CAPITULO 3

Los días siguientes me resultaron muy agradables. Cuando que me hube acostumbrado al ajetreo y al estrés, ya lo tuve todo bajo control.

Al cabo de una semana me llamó Regina.

—Tú quieres estudiar periodismo, según me dijiste —comenzó a decir, mientras daba vueltas por el despacho y cambiaba papeles de una montaña que parecía que iba a caerse a otra un poco más estable.

Sí se acordaba…

—Sí —respondí.

—Bien —replicó Regina—. Entonces escribe un texto para mí. Aquí. —Me puso algo en la

mano.

Yo lo miré y no pude sacar nada en claro.

—¿Qué tipo de texto? —pregunté.

—¿No está claro? —se volvió, enojada, aunque luego se tranquilizó—. Sí, seguro que nunca lo has hecho. Coge una silla y te lo aclararé.

Se sentó a mi lado y me explicó con más exactitud lo que significaban las palabras clave que había escritas en el papel que me había dado. Sólo tardó cinco minutos. Era muy eficiente.

Pero yo me quedé muy sorprendida. La forma tan estructurada con la que se explicaba no se correspondía en absoluto con el aspecto de su despacho.

Yo asentí y formulé una pregunta, pues me había venido a la cabeza una idea sobre el texto publicitario que quería que preparase.

Me miró, sorprendida.

—Eres muy inteligente, de verdad —dijo, como si no se lo esperara de mí.

¿Debía sentirme ofendida? Hasta la fecha nadie había dudado de mi inteligencia de una forma tan descarada. Me contuve.

—¿Podrías tenerlo para pasado mañana o te hace falta tiempo?

—No sé el tiempo que voy a necesitar, pero intentaré tenerlo para pasado mañana —le prometí.

Ella pareció satisfecha.

—Bien —dijo y desapareció de nuevo tras la montaña de papel blanco y de color que cubría su mesa.

Trabajé casi día y noche para conseguir tener listo el texto. No era sencillo. Yo no tenía ninguna experiencia y lo que Regina me había explicado era pura teoría, pero, cuando, en el plazo previsto, le puse delante el resultado de mi trabajo, asintió apreciativa.

—Esto no está nada mal para ser la primera vez —dijo, pensativa. Me miró como distraída—. Recibirás una gratificación —decidió—. Dile a Kathryn lo siguiente: F2.

Yo ya había advertido que era dada a usar abreviaturas y Kathryn ya sabría lo que eso significaba, pero seguro que no me iba a decir nada.

—Gracias —respondí, pues lo que yo sí tenía claro era que Regina era muy espléndida en cuanto a sueldos, primas y resultados financieros especiales. Para ella, cualquier logro se valoraba con un elogio en forma de dinero contante y sonante. A veces hubiera deseado que junto con la recompensa dijera algo más personal. Me hubiera gustado conocerla más de cerca, saber más de ella, pero no dejaba que nadie entrara en su yo íntimo. Así que tuve que contentarme con el exterior, que tampoco estaba mal, pues tenía un magnífico aspecto, aunque a veces, cuando la miraba un momento a los ojos mientras me explicaba algo, me hubiera gustado que fuera algo más que sólo una cara bonita.

Puesto que ella nunca revelaba nada personal, me quedé sorprendida cuando, una semana más tarde, me llamó a su despacho para invitarme por la noche al Chariot. No es que me invitara de una forma directa, sino que casi me lo ordenó.

—Has trabajado muy bien desde que estás aquí —explicó, para justificar la invitación—. Creo que debemos celebrarlo.

Como ya la conocía, aquello era más bien una reunión de trabajo. Pero, entonces, ¿por qué en Chariot? ¿En el sitio donde nos conocimos y donde el ambiente no era el más adecuado para trabajar?

Estaba segura de que ella sabía todo eso mejor que yo, pero nunca había puesto en tela de juicio sus órdenes y tampoco lo iba a hacer ahora.

Era tarde cuando salimos de la agencia y llegamos al Chariot a eso de las diez. Esta vez era más tarde que cuando estuve en mi última visita y el local estaba muy lleno, porque, además, se acercaba el fin de semana.

Regina pidió cerveza para las dos y nos sentamos a una mesa.

—Por los buenos textos que escribes —dijo Regina y elevó su vaso con una sonrisa.

—Gracias —dije—. Me alegra que te hayan gustado. —Sonreí con algo de inseguridad.

Brindamos.

—Seguro que te preguntas el motivo por el que te he invitado —dijo Regina, de acuerdo con su costumbre de no andarse con rodeos. Era su estilo y no perdía el tiempo.

Lo admití y esperaba que me hiciera algún otro encargo.

—¿Has estado alguna vez en el mar Egeo? —continuó.

Yo la miré, sorprendida.

—No tengo dinero para viajes caros —le contesté, algo desconcertada, porque ella ya lo sabía—. Mi madre gana muy poco y nunca vamos de vacaciones.

—Pero seguro que te gustaría ir, ¿no es cierto? —dijo ella en un tono algo enigmático.

Yo me encogí de hombros.

—Por supuesto, pero ese no es el tema de la discusión. Nosotras no tenemos dinero y, dado que tengo que trabajar durante las vacaciones, tampoco tengo tiempo para hacer viajes —dije, sonriendo algo avergonzada—. Tengo que esperar hasta que encuentre un trabajo en condiciones, que me aporte unos ingresos fijos, y entonces podré viajar.

Ella me miró.

—Si tuvieras las dos cosas, dinero y tiempo, ¿lo harías?

Solté una carcajada.

—¡Eso sería un sueño! Pero lo mío es provisional. ¿Cómo podría hacerlo?

—Conmigo —dijo ella.

Yo la miré.

«¿Qué quiere decir con eso? ¿Ir conmigo de vacaciones?», pensé. No podía ser así. Pero yo ya sabía que Regina tardaba muy poco en enfurecerse si alguien no entendía de inmediato lo que quería, por lo que no me atreví a preguntárselo.

¿Era algo que yo no había captado? ¿Algo que no hubiera oído bien? Si ella quería darme otro incentivo, lo aceptaría con mucho gusto, pero no lo iba a gastar en unas vacaciones en el Egeo. Seguro que mi madre tendría otras prioridades y yo le daría el dinero para ellas.

—Tengo un barco en el Egeo —continuó Regina—. Y aún dispongo de tres semanas de

vacaciones. Podríamos ir allí, si te apetece.

Yo me quedé muda, total y temporalmente muda. No fui capaz de emitir ni el más mínimo

sonido. ¿Quería llevarme de viaje por el Egeo? ¿De qué tamaño sería el barco? Seguro que no era un bote de remos.

—Gracias —acabé por decir cuando me lo permitió la voz—. Sería maravilloso, pero…

—No me des las gracias tan pronto —me interrumpió—. No tienes que pagar nada…, incluso recibirías dinero por ello. Ya sabes que, en ese sentido, soy muy espléndida. Pero yo también exijo algo a cambio. —Terminó de hablar, mientras me miraba con tal intensidad que me hizo estremecer.

—Oh, no te preocupes —le aseguré. Yo me sentía muy entusiasmada. ¡Tres semanas en el Egeo! ¡Y gratis! Aun cuando tuviera que trabajar, como acababa de dejarme claro, no iba a rechazar esa oferta, porque me hacía mucha ilusión.

—Nos podemos llevar el trabajo que tuviéramos que hacer aquí, incluso más. Por eso que no quede —continué, entusiasmada como no lo había estado hasta la fecha. ¡Era algo que había deseado desde hacía años! Incluso me liberé de mi timidez.

—No es eso lo que exijo de ti —respondió ella en un tono serio—. Quiero otra cosa.

La miré, radiante, pero al fijarme en sus ojos encontré en ellos algo más. No había visto en muchas ocasiones aquella mirada, pero la conocía, aunque nunca había provenido de una mujer sino de algunos chicos que deseaban algo muy especial de mí. Ahora sabía por fin lo que quería. Me sobresalté. Se acababa de desmoronar mi bonito castillo de naipes. Eso era lo que deseaba. ¡Y pagando!

Ella se dio cuenta de que yo lo había entendido y continuó:

—Me gustaste desde el primer momento. Desde la primera vez que te vi aquí. Pero yo no soy una mujer de… grandes amores ni de relaciones. No tengo ganas ni tiempo para eso. Me parece que todo es una ilusión. Pero tengo la sensación de que las dos nos gustamos desde el principio, es algo mutuo. Y durante estas tres semanas de prácticas me he dado cuenta de que tienes una inteligencia por encima de lo normal. Te aprecio mucho y, además, tienes muy buen aspecto. Tu tipo es justo lo que me gusta. Y podría concederte algunas ventajas para compensarte por lo que me ofrezcas. Si quieres. —¡Iba directa al grano! Durante las últimas tres semanas me había impresionado mucho, pero en este caso hubiera deseado algo más de romanticismo, un poco más de compromiso. Por lo

menos una leve insinuación de que sentía algo por mí y no sólo el reconocimiento de mi inteligencia y el afán por mi cuerpo. Porque, en esencia, eso era lo que acababa de esbozar.

Debería de haberme sentido muy ofendida, pensé para mí misma, pero me di cuenta de que no era así. Lo que acababa de decir hizo que de nuevo surgiera en mí lo que yo ya había sentido en nuestro primer encuentro: no sólo era ella la que me deseaba a mí, sino que la atracción era mutua. De todas formas, si lo había entendido bien, en mi interior yo lo sentía de una forma distinta a la suya. Porque lo que yo deseaba era… amarla.

Al parecer, yo me había enamorado desde el primer momento y sentí una sensación extraña y difícil de identificar, que había ido creciendo durante las últimas tres semanas. Mi madre se extrañaba de que yo siempre anduviera con cara radiante y le había tenido que explicar que el trabajo me gustaba mucho, pero su mirada reflexiva me tenía escamada. Sabía que me ocurría algo.

Y en caso de que no me hubiera ocurrido, me podía haber limitado, ofendida, a negarme, aunque me resultara muy complicado y fuera en perjuicio mío, pues ella tenía la posibilidad de echar por tierra mis prácticas. Y puesto que era la empresaria que me había importunado, hubiera tenido que pagarme el resto de la suma acordada. Estoy segura de que no habría dudado en hacerlo. Era lo que hacía siempre, pagar, y eso era, al fin y al cabo, lo que quería hacer ahora.

—¿Necesitas tiempo para pensártelo? —dijo, al ver que ni me movía ni contestaba.

¡Tiempo para pensármelo! ¡Oh, sí, claro que lo necesitaba, después de haberme arrollado de aquella forma! Pero no me lo tomé, sino que comencé a hablar en contra de mis propias convicciones.

—Te has forjado un concepto equivocado de mí —dije en voz baja—. Yo soy… No tengo mucha experiencia en cuanto a eso. De hecho, no tengo ninguna.

A lo mejor ahora se retiraba. ¿O tendría muchísimo gusto en poder enseñarle todo a una virgen?

Quizás se pensaba otra vez su propuesta y la anulaba.

—Oh —dijo ella, como si se sintiera sorprendida—. Es verdad, sólo tienes diecinueve años — añadió después.

—Y además soy tímida —dije con pudor. Si hubiera sentido algún interés por los chicos estaba segura de que hubiera dejado de ser virgen hacía años, pero abordar a una mujer, como Regina acababa de hacer conmigo, era algo para lo que no estaba preparada.

No resultaba tan sencillo. Hacía cuatro semanas, en el Chariot, hice mi primer intento, vacilante y tímido, aunque, si se miraba con cuidado, ahora parecía haber sido coronado por el éxito. En todo caso, era muy distinto a lo que yo tenía pensado.

Regina sonrió.

—Sí, me gustaste tanto como yo a ti —observó, casi amable—. No me gustan esas chicas jóvenes y enérgicas que andan por ahí. Tú eres una excepción.

Sí, como ella era enérgica, buscaba todo lo contrario, eso me lo podía figurar sin ningún problema.

—No tienes que decidirlo de inmediato —dijo en voz baja, mientras me acariciaba la cara—. Mi oferta sigue en pie. Piénsatelo.

¿Entonces no le molestaba que no tuviera ninguna experiencia? Bien…, yo había llegado hasta aquí hacía cuatro semanas e iba a acabar por perder mi virginidad, ¿por qué no con ella?

Separé un poco mi cara de la mano que me acariciaba. Era tan maravilloso que alguien te rozara así… Sentí un ardor en las mejillas que, poco a poco, se extendió por todo mi cuerpo. ¿Querría que sucediera hoy mismo?

No sabía lo que diría mi madre si no volvía a casa por la noche. No estaba acostumbrada a que ocurriera más que por motivo de alguna fiesta de la que le hubiera hablado con anterioridad. También podía llamarla por teléfono para que no se preocupara. Ese problema lo podría solucionar.

—En realidad, ya me he decidido —contesté en voz baja—. Me gustaría mucho.

Lo dije con ambigüedad, para que ella pudiera decidir si me refería a lo del mar Egeo o a lo otro.

Se inclinó sobre la mesa y me besó con suavidad en los labios.

—Vámonos —dijo.

Vaya, entonces era ahora mismo. Me estremecí levemente. La cosa iba rápida. Pensaba tener más tiempo para prepararme. Pero ¿cuánto tiempo más iba a necesitar? ¿No era suficiente con diecinueve años?

¿Qué les parecio? la proxima actualizacion será el martes peeeero si tengo buena motivacion quizas actualice el sabado ;)