Tengo tantos derechos sobre estos personajes, como tengo derechos sobre Darren Criss. Sí, la tragedia se cuenta sola xD. Como siempre, esto es solo parte de mi imaginación ;)


Capítulo 3. It has to be you…

Los dos hombres charlaban alegremente. Max había invitado a Nicholas a desayunar con él. Había muchas cosas que resolver antes de la cena del día siguiente, donde sus dos hijos se conocerían y el señor Smythe estaba radiante y feliz de poder ver a Blaine por fin, después de tantos años. Nick ya le había explicado que su hijo había tenido un accidente y aunque Max se había sentido decepcionado, había entendido que era mejor que Blaine siguiera descansado, eso le daría más tiempo para planearlo todo.

Así pues, Maximillian siguió hablando realmente feliz de lo bueno que era su hijo, de lo orgulloso que estaba de Sebastian. La verdad, Nicholas se sentía un poco incómodo con su amigo, se sentía intimidado y avergonzado en frente de él. Evidentemente se sentía agradecido también por librarlo de su más reciente usurero, pero él sabía, podía sentirlo, que Max no iba a dejar ese favor sin cobrar. Su amigo no era una de esas personas que hacen las cosas solo por hacer, él sabía que tendría que pagar aquel medio millón de dólares de un modo u otro algún día. Y de hecho, le preocupaba que el pago tuviera que ver con Blaine, con Blaine y el hijo de Max que seguía siendo el tema principal de aquella conversación.

-Es un buen chico- dijo Max recalcando sus palabras con un golpe en la mesa- sin duda alguna lo eduqué bien, sería un buen partido para cualquiera ¿Sabes?

-Claro, claro- dijo Nick tratando de sonar jovial y no inquieto como se sentía en realidad- ¿Tiene novia? ¿Es la chica de las fotos?

-¿Quién, Santana?- dijo Max riendo divertido- ¿Hablas de mi otra hija?

-¿Tuviste una hija?- preguntó Nick realmente sorprendido- pensé que tu Sebastian era el único, cuando Steph y tú se reunieron con Marionn y conmigo aquella última vez, no recuerdo que hayas llevado a una niña contigo…

-No, claro que no…- dijo Max suspirando al recordar- Santana llegó tiempo después. Stephanie y yo la adoptamos, así que es otra Smythe ente los ojos de cualquiera. Es hermosa ¿No crees?

-Lo es, Max- dijo Nick sin saber qué más decir- ¿Entonces Sebastian no tiene novia?

-No, qué va...- dijo Max riendo divertido, al parecer, sin notar la inquietud de su amigo- y jamás tendrá una novia.

-Es muy joven todavía- dijo Nick sin entender muy bien qué quería decirle Max- de seguro pronto encontrará a una joven hermosa con la cual tener una familia y hacerte abuelo, ya verás…

Maximilian rio. Aquella conversación por fin había llegado al punto al que él quería llegar desde el principio. Sí, claro, había citado a Nicholas para hablar de sus familias, de todo lo que había pasado en veinte años sin verse, pero todo lo que quería Max era hablar de Blaine, de ese hico y del futuro que le tenía preparado al lado de Sebastian, de Blaine convirtiéndose en parte de su familia, como siempre lo había deseado. Los ojos verdes del hombre brillaron con ese pensamiento. Cuando Sebastian le había dicho que no le gustaban las chicas, en lugar de enojarse por ello había decidido que aquello era más que conveniente y el hijo de Marionn Anderson se convirtió en casi una obsesión para él. Porque sin importar que, por lo que le había dicho Nick, Blaine no tenía muchos de los atributos necesarios para brillar en la más alta sociedad de París y de Nueva York, aquel chico se convertiría en su yerno sí o sí, con o sin la aprobación de Nicholas, al que más le valía apoyarlo en sus planes. Había sido generoso con él por el cariño que le tenía, pero también había sido una forma de asegurarse que todo marcharía de acuerdo al plan y que para la primavera próxima, Sebastian y Blaine estarían casados.

-A mi hijo no le atraen las chicas, Nick- dijo Max volviendo a reír con desenfado- fue difícil de entender al principio, pero así es mi Sebastian y lo amo sea como sea…

-¿También tu Sebastian?- dijo Nick riendo un poco más relajado- Blaine me dijo lo mismo cuando tenía quince años. Te entiendo, es difícil de entender pero son nuestros hijos ¿No? Harías lo que fuera por ellos…

-Lo que sea…- dijo Max con seriedad, mirando a Nick fijamente a los ojos- ¿De verdad harías lo que fuera por tu hijo? Según lo que me has contado, Blaine ha tenido que sufrir mucho ¿No es así? Todas esas carencias, los trabajos que hace… no te estoy juzgando como un mal padre, Nick, has hecho lo que has podido pero… ¿No te gustaría darle un mejor futuro a Blaine? Creo que tu hijo lo merece, él merece lo mejor…

Nicholas se quedó serio, tratando de bajar la mirada a la mesa. Los ojos de Max lo hacían sentirse aún más avergonzado porque todo lo que él decía acerca de Blaine era cierto. Aquel chico no había tenido la oportunidad de brillar aún por culpa suya. Si era sincero consigo mismo, el que Blaine fuera menos que un chico normal, era absolutamente su responsabilidad, pero no sabía cómo cambiar aquella situación, y el sentido de las palabras de Max se le escapaba, no lograba entender por qué su mejor amigo estaba tan interesado en la vida de Blaine.

-Blaine merece otra vida, yo lo sé- dijo Nick con tristeza- y el que haya tenido que vivir como un pordiosero es mi culpa, pero… tú sabes cómo soy, Max, siento que he arruinado la vida de uno de mis hijos pero ¿Cómo puedo cambiarlo? Marionn hubiera sabido qué hacer, pero yo no puedo imaginar algo, no sé cómo hacer que Blaine… no sé cómo deshacer el desastre en el que he convertido la vida de mi hijo. Él es tan fuerte, Max, tan fuerte y dulce como lo era su madre…

-Y por eso sé que Blaine tendrá lo que de verdad merece, Nick- dijo Max sintiéndose emocionado por haber llegado al punto que quería poner sobre la mesa- y yo puedo ayudarte con eso. Yo puedo ayudarte a resolver la vida de Blaine para siempre, pero… tú tienes que ayudarme a que él y Sebastian quieran estar juntos el resto de sus vidas ¿Entiendes? No quiero que Sebastian forme una familia con cualquiera, Nick, no quiero que mi hijo elija mal a la persona que será su apoyo y su principal soporte en los negocios. Quiero que tu Blaine se case con mi Sebastian y te juro, que si eso pasa, no volverá a faltarle nada a Blaine, nunca…

Nick tuvo ganas de abrir la boca para decir algo pero no pudo. Las palabras que Max había pronunciado lo habían hecho sentir confundido, con ganas de reírse a carcajadas porque su amigo no podía estar hablando en serio ¿Qué Blaine se casara? ¿Siendo tan joven? ¿Casarse? ¡Por dios! Blaine ni siquiera había tenido un novio de verdad antes ¿Por qué Maximilian Smythe estaba hablando de matrimonio como quien habla del menú del desayuno del día siguiente? Max estaba bromeando ¿Verdad? Porque para Nick aquella idea no solo era descabellada, era una broma de mal gusto ¿En qué jodido siglo creía Max que estaba viviendo? Los matrimonios por conveniencia habían quedado pasados de moda desde hacía mil años pero… la mirada fija y el gesto serio de los labios de Max, así como el silencio pesado que cayó entre los dos, le dio cuenta a Nicholas de que lo que había dicho su amigo era todo, menos una broma.

-Por… ¿Por qué mi Blaine?- dijo Nick sin poder soportar más aquel incomodo silencio- ¿Por qué él?

-Porque es tu hijo, y el hijo de Marionn- dijo Maximilian con calma- quiero que tu hijo sea parte de mi familia porque te aprecio y tú sabes lo mucho que quise a la madre de Blaine. Te he estado diciendo toda la mañana que Sebastian es un buen chico, pero es más que eso, mi hijo es un hombre de verdad. Sabe luchar por lo que quiere, jamás se rinde. A veces es un poco alocado y no es muy dado a las muestras de afecto pero… es la mejor opción para Blaine. Sebastian lo amará, él sabe que debe amarlo desde hace mucho tiempo… Si te soy sincero, Nick, vine a Nueva York tan solo para que nuestros hijos pudieran encontrarse. Es su destino, Nick, no puede ser de otro modo…

-Blaine jamás va aceptarlo- dijo Nick sintiéndose al borde de un colapso nervioso- él es… él jamás aceptaría algo así ¡No lo hará! Y francamente, Max, esto es una locura… sé que estás acostumbrado a que las cosas se hagan como tú dices que deben ser hechas pero… ¿Hablas en serio? ¿Por qué un hombre de mundo como tu hijo amaría a un chico sencillo como el mío? ¿Te has puesto a pensar que entre ellos debe haber diferencias insalvables? ¿No crees que un chico como Blaine se sentirá perdido y aterrado en el mundo de Sebastian? Mi hijo es un artista, mi hijo es un alma libre, Nick… ¿Cómo quieres que le pida que se case con Sebastian?

-Le has pedido que haga cosas peores- dijo Max hiriendo profundamente a Nick con la franqueza de su comentario- ¿Por qué te molesta pedirle esto? Por años le has pedido que se conforme con ser un mediocre para que tú puedas seguir haciendo estupideces ¿No es cierto? Le has pedido que se sacrifique por la educación de su hermano mayor mientras él obtiene nada ¿No es eso más cruel aún? Tú has hecho que ese chico corra más peligro del necesario y a él no le importa defenderte porque te ama ¿Es eso lo que un buen padre como tú ha hecho por Blaine? Bueno Nick, pues si mi idea te parece una locura, no es necesario que siga enunciando las muchas idioteces que tú has cometido en contra de Blaine, ¿verdad?

Nicholas sintió que el color escapaba de sus mejillas al escuchar el frío discurso de Max. Él sabía que había sido el peor padre del universo, pero simplemente le parecía imposible llegar a casa, mirar a su hijo a los ojos y decirle: "Hey Blainey, te he conseguido un marido rico que te resolverá la vida". Aquellas palabras sonaban como una broma despreciable, pero, era evidente que Maximilian no cejaría ni un momento hasta obtener lo que él quería y francamente, Nick no estaba preparado para enfrentar al enemigo que seguramente sería Max si él se negaba a cooperar con él en aquella locura.

Su corazón se partió en mil pedazos en ese momento… ¿Por qué tenía que seguir destruyendo la vida de Blaine así? Por más que Max siguiera recitando las muchas virtudes de Sebastian, por más que él supiera que era cierto, que al convertirse en un miembro de la familia Smythe su vida daría un giro de 360 grados, no podía imaginarse pidiéndole a Blaine que se casara con un joven que seguramente sería un tirano como su padre. Nicholas suspiró sintiéndose derrotado. Había llegado la hora de pagarle a Max todos los favores que seguía debiéndole. Quizá Blaine podría perdonarlo algún día. Quizá Sebastian no era una mala idea. Quizá, era verdad que estaba construyéndole un mejor futuro a Blaine, aunque el método que usaría le parecía despreciable…

Max contemplaba a su mejor amigo leyendo la agonía en sus ojos. La verdad esperaba no tener que empezar a amenazarlo, unir a las dos familias de ese modo le parecía algo de mal gusto. El señor Smythe no estaba mintiendo, no estaba haciendo promesas simplemente por hacerlas. Quería ver a Sebastian caminando de la mano de Blaine, quería verlos juntos, quería que aquel joven que seguramente tendría los ojos de su madre, alegrara su vida y la vida de su hijo. A Max aquello no le parecía un crimen, en realidad, él pensaba que aquello hubiera hecho muy feliz a Marionn Anderson. Y pensar que el hijo de ella sería feliz por algo que él había planeado, le daba a él una satisfacción más grande que la que le daba ser el próspero y acaudalado hombre de negocios en el que se había convertido con el paso de los años.

-¿Y qué quieres que haga para poder lograr que Sebastian y Blaine…?- dijo Nick con voz trémula, haciendo que una sonrisa apareciera en los labios de Max.

-Nada por el momento- dijo Max sintiéndose relajado de no haber tenido que discutir más con su querido amigo- tráelo a la cena mañana, le compré ropa adecuada para ello. Después hablaré contigo acerca de su educación y podremos hablar también de un negocio para ti, quiero que tú también recibas algo a cambio de este acuerdo. Por el momento, deja que las cosas surjan, no vamos a presionarlos, no creo que sea necesario. Solo hay que estar seguros de que nadie se pondrá en medio de los dos, y si alguien se atreve a hacerlo, se las verá conmigo... este es nuestro destino, Nick, voy a llamar a tu Blaine hijo mío, y tú podrás llamar así a mi hijo… verás que nada saldrá mal. Salud por la unión Smythe-Anderson, Nick, agradezco que no te hayas opuesto de más a mi idea, salud…

Maximilian levantó su copa sonriendo encantado de haber resuelto por fin aquel punto de su lista y la chocó con la copa de Nicholas que seguía contemplando el vino rojo como si estuviera contemplando un abismo. Se sentía como un cerdo. Como un asqueroso debilucho que acababa de vender a su hijo por unos cuantos dólares y… ¿Qué había dicho Max? ¡Ah sí…! Ropa nueva y un negocio para él.

De todas las cosas horribles que le había hecho a Blaine aquella seguía pareciéndole la más vil de todas y solo esperaba que su hijo no terminara odiándolo después de aquello… "Blaine, por favor entiéndeme, Blaine… tenemos que hacer esto, tenemos que hacerlo para que tu vida cambie", y aunque Nick seguía repitiéndose aquellas palabras, él sentía que había entregado a su amado hijo al infierno.

Mientras Max reía y él bebía de la copa de vino deseando que se convirtiera en veneno, Nicholas se aferró a la esperanza de que, tal vez, aquello acabaría siendo algo bueno para Blaine, que aquella vez el destino o lo que fuera, traería solo cosas buenas para aquel muchacho que había tenido tan poca dicha por culpa suya. Quizá Sebastian Smythe sería la primera cosa buena que él podría regalarle a Blaine…

-Está bien- dijo Nicholas sintiendo que estaba vendiéndole el alma de Blaine al diablo- dejemos que las cosas sigan su curso.

-Perfecto- dijo Maximilian sumamente complacido, con ganas de que la noche de mañana llegara de una vez para poder ver por fin lo bien que Sebastian se vería al lado del chico Anderson - Blaine será feliz, Nick. Nuestro plan comienza ahora mismo, amigo, y espero que en serio no haya nadie que se atreva a interferir con él…

Nick tembló con la mirada fiera con la que Max había dicho aquellas palabras y deseó con todo su corazón que a Blaine no se le ocurriera oponerse demasiado a aquella locura que, efectivamente, apenas acababa de iniciar.

La banda desastre se encontraba sentada en la sala de Kurt Hummel mirando fijamente al vacío, sintiendo que el primero que quebrantara el silencio sería el culpable del acabose de aquel sueño que ayer en la noche, por una gloriosa hora, había parecido casi real.


Blaine suspiró cansadamente. Llevaban ahí más de 15 minutos evitando mirarse los unos a los otros. Habían tenido una discusión tremenda con Kurt después de que los agentes de Smythe records los dejaran con su tarjeta en las manos y al joven Hummel al borde de un ataque de nervios. Aquella situación de verdad era incomoda. Nadie sabía qué decir ni cómo empezar, pero lo que sí era claro, era que tenían que decidir si aceptar aquel contrato o no. Y para que eso pasara, Kurt tendría que decidir si aceptaría la idea de que en aquella banda hubiera otro vocalista que no fuera él y, a como estaban las cosas, lo más seguro es que al final de cuentas aquellos chicos seguirían con las manos vacías después de tanto esfuerzo.

Kurt miró a Blaine cuando el chico terminó de lanzar aquel suspiro y no pudo evitar sentir un poco de resentimiento hacia él… ¿Qué demonios le había visto el que parecía ser el productor en persona de Smythe Records? Ni siquiera era tan guapo, ni siquiera era tan talentoso. Sí, la presentación de ayer había sido un éxito y él podía admitir que nunca hasta esa noche "A beautiful mess" se había escuchado mejor pero… ¿Quién se creía aquel maldito niñato con cara de ángel para atreverse a robarle su lugar? ¿Por qué no había dicho nada en frente de los agentes? ¿Por qué no había dicho que él no era el vocalista?

Kurt resopló con rabia al recordar aquel momento y las palabras del maldito productor aquel "Si él no es el vocalista, ustedes no me interesan…" Bueno, pues a Kurt tampoco le interesaba aquella oportunidad si no dejaban que pudiera mostrar que era mil veces mejor que ese chico que parecía ahora sumamente triste y avergonzado y… ¿Por qué esos ojos color avellana eran tan hermosos incluso cuando estaban inquietos? ¿Por qué Blaine Anderson podía desinflar la rabia de su pecho con una sola mirada, como esa que estaba dedicándole ahora, llena de una muda resignación, pero también de fuerza?

-Quizá sea mejor que me vaya…- dijo el joven tratando de sonreír, haciendo que todos voltearan a mirarlo- es decir, estoy seguro de que pueden hablar con esos agentes de Smythe records y convencerlos de que Kurt es el vocalista, pero, si me quedo… no quiero robarles ese sueño, estoy seguro de que ese productor no hablaba en serio, es que no escuchó cantar a Kurt, si él hubiera escuchado cantar a Kurt…

-Si él me hubiera escuchado cantar a mí, no nos habría ofrecido nada- dijo el joven Hummel haciendo que Elliot abriera los ojos por la sorpresa- mira Blaine, nadie está pidiéndote que te vayas…

-Pero ayer le gritaste que se fuera a la mierda antes de salir hecho una furia del bar- dijo Sam, quien la verdad no le guardaba mucho cariño a Kurt Hummel después de su exhibición de ayer- la verdad no puedo creerte ahora, sé que sigues enojado y que odias la idea de que Blaine se haya robado la atención. Pues bueno, si Blaine te molesta es mejor que los dos nos vayamos, no me gusta ver que alguien trate mal a mis amigos…

-Ok, OK, calma todo mundo- dijo Elliot tratando de que aquello no fuera un desastre más grande- por mi experiencia, puedo decirles que Kurt enloquece así cada que hay luna llena. Sí, ayer no había luna llena pero los estallidos de furia y egocentrismo solo suceden una vez al mes, lo juro… por eso nadie tiene que irse…

-¿Egocentrismo?- dijo Kurt tratando de que la furia no volviera invadirlo- ¿Por qué dices eso, Elliot?

-¿En serio quieres que lo diga?- preguntó Elliot sonriendo un poco burlón- Todo ese show de "Yo soy el vocalista, esta es mi banda, ninguno de los demás sirve solo yo…", debo admitir que yo estuve a punto de patearte el trasero, amigo…

-Pero él tiene razón- dijo Blaine atrayendo la mirada de todo mundo hacia él- miren… yo sé que no soy tan bueno, quizá ayer canté de un modo especial, pero no creo ser mejor que Kurt o mejor que nadie… en realidad esta es su banda, chicos, ustedes llevan mucho tiempo juntos y es injusto para los dos que pierdan la oportunidad de hacer algo grande. Sam y yo podremos buscar otra cosa, pero… ustedes deberían ir el lunes a esa casa productora y hablar con ellos, en calma. A mí el productor no me pareció una mala persona…

-Claro que no te lo pareció- dijo Sam riendo divertido al recordar la cara de total embeleso de Blaine al contemplar a aquel hombre- ese hombre te hubiera regalado su empresa si se la hubieras pedido, es decir, el modo en el que te miraba…

Blaine se sonrojó un poco por las palabras del joven Evans y notó que Elliot se unía a la risa de Sam, y que Kurt, por otro lado, fruncía los labios con evidente desprecio. Había evitado pensar en la mirada de esos ojos verdes, sin poder lograrlo del todo. Porque Sam tenía razón, aquel hombre había visto mil cosas en él, cosas de las que ni él mismo era consciente. Blaine nunca había estado tan cerca de un hombre tan fuerte, tan decidido, tan guapo… el joven Anderson sintió un estremecimiento al recordar su sonrisa, sus labios curvados de esa forma sensual que escondía mil misterios. Pero no, claro que no. Aquel hombre no lo había mirado de un modo especial porque una persona como aquel hombre jamás podría darle nada a Blaine, jamás…

-Le gustaste al futuro jefe, Blainey- dijo Elliot dejando de reír- y no lo culpo, ¿te has visto en un espejo? Y más que eso ¿Te has escuchado cantar? Blaine, sonamos mejor que nunca porque tú estabas cantado de ese modo, y eso es lo que ese productor vio, lo que él quiere…

-Pero no quiero sentir que estoy robándole un sueño a alguien- dijo Blaine volviendo a mirar los ojos azules de Kurt- no quiero herir a nadie por algo así. La noche de ayer fue un error, yo sigo sin entender por qué me pidieron que cantara…

Kurt se quedó contemplando aquellos ojos que solo podían hablarle de arrepentimiento y se sintió peor consigo mismo ¿Qué clase de persona era Blaine? ¿Es que no tenía sangre en las venas? Si él hubiera estado en su lugar, se habría pavoneado en frente de todos, habría luchado por no dejar que nadie le arrebatara su lugar, habría pasado por encima del cualquiera hasta lograr su cometido… ¿Por qué Blaine era tan… débil? Pero… no era debilidad tampoco ¿Verdad? Aquellos ojos que seguían mirándolo, podían decirle que Blaine era una persona que estaba acostumbrada a dejar ir, que el corazón de Blaine era un corazón generoso, que Blaine podía dejar que otros brillaran en su lugar porque el joven no creía que pudiera merecer aquello. Kurt suspiró profundamente.

El chico de los ojos azules, más que enojado, se sintió triste con aquel descubrimiento. Sí, odiaba admitir que Blaine fuera bueno pero él tampoco quería que todo aquello terminara. Después del coraje que había sentido la noche anterior, había decidido que su vanidad valía poco en comparación con lo que todos ellos podrían ganar si la hacía a un lado, si, por una vez en su vida, dejaba que fuera otra persona la que pudiera brillar con él. Porque de aquello se trataba una banda ¿No? De ser uno para todos, de afrontar las dificultades juntos, de crear música sin pensar que uno era mejor que el otro.

Quizá si Blaine no hubiera cantado, aquello nunca hubiera sucedido. Quizá, como había dicho Elliot, aquel chico de verdad era especial y si con su voz y su talento estaba regalándole a él la oportunidad de demostrarles a todos que los sueños se hacen realidad ¿Por qué negársela? ¿Por qué seguir enfurruñado por eso?

Los otros tres chicos seguían mirando a Kurt fijamente. Todos sabían que la decisión de ir o no a aquella junta con los agentes de Smythe records era su decisión. El joven Hummel sentía aquella presión. Podía seguir siendo un cerdo vanidoso sin tener la oportunidad de vivir lo que siempre había soñado vivir, o podía ser el verdadero líder de aquella banda que clamaba por dejar de ser un desastre y convertirse en un éxito como seguramente lo serían.

-Escúchenme bien todos- dijo Kurt con aire resuelto, haciendo que los demás chicos lo miraran expectantes- no quiero que nadie se vaya, no siento que me estén robando nada. Elliot tiene razón, suelo enojarme mucho una vez cada pocos días, pero les juro que no volveré a decir ninguna de las cosas que dije ayer, es solo que… me tomó por sorpresa ¿Sabes? Que un chico como tú, Blaine, pudiera conseguir en un momento lo que yo no he podido lograr en tantos años de esfuerzo…

-¿Por qué piensas que nosotros no nos hemos esforzado?- preguntó Sam, quien de verdad no sentía simpatía alguna por aquel muchacho- ¿porque somos un par de chicos pobres sin educación, ni atractivo? Estuviste encantado de gritarnos eso ayer, ¿Lo recuerdas?

-Sí, lo recuerdo y me disculpo por eso, Sam- dijo Kurt dejando perplejo al chico rubio- mira… sé que soy una persona despreciable cuando me pongo furioso, y me arrepiento profundamente de todo lo que hice y dije pero… estaba celoso ¿Entiendes? Sé que tú y Blaine también han luchado quizá con menos herramientas que Elliot y yo, y eso no los hace peores, pero… Toda mi vida pensé que brillaría con mi propia luz, no que necesitaría a alguien más para que alguien pudiera verme y eso fue lo que pasó ayer… me di cuenta de que mi propio brillo no es bastante, de que necesito el brillo de alguien como tú –dijo Kurt haciendo que el corazón de Blaine volviera a latir con calma cuando volteó a mirarlo para decirle aquellas palabras- y… te necesitamos a ti Blaine, a ti, eso es lo que quiere ese productor…

-Nos quiere a los cuatro- dijo Blaine sonriendo por las palabras de Kurt- estoy seguro de que no fui solo yo quien le llamó la atención, fue la canción completa, y esa canción no la hice nacer solo yo.

-¿Siempre es así de adorable?- preguntó Elliot un poco más relajado.

-Todos los días de su vida- dijo Sam riendo un poco más tranquilo también- he intentado hacerlo un chico rudo, pero, hay demasiada adorabilidad en él…

-¡Cállate, Sam!- dijo Blaine un poco avergonzado- no estoy tratando de ser adorable, en verdad creo que podemos hacer esto juntos…

-Y lo haremos- dijo Kurt haciendo que el alma volviera al cuerpo de la banda desastre- y estoy de acuerdo contigo, tú no tratas de ser adorable, eres adorable sin intentarlo y… menos mal, eso tendrá feliz al nuevo jefe ¿O no?

Blaine rio divertido por las palabras de Kurt y los otros dos chicos se unieron a la carcajada colectiva. Era de verdad un alivio que Kurt hubiera dicho todo aquello. Los cuatro habían pasado la noche despiertos preguntándose cómo demonios terminaría todo aquello. Pero ahora, estaban seguros de que nada terminaría, que de hecho, las cosas buenas estaban tan solo a punto de empezar para ellos.

-¿Fuiste tú el que dijo eso o un espíritu se posesionó de tu cuerpo?- dijo Elliot sin dejar de reír- ¿Acabas de admitir que Blainey es nuestra irresistible arma de adorabilidad con la que el productor de Smythe records nos dará lo que queramos? Y más que eso… ¿Acabo de escucharte admitir que iremos el lunes a esa reunión y que firmaremos el contrato?

-Eso es exactamente lo que acabo de decir, Elliot Gilbert- dijo Kurt haciendo sonreír a los demás chicos.- hablaremos con ellos y espero que esto sea la nueva etapa libre de desastres de esta banda. Quizá podamos empezar a ensayar ahora ya que Riley no nos requiere en el bar hoy y…

-Oh, lo siento- dijo Blaine de pronto, escuchando la voz de su padre en su cabeza- olvidé decírselos chicos… Mi padre me pidió volver temprano a casa, vamos a cenar con un amigo suyo o algo así y… creo que es importante.

-Ok…- dijo Kurt tratando de no molestarse- día libre para todos, entonces…

-¡Gracias, Jefe!- dijo Elliot riendo encantado- espero que en Smythe records no sean tan mandones como tú. Pero bueno, no importa, si el jefe se pone pesado, le ponemos a Blaine en frente y listo, problema resuelto. Me va a costar compartirte con el jefe, Blainey- agregó el chico mirando a Blaine con gesto abatido- no seas tan bueno con él ¿Quieres?

Blaine rio y suspiró aliviado, sonriéndole a Elliot con disculpa. De verdad tenía que acostumbrarse a sus comentarios pues, era más que obvio que ahora trabajarían juntos por lo que él esperaba, fuera mucho tiempo. Los cuatro jóvenes se quedaron charlando un poco más y decidieron verse al día siguiente para poder tener listos algunos demos para llevar a la oficina de aquel productor, y mientras hablaban, era evidente que la discusión de la noche anterior era ya un tema del pasado que no sería necesario sacar a relucir al menos que fuera totalmente necesario.

El joven Anderson volvió a sonreír, después del susto de la otra noche, le alegraba enormemente que aquel tema del contrato estuviera ya resuelto. Su corazón empezó a latir con calma, de verdad había asustado. Pero ahora, tal parecía que el destino le sonreía una vez más y mientras terminaban de hacer las últimas aclaraciones para el día de mañana, el chico le sonrió a Kurt quien de verdad parecía menos molesto, porque le devolvió la sonrisa sin reparo alguno.

Minutos después, Blaine se despidió de él y de Elliot, era un poco tarde y su padre le había dicho que aquella cena a la que irían era en serio importante. Blaine estaba tratando de no preocuparse demasiado, pero se sentía optimista después de todo, así que riendo y charlando con Sam, empezó a caminar con él por las calles de Nueva York.

-¿De qué se trata todo eso de la "cena con un amigo"?- dijo Sam, caminando rápidamente al lado de Blaine- ¿Ya no están persiguiendo a tu padre?

-No, ya no- dijo Blaine sin poder evitar sentirse aliviado de que también aquel maldito tema ya estaba resuelto- al parecer papá encontró a un viejo amigo suyo quien le prestó el dinero para pagar. Regresó a casa ayer en la noche, dice que el bruto aquel que estaba siguiéndolo lo golpeó un poco, pero su amigo lo llevó al hospital y quiere que cenemos juntos y es extraño en realidad…

-Bastante extraño, Blainey- dijo Sam cruzando la calle con Blaine a toda prisa- ¿Sabemos al menos el nombre del súper amigo que los libró a tu padre y a ti del usurero vengador?

-No, no le pregunté- dijo Blaine con algo de inquietud- sé que es tonto, Sami, pero espero que por el bien de mi padre y el mío, esta vez se trate de un amigo de verdad y no de otro prestamista con vocación de asesino… no creo que pueda soportar otro así.

-Ya no se nota mucho el golpe que te hizo- dijo Sam mirando el rostro de su amigo- debió golpearte en otra parte, gracias a ese bello rostro es que ahora tenemos un contrato de verdad…

-¿Tú también?- dijo Blaine con una mueca disgustada- ¿Podemos dejar de hablar de eso y de mi adorabilidad o lo que sea?

-No te das cuenta del efecto que tienes en las personas, ¿verdad?- dijo Sam hablando seriamente, cosa que hizo que Blaine relajara la velocidad de sus pasos- en todos, no solo en el productor de Smythe records. Blaine, haces que la gente quiera hacer cosas por ti, y si tan solo supieras usar esa influencia para bien…

-Pero yo no quiero que hagan cosas por mí- dijo Blaine un poco confuso por las palabras de su amigo- tú sabes que no lo necesito, siempre me las he arreglado bien solo…

-Pues quizá pronto tengas que acostumbrarte a no estarlo- dijo Sam volviendo a reír- hablo en serio cuando digo que el chico de ayer te miraba como si no quisiera dejar de verte jamás…

-Imaginas cosas, Sami- dijo Blaine volviendo a sentir el mismo temblor que sentía cada que alguien mencionaba al chico aquel- estoy seguro de que ese productor ya debe haberse olvidado de mí…

Sam sonrió sin poder evitarlo y dejó el tema por la paz. Era una batalla perdida tratar de convencer a Blaine de que él podía ser más que ese ser simple que creía que era. Porque era verdad, Blaine podía hechizar a cualquiera precisamente porque no se daba cuenta de que podía hacerlo. El joven Evans siguió hablando con Blaine hasta que los dos vislumbraron el destartalado edificio en el que el chico Anderson había pasado toda su vida. Los dos estaban riendo alegremente porque habían estado platicando acerca de lo que comprarían con el primer millón de dólares que tuvieran en sus manos, y Blaine descubrió lo diferente que era hablar de esas cosas ahora que de verdad podían llegar a suceder. Y entonces una ráfaga de felicidad lo golpeo haciéndole querer empezar a correr por toda la calle gritando que, por vez primera, Blaine Anderson estaba a punto de hacer algo importante con su vida, que aquel día era solo el inicio de las esperanzas, que la esperanza también había dejado de estar lejos de sus manos. El chico se paró en medio de la calle y abrazó a Sam sin poder evitarlo. Era verdad lo que su amigo había dicho, ya no estaba solo, iba a cumplir su sueño al lado de su mejor amigo.

-Ya no es un sueño, tenemos una realidad ahora- dijo Blaine con una sonrisa deslumbrante, haciendo que Sam riera al ver sus ojos brillantes- ¿no es lo más jodidamente perfecto que alguien pueda tener, Sam?

-Lo es- dijo Sam contagiado del entusiasmo de su mejor amigo- y ahora ve y prepárate para esa cena. Si se pone feo, no dudes en llamarme ¿Vale? A lo mejor el amigo de tu padre tiene un hijo guapo que pueda presentarte, podrías empezar a serle infiel a nuestro nuevo jefe desde ahora…

-Eres tan imbécil, Sam- dijo Blaine golpeado el hombro de su amigo, antes de soltarlo- si lo tiene, te lo presentaré a ti. A lo mejor decido que el nuevo jefe me conviene más…

-Alguien está enamorado- dijo Sam haciendo que Blaine se sonrojara- a alguien le gustó el jefe de verdad…

-Solo estaba bromeando- dijo Blaine tratando de mantener la compostura- recuerdas lo que dije acerca del amor ¡Lo complica todo!

-¿Te das cuenta de que nadie mencionó la palabra amor hasta ahora?- dijo Sam riendo divertido al burlarse de Blaine- digas lo que digas, Blainey, estoy seguro de que pronto cambiarás de opinión. A veces hace falta un poco de emoción en la vida, y ¿Por qué no dejar que sea un hombre como ese el que lo complique todo?

-Me voy, Sami- dijo Blaine antes de que Sam siguiera diciendo cosas extrañas- te veo mañana, quizá podamos comprar una guitarra nueva con lo que tengo ahorrado, lo necesitaremos y podemos darnos ese lujo como una inversión ¿No crees?

-¿De verdad?- dijo Sam sonriendo divertido por el torpe intento de Blaine para evadir aquel tema- bueno, como tú quieras. Te veo mañana Blainey, diviértete con tu papá.

Blaine sonrió y abrazó otra vez a Sam antes de separarse de él. Se sentía demasiado feliz, completamente emocionado por lo que vendría. Estaba ansioso por contarle a su padre acerca de la banda y del contrato. Estaba sumamente feliz de poder hacer que su padre se sintiera orgulloso de él porque ahora Nicholas podría decir que uno de sus hijos sería un actor famoso, y que el otro, muy pronto sería una estrella de la música. Blaine sonrió subiendo las escaleras de dos en dos. Le complacía enormemente hacer que su padre se sintiera feliz. El muchacho sabía que no habían sido tiempos fáciles para ninguno de los dos. Pero la vida empezaba a sonreírle, por primera vez estaba seguro de que su vida jamás volvería a ser la misma.

El chico abrió la puerta de su casa. Incluso la destartalada apariencia del departamento aquel le parecía agradable ahora. Blaine entró al lugar sin dejar de sonreír y encontró a su padre sentado frente a la mesa de la pequeña cocina que estaba casi completamente vacía. Para el muchacho, fue una sorpresa mirar a su padre en aquella actitud calma y reflexiva y se asustó un poco al ver que Nick no sonreía. Su rostro, siempre alegre, estaba golpeado de verdad y era evidente que seguía adolorido porque de vez en cuando su padre soltaba un gemido de dolor, colocando las manos en su estómago. El chico quiso sonreír, pero no pudo y se acercó a Nicholas despacio, asustándolo un poco cuando puso su mano sobre el hombro izquierdo de su padre.

-Hola Blainey- dijo Nick cuando recuperó el aliento- llegas temprano…

-Son las seis, papá- dijo Blaine, un poco inquieto porque su padre estaba evitando mirarlo a los ojos- ¿No dijiste que teníamos que estar a las ocho en la casa de tu amigo?

-¿Sí? – dijo Nick tratando de actuar con normalidad porque Blaine se notaba intranquilo- debí olvidarlo, esas píldoras para el dolor son en serio una droga potente… ¿Estabas con Sami? ¿Seguro que ese accidente no fue grave?

-No, no lo fue…- dijo Blaine notando que su padre estaba de verdad extraño- oye Nick… ¿Seguro que estás bien? Quizá podemos decirle a tu amigo que nos disculpe, creo que en verdad te duele algo, papá…

Nicholas tuvo ganas de echarse llorar al contemplar la mirada preocupada de su hijo. La verdad es que sí, algo le dolía. Le dolía lo que había ocurrido con Max el día anterior, le dolía que su hijo se preocupara así por él cuando no lo merecía. Le dolía que Blaine fuera tan buen chico cuando la verdad es que podría haberse convertido en una despreciable rata de alcantarilla como él mismo lo era. Pero no… Maximilian tenía razón, en aquel joven que lo miraba serio de pronto, había más de la fortaleza de su madre, que de su desastroso ser. "Perdóname, Blaine, perdóname…".

El hombre se levantó con cuidado de la silla, se acercó a su hijo y lo abrazó, haciendo que el joven lo sostuviera en sus brazos sin pedirle mayor explicación. Blaine sabía cómo consolar a la gente, sus brazos eran cálidos y su corazón enorme. Nick sintió que su alma se desgarraba… ¿Por qué? ¿Por qué él nunca podía hacer bien las cosas con aquel chico?

-Todo estará bien, papá- dijo Blaine como hablándole a un niño asustado- ¿sabes algo? Sami y yo somos parte de una banda ahora, nos ofrecieron un contrato de verdad. No sé por qué estás preocupado ahora, pero te prometo que nuestra vida va a cambiar. Yo trabajaré duro, papá y cuando tenga dinero suficiente, vas a poder tener todos los negocios que tú quieras sin preocuparte por nada más… pero ahora quiero que confíes en mí ¿sí? Sé que yo no he hecho nada por lo que puedas sentirte orgulloso, pero lo haré, ya no te preocupes ¿está bien?

-Blaine…- susurró el hombre, incapaz de decir otra cosa.

¿Cómo era posible que Blaine siempre terminara diciendo aquellas cosas? ¿Por qué Blaine quería protegerlo de ese modo, por qué Blaine podía amarlo tanto cuando lo cierto es que él jamás merecería nada de su hijo? Y además, Blaine no necesitaba hacer nada por él. Si su hijo estaba en una banda ahora, si sueño iba a ser real, él quería que Blaine se quedara aquel sueño él solo. Aquello era lo justo, si antes no se hubiera sentido merecedor de una vida distinta, mucho menos ahora que la culpa carcomía cada célula de su cuerpo.

-¿Tienes el teléfono de tu amigo?- dijo Blaine sin soltarlo- voy a llamarle, le diremos que no podemos ir, ¿Cómo se llama?

-Max- dijo Nick tratando de recobrarse- pero iremos, Blaine, no podemos faltar ¿sabes?

-¿Qué clase de persona es ese Max?- dijo Blaine con desconfianza- si es tu amigo de verdad, entenderá que no te sientes bien y que podemos dejar esta cena para otro día.

-¡No, no!- dijo Nick asustando un poco a Blaine- Max es una buena persona, hijo, y no podemos faltar porque él pagó mis deudas y me conseguirá un trabajo de verdad ¿sabes? Tenemos que ir, quiero ir contigo. Él te conoció cuando eras pequeño, él, tu madre y yo éramos amigos desde niños…

-¿Conoció a mamá?- dijo Blaine con una sonrisa llena de anhelo- ¿Es en serio?

-Sí…- dijo Nick recuperando la sonrisa jovial- él puede hablarte mucho de tu mamá si tú quieres. Además, en serio es lo menos que puedo hacer por Max ahora, Blaine. De verdad le debo mucho y no quiero defraudarlo…

-Vamos entonces- dijo Blaine con un poco más de seguridad- voy a cambiarme… ¿Solo seremos nosotros tres?

-No…- dijo Nick tratando de no temblar al decir aquello- su hijo, Sebastian, también estará ahí.

-¿Sebastian?- dijo Blaine sintiendo un escalofrío al escuchar aquel nombre sin saber bien por qué- ¿Lo conozco?

-No creo que lo recuerdes, pero él y tú se conocieron cuando tenían cuatro años- dijo Nick siguiendo a Blaine a su alcoba- eran muy pequeños…

-Sebastian…- dijo Blaine tratando de unir ese nombre a un rostro sin poder lograrlo- no, no lo recuerdo.

El joven Anderson sonrió con tranquilidad al estar en su alcoba y abrió los ojos de par en par al ver la ropa nueva en su cama. Era un conjunto que un chico hubiera usado para salir en una revista de modas de la más alta calidad. El pantalón café y la camisa azul, así como la chaqueta color beige, combinaban a la perfección. Blaine jamás había visto ropas más exquisitas y seguramente caras. Tomando la suave tela entre sus manos, volteó a mirar a su padre cuestionando el origen de aquel nuevo guardarropa.

-Un regalo de Max- dijo Nicholas tratando de sonreír- verás, Blaine… iremos a cenar con uno de los hombres más ricos del mundo, y tenemos que vestir correctamente para esto. Yo también tengo un traje nuevo…

-Esto no es una broma ¿verdad?- dijo Blaine sintiendo que su vida se había convertido de pronto en un cuento de hadas- ¿En serio eres amigo de un hombre que le regala ropa nueva a sus invitados?

-Sí…- dijo Nick sonriendo por la sorpresa en los ojos de Blaine- voy a dejarte para que te cambies, no tardes mucho, la limusina vendrá por nosotros a las 7.

-¿LA QUÉ?- dijo Blaine, pellizcándose en el brazo para asegurarse de que no estaba soñando- Papá… ¿Qué demonios…?

-Ese vocabulario, jovencito- dijo Nick suspirando cansadamente- trata de lucir encantador, Blaine. Bueno, no será difícil para ti, ahora, cámbiate y te veo en un rato…

Y sin agregar más, Nicholas dejó a su hijo mirando con extrañeza aquellas prendas de diseñador que seguramente valían más que su propia casa. Blaine suspiró sin querer preguntarse más acerca del tema, y desnudándose rápidamente se metió a la ducha, se secó con calma y regresó a vestirse sonriendo divertido porque de verdad su vida parecía otra, como si se hubiera despertado en medio de un sueño. Primero un contrato millonario, y ahora, prendas de diseñador ¿Qué otra sorpresa estaba augurándole el destino?

El muchacho se miró en el espejo del baño, tratando de ordenar sus rizos oscuros que aquella vez habían decidido no dar tantos problemas cayendo con naturalidad sobre su frente, enmarcando su rostro. La verdad es que lucía bien. Mejor que bien. Ya no había ojeras bajo sus parpados y por primera vez en la vida se dio cuenta de que a lo mejor sí era un poco guapo como todos se encargaban de decirle que era.

Blaine sonrió un poco nervioso por aquel pensamiento, y salió de su habitación después de ponerse un poco de la colonia que estaba sobre su cama, al lado de aquella ropa. Su padre lo miró con los ojos abiertos cuando llegó con él a la cocina y Blaine rio divertido porque su padre jamás había lucido tan elegante antes. Vistos así, aquellos dos hombres no combinaban en nada con la decoración austera, las grietas de las paredes y las desoladas habitaciones de su humilde morada.

-Estás muy guapo Blaine- dijo Nicholas sintiendo una vieja herida en el corazón- gracias a dios lo heredaste de mamá…

-Y tú- dijo Blaine silbando al observar a su padre- ahora entiendo por qué ella se enamoró de ti.

Nicholas rio y bromeando con su hijo, estuvo a punto de olvidar a dónde lo llevaría. La verdad esperaba que Max estuviera contento, y que el idiota de su hijo, Sebastian, supiera la buena suerte que tenía al tener la posibilidad de estar con Blaine el resto de su vida. El auto que Max había prometido, llegó minutos después haciendo que Nick volviera a sentirse inquieto. Había llegado la hora de empezar con aquello. Esa noche, el destino empezaría a jugar sus cartas y Nicholas le rogó a los cielos que la sonrisa emocionada de Blaine al subirse a un auto elegante como el que el señor Smythe había mandado, no se borrara jamás y que, si era posible, Sebastian Smythe pudiera amar aquella sonrisa tan solo con la mitad de intensidad con la que Nicholas la amaba…


Nicholas se mantenía bastante silencioso, bebiendo vino sin miramientos a pesar de estar tomando medicina, riéndose –porque no se sentía capaz de hacer nada más- de la conversación que mantenían Blaine y Maximilian. Tenían una hora de haber llegado a la enorme casa de los Smythe y desde el primer momento, Blaine y el dueño de toda aquella riqueza se habían llevado de maravilla, cosa que no le sorprendió a Nick, pues Max podía ser encantador cuando se lo proponía. Y era más que obvio que el señor Smythe estaba desesperado porque Blaine lo encontrara encantador, cosa que no era difícil para el chico de los ojos color avellana, pues, cualquier persona que fuera amable con él o con su padre, podía ganarse su entera confianza y después de aquella platica con Max, estaba seguro de que aquel hombre y su padre habían sido amigos de verdad.

Y es que el pelinegro estaba disfrutando como nunca. Maximilian Smythe tenía una colección impresionante de anécdotas que contar y hablaba de ellas sin que el pasado le doliera o le hiciera sentirse incómodo. Blaine había pasado aquella hora riendo y preguntando acerca de cómo habían sido sus padres en aquel pueblo de California en el que habían crecido juntos. El joven Anderson había disfrutado con una sonrisa triste la descripción de su madre siendo niña, de las travesuras que ella y sus dos mejores amigos siempre estaban haciendo. A Blaine aquellas historias le llenaban el corazón de amor y de un dolor viejo a partes iguales, pero, imaginar a aquella niña era como mirar también a la mujer dulce y hermosa que había sido su madre, hablar del pasado de ella, era como saber que Marionn le había dejado su pasado como un regalo en las manos del señor Smythe.

La plática siguió su curso sin que Nicholas hablara mucho. Su hijo estaba contándole ahora a Max de aquella vez que se había perdido en la ciudad y lo habían encontrado muerto de miedo en el piso más alto de un rascacielos. Aquella experiencia hacía reír Blaine ahora, pero Nick se estremeció al recordar aquella escena que de verdad había hecho sufrir a su pequeño hijo. Además, Nicholas estaba preguntándose a qué maldita hora el señorito Smythe se dignaría a llegar. Si aquel era el interés que mostraba en conocer a Blaine, era más que obvio que Sebastian odiaba tanto la idea de casarse con Blaine como Nick lo hacía también. Ojalá que el chico aquel no llegara, ojalá que no se presentara para poder tener un argumento con el cual oponerse a la idea de Max, ojalá que…

-¡Oh, por fin llegas, Sebastian!- dijo Max alegremente, pero aun así, mirando a su hijo con reproche- acércate, voy a presentarte a…

El joven Smythe no contestó en seguida. Seguía manteniendo sus ojos en el rostro de Blaine que trató de sonreír sin tanto nerviosismo pero… ¿No era aquel su futuro jefe? ¿De verdad estaba en frente de esos ojos verdes otra vez? El joven Anderson miró aquel rostro sorprendido y algo dentro de su corazón estalló en mil colores de pronto como si quisiera hacerle saber que había encontrado justo eso que había estado buscando, como si aquel chico tuviera que ser… algo, algo para él. Y no solo algo, como si aquel extraño tuviera que convertirse en todo su universo para bien o para mal. El cuerpo de Blaine tembló con aquella súbita revelación. La sonrisa sensual apareció en los labios de aquel chico que ahora tenía un nombre, él era… Sebastian…

-Blaine…- dijo el recién llegado haciendo que el cuerpo del pelinegro temblara de nuevo, con más intensidad esta vez porque aquella voz, aquella voz era la voz de sus sueños- tú eres Blaine…

Blaine sintió que su cara brillaba en la oscuridad. Sebastian había pronunciado su nombre con anhelo, como si hubiera estado deseando volver a verlo, como si estuviera completamente feliz de saber que su nombre y su rostro, coincidían con el nombre y el rostro que él había deseado ver y escuchar por siempre. Max se encargó de hacer la presentación entre los dos muchacho, y sintiendo que su pecho y sus piernas temblaban un poco, Blaine se levantó del comedor para extender su mano hacia el joven dueño de aquellos ojos verdes que no dejaban de mirarlo como deseando poder aprender de memoria su rostro y la forma de su cuerpo.

-Hola, Sebastian- dijo Blaine extendiendo su mano al chico que se apresuró a llegar a su lado - creo que… creo que también nos vimos ayer.

-¿Lo recuerdas?- dijo Sebastian sintiendo que su vida tenía sentido de pronto, simplemente porque Blaine lo recordaba y era capaz de sonreírle de este modo- no creí que te vería de nuevo, es decir, con todo el alboroto que armó el chico aquel…

-Yo tampoco creí volver a verte- dijo Blaine sin importarle la mirada preocupada de su padre y la mirada sorprendida del padre de Sebastian- es decir… por la banda y…

-Estoy encantado de verte de nuevo- dijo Sebastian con esa franqueza que lo caracterizaba- más que encantado, si me permites ser sincero. Es un placer verte, saber que eres tú…

Blaine no respondió nada. Las palabras de Sebastian lo hicieron sentirse extraño de pronto, como si detrás de ellas hubiera un secreto que el desconocía, pero aun así, le sonrió al chico porque no podía hacer otra cosa, era simplemente… encantador.

-¿Nos pueden explicar de qué se trata todo esto?- dijo Max con ganas de ponerse a bailar porque era evidente que entre aquellos dos chicos había una química innegable- ¿Cómo es eso de que se habían conocido ya?

-Este chico es mi futuro éxito- dijo Sebastian tocando la mano de Blaine sobre la mesa- ¿Recuerdas la banda que fui a escuchar ayer? Bueno, Blaine es el vocalista, y es bueno, demasiado bueno…

-¿Van a trabajar juntos?- dijo Max con ganas de abrazar a su hijo- ¿Es vedad Blaine?

-Sí…- dijo Blaine, sintiendo todavía la piel de Sebastian sobre la suya- yo… yo y los otros chicos.

-¿Aceptaron entonces?- dijo Sebastian riendo complacido- ¿En serio? Aquel amigo tuyo no parecía muy feliz con las condiciones de mi contrato…

-¿Cuáles condiciones?- dijo Nicholas interviniendo en la conversación porque ahora que había visto a Blaine y a Sebastian juntos, la idea de Max no sonaba tan mal después de todo- si puedo saberlas, claro…

-Claro que puede saberlas, señor Anderson- dijo Sebastian amablemente- en realidad solo es una. Blaine tiene que ser el vocalista, si él no hubiera cantado, esos chicos no me habrían interesado en lo más mínimo. De hecho, estoy pensando en… bueno, no, no es justo…

-¿Qué no es justo?- dijo Blaine un poco nervioso por las palabras de Sebastian- ellos aceptaron y…

-¡No es hora de hablar de negocios!- dijo Maximilian levantándose de la mesa- Nicholas, dejemos que los chicos hablen de sus cosas ¿Me acompañas a buscar otra botella de vino? Y Blaine, cuando regresemos será mejor que cantes algo para mí, después de todo, Sebastian no puede hacer ningún contrato si yo no escucho primero lo que él quiere lanzar…

-Pensé que no hablaríamos de negocios, papá- dijo el joven Smythe un poco molesto- deja a Blaine en paz, si yo digo que es bueno, es bueno…

-Quiero escucharlo- dijo Max sumamente feliz por la actitud de su hijo- no estoy dudando de ti, Sebastian. Solo quiero escucharlo… y Blaine quiere cantar, ¿verdad?

-Será un placer- dijo Blaine con una amable sonrisa que hizo que Sebastian quisiera abrazarlo- cantaré cuando mi padre y usted vuelvan, señor Smythe.

-¡Deja de lado las formalidades, Blaine!- dijo Max cuando Nick llegó al lado suyo- soy Max, solo Max. Después de todo, casi somos familia y…

-Papá…- dijo Sebastian temiendo que su padre hablara de más- el vino, ¿Recuerdas?

Maximilian tomó la interrupción de su hijo como una indirecta para que lo dejara a solas con Blaine y sin decir una sola palabra, tomó a Nick del brazo, guiándolo al sótano de la casa donde guardaba su majestuosa colección de vino francés. La ausencia de sus padres se notó en seguida en la habitación. Blaine seguía sintiéndose inquieto al lado de aquel chico, Sebastian era tan distinto a él. Parecía tan confiado, tan seguro de sí. Blaine podía haber jurado que seguramente Sebastian jamás había sentido miedo, porque alguien que podía mirarte a los ojos de ese modo, como viendo a través de ti sin temor a que tú pudieras ver lo mismo en su mirada, debía ser inmune al miedo. Era como si Sebastian estuviera contento habitando su propia piel, como si se conociera completamente y pudiera aceptar sin más lo bueno y lo malo que había en él. Y eso le gustó a Blaine, le gustaba aquella mirada honesta que parecía no querer apartarse de él jamás.

-Mi padre siempre ha hablado de ti- dijo el joven Smythe sin dejar de mirarlo, sintiéndose de hecho, el ser más afortunado del planeta al tenerlo en frente de él- siempre decía que seguramente eras fabuloso, increíble… ¿Sabes algo? Odio admitir que el viejo Max tenía razón.

Sebastian sonrió y Blaine tuvo ganas de oír aquellas palabras de nuevo. Él sabía que era tonto pero cuando Sebastian decía algo, era la forma en la que lo decía y no solo las palabras en sí, lo que podía robarte el aliento. Y al joven Anderson nunca antes le había costado tanto respirar con normalidad. Aquella voz que seguía resonando en sus oídos parecía meterse en su cuerpo, parecía acariciar hasta el rincón más profundo de su alma. Blaine sabía que seguramente se había sonrojado como una vulgar colegiala pero… estaba seguro que Sebastian Smythe podía hacer aquello con cualquier persona, ningún mortal estaba preparado para recibir la intensidad de esa mirada sin sentirse como una hoja al viento.

-¿Por qué tu padre hablaba de mí?- dijo Blaine tratando de parecer un chico normal y no el idiota deslumbrado que seguramente parecía- él dice que nos conocimos siendo pequeños… ¿Lo recuerdas?

-No, la verdad no- dijo Sebastian sonriendo por el nerviosismo de Blaine- y vaya que me arrepiento, seguramente eras aún más adorable siendo un niño… ¿Tú me recordabas a mí?

-No- dijo Blaine sonriendo sin saber por qué- pero tu voz…

-¿Qué tiene mi voz?- dijo Sebastian queriendo estar cerca de él.

-Es como si la hubiera escuchado antes- dijo Blaine con seriedad- es como la voz de un sueño que siempre he tenido, y yo pensaba que… bueno, no, nada. Debes de creer que soy un tonto por decir eso…

Sebastian sonrió. En aquellos minutos había pensado todo acerca de Blaine pero jamás se le había pasado por la cabeza la idea de que fuera un tonto. En realidad, le parecía encantador, simplemente encantador sin exceptuar nada en su persona. Aquel chico era amable, atento, sincero, hasta incluso algo divertido. El joven Smythe jamás había estado en frente de una persona que no estuviera esforzándose en intentar gustarle, que no deseara desesperadamente que él lo quisiera. Sebastian estaba seguro de que Blaine estaba siendo simplemente él mismo a pesar de su nerviosísimo que lo hacía solo mil veces más adorable, porque él no lo notaba ¿verdad? Blaine no notaba todo lo que podía causarle ahora que lo tenía cerca y sus ojos color avellana lo miraban así y esos labios pequeños y rosas seguían diciéndole que su voz, era la voz de un sueño.

-Así que me has escuchado en sueños- dijo Sebastian acercándose un poco más a él- ¿Me veía bien?

-Jamás te vi- dijo Blaine sonriendo divertido por la actitud despreocupada de Sebastian- solo te escuchaba.

-¿Y que decía yo?- dijo el joven Smythe- ¿Cosas agradables?

-Sí…- dijo Blaine con las mejillas llenas de rubor- pero… no lo recuerdo, solo recuerdo que siempre que despertaba me sentía feliz y… bueno, no soy una persona que pueda sentirse feliz muy a menudo ¿Sabes?

-¿Por qué no?- dijo Sebastian complacido por lo que Blaine había dicho, pero también un poco inquieto.

-Mi vida es un desastre- dijo Blaine riendo como si aquella afirmación fuera una broma- pero… creo que por fin está cambiando un poco y, creo que tú tienes que ver en ello.

-¿Yo?- dijo el joven Smythe derritiéndose en su lugar sin poder evitarlo- pero si yo acabo de conocerte…

-Pero me regalaste la oportunidad de hacer un sueño real- dijo Blaine con gratitud en la mirada- fuiste tú quien quiso que nuestra banda tuviera la posibilidad de poder ser otra cosa y ahora yo mismo podré ser otra cosa. Sé que tú has crecido rodeado de lujos, sé que tampoco debió ser fácil, pero no debes saber lo que es despertarte cada día sabiendo que eres nadie y que no puedes ayudar a los que amas como te gustaría y… quise decirte esto desde ayer… Gracias Sebastian, gracias por habernos mirado, gracias por darme la oportunidad de poder dejar de ser nadie…

Sebastian recibió aquellas palabras sin saber qué contestar. Nunca nadie le había dicho algo igual de sincero y lleno de hecho, de una palpable gratitud porque la gratitud no era algo que existiera en el mundo en el que él vivía. En los negocios uno tenía que ser despiadado, tomar lo que uno quería antes de que alguien más pudiera arrebatártelo y el chico aquel, ese chico estaba agradeciéndole algo que él había hecho solo para tenerlo cerca. "No los miré a los demás, te miré a ti, seguiré mirándote solo a ti…" pensó el joven, sonriendo sin pretensión alguna. Aquel chico podía desarmarlo y a la vez, podía hacerle sentir que era un ser valioso. Claro que Blaine había dejado de ser nadie, ahora se había convertido en alguien para él, en alguien de hecho, más importante de lo que pensó que sería.

-Pues hagamos el sueño real, Blaine- dijo el joven Smythe poniendo su mano sobre la del otro chico- estoy seguro de lo que dije, vas a ser un éxito, tú y tus amigos, quiero decir. Haré lo que sea para que podamos lograrlo ¿Está bien?

-Muy bien- dijo Blaine sonriéndole deslumbrantemente al chico- de verdad no puedo creer que nuestros padres se conozcan, la vida es extraña ¿No crees?

-Es sorpresiva- dijo Sebastian sin retirar su mano de la de Blaine, su piel era suave y cálida- y a veces te sorprende para bien y, debo decir que tú eres una de las mejores sorpresas que he tenido en mucho tiempo.

Sebastian se quedó serio después de decir aquello y Blaine sonrió sintiéndose un tanto cohibido. El joven Smythe de verdad no se guardaba ninguno de sus pensamientos y Blaine no podía decir que aquello le molestara. Además, la mano de Sebastian sobre la suya seguía sintiéndose bien. Sus ojos verdes mirándolo fijamente le hacían pensar que seguramente solo las esmeraldas al sol podían brillar de ese modo. Y el mundo se desvaneció porque aquello jamás le había sucedido, sentirse tan cómodo con alguien, sentir que estaba en el lugar correcto y que no quería moverse de ahí. El joven Anderson empezó a sentir curiosidad por Sebastian, quería seguir hablando con él hasta la mañana siguiente porque sabía que él le contestaría siempre de ese modo directo en el que lo hacía. Quizá él y Sebastian podían llegar a ser amigos, quizá trabajar con él le daría la oportunidad de conocerlo mejor y hacer que él lo quisiera conocer también. Sebastian le había caído bien, era obvio que era tan agradable como su padre.

Por otro lado, el chico de los ojos verdes sintió que estaba lanzándose a un abismo, y nunca le había importado menos. Blaine Anderson, su futuro esposo, era más de lo que él hubiera imaginado. La noche anterior había caído por él y su talento. Esa noche, los ojos de Blaine lo habían hecho caer porque la verdad no podía imaginarse a una persona mejor para él. Parecía que su padre tenía razón, aquello era cosa del destino.

Quizá Blaine había estado en su vida sin que él lo notara, quizá la vida de verdad tenía un plan. Pero, si aquello iba a pasar, quería que Blaine descubriera por él mismo la fuerza de aquel designio que los había llevado a estar cerca el uno del otro aquella noche. En aquel momento, mientras los ojos de Blaine seguían mirándolo, el joven Smythe decidió que una noche no sería suficiente para convencer al joven Anderson de aquella verdad. Pero ahora que trabajarían juntos, Sebastian estaba seguro de que cumpliría con los deseos de su padre no solo porque fueran una orden inapelable sino porque nadie nunca le había hecho sentir que una vida era apenas suficiente para poder estar con alguien, sosteniendo su mano como lo estaba haciendo ahora.

Los dos chicos se sonrieron en silencio un largo rato. Ninguno de los dos sabía que más decir y la quietud de la casa de Sebastian se sentía bien. Se quedaron pues así, hasta que sus padres regresaron e hicieron que el joven Smythe retirara su mano de la de Blaine. Maximilian se había dado cuenta de que había interrumpido un momento de intimidad y sonrió para sus adentros, mientras Nicholas parecía soltar el aire que había estado conteniendo poco a poco. La forma en la que Blaine miraba a Sebastian y éste a su hijo, le hacía pensar que después de todo el plan de Max no era necesario. No tenían más de una hora de conocerse, pero parecía como si hubieran estado juntos la vida entera.

-¿Y bien, Blaine?- dijo Max sirviendo una copa de vino para todos- ¿Vamos a escucharte cantar?

El pelinegro asintió sin saber muy bien por qué la llegada de su padre y el padre de Sebastian de pronto había roto aquella paz que no había sentido en mucho tiempo. Blaine se levantó de la mesa, sin saber muy bien qué hacer y Sebastian hizo lo mismo sonriéndole, como diciéndole que esperara un momento. Los padres de los dos muchachos se quedaron en silencio e intercambiaron una mirada cómplice: de verdad los dos no iban a tener que forzar nada, absolutamente nada.

-Quizá necesites esto- dijo Sebastian volviendo con una guitarra que parecía ser nueva, poniéndola en las manos de Blaine- ¿Puedes tocar?

-No- dijo Blaine un poco avergonzado- mi mano… lastimé mi mano en el accidente que sufrí hace dos días.

-¿Quieres que toque para ti?- dijo Sebastian inmediatamente- quizá no puedas cantar una de tus canciones pero…

-Está bien- dijo Blaine sonriendo alegremente- ¿Tienes alguna canción en especial?

-Sí- dijo Sebastian acercándose a susurrar un nombre en el oído de Blaine, haciendo que el corazón del otro chico latiera con fuerza- ¿La conoces?

Blaine asintió y los dos jóvenes se miraron a los ojos. Sebastian se sentó en una de las sillas del comedor sin dejar de mirar a Blaine y sus manos empezaron a rasgar la guitarra. El joven Anderson notó en seguida que Sebastian no era ningún novato con aquel instrumento. Los labios de Blaine sonrieron al escuchar el sonido suave de aquella guitarra, al muchacho también le gustaba aquella canción y las manos de Sebastian tocaban aquellas notas con maestría, concentrado en el instrumento pero también, atento de la mirada de los ojos de Blaine, quien, volvió a sonreír antes de unir su voz a la música del joven Smythe, creando como siempre, esa magia musical que sólo él podía convocar:

You could be my unintended choice to live my life extended.

You could be the one I´ll always love.

You could be the one who listens to my deepest inquisitions.

You could be the one I´ll always love.

I´ll be there as soon as I can but I´m busy mending broken pieces of the life I had before.

El corazón de Maximilian Smythe parecía a punto de estallar con la felicidad que le producía estar contemplando aquella escena. Blaine y su hijo de verdad parecían estar hecho el uno para el otro. No era simplemente que estuvieran cantando aquello juntos, era algo más, algo que saltaba a la vista, algo innegable. El corazón del hombre se sentía cálido de pronto porque Blaine parecía estar cantándole a Sebastian todas aquellas palabras que la madre de Blaine jamás había sentido por él. En aquel instante Max sentía tristeza, sentía el mismo anhelo de toda la vida. Pero esperaba con todo el corazón que para Sebastian todo fuera diferente, tenía que ser diferente, iba a serlo, podía leerlo en la mirada de Blaine, en aquella mirada tan parecida a la de su madre…

Nicholas contemplaba el concierto como quien de pronto descubre que la vida no es tan mala a final de cuentas. Era increíble lo bien que Blaine y aquel otro joven se veían juntos. Quizá después de todo había hecho bien. Quizá Blaine no se opondría a nada de aquello. Quizá después de todo aquello sí fuera un plan del destino y no solo un plan de Max. Además, la voz de su hijo le recordaba a Marionn. Ella solía cantar siempre, cantaba con la misma emoción con la que ahora cantaba Blaine. Una sonrisa apareció en los labios del hombre, sí, la vida cambiaría, por fin había podido darle algo de valor a su hijo menor y con ese pensamiento la culpa que había en su corazón se desvaneció y la voz de Blaine se llevó todas sus preocupaciones con ella:

First there was the one who challenged all my dreams and all my balance.

He could never be as good as you.

You could be my unintended choice to live my life extended

You should be the one I´ll always love.

I´ll be there as soon as I can but I´m busy mending broken pieces of the life I had before.

I´ll be there as soon as I can but I´m busy mending broken pieces of the life I had before.

Before you…

Blaine terminó de cantar, pero no dejó de mirar a Sebastian. Había estado mirándolo todo el tiempo. La verdad es que nunca había sentido aquello al cantar con alguien, jamás había sentido aquella conexión que parecía venir de vidas anteriores, de vidas pasadas que los habían guiado hacia ese instante porque aquello tenía que ser.

Sebastian sonrió y se levantó de la silla, queriendo acercarse más a Blaine sin hacerlo. Estaba seguro de que aquella noche ya le había dicho suficientes tonterías y algo como "Maldita sea, me acabo de enamorar de ti por tus ojos y esa canción, y todo lo que tú eres y serás para mí…" no era algo muy inteligente. Después de todo, Blaine Anderson solo debía estar sintiéndose agradecido con él y el joven Smythe sabía que había cosas que era mejor no apurar. Después de que la voz del joven Anderson se desvaneciera en el silencio, el chico de los ojos verdes supo que había que darle tiempo al tiempo, y solo estaba seguro de una cosa: Blaine Anderson sería para él, para nadie más.

-De verdad eres bueno- dijo Max radiante de emoción- ¿Por qué no le das un contrato como solista, Sebastian? ¿No crees que eso sería mucho mejor?

-Tienes que escucharlo tocar con su banda- dijo el joven Smythe con tranquilidad- es mil veces mejor cuando canta con músicos de verdad y no con aficionados como yo…

-Tocaste muy bien- dijo Blaine parándose a su lado- te lo juro, jamás había cantado con alguien que tocara tan bien como tú.

Los dos chicos se sonrieron y el dulce silencio que los dos podían convocar cayó de nuevo sobre los cuatro hombres. Max rio sumamente complacido y por primera vez, Nicholas se unió a la carcajada colectiva. Aquella cena no duró mucho más después de la canción de Blaine, pero era obvio que el objetivo principal, hacer que Blaine y Sebastian pudieran conocerse, había sido un éxito sin duda alguna. Varios minutos después, Nicholas y Blaine decidieron despedirse, agradeciendo con sinceridad las atenciones de sus anfitriones.

-Te veo el lunes, entonces- dijo Sebastian acercándose a Blaine, estrechando su mano una vez más- fue un enorme placer conocerte, espero que sepas que lo digo en serio.

-Lo sé- dijo Blaine sonriéndole- lo mismo digo, te veo el lunes, jefe…

Sebastian sonrió y sintió que su corazón se iba con Blaine al verlo alejarse. Era extraño y estúpido y jamás en la vida se había sentido así pero aquel chico era incluso más de lo que su padre le había dicho que sería. Y estaba empezando a sentir cosas por él y en realidad no le importaba empezar a sentirlas.

-Supongo, por esa sonrisa complacida que tienes que te gustó mi elección ¿Verdad?- dijo Max riéndose de su hijo- te dije que era un chico excelente.

-Es más que eso- dijo Sebastian abrazando a su padre por los hombros- gracias por ponerlo en mi vida, papá…

-¿De verdad estás agradecido?- dijo Max realmente sorprendido- ¿Sebastian? Esto no es una actuación ¿Verdad?

-No lo es- dijo el joven Smythe con una sonrisa sincera- no lo será. Voy a enamorarme de él, voy a amarlo y si él siente lo mismo por mí… ¿Quieres que le llame a mamá para que vaya eligiendo el banquete de bodas?

Maximilian lanzó una carcajada al aire y tomando a su hijo por el brazo, los dos entraron a la casa de nuevo, hablando del buen rato que habían vivido, el primero de muchos, de eso no les quedaba duda alguna.

Mientras tanto, Blaine y su padre eran conducidos a su casa por el mismo chofer que los había llevado al hogar de los Smythe. Blaine no podía dejar de hablar de Max y de Sebastian, de las cosas que había dicho Max acerca de su madre, y de las cosas que había dicho Sebastian. De lo divertida que era la vida porque Sebastian y él eran tan diferentes ahora, pero se habían conocido siendo niños. Y de un modo u otro, la conversación de Blaine siempre volvía al mismo punto: Sebastian.

Nick se dio cuenta de ello y dejó que su hijo parloteara alegremente, no era muy común verlo en ese estado. Incluso siendo niño, Blaine había sido más bien tranquilo y si ahora tenía un motivo para sentirse feliz ¿Quién era él para impedírselo? Así que, los dos hombres llegaron a su apartamento sintiéndose realmente bien. Ahora Blaine podía confiar en el amigo de su padre y evidentemente también en su hijo, que, de verdad le había gustado al joven Anderson.

-Es un alivio que te haya gustado- dijo Nick después de la quinta vez en la que Blaine mencionara el nombre del hijo de Max- supongo que eso hará más fáciles las cosas…

-¿Qué cosas?- dijo Blaine sin dejar de sonreír, quitándose sus costosas ropas para prepararse e ir a dormir.

-Pues ya sabes, cuando Max empiece a hablar de matrimonio, todo será más fácil para Sebastian y para ti…

Blaine se quedó a la mitad de lo que estaba haciendo y miró fijamente a su padre. Estaba bromeando ¿Verdad? ¿De qué maldito matrimonio estaba hablando?

-Papá- dijo Blaine sabiendo que su padre no había notado lo que había dicho- ¿El matrimonio de quién?

-El tuyo, vas a casarte con Sebastian- dijo Nick alegremente, quizá había bebido de más en la casa de los Smythe- ¿No te dije que ese era el plan de Max? Al principio yo no estaba de acuerdo pero…

La sonrisa de Nicholas se desvaneció al ver la mirada vacía y enojada de su hijo. "Mierda", pensó el hombre y sabiendo que había metido la pata de forma magistral se acercó un poco más a Blaine, deseando saber qué era lo que su hijo estaba pensando y que a decir verdad, por esa mirada rota en sus ojos, no podía tratarse de nada bueno…


Canción: Unintended-Muse