que nos vayamos a la sala común, no vaya a ser que esto se convierta en algo peor que un enfrentamiento entre Gryffindor y Slytherin.-dijo Jane cogiendo del brazo a Lily y Mary.
Justo después Sirius empezó a burlarse de James, repitiendo lo que había dicho James antes con voz afeminada.
Después de aquello, las cinco amigas se encaminaron hacia la torre de Gryffindor comentando lo que había pasado minutos antes. Cuando llegaron a la sala común las personas que estaban allí le preguntaron a Lily que tal estaba. Esta les respondió de la mejor forma posible, ya que estaba cansada y cuando vio que nadie más le haría preguntas, se recostó en el sillón que había frente a la hoguera y que esa noche estaba vacío. Sus cuatro compañeras hicieron lo mismo.
-¡Al fin!-dijo Lily con los ojos cerrados.
-Ahora que me acuerdo. ¿No nos tenias que contar tu versión de lo ocurrido?-preguntó Mary.
-¿En este momento?-respondió Lily, que al abrir sus ojos vio a como las miradas atentas de sus amigas se dirigían a ella. Desganada y sin ver una salida posible, la pelirroja contó lo que le había pasado.
-Vaya. dijo Karen.-Menos mal que no ha pasado nada grave.
-Eso díselo al profesor Slughorn-contestó sarcásticamente Jane.
-Espero que este bien.-murmuró Lily preocupada.
-No te preocupes, seguro que para la próxima semana está aquí como siempre -dijo Mary intentado animarla.
Lily al ver como su amiga intentaba que no se preocupase, disipó los pensamientos malos de su cabeza e intentó hablar de otro tema.
-Por cierto Jane, siento no haber podido ayudarte con el entrenamiento. Toma ya no necesitaré esto.- metiendo la mano en la bolsa sacó la muñequera que le había prestado Jane.
-Tranquila. Mientras estabas en la enfermería le pedí a Jason Mcgregor, el capitán de Ravenclaw, que me ayudara con eso.
"Pero mira que es rápida para lo que quiere." pensaron las cuatro amigas al ver la rapidez con la que había encontrado un sustituto.
- Muy bien escogido.-dijo Pepper con entusiasmo.-Has elegido al tío más buenorro de Ravenclaw.
-Y también es uno de los mejores jugadores de la escuela.- comentó tímidamente Karen.
-Bueno y eso también.-añadió Pepper como si le diera poca importancia.
Lily y Mary se miraron una a la otra y una sonrisa apareció en sus rostros, ya que sabían que para Pepper solo había dos tipos de chicos en Hogwarts: los que eran guapos y los demás.
La alegría no les duró mucho ya que la profesora McGonagall entró a la sala común. Buscaba a alguien con la mirada, algo que se le hizo particularmente difícil con tanta gente en la sala. Aún así al final encontró a la persona que buscaba.
-Señorita Evans. Vengo a informarle de que el director estará esperándola mañana en su despacho a las cuatro de la tarde para hablar con usted del incidente de hoy.
-Gracias profesora. Llegaré puntual a la cita.
-Eso espero.-contestó la profesora y, echando una severa mirada a las chicas se dirigió a la salida.
Antes de que llegara al hueco donde estaba el cuadro de la señora gorda, la profesora recordó algo.
-Señorita Evans.-dijo en alto la profesora señalándole que se acercara.- Ya que es usted la prefecta, encárguese de poner este aviso en el corcho.
-Sí profesora.-contestó ella cogiendo el trozo de pergamino.
Cuando McGonagall se marcho, sus cuatro amigas se acercaron con curiosidad.
-¿Qué pone?-preguntó Mary.
La rodearon y Lily leyó en voz alta.
"Debido al acontecimiento ocurrido hoy, el profesor Slughorn estará de baja durante un mes, para descansar y recuperarse. Mientras tanto ya hemos asignado un sustituto para esta materia y empezara a impartir las clases el próximo lunes, por lo que les aconsejo que los deberes que haya enviado el profesor anteriormente estén hechos para entonces.
Atentamente. Albus Dumbledore."
Después de leer la nota, Lily la puso en el corcho, tal y como le había dicho la profesora. "Un mes." pensó la pelirroja. Al final las heridas no habían sido tan graves como ella pensaba y el profesor solo estaría fuera un mes. Por fin en todo ese tiempo, Lily empezó a tranquilizarse.
-Creo que es hora de irnos a la cama.-dijo Mary bostezando.
-Sí, ya son las doce y media. Además mañana tengo un partido importante que jugar.-añadió Jane mientras se dirigía a el sofá con las demás para recoger sus cosas.
-Pero si es viernes, no os apetece quedaros un poco más.-suplicó Pepper, que miró a Lily esperando que la ayudase, ya que esta era la que tenía el mejor don de la persuasión de las cinco amigas después de Jane.
-Yo también estoy cansada, pero seguro que Karen se queda un poco más.-dijo Lily.
-No es que no quiera quedarme, pero yo también estoy cansada.-susurró Karen como si esperara una reprimenda de Pepper por no quedarse.
-Vale. Vamos a acostarnos.-se resignó Pepper sabiendo que había sido vencida por sus cuatro amigas.
-Oye, ¿Alguien ha visto mi muñequera? Pensaba ponerme esa mañana, y echar a lavar la otra-preguntó Jane, buscando frenéticamente por todas partes.
Las cuatro al ver que el nerviosismo empezaba a adueñarse de la cazadora, la ayudaron a buscar la muñequera. Según ella la había dejado en el sofá grande en el que estaban Mary, Karen y ella, pero en un descuido había desaparecido por arte de magia. Las chicas miraron debajo de los cojines y nada, echaron un vistazo alrededor de los sofás y tampoco, solo faltaba mirar debajo de los sofás y fue allí donde lo encontraron.
- Aquí está.-gritó Jane al encontrar el preciado objeto en la butaca donde había estado Lily antes de que viniera la profesora McGonagall.
-Bueno ya que hemos encontrado el dichoso objeto, ¿Nos podemos ir a la cama?-preguntó Mary malhumorada mientras bostezaba.
Con paso ligero las cinco amigas se fueron a la habitación. Allí se pusieron los pijamas, apagaron las luces y hablaron de cosas triviales hasta que se quedaron dormidas, todas menos Lily, que todavía seguía dándole vueltas a las cosas que habían acontecido recientemente.
El diario
Nadie podía negar que esos últimos días habían sido realmente raros, con los sueños, los despistes y el accidente, o lo que fuera. Su vida había sido siempre tranquila y segura, así lo había decidido ella, pero de repente se había vuelto complicada y estresante. "Todo se fue al garete aquel dichoso día" pensó ella. Por un instante deseo no haber perseguido nunca a los merodeadores, quizá así nada hubiera ocurrido.
Fue entonces, cuando cruzó por su mente aquel instante en el que James le había agarrado en el prado. No sabía por qué había recordado eso, pero ahora lo tenía clavado en la mente. Por primera vez, vio con claridad el momento, cada detalle y cada gesto de James hacia ella. Tenía que admitir que el chico le había sorprendido, ya que dejo de lado su actitud de capullo integral que se mete con la gente. Quizá, pensó Lily, tenía una imagen equivocada de él. Quizá, mereciera una oportunidad. Al darse cuenta de que estaba pensando eso, desechó ese pensamiento ya que lo que menos necesitaba ahora era tener la distracción de un chico.
Viendo que seguía sin tener sueño, la pelirroja decidió hacer algo que, por lo menos, le distrajera. Después de estar unos minutos pensándolo, se le ocurrió la idea de plasmar todos sus sueños en una libreta, para no olvidar ningún detalle, ya que en su interior sabía que aquello que soñaba era de suma importancia, aunque no supiera por qué. Cogiendo de su mesilla un diario sin empezar que le había regalado Pepper de su viaje veraniego a Francia, una pluma y un tintero negro y se dirigió a la sala común que ya estaba desierta. El lugar que eligió para sentarse fue la mesa que estaba cerca de la ventana, para así aprovechar la blanca luz de la luna creciente. Acomodada en la silla, abrió el diario y empezó a escribir frenéticamente. Algunas veces dibujaba paisajes o personas para ilustrarlo mejor y cuando se tenía que referir a alguien utilizaba la primera letra de su nombre en vez de ponerlo entero. Pronto la pelirroja se vio sumida en la escritura y el dibujo, sin darse cuenta de que el tiempo pasaba.
Un partido con sorpresa
Cuando se quiso dar cuenta, el sol había aparecido sobre las montañas llenando la sala de un suave color amarillo palo. Lily miró a su alrededor, vio que sus compañeros más madrugadores ya se habían levantado. Con un gesto de cabeza los saludó y se metió de lleno otra vez en la escritura. Ya casi había acabado con la narración de su último sueño, y tenía muchas ganas de poder acabarlo.
Justo cuando acabó de escribir las últimas palabras, apareció por las escaleras Jane como una moto. Ya se había vestido para el partido y tenía la escoba apoyada en su hombro izquierdo.
-¡Jane! –grito Lily saludándole con la mano.
-Lily. Ya decía yo que no te veía en la cama. ¿Cómo es que te has levantado tan temprano?-habló muy rápidamente.
-No podía dormir, así que me vine aquí para entretenerme un rato.
-Ya somos dos. Me he despertado y me he puesto tan nerviosa que he empezado a andar de un lado para otro. Al final Mary me ha echado del cuarto.
"No me extraña" pensó Lily, ya que cuando Jane se ponía nerviosa (casi siempre cuando había partidos de quidditch) podía resultar bastante pesada.
-¿Qué es esto?-preguntó Jane al ver el cuaderno de Lily.
-Nada. Historias mías.- respondió ella tapando el cuaderno con disimulo.
Al hacer ese gesto Jane entendió que aquello era un asunto que su amiga quería guardar para sí misma. Queriendo respetar la intimidad de la pelirroja, la cazadora no insistió en el asunto y se marcho a desayunar y repasar el plan de jugadas.
Después de asegurarse de que su amiga se había ido, Lily miró el diario y le agradó el resultado de lo escrito y dibujado, por lo que por fin se pudo levantar de la mesa y desentumecer la mano y las piernas. Mientras se estiraba entera, miró al reloj que había en la sala y se dio cuenta de que todavía tenía tiempo de darse un largo chapuzón en el baño de los prefectos, así que recogió todas las cosas de la mesa y se encaminó a su habitación.
Con todo el cuidado del mundo intentó no hacer mucho ruido al entrar en el cuarto y rebuscar las cosas en su baúl. No le costó mucho tiempo encontrar una falda verde y una camisa de color marrón entre toda su ropa. Después de coger la ropa interior y sus zapatos marrones favoritos, la pelirroja se pregunto en qué lugar podría poner el diario, para que las cotillas de sus amigas no lo leyeran. Fue entonces cuando Lily decidió, que la mejor opción era el cajón con cerradura que estaba en la parte derecha de su cama. Rebuscando en la mochila encontró la llave y con un sonido seco abrió el cajón, metiendo dentro el cuaderno. Por desgracia, Mary solía tener el sueño poco profundo por lo que el sonido del cajón al cerrarse la despertó para sorpresa de la pelirroja.
-¿Lily eres tú?-dijo con voz adormilada.
-Sí. Sigue durmiendo que aún no es hora de levantarse.
-¿A dónde vas?
-Al baño de los prefectos a ducharme.
-Ah vale -finalizo Mary dándole la espalda a su amiga.
Con cierta rapidez para no despertar a las demás, Lily se puso la túnica para tapar el pijama de color azul que tenía puesto y se peino de la forma que pudo en la oscuridad.
El camino hacia el baño fue realmente tranquilo, poca gente caminaba a esas horas por los pasillos, así que no tuvo que disimular que llevaba el pijama debajo de la túnica. Cuando llegó al baño, este también estaba vació. Lily había ido muchas veces a ese sitio, pero siempre le sorprendía la belleza de sus mármoles blancos, su piscina y sus fuentes. En aquel lugar siempre se podía sentir en paz.
Antes de desnudarse, la pelirroja abrió los chorros para que la bañera se fuera llenando. Para esa ocasión eligió abrir los grifos que contenían jabón de color verde, azul y morado. Mientras se desnudaba, canturreaba una vieja canción que su madre ponía siempre en casa, era una melodía agradable y melodiosa que se amplificaba por todo el cuarto. Después de comprobar que el agua estaba a una buena temperatura, Lily se metió en la bañera y empezó a hacer espuma moviendo los brazos de un lado a otro. "No hay nada mejor que esto" pensó ella, mientras se apoyaba en el borde y cerraba los ojos. Fueron unos minutos mágicos, en los que la mente de la pelirroja permaneció en blanco.
Después de estar unos veinte minutos en la gigantesca bañera y al ver que sus dedos ya estaban arrugados, Lily decidió poner fin a su baño. Con tranquilidad se fue poniendo la ropa y guardando la sucia en la mochila. Cuando salió del baño, pudo comprobar que los pasillos se habían ido llenando de gente y se pregunto qué hora sería. Miro el reloj y se sorprendió del largo tiempo que había estado bañándose. Por ello, apresuró los pasos hacía la torre de Gryffindor para reencontrarse con su amigas.
Allí estaban Pepper, Mary y Karen terminando de vestirse en su cuarto. Al ver el ritmo que llevaban, Lily les metió prisa ya que sabía que Jane les estaría esperando nerviosa en el comedor. Mientras la pelirroja sacó el diario que tenía bajo llave y lo metió en el bolso. Cuando las cuatro amigas llegaron, les sorprendió ver que su amiga estaba con el capitán de Ravenclaw y para colmo no estaba nerviosa sino que sonreía. Cuando Jane vio a sus amigas se despidió alegremente del chico y se dirigió hacia donde estaban.
-¡Enhorabuena!-dijo Pepper animadamente.
Jane le hecho una mirada seria a su amiga.
-Lo dices un poco más alto y creo que se enteraría hasta un sordo.-comentó Mary.-Me alegro de que estés mejor.
-Siento lo de antes.-se disculpo Jane.-Bueno ahora me tengo que ir que Potter nos ha dicho que estemos antes del partido en los vestuarios. Luego nos vemos -finalizó ella cogiendo la escoba y dirigiéndose a los vestuarios.
-Además de que nos metes prisa para venir a desayunar, coge se va.- dijo Mary mirando a Lily.
-Por lo menos no está nerviosa. Ya sabemos cuál es el remidió de Jane para el nerviosismo.- añadió la pelirroja sonriendo.
-Y el de Pepper.-susurró Karen tímidamente.
Al oír aquello las dos amigas se rieron, mientras Pepper haciéndose la herida se sentó en la mesa de los Gryffindor. La hora del desayuno paso rápidamente para Lily y sus amigas y pronto llegó la hora de ir a coger un buen sitio en el estadio.
El partido de aquel día era Gryffindor contra Hufflepuff. Por suerte para los jugadores, el día era bastante soleado, además de poco caluroso y el viento casi ni se notaba. Las chicas eligieron las filas del medio para ver la competición. Después de unos minutos el estadio se lleno completamente de personas con colores que iban del rojo y dorado de Gryffindor a amarillo y negro de Hufflepuff. Los comentaristas como siempre fueron dos chicos de Gryffindor llamados Elah y Corvin.
El partido no tardó mucho en empezar y cuando los jugadores salieron al campo, los vítores y la algarabía comenzaron. Los comentaristas dijeron uno por uno los nombres de los participantes, poniendo más atención en el capitán de Gryffindor. Cuando lo presentaron, los vítores de los Gryffindor subieron de tono y un grupo nutrido de chicas chillaron su nombre. Al ver esto, Lily no entendió porque James no escogía una de esas chicas en vez de ella, por lo menos así el "amor" sería reciproco.
Después de la presentación, la profesora Hooch abrió el baúl de las pelotas y dio comienzo al partido con un pitido de su silbato. James fue quien cogió el quaffle y se precipito con rapidez a la portería contraria seguido por Jane y el tercer cazador, Norman. Los primeros puntos no tardaron en llegar para el equipo de Gryffindor. Aún así, los jugadores de Hufflepuff no se dieron por vencidos y empezaron a contraatacar, utilizando la estrategia de adelantar a dos cazadores y dejar más atrás al tercero, para que fuera este el que rematara la jugada. Al principio la jugada surtió efecto, pero James sabía muy bien contrarrestar está técnica.
Hacía la mitad del partido el equipo de Gryffindor llevaba una ventaja de más de cien puntos y no estaban dispuestos a quedarse con esa puntuación. Después de que el capitán de Hufflepuf metiera un gol en la portería contraria, James cogió la quaffle que le dio el portero y se adelanto esquivando las bludger, mientras tenía por delante a Norman y por detrás a Jane. Cuando James llegó a la mitad del campo, le pasó la quaffle a Norman. Entonces Jane aceleró su vuelo y Norman le pasó la pelota para que esta la metiera por el aro, aunque eso solo era una estrategia para confundir a los contrarios pues Jane se la iba a pasar a James para que lo lanzara él. Pero algo ocurrió, pues en vez de eso, esta aceleró más de lo debido, lo que hizo que James y ella se chocaran estrepitosamente, sin que el chico pudiera hacer nada para evitarlo.
Cuando los dos jugadores chocaron el miedo se apodero de Lily y sus amigas, que vieron con incredulidad como los dos jóvenes caían al vacío inconscientes. Fue entonces cuando Dumbledore paró con un hechizo la caída de los dos jóvenes. Rápidamente los profesores y los amigos de James y Jane bajaron al campo de juego.
Minutos después del incidente, en el pasillo que había junto a la enfermería, la gente esperaba para saber que tal estaban los dos jugadores. Mientras en uno de los rincones del pasillo, había un cuaderno de color marrón, al que nadie hacía caso hasta que a alguien le llamó la atención. Extrañado cogió el cuaderno y lo abrió, pero no llegó a leerlo pues una voz le estaba llamando.
-Black, Dumbledore quiere verlo por un asunto urgente.-dijo la profesora McGonagall.
¿Cómo os habéis quedado después de leer toda la historia? ¿Tenéis ganas de saber que ocurre? Bueno, intentaré que vuestra espera sea lo más corta posible, para que así podamos seguir disfrutando juntos de las historias de James, Lily y sus amigos. Si soy merecedora de vuestros comentarios, ya sabéis dejadme un review y os lo contestaré en el siguiente episodio. Un beso.
