Al mirar los colmillos de James no pude hacer otra cosa que gritar llamando la atención de todos los presentes en la reunión, cosa que realmente ayudo a que el se alejara de mi.

-Pero que te pasa Mary Alice? Porque gritas así? –pregunto furiosamente mi padre.

-El… sus colmillos… me va a matar –logre decir entre sollozos.

-Esta loca –dijo James más que audiblemente. Mi madre tuvo el descaro de ruborizarse y disculparse por mis "locuras".

-Lo siento, ella solo esta un poco nerviosa –susurro al oído de James en intento desesperado por no ser el centro de toda la atención.

-No, su hija esta completamente loca. –grito de nuevo el joven de los ojos extraños mientras con desaire salía de la casa, musitando incoherencias acerca de mi salud mental y la del pobre hombre que tuviera la desdicha de casarse conmigo. La fiesta como era de esperarse termino minutos después, ya que yo no podía controlar mi llanto y mis padres no soportaban los murmullos de la gente que me señalaba.

-Caballeros –dijo mi padre mientras con los brazos les hacia una seña para que se reuniera todos –quisiera pedirles que por favor se retiraran, como se dieron cuenta Mary Alice no se encuentra bien, la pobre a estado realmente enferma y la fiebre le causa delirios. También me haría muy feliz que olvidaran el pequeño incidente que acaba de suceder –indico más en tono de orden que de petición. Cuando el último invitado abandono la casa, los gritos comenzaron.

-Te das cuenta de lo que acabas de hacer? Tiraste por el piso nuestro apellido, eres una inconciente. –resonó la voz de mi padre, mientras mi madre lloraba en el sofá, preguntándose que cosa había hecho mal para que yo resultara así.

-Lárgate a tu habitación, no quiero verte la cara –dijo mi padre nuevamente, por lo cual decidí obedecer, necesitaba tranquilizarme y con ellos cerca eso era totalmente imposible. Me recosté en mi cama con los colmillos de James aun en mis pensamientos, seguí llorando un rato más y comencé a sentirme muy cansada así que aun con el vestido de la fiesta me acosté a dormir, no tenia ánimos para cambiarme. Casi en cuanto cerré mis ojos comencé a soñar con una bebé a la que mi madre llamaba Cynthia y la presentaba como la única hija que tenia, mi padre se veía orgulloso y se notaba el amor que le tenían a la niña en cuestión. Unas horas después tuve otro sueño. Unos hombres llegaban en medio de la noche a sacarme de mi cama, entretanto yo pedida a gritos ayuda para que mis padres alejaran a los intrusos, pero ellos miraban la escena sin perturbarse. De pronto desperté al sentir un tirón en las sabanas que me mantenían protegida del frió, los hombres de mi sueño estaban ahí, todo estaba sucediendo tal y como lo había visto. Estaban por sacarme de la casa cuando sentí la necesidad de decirle a mis padres lo que había visto, tal vez así me dejarían quedarme yo realmente quería conocer a mi futura hermana.

-Mamá, no puedo irme tengo que cuidar a Cynthia –dije entre sollozos.

-No lo hagas mas difícil Mary Alice, tu no conoces a ninguna Cynthia.

-Cynthia va a nacer, es mi hermana. –mis padres detuvieron a los hombres unos segundos para acercarse a mi con una mirada confundida.

-De que hablas? Acaso tu madre esta… -dejo inconclusa la frase pero su mano voló al estomago de su mujer haciendo un gesto común para señalar un embarazo.

-Si, su nombre será Cynthia, como la abuela –agregue con una sonrisa. Las caras de mis padres se iluminaron notablemente y por unos segundos creí ver sus ojos brillar. El problema es que yo seguía siendo un estorbo y tenían que deshacerse de mí.

-Llévensela –dijo mi padre al oído de uno de los hombres. Mi rostro se lleno de lágrimas de nuevo, pero mi padre detuvo por segunda vez mi partida.

-Esperen, olvide decirle algo –musito con un tono que me helo la sangre.

-Desde hoy estas muerta, Mary Alice Brandon murió y tu, no eres mas que una loca inútil que va a ir a parar al psiquiátrico entendiste? –pregunto dándome un leve tirón en el brazo para enfatizar la amenaza.

-Entendí –respondí con un nudo en la garganta –Mary Alice Brandon murió –repetí para que mi padre viera que había comprendido –murió la misma noche que mis padres –dije claramente con un deje de dolor y furia contenidos en la voz, los señores Brandon solo atinaron a sorprenderse enormemente y yo solo quería salir de ahí.

-Vamonos, por favor –suplique al hombre que me sostenía, salimos de la casa y aborde un carruaje, volví la mirada hacia aquellos que hasta esa noche fueron mis padres y les desee lo mejor, no por ellos si no por Cynthia, ella no merecía vivir el mismo infierno que yo. A pesar de que ella aun no había nacido yo ya la sentía parte de mi familia.

El carruaje estuvo en movimiento por mucho tiempo, yo dormía en intervalos ya que seguramente el psiquiátrico al que me iban a ingresar no estaba en Biloxi. Cerré mis ojos nuevamente y entonces tuve otra visión, un lugar infernal, sacado de las peores pesadillas de cualquier persona normal, gente gritando por doquier, historias entremezcladas, vergüenzas de familia (como era mi caso), almas condenadas a pasar la vida entera entre 4 paredes, al cuidado de las peores personas, una cárcel que los pobres infelices detestaban, un paraíso para los cuidadores que los atormentaban. Desperté sobresaltada el sueño había sido horrible o mejor dicho mi futuro seria horrible pero ya no estaba en mis manos cambiarlo, ahora solo podía afrontar todo con madurez y serenidad. Por ultima vez en esa noche volví a caer rendida de sueño y por fin un sueño, una visión o un ángel había hecho acto de presencia en mi subconsciente. Un hombre alto, rubio con ojos de oro liquido y una sonrisa que podría derretir el hielo del polo Norte, y ese hombre perfecto estaba junto a mi abrazándome, cuidándome, alimentando mi vida con su luz, quise por un momento que eso de verdad estuviera pasando y me aventure a preguntarle al joven de mis mas hermosas fantasías cual era su nombre. Pero no hubo respuesta a tiempo ya que fui sacada del carruaje a tirones, abrí mis ojos enormemente al darme cuenta de que el lugar que se encontraba frente a mi, era el de mi pesadilla y que ahora no había nadie para protegerme del infierno.

-Bienvenida a su nuevo hogar Señorita Brandon –dijo la voz burlona del conductor –esperamos que sea del agrado de la princesa –añadió con sarcasmo mientras yo solo atine a paralizarme completamente, no había escapatoria, nunca saldría de ahí, nunca vería crecer a Cynthia y lo peor nunca conocería a mi ángel. Suspire y unas lagrimas traicioneras abandonaron mis ojos.

-Alice, mi nombre es Alice –respondí con una mirada desafiante.

-Muy bien Alice –dijo el hombre arrastrando las palabras y escupiendo mi nombre –te divertirás mucho aquí, todos están tan locos como tu, te sentirás como en tu casa –rió por lo bajo y me indico el camino de entrada. Camine con la frente en alto como si estuviera sentenciada a muerte por un crimen que no había cometido porque en parte así era, yo era inocente no había pedido nacer con mi don, respire profundo y camine al encuentro del director del hospital.

-Bienvenida Señorita Brandon – me saludo cortésmente el director del hospital.

-Alice, solo soy Alice –respondí automáticamente.

-Esperamos que su visita aquí sea de ayuda –sonrió y en segundos me recordó a mi abuelo, era esa sonrisa de sabiduría, de la que solo te da la experiencia de la vida y los años. Estreche su mano y estaba fría, supuse que por el clima ya que el hombre no estaba abrigado.

-Debería ponerse algo abrigador, podría darle un resfrió –dije sin pensar ganándome una mirada de reproche por parte de los enfermeros y una de simpatía por parte del director. Después de toda mi estancia no podría ser tan mala, gire para mirar por la ventana y lo vi, James estaba afuera del hospital, acechando, esperando el momento oportuno para concluir lo que había comenzado horas antes en mi fiesta. Para beber mí sangre.


NA: Aqui les dejo el siguiente capitulo xD... Siento no haber actualizado antes pero es que de hecho lo termine recien xD... Ya saben tomatazos y demas solo en GO!!