Descarga de responsabilidad: Yuri On Ice! con todo y sus momentos homosensuales canon no me pertenece.
Advertencia: Yaoi. Sexo. Depresión. No beteado.
Cronopios del autor: Esta semana mi Hype llegó a niveles épicos, jamás me había pasado. Creo que sólo se comparara el día en que Onodera acepte sus sentimientos por Takano, porque ni cuando me ofrecieron matrimonio me sentí así de emocionada, extasiada. Osea… una cosa es jugar con tus amigas y decir: Pinchis homos, y otra muy diferente es… QUE SE HAGAN CANON, no me –inserte palabra súper obscena-. En fin, tanto fue el hype que el capítulo de esta semana se convirtió en otro longfic que nada NADA tiene que ver con este bebé, por el contrario aquel es un omegaverse (¿?. Tardé en escribir este porque lo tuve que "reescribir", sin embargo, aquí lo tienen. Disfruten mucho, y confesaré que disfruté mucho escribirlo, gracias por leer.
Pd. Sí, el accidente del capítulo pasado fue un "tributo" al accidente sufrido por mi bello bebé Hanyu Yuzuru; yo creo que fue totalmente intencional tal como lo es en el capítulo pasado 7n7
Agradecimiento: A Rooss, la muy bella admi de "Recomiendo fics" sigue haciendo de las suyas y ahora me ha dado la preciosa portada que empezamos a usar a partir de este capítulo -inserte corazón ghei-, me tiene demasiado consentida y yo sólo sé escribir fics ;n;
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Diez razones para no casarte con Viktor Nikiforov
por St. Yukiona
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3.- Habrá cosas de él que jamás sepas cómo el qué piensa mientras en silencio está.
La Yukionna
El esbelto cuerpo se difumina en el centro, entre el vaho que emana de los labios de quién lo observe, si nadie lo observa sólo es una pluma que se desliza sobre el hielo. Las hojas de sus patines parecen apenas tocar la superficie alzando escarcha que pronto quedará desvanecida sobre la blancura impenetrable, jamás ha besado esa superficie, es demasiado perfecto como para caer. Todo lo que le rodean son como pequeñas estrellas que pronto volverán a ser dispersas cuando vuelva a retornar en piruetas la misma trayectoria haciendo constelaciones, es dios y ni siquiera lo sabe.
Sus brazos se desprenden de los movimientos cotidianos, es como si todo él flotara. La seguridad que hay en cada uno de sus pasos se vuelve más grande conforme más tiempo pasa sobre la pista. Nadie puede detenerlo, y aunque quieras odiarlo, es imposible. Quedas embelesado, enamorado. Bajo de una excitación que te ínsita a poseerlo, pero sabes que si llegas a ponerle la mano encima, la fiebre subirá hasta que te vuelvas fuego y te consumas a ti mismo.
No importa como lo mires, no es de este mundo.
La Yukionna entra a escenario y todos se congelan. Basta una mirada para que olviden su existencia misma inmersa en sus facciones, sus gestos… te atrapa y te engulle. Los movimientos se vuelven atrevidos, te provocan a pedir más y más pero estos no caen en juegos ni sexuales ni angelicales, hay algo que va más allá de lo terrenal pero que sería pecado considerarlo celestial. Es un nuevo paréntesis inexplorable, un hito que sumerge al espectador hasta dejarlo en un frenesí total, nadie sabe nada más que mirarle fijamente.
El ruido de la música y su rítmico avanzar, hay una respiración contenida en el ambiente, quien pestañee pierde y nadie quiere perder.
La Yukionna sabe que los tiene en sus manos, bajo su hechizo, es un embrujo involuntario. Un encanto que le fue concedido a pesar que naciera humano y naciera hombre. La Yukionna había amado mucho a los hombres y por eso al reencarnar tomó la forma de uno. No extraña el invierno porque la estación vive en su cuerpo pálido que se moja en terebintos cuando debe lavarlo, en su cabello que se mece con cada giro emulando complicados patrones de copos que una vez creo con sus manos, en su mirada dada a congelar a cual valiente se atreva a sostenerla sin escuchar las advertencias.
La figura se le traza reveladora en esos trajes ajustados; la silueta andrógina herencia de su época como ente sobrenatural no desaparece y atrae miradas lascivas, así como miradas de adoración y envidia. Nada se le puede hacer, nació con el propósito de atraer a los hombres y haceros recobrar el camino sólo para cobrar un alto costo: la vida.
Un cuerpo nacido para la adoración, una mentalidad hecha para la victoria, un pedestal elaborado a su medida. Nadie podría usarlo si no es él. Su corazón es sellado, porque la Yukionna no ama, sólo sabe hacer su trabajo, atraer a los hombres para llevarlos hasta sus limites y después…
—¿Cómo te llamas?
—Christopher Giacometti.
—Bueno, Chris… nos veremos en el Grand Prix.
Sólo para hacerlo creer que un día va a poder coronarse con rosas y azucenas, hacerlo añorar un oro dulce, obligarlo a desear el podio sólo más que la necesidad de volver a ver a esa Yukionna de cabellos platinados y mirada amable, verla andar sobre afiladas cuchillas haciendo que hasta el propio hielo se sintiera indigno de ser pisado por él. Pero, oh, una vez que lo tiene ahí, sobre el escozor de la última batalla, la gana con tanta facilidad que hace ver el esfuerzo del resto como un mero desgaste innecesario.
La Yukionna, Viktor Nikiforov, el mundo te ama.
El mundo lo tienes a tus pies.
O al menos, lo tenías…
Pero ahora.
Con el mundo a su entera disposición...
No siente nada.
Viktor está hastiado.
Los flashes y el vitoreo son desagradables, el mismo oro dulzón con el cual se alimentó durante una decada le sabe amargo, las rosas y las azucenas se marchitan más rápido de lo que tardan en adornar su cabello de fina plata, el mismo mundo que lo adoraba ha logrado matar de a poco a la Yukionna que vive en él. Ver su sonrisa de catalogo colgado en aparadores finos de artículos deportivos y escaparates de moda le sabe amargo. Esa sonrisa la entrena todas las noches antes de dormir tal como entrena sus saltos en la pista de patinaje por lo cual no sabe qué es peor. Lo han divinizado al punto que es difícil ver a Viktor con ojos humanos.
No hay más mundo que conquistar.
"Quédate a mi lado" –Stay close to me-, no es más que una súplica desesperada, para que la Yukionna deje de agonizar, para que no le abandoné y le conceda su gracia una vez más para seguir haciendo la música que le marca un ritmo para seguir. Una razón para existir.
La yukionna es un ente que vive ahora sólo dentro del folclor japones, así como él pasará de ser una leyenda viva a una leyenda contada entre comentarista y usada como regla por patinadores más jóvenes para seguir adelante con la esperanza de un día poder superarlo. Debería sentirse bien, pero sólo sabe sentirse miserable y desgraciado. No hay motivación alguna en su vida y está a nada de dimitir de su propia existencia.
—¿Qué tienes planeado para la siguiente temporada?
En esos momentos le haría bien fumar un cigarrillo, aunque ni siquiera sabe cómo encender un cigarro, pero ha visto como el tabaco ayuda a calmar la ansiedad en las personas a su alrededor. Yakov fuma después de cada practica y el cansancio de lidiar con él y Yuri parece desaparecer de sus hombros. También tiene ganas de quedarse despierto hasta la madrugada, sospesando que hará ahora de su día, mes, vida… después volver y responder ese cuestionamiento. Pero no se puede permitir tal descuido.
—Mañana te respondo —aclara con una sonrisa coqueta agregado a un guiño, la periodista se sonroja y todos ríen, él ríe, elude la respuesta aunque en realidad… quiere responder esa pregunta mañana. Porque el mañana nunca llega y el hoy es para siempre.
Está en una etapa en lo que todo es incierto: navegando en aguas inexploradas. Había escuchado de otros compañeros sobre los llamados "bajones" pero él se creyó siempre inmune. Lo que no sabía es que desde hacía unos años atrás estaba en un constante "bajón", uno que no se detendría pues la melodía de la Yukionna se extinguía segundo a segundo.
Desesperado.
Ansioso.
—Viktor… —gime con tono estrangulado Yuri sobre la piel de su cuello. Nota la tensión de su hombría en respuesta del fiero abrazo en la intimidad del japonés que no deja de mover sus caderas contra él. Sus manos sostienen posesivamente aquella delgada figura que tiende a engordar, sus dedos recorren hasta la espalda baja donde encuentra varias estrías producto de subir y bajar de peso tan bruscamente. Suspira y su mirada se entrecierra disfrutando plenamente como el rostro de Yuri se descompone en un éxtasis que no es de ese mundo.
Lo conoce, le sabe de memoria, Katsuki está por lejos de mancharlos a ambos con su blanca semilla, pero ese momento, en que logra rozar con la gloria del cuerpo y Yuri se deshace en gemidos y sus manos se vuelven peligrosas garras que marcan y se aferran a la piel de donde se esté sosteniendo, es la que más le gusta a Viktor, soportando los espasmos en su propio vientre, luchando por no terminar por correrse él y controlando su respiración.
Eros.
Viktor le besa la boca, bebe de su saliva y decide que es el mejor sabor en el mundo, haciéndolos girar para quedar sobre el menor, las piernas delgadas y firmes se enredan con práctica facilidad al cuerpo de su esposo que no deja de mecerse con frenesí; la nueva postura le permite si bien no llegar de forma directa al punto exacto, lo roza volviendo el rostro de Yuri en un poema a la desesperación. Le recrimina con la mirada, con esos indecentes ojos castaños únicamente para hacer que los cierre cuando vuelve las penetraciones más lentas, las manos caen contra el colchón al quedarse sin fuerza, gime con más lentitud y en dos escalas más bajas de su tono habitual. Viktor cierra los ojos totalmente fuera de sí.
Esa es la otra música que Yuri es capaz de hacer para él.
De hacer para su Yukionna.
Sus ojos se humedecen y el corazón se le encoge al japonés cuando ahora le toca a él beber de Viktor, las lagrimas saladas que sabe que llegan cada vez que Nikiforov se encuentra sobreexcitado, un extraño calor lo envuelve mientras lucha contra el cansancio de una segunda ronda en la noche para atraer al mayor y abrazarlo con calma, besando las mejillas, haciendo de puerto seguro y asegurándole que todo estará bien, que él existe para ser el contenedor de su amor y que nadie más en ese mundo, o el otro, podrá amarlo con la intensidad que él lo ama, no dice una sola palabra en realidad, pero en ese abrazo en medio del sexo le dice todo eso al ruso que restriega su mejilla caliente y transpirada contra la del menor.
En un instante el universo se inmola sobre Katsuki que sólo sabe que es el hombre más afortunado sobre la tierra aunque no comprenda del todo a ese individuo que nadie sabe de dónde salió. Pero sabe, al menos hasta ese momento, a donde quiere llegar, a donde los quiere llevar y lo reafirma cuando lo siente moverse aún en esa incómoda posición que por algún motivo no le gusta al japonés pues no puede ver el gesto de su esposo mientras éste gruñe y muerde su cuello. Lo siente enterrarse más y más, y él vuelve a llenar la habitación en sonoras arias dedicada al placer. La espalda del ruso se encorva ante los surcos rojos hechos por las uñas del japonés que sufre con cada embestida hasta que llega al borde y todo en él se vuelve hielo, escarcha, nieve e invierno.
Blanco invierno que llena a Katsuki.
Se sobresalta cuando la puerta de la psicóloga es abierta de golpe, los recuerdos de la noche anterior se ven truncos y son hiel cuando en el gesto de Yuri le dice que algo no va bien. Escucha atrás a la psicóloga hablarle sin ningún resultado. Viktor se apresura a hacer el pago correspondiente de la visita semanal con aquella que promete ayudar a curar a Yuri de ese pánico nacido de la paranoia de que sólo saldrá a la pista para fracasar, para lastimarse o ser lastimado. Aún no pueden explicarse especialistas cómo es que ese golpe en la pista de la copa de China logró afectar tanto a un patinador experimentadio, y es precisamente la psicóloga que atiende a Yuri la que llega a la conclusión de que se trató de una gota que derramó la presa de inseguridades, temores y demás defectos que había acumulado durante años y que únicamente habían sido cubiertos con "banditas" por el propio Yuri para poder seguir adelante pero que ahora no podía más.
Sus manos se entrelazan una vez Yuri salen de la sala de espera del consultorio de la psicóloga. Bien decía él: No era novedad su debilidad mental, sin embargo, para Viktor las emociones humanas siguen siendo un camino escarpado, no quiere cometer más errores con Yuri a su lado, ese mismo pensamiento lo había llevado a pensar que sus palabras debían ser filtradas cuidadosamente para no herir al menor, pero éste era demasiado suspicaz como para no notar la precisión del diálogo que solía mantener con su marido, y tras una advertencia como: "¿Qué diablos haces? ¿Qué me estás ocultando?", Viktor tuvo que decirle que ahora pensaba en sus respuestas diez veces más para no herirlo.
En ese momento Viktor había pensado que Yuri iba a reaccionar igual que aquel día en la Copa de China, un extraño pánico lo había invadido, sin embargo el moreno soltó una alegre carcajada seguida de un abrazo que desconcertó por completo al ruso.
Ahora que ambos caminaban en silencio, el menor con gesto destrozado, lejos de aquella alegre sonrisa, el ruso no podía dejar de pensar cuántas expresiones le faltaban por conocer del japonés. Su mano hala la del menor y éste suelta un quejido cuando se encuentran en uno de los pasillos solitarios de la edificación que juntaba varios consultorios especialistas. Ahí el ruso busca calmar la tristeza ajena con un beso, un arrebatador y violento beso que logra sacar un suave quejido. Yuri mira con ojos cristalinos a su esposo y sus brazos se guían a estrecharlo, abrazarlo, aferrarlo hacia él, intentando fundirlo en sí, consumir esa vitalidad y fuerza que la Yukionna aún mantiene dentro del cuerpo del ruso.
Viktor sostiene al menor permitiéndole desahogarse contra su cuello. Su oído, siempre sensible, logra captar perfectamente uno, dos, cuatro, seis gemidos, dolorosos, no como a los que está acostumbrado, sino de esos que odia escuchar. Sus manos suben y bajan por la espalda esperando a que calme sólo para dejarlas quietas cuando empieza a notar como los jadeos de la respiración copiosa por el llanto comienza a aminorar.
—Di… di-dijo que… deberé tomar medicamentos… para dormir… yo… —la voz controlada está rota y Viktor sólo lo sostiene, como agua que busca que no se derrame de sus manos—. Yo quiero patinar, Viktor ¡Quiero patinar! —grita lo último Yuri destrozado.
El tiempo se le pasa a Yuri, y a diferencia de Viktor, siente que nadie hace música para él.
El primer reflejo de Viktor es seguir abrazando a Yuri hasta que el llanto cese pero, eso podría llevar largos minutos de impaciente espera. Por desgracia Viktor no posee la cualidad de la paciencia así que decide coger de la mano a su esposo y corre, corre con la misma ansiedad con la que corrió a coger el primer vuelo a Japón después de que el cuerpo de Yuri despertará en él a la Yukionna que había empezado a agonizar.
El pulso alterado de Viktor, la respiración copiosa, los latidos desbocados que por algún motivo Yuri es capaz de escuchar se vuelven en un extraño pero precioso ritmo que provocan en él una catarsis. Las lágrimas en Yuri dejan de saber amargas, se vuelven más dulces y la mueca no está deformada por el dolor, sino por una extraña y masoquista alegría. Sus pasos torpes se acompasan casi de inmediato con la carrera de Viktor.
En sus cabezas se han vuelto un borrón que pasa rápido entre las calles de Tokio, cuando en realidad sólo son dos seres inaccesibles para cualquiera que corren tan rápido como la ajetreada vida en la ciudad se los permite.
Los cabellos platinados saltan sobre la frente, pican los ojos, las orejas y se desacomodan. Yuri lucha contra sus lentes para que no se caigan, pero en un alto que cruzan de forma suicida sorteando autos, aprovechando el tráfico, decide quitarlos y tirarlos al azar en la calle, corre más rápido siendo él el que hale de Viktor que parece querer desfallecer, tira de él, lo empuja a que lo siga y el ruso sólo sabe reír para seguirlo, con pasos titubeantes, ya no tiene quince dulces años, su cuerpo terrenal le falla pero es Yukionna y su Yuri los que le llevan a dar otro paso tras otro, volviéndose inmateriales con las risas que le saben a gloria.
Doblan en una calle, en otra, en otra, se han perdido y no saben dónde están, pero la velocidad de sus pasos no se ve afectada, ni siquiera por el cansancio o la desorientación. No saben hacia dónde se dirigen pero en sus corazones su destino está fijo. No pueden perderse no si se tienen el uno al otro, pues ellos juntos son todo el hogar que necesitan desde Shangai hasta Nueva York.
Divisan en la lejanía un parque al cual internan y de la misma forma inesperada en que Viktor se echará a correr sin aparente razón se detiene para impulsar a Yuri hacia una pila de hojas secas que el otoño está dejando a su pasó. Y el escenario se vuelve rojo, naranja, rosado y café. La cama de hojas muertas amortigua la caída del menor que sólo sabe reír, reír hasta el grado que su estomago duele, las lagrimas que surcaron su rostro parecen una historia vieja y se queda tirado con los últimos ecos de sus risas deshaciéndose en suaves jadeos mientras su mirada se pierde en el cielo azul, aunque por un momento no sabe si es realmente el cielo o los ojos de Viktor que le miran fijamente.
Sus labios se unen y se vuelve a abrazar a él con necesidad.
— Sólo los idiotas se enamoran de ti, los idiotas y yo, Viktor Nikiforov…
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Gracias por los favs, follows y reviews, son lo más, no saben cuan feliz me hacen c:
Review:
HLL: Antes que nada, mil gracias por leer, de verdad que me da alegría ver que la historia es leída. Yo trato de escribir cositos que no sean angst, ni hurt, ni drama, pero es lo que me sale, permito que la inspiración sea la que redacte y bueno, ya ves los resultados, espero que te siga gustando la historia y espero tus opiniones para éste capítulo. Saludos, y gracias otra vez c:
Lola: Tadán! la conti c: Gracias por leer =D
Yukipab: Aquí tienes la continuación, gracias por tus palabras de aliento. Gracias por leer. Saludos!
Mei: Wo! Muchas gracias por tus bellas palabras, las leí escuchando "Intoxicated", la canción del sugestivo programa corto de Chris, y dios... puff... -ya ponte seria, lo siento, divago mucho. No creo que sea el mejor, están empezando a haber trabajos muy buenos pero igual, muchas gracias por considerarlo de esa manera. Aquí tienes una nueva entrega y espero saber tu opinión. A "Recomiendo fanfics", le debo gran parte de lecturas que han tenido varios de mis fics, pero sobre todo a Roomi, la bella admi que se encarga del fandom YoI. Doy gracias que llegaste desde ellos. Un saludo y nos seguimos leyendo. c:
Misune: :v no te voy a enterrar el cuchillo sino hasta el final. Hahahaha, gracias por leerlo y por tus bellas palabras, mando muchos saludos.
Berlice: Aquí tienes el siguiente capítulo, muchas gracias por leerlo. Espero que te agrade esta tercera entrega. Un saludo enorme c:
Gracias por leer.
St. Yukionna.
Quien los ama de corazón, costilla y pulmón.
