- Condenado a muerte – Las palabras resonaron en sus oídos. – El día de la ejecución será elegida dentro de diez días – Los niños estaban en diferentes celadas, pero por el eco, pudieron escuchar claramente todo.
- ¡No! Son solo niños ¡Solo yo seré ejecutado! – Grito el peliblanco, totalmente despeinado y con sus ropas aun llenas de sangre. Golpeo los barrotes tratando de producir el suficiente sonido para que le escucharan, pero únicamente obtuvo como respuesta el seco sonido de las puertas de los calabozos cerrándose. - ¡Malditos sean! ¡Jashin-sama castigara este reino!
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- Vamos, Deidara – Orochimaru abrió la puerta de la habitación.
El rubio se hallaba en una esquina con ambas manos pegadas a la pared, negándose a moverse de ahí. Orochimaru sonrió, sabiendo lo que pasaba por la cabeza del de ojos azules, dos hombres iban detrás de él, cuando él se detuvo, cinco pasos delante del muchacho, los otros dos siguieron avanzando y lo sujetaron de los brazos. Deidara trato de resistirse, logro zafarse varias veces, pateo y grito, pero vivir en la pobreza deja heridas que tardan en sanar, y no había recuperado por completo sus fuerzas, por lo que termino cayendo al piso, con los brazos bien sujetos. El pelinegro se le acerco y le sujeto de la barbilla, presionando con fuerza sus mejillas, Deidara le miro con rabia e impotencia.
- No te puedes resistir. Pronto estarás con tu nuevo dueño.
Hizo una seña para que le levantaran y salieron habitación. Deidara pudo ver algunas mujeres, unas cuantas más jóvenes que él, miro la gran entrada, decorado con flores y otras cosas; si era rápido, podría escapar, pero sintió que el agarre que mantenía sobre sus brazos se hacía más fuerte.
Afuera Kabuto ya los esperaba junto al carruaje, lo subieron empujándolo con fuerza y avanzaron. Cuando empezaron a alejarse del prostíbulo Deidara trato de empujar con todo su peso para poder romper la puerta pero Orochimaru le jalo el cabello, tironeando de él y haciendo que se quedara quieto. Miro como Kabuto sacaba un pequeño jarro de barro y lo paso por debajo de su rostro. Un olor fuerte hizo que se mareara y su cuerpo perdió fuerza, cuando se quedo completamente quieto, Kabuto lo retiro y lo mantuvo cerca de él, por si volviera a necesitarlo.
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- Nii-san ¿Estas bien? – Sasuke se acerco a su hermano mayor, quien no había querido jugar con él en todo el día.
- Si, Sasuke, claro que lo estoy – Le sonrió cariñosamente. – Ven, Sasuke, tengo que preguntarte algo – Le hizo una seña con la mano para que se acercara.
- ¿Qué pasa? – Se acerco y se sentó junto a él a la horilla del jardín.
- Si yo tuviera que irme ¿Estarías enojado conmigo? - Le miro dulcemente y le acaricio el cabello.
- ¿A dónde iras Nii-san? – Mikoto se había quedado en la horilla de la habitación continua al jardín al escuchar eso. - ¿Te quieres ir?
- No, no, es solo una pregunta tonta, no me hagas caso.
Sasuke le abrazo con fuerza, Itachi solo le dio un par de palmadas en la espalda, se agacho y le beso la frente.
- Anda, ve a jugar. Más tarde saldremos de paseo ¿Si?
- Si – Itachi lo vio perderse por el pasillo.
- Itachi-chan – Mikoto se sentó a un lado de su hijo. - ¿Qué estas pensando hacer? – Le recogió un mechón de su fleco tras su oreja, el cual volvió a su lugar casi de inmediato.
- Madre… me voy a casar – Bajo la mirada a ver la expresión de sorpresa de su madre. – Si me caso, mi padre podrá volver a casa sin ninguna represalia.
- Pero, Itachi ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? El matrimonio es algo serio, si te arrepientes será muy difícil separarte.
- Lo sé madre, pero es lo mejor… para todos.
- ¿Y para ti? Mi niño… - Itachi alzo la cabeza de golpe, hacia diez años que su madre no le llamaba de esa manera. – Tu felicidad es muy importante para mi ¿Cómo sabes que tu matrimonio va a arreglar algo? La orden fue dada por el emperador, no hay nadie con la suficiente influencia com…
- Me casare con el ministro de guerra. – Su madre silencio al escuchar eso. – El puede hacer algo.
- No debes casarte con alguien que no ames…
- Lo sé… pero… ya tome mi decisión… perdóname, madre.
Mikoto atrajo hasta su pecho a Itachi, quien se quedo ahí, con los ojos cerrados. – Perdóname tú a mí, Itachi-chan, por no saber cómo proteger a mis hijos.
OoO
- Estate quieto – Deidara se mantenía de pie a un lado de Orochimaru, Kabuto detrás de él.
Deidara nunca había estado en un lugar como ese, no podía dejar de ver los adornos de las puertas y el color de la madera pintada. Miro como las puertas se abrían y una mujer salió, observo la insignia en su antebrazo superior, bordado en el kimono rosa, un escorpión rojo.
- Mi señor los está esperando, síganme por favor.
La mujer hizo se dio media vuelta y volvió a entrar a la casa, seguida por los otros. Las paredes tenían un color cobrizo y el tatami no producía sonido alguno al caminar sobre él. Se detuvieron frente a una puerta de madera clara, la joven se arrodillo y agacho la cabeza.
- Sasori-sama, Orochimaru-sama ah llegado.
- ¿Qué estas esperando? Déjalos entrar – Una voz grave sonó desde adentro.
La mujer abrió sin problema la puerta, dentro, un hombre revisaba una serie de pergaminos y gruesos libros. Su mirada mostraba rectitud y dureza, pero también una inmensa calma y paz interior. Su cabello rojo, ligeramente alborotado, resaltaba el color blanco de su piel.
- Sasori…
- ¿Qué quieres? Bien sabes que no me gusta perder mi tiempo – Comenzó a enrollar un pergamino. – Se rápido, tengo una reunión con el emperador en una hora.
- No te preocupes, ya te había dicho que te traería un presente – Dijo mientras empujaba a Deidara, quien a tropiezos avanzo dos pasos. – Estoy seguro de que será de tu agrado.
Alzo la mirada y Deidara puedo ver sus ojos, de un color castaño, cobrizo, como la madera joven. Esos ojos lo examinaron de arriba a abajo, con interés bien disimulado. Incapaz de hacer otra cosa se encogió sobre sí mismo, tratando de ocultar su rostro tras su mechón de cabello rubio, cerrando los ojos con fuerza.
- Acércate… - Alzo una mano, dejando ver el anillo en su dedo pulgar. Avanzo y se arrodillo frente a él, como había visto hacer a la servidumbre. El pelirrojo estiro esa misma mano y lo tomo de la barbilla, para poder observar su rostro con mayor detenimiento. - ¿De dónde la sacaste?
- Perdón… soy hombre – Su voz resonó en el silencio de aquella habitación.
- … - Una sonrisa de burla se formo en su boca. – Valla, esta sí que es una sorpresa… - Rio. - ¿Qué vendrá ahora, Orochimaru? ¿Dejaras los prostíbulos?
- Te conozco, sabía que te gustaría.
Deidara se quedo ahí, completamente ofendido, incapaz de pronunciar palabra alguna. Escucho la corta platica que mantuvieron, pero prestaba atención a cada movimiento. Preparando el momento exacto para poder huir.
- Con permiso – Una joven diferente había entrado, haciendo una reverencia previamente, con un cofre pequeño en la mano. – Aquí esta lo que pidió, Sasori-sama – Se arrodillo por completo y alzo el cofre para que lo tomara.
- Bien… -Reviso el contenido y lo dejo en un pequeño estante que tenía tras él. – Ya sabes a donde llevarlo, y que hacer.
- Como ordene, mi señor – Camino hasta donde estaba el rubio. – Sígueme.
Deidara miro a Orochimaru y después al pelirrojo, pero ambos continuaron con su plática. Se levanto y siguió a la mujer. Cada paso que avanzaba se asombraba más de la riqueza de ese hombre. Figurillas de jade, cosas que no tenía la más mínima idea de donde provenían. Pinturas, esculturas. Llegaron a una puerta más pequeña, cuando la mujer abrió pudo ver que ya le estaban esperando dentro. Una gran tina de madera empezaba a ser llenada por dos mujeres, ya mayores, mientras otras sacaban botellas y las dejaban cerca de la tina.
- Vamos, muévete – Una de las mujeres, de largos y blancos cabellos, le jalo de la mano y empezó a deshacer el nudo del kimono que llevaba. Trato de resistirse y se cerró la ropa cuando el obi cayó, pero la mujer tironeo de la tela y logro sacárselo por completo. – Hay que lavarte muy bien – Cuando dijo esto, Deidara pudo ver que solo quedaban ellos tres. Lo empujo haciendo que entrara a la tina. Sintió una agradable sensación por el agua caliente, las dos mujeres se agacharon para poder comenzar a lavarlo. Vaciaron el contenido de las botellas sobre su cabeza y sobre el agua, produciendo una escasa espuma con la que comenzaron a lavarle el cabello.
Tallaron con fuerza hasta que la piel le quedo roja. Le enjuagaron cuidadosamente y de igual manera le secaron, lo cubrieron con una yukata blanca y le hicieron seguirlo hasta otra habitación, más grande y con mucha más luz. Se sentó sobre un gran cojín mirando como sacaban ropas y se hablaban ente ellas, miro por una ventana que estaba cerca de él. Ahí no era una casa, era un anexo al palacio del emperador; volvió a mirar a su alrededor, no dejada de sorprenderle los lujos que había en esa casa, probablemente porque había pertenecido toda su vida a una familia humilde, pero ni siquiera en la casa de Itachi, que era de alta posición social, había visto esa clase de lujos. Si eso era un anexo se preguntaba cómo era el palacio.
Las dos mujeres se le acercaron con un bulto de ropa. Le levantaron y empezaron a vestirle. Empezaron por una yukata blanca de algodón y prosiguieron con un kimono azul brillante, con bordados de aves blancas en la parte baja y los bordes de las mangas eran igualmente blancos. Le acomodaron la ropa y después tomaron un ancho obi de color azul claro, el cual ataron fuertemente alrededor de su cuerpo, tratando de darle un resalte a su cintura.
- ¿Deberíamos maquillarlo? – Pregunto una, con voz queda.
- No, a Sasori-sama no le gusta hacer eso al menos de que sea un evento importante – Acomodo un grueso cordel dorado sobre el obi, del cual colgaba la insignia de un escorpión rojo. – Lo que si tendremos que hacer es recogerle el pelo – Dijo mientras tomaba una peineta y comenzaba a desheredar los cabellos rubios.
- Aunch, duele – Se quejo, pero nuevamente fue ignorado.
- Tu cabello aun esta mojado… escucha… - Se miraron entre ellas, la más joven salió de la habitación, la otra jalo un cojín para sentarse frente a él. – Tengo una idea del porque llegaste aquí… también se que sabes cuál será tu destino en este lugar… - Deidara bajo la mirada. – Pero Sasori-sama no es una mala persona, yo ayude a cuidarlo cuando era pequeño y puedo asegurarle que no guarda malos sentimientos. Es una persona muy dura y no tolera la traición… no trates de resistirse, es alguien a quien tienes que tratar con cuidado.
- ¿Está tratando de decirme que me doblegue ante él? ¿Qué le permita quitarme la libertad? ¿Qué me tenga como una prostituta más de su harem?
- Sasori-sama no tiene harem… - Respondió de inmediato la mujer.
- ¡No importa! Me tendrá aquí y no sé qué clase de cosas querrá hacerme – Se levanto de golpe. La mujer no se inmuto. Se levanto lentamente y tomo la peineta nuevamente.
- Si te atreves a desobedecer, te castigara… - Con cuidado cepillo su cabello. - … y sus castigos son demasiados severos. Te lo digo por tu bien, eres bastante hermoso y no dudo que serás de su gusto.
- … - Trato de ignorar sus palabras, pero en sí, era difícil.
- No te tratara mal si tu se lo permites – Empezó a recogerle el cabello dejando su típico mechón suelto. – Todo es decisión tuya.
Cerró sus ojos y dejo que lo siguiera peinando. Su cabello quedo recogido por completo, la otra mujer que había salido había regresado con un pañuelo bien doblado. La anciana lo recibió y comenzó a desdoblarla con cuidado dejando ver una peineta con pedrería.
Volvió a mirar por la ventana, pronto el sol comenzaría a ocultarse, miro las botellas transparentes que habían llevado. La mayor de ellas se mojo las manos con el contenido y le empezó a mojar el cabello. De inmediato le llego el olor dulce y agradable, también mojo su fleco. Al final, su cabello parecían hilos de oro por el brillo que habían obtenido.
- Listo… - La más joven pronuncio, dando un suspiro.
- ¿Preparaste la habitación? – Asintió. – Bien muchacho, ahora te llevaron a tu habitación – Haciendo una seña con la mano, dos jóvenes se acercaron.
Deidara comprendió y se levanto. Atravesaron el mismo pasillo por donde había entrado en un principio. Atravesaron un jardín y después un arco vigilado por dos guardias, ahora si iba a ser difícil salir. Pasaron las puertas de varias habitaciones. Entraron a una que estaba abierta y terminando de ser preparada.
Deidara se asombro, era más grande de lo que era la habitación de sus padres y la suya juntas. Miro a dos sirvientas acomodando varias cosas, una mas llego con un futon grande en los brazos, las otras dos le ayudaron a acomodarlo. Habían colocado lámparas de alcohol en cada esquina y algunos arreglos florales, miro la gran ventana, no le sorprendió ver los barrotes, que a pesar de simbolizar su opresión, seguían siendo hermosos. El cielo se había obscurecido mas, avanzo unos pasos más dentro de su nueva jaula, tan grande, tan bella. Tan fría y triste.
- Sasori-sama estará aquí pronto - Una a una las jóvenes comenzaron a salir. – Por favor, recuerde lo que le dije – La anciana hizo una reverencia y salió de la habitación.
- ¿Y ahora qué hago? – Se dejo caer y el kimono se entendió por el piso.
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Itachi avanzo por el pasillo. Sasuke, tomado de su mano, observaba a la gente apresurada, miro después a su hermano quien iba con rostro serio. Se detuvieron frente a un guardia. El menor de los hermanos se quedo en silencio mientras observaba a su hermano hablar.
- Busco a Hoshigaki Kisame… - El mayor observo el gesto duro del guardia y predijo su contestación. – El está esperando un mensaje importante de mi parte.
El guardia frunció el seño y detuvo de golpe a una joven que llevaba una serie de papeles, el símbolo de una nube roja en la manga de su kimono, ordenándole le llamara al ministro. La muchacha asintió rápidamente y corrió dentro del recinto.
A los pocos minutos la imponente figura de Kisame apareció, Sasuke le miro curioso, preguntándose qué quería hablar Itachi con ese hombre.
- Sasuke… - Itachi se agacho para quedar a su altura. – Quédate aquí un momento, no te vayas a mover de aquí, no tardare.
Kisame abrió la puerta que vigilaba el guardia y dejo entrar al joven antes que él. Una vez dentro Itachi se sintió desarmado, se giro lentamente para ver al ministro, quien simplemente le miraba, con su típica sonrisa. Bajo la mirada, buscando las palabras adecuadas para comenzar.
- Yo… - Se paso la lengua por los labios resecos. – Ya tome mi decisión – Espero que Kisame pronunciara algo, pero se mantuvo en silencio. – Me casare con usted.
- … - Su sonrisa se ensancho. – Como dije antes, eres un muchacho inteligente – Se le acerco y lo rodeo con uno de sus brazos, con la mano libre tomo una de las de Itachi, disfruto enormemente la vista que tenia frente a él. El Uchiha se había sonrojado levemente, incapaz de encararle, beso, cerca de los nudillos, la suave y pequeña mano. – Entonces, es un trato… tu padre puede dejar de esconderse hoy mismo – Cuando se separaron el joven se quedo mirando el piso, estando a punto de abrir la puerta le tomo de la barbilla para que le mirara. – Quita esa cara – Sus ojos se abrieron enormemente, aunado al enorme sonrojo que decoro su rostro, al ver el rostro del ministro tan cerca del suyo. – Tu hermano se preocupara si te ve saliendo así – Asintió suavemente y salió de la habitación, seguido del mayor.
- Vámonos, Sasuke – Miro al niño correr y tomar la mano de su hermano.
- A partir de ahora el vendrá, déjalo pasar, quiero que lo escoltes personalmente – Comenzó a caminar rumbo a la sala del emperador.
- Si señor.
En el trayecto paso en lo que había pasado ¿Casarse? En realidad eso no había entrado en sus planes, pero tampoco le desagradaba la idea. Después de descubrir el complot de Fugaku había tenido que mantener más vigilado al ejercito, si podía mantener más controlado a sus hombres de esa manera no le importaba entregar un poco de su amada libertad.
Entro a la sala del emperador, en donde ya había un insoportable cuchicheo, el emperador se mantenía apacible con sus ojos cerrados, a su lado Konan, su esposa, con su siempre serio semblante. Tomo su lugar y espero a que el emperador los callara.
- Daremos comienzo a la reunión – Su grave voz resonó en la gran habitación a pesar del ruido, dejando ver su autoritarismo. – Sasori, comienza.
- El comercio con la parte sureste de china… - Sasori se levanto de donde estaba sentado. – Lo que ha incrementado la expansión de nuestro territorio comercial.
Kisame comenzó a ignorar, la economía le importaba más bien poco, aunque su área dependía de eso. Las guerras siempre se habían movido entrono a la búsqueda de riquezas o conquista de territorios. Observo a Sasori, siempre con su porte serio y elegante. Lo único que tenían en común era que habían tomado sus rangos a una edad relativamente joven
Miro al otro lado de la sala, el principal tesorero del reino parecía estar bastante interesado en el progreso de la economía exterior. Kakuzu, de entre sus amistades él era el mayor y, por supuesto, el más ambicioso. Todo en su vida giraba en torno al dinero; era una persona sumamente seria, incluso más que Sasori. Siempre con el rostro cubierto. Volvió a observar como Sasori terminaba de hablar. Al paso que iban tendría mucho tiempo libre.
La reunión transcurrió como siempre. Una vez terminada, uno a uno los ministros comenzaron a retirarse. Como siempre, Nagato se quedo en su lugar hasta que solo quedaron tres ministros ante él.
- Nagato, tengo que hablar contigo – Se rasco la parte trasera de la cabeza.
- ¿Qué ocurre, Kisame? - Dirigió sus curiosos ojos hasta el. Konan se levanto y le envió una mirada a Nagato, quien solo asintió, y salió por una puerta trasera.
- Pues, quiero que quites los cargos de Uchiha Fugaku. – El emperador le envió una terrorífica mirada. - ¿Qué? No me mires así… me voy a casar con su hijo – Los que estaban ahí le miraron sorprendido. – Y creo que entiendes que no me conviene que su familia este inmiscuida en lago así.
- ¿Tienes idea de lo que esas diciendo?
- Si.
- ¿Cómo demonios lograste que aceptara? – Kisame simplemente se encogió de hombros ante la pregunta de Kakuzu.
- ¿Madara está de acuerdo? – Resalto Sasori.
- A él tampoco le conviene que Fugaku sea condenado a muerte.
- ¡Silencio! – Los tres miraron a Nagato. – A Fugaku no le importo su familia y huyo ¿Por qué habría de perdonar su crimen contra el reino?
- Porque a Itachi le gustaría que toda su familia este ese día…
- ¿Y si Fugaku vuelve a intentarlo?
- Yo me encargare de eliminar su existencia… y si es necesario, también la mía.
- Valla, parece que va enserio – Mofo el pelirrojo.
- Le conviene, el clan Uchiha tiene influencias y una gran fortuna… aun así, no me explico como acepto casarse contigo.
- Pues no lo obligue.
- Kisame… las consecuencias caerán sobre ti… pero sé que cumplías tu palabra.
Los afilados dientes se asomaron en la sonrisa del ministro,
- Pues felicidades – Menciono Sasori, comenzando a retirarse. – Ya pensare en un regalo – Sin más salió de la sala.
- ¿Ya tienen pensado cuando será? – Pronuncio el tesorero.
- No realmente… mañana hablare con él sobre eso.
Nagato rodo los ojos. Nunca debió haber tenido tanta confianza, ahora le trataban sin ningún respeto. Se levanto del trono.
- Para mí es todo por hoy. Buenas noches.
- Buenas noches – Dijeron los dos al unisonó.
- Oye… ¿Qué sabes de los prisioneros que trajeron hoy? – Pregunto Kakuzu.
- Ni me lo recuerdes, eliminaron a una tropa de patrullaje, aun no me explico cómo… aunque no se cómo pueden ser prisioneros ¡Son un montón de niños!
- ¿Niños?
- Bueno… hay un chico... sería un buen soldado. Al momento de encerrarlo peleo como eh visto a pocos – Rememoro con cierta admiración.
- Bueno… ¿Sabes que les harán?
- No – Se estiro, empezando a caminar rumbo a la salida. – Eso cae en manos del tribunal.
- Bien, hasta luego, me largo a dormir… supongo que mañana tendré que hablar con Itachi…
- No te ves muy emocionado… pero es tu problema.
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La habitación se hallaba iluminada por las velas dándole un tono naranja. Deidara se preguntaba cuanto más tendría que esperar. Se hallaba sentado a un lado de la ventana, le gustaba la vista, la forma en la que las antorchas se veían a lo lejos. Las habitaciones del palacio. Recargo su cabeza en una de sus manos, el olor de su cabello había comenzado a hastiarle y estaba sufriendo la nostalgia de poder moldear la arcilla, algo que hacía a diario.
Su cuerpo se crispo al escuchar como la puerta se abría. Volteo a ver y observo al pelirrojo, cuyo nombre aun no se había aprendido, pero que sabía que nunca olvidaría.
- ¿Sabes? Llegaste en el momento indicado – Comenzó a acercarse a él, a paso lento. – Un amigo cercano se casara pronto, serás algo bueno para mostrar.
- ¿Perdón?
- Lo que escuchaste… -Se agacho para verlo a los ojos. – Ahora… - Llevo sus manos a sus hombros, queriendo descubrir sus hombros.
- Detente – Le sujeto de las muñecas.
- ¿Tratas de resistirte?
- ¿Tu qué crees? – Dijo mientras lo empujaba. Sasori sonrió, casi de forma inocente. Sujeto con fuerza las muñecas del rubio y lo empujo contra el duro suelo. Ante esto, Deidara trato de patearlo, pero para el pelirrojo fue fácil detener sus movimientos.
- Eres mío, lo serás hasta que yo quiera – Jalo con violencia el obi para poder desatarlo. Deidara gimió por la molestia que le causo la opresión alrededor de su cuerpo.
Deidara sintió un escalofrió recorrerle el cuerpo entero, uno que le hizo tener miedo, miro directamente los ojos de ese hombre. Una mirada extraña, una que nunca había podido ver en una persona. Cerró los ojos con fuerza y realizo una mueca de desagrado al sentir como el pelirrojo hundía su rostro en su cuello.
Lo siguiente que sintió fueron unos delgados dedos desasiendo la coleta en la que estaban acomodados sus cabellos. Con una de sus manos sujeto las manos de Deidara y la otra la introdujo entre las ropas con el propósito de tomar una de sus piernas y poder hacerla a un lado y chocar sus cuerpos de una manera más fácil. Deidara se resistió a abrir los ojos, completamente asqueado de la situación en la que estaba; nunca, jamás en su joven existencia se había imaginado estar en una situación como esa. Logro zafar sus manos de su agarre y lo empujo con todas sus fuerzas, Sasori perdió el equilibrio y cayó de sentón. Aprovechando eso Deidara se giro y trato de levantarse, logrando avanzar cerca de metro y medio a gatas antes de que el mayor lograra alcanzarlo y tomarlo del cabello para detenerlo.
Deidara había podido sentir sus uñas rasguñándole el cuello cabelludo y estaba seguro que si hubiera tironeado un poco mas fuerte le podría haber arrancado varios mechones de pelo. Sasori lo obligo a girarse y le dio un golpe que resonó en la no tan silenciosa habitación. Cerró los ojos aturdido y sintiendo el sabor de la sangre. Un sabor que ya había tenido el placer de saborear antes en una de sus muchas peleas en las calles. Pero los abrió con miedo al sentir como sus muñecas eran atadas con algo. Trato de encontrar la razón y vio el obi rosa alrededor de sus muñecas.
Lo levanto y lo acomodo sobre el futon que estaba casi pegado a la mesa baja. Trato de levantarse pero Sasori le mantuvo pegado al piso golpeándole con el pie en el abdomen; tomo las horillas del obi y ato cada una a una de las patas de la mesa, para evitar por completo su movimiento.
- Quería ser gentil – Se arrodillo frente a él y separo sus piernas nuevamente. – Tratarte bien para seguir el juego de tu tan linda apariencia, pero creo que no te lo mereces.
Abrió por completo las ropas para poder contemplarlo. Deslizo sus dedos por todo su torso se fascino por la suavidad de la piel, quito la tela que le cubrió los hombros y beso con cuidado esa área. Deidara se removió incomodo, arqueo la espalda y tironeo de sus brazos para tratar de zafarse de las ataduras, pero la mesa era pesada y apenas y podía moverla.
Sasori hizo como si no hubiera visto nada y continúo con un recorrido que iba desde sus hombros hasta su ombligo. Acaricio en interior de los blancos muslos y apretujo sus glúteos. El rubio dio un grito de sorpresa al sentir como uno de los dedos había acariciado su ano.
Volvió a tratar de zafarse, esta vez mas bruscamente, Sasori se alzo y sonrió.
- No lo intentes, lo único que harás es lastimarte – Se agacho y beso debajo de su barbilla.
- ¡Déjame! – Se sacudió pero Sasori siguió besando su cuello. Llevo ambas manos a los glúteos para poder separarlos.
- Relájate - Deidara no pudo entender a que se refería hasta que sintió un dolor lacerándole el trasero.
Dio un grito que resonó en la habitación y todo su cuerpo se tenso. Dolía, dolía demasiado. Apretó el obi con sus manos para tratar de aguantar. Escucho jadeos por parte de Sasori y sintió nauseas. Una de las manos de Sasori se traslado hasta su cadera mientras la otra levantaba su pierna derecha. Una envestida hizo que se quejara de nuevo.
- ¡DEJAME! – Pataleo y grito pero un nuevo golpe le hizo callarse.
- Te lo advierto, mantente callado – Envistió nuevamente, tratando de entrar por completo dentro de el.
Bajo la mirada y vio como el futon se había manchado de sangre. Separo más sus piernas y comenzó a envestirlo, lo más lento que podía para no lastimarlo más. Observo detenidamente el rostro contraído del menor, una expresión que ya había podido ver antes en su vida, escucho sus jadeos de dolor, esa misma clase de sonido que recordaba. Apoyo sus manos a cada lado de la cabeza de Deidara y se empujo con más fuerza, se sentía demasiado bien.
Su interior era caliente y por sobre todas las cosas, estrecho. Beso su pecho y apretó uno de sus pezones, podía sentir como su cuerpo se iba cubriendo de sudor. Se quito la parte superior de su yukata, el calor le era insoportable y de esa manera se podía mover mucho más fácil. Deidara seguía quejándose y jadeando. Eso le molestaba.
Levanto sus piernas y empezó a moverse violentamente, ante los cual el rubio dio un nuevo grito de dolor, pues este no había disminuido en absoluto.
- Bastardo – Su voz se había quebrado y podía sentir como sus ojos se humedecían. Nunca en s vida se había sentido tan humillado.
- Este bastardo es tu dueño – Menciono mientras acariciaba su mejilla. Dio un jadeo más fuerte, iba a acabar. – Y cuando acabe dentro de ti… seré tu dueño para siempre.
- NO – Arqueo su espalda y apoyo ambos pies en el piso tratando de levantar su cuerpo y alejarse lo mayor posible de ese hombre. Para Sasori esa vista fue un mejor estimulante, le habría agradado verlo retorcerse de esa manera de placer. – BASTA.
Ignorando por completo las suplicas del joven, continuo con un bestial ritmo con el cual Deidara un pudo suprimir un grito que Sasori no pudo identificar su fue de placer o de dolor. Apretó los ojos y se hundió lo más que pudo, sujetando la barbilla del rubio y besándolo mientras derramaba toda su simiente en su interior. Los ojos azules se abrieron a más no poder al sentir ese calor recorriéndole las entrañas; trato de ignorar la sensación concentrándose en la suave textura de los labios de ese hombre, su supuesto dueño.
Cuando se separaron tenía la mirada perdida, con la respiración agitada. Sasori salió lentamente de su interior observando como el liquido se resbalaba lentamente desde a hinchada entrada, ligeramente teñida de rojo.
- Buen chico – Susurro en su oído. Comenzó a desatar las muñecas del joven, los brazos se quedaron en la misma posición, como si estuviera muerto. – Definitivamente no te dejare ir.
Lentamente los ojos azules se cerraron, agotados. Aun así, no callo dormido al instante, aun pudo sentir como lo cubría con las sabanas del futon y cómo salía de la habitación.
Mitsuki: Muy bien, al fin quedo.
Suki: Bueno, iremos cambiando lo que son los "Personajes personales" de acuerdo a la pareja principal del capítulo.
Mit: Pero el summary aun tiene algo que no me gusta… pero bueno.
Mitsuki: Supongo que algún día lo cambiaremos.
