Nadie dice nada. El tren avanza a gran velocidad y me veo incapaz de retirar la vista del paisaje que se ve por la ventana. No puedo evitarlo. Sé que tendríamos que estar hablando con nuestro mentor, haciéndole mil preguntas, pidiéndole consejos… que nos ayuden a sobrevivir a los juegos. O al menos, a no ser los primeros en morir. Sin embargo, George parece ausente aún, no se ha movido de postura, y Uriol no parece interesado en ser el primero en hablar. De hecho, no parece interesado en nada. Se limita a jugar con un bolígrafo, dándole vueltas sobre el pulgar de su mano derecha. Lessie ha hecho varios intentos de iniciar la conversación, animándonos a participar, pero apenas ha recibido leves gruñidos de afirmación por parte de Uriol. De repente, la pregunta que lleva un rato en mi mente, oculta, sale sin pensar.
– ¿Te aburres?
Es una pregunta idiota. Estúpida. Y si te paras a pensarlo, quizá no la más acertada. Sin embargo, surge un efecto favorable. Ahora tengo la atención de todos. Incluso George ha salido de su ensimismamiento y me mira, curioso. Uriol, sin embargo, me mira escéptico. Una media sonrisa se forma en sus labios.
– Así que sabes hablar… ¿Y lo que se te ocurre preguntar es eso? Niña, ¿eres consciente de a qué te estás enfrentando? Tendréis que espabilar si queréis tener una mínima posibilidad de sobrevivir.
Uriol tira el bolígrafo sobre la mesa despectivamente y se recuesta sobre el respaldo del sillón, enfrente de mí.
– Seguro que estaba intentando iniciar una conversación de una manera menos brusca, creo que…–empieza Lessie cuando George la corta y ésta, ofendida, se levanta y sale del vagón.
– ¿Qué tenemos que hacer para sobrevivir?
– Vaya, así que tú también hablas. Me sorprende ya que…
– No des rodeos. Quiero una respuesta directa.
Ambos se miran fieramente a los ojos durante varios segundos, hasta que Uriol habla, sin desviar la vista de los ojos de mi hermano.
– Primero, no me interrumpas. Nunca. – George va a hablar cuando Uriol continúa. – Y respondiendo a tu pregunta, no lo sé. ¿Qué harías tú?
– ¿Cómo? ¡Se supone que eres nuestro mentor! ¡Has sobrevivido a los juegos! ¡Se supone que debes mantenernos con vida! ¡Se supone…!
George no puede retener su ira y le da una patada a la mesa, descolocándola y haciendo que el otro extremo casi me golpee. Sin embargo, Uriol permanece calmado, analizando la situación. Se remueve en su asiento y se inclina hacia delante, apoyando los codos en sus piernas y cruzando las manos delante de su boca, sin poder ocultar otra media sonrisa que aflora.
– Nos estás poniendo a prueba – respondo automáticamente, provocando que su mirada inquisitiva se pose en mí de nuevo, solo que ésta vez sí le mantengo la mirada.
– Chica inteligente… Pero mi pregunta sigue en pie. ¿Qué haríais vosotros para sobrevivir?
– Insisto en que se supone que tú estás para eso – responde George de forma brusca.
– Y yo te respondo que quien va a estar ahí abajo eres tú, no yo. – ataja nuestro mentor con la misma brusquedad que George, su paciencia llegando al límite. – Lo que mi mentor me aconsejó a mí fue "busca un refugio y espera a que te maten".
El silencio vuelve a reinar entre los tres durante unos segundos, hasta que George se levanta y se va también del vagón hacia su cuarto, tropezándose con Lessie en el camino quien le avisa de que la cena estará en poco tiempo lista. Al llegar hasta donde nosotros estamos, su aguda voz emite un sonido parecido a un gritito de alarma al ver el estado de la mesita, descolocada. Murmuro una leve disculpa y la coloco en su lugar, mientras Uriol se queda estático observándome. Cuando termino, me despido de ellos y me dirijo a mi cuarto también, dándome cuenta de que no me he cambiado la ropa de la Cosecha.
Entro en la habitación y, una vez más, quedo atónita ante la cantidad de lujo. Hay una cama bastante grande, con un armario con adornos dorados, repleto de ropa en su interior, enfrente de la cama y una mesita de noche del mismo estilo. Otra puerta que me conduce a un cuarto de baño bien equipado, con una ducha llena de botones para variaciones en el agua: temperatura, cantidad… y algunos que son para el gel y el champú. Y eso sólo los que reconozco en un vistazo. Decido darme una ducha rápida y me cambio a unos pantalones largos negros con una sudadera naranja que me está un poco grande. Doblo cuidadosamente el vestido de mi madre y la rebeca, guardándolos en el armario, y me recojo el pelo en una coleta. Justo cuando termino, suenan unos leves golpes en la puerta, y la voz de Lessie les sigue, llamándome para la cena.
Me siento a la mesa, con George a mi lado y enfrente de nosotros, Lessie y Uriol, mientras algunos de los sirvientes procedentes del Capitolio que vienen con nosotros en el tren y nos sirven empiezan a traer manjares a la mesa. Nunca había visto tanta comida junta: una fuente de queso fundido con trozitos de diversos tipos de pan alrededor –fondue de queso como la llama Lessie, verduras troceadas y servidas con una salsa por encima, carnes de todo tipo a la brasa y cremas de espárragos, de zanahorias y de setas. George y yo comemos deprisa, siendo incapaces de atender a las advertencias de Lessie de comer más pausadamente en previsión del postre, consistente en varios tipos de bizcocho, tarta de queso y algo a lo que llaman "el volcán" que es, básicamente, un bizcocho de chocolate en cuyo interior hay chocolate fundido y caliente que sobresale por un agujero hecho al bizcocho por encima. Nada más probarlo, decido que va a ser mi postre favorito. A parte de comentarios esporádicos de la mujer que nos acompaña, que parece ser incapaz de permanecer cinco segundos callada o quieta, la cena transcurre tranquila y en silencio.
Después de la cena, nos reunimos todos en torno a la mesita de café que antes sufrió la agresión de George. Lessie nos cuenta anécdotas "divertidas" de tributos anteriores, anécdotas que según ella "es una lástima que no salieran reflejadas en las pantallas" y, lentamente, el tiempo pasa. George y Uriol siguen reacios a, tan siquiera, hablar entre ellos, y poco a poco se van retirando Lessie, Uriol y George. George… Está muy raro, no hemos hablado desde que salimos como tributos… No me mira, está ausente, y las pocas veces que habla es para rebatir a Uriol… Intento hablar con él pero me evita o hace como que atiende a Lessie y no me escucha… Estoy sola en el vagón y miro a mi alrededor, encontrando dos sillones, uno frente a otro, al lado de la ventana. Me siento en uno de ellos, subiendo las piernas en él y apoyando la cabeza en la ventana, viendo como el paisaje se mueve a mi alrededor. En el tiempo que he estado sentada ha pasado de llanura a bosques a un andén, en el que paramos a repostar, a otra llanura… Estoy tan ensimismada en el paisaje que no reparo en la súbita presencia de Uriol sentado frente a mí hasta que él alza la voz.
– Huir no es una opción… La supervivencia no la encontrarás ahí fuera.
El sonido de su voz me saca de mi mundo, y desvío la mirada hacia sus ojos que, por primera vez, no me miran a mí sino al paisaje también. Me acurruco aún más en el asiento, repentinamente consciente del frío ambiente.
– No pensaba en eso…– murmuro.
La curiosidad parece invadirle, o la confusión. Desvía su vista a mis ojos otra vez, pero sé que ésta vez no pueden ver a través de mí, ésta vez sé que le sorprende mi respuesta.
– ¿En qué piensas entonces?
– Sinceramente, en nada… – respondo sin desviar la mirada de él.
Silencio. Está intentando averiguar si miento o no. Parece darse por vencido, no sé si me cree o no. No importa, supongo, porque cambia de tema.
– Si quieres tener una oportunidad… Si queréis tener una oportunidad… Esto deberá ser a mi manera – me mira muy serio.
– No has tocado el tema en todo el día – respondo instantáneamente, sin pensar, cuando recuerdo la única pregunta que ha rozado el problema al que nos enfrentamos. "¿Qué haríais vosotros?".
Parece darse cuenta, porque solo sonríe para sí.
– Vete a la cama. Mañana quiero teneros despejados para que no haya más discusiones estúpidas y podamos trabajar en vuestra supervivencia.
Uriol vuelve a desviar la mirada hacia el paisaje fuera del tren mientras me levanto y me estiro un poco. Lo observo unos segundos cuando me percato de que no se ha cambiado en todo el día, lleva la misma camisa, americana y vaqueros que cuando entramos en el tren. Otra vez, mis labios ganan la batalla sobre mi cerebro.
– ¿No te vas a dormir tú también?
Es la segunda vez que le sorprendo en la misma conversación. Confuso, aparta su mirada del cristal y la dirige hacia mí, con una expresión indescifrable. Tarda un minuto en responder, un minuto que se me hace eterno. Parece dudar de su propia respuesta.
– Yo… No duermo mucho. Venga, vete ya.
Vuelve a apartar la mirada de mí y, ésta vez sí, sé que no voy a poder arrancarle ni una palabra más esta noche. Me dirijo a mi habitación, me cambio a un pijama que había en el armario y me meto en la cama. El edredón no tarda en calentarme del frío de estar al vagón y el cansancio de todo el día y de la noche en vela que llevaba empieza a apoderarse de mí de manera tan brusca que apenas noto como el colchón se hunde un poco más a mi espalda, y una voz de hombre me susurra "Buenas Noches"
NDA: Gracias a los que leéis esta historia, me dan ganas de seguirla ^^ En especial a GallantGrove que ha comentado en ambos capítulos y me pega su propia curiosidad :D Jajaj en principio estoy animada con la historia y la voy a continuar pronto, de hecho el capítulo no iba a acabar aquí, pero según lo vi escrito me pareció una buena idea hacer un breve corte aquí. Gracias por leer otra vez, nos vemos en el próximo capítulo. Chau!
