-¿Eve?

Ya había amanecido hacía un buen par de horas, pero Add no se había movido. De hecho, no tenía ni la más mínima intención de levantarse de la cama. Había pensado en quedarse hasta tarde, bajo las mantas, lejos del frío y de la nieve que caía afuera de la ventana. Habría sido un buen plan para los dos de no ser por un pequeño detalle.

Eve no estaba.

-¿Eve? –volvió a llamarla, sin éxito.

Se levantó y apoyó sus pies descalzos sobre el suelo, conteniendo un escalofrío al notar el contraste de temperatura.

-¿Eve? ¿Estás ahí? –empezó a caminar hacia la puerta del baño privado de la habitación- ¡Vamos! Hace frío, está nevando ahí fuera por si no lo has visto.

Abrió la puerta pero no estaba dentro. Se giró, preguntándose si realmente se había ido.

-¿En serio? –pensó- ¿Con el frío que hace?

Unos leves y casi imperceptibles pasos en el pasillo llamaron su atención.

Bueno.

Fuera cual fuera el motivo por el cual se había levantado tan temprano –por no variar- estaba claro que estaba solucionado. Eve regresaba a la habitación, así que…

¿Por qué no recibirla como se merece?

Cuando los pasos se aproximaron lo suficiente a la puerta, Add la abrió de golpe y salió al pasillo con una enorme sonrisa.

-¡Te estaba esperando! –exclamó, abriendo los brazos.

Justo enfrente, Oberon dejó caer el montón de sábanas que llevaba en brazos. Ophelia, quien iba justo detrás, ni se inmutó.

-Este sujeto… este… albino, ¡Este psicópata! –pensó Oberon horrorizado ante la imagen que el compañero de su reina –con una simple camiseta sin mangas y unos boxers morados- le estaba regalando- ¿¡Qué pretende hacerme!?

Se giró, mirando a la sirvienta y posó sus manos en sus hombros.

-Ophelia –habló, con tono grave- He visto algo horrible.

-Recoge lo que has tirado, Oberon –fue su única respuesta.

Add, por su parte, se había puesto azul y todavía no salía del shock.

-Mierda –pensaba, repetidas veces- Mierda, mierda, ¡Mierda! Esto es una pesadilla… Eve… Esto… es culpa tuya…

Ophelia se acercó a él y le habló.

-Maestro Add, se resfriará si anda por ahí sin abrigo –le pasó un albornoz blanco que cargaba junto con más prendas de ropa- Tenga.

-Ah… -consiguió balbucear, tomando la prenda- Gracias… Ophelia…

La sirvienta inclinó levemente la cabeza y continuó su camino seguida por Oberon quien, tras haber recogido su cargamento, le replicaba el haberse dirigido como "maestro" a un pervertido exhibicionista.

-Prometiste aceptarlo –se escuchaban sus voces alejándose.

-¡Eso no quiere decir que vaya a servirle de la noche a la mañana!

-Es la pareja de nuestra reina.

-¡Iba a violarme!

-Sigues portándote como un idiota…

Las voces desaparecieron al final del pasillo y Add se agachó en el suelo, llevándose las manos a la cabeza.

-¡Es una pesadilla!


Abajo, en la sala, Eve monitorizaba y terminaba de arreglar el brazo de Raven, quien estaba sentado justo delante de ella observándola trabajar con los cables y tuercas.

-En serio lamento molestarte, Eve –dijo algo apenado- Pero hace días que no funciona muy bien.

-No te preocupes –contestó sin desviar la mirada de su trabajo-No eres una molestia.

La verdad es que no, no había sido de las mejores sorpresas cuando Ophelia la había despertado, informándola de la presencia del moreno y de la, al parecer, urgencia que tenía.

Bueno.

Amigos o no, nadie despierta a la reina Nasod sin un buen motivo, sobre todo cuando había pensado quedarse hasta tarde bajo las mantas, rodeada por los brazos del peliblanco…

-Hablando de Add –pensó- ¿Se habrá despertado ya? Dormía como una piedra cuando salí del cuarto… Seguramente no, es un holgazán –decidió- Sí me sorprende que decidieras venir.

-Ah… -se rascó la cabeza con la otra mano- Rena insistió.

Eso ya no era tan raro

-Amenazó, mas bien –corrigió con una sonrisa- Algo sobre que no volvería a cocinar nada para mí si no venía a verte hoy mismo… ¡Auch!

-Lo siento –se disculpó mientras terminaba de arreglar unos últimos detalles- Ya está. Ya no debería darte problemas.

Raven estiró, recogió y movió el brazo varias veces, flexionando los dedos para volver a abrirlos. No había descarga ni ninguna chispa. Sonrió satisfecho.

-De todos modos, si te vuelve a pasar, ven por aquí –dijo mirando su trabajo- y lo arreglaré de nuevo.

-Gracias, Eve –contestó- Enserio, gracias. Sé que puedo contar contigo.

Ella le sonrió cálidamente, una expresión que en raras ocasiones había podido observar, y le devolvió el gesto. Rena tenía razón, la reina Nasod era, como había dicho una vez, demasiado mona.

Se levantó del sofá dispuesto a volver a casa.

-En fin, me voy ya. Perdona de nuevo que te haya molestado tan temprano.

-Ya te lo he dicho –contestó, negando con la cabeza, mientras se ponía de pie- No es moles-

No terminó la frase al verse caer hacia atrás cuando tropezó con algunas tuercas que habían quedado en el suelo.

-¡Eve! –gritó Raven.

El ruido sacó de su ensimismamiento al albino, quien bajó las escaleras a toda prisa, llamando a la reina.

-¡Eve!

La escena, sin embargo, no fue la que se esperaba.

Eve, aunque algo sorprendida, no se encontraba lastimada ni nada por el estilo, pero si encima de un Raven que se las había arreglado para atraparla a tiempo y recibir el golpe en su lugar.

-Aagh… eso… ha dolido… -murmuró- ¿Estás bien, Eve?

-S-si, no me ha pasado nada…

-¿¡Qué demonios significa esto!? –gritó el peliblanco, atrayendo la atención de ambos mientras agitaba los brazos con furia, provocando que el albornoz que traía puesto se abriera y mostrara lo que llevaba por debajo.

Raven sonrió.

-Bonito traje, guapo –dijo- Resalta el color de tus ojos.

Al darse cuenta, Add volvió a cerrar el albornoz a toda prisa, mordiéndose la lengua ante la sarta de infortunios que le venían a la mente en ese momento, mientras Eve lo miraba sin entender.

-Hoy no es mi día.


Raven se había marchado hacía apenas veinte minutos y tanto Eve como Add estaban ahora de vuelta en su dormitorio.

Él estaba sentado en la cama, molesto con el mundo, en general.

-Add… -susurró.

-No me hables, es lo mejor –murmuró- Hoy no tengo la mejor de las suertes, así que no quiero contagiártela…

Ella sonrió.

-¿Qué tonterías estás diciendo? –se acercó hasta sentarse a su lado- Tú no das mala suerte.

-Sólo la recibo… De todos modos, ¿Estás bien? ¿Qué pasó allí abajo?

-Sí –asintió- Tropecé, pero Raven detuvo mi caída. Vino por su brazo –añadió.

-¿Tropezaste? –sonrió- ¿La reina Nasod siendo torpe?

Eve le golpeó el hombro.

-¿No será que ya te he pegado mi mala suerte? –susurró, con el semblante triste. Definitivamente hoy no era su día…

Ella lo miró preocupada, pensando algún modo de poder animarlo aunque solo fuese un poco… Sonrió.

-Add… -susurró, llamando su atención. Siempre la miraba cuando decía su nombre- ¿Por qué no te das un baño? El agua caliente te sentará bien.

-Es posible… -susurró, todavía sin ganas.

-He de recoger unas piezas que dejé en la sala pero… -se inclinó hacia adelante, tomando su rostro en sus manos, y lo besó- No me tardaré mucho.

La miró con los ojos de par en par, preguntándose se eso había sido una insinuación.

-Ordenaré que no nos molesten –le susurró al oído, provocándole un escalofrío.

Sí.

Sí que era una insinuación.

Add tomó su rostro y le dio un beso más largo que el anterior. Ella le respondió, posando sus manos sobre sus hombros.

Se separaron breves centímetros y se miraron a los ojos.

-No tardes mucho –susurró.

-No lo haré.

Y mientras Add entraba al baño, Eve salió de la habitación rumbo a la sala. Al bajar las escaleras se cruzó con Ophelia.

-Ophelia –saludó.

-Mi reina –inclinó la cabeza- Ahora mismo le llevo estas toallas a su habitación.

-Gracias –contestó, y prosiguió su camino.

Al entrar en la sala, sin embargo, la realización la golpeó de pronto.

-¡Ophelia! –gritó dando media vuelta, tratando de impedir que la sirvienta entrase a su baño privado- Maldición.

-¿Mi reina? –la llamó Ophelia, saliendo de la cocina- ¿Ocurre algo?

-Ah, Ophelia –suspiró- Menos mal que –se calló de repente- ¿Y las toallas?

-Tenía otras tareas pendientes, así que mandé a Oberon a llevarlas –contestó- ¿Sucede algo malo, majestad?

Pero antes de que Eve pudiese decir nada, un grito se escuchó por toda la casa.

-¿¡Qué demonios estás haciendo tú aquí!?

-¡Sabía que pretendías hacerme algo, sucio pervertido!

-¡EVE!

Mientras el alboroto en la planta superior continuaba, Ophelia negaba con la cabeza mientras Eve maldecía mentalmente.

Esa iba a tener que compensársela.