Capitulo 3: Intrusos
Keiko estaba sentada mientras todos los demás corrían de un lado a otro como locos. Ella no se preocupaba. En cuanto entrasen, ella iría a por ellos y les descuartizaría. No tendría ni que liberar su espada. Eran simples intrusos¿Qué podían hacer? Si entraban ya era un milagro…
"A no ser que tengan ayuda" Pensó mirando al cielo.
Entonces un gran haz de luz iluminó el cielo. Una gran esfera había chocado contra la barrera que les protegía y aún seguía allí. Se debería haber carbonizado por completo, pero…
— Alta concentración de energía espiritual —susurró.
Se levantó y corrió por los tejados. No sabía donde estaba su escuadrón, pero ella se quedaría con la fiesta.
La esfera atravesó la barrera, y después se dispersaron en cuatro. Tenía que encontrarles antes de que fuese demasiado tarde. Antes de que alguno de los capitanes se enfrentase a cualquiera de ellos.
Keiko corrió hasta ver como caía uno de ellos. No era el más fuerte de todos, pero era fuerte. Era solo uno. Sentía su fuerza espiritual desde tan lejos, sin duda era fuerte. Una explosión levantó una nube de polvo, la cual llegó hasta a ella. Y justo entonces desapareció. La energía espiritual de aquel intruso había desaparecido.
"Sin duda eres bueno, pero te encontraré maldito intruso"
Ya no se parecía en casi nada a la antigua Keiko. Era más fuerte, más bestia, y sentía una euforia sobrenatural cuando luchaba. Le encantaba luchar, vivía para eso. Aún tenía una lucha pendiente que quizá liberase aprovechando la situación.
"Te demostraré que no eres mejor que yo Jake" Keiko sonrió pensando y deseando que las cosas se pusiesen más feas de lo normal. Quería guerra, y sabía que no acabaría decepcionada.
Jake había sentido una gran fuerza espiritual desde la Torre del arrepentimiento donde se encontraba encerrada Kuchiki-sama, o como ella quería que la llamasen Rukia. Ella le había salvado, fue su salvadora, dos veces. Por eso le aceptaron en la escuela de shinigamis, por que Rukia-sama se lo pidió.
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"No puede ser que por solo eso la condenen" pensó mientras sujetaba con fuerza su zanpakutou.
Aquellos intrusos¿habían venido a salvarla? Estaba tan… confuso. Si ellos eran los malos, entonces ¿Por qué querían salvarla¿Por que un primer oficial guardando a una prisionera que va a ser ejecutada en el dúo terminal?
Algo no le cuadraba, además, últimamente su capitán se comportaba de una manera extraña. Hablaba solo sobre lo que estaba bien y mal, sobre la guerra, sobre el intruso de pelo naranja. Había escuchado sobre él más de una vez. Un shinigami con el pelo naranja y una espada tan grande como él. Un shinigami que le había robado los poderes a la condenada, y el cual había herido a un Menos Grande. La gente le temía y tan siquiera le habían visto.
— ¿Has visto esa explosión? —dijo su compañero señalando a un punto en el cielo.
Los intrusos habían conseguido atravesar la barrera. Se habían dividido en cuatro.
— ¡Nakayama, avisa a otro para que venga¡¡Yo voy a por los intrusos!! —Jake corrió, y saltó hasta una de las calles. Estaba a punto de estallar una guerra. Una guerra que no podrían evitar.
Entonces se dio cuenta de que una de aquellas bolas de fuego que supuestamente eran los intrusos se dirigía hacia él. Era grande… no¡enorme! Poco después ya no podía hacer nada, aquella cosa iba derecho hacia él. Le iba a caer encima como un meteorito…
"Que probabilidad hay de que un intruso incandescente te caiga en la cabeza" Entonces una barrera se puso entre él y el intruso. Después sintió un golpe en la cabeza tan fuerte como si le hubiese golpeado una bola de hierro. Y de camino a la inconsciencia total solo pudo escuchar una última cosa. Un nombre.
— ¡¡Inoue!!
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Ella le había salvado. Así que tenía que ayudarla ahora a ella. Se había hecho una herida en el hombro al chocar contra el suelo, pero eso fue después de casi romper la cabeza de uno de esos shinigamis de un solo cabezazo. Sin duda Inoue tenía la cabeza muy dura.
Ishida, vendó el hombro de Inoue, y acto seguido miró al shinigami que estaba tirado en el suelo. Su pelo al más puro estilo despeinado era castaño, y de su cabeza salía un pequeño reguero de sangre. Suponía que eso lo había hecho Inoue con su cabeza. Pensaba dejarle allí, pero entonces se le ocurrió que hacerle rehén era lo mejor para todos… bueno, para el shinigami no, pero a ellos les vendría bastante bien.
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Jake abrió los ojos, lentamente, la cabeza le dolía aún por el golpe, pero no estaba en la calle. Estaba en un edificio… ¿el cuartel del cuarto escuadrón? No, estaba más sucio. Entonces una cabeza apareció de pronto gritando algo que no consiguió entender a causa del susto.
Intentó levantarse, pero le era imposible. Estaba atado de pies y manos, además su zanpakutou estaba bastante lejos, así que estaba atrapado. Al menos le habían dejado vivo, que no estaba nada mal.
— ¿Qué es lo que quieres intruso? —preguntó mirando a la chica de gran… personalidad que tenía frente a él.
— ¿Dónde está Kuchiki Rukia? —preguntó una voz desde el otro lado de la habitación.
— ¿Por qué queréis saber donde está Rukia-sama? —dijo el shinigami mirando al hombre vestido de blanco.
— Por qué ese es nuestro objetivo —el chico extendió su brazo, y en su mano apareció un arco.
— ¿Un quincy? —Preguntó Jake— es imposible, estaban extinguidos
— Parece que no acabasteis con todos —dijo el quincy manteniendo su compostura— donde está encerrada Rukia.
— ¿Creéis que un shinigami os lo diría? —Jake esbozó una sonrisa— de verdad sois muy crédulos…
Jake pensó, y recordó en un instante el por que se había hecho shinigami, y el por que estaba ahora allí hablando con personas que querían salvar a su salvadora. Puede que aquello le pudiese costar la vida, pero era la deuda que tenía con esa mujer.
Le debía la vida.
— Os lo diré, pero con una condición… —Los intrusos miraron a Jake como si estuviese loco.
— Habla —El quincy bajó su arco.
— Yo iré con vosotros…
