CAPITULO III
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"Citas"
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CAPITULO III
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Abrió la puerta con un tirón seco. En su apuro, no midió su fuerza y la puerta rebotó contra la pared de su habitación, devolviéndole el empuje violentamente sobre su oreja derecha. /¡Maldición!/,se lamentó, descargando una patada contra la pared e imaginándose a Hermione reprendiéndolo por su vocabulario. Con los ojos llorosos, la mitad de la cara colorada y ambas manos sobre la oreja golpeada, Ron descendió a toda velocidad dos tramos de la escalera hasta llegar a la habitación de Ginny.
- ¡Algo le pasa! ¡Algo le pasa!- Gritó abriendo la puerta sin tocar. Pero hizo silencio de golpe cuando, sonrojados, Harry y Ginny se separaron bruscamente. Harry bajó la cabeza, como un niño a quien encuentran robando fruta en el patio del vecino. Ginny, en cambio, parecía el vecino que encuentra al niño robando fruta de su jardín, y miraba a Ron con los ojos encendidos. Murmurando un Lo siento con la mirada, y antes de dejar que su hermana emita una palabra, el pelirrojo volvió a suplicar auxilio de una forma muy poco clara: - ¡Algo le pasa! -Agitaba su mano izquierda, mientras mantenía la derecha sobre la oreja golpeada.
Harry recordó a su tío Vernon escuchando partidos de fútbol por la radio, tenía la manía de, sin importar cuán fuerte estuviese el volumen, casi incrustarse el aparato muggle en la oreja. Estuvo a punto de convencerse de que su amigo estaba escuchando un partido de los Cudley Cannons y reclamaba la inactividad de algún jugador, cuando Ginny ablandó el seño y se acercó a su hermano con un pequeño matiz de preocupación - Ron, ¿estás bien?, parece que has visto una araña gigante -y, con suavidad maternal, retiró la mano derecha de la cara de Ron, para dejar ver una oreja excesivamente hinchada, colorada y brillante como un cartel de neón.
George, que pasaba por detrás dirigiéndose a su habitación, ahogó una risotada y comentó -Para tenerla así, prefiero no tenerla-y señalando orgulloso con el índice el orificio que Snape había dejado al costado de su cráneo, se alejó escaleras arriba, ahora dando rienda suelta a una carcajada casi malvada.
Ginny miró a George reprendiéndolo y luego habló a Harry - Hay veces no me agrada que esté volviendo a ser el mismo de antes. Había olvidado lo ácidos que pueden ser sus comentarios -se volvió a Ron - Es obvio que algo le pasa. ¿Cómo te golpeaste? ¿O fue un hechizo mal hecho? ¿Estuviste curioseando las cosas de George, Ronald?
Ron soltó un bufido de impaciencia y alejó a su hermana con un suave empujón. A veces prefería que ella volviera a ser la niña inmadura que lo molestaba, en lugar de sobreprotegerlo tanto. - No estoy hablando de mi oreja, Ginny. Hablo de Hermione -cuando Ginny se puso seria de golpe, Ron desvió la mirada y se dirigió a Harry - ¡Mira!- y sin decir nada más, accionó el Desiluminador.
Fiel a su discurso inicial, la pequeña bola de luz se desprendió de la boquilla del aparato y se posó pasivamente sobre el velador de la habitación de la pequeña Weasley. Ron sostenía su mirada en Harry, como transmitiéndole su desesperación y sus temores. Harry, sin embargo, mantuvo la vista en el velador encendido, esperando que la luz hiciera algo más que reposar allí, como un juez analizando a los convictos. Luego de unos segundos miró a Ron - No te comprendo. La luz hace exactamente lo que debería hacer, Ron. Deja ya de pensar tonterías -Estuvo a punto de pedirle a su amigo que se retirara para retomar las "tratativas" con Ginny, pero decidió no correr el riesgo de que Ron le regalara una oreja igual a la suya.
- No lo comprendes. Este es el Desiluminador que me ayudó a encontrarla, y ahora no me dice dónde está.- Ron agitaba el tubo plateado en su mano derecha, su cara, aún colorada y asimétrica, transmitía una impaciencia fatalista.
- Ron, ese Desiluminador funciona diferente sólo cuando Hermione te necesita. Puedes estar tranquilo de que ella está bien. La mejor señal de todas es que eso no emita grititos desesperados.- Harry señalaba el Desiluminador con un poco de hastío. Comprendía que su mejor amigo esté enamorado, pero se estaba convirtiendo en un Romeo depresivo y paranoico.
Ginny, que no comprendía nada, miró primero a su novio y luego a su hermano. Conmovida por ver a Ron tan preocupado, lo acompañó hasta sentarlo en la cama, y apeló a tranquilizarlo con algo más de paciencia - Ron, Hermione está bien. Es la bruja más brillante que conocemos. Ella sabía que debía buscar a sus padres y es lógico que, después de semejante año, quisiera buscarlos cuanto antes. Pero tú no podías alejarte de nosotros tan pronto, también habías estado ausente mucho tiempo y - su rostro se ensombreció de repente - luego de lo de Fred... lo mejor es que no nos abandones de nuevo, al menos por un tiempo- Dijo, jocosa, con una sonrisa final, para ahuyentar todo mal recuerdo.
La palabra "abandono" no hizo más que recordarle a Ron aquella absurda pelea, que le había alejado tanto de sus amigos en plena búsqueda de Horrocruxes. Miró a Harry pidiendo disculpas inconscientemente, como si aún no se sintiera absuelto; luego echó un vistazo al Desiluminador. Respiró profundo con resignación, volvió a accionar el aparato para absorber a la inservible bola de luz y, aún sabiendo que interrumpía un momento privado, se recostó sobre la cama de Ginny, procurando apoyar su cabeza sobre su oreja izquierda, y cerró con fuerza los ojos, evocando la conversación que había sido objeto de sus recriminaciones.
[…]
El sol parecía reírse de las caras tristes de los concurrentes que, uno a uno, se acercaban enfundados en túnicas de luto hacia el centro del jardín de la Madriguera. Allí, rodeado de flores y pequeños dispositivos explosivos (gentileza de George), reposaban, dentro de un brillante cajón de roble, los restos de Fred Weasley, cuya última mueca parecía ser más compinche del astro luminoso que de su propia familia, que lo circundaba gimiendo y llorando con obligada resignación, despidiéndose lentamente de él.
La ceremonia había sido digna de un muerto en batalla, y las explosiones luminosas de Sortilegios Weasley obligaron a los presentes a recordar al Fred travieso y risueño que siempre fue. Arthur y Molly se detuvieron a los pies del cajón durante un rato, llorando silenciosamente y hablando con su hijo, como si estuviese a punto de emprender un viaje eterno.
Bill y Charlie acompañaban a Percy y Fleur que, notando la incapacidad de Molly, se habían hecho cargo de la recepción y del servicio, con mucha menos experiencia pero con la misma buena voluntad. - Costará acostumbrarse, ¿no? Todavía no termino de creérmelo -Se decían de vez en cuando, como si fuese lo único que tenían permitido expresar, mientras llevaban platos y jarras al gran tablón que se desplegaba en el patio.
George lloraba poco, e incluso parecía que a veces se reía suavemente, seguramente recordando alguna picardía que hubieran hecho juntos, o quizás imaginando qué diría Fred en su propio funeral. De cualquier manera, nadie se atrevió a acercarse a interrumpir su diálogo interno.
Hermione dejó a Ginny sollozando en brazos de un compungido Harry y, tras mirar a su amigo con ternura y dirigirle un - Éste es tu lugar ahora -se volvió a buscar a Ron. Lo halló sentado en la segunda fila, con los antebrazos apoyados en las piernas separadas, las manos apenas entrelazadas, colgando inertes entre las rodillas, y la cabeza gacha, dejando al descubierto su nuca blanca, surcada de pecas y coronada por su cabello que ardía al sol. Durante unos segundos, Hermione dudó profundamente si hablarle o alejarse. Finalmente, apoyó una de sus frías manos en la parte descubierta de su nuca y, agachándose apenas, susurró con suavidad - Ron…-
El pelirrojo abrió los ojos con parsimonia y suspiró profundamente, mientras que con su mano derecha buscaba detrás de su cabeza la punta de los dedos de Hermione. Cuando la sintió asirle su mano volvió a cerrar los ojos, y la soltó para girarse a mirarla. Ella le sonreía con los labios, pero sus ojos lo miraban con preocupación. Él le devolvió la mirada y, sin poder controlarlo, su rostro se descompuso en una mueca de dolor y sucumbió al llanto. Hermione, con la mano aún en su nuca, empujó la cabeza de Ron para apoyarla en su vientre, él la abrazó por la cintura y se hundió en un llanto desconsolado mientras Hermione le acariciaba los cabellos. - Tranquilo, ya estará todo bien. Tranquilo -Lo arrullaba como una madre consolando a un niño a quien se le ha roto su juguete favorito, y Ron se dejó ser en su dolor, mientras las lágrimas y la voz de Hermione iban purgando, lentamente, su impotencia.
Luego de un par de minutos, que pesaban como horas y sabían a segundos, Ron se separó de Hermione y levantó la vista para encontrarse con su mirada. Hermione le sonrió y se encogió de hombros. Los ojos de Ron, hinchados y enrojecidos por el llanto, leyeron este gesto como un intento de transmitir un Ojala hubiese algo más que pueda hacer por ti. Conmovido hasta el alma, y sin soltar la cintura de Hermione, se paró, le plantó un beso en la mejilla derecha y hundió su rostro en su cuello, dejándose perder entre la selva de su cabello y su colonia. Ella suspiró con suavidad y, como si estuviese manipulando porcelana fina, deslizó con cuidado sus brazos hasta abrazarlo por el cuello, acercó sus labios a su oído y susurró, con los ojos cerrados - Ya verás cómo la vida te hace justicia, Ron. A ti y a toda tu familia.
- Tú también eres mi familia, Hermione. Y quiero comportarme en coherencia con eso- Ron no separó su rostro del cuello de ella, pero había abierto los ojos con seguridad y se había descolgado de esa especie de limbo que Hermione parecía preparar para él con recelo. Ella lo apretó con fuerzas, en un tácito Gracias pero, inmediatamente después de eso, negó con la cabeza con la lentitud y la solidez de quien diagnostica una enfermedad terminal.
- Tu deber es estar aquí, Ron. A tus padres les debes asistencia y atención, ahora más que nunca. Y sobre todo luego de desaparecerte durante tanto tiempo. Yo debo ir a buscar a los míos. Sé que ellos están bien y no me extrañan, pero yo los necesito.- Se separó con pesar de él y lo miró a los ojos con seguridad - Me quedaré una semana y luego partiré a Australia. Luego voy a regresar, para que recuperemos el tiempo perdido. -con esta última frase sus mejillas se tiñeron de rosado mientras que sus ojos se humedecían casi imperceptiblemente.
Ron se limitó a mirar a sus padres, aún enclavados a los pies del cajón de Fred. Luego, a George, que había comenzado a recoger los restos de los explosivos. Ginny y Harry se besaban tímidamente a la distancia, y él la abrazaba en un gesto protector. Luego se volvió a Hermione con severidad, y sin sonrojarse y con la voz firme, decretó - Voy contigo -.No era una petición, era un aviso, un veredicto. Pero ella era Hermione, y si fuese tan fácil doblegar su voluntad, no estaría tan irrevocablemente enamorado de ella.
Ella soltó una suave carcajada y le acomodó los mechones en la frente. Luego, volvió a negar con la cabeza y repitió su sentencia - Me quedaré una semana, luego partiré a Australia. Luego regresaré contigo -y tomándolo de la mano comenzó a guiarlo hacia la mesa en donde sus hermanos mayores y Fleur habían dispuesto el servicio.
Ron observó a su familia y algo le pesó en el alma, volvió a buscar a sus padres con la mirada y los encontró, todavía, mirando con tristeza el rostro de su hijo. Suspiró con resignación y apretó la mano de Hermione, luego la miró de reojo, y casi en un susurro pero perfectamente audible, le dijo - … para que recuperemos el tiempo perdido. -
Hermione le devolvió el apretón y volvió su rostro al perfil de Ron, que la miraba por el rabillo del ojo mientras un rubor acusador aparecía en el puente de su larga nariz y en la punta de sus orejas. Ella le sonrió abiertamente y volvió a mirar al frente - Para que recuperemos el tiempo perdido -repitió con seguridad.
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Ron abrió los ojos de golpe, como si su recuerdo hubiese sido en realidad un sueño y acabara de despertar bruscamente, como si algo golpeara su ventana. Le costó recordar que se encontraba en la habitación de Ginny, Harry y su hermana ya no estaban allí. Se sobresaltó al escuchar, efectivamente, golpes certeros en el vidrio que daba al jardín, seguramente los responsables de su brusca reacción. Giró la cabeza y encontró una lechuza parda que, agitando las alas, le sostenía la redonda mirada al otro lado. Llevaba en el pico un sobre inmaculadamente blanco, que dejaba identificar en su frente la palabra "Ron", que la pulcra pluma de Hermione había garabateado desde Australia.
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Ya comienza a armarse de a poco la historia. Espero que esté gustando por ahora.
¡Espero comentarios!
