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12 años después

La bala impacto en el centro de la diana a mil metros de allí.

Ella dejo escapar una risotada de triunfo. A su lado su perro levanto la cabeza atraído por el ruido, pero inmediatamente la dejo caer entre las patas.

-¡¿Has visto eso Rusty!?- pregunto ella acariciando distraídamente el suave pelambre de Rusty quien movió la cola -¡justo en el centro! ¡Un tiro más y habré hecho 15 tiros perfectos!-

Emocionada, Sharon dejo caer el casquete vacio al suelo y cargo otro con la perfección de la práctica diaria. Se acomodo en el diminuto espacio del cuarto, apoyando el rifle sobre el alfeizar de la ventana tapiada, sola la punta del ligero cañón salió casi imperceptible entre los tablones. Puso el ojo en la mira del arma, hasta que percibió la diana lejos de allí como siempre había estado. Podía sentir la casi inexistente luz del laser de la mira, impactar contra el centro de la diana y entonces…Disparo. Sin embargo la bala fue a dar un poco más arriba de la diana perdiéndose en la llanura. Ella bajo el arma incrédula. Nunca fallaba, o al menos no desde hacía semanas. Rusty levanto la cabeza, y su cola dejo de moverse. Sharon miraba perdida el paisaje entre los tablones, como si eso fuera a explicarle porque había fallado tan rotundamente.

-¡DEMONIOS!- grito balanceándose peligrosamente hacia atrás, su pie impacto contra la caja que hacía de mesilla en la habitación, y los vasos térmicos cayeron derramando lo que había quedado de café. Rusty se levanto y ladro inquieto. Sharon bajo el arma aún enfadada como solo una niña de 12 años podría estarlo, miro de nuevo el blanco, enfurruñada con el ceño fruncido al más no poder, soltó una maldición por lo bajo, apoyo su espalda contra la pared de maderos de la habitación pisando la ventana con el pie y dejando el rifle en el suelo. Cruzo los brazos contra el pecho, indignada aún. Tras unos momentos, levanto la muñeca derecha divisando su viejo reloj de pulsera este marcaba las Cuatro en punto. Soltó un grito. Ya iba tarde. Tomo su rifle y se lo colgó a la espalda, se levanto con prisa dándose de lleno en el techo bajo. -¡Venga Rusty! ¡Es hora de irnos!-

El perro ladro enérgico moviendo el rabo. Sharon se movió deprisa cruzando en dos pasos el puesto de vigía de la vieja torre. La escalera estaba pegada a dos vigas oxidadas, los escalones también estaban bastante desgastados pero eso no impedía que Sharon los bajase con una velocidad de vértigo. Rusty siempre detrás de ella, bajaba también. La niña siempre había admirado la habilidad de su pastor para trepar por lugares que normalmente un perro normal no podría, parecía más un gato a un perro. En menos de un minuto ambos estaban en el suelo árido de la llanura, corriendo hasta el camino principal.

En esa zona de Adelaide casi no pasaban autos, solamente algunas motocicletas. Por lo que no había problema en que la niña y su mascota corrieran por el centro de la polvorosa carretera, solo eran diez minutos a pie de la vieja torre a la casa roja de sus abuelos. La podía ver allí al lado del camino, donde siempre había estado. Sharon salto la reja del patio, Rusty la atravesó por un pequeño hoyo y se fue a tumbar bajo una sombra. En la cocina la esperaba su abuela con el teléfono en la mano. Ella dejo el rifle apoyado contra el pie de la escalera. Y espero ansiosa el cambio.

-¡AH! Vaya mira y hablando de ella, acaba de llegar ya te la paso…-dijo su abuela mientras le miraba y le pasaba el teléfono.

-¡Mamá!- grito ella, al tiempo que su abuela pasaba junto a ella y le revolvía los castaños cabellos.

-Hola pequeña Dingo- dijo una voz rasposa de un hombre del otro lado del teléfono.- ¿Cómo has estado?- pregunto Sniper.

-Como siempre- respondió la niña haciendo una mueca mientras con los dedos jugaba con el cable del teléfono.- ¿Cuándo volverán tú y papá? – pregunto.

Del otro lado, Sniper soltó un cargado suspiro, se revolvió en su sitio pensando que decirle a su hija. Era normal que preguntara eso frecuentemente, hacia dos años que pyro y él se habían ido, dejando a la niña con sus padres mientras trabajan en RED. Se paso una mano por la nuca, respirando muy hondo.

-Mira pequeña...Todavía no podemos volver…-

-Nuca pueden- le corto la niña su voz sonaba molesta- Ya han pasado dos años, me prometieron que volverían en dos años-. Replico.

-Las cosas se han complicado pequeña pero iremos pronto te lo prometo-. Respondió rápidamente el francotirador, odiaba romper promesas a su hija, pero era cierto que el asunto se había complicado…y mucho.

-Como no vuelvan me enojare- amenazo la niña. Al otro lado del teléfono su madre soltó una senil carcajada que a ella no le hizo gracia lo decía en serio.- ¡No estoy bromeando!- grito molesta.

-Volveremos es un hecho- dijo Sniper entre risas, ya conocía el bonito carácter de Sharon, a menudo Pyro decía que lo había heredado de él.-Y cuando volvamos quizá vayamos a cazar a la estepa-. Si bien conocía el carácter de la niña también conocía su amor hacia los arcos y los rifles-¿Has estado practicando no?-

Como todo crio, Sharon dejo su enfado por las promesas rotas y le hablo con energía acerca de sus prácticas. Lo hacia cada día, sin falta siempre cuando el sol estaba en lo más alto. Cada vez alejaba más la diana hasta que desaparecía de su campo de visión. Puntería casi perfecta. Sniper se quejo de que debería poner tal empeño en sus estudios a lo que Sharon respondió con un bufido de molestia, ella estaba bien en el colegio manteniéndose sobre el promedio, no necesitaba darle más tiempo al colegio.

-Tal vez cuando termine de estudiar podría unirme contigo en RED- musito la chiquilla bajando la voz en cada palabra, sabia lo que diría su padre al respecto, pero ella siempre había querido ir a con sus padres a ese "buen trabajo que daba buenas ganancias", lo único que necesitaba era su rifle.

-Ya hablaremos de eso cariño- respondió su madre con un deje de voz bastante neutral.-Llamare mañana ¿De acuerdo?-

-¡De acuerdo! Di le a papá que le mando saludos-

-Se los daré pequeña-.

"Adiós" fue lo ultimo que se dijeron antes del que agudo "bip" del teléfono sonara, Sharon colgó de nuevo el desgastado aparato en su soporte; Salió disparada de la cocina, no sin antes abrir a Rusty que esperaba en el patio entre las sombras; Tomo su rifle y subió de dos en dos las viejas escaleras con el perro pegado a sus talones, recorrió el pasillo hasta el ultimo cuarto de la casa, el que le pertenecía. Adentro estaba cálido, gracias a la luz solar que atravesaba las oscuras persianas. Sharon dejo el rifle cerca de su mesita de noche y se tumbo sobre la cama llena de papeles y ropa. Rusty hizo lo propio lamiéndole el rostro antes de acostarse a su lado. Sharon soltó una risita aguda, metió la mano entre las colchas oscuras y saco un papel arrugado y de color rojizo. Lo leyó por enésima vez en el día. En el panfleto sobresalía la palabra "RED" y más abajo escrito en negritas un numero telefónico. La niña ensancho una sonrisita, algún día trabajaría para ellos. Si algún día.