La profecía
Los personajes de esta historia le pertenecen al genio de Rick R iordan, yo solo los uso.
Capítulo 3
Annabeth (P.O.V)
No sabía qué hacer. Estaba en estado de shock. Ya sé que Clarisse y Chris tienen dieciocho años, pero no lo podía creer.
-Shh, shh…- la tranquilizo acariciando su espalda.- ¿Lo sabe Chris?
-No, todavía no se lo dije.- dice la hija de Ares sollozando- Mi padre va a estar decepcionado…- y rompe a llorar otra vez.
-No, estoy segura que Ares entenderá.- y recé para mis adentros que así fuera.
-¿Estas segura?- me pregunta mirándome con sus ojos castaños llenos de lágrimas.
-Sí, estoy segura.- digo con una sonrisa, luego pongo cara más tranquila y le pregunto- ¿Hace cuánto… tu sabes?
-Oh, si…- dice sonrojándose Clarisse- hum, hace dos meses.
-¿Y tú te enteraste ahora que… estabas…?- le digo.
Ella asiente y mira para abajo, conocía esa mirada, estaba avergonzada.
-No, Clarisse, no te lo permito. Tienes que estar feliz, ¿Tu amas a Chris no?- ella solo asiente.- entonces este bebé no es un error.
-¿Piensas que es así?- me pregunta.
-¡Pues claro! Y no quería decirte esto… pero Chris te va a proponer matrimonio- le suelto sin más.
La cara de Clarisse pasó de la más grande de las tristezas a la felicidad total en un segundo. Me abraza y dice:
-Gracias Annabeth.
-De nada,- le digo devolviéndole el abrazo.- y yo te ayudare a decírselo a Chris y en lo que necesites, también debes decírselo a Quirón.
-Sí, hum, ¿me acompañarías?- dice mirándome esperanzada, por más que nunca fuimos intimas amigas, no podía decirle que no.
Una vez que llegamos a la Casa Grande Clarisse me pidió que llamara a Chris al lugar así podían hablar los 3.
Una vez que llevé a Chris a la Casa Grande me acerco a Clarisse para darle valor:
-Todo estará bien.- y le guiño un ojo.
Una vez lejos del lugar voy corriendo hasta la cabaña de Percy, tenía que contárselo.
Cuando entro, Percy estaba saliendo de la ducha, por lo que tenía el torso desnudo y una toalla en las piernas.
-¡Oh, por los dioses!- digo cubriéndome los ojos.
-Oh, Annabeth ¿Qué haces aquí?- dice mi novio agarrando ropa y entrando en el baño para cambiarse.
-No sabes lo que te tengo que contar, pero primero sal del baño, siento que hablo con las paredes.
Él solo me responde con su hermosa carcajada y no puedo evitar sonreír.
Cuando comienzo a contarle lo sucedido Percy solo me escucha. Y cuando termino con mi relato él solo me mira perplejo.
-¿Percy, estas bien?- le digo al ver que no reacciona.
-Si… o eso creo…- dice- ¿Cómo esta Clarisse?
-Está angustiada pero todo irá bien.- lo tranquilizo.
De repente tocan la puerta, es Enebro, la novia de Grover.
-Chicos, deben venir, es urgente.- dice la ninfa.
Con solo decir eso, Percy y yo ya sacamos nuestras armas y nos dirigimos hacia donde Enebro nos indicó.
Cuando llegamos, vimos una gran cosa negra rodeada de otros campistas, un perro del infierno. Percy y yo corremos hacia el monstruo para mandarlo devuelta al inframundo, o por lo menos, por un rato.
Los de la cabaña de Apolo le disparaban flechas, pero el gran animal tenía una armadura que no permitía pasar las flechas. Percy y yo y un par de campistas más estábamos con nuestras espadas, pero el perro los barrió dejándolos fuera de combate, excepto a Percy y a mí. Pero a Percy le había arrebatado a Contracorriente y no sabía cuánto tiempo tardaría en regresar.
Todo pasó muy rápido, tenía que tomar una decisión, no podía dejar que ese gran perro destruyera el campamento. Así que me metí entre sus patas esquivando los esfuerzos del monstros por cortarme, pero de repente siento un dolor lacerante en el pecho que me deja sin aire, tenía que aguantarlo, debía seguir con mi plan y le clavé mi cuchillo a la bestia justo donde no tenía armadura.
Cuando el animal estalla en una nube de polvo, caigo de rodillas al suelo, y todo se vuelve negro.
Percy (P.O.V)
Cuando veo que Annabeth cae en un charco de sangre voy corriendo hacia ella.
-¡Annabeth!- grito y la sacudo, pero no respondía.
Estaba sudada y temblando, me apresuro en llamar a alguien de la cabaña de Apolo.
-Traigan Néctar y Ambrosia, ¡ya!
Con ayuda de la cabaña de Hefesto llevamos a Annabeth a la enfermería y comienzan a curarla.
-Percy debes salir.- me dice alguien, yo estaba tan aturdido que no sabía quién.
-No, no dejaré sola a Annabeth.- digo y me percato de que gruesas lágrimas surcaban mis mejillas.
Agarro una de las manos de Annabeth y apoyo mi frente en ella.
-No me dejes Annabeth, por favor, no me dejes…- digo sin poder seguir ya que una ola nueva de sollozos me interrumpe.
-Sáquenlo de aquí, sino no podré curarla.- dice la misma voz que me decía que me fuera.
Y los de Hefesto, los que trajeron a Annabeth me agarran y tiran de mí. Yo intento zafarme pero no puedo. Una vez fuera de la enfermería me derrumbo en el piso llorando, no quería que todos me vieran así, ¿Dónde está el héroe ahora? Me preguntaba, pero no me podía controlar, era mucho lo que sentía. Era como perder un pedazo de mí, como si un pedazo de mi corazón estuviera con Annabeth y la verdad, creo que así era.
-¿Qué ha pasado?- pregunta Nico alarmado por verme así y se sienta en el piso a mi lado y trata de reconfortarme.
-Es Annabeth,- digo entre sollozos- le ha… pasado… algo- y no puedo más y sollozo más fuerte.
No sé cuándo ni cómo llegué a mi cuarto. Seguro me había dormido con Nico y me habían traído a mi cabaña.
¡ANNABETH!
Me levanto de la cama y voy corriendo a la enfermería. Cuando entro está Annabeth con el pecho vendado y respirando dificultosamente. Cuando me acerco y le tomo la mano y ella se remueve inquita. Todavía seguía empapada en sudor, pero tenía más color que antes.
-Annabeth, amor, ¿estás bien?- le digo en tono dulce.
-Mmm.- responde ella en tono de afirmación. Y se vuelva a dormir.
Listo, era todo lo que necesitaba escuchar en esos momentos. Sin poder controlarlo, lágrimas de felicidad comenzaban a caer por mis mejillas.
-Te amo…- susurro.- te amo mucho.
Cuando salgo me encuentro a Quirón. Genial, con quien quería hablar.
-¿Quirón?- le pregunto al centauro- ¿Cuánto tardará Annabeth en recuperarse?
-Según la cabaña de Apolo, unas tres semanas. Es una chica fuerte Percy, logrará salir.
Y me quedo con esas palabras.
…
(3 SEMANAS DESPUÉS)
Estaba decidido. Ya tenía todo planeado, ya había hablado con Quirón y había estado de acuerdo, ya había hablado con el Señor Chase y mi padre, Poseidón para que me ayudara. Ya había empacado nuestras cosas, listo, solo tenía que decírselo a Annabeth. Ya sé que tenemos diecisiete años, pero no puedo esperar este viaje, estoy muy ansioso. Y la verdad me ha costado esconderle esto a mi Sabia.
-Bueno, Anni, nos vamos.- le digo y ella por poco se atraganta con el pedazo de pan que estaba comiendo.
-¿A dónde?- pregunta mientras tose.
-Ya lo veras.- digo con una sonrisa pícara en los labios.
Luego de despedirnos de todos en la playa nos sumergimos en el agua, una vez allí, mi padre haría todo el trabajo.
Nos metió en una gran burbuja de aire a nosotros y nuestras maletas. Annabeth no entendía, pero se la notaba emocionada.
Luego de 7 horas de viaje en burbuja subacuática llegamos. Cuando bajamos estábamos en Roma. Los ojos de Annabeth no daban abasto para ver todo, su mirada era tan hermosa cuando estaba sorprendida.
-Ven.- le digo tirando de su mano.
Ella solo asiente con una sonrisa y entrelaza sus dedos con los míos.
Al llegar al Partenón Annabeth ahoga un gritito y cubre su boca con sus manos y sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas. Yo tomo su cintura y le susurro al oído:
-¿Me harías el semidiós más feliz del mundo convirtiéndote en mi esposa?
Annabeth solo gira y me queda mirando con sus ojos color tormenta con lágrimas que todavía no habían sido derramadas.
-¿Qué acabas de decir?- me pregunta con los ojos como platos.
Yo planto una rodilla en el suelo, saco una cajita de terciopelo azul, la abro y digo:
-¿Si me harías el honor de ser tu esposo?
Ahora de sus ojos caían lágrimas cristalinas, pero no eran de tristeza, oh no, eran de felicidad.
-¿Qué clase de pregunta es esa Sesos de Alga?- pregunta secándose las lágrimas- ¡Claro que acepto!- y sigue llorando mientras alza su mano izquierda y yo coloco un anillo de oro blanco de Tiffany´s (me había ayudado Thalia y Rachel a elegirlo) con un diamante incrustado con destellos azules. Annabeth mira asombrada la piedra y sabía que quería preguntar: "Cuánto te ha costado?" No podía decirle que lo había mandado a hacer al mar con el agua azul y la espuma, no, ella no lo aceptaría. Así que calle toda pregunta silenciosa con un tierno beso. En este momento, era el hombre más feliz sobre la faz de la tierra.
Y en este momento estábamos oficialmente comprometidos
