Título: Despertar.
Fandom:
Karin (Chibi Vampire)
Claim: Anju Marker
Notas: Para cada vampiro es diferente… cada vampiro tiene motivos diferentes y cada uno lo supera de manera distinta.
Advertencias: Teen. +13.

Disclaimer: Karin no es mío, pertenece a Yuna Kagesaki.


Llanto fúnebre.

¡¿Por qué tiene que separase de nosotros?!

—Te haré sentir mejor…

El sabor de los celos se entremezclaba con la sangre a la perfección, podía escucharse claramente el lujurioso sonido de los colmillos rompiendo la frágil piel humana y atravesando sin dificultad hasta llegar limpiamente a la yugular. La sangre correándose y ensuciando el inmaculado vestido blanco, y la otra parte mojando la garganta seca que pacientemente había aguantado once años… tan sólo imaginando la delicia de la fruta, pero sin atreverse a degustarla.

Jamás había soñado con tan placer. Minutos antes sentía sus sentidos estremecerse, su corazón bombear más rápido y más fuerte, más vivo que nunca. La piel bajo el vestido ardía con desespero, ardía de deseo. Las mejillas se coloreaban inconscientemente de carmín, la garganta quemaba con tal intensidad que le costaba respirar con normalidad. Su mirada estaba fija en la vena que resaltaba en el cuello.

— ¡Anju-chan! ¡Maki-chan!

Miró a la desconcertada Karin, quien aún parecía no entender. No pudo evitar sonreír tristemente en su fuero interno, era consciente de lo que venía a continuación.

—Anju ¿por qué…

—He despertado Onee-san te lo demostraré.

Retiro levemente el guante blanco que cubría su mano. Los rayos del sol calcinaron unos momentos su piel hasta que volvió a cubrirse satisfecha ante la sorpresa de su hermana mayor. El sol se ponía tras ellas.

—Y mi preferencia en la sangre son los celos. —Su voz baja sonó trémula. —La sangre de los corazones que envidian a los que son felices.

— ¡¿Pero Maki por qué?! ¡Es mi amiga!

Anju sonrió ante la desesperación de Karin, cuyo rostro ya estaba colmado de lágrimas.

—Porque era mi preferencia y estaba cerca.

Se estremeció. Apretó contra si el regalo que cargaba.

—Pero es… mi amiga…

Anju se acercó a su hermana.

¡¿Por qué tiene que dejar el mundo al que pertenece?!

— ¿Hubiera sido diferente si hubiera sido alguien que no conocieras? Para nosotros es diferente… —Hizo una pausa en busca de las palabras adecuadas. —Es sólo… el almuerzo. Y su sangre estaba deliciosa, apuesto a que la de Fumio-san también estaba deliciosa…. Y la de Usui Kenta debe de estarlo.

La bolsa de papel alegremente decorada se estampó contra la cara de la menor. Karin temblaba de pies a cabeza y las lágrimas empapaban su rostro. Algo dentro de Anju se resquebrajo.

—Yo soy diferente. Nunca le haré eso a Usui-kun.

Salió corriendo.

Anju sonrió, sin ninguna pizca de alegría en aquel gesto.

¡¿Acaso no es suficiente con tener una familia?!

—Bgi-kun —llamó pero esta vez el muñeco no contesto. Lo tomó entre las manos y lo puso a la altura del rostro. —Bgi-kun. ¿No me vas a felicitar? Lo hice bien. Llegue a casa sin llorar…

No. La respuesta es no. No es suficiente para Onee-san porque ella lo ama, quiere estar con él.

El dolor era terrible, pero la sed estaba saciada. No moriría físicamente porque psicológicamente acaba de morir. Su corazón estaba roto y su alma se encontraba perdida.

Ya no podría ayudar a su querida hermana pero al menos ella estaría feliz ahora. Junto a su Usui-kun. Lejos de Ren-nisan, papá y mamá. Lejos de Anju, no habría más Anju y Karin… porque ahora eran mundos diferentes…

Aunque Onee-san quiera vivir con nosotros y con Usui-kun…

La luna y el sol viven en el mismo cielo pero no conviven. No se ven, no se conocen. Son diferentes, son independientes, nunca se junta la noche con el día y menos la luz con la oscuridad.

¿Quién diría que el despertar sería la despedida?

La despedida a la luz, al mundo humano. A Onee-san.

No podría. Pero al menos ella sería feliz, porque su felicidad no está con los vampiros, sino con el humano.

El cambio de estación al fin había llegado. Sólo que no era transitorio ahora el invierno era permanente.

Esa era la bienvenida al mundo… de la noche y el dolor eterno.