Bueno, ya está aquí… ¡el tercer capítulo¡Y parece que fue ayer! Me siento muy halagada, porque me han dejado bastantes más reviews de los que me esperaba encontrar… y me habéis tratado muy bien. Así dan ganas de seguir escribiendo. Y con esta fantástica loca de Na-chan y sus encantadores reviews ¿quién no seguiría? Además estamos muy contentas… ¡es posible que la bruja haya muerto! La metimos en un caldero con un Satoshi de chope y así quedó…

Meiko: Yo le puse verduritas…

Ishtar-kun¡Qué bien! Pero entonces… ¿quién le puso el Starlux?

Nadie contesta.

¡Atención, la solución de quién hecho el Starlux en el caldero la próxima semana¡Si tomas mucho, produce cáncer – aproximadamente 400 pastillas al día durante sesenta años!

Y antes de pasar a las dedicatorias, voy a hacer un pequeño inciso para que no os perdáis. Hace mucho, mucho tiempo, existió un hombre genial. Y se casó con una mujer bastante normal, que no volvió a ser la misma nunca más. Fruto de su amor nació un alien al que le encantan los dulces y que llevaba a todos lados un conejito al que le pone un albornoz cuando llega a casa… cosido, para que los niños pequeños no se traguen nada. Y tuvieron otro hijo… que luchó en la batalla de las Termópilas. Como buen capitán espartano que es. Y por último, una mañana sonrosada nació una niña, muy mona, con coletas incluidas. Se llama Kurumi. Está en el club de arte y en el de judo. Es alérgica al chocolate y a las nueces. Soy su madrina.

Por otra parte, en una casa no muy lejana, por cuyos pasillos hacía ya bastante tiempo que no daba sus primeros pasos una mujer, nació, una mañana diametralmente opuesta a la anterior, otra niña. Morena, de pelo muy liso y recto. Muy parecida a su madre. También la pequeña de tres hermanos. Está todo el día con Kurumi… dado que es una Morinozuka. La pequeña Meiko. Mía. No son dos OC esporádicos. Si buscáis con atención veréis que no sólo están aquí, sino también en otros fics… escritos por Na-chan y Luanda-chan. Dos locas como yo, pero que escriben genial, fantástico y maravilloso. Y por eso se lo dedico a ellas. Si no es por Na-chan, probablemente no lo habría continuado. Y Luanda me ha ayudado mucho también… entre las tres, esta loca historia ha salido adelante. ¡Así que son las protas, tanto como el resto de la tropa Goofy¡Juntas nos actimelizamos!

¡MPH!¡MPH!¡MPH!

Capítulo Tercero.

¡Pasemos una tarde chachi molona!

Los sábados están muy bien. Son días en los que se puede aprovechar para hacer cosas que no se han hecho el resto de la semana: quedar con los amigos, ver una película o visitar una exposición; y además sobra tiempo para dedicarlo al estudio. Por lo general puedes escoger la opción que más te guste. Entonces¿por qué no era así en ese caso? se repetía una y otra vez Haruhi, observando taciturna el banana split que le acababa de servir un sonriente camarero.

El postre no tenía la culpa. En realidad era muy festivo, adornado con guirnaldas de colores y lo que Haruhi siempre había llamado "chispas de luz". Tenía un aspecto excelente; seguro que estaba muy bueno. Pero Haruhi no se moría por las cosas dulces, y ella no lo había pedido. No, fue Kurumi la que se le adelantó, obligándola a sentarse en un taburete muy alto, mientras le pedía al camarero "dos de lo de siempre". Dando por supuesto que si Haruhi iba a formar parte de los Haninozuka algún día, le tenían que encantar las cosas dulces.

Por la eficiencia con la que fueron atendidas, Haruhi dedujo que tanto Hani como su hermana iban muy a menudo por allí. No le sorprendió. Y su inquietud no se debía a estar en la pastelería más cara de toda la ciudad con sus ya algo gastados vaqueros. Tampoco era culpa suya, porque la pequeña de los Haninozuka prácticamente la había secuestrado. Había llamado a su puerta, y sin ningún tipo de protocolo, la había agarrado del brazo (con la ropa que llevaba puesta) y se la había llevado entre un montón de explicaciones inconexas de las cuales Haruhi pudo dilucidar que "quería que se conociesen mejor". No hacía más que pensar en el montón de ropa que tendría que planchar al día siguiente. Por suerte había terminado los deberes esa mañana.

Suspiró. No sabía cuál era la razón de aquella cita apresurada. Y para colmo, Kurumi no sentía incómoda en absoluto. Como si fueran amigas de toda la vida y quedasen a menudo para ir a tomar helados. Sin embargo, Haruhi no se fiaba demasiado de sus intenciones. Sólo se habían visto en una ocasión, en la puerta del club de hosts, cuando Kurumi intentó entrar inútilmente. Yasuchika no le había contado cómo había recibido la noticia. Pero no se esperaba nada bueno. A Hani le parecía genial que saliesen juntos – después del conflicto que habían tenido cuando se había enterado de lo que había pasado aquella tarde-, pero Kurumi era harina de otro costal. Era la primera vez que la veía como una chica, y desde que se le había llevado no había hecho ninguna alusión al hecho de que se hacía pasar por un chico en el instituto.

¿No te gusta? Está muy rico, venga.- le dijo Kurumi, haciendo alusión a que todavía no había probado su helado.- Ya sé, voy a hacerte algo que siempre me funciona cuando no tengo ganas de comer. Abre la boquitaaa, que viene el avióooooon...- mientras le intentaba meter la cuchara colmada en la boca, por encima de su propio plato, pringándose la manga con sirope de fresa en el proceso.

Nogg...- Haruhi intentó protestar, pero la cuchara le llegó prácticamente hasta la garganta. Allá donde fuera Kurumi se montaba un espectáculo, y la gente de las mesas vecinas no dejaba de observar a esa chica taaaaan mona que habría arrasado en una competición de frescura azucarada. Muchos sonreían indulgentes, pensando probablemente que a una hija como ella le permitirían hacer cualquier cosa que se le antojase, porque resultaba difícil resistirse a su sonrisa.

¡Que sí, que está muy bueno¡Hala¿Ves? No me digas que no te encanta... es mi postre preferido con diferencia. Claro que sin chocolate ni nueces. Pero como nos conocen de toda la vida, no hay ningún problema.- acercó su rostro al de Haruhi, para decirle en tono confidencial – He visto embarazada a la dueña dos veces.

Mientras Kurumi asentía, muy satisfecha por habérselo contado (en realidad es una tontería) a Haruhi todavía le costaba esfuerzo respirar, porque por poco se le va el helado por el sitio equivocado. Una camarera le llevó parsimoniosamente un vaso de agua para que bebiese un poco. Cuando por fin estuvo fuera de peligro, se dispuso a aclarar sus dudas:

Kurumi...- le resultaba difícil hacerle una pregunta del tipo ¿por qué me has secuestrado? o ¿Cómo es que te ha dado la venada de hacerte mi amiga? o si no ¿De verdad intimas con la gente metiéndoles un banana split hasta la úvula? Era tan absurdo. Pero la chica no la dejó terminar.

¡Me alegro tanto de que vayas a ser de la familia! Aunque¿no preferirías a Mitsukuni? Es mucho más interesante. Yasuchika es un amargado aburrido. No sé ni siquiera cómo has podido aguantarlo tanto tiempo. Pero la verdad, por lo que me ha contado Mitsukuni, eres fantástica, así que, cuando dejes a Yasuchika, podrías plantearte salir con él. Estoy completamente segura de que a él le encantará.

Al oír esto último, Haruhi casi se atragantó con el helado. ¿De dónde sacaba la pequeña de los Haninozuka unas conclusiones tan peculiares¿Por qué debería ella dejar a Yasuchika? Hacía ya varios meses que estaban saliendo juntos. Todavía recordaba lo mal que lo pasó cuando se enteró el club de Hosts. Como siempre, la habían acosado intentando sonsacarle toda la historia (Tamaki no, había entrado en modo Armaggedon- véase Tamaki´s Unrealized Melancholy. Bueno, Kyôya y Mori no. Pero aguantar a los gemelos había sido insoportable.

No. No iba a dejar de salir con Yasuchika. Se sentía muy bien cuando estaba a su lado. ¿Cómo podía pensar Kurumi que estaría mejor con Mitsukuni? Tal vez, visto desde fuera, habría quien podría creerlo, pero Haruhi no pensaba así. Y tenía que hacer que Kurumi se diese cuenta:

Pero yo no voy a dejar a Yasuchika. Quiero decir, ahora mismo no sólo no tengo ninguna razón para hacerlo, sino que tengo muchas razones para no hacerlo.

La chica la miró confundida. ¿Había oído bien¿Haruhi prefería a su hermano mediano¿Cómo era eso posible? Ninguna chica que estudiara en Ouran podía pensar eso. Preferir a Yasuchika antes que a Mitsuku-nii era...era... era una aberración. Algo andaba muy mal en la psyque de Haruhi Fujioka, eso seguro.

Entonces¿estás segura¿Y si la cosa no sale bien?

¿Qué podía contestar a eso¿Acaso no se había mortificado ella misma en ocasiones, haciéndose esa misma pregunta? No dudaba de las buenas intenciones de Kurumi. Veía en sus ojos una preocupación sincera. ¿Tal vez, a pesar de la proposición que le había hecho hacía sólo unos instantes, ella misma quería que estuvieran juntos? La respuesta llegó inmediatamente a su mente. No. No era eso. Ella quería adoptarla como si fuera un peluche adorable. Y, por otro lado, Haruhi no dudaba de su amor fraternal hacia Yasuchika. Probablemente no quería que se llevase un chasco. A pesar de no tener hermanos ni hermanas, Haruhi era lo bastante perspicaz como para intuir que ella también se habría inquietado de estar en la misma situación de Kurumi.

Kurumi, te comprendo. No te preocupes.- tragó saliva. No era muy dada a demostrar sus sentimientos, y menos a expresarlos abiertamente. De alguna forma -no inquietante- tenía que decirle lo que sentía por Yasuchika.- Seguro que todo irá bien.

Ahora sí que Kurumi estaba inquieta. Esa sonrisa tan... natural, tan plácida, esa actitud ante un hipotético fin de su relación, no era para nada la reacción de una chica del Ouran si pensaba que perdería a su príncipe de cuento de hadas. Y Haruhi estudiaba en el Ouran. Pero si no era una chica, entonces sólo quedaba otra opción. ¿Podría ser un chico?

Sí. Era posible. ¿Cómo si no las clientas no sospechaban su auténtica identidad? Nunca había que perder la fe en la capacidad detecta-tu-príncipe-azul de las clientas del club de hosts. Eran infalibles.

Respiró hondo. ¡Así que Yasuchika no sólo era un cochino, sino que además ocultaba a toda la familia –Morinozuka incluidos- que le gustaban los chicos¡Se dedicaba a sus peculiares apetitos carnales con nocturnidad y alevosía! En realidad a ella no le parecía mal que le gustase un chico, pero que se lo intentase ocultar era una bajeza por su parte. ¡Debía comportarse como el Haninozuka que era y admitir la verdad¡Ella conseguiría que lo hiciesen!

Mientras Kurumi se entregaba a sus cavilaciones, Haruhi se sentía cada vez más inquieta. Y es que no había parado de mirar la ropa que llevaba puesta con una expresión entre suspicaz y meditabunda, y Haruhi tenía mucho miedo de lo que podía estar tramando. Ya la había visto en acción anteriormente. Miró su helado, todavía le quedaba mucho. La mayor parte ya se había derretido. Buscó desesperadamente algo que decir, una forma de romper el silencio, de nuevo incómodo. Porque una lucecita en su cerebro le estaba diciendo que esa situación no era normal. Pero como no había hecho otra cosa que enfrentarse a situaciones anormales desde que llegó al Ouran, tampoco le dio mucha importancia. Una vez más fue Kurumi la que volvió a hablar, como si esa enorme pausa en la conversación nunca se hubiese producido:

¡Vaya, me encanta esa camiseta que llevas puesta¡Es muy femenina! Aunque claro, como es la primera vez que te veo con ropa de chica, resalta más todavía. De hecho, si no fuera por esa camiseta de tirantes¡hasta diría que sigues siendo un chico!- sonrió ampliamente- No hay mucha diferencia con la imagen que luces en el club.

Gracias, aunque no es gran cosa. Todos los jueves se monta un mercadillo de ropa en mi barrio con ofertas muy buenas, y me gusta mirar de vez en cuando lo que tienen.- suspiró resignada- Aunque con mi padre es muy difícil ahorrar en ese tema, porque insiste en comprarme ropa de marca, llena de volantes y canesúes.

¡Seguro que estás monísima!- sus ojos brillaron con chiribitas de emoción.- ¡Ojala te vea un día así vestida!- Lo decía en serio, porque la propia ropa que llevaba ese día no distaba mucho de la que le encantaba a Ranka, sólo que tenía un toque más infantil; un vestidito azul y rosa con conejitos bordados, en el que se podía leer aquí y allá "Sugar Bunnies". Y como no se corta un pelo, agregó en voz lo suficientemente alta como para que la oyeran las mesas vecinas- Oye, no llevas sujetador¿verdad? No te veo el tirante.

¡Pues claro que llevo!- le respondió toda roja.- Lo que pasa es que es sin tirantes, para que no se vean cuando llevo este tipo de camisetas.

¡Hala¡Yo de esos no tengo¡Es que no me sujetan nada!- de nuevo las estaban mirando. Kurumi se había puesto de pie, al tiempo que se llevaba las manos a sus respectivos pechos.- Aunque tú tienes mucho menos pecho que yo. ¡Estás casi plana!

Haruhi no se lo tomó a mal. Le daba bastante igual lo que la gente opinara del contorno de su busto. Sonrió para sí misma (dando el aspecto de una lunática). Desde luego, Yasuchika parecía estar más que satisfecho. En ese momento, no se sabe cómo, Kurumi tropezó con el pie de la mesa, que se tambaleó, aunque no se vino abajo. Ella no tuvo tanta suerte, ya que perdió el equilibrio y se llevó por delante a la pobre Haruhi, que acabó adolorida en el suelo, con Kurumi encima suyo ¿con una mano en su pecho?

Dos camareros se acercaron con la intención de socorrerlas, pero un chico alto y moreno, que llevaba una shinai al hombro – la gente le miraba bastante raro- se les adelantó. Cogió a Kurumi gentilmente de la cintura, y, como sin apenas pesase, la depositó a su lado, al tiempo que se agachaba para socorrer a la pobre que había quedado prácticamente aplastada.

Vaya, Haruhi, me alegro de volver a verte. ¿Qué tal estás?- le preguntó con una sonrisa tan amplia como las que le solía dirigir Kurumi (se nota que son primos).

Satoshi... ¿Has venido a comer un banana split?

¡Anda¡Pues sí¿Cómo lo has sabido¡Eres genial!- Nota de la autora¡Es igual que Kurumi! Están hechos el uno para el otro... al final los test del amor van a tener razón.

Simple intuición – dijo poniendo cara de circunstancias.- Has venido con la shinai, así que supongo que has estado entrenando, y como Yasuchika no está contigo, he supuesto que venías a tomar algo.

¡Cómo nos conoces!- empezó a darle toquecitos con el índice en el brazo (es muy molesto, os lo aseguro).- Seguro que es porque te mueres por formar parte de la familia¿a que sí?

"Pero que puñetera manía con adoptarme" pensó Haruhi mientras sonreía pesadamente "¡Yo ya tengo una familia!"

¡Satoshi!- reclamó Kurumi- ¿A que te quedas con nosotras¡He invitado a Haruhi a tomar un helado y ahora vamos a ir a casa!

¡Pues claro que me apunto! Aunque tengo algo de hambre.- en ese mismo momento sonó un ¡Groargh! que salió de su tripa. En ese momento Haruhi supo porqué Satoshi imitaba tan bien a Mufasa cuando se duchaba en los vestuarios del club de Karate (por supuesto eso era información suministrada por Yasuchika, no de propia mano).

¡Va, venga¡Prepararemos algo en casa¡Conejitos de azúcar!

Eso nos llevaría mucho tiempo- razonó Satoshi- ¡Ya buscaré en vuestra nevera¡Aunque sea carne de algo!

Esperad un momento- Haruhi no podía aguantarlo más- Kurumi¿quieres llevarme a tu casa?

¡Claro! Además, ya has estado antes¿verdad?- dijo sibilinamente (eso ha sido un golpe bajo).

Pero estarán tus padres... y todavía no he ido a tu casa oficialmente.

¡Don't worry¡Be water my friend! - Comenzó a gritar. Le había dado el ramalazo anglosajón.- Mis padres nunca llegan a casa a estas horas.

Al menos no se reían de ellos. Pero muchos de los presentes estaban disfrutando como si se tratara de la representación de una comedia. Haruhi prefirió rendirse. Le daba igual dónde la llevaran, con tal de salir de ese sitio. Comenzaba a entender profundamente a Yasuchika.

Así que se metieron los tres en la limusina, rumbo a casa de Hani. El chofer no dijo nada. Estaba más que acostumbrado a llevar a uno de los hijos a algún sitio y volver con cinco, o incluso los seis juntos, cuando todos los Haninozuka y Morinozuka coincidían por casualidad. Desde el día en que había empezado a trabajar para los Haninozuka, nunca había llevado los mismos pasajeros a la vuelta.

Haruhi estaba apechugada entre los primos, lo cual resultaba absurdo, porque enfrente tenían un hermoso asiento vacío. Fue Satoshi el que se dio cuenta de que la pobre estaba apurada, y se puso enfrente de las dos. Nadie dijo nada durante todo el trayecto, aunque en realidad Satoshi y Kurumi sí que se estaban comunicando...telepáticamente.

La mirada que Satoshi le mandaba a su prima decía claramente "No sé para qué necesitas mi ayuda, pero te aconsejo que no le hagas nada a Haruhi que haga que Yasuchika se enfade."

"Tú tranquilo. Sólo quiero que me ayudes a demostrar una cosa" le contestó.

"Confío en tu criterio" pensó por último el Morinozuka.


El trayecto no duró mucho. Mientras Kurumi les contaba lo que Meiko y ella les habían hecho a unos compañeros que tuvieron la imprudencia de llamarlas "jirafas" Haruhi se puso a mirar por la ventanilla de la limusina. Las mansiones se sucedían unas a otras a una velocidad de vértigo, mientras fuera todavía era de día. Había perdido la noción del tiempo. Podría haber pasado un día entero y no se habría enterado. Un oportuno golpe de la shinai de Satoshi la sacó de sus ensoñaciones.

¡Satoshi¡No ves que le has hecho daño¡Que ella no es Yasuchika! (N. de la A.: el razonamiento de Kurumi es el siguiente: A Yasuchika puedes abrirle la cabeza si así lo quieres, pero eso no incluye al resto del mundo). Mientras se frotaba el adolorido cogote, lo miro con reprobación.

Vamos¡vuelve a la Tierra! No puedes irte a los mundos de Yupi justo ahora.-Una sonrisa iluminaba su rostro.

¡No estaba en ninguna parte¡Es sólo que me preguntaba cuándo vamos a llegar!

(Ni que tuviera ganas de ir ¬¬)

¡Por eso tienes que estar atenta¡A lo mejor nos equivocamos de dirección!- lo apoyó Kurumi.

¡Pero si vamos a TU casa!- la agarró de los hombros.- Dime que sabes dónde vives.-añadió, abrumada por la ilógica respuesta.

Pues... no estoy muy segura. Esperaba que tú te acordaras del camino.- respondió toda seria.- Me haces daño.- añadió. Y es que le estaba clavando de tal forma las yemas de los dedos que cuando los retiró dejaron la marca.

Pero Haruhi no estaba en la situación de preocuparse por la integridad de los hombros de Kurumi. Se puso blanca. Del blanco pasó a un tono verdoso nada tranquilizador, que se convirtió al final en amarillo. Y al final – cuando había pasado al azul oscuro- Satoshi se preocupó.

¡Haruhi¡No creas lo que dice, mujer¿Cómo no va a saber dónde vive¡Y el chofer lleva varios años al servicio de los Haninozuka!- la lógica aplastante de Satoshi (que en ocasiones da mucho miedo) le devolvió a su rostro un mejor color, a pesar de que mientras lo decía la zarandeaba de un lado al otro de una manera no muy segura.

¡Venga, que era una broma!- corroboró Kurumi.- ¡Jo¡No sabía que te iba a afectar tanto¡Perdóname!- tenía una cara de auténtica preocupación. Lo cierto era que Haruhi le había caído muy bien, pese a ser un chico. Tan mona estaba, que Haruhi contestó, casi en contra de su voluntad (normalmente su respuesta habría sido MUCHO más enérgica):

No pasa nada... sólo me he mareado un poco.

Pobrecilla- y procedió a soplarle en la cara. Satoshi, entusiasmado con la idea, unió sus esfuerzos a los de su prima. Y como no tenían ninguna mesura, parecía que el huracán Katrina azotaba su rostro. Lo cual no contribuyó a mejorar el ánimo de Haruhi.

Estaba a punto de enviarlos a algún sitio del que no pudieran volver, cuando la limusina frenó suavemente. Habían llegado.

El hermoso jardín que Haruhi había admirado un día se extendía ante ellos, fresco y verde, lleno de lirios y gladiolos amarillos. En seguida se sintió mucho mejor. Satoshi, viendo que ya no sentía ganas de matar a nadie, apareció con unas cuantas flores, que todavía conservaban las raíces terrosas, como testimonio de que poco antes habían estado fijadas al suelo.

¿Desde cuándo te dedicas a arrancar flores de los jardines ajenos? Vas a ponernos perdidos a los dos.

¡Oye, que son para tí¡Podrías ser más amable!

Pero Haruhi las cogió de todos modos. Era una pena, porque se estropearían antes de que volviese a su casa. Y no sabía cuándo iba a volver. Se estremeció. No estaba del todo segura de que fuera a volver. Con la manía de que formara parte de la familia, a lo mejor querían celebrar esa misma tarde una boda relámpago (la pobre ya no sabe qué pensar).

El enorme recibidor estaba vacío, pero no silencioso. A través de las paredes se filtraban los sonidos resultantes del quehacer doméstico. Muy diferente a la tarde de la tormenta. Atravesaron pasillos que recordaba oscuros, profundos, para acabar frente a la puerta que encerraba un mundo de otra dimensión: la habitación de Kurumi. Haruhi entró la primera, todavía con las flores en los brazos. Menos mal que los vaqueros estaban bastante desgastados, ya no podría recuperarlos de ninguna manera. Antes de darse cuenta, la puerta se cerró tras ella, sin que ninguno de sus acompañantes hubiera entrado. Se giró, pero lo único que pudo constatar era que, efectivamente, habían cerrado la puerta. Al volver a mirar hacia delante, se percató de que no se encontraba sola en el dormitorio. Una muchacha alta, muy hermosa, estaba sentada con rectitud en una butaca leyendo un libro. Su cabello azabache, que en la escuela siempre llevaba suelto, estaba ahora recogido con indiferente gracia a la altura de la nuca. Algunos mechones escapaban, rebeldes, y permitían observar la medida de su pelo. Por la ropa se veía que no había ido a hacer una visita eventual. No se había percatado de la presencia extraña. Y Haruhi se sentía algo cohibida.

Buenas tardes, Meiko.- sonaba un poco seco, pero era tanta su timidez que se veía obligada a escoger sus palabras con cuidado (tampoco es que esté haciendo ningún esfuerzo gramatical, vamos).

La chica levantó la vista de su lectura, y ante el asombro de Haruhi, sonrió. No era una sonrisa refulgente como la de Kurumi y Satoshi, sino una sonrisa comedida, muy dulce. Tenía el mismo brillo en los ojos que su hermano Takashi. Se acercó a ella, sin mudar la expresión de su rostro.

Me alegro de volver a verte, Haruhi.- hizo una pausa.- ¿has venido a ver a Yasuchika? Creo que todavía está practicando en el dojo...

Haruhi no pudo menos que maravillarse del aplomo que mostraba. Esa chica tenía la serenidad de un sauce (Ay, bonita, si tú supieras...).

En realidad ha sido Kurumi la que me ha traído hasta aquí.

Ya.

El gesto de Meiko denotaba compresión. Como si con sólo esa escueta frase fuese capaz de averiguar la tensión a la que había sido sometida Haruhi.

¿Hay algún sitio donde pueda limpiar las flores? Van a manchar todo con tierra...

Trae- se las cogió de los brazos.- Vamos a arreglarlas en el lavabo de Kurumi, es el que está más próximo. Y echó a andar hacia allí, dando por supuesto que Haruhi la seguiría.

Una vez fueron convenientemente limpiadas y cortados los tallos, Meiko se las devolvió a Haruhi. En ese momento, antes de poder agradecerle la deferencia, la puerta del cuarto se volvió a abrir, y entraron Kurumi y Satoshi. Iban riendo, y Kurumi sujetaba una bandeja de plata donde estaban colocados armoniosamente distintos tipos de fiambres, huevo hilado y pan de pasas tostado. (Todavía no me han querido contar de qué se están riendo).

La apoyó sobre la superficie de su escritorio e inmediatamente fue donde Haruhi, agarrándola de la mano.

¡Ven¡Te hemos traído algo para que comas, por si aún tienes hambre¿A que somos buenas personas?

Define buena persona, Kurumi.- la interrumpió Meiko, soltando a Haruhi. Acto seguido se cruzó de brazos, lanzándole una mirada reprobatoria.

Meikooo...- optó por otra estrategia, visto el talante de su prima.- No estás enfadada conmigo ¿verdad¡Acabo de entrar por la puerta¡No me ha dado tiempo a hacer nada!

No estoy enfadada.- hizo una pausa significativa.- Pero no podré decir lo mismo de Yasuchika si se entera de que te has llevado a Haruhi.

¡Lo dices como si fuera algo malo¡Si lo hemos pasado muy bien las dos juntas¡Y luego nos hemos encontrado con Satoshi!

Kurumi... ¿habías quedado con ella previamente?

... ¡Puff! Qué tontería. Pues... la verdad es que... No.

Me lo suponía- se llevó la mano a la sien y se la frotó un poco. Le empezaba a doler la cabeza.- Kurumi, eso es similar a un secuestro.

Viendo que la conversación entre ambas primas se estaba desviando de los límites racionales (como ocurre habitualmente en esa casa), Haruhi se volvió hacia Satoshi, ocupado en decidir su destino con un abrecartas sobre un globo terráqueo (lleno de agujeros de otras tardes pasadas en la habitación de su prima).

¿Todavía tienes hambre? Lo que hay en esa bandeja tiene muy buena pinta.

Tranquila, ya he cogido algo del frigorífico. Deberías probar la carne de emmental, está muy buena.

¿Eh?... – pero antes de que pudiera preguntarle si tenía constancia de lo que había comido, Kurumi se les acercó, y agarrándolo de los hombros lo sacó fuera del cuarto:

Ahora Meiko, Haruhi y yo vamos a hablar de cosas de chicas, así que lo mejor será que te entregas en el pasillo, porque no queremos que acabes traumatizado. ¡Y vamos a estar MUY ocupadas, así que lo mejor será que NADIE nos moleste!

Una vez se hubo desecho de Satoshi, se dirigió hacia unas puertas corredizas y entró en una habitación que conectaban mediante unas escaleras con el piso superior. En realidad era su ropero (bueno, lo utiliza para guardar todo tipo de cachivaches, porque no le gusta tirar nada) y se puso a rebuscar entre las cajas cubiertas del polvo acumulado tras años. Al final encontró lo que buscaba en el piso superior. Volvió sonriendo, con tres maillots de colores chillones en sus manos:

¡Toma!- le puso la ropa en sus manos- ¡Ponte uno¡El que más te guste!

¿Cómo? Pero... ¿por qué? Quiero decir¿a qué viene esto ahora?

¡Porfiíí¡Seguro que estás monísima!

Bueno... ¿dónde puedo cambiarme?

Aquí mismo, estamos entre chicas.

Pero para ponerte uno de éstos tienes que quitarte la ropa interior. ¿No podría cambiarme en otro sitio y luego me ves todo lo que tú quieras?

¡Qué más da! Estamos entre chicas. Por eso he sacado a Satoshi.- cambió su sonrisa por una expresión decidida.- A no ser que no quieras que te veamos desnuda por alguna razón.

Si- contestó Haruhi.- Pudor. (Y se quedó tan ancha)

O tal vez sea – un tono dramático tiñó su voz – porque en realidad siempre has sido un chico.

Un espeso silencio envolvió la habitación. A Meiko le habría gustado decir algo, pero como tampoco estaba muy segura de la sexualidad de Haruhi, optó por el silencio. Cuando se enteró de que estaba saliendo con su primo, la movió a la categoría especial de los "seres sin género definido". En el caso de Haruhi, el estupor le impedía decir una palabra. Simplemente eso era absurdo. Quería decir... Hani y Yasuchika sabían que era una chica. Esa situación era nueva. Algunos habían descubierto que en realidad era una chica, pero nadie había pensado después que pudiera ser realmente un chico. Pero en cierta parte se sintió mejor. Porque ahora ya sabía la razón por la que Kurumi la había mareado tanto.

Eso no es cierto. Soy una chica.- estuvo a punto de decir algo obvio, pero recordó a tiempo que, a pesar de su elevada estatura, las dos primas sólo tenían doce años. Así que prefirió omitirlo, porque había otras formas de convencerlas.- Pero no pienso desnudarme delante de ti sólo para que te quedes tranquila.

No hay muchas más formas de que lo demuestres. No eres femenina, ni tu voz tiene un timbre agudo, no tienes las caderas anchas o unas manos delicadas. Presentas la actitud de un muchacho en todo momento y, para terminar, estás en el club de Hosts.

No sé si tu hermano te habrá hablado de unas fotos mías de secundaria.- Haruhi se sentía cada vez más acosada. Había llegado a un punto en el que era capaz de cualquier cosa con tal de que Kurumi la dejara tranquila.- Además, si de verdad fuera un chico, no tendría por qué ocultarlo. Dada mi deuda, todo sería más fácil para mí.

¿Crees que soy tonta?- replicó con un deje de ¿amargura?- Puede que tenga tres años menos que tú, pero eso no significa que esté ciega. Sólo tengo que mirarte la cara. Tú quieres a Yasuchika.

¿Tan evidente era¿Cualquiera podía leerlo en su cara, como en un libro abierto? Kurumi era muy aguda. Y continuó:

Haruhi¿habrías sido capaz de fingir toda tu vida que eras una mujer para poder vivir junto a mi hermano¿Podrías haber aparentado embarazos, dado a luz a los futuros Haninozuka, criado a unos niños que no proviniesen de tu matriz, siendo en realidad un hombre¿Los habrías recogido de debajo de un puente? (ya veis qué culebrón está montando ella sola). Está bien. Me rindo. No hace falta que te desnudes... de cintura para abajo.

¿Qué? Creía que te habías rendido.

Claro, ya no hace falta que te desnudes completamente. Con que me enseñes tu pecho sobra. Antes no lo he notado.

¿Te has tirado encima de mí, sólo para tocarme el pecho¡Me has hecho daño!

¡Hay que sufrir por la verdad! Ése debería ser el fin de todo ser humano. Mira, para que te acabes de convencer; no serás la única. Meiko y yo también mostraremos sin vergüenza nuestros atributos a la feminidad.- Y con un ágil movimiento, se sacó el vestido por encima de la cabeza. Debajo llevaba unos graciosos pololos cortos con puntillas. Triunfante, se desabrochó el sujetador, mostrando a las otras chicas dos pechos respingones, con unos pequeños pezones del color de las cerezas que empiezan a estar maduras.- ¡Meiko, ahora tú!

¿Por qué me metes en estas situaciones?- suspiró resignada, al tiempo que se quitaba el suéter y un sujetador deportivo. Notó rápidamente la bajada de temperatura, y la suave piel de esa zona se erizó ante el estímulo.

Mientras tanto, Yasuchika Haninozuka acaba de salir de la ducha. Había estado entrenando en el dojo demasiado tiempo y era consciente de que al día siguiente iba a tener agujetas. Con sus vaqueros de andar por casa y una camiseta blanca que rezaba: "Macho Camacho" en impronta negra, se dirigió hacia su habitación, el cabello todavía húmedo por el vapor. En ese momento dirigió su mirada hacia el suelo, más bien hacia una esquina, donde estaba recostado Satoshi. Aparentemente sin hacer nada. Y eso se salía de lo habitual. Porque Satoshi siempre estaba haciendo algo: algo que no era provechoso, que podía resultar francamente inconveniente, algo por lo cual Yasuchika era castigado después, algo que interrumpía sin decoro un examen de literatura, o cualquier otra materia... pero algo. Sólo se dejaba llevar por la indolencia al final del día, frente al televisor en la habitación de Mori. Y con todo muchas veces se limpiaba los dedos, grasientos por lo panchitos anaranjados, en la colcha de su hermano mayor (es decir, la volvía a liar).

¿Qué estás haciendo tirado en el suelo?

Nada. No deberías perder el tiempo de esta manera, Yasuchika. Tienes que hacer los deberes para mañana.

¡Pero bueno! Eres tú el que está tirado en el suelo como un pañuelo de papel usado. Yo ya he hecho parte de los deberes, y ahora iba a terminarlos. Seguro que tú ni siquiera los has empezado.

Ahora mismo estoy haciendo algo mucho más importante que los deberes de clase: educarte.- Suspiró profundamente- Cuántos años de mi vida dedicados por entero a tí, para que luego tú hagas lo que juzgas más conveniente.

¡Deja de decir tonterías¡Ahora eres tú el que está flipando pepinos!

Habría seguido diciéndole improperios, pero en ese segundo de silencio, se escuchó la voz de Kurumi, amortiguada por la gruesa puerta de su habitación "Vamos Haruhi, quítatelo ya, que Meiko y yo estamos empezando a tener frío".

La cara de Yasuchika adquirió la lividez propia de un cadáver. ¿Haruhi estaba ahí¿En el cuarto de su hermana¿Con Kurumi? Antes de que se pudiese recuperar Satoshi se interpuso entre la puerta y él.

Lo siento, pero no puedes pasar.

Quítate de en medio, Satoshi. Sabías que Haruhi estaba en ese cuarto- lo acusó.

No me voy a mover. Cumplo órdenes implícitas de Kurumi.

Primero; tú cometido es cuidarme a mí. Segundo; al contrario de lo que te haya dicho Kurumi, mi deseo es muy explícito¡Quítate de ahí!- chilló con todas sus fuerzas, abalanzándose sobre él.

Satoshi intentó contenerle, pero había tomado tal impulso, que ambos salieron disparados contra la puerta, la cual se abrió con un impacto sordo. Los dos chicos quedaron aturdidos, en el suelo, Yasuchika encima de Satoshi.

- Vamos, Haruhi, quítatelo ya, que Meiko y yo estamos empezando a tener frío.

- Está bien...- al final no tuvo más remedio que ceder. Su paciencia había empezado a agotarse hacía muuuucho tiempo. Se desabrochó el sujetador.

- Ah. Pues sí que eras una chica- fue todo lo que dijo Kurumi, mientras en su rostro se reflejaba el desencanto. Aunque no muy perceptibles, los pechos de Haruhi Fujioka pertenecían indefectiblemente a una muchacha.- Bien, en ese caso, debemos pasar a la fase B del plan.

- ¿Fase B?- Haruhi sintió cómo la sangre se iba de su rostro.

- ¡Sí¡La fase B¡Eres muy poco femenina y romántica! Y eso no está nada bien en una alumna del instituto Ouran. Así que vamos a dedicar el resto de la tarde a un aprendizaje intensivo.

Tan absortas habían estado, que ninguna se percató de los violentos ruidos que provenían de detrás de la puerta. Y las tres chicas se sobresaltaron cuando, estando ellas todavía desnudas de cintura para arriba, la puerta cedió con estrépito.

El ambiente en el interior del cuarto se volvió gélido. Nadie podía mover un músculo. Las tres chicas con los brazos a ambos lados de sus torsos, Yasuchika apoyado sobre sus antebrazos y Satoshi observaba la escena invertida, pues había ido a parar de espaldas al suelo. El primero en reaccionar fue Yasuchika: enrojeció. Como si los cinco litros de sangre de su organismo hubiesen fluido de golpe a la cara. Haruhi estaba medio desnuda. Satoshi estaba viendo a Haruhi medio desnuda. Yasuchika no quería que Satoshi viese a Haruhi medio desnuda. Pero antes de que pudiese hacer algo que pusiera fin a la embarazosa situación, Kurumi se le adelantó (porque se deja guiar más por sus instintos violentos). De una impetuosa patada echó a ambos chicos fuera de la habitación.

¡Tú...Yasuchika, no eres más que un cochino¡Degenerado pervertido¡Te parece adecuado hacer esto delante de Haruhi¡Como te pille otra vez espiando en mi cuarto te juro que te mato¡Y tú, Satoshi¡Idiota¡Se suponía que tenías que vigilar el cuarto y protegernos del desviado de mi hermano!

Y, tras cerrar la puerta detrás de ella se volvió hacia las chicas con una sonrisa refulgente.

- ¡Venga, que se nos hace tarde¡Todavía queda mucho por hacer!

Haruhi sintió cómo un escalofrío le recorría la columna.