El anime, Demashita! Powerpuff Girls, no es de mi propiedad.


Capitulo 3 : Dos pájaros de un tiro.

Tres mujeres caminaban tranquilamente por las calles de Tokio. La primera era de largo cabello castaño con rizos, atado en una coleta baja, sus ojos eran de un hermoso color pardo. Vestía con uniforme de secretaria completamente rosa. La segunda era de cabello cobrizo hasta los hombros, sus ojos eran de color gris, y también usaba un uniforme de secretaria, solo que el suyo era negro. La tercera y ultima chica, tenia el cabello pelirrojo en una trenza, ojos de color azul obscuro, y al igual que las otras dos, llevaba un uniforme de secretaria de color gris. Las tres llevaban una maleta de mano, color marrón. Se detuvieron a las afuera de un banco.

—¿Y por que hacemos esto?— Bubbles pregunto.

—Bubbles, estoy empezando a creer que eres sorda— Buttercup rodó los ojos.

—Por que si hacemos esto, mataremos a dos pájaros de un tiro— Respondió la pelimarrón.

—¿Como?— Pregunto nuevamente.

—Robaremos el dinero para pagarle a Mitch—Blossom dijo—, y lograremos que los hermanos jojo, caigan en la trampa— Concluyo.

—Pero...¿no creen que es muy arriesgado?

—Hay que correr riegos— Hablo Buttercup.

—Es cierto. Ya basta de charla, vamos— Ordeno Blossom. Las tres se adentraron al banco, en el cual no habían más de diez personas, contando a los dos guardias. Al momento que entraron, todas las miradas masculinas se dirigieron a las tres guapas muchachas que sonreían con tranquilidad.

—Ya saben que hacer— Blossom murmuro. Buttercup fue hacía un costado de la puerta de cristal, y se apoyo en el muro, con los brazos cruzados. Bubbles se fue a sentar junto a un anciana de cabello blanco, le sonrió amablemente y comenzó a charlar con ella.

—Hola— Dijo el hombre de la caja.

—Hola— Dijo sonriente. Blossom observo por el rabillo de su ojo derecho, y visualizo a sus amigas. Sonrió de medio lado, y coloco la maleta sobre el mármol. La abrió lentamente, sus amigas estaban atentas a los movimientos de la pelimarrón.

—¿Que es lo que necesit...— El hombre dijo, pero calló de inmediato al momento que un arma lo apuntaba.

—Entrega el dinero, idiota.— Dijo sonriente. Los ojos de todos los presentes se abrieron como platos, los guardias quisieron correr a capturar a la chica, pero no pudieron dar ni un paso, por que Buttercup los noqueo, provocando que ambos cayeran al piso. Las personas gritaban. La anciana observo a Bubbles que aparentaba tener temor, y volteo hacia la chica de cabello cobrizo que ahora desconectaba las cámaras. Las personas al notar que las dos chicas estaban distraídas, quisieron escapar, pero Bubbles tomo a la anciana del cuello, y posiciono un arma que saco de su maleta en la nuca de la mujer de edad.

—¡Todos al suelo!— Ordeno Bubbles.—¡Si no la vieja muere!— Grito, todos se arrojaron al suelo, cubriéndose las cabezas. La anciana comenzó a llorar, Bubbles solo rodó los ojos con fastidio. No entendía por que ella tenia que siempre capturar a los rehenes, a ella no le gustaba eso, eran demasiado llorones.

El hombre metía el dinero a la bolsa lo más rápido que podía, pero era algo difícil, ya que sus manos no le respondían por los nervios. Blossom resoplo, le arrebato la bolsa al hombre, y comenzó ella a meter el dinero a la bolsa. El hombre la miraba espantado, solo reacciono a apretar el botón rojo que servia para casos así. La alarma comenzó a sonar. Las tres chicas observaron hacia todos lados, buscando al responsable. Blossom observo al hombre y entrecerró sus ojos con desconfianza.

—¡Fuiste tu!— Lo apunto acusadora mente con el arma.—¡Ya veras!— Grito, pero antes de que pudiera jalar del gatillo, su amiga de cabello cobrizo la jalo del brazo.

—¡Vayámonos!— Ordeno. Blossom observo con furia al hombre que ahora lloraba a mares. Las tres chicas salieron corriendo del banco, con la bolsa llena de dolares en las manos de la pelimarrón. Entraron a un callejón, y se ocultaron detrás de un bote de basura. Vieron pasar a los carros de policías. Esperaron unos diez minutos, cuando ya no había peligro de que pasaran más carros, salieron de su escondite, y corrieron hacía su pequeño apartamento.


—Entonces señora, ¿como dice que era la chica?— El rubio que tenia sobre sus manos un bloc de notas amarillas, pregunto.

—La que estaba conmigo, era de cabello pelirrojo, ojos azules, y...— Se largo a llorar.

—Tranquilícese señora, no llore— El rubio le dio leve palmaditas en la espalda.

—Es que...fue horrible, y-yo...— Trato de decir.

—Señora, tranquilícese, en un momento vuelvo— Dicho esto, se dirigió hacía sus dos hermanos mayores, que observaba todo con fastidio.

—Odio hacer esto— Comento el pelinegro.

—Tenemos que hacerlo, si tendremos que volver a ver el rostro de ese anciano— El pelirrojo dijo, refiriéndose al alcalde.

—Chicos...—Llamo el rubio, ellos lo observaron con una ceja arqueada.—La anciana esta muy espantada para decir algo— Explico.

—Como vamos a averiguar el paradero de esas chicas, si nadie puede ni siquiera pronunciar una palabra.— El pelirrojo se cruzo de brazos.

—Podríamos ver las cámaras de seguridad— Sugirió el rubio.

—Tarado, las desconectaron— Su hermano pelinegro dijo dándole un zape en la nuca.

—Ouch— Se quejo.

—Hay que preguntar a los guardias, quizás ellos recuerden algo de esas tres muchachas— El pelirrojo de gorra dijo.

—No se para que hacemos tantas preguntas, de seguro que fueron las mismas chicas que buscamos— El pelinegro aseguro.

—Indudablemente. Las que hicieron este robo son ellas— El pelirrojo dijo.

—Entonces, ¿para que las preguntas?

—Por que al parecer usaban sus identidades falsas, si sabemos como son esas identidades, encontrarlas sera más fácil que robarle un dulce a un niño.

—Dios, y me dicen idiota a mi— El rubio se golpeo la frente con la palma.

—¿De que hablas?

—Es más que obvio que después de esto, cambiaran de identidades— Dijo con tono obvio en sus palabras.

—Tienes razón, pero no perdemos nada en hacer algunas preguntas— Dijo el pelirrojo. El rubio solo bufo al igual que el moreno.


—Supongo que con esto, la deuda esta pagada— Momoko le dijo seria al chico de cabello marrón.

—Por supuesto— Sonrió.—¿como le hicieron para conseguir el dinero?— Pregunto curioso.

—A ti no te importa— Le dijo. Miyako, que estaba tumbada en un sofá azul algo sucio, observaba la televisión, en ese momento, el noticiero informo que el banco de Tokio fue robado. Los ojos de Mitch se ampliaron, y giro su cabeza hacía la pelirroja, que observaba la televisión, sin expresión alguna.

—¿Robaron el banco?— Pregunto.

—Ya te dije que a ti no te importa, ahora vete— Ordeno, apuntando la puerta principal con el dedo indice.

—Ok, ok...— Rodó los ojos y salio del pequeño apartamento.

—¿Donde esta Kaoru?— Momoko le pregunto a la rubia.

—Ni idea— Respondió con desinterés.— Tal vez esta en su habitación— La ojirosa se dirigió a la habitación de la pelinegra, abrió la puerta y la vio sentada en el suelo, con la mirada fija en la pantalla de la laptop que robaron.

—¿Que ve...— Pregunto pero fue interrumpida por la morena.

—Llama a Miyako— Ordeno sin despegar la vista de la pantalla.

—Eh...¡Miyako!— Grito asomando su cabeza hacía la sala de estar.

—¿Que quieres?— Pregunto suspirando.

—¡Ven!— Dijo.

—¿Para que?

—No lo se, solo ven— La rubia se levanto del sofá perezosamente. Entro a la habitación de la morena, que ahora estaba junto a Momoko, ambas con la vista en la laptop.

—¿Que sucede?

—Observa— Momoko dijo. La rubia se sentó junto a ellas y observo la pantalla. Miyako arqueo una ceja.

—¿Chicos?— Pregunto.

—Imbécil, no son cualquier chicos, son los hermanos jojo— Respondió la morena.

—¿Ellos son?

—Si, y miren, tiene un millón de cargos penales, deberían tener cadena perpetua, pero por una extraña razón, están bajo libertad condicional— Comento Kaoru.

—¡Que injusto!— Protesto la rubia.

—No es ninguna extraña razón que estén bajo libertad condicional— Momoko dijo.

—¿Que?

—Su padre, el es uno de los hombre más millonarios de Tokio, no me digan que no lo sabían.

—Yo ni enterada— Dijo la morena.—Solo los conocía por que las tipas de la prisión me hablaban de ellos— Kaoru continuo hablando.

—¿Que cosas han hecho?.— La rubia pregunto.

—Mmm...robaron a mano armada, asesinaron a mucha gente, son narcotraficantes, y ¡uff!, un millón de cosas más— La ojirosa dijo.

—¡Justicia de mierda!— Exclamo Kaoru enfadada.—¡Deberían estar en prisión!

—Deberían, pero como ya les dije, su padre siempre los salva.

—No es posible— Miyako dijo molesta.

—Acéptalo, si quieres tener libertad, tienes que tener papeles verdes.


—¡Tengo hambre!— Exclamo Kaoru que estaba en el suelo de la sala de estar, ya que la rubia ocupaba el único sofá que había.

—Aguántate— Momoko le dijo.

—¿Hasta cuando?

—Hasta que consigamos más dinero.

—No comprendo por que le diste todo lo que robamos a Mitch, pudimos habernos quedado con algunos dolares— La ojiazul dijo.

—Era mejor darle todo el dinero de una sola vez, si no después no nos dejaría en paz— Momoko explico.

—Pero, ¿como se supone que viviremos si no tenemos dinero?— Kaoru se cruzo de brazos.

—Tendremos que robar.

—Si seguimos robando, nos atraparan— Comento Miyako.

—Nos atraparan de todos modos— Kaoru dijo seria.

—¿Y tú como lo sabes?— Momoko arqueo una ceja.

—Estuve investigando un poco más acerca de esos chicos. Lamentablemente, son muy parecidos a nosotras en su actitud y personalidades, así que, seguramente deben pensar como nosotras tres, o incluso, tal vez, vayan un paso más adelante que nosotras— Kaoru frunció el ceño.

—Puede que tengas razón, de seguro que hasta ya saben que fuimos nosotras las del robo— Miyako dijo.

—Pff. Miyako, era más que obvio que nosotras eramos las del robo— Momoko rodó los ojos.

—Entonces, ¿por que robamos el banco?

—Todo eso es parte de mi plan— Dijo frotándose las manos.

—¿nos podrías explicar tu estúpido plan?— Kaoru pregunto fastidiada de que ella solo explicara breves partes del plan.

—No.

—¿Por que no?— Pregunto la rubia haciendo un puchero.

—Más adelante se los diré— Se levanto del suelo, y camino hasta la puerta principal.— Ahora, vamos.

—¿Adonde?

—A robar algo, a mi también me dio hambre— Dijo a la vez que abría la puerta, las otras dos la siguieron.


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