Y aquí vengo de nuevo con un nuevo capítulo, espero que lo disfruten. Este fanfic está lleno de misterio eso de los puedo asegurar. Aunque los protagonistas sean personajes oc, ellos tienen un claro objetivo en este fanfic y ese es nuestro querido Naruto :)


Aclaraciones

— Diálogos entre personajes
asdfasdf— Pensamientos del personaje
asdfasdf - Recuerdos


Capítulo 3 | Interludio: Remembranzas.

"No sé lo que he soñado en la noche pasada. Triste, muy triste debió ser el sueño, pues despierto la angustia me duraba…"

Iwagakure. Algunas noches antes de la reunión de Kabuto y Madara.

—…Esos rostros…

La negrura de la noche hacía sombra en las figuras delante de ella. Un viento helado que sopló de pronto le caló hasta en los huesos que hizo que tiritara de frio por unos instantes. Sus ojos se posaron en aquel manto nocturno en busca de aquél astro blanco resplandeciente y en lugar de eso pudo ver claramente un enorme ojo que la observaba. El halo rojo alrededor de ese orbe lo hacía ver un poco más espeluznante y extraño.

Un ruido seco llamó su atención y al mirar el origen del ruido observó que el cielo de pronto comenzaba a bretarse, los vientos comenzaban a soplar más fuerte y varias figuras comenzaban a aparecerse frente a ella. El gruñido de una bestia hizo eco en el lugar, una bestia de un solo ojo que podía transformarlo en cualquier instante, las diez colas se mecían de un lado a otro con fiereza lanzando hilos de chakra que cortaban todo a su paso. Había sangre y cadáveres adornando el campo de batalla, mientras que delante de ella había un hombre de hermosos cabellos negros que hincado en el suelo le lloraba al cadáver de una joven mujer y sus palabras lanzadas al aire con profundo dolor y arrepentimiento le llenaban de un extraño vacío que le hizo derramar sus lágrimas…

Un ruido seco detrás de ella llamó su atención, se volteó rápidamente para mirar aterrorizada un campo de batalla convertido en masacre. No lograba distinguir bien quienes eran las personas que estaban ya muertas. Miró al cielo y vio a dos personas observar todo tranquilamente desde las alturas, uno de ellos… tenía algo en sus manos, una pequeña esfera negra que comenzaba a absorber algo. Eran almas.

—…Una guerra… —dijo una de las dos personas en el cielo—… Doce almas como pago.

—…¿Quién eres?...

—Mi pobre niña… —una voz melodiosa detrás de ella la hizo voltear, solo un haz de luz, no había nadie—. Estas siendo testigo de lo que la codicia y la guerra le provocan al mundo.

—¿Quién es usted?

—No tengas miedo, todo tiene un porqué y un cuándo —era la voz de una mujer—. Desgraciadamente los más inocentes serán quienes paguen el precio de lo que suceda. Y cuando eso pase…será demasiado tarde.

—¿A qué se refiere?

—Mantengan el curso de las cosas, todo debe pasar como está predestinado. Quizá así puedan salvar a los inocentes…

Abrió sus ojos negros, opacos por la ceguera de nacimiento. Ese sueño había sido tan real y tan extraño, todo lo que vio, lo que sintió le dio mucho miedo. Qué ironía para un ciego, tener que abrir los ojos aun cuando no veía nada. Todo su mundo era simplemente oscuridad.

Se levantó muy temprano aquella mañana. Vivía sola desde que tenía memoria y tuvo que aprender a valerse por sí misma y aprender sobre todo a ver las cosas 'a su manera'. No se molestó en ponerse zapatos, estando ciega su herramienta eran sus pies que por medio de estos sentía las vibraciones de la tierra y así podía ubicar los objetos y a las personas. Era como ver, pero de una manera diferente. Se puso un sencillo kimono gris y salió de su pequeña casa con un bolso colgado en el hombro, dentro había muchas variedades de hiervas medicinales, su función en la aldea de la roca, era ayudar a los enfermos que no tenían como pagar a un médico.

—Ohayo, señora Ikuko... —saludó ella en la puerta de una casa, la mujer mayor le sonrió—. ¿Cómo está el pequeño Takeshi?

—Ohayo, Mao San… —la mujer dejó la escoba a un lado para acercarse a la joven—. Mi hijo se encuentra mejor gracias a tu ayuda. Ya no hay rastros del veneno en su cuerpo.

—Me alegro mucho… —la pelinegra sonrió mientras buscaba a tientas dentro de su bolso un pequeño frasco con un líquido transparente—. He venido a traerle esto, como se lo prometí, le servirá a Takeshi Kun por efectos secundarios que el veneno pudiera provocar.

—Gracias, eres de mucha ayuda.

—No me lo agradezca, lo hago con gusto. Sólo dígale a Takeshi Kun que tenga más cuidado con las serpientes.

—Lo haré, gracias… ¿Gustas pasar a tomar un poco de Te?

—Gracias por su ofrecimiento pero voy de prisa al bosque, me quedé sin hiervas y necesito abastecerme. Hasta luego, señora Ikuko —Maonyan caminaba con paso lento al bosque detrás de la aldea de la roca. Estaba consciente de que una persona a lo lejos la observaba. Dicha persona no hacía nada más que estar parado a lado de un árbol a algunos metros lejos de ella, no lo sintió como una amenaza, pero aun así estaba lista para cualquier cosa—. Haber…en donde estaba esa planta…

La pelinegra de pronto se dio cuenta por las vibraciones de la tierra, que estaba muy cerca de un risco. Estuvo a punto de caer hasta que unos brazos la sostuvieron firmemente.

—Señorita, debe tener más cuidado por dónde camina… —la voz de un joven se hizo presente—. ¿No vio que estaba muy cerca del risco?

—Disculpe…—dijo ella algo incómoda, no estaba acostumbrada a que la gente la tocara—. Es solo que yo… no pude sentir las vibraciones.

—Oh, disculpe… no me había dado cuenta de que usted…

—Estoy ciega sí, no se preocupe… es de nacimiento.

—Mi nombre es Usui Senju, mucho gusto… —le sonrió a la joven delante de él.

—Maonyan…—dijo ella para luego quedarse callada unos instantes—. No sabría decirle mi apellido porque no lo sé.

—¿No lo sabe? —dijo extrañado—. ¿Tiene familia?

—No, yo vivo sola. Mis padres me abandonaron cuando era más pequeña así que no sé nada de ellos.

—¿Qué hacía aquí sola? —dijo Usui algo preocupado—. Es peligroso que ande sola por aquí.

—Venía a buscar algunas cosas para curar a un enfermo. ¿Usted es ninja, no?

—Sí. Soy de Konoha, estoy en una misión siguiendo a un criminal de bajo rango. Si no le molesta, la acompaño de vuelta a la aldea.

—No es molestia, muchas gracias.

A lo lejos un hombre con capa gris observaba la escena y sonreía. Kabuto miraba con asombro y extrañeza aquel suceso. Sin duda esto le serviría mucho. Un Senju y una joven que se parecía demasiado a Madara Uchiha.

Iwagakure. Una semana después de la reunión de Kabuto y Madara.

Aquella mañana se había levantado con una sonrisa en su pálido rostro y pensaba en lo que haría ese día después de curar a un enfermo de la aldea. Hace una semana se había topado accidentalmente con un chico muy agradable a su parecer, que solo iba de paso por la aldea en una misión rápida. No supo por qué, pero aunque no podía ver su rostro él se le hizo demasiado familiar y al parecer a él le pasaba lo mismo, porque en menos de cinco días ya se trataban como si fuesen hermanos, amigos o algo parecido. Todos los días sin falta desde hace una semana Usui iba a visitarla a su casa y se pasaba la tarde con ella mientras no tenía misiones y compartían el almuerzo juntos o en algunas ocasiones tan solo se sentaban a platicar de sus vidas o lo que recordaban de ella.

Después de hacer sus deberes en la aldea, se dirigió a paso lento pero seguro al lago cerca del bosque de la roca, mientras aspiraba el olor dulce de las flores cercanas a ella y se recostaba cerca de un árbol dejando a lado de ella una canasta lleno de algunos onigiris, después de algunos minutos transcurridos, los ruidos de pisadas hacían eco en sus oídos dándole a entender que Usui se acercaba. El rubio se detuvo a unos pasos cerca de ella mientras le miraba cerrar los ojos y disfrutar de la tranquilidad de la naturaleza, ella le recordaba a alguien pero no sabía exactamente a quien.

—Creí que ya no llegarías, Usui Kun… —dijo ella llamando su atención mientras el aludido se sentaba a su lado y sonreía—. Esta vez tardaste.

—Bueno, en la aldea comienzan a preguntarme el motivo por el cual vengo seguido para acá… —dijo recordando la mirada del Hokage—. Creo que tienen curiosidad.

—¿Y qué les dijiste? —rió ella mientras le ofrecía un onigiri—. ¿Que ahora tu atención está centrada en una chica ciega y algo apática?

—¿Apática? —preguntó sonriendo—. Más bien les dije que mi reciente interés está en una chica alegre y jovial con la que me topé accidentalmente al borde de un precipicio.

—Creo que algunos no me consideran alegre… —dijo ella—. Muchos piensan que soy algo… aterradora y apática. Los pocos que me conocen son algunas familias a los que he curado de algunas enfermedades, sobre todo al Tsuchikage y su nieta.

—Creo que muchos juzgan sin conocer… No sé porque piensan que eres aterradora, es ridículo.

—Tú tampoco me conoces Usui… —afirmó—. Digo… parecemos dos amigos que no se han visto en años, hablando figurativamente claro.

—Pues es raro que lo digas —dijo pensativo mientras se recostaba en el césped—. De hecho desde que te vi hace una semana, sentí que te conocía de algún lado…

—Se siente familiar tu presencia —dijo ella sentándose frente a él haciendo que este se parara de donde estaba acostado, se sorprendió cuando ella comenzó a tocar su rostro con sus manos.

—¿Qué haces?

—Intento saber cómo eres…

—Tenerte tan cerca me pone nervioso —dijo bromeando.

—No bromees conmigo —rió—, ¡No vayas a enamorarte de mí!

—No lo sé, creo que lo que siento es algo más…fraternal —ella se sentó de nuevo a su lado—. Como si fuésemos…

—¿Hermanos? —añadió algo seria.

—Exacto. Míralo de este modo… —dijo recostándose de nuevo en el césped—. Quizá nos conocimos antes, en alguna vida pasada… quien sabe, a lo mejor en esa vida tú fuiste un hombre —comenzó a imaginárselo y comenzó a reír provocando la risa de ella—. Quizá algún asesino o líder de algún poderoso clan.

—Eso suena algo demasiado bizarro —le siguió el juego—. Quizá sí era un hombre y tú y yo éramos los más grandes rivales y enemigos. No sé, se me ocurre una lucha entre dos hombres con armaduras.

Usui rió por lo bajo y por lo irónico que resultaba el asunto. Él había imaginado lo mismo hacía algunos instantes. Mientras a lo lejos un hombre observaba atónito la escena que se presentaba ante sus ojos, ese chico era la viva imagen de Hashirama Senju, miró el rostro de la chica con detenimiento. Kabuto escuchaba la conversación y aquella escena de la que los dos jóvenes hablaban se parecía demasiado a una; miró de reojo algo más lejos, Madara escondido observaba la misma escena y miraba serio la situación.

—¿Será posible que… —se preguntó Kabuto desapareciendo del lugar mientras Madara observaba a la joven despedirse de Usui y quedarse sola en el bosque.

La joven pelinegra se disponía a marcharse hasta que sintió una presencia extraña pero familiar que la hizo detenerse, se tocó el pecho al sentir un extraño vacío como si estuviese cayendo lentamente. Madara la miraba de espaldas, su mirada no tenía expresión alguna, parecía entre aliviada, perturbada y decidida. Se acercó un poco a ella y en su mano preparaba un jutsu para atacarla, no la quería viva, no quería nada de ese pasado que le recordara a ella.

El Uchiha mayor la miró con profundo odio mientras la joven presentía algo pero no se movió de su lugar como si algo le advirtiera que era peligroso salir corriendo, presentía a alguien detrás de ella que se acercaba, sentía su mirada de odio, de molestia, sentía que aquella extraña persona la odiaba por alguna razón. Madara odiaba ese pasado, odiaba su error de haberse metido con esa mujer, él no quería estorbos en sus planes, y esa niña era un estorbo, lo sentía, sentía que si ella seguía viviendo, algo pasaría. Su existencia era un completo error.

Cerró sus ojos, tenía miedo, un extraño miedo y no sabía porque, aquel hombre se acercó a ella dispuesto a atravesarle el pecho, hasta que ella se volteó instantáneamente con los ojos cerrados y las manos en el pecho, estaba temblando, fue entonces que Madara miró su rostro y su mano se detuvo a centímetros de su pecho.

No puedo… —pensó perturbado bajando la mano y su mirada se ensombrecía, la chica dejó de temblar por unos instantes y abrió sus nublados ojos negros mientras él la miraba con un extraño sentimiento—…Tu mirada se parece tanto a la de tu madre.

La joven que vivía sus días en completa oscuridad se sorprendió de las palabras de aquel hombre, no podía articular palabra alguna, sentía que si decía algo ese hombre la mataría, sentía su odio y aunque no le conocía ese odio le dolía en lo más profundo de su ser. Fue entonces que Obito apareció de la nada junto con Kabuto y él primero miró la escena claramente sorprendido.

—Así que ella es… —dijo Obito captando la atención del Uchiha mayor.

—No digas cosas innecesarias, no quiero que sepa nada —Madara se separó de la joven dándole la espalda a los presentes, Obito le miraba extraño.

—Por lo que puedo ver, estuviste a punto de matarla, vaya… no es de sorprenderse contigo.

—Cállate Kabuto. Ya te lo advertí.

A Maonyan se le hizo demasiado conocido el nombre de Kabuto y los otros dos presentes…sus voces las sentía muy conocidas, más él hombre de voz gruesa, que al parecer estuvo a punto de matarla. Obito miró a la chica que parecía de no más de 16 años, sin duda se parecía mucho a Madara. El mayor miró a la joven y con una mirada de disgusto se dirigió a ella, asustándola cuando la tomó de la mano bruscamente y miles de imágenes pasaron por su mente como una película provocando que se mareara.

—He puesto un poco de mi chakra en ti, niña... —Madara la soltó alejándose de ella como si su tacto le provocara asco—. Así sabré en donde estás si te llegas a escapar, vendremos por ti dentro de dos noches.

Los tres desaparecieron sin dejar rastro, tan solo se sintió el ruido del aire correr entre las hojas de los árboles y los animales nocturnos que comenzaban a aparecer, todavía sentía que las piernas le temblaban. Ese hombre, su cercanía le provocaba dolor y sufrimiento y no supo porque.


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