Capítulo 2: Ivanov y Moldim

Un grupo de magos se encontraba reunido dentro de una sala semi circular. Un hombre ligeramente bajo, de contextura robusta y un poblado bigote, daba vueltas alrededor del resto y con una expresión de enfado que aumentaba más y más, a cada paso que daba.

- ¡Y de pronto me doy cuenta de que medio departamento está en una misión, bajo las órdenes de Harry Potter, para encontrar el cadáver de Severus Snape! ¿Por qué motivo? ¡Es un caso perdido! ¡Jamás lo encontramos, la primera vez que Potter te lo pidió tras la guerra! ¿No te has preguntado, Kingsley, si nos apresuramos con su nombramiento? Estoy de acuerdo en aprovechar el talento joven, el futuro de nuestra comunidad una vez que muramos. Pero, ¿no crees que ha sido demasiado pronto? La ministra Granger... la fama no lo es todo.

- Hermione Granger es una muchacha realmente brillante. A todos nos sorprendió con sus programas en defensa de los elfos y su trabajo en el departamento de leyes. - contestó Kingsley Schacklebolt sin inmutarse ni despegarle la vista al enfurecido mago, a pocos centímetros de él. Sus pequeños ojos marrones, tenían un fulgor amenazante bajo la luz de un par de velas en un viejo candelabro que colgaba del techo.

- ¡Elfos! ¡A nadie le importa los derechos y deberes de criaturas que escogen servirte o no! la mayoría no quieren ser liberados, ¡no conocen otra forma de vida! ¿Y qué debemos hacer después de que los liberemos? ¿¡Pagarles una pensión!? El consejo de gobernadores ya ha cometido suficientes errores tras las estupideces de Lucius Malfoy, como para continuar quedando en ridículo delante de la comunidad. ¡Esto es inaceptable, Kingsley! ¿¡De pronto buscamos un cadáver de un hombre que Dumbledore aseguró, ser su espía y que lo asesinó a sangre fría, para después descubrir que todo había sido planificado!? ¿¡Qué clase de manipulador era el Albus Dumbledore que tanto veneraban!?

El resto de los magos había comenzado a murmurar entre sí, mientras aquel hombre prácticamente jadeaba ante la agitada presentación que había hecho, secándose el abundante sudor que ahora tenía en la frente, con un viejo pañuelo que había sacado de uno de los bolsillos de su túnica. Durante largos minutos, sólo se escucharon los murmullos en la sala.

Antes de que Kingsley pudiera defenderse, una sedosa voz se escuchó desde un punto oscuro al final de la habitación y atrajo la atención del resto, girando sus cabezas en su dirección mientras que prácticamente emergía de la oscuridad misma.

- Quizá todos nos hemos hecho un poco la vista gorda con Potter y compañía.- Un mago con aspecto de haber atravesado una seria enfermedad y apenas haber sobrevivido, debido a su muy notable palidez y apariencia débil, sonreía suavemente y había caminado hasta detenerse junto al otro mago, colocando una de sus manos sobre uno de sus hombros y cerrando sus largos dedos para darle un amistoso apretón. Era considerablemente más alto y realmente delgado a comparación del hombre a su lado. - Suele suceder, Moldim. Nos dejamos llevar por lo bonito de la fama, pero olvidamos su principio más básico. - Sus ojos verdes resplandecieron por unos segundos y bajo la luz de las velas, resultaban un gran punto de contraste con la palidez de su rostro. - Si te trajo hasta arriba, también te puede traer de vuelta hasta abajo.

Si existía la teoría de que cada uno de los seres humanos del planeta, tenía un igual en alguna parte, aquel hombre tenía que ser la réplica exacta de Severus Snape.

A excepción de su corto cabello castaño oscuro, el resto era prácticamente lo mismo. Túnicas negras, una voz suave y amenazante, y un general desprecio por cualquier cosa que se moviera o respirara.

- ¡Ivanov...! ¡Viejo amigo! - la voz de Moldim rompió con el repentino silencio, mientras se giraba para verlo. Apenas y resistió su penentrante mirada y su tétrica sonrisa, por unos segundos, antes de desviar la vista y volver a encarar al resto. - Creo que sí, tienes razón y nos hemos hecho un poco la vista gorda...

- Naturalmente era de esperarse, con un hombre como Albus Dumbledore...

- No nos hemos reunido para discutir si las convicciones de Albus Dumbledore, eran apropiadas o no. - interrumpió Kingsley, haciendo que el alto mago entornara la vista en su dirección. - Estamos reunidos para discutir la desaparición de un cadáver.

- Que probablemente no haya desaparecido del todo y haya sido simplemente enterrado por sus iguales, en alguna parte. No comprendo por qué deberíamos preocuparnos por encontrar su cuerpo. Está muerto, nada podemos hacer al respecto.

- Severus Snape, a pesar de todo lo que hizo, también fue director de Hogwarts y por lo tanto, merece el mismo respeto que sus antecesores.

- En condiciones normales estaría de acuerdo contigo, Shacklebolt. Sin embargo, dadas las circunstancias en las que ocurrió su deceso... - Ivanov sonrió maliciosamente. - ¿Qué pondríamos en los cromos para los niños? ¿"Severus Snape. Director de Hogwarts y también espía de Lord Voldemort, quien murió desangrado por una mordida de serpiente en su cuello, tras hacernos creer que estaba del lado contrario todo el tiempo y finalmente decirnos la verdad, antes de morir"?

- Estás siendo un poco irracional, Ivanov. - la voz de otro mago, habló por encima de los susurros que habían comenzado nuevamente y tras sus palabras. - A pesar de que nunca fui el fanático número uno de Dumbledore y sus métodos, no podemos negar que el juego estuvo bien jugado. Todas las piezas estuvieron en el lugar correcto y de no haber sido por él, creo que ni siquiera estaríamos aquí sentados. O quizá no todos...

Ivanov se mantuvo impasible, pero Moldim compuso una expresión de no comprender lo que decía.

- ¿¡Qué estás queriendo insinuar con eso!? ¿¡Insinúas que Ivanov o mi persona, hubiésemos sobrevivido puesto que iríamos a arrastrarnos a los pies de Voldemort!?

- ¿Acaso de no haber estado la madre de Potter de por medio, Severus Snape se hubiese convertido en nuestro espía de todos modos? - preguntó Ivanov tranquilamente, sin insistir en su punto y caminando de regreso a su asiento en una esquina pobremente iluminada de la sala.

- Quizá tanto el señor Potter como la señorita Granger, necesitan una buena dosis de realidad. Tanto tiempo protegidos bajo el ala de Albus Dumbledore, no les ha hecho bien. No podemos tener a la sociedad mortificada por la supuesta desaparición de un cadáver, de un hombre tan controversial como lo fue Severus Snape. - dijo Moldim, arreglándose un poco los cabellos con sus manos. - Ya no podemos seguir cometiendo errores...

Separador

A pesar de estar vacía, la pintura continuaba colgada en el despacho y Harry Potter continuaba contemplando la escena con la mirada fija y casi sin parpadear.

- Por más que la mires no va a aparecer de pronto. Créeme que ya hice lo mismo que tú y no pasó nada. - escuchó una suave voz a su lado y alzó la cabeza con cierto sobresalto, para mirar a Hermione quien sonreía y traía una pequeña taza con té entre sus manos. - toma, bebe esto. Ha sido un día muy largo y por mucho, muy extraño también.

Harry asintió en silencio, tomando la taza con té de sus manos y dando un pequeño sorbo. El delicado pero perceptible sabor de una pizca de brandy, lo sobrecogió de inmediato y en verdad lo hizo sentir reconfortado.

- Estoy tratando de comprenderlo pero todavía no doy con una respuesta coherente, que a los tres minutos no suene ridícula en mi cabeza. Lo vimos morir allí, los tres vimos cómo Nagini prácticamente le destrozaba el cuello. ¿Cómo es posible que sobreviviera? Porque... tuvo que haberlo hecho, la pintura no puede estar equivocada.

- Algunas veces, Harry, la magia también comete errores. No es ciento por ciento infalible. Por supuesto que lo vimos morir allí y tal vez, simplemente que aún después de todo lo que has dicho, Hogwarts no lo considera digno de sus paredes.

- ¡Eso es ridículo! - saltó el joven auror, casi derramándose el té encima y tomando a Hermione por sorpresa. - Sé que no teníamos la mejor de las relaciones, que era un bastardo la mayoría del tiempo. Sé que nos odiábamos a muerte. - colocó la taza con té sobre el escritorio que ahora le pertenecía a McGonagall y volvió a mirar el marco vacío. - Pero aún así arriesgó su vida por ella. Por mi madre...

- A veces no podemos escoger el camino que nos toca recorrer. - dijo Hermione, colocando una de sus manos sobre uno de los hombros de su mejor amigo de toda la vida. - pero siempre podemos escoger la forma de recorrerlo. Quizá la relación de amistad que tenía con tu madre no iba a evolucionar en algo más, pero al menos hubiesen podido quedar en mejores términos y se habría evitado todo el dolor que tuvo que atravesar después.

- ¿Sabes? He estado pensándolo con detalle y en verdad quisiera que el cuadro no estuviera equivocado y que siguiera vivo. Que pudiera tener la vida que siempre quiso y que en algún momento, quizá, volviésemos a encontrarnos para intentar tener una mejor relación. Aunque no sé si sea posible, dado que siempre le recordaba a mi padre.

Volvió a sentir un pequeño apretón en uno de sus hombros y ladeó la cabeza en dirección de Hermione, que no dejaba de sonreír cariñosamente. Le devolvió la sonrisa de inmediato, colocando una de sus manos sobre la de ella y también devolviéndole el apretón amistoso.

- Estoy segura de que ambos podrían llegar a ser, si no grandes amigos, pues algo un poco cercano a eso. Al final de cuentas, de no ser así, no te habría enseñado sus más preciadas memorias.

Harry se disponía a agregar algo más pero el sonido de voces y de pies subiendo la escalera de piedra hacia el despacho, les hizo guardar silencio y girarse en dirección de la puerta a un par de centímetros de ellos.

La profesora McGonagall había entrado con la cabeza girada a tres cuartos y al parecer, conversando con otras dos personas que venían detrás de ella. Al girar su rostro completamente y encontrarse frente a frente con Harry y con Hermione, alzó una de sus manos en lo que ambos comprendieron como una señal para quedarse y luego se dio la vuelta en dirección de dos magos que ninguno conocía.

- Señor Potter, señorita Granger. El señor Ivanov y el señor Moldim, miembros del consejo de gobernadores y altos representantes de dos de los puestos más importantes en el ministerio de magia. El señor Moldim es el director del departamento de aurores y manteniene informado al primer ministro muggle, de todos los movimientos y aurores registrados que tenemos. - señaló primero al mago más bajo y regordete, en tanto que a Harry le hizo pensar en una morsa. - Y el señor Ivanov, director del departamento de leyes del ministerio de magia.

- Y encargado de hacer que se cumplan. - le interrumpió, con voz sedosa y ambas manos tras su espalda.

Tanto Harry como Hermione, tuvieron la misma idea al mismo tiempo y se miraron fugazmente antes de asentir. Aquel hombre tenía que ser un pariente lejando de Severus Snape, a excepción de un par de notables diferencias. Ivanov tenía el cabello corto y con una apariencia menos brillante y aceitosa que Snape. Más bien, lucía opaco y muerto. A pesar de que era tan pálido como el primero, su piel era menos cetrina y daba la apariencia de haber atravesado una larga y difícil enfermedad. Además, sus ojos no eran tan oscuros como los del antiguo profesor de pociones. Al contrario, eran tan verdes y brillantes como los de Harry, pero a diferencia de él, tenían un extraño brillo de malicia que los suyos no.

Cualquiera que lo mirara bajo aquellas túnicas negras y con aquella sonrisa ligeramente torcida entre sus labios, creería tratar con un peligroso asesino recién salido de Azkaban.

Se acercó primero a Hermione, tomando una de sus manos y llevándola hasta sus labios para besarla sin despegar la vista de sus ojos, lo que le hizo sentir un incómodo escalofrío recorrerla por completo. Al momento de girarse en dirección de Harry, el muchacho se sintió de pronto tentado a sacar su varita y defenderse. Sus ojos centellearon por unos segundos mientras estrechaba una de sus manos y tampoco le despegaba la vista de encima o dejaba de sonreír, apenas y curvando sus finos labios.

- Es un verdadero placer conocerlo finalmente, señor Potter. Y a usted también, señorita Granger. Muchas cosas se han dicho de ustedes en los últimos meses. También del joven Weasley y me temo, es una lástima que no pueda acompañarnos en este momento.

- El señor Weasley en este preciso momento, se encuentra junto a su hermano Charlie Weasley. En un viaje, visitando Rumania. - dijo la profesora McGonagall e Ivanov arqueó una de sus cejas.

- Oh, ya veo. Qué extraño que esté tan interesado en el cuidado de criaturas tan peligrosas como los dragones. Siempre creí que el joven Weasley, seguiría los mismos pasos que su mejor amigo Harry Potter. Como siempre.

Tanto Hermione como Harry creyeron captar la insinuación y esperaban estar equivocados. Moldim había comenzado a sacudir la cabeza, atrayendo la atención del mago por unos instantes y Harry agradeció, literalmente, poder quitarse esa pesada mirada de encima.

- El señor Weasley también es un auror. Hubo algunos reportes hechos por muggles en granjas y pequeños pueblos, de haber visto a magos en las cercanías. Por supuesto que ellos no saben lo que es un mago pero firguras vestidas de negro, cruzando los continentes.

- Rumania... - contempló Ivanov con aire reflexivo, mirando el tejado sobre ellos. - Qué extraño lugar para reunirse. - volvió a bajar la vista, en dirección de Harry y Hermione. - En fin, a lo que nos ataña. - recorrió el despacho con la vista por unos segundos y sus ojos se posaron sobre el marco vacío de la pintura en la que se suponía que tenía que estar Snape, atentamente. - ¿Es esa la pintura que usted ordenó, se colgara en el castillo, señor Potter?

Harry también ladeó la cabeza para mirar en dirección del cuadro y asintió en silencio, mientras Ivanov se acercaba con una mano bajo su barbilla, tal cual lo había hecho Hermione, estudiándola tranquilamente.

- Así es. En esa pintura debería estar el profesor Snape, pero ni él ni su cadáver aparecen. Uno podría asumir que tras la comunidad mágica, saber la verdad al respecto, el sortilegio funcionaría y su cuadro podría ser colgado en los muros de éste castillo.

- Yo no diría "saber la verdad", precisamente. Desde mi más humilde opinión, a pesar de todos los actos de heroísmo que haya tenido, sigue siendo un mortífago. Quizá el sortilegio piense lo mismo que yo.

- El profesor estuvo en el cuadro al momento de ordenarse su ejecución. No pudo esfumarse así como así.

- La condición del cuadro de Severus Snape, es diferente del resto. Una vez que el director muere, el cuadro se cuelga automáticamente. Sin embargo, como Snape escapó en el cumplimiento de su deber, alguien más debe ordenar que se realice a su nombre. - Ivanov meditó. - Pero eso no significa que el castillo deba considerarlo digno de sí.

- Estamos hablando de una edificación, no de... - alegó Harry, pero el mago lo interrumpió sin alzar la voz siquiera. Aunque consciente de que el muchacho había comenzado a agitarse con la conversación.

- Estas paredes tienen más magia y vida de lo que muchos creen. O quizá, usted ya lo sabe... señor Potter. - por un momento, Harry recordó la sala de Menésteres y la forma en la que cambiaba de lugar y de función. Ante su expresión, Ivanov sonrió de forma aún más maliciosa. - Ah sí, claro, Dolores Umbridge y el ejército de Dumbledore. Pero no puedo culparle, señor Potter, a mí tampoco me agradaba mucho. Moldim y yo, siempre creímos que los ministros le daban demasiado poder e importancia. Suma inquisidora. ¿Acaso estamos en la época medieval? Así no se hacen las relaciones. O al menos no, con políticas injerencistas.

- Han pasado ya muchos meses, ¿cómo no ha sido posible encontrar su cadáver? Desde que Voldemort murió, le pedí a Kingsley que encontrara su cuerpo y le diera una apropiada sepultura.

- El cadáver no fue encontrado tras la guerra. Ningún auror lo hizo. - respondió Moldim en voz baja. - Muy pronto dejamos de buscar, en cuanto nos dimos cuenta de que no teníamos ninguna pista sobre su paradero. Digo, si está muerto, que importancia podría tener el lugar en el que se descomponga.

- ¡Fue uno de los directores de esta escuela! ¡Sin él no estaríamos ni siquiera sosteniendo ésta conversación! ¡Sin él, yo no estaría aquí y Voldemort seguiría vivo! - exclamó Harry. Tenía el rostro contraído por la rabia y se había ruborizado. Sus gafas habían resbalado hasta su nariz. - ¡Merece una sepultura apropiada! ¡Merece respeto!

- Harry... - estaba tan exaltado que apenas y escuchó la voz de Hermione, bajo su pesada respiración.

- Cálmese, señor Potter. - Ivanov había vuelto a darse la vuelta y a posar sus ojos sobre los de él. - de nada nos sirve discutir. Nada solucionaremos.

- De cualquier manera, no podemos tener a la mitad del departamento buscando un cadáver. Cualquiera podría enterarse y la población podría asustarse. Además, considerando de quién se trata.

- La gente no es estúpida, no creo que se les haga tan difícil comprenderlo como dicen. - dijo Hermione con un tono cruel y cortante, a lo que fue el turno de Moldim de ruborizarse.

- Estamos hablando de un mortífago que según Albus había abandonado sus viejas prácticas y estaba bajo su cuidado. Fiel como un soldado hasta que un día decide asesinarlo y escapa para regresar al bando al que siempre había pertenecido, para convertirse en director de Hogwarts y volver a escapar en medio de su deber. Posteriormente muriendo, mordido en la garganta por una serpiente. Hay cosas que no pueden taparse con un dedo, ministra Granger...

Harry creía que jamás volvería a sentir el mismo pinchazo de odio, como solía hacerlo cada vez que veía a Snape, pero de pronto lo había hecho al continuar sosteniéndole la mirada a aquel mago vestido de negro y con una desagradable sonrisa en el rostro. Hasta no le resultaba difícil admitir que el desprecio que había sentido por Snape, durante su infancia, no tenía compararación por lo que comenzaba a bullir en su interior, al mirar a Ivanov. No podía tolerar sus argumentos cargados de cinismo y creía que el hombre se daba cuenta, puesto que parecía continuar intentando pincharlo con sus comentarios envenenados.

De pronto comenzó a sentir una incómoda quemazón en la frente, justo donde tenía la vieja marca que Voldemort le había dejado. No había pasado desde que había muerto y entonces allí estaba, rascándose la frente suavemente.

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