Ocaso
Tomamos la avenida principal, girando al norte por el boulevard Yamashi e intentando llevar un ritmo adecuado en la velocidad. Él mantenía un semblante serio, y un mirar duro que tensaba el ambiente entre nosotros, de pronto y en un sutil movimiento improvisado subió el cristal de mi ventanilla. La ciudad de Nerima parecía moverse con nosotros, los años y el paso de los días ocasionaron algunas grietas en su estructura, en su paisaje y en sus personas. El constante andar de nuestros pasos iba dando viejas facturas. El cielo se oscurecía repentinamente y las grandes gotas de agua tocaban en el automóvil una melodía de fondo, una vieja canción que era conocida por ambos, una sonata que nos pertenecía de otros tiempos..
Conforme avanzábamos, mi mirada continuaba perdida entre las calles que íbamos dejando en nuestro andar, lo cotidiano, lo normal se escabullía entre los finos cristales que amenazaban con engalanar mi vida de su indiferencia. Giré levemente la vista, hasta que pude divisar un par de ojos azules que observaban fijamente la carretera. Estaba segura que esto iba a ser muy difícil, pero tenía que ser capaz de afrontarlo.
Rápidamente llegamos a la dirección, le di las últimas indicaciones y señalé el edificio en que vivía. El lugar que había escogido para establecerme era un hermoso departamento estilo medieval que había sido construido hace apenas un par de años. El conjunto era constituido por una pequeña glorieta con varios árboles, en torno a la cual se establecía una serie de comercios y fraccionamientos que daban cierto aire de tranquilidad. Cuando lo adquirí principalmente lo hice por el precio, la zona aún era un poco retirada en comparación a donde antiguamente vivía, pero Nabiki me había convencido ya que me aseguró que dentro de pocos años esa zona se convertiría en una metrópoli comercial y el valor de las propiedades aumentaría.
Y así fue como pasó, después del primer año un rico magnate de México había llegado con la idea de construir fraccionamientos, al parecer el concepto que manejaba era novedoso ya que de forma veloz se comenzaron a ocupar las casas. En los siguientes meses los inversionistas de la empresa norteamericana Sol y Descanso había adquirido los últimos terrenos en venta y construyeron unas residencias hoteleras acordes a las necesidades de los empresarios que visitaban Nerima. Este hotel quedaba inmediatamente enfrente de mi terraza y para mi sorpresa era en ese mismo edificio donde se hospedaba Saotome.
Cuando nos estacionamos él fue el primero en descender del auto, intenté bajarme por mi propia cuenta pero descubrí que tenía seguro para niños, así que molesta bufé mientras pensaba- para qué le pone seguro el idiota de Ranma? Qué acaso tiene hijos ilegítimos?- tan inmersa estaba en mis ideas que no me percaté cuando él abrió la portezuela tendiéndome una mano para poder salir. Miró el lugar con detenimiento y en ese instante por simple cortesía me vi en la obligación de hablar.
Subiré rápidamente por los papeles, me esperas en este lugar o quieres ir por una taza de café?
Me miró analizando cada una de mis palabras y agregó-¿Es una costumbre habitual en ti hacer que tus clientes suban a tu apartamento? ¿O debo sentirme privilegiado ante semejante detalle?
Lo miré con todo el odio y desprecio que fue posible, tomé mi bolsa, giré lentamente y de un solo movimiento le azoté la puerta. Él no alcanzó a percibir mis intenciones y ante lo repentino de ellas su mano quedó prensada con el carro.
Haaaa, Akane, ¿qué demonios? ¿Estás loca?- dijo en un grito.
A la mitad del camino me se giré, lo observé con odio y agregué de forma desafiante. ¿Te lastimé? Lo siento. Disculpa, ¿ese tipo de comentarios son habituales en ti o debo sentirme privilegiada?. Me giré y simplemente agregué- idiota.
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Esa mujer estaba loca, de eso nunca tuvo la más mínima duda. Mira que azotarle la puerta y encima de todo hacerse la ofendida. Bueno, lo único que lamentaba de la situación es que perdió una valiosa oportunidad de entrar a su casa y salir de algunas dudas que lo estaban consumiendo.
Miró de forma melancólica el lugar por el que su exprometida había entrado y cerró los ojos mientras suspiraba. Cuánto había cambiado esa mujer! Y aunque le costara tanto aceptarlo, cuánto la había echado de menos!
Abrió los ojos y estuvo tentado en aprovechar el tiempo y pasar al hotel por una chaqueta, el tiempo había refrescado lo suficiente y la tonta de su exprometida no traía suéter y con lo cabezota y testaruda que podía ser era casi seguro que olvidaba bajar uno, así que lo mejor sería pasar al hotel a buscar algo para ella. Meditó un poco más y no lo creyó conveniente. ¿Cómo era posible que después de tantos años aún continuara preocupándose por ella de esa manera?
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Se arrepentía de haberle dicho idiota, pero no de haberle azotado la puerta, después de todo él lo merecía. Entró al edificio, en el camino saludo al señor Kinomoto el portero, a la señorita Kaede una mujer de ochenta años que era su vecina, al joven Touya que era el soltero más codiciado del edificio y a todas las personas que se cruzaban en su paso. Ingresó de forma apresurada, buscó sus papeles, organizó un poco su agenda, tomó algunos lápices y señaladores y salió con todo lo necesario.
Bajó casi corriendo y cuando llegó a la calle sintió una ráfaga de viento que la hizo recordar que había olvidado su suéter. Miró con detenimiento y observó como Ranma seguía recargado en su auto, en el punto exacto donde lo había dejado. Deseo regresar por alguna prenda para cubrirse pero pensó que ese sería otro pretexto para que él se molestase, así que ignoró el frío y se encaminó a su lado.
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Él le abrió la portezuela y ella se deslizó en su interior, encendió la calefacción y antes de arrancar se giró para buscar algo en los asientos traseros. Ella seguía con la mirada fija al frente, observando con perspicacia como los cristales comenzaban a empañarse a causa del frío que afuera estaba haciendo. Si se lo proponía, y antes de que arrancase, aún tendría tiempo de ir por una chamarra.
A él nunca se le dio bien ser caballeroso, pero en los últimos años tuvo que aprender de ello ya que el medio en que se movía exigía ciertos estándares de comportamiento. Con el tiempo aprendió que con las mujeres eso le traía puntos extras así que pese a que no fuese lo normal en él había logrado desarrollarlo muy bien.
Cuando se giró y volvió a tomar su lugar frente al volante, le ofreció a su copiloto de manera tímida una taza de café americano que había ido a comprar en su ausencia. Ella lo miró con ojos sorprendidos, pero tomó el café y le sonrió de una manera endemoniadamente coqueta.
Gracias…
De nada... el hecho de que quieras cortarme la mano, no quiere decir que yo deseo que mueras de frío- Ella sonrió y un tenue rubor cubrió sus mejillas. Él se dio cuenta de lo que había dicho e intentó componer sus palabras con nerviosismo- he.. bueno… si no.. ya sabes, no habría quien organizara la boda.
Ella entrecerró los ojos y agregó con sarcasmo- claro, la boda.
Puso a andar el carro y juntos se dirigieron a las oficinas principales de la empresa Forever.
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El constante sonido de un despertador y la leve luz que se filtraba por la ventana ocasionaron que ella fuera saliendo de su sueño poco a poco. El día anterior había sido agotador, ya que estuvieron negociando con el encargado de las celebraciones en la Catedral hasta altas horas de la noche. Ranma fue a llevarla a la oficina y después de eso se había disculpado con los presentes alegando que tenía que hacer varias llamadas de trabajo.
Cerró los ojos y suspiró. Increíble que ella se estuviera tomando la boda de Ranma de esta manera. Con tanta tranquilidad que incluso le asustaba, sin embargo estaba segura que gran parte de esta tranquilidad era ocasionada porque aún veía el acontecimiento como algo irreal, como si estuviera organizando cualquier otro evento y que no era precisamente Ranma Saotome el que a la brevedad iba a contraer nupcias.
Se incorporó de forma pausada y sintió todo el peso del mundo en sus hombros, no deseaba ir al trabajo, sin embargo tenía que cumplir con sus actividades y justamente ese día irían a ver algunos salones de fiestas. Se sentó, se calzó unas chanclas, se dirigió a la cocina y se preparó un café capuchino traído de las mejores cosechas de Veracruz (México). Akane no era de las mujeres que gastara en joyas, maquillaje o ropa, pero cuando de dar gusto se trataba el café siempre ocupaba uno de los primeros lugares.
Tomó su bebida y con un leve paso se dirigió al ventanal que daba a la terraza. Abrió lentamente y se sentó en una de las mesedoras que se encontraban ahí. Hacía un poco de aire fresco, no había duda que el invierno estaba próximo… miró hacia abajo y su atuendo no beneficiaba en nada al clima: vestía un delgado camisón rosa corto, en la parte baja tenía algunos detalles en encaje negro y en la superior unos tirantes gruesos del mismo material, el cabello revuelto siendo movido tenuemente por el viento y sus labios sonrosados estaban humectados y con sabor a café. Suspiró una vez más y sintió una mirada penetrante que la hizo sentirse cohibida. Buscó entre las sombras de la mañana al culpable y se topo con una norme sorpresa.
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Al fin había amanecido, después de pasar una noche completa sin poder dormir agradecía de sobremanera el ruido del despertador. El día anterior tuvo que disculparse con su novia y dejarla plantada con los preparativos de la boda, pero simplemente necesitaba esclarecer un poco sus ideas.
Tomó su carro y se dirigió a uno de los bares más cercanos. No es que la bebida le agradara, de hecho nunca en toda su vida se había puesto una borrachera, pero le atraían estos sitios por la tranquilidad y nostalgia que en ellos se respiraba. Además de una manera increíble, estos lugares siempre hacían que recordara a Akane, quizá era por esta razón su inconsciente siempre los buscaba.
Llegó entrada la noche a su hotel, quiso pasar a la habitación de Mía a disculparse, pero le pareció inadecuado tomando en cuenta que eran las dos de la mañana, así que sin más se dirigió a la cama a dormir. Había sido una noche muy larga, las pesadillas, los recuerdos de combates pasados atacaban su mente: Shampoo, Safrón, Hapossay y todos y cada uno de los enemigos que en tiempos previos había afrontado estaban ahí para retarlo, sólo que el premio no era una cura, el premio era el privilegio de ser el prometido de Akane. Por más que se esmeraba, por más rápido que corría y por más fuerte que sonaban sus golpes, ninguno era letal y siempre terminaba perdiendo. Se incorporó de manera rápida y anduvo deambulando en la pequeña sala de su habitación, le parecía tan irreal que ella estuviera a sólo unos pasos, quizá no sabía en qué piso o en cuál habitación, pero estaba cerca. Podía sentirlo.
Decidido a ahogar sus pensamientos, creyó que lo más adecuado era tomar una ducha que relajara sus músculos y cuyo calor ayudara a desestresarse un poco. Y entonces algo muy curioso sucedió, un presentimiento, un Deya bú, curiosidad o simple y sencilla casualidad ocasionaron que se dirigiera al ventanal de su habitación y bajara la vista un poco.
Y ahí estaba ella, tomando un bebida caliente, suspirando entre cada trago y vestida de una manera tan encantadora que estuvo tentado a ir y hacerla suya. Lo intento, quiso hacerlo pero sus ojos se negaron a quitar la vista de ella: era perfecta, vestía un camisón…. el maldito camisón que tocaba su cuerpo era perfecto, sus labios, sus sonrosados labios degustaban de una forma exquisita su bebida. Se preguntó a que sabrían, si seguían conservando ese dulce sabor de antaño. Y de repente como por arte de magia los ojos de ella se posaron en él.
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Y ahí estaban un par de tontos mirándose fijamente mientras el alba comenzaba a perderse en esa fría mañana de Nerima. Ninguno de los dos decía nada, pero tampoco eran capaces de apartar la vista del otro, un notorio sonrojo cubriendo su rostro y ambos imaginándose en distintos espacios y distintos tiempos, pero siempre juntos.
El ruido de una puerta y el pitido de un teléfono llamaron la atención de nuestros protagonistas e hicieron que de manera brusca apartaran su mirada. Ranma se giró un poco y pudo divisar a su novia entrando por la puerta principal de su habitación
Ran-chan. Buenos días. Cómo estás? Estuve llamando a la puerta pero como no me contestabas me preocupé y por eso decidí entrar.
He?- dijo un confundido Ranma con las mejillas aún rojas.
Que tenía cerca de diez minutos tocando a tu habitación y por eso pasé. Por cierto por qué no me abrías, qué mirabas?- y diciendo esto se acerca de forma pausada a la ventana.
Ranma miró al mismo punto que ella, pero la mujer que antes se encontraba ahí ya había desaparecido.
Entonces, qué mirabas?- dijo una insistente chica con un ligero camisón.
Nada, creí ver un ángel- dijo él mientras el rubor volvía a cubrir sus mejillas.
Jaja no seas tontito, bien sabes que esas cosas no existen, ven te prepararé un baño para que dejes de ver visiones.
No te preocupes me meto a bañar en este momento, si quieres ve a cambiarte, no es bueno hacer esperar a las personas- dijo Ranma intentando cambiar la conversación
Tienes razón.. Hooo lo olvidé me dijo la mucama que tuvieron una falla y que en media hora se restablecerá el servicio de agua caliente.
No te preocupes, necesito un baño con hielos si es preciso- diciendo esto Ranma tomó una toalla y se dirigió al tocador. Mía no entendió el comentario y volvió a mirar el lugar que antes su prometido observaba. Pero no había nada ahí.
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La llamada de Nabiki la había salvado. Cómo es posible que el destino fuera tan caprichoso y él se encontrara un piso encima de su habitación? No era justo, no lo era. Pero alguna vez el destino fue justo con ellos?
Ese día habían concretado la cita con algunos dueños de jardines, terrazas y hoteles que ofrecían sus espacios para la realización de eventos sociales. El día sería ajetreado y largo por lo cual era necesario vestir adecuadamente para la ocasión. Pensando en esto se tomó su tiempo para elegir una blusa negra de manga larga, descubierta de los hombros, unos jeans azul marino y unas zapatillas de tacón bajo.
Bajó rápidamente debido a que el mecánico quedó en pasar a las ocho de la mañana para ver los últimos detalles de los frenos de su auto, y claro liquidar la deuda. Cuando descendió el mecánico ya se encontraba en el lugar y mostraba un aspecto de fastidio. Le entregaron las llaves, revisó los últimos detalles y abordó su vehículo. Cuando iba en camino a la oficina quiso pasar por unos paquecitos de chocolate para poder desayunar algo junto a su hermana, así que pasó a un café italiano y compró lo necesario para un "desayuno nutritivo". Inmensa fue su sorpresa al toparse en este lugar a Mía y Ranma.
Ho-hola.- dijo ella abriendo desmesuradamente los ojos.
A-CHAN! Muy buenos días, en este momento íbamos a la oficina, pero al glotón de mi marido se le antojó un panqué- dijo Mía casi en un grito.
Akane no supo por qué, pero la simple mención de "Mi marido" la obligó a reaccionar de una manera que ella no esperaba- Prometido- dijo inmediatamente.
Qué?- Mía la miraba sorprendida al igual que Ranma.
Quise decir, Prometido, es decir- ayúdame Dios- No se acostumbra usar el concepto Marido hasta que no sea contraído matrimonio.
Haaaaa. Tienes mucha razón A-chan eres muy observadora. Por cierto no te molesta que te llamé así, verdad?-
No, no me molesta- dijo Akane con una sonrisa melancólica y en ese instante la fila avanzó.
/
Llegaron casi al mismo tiempo, cuando arribaron a la oficina principal Nabiki ya tenía un rostro que reflejaba toda la molestia que se había guardado. Y no era para menos ya llevaban 40 minutos de retraso. Sabía que cuando estuvieran a solas la retaría, sin embargo no le importó conocía muy bien a su hermana para saber que el problema no era tan grave… aún.
Buenas tardes Akane- dijo con sarna una coqueta nabiki- buenos días Mía y Ranma.
Hooo, no te molestes por Akane, es nuestra culpa que haya llegado tarde. Prácticamente la obligamos a que nos hiciera compañía al desayuno- dijo una muy alegre Mía.
Yo no la obligué- dijo un Ranma con una sonrisa y de brazos cruzados. Después de eso un enorme pisotón hizo que olvidara todos sus comentarios. Akane esa chica simplemente no dejaba de ser una bruta.
Nabiki, te traje un panque- dijo una Akane con una tímida mirada.
Sabiendo de antemano todo lo que su comentario acarrearía Nabiki dijo de una manera potente- el panque de chocolate siempre ha sido tu sabor favorito me preguntó por qué?.
Ambos chicos se sonrojaron al momento
Flash/
Había sido un frío invierno, por primera vez en muchos años se había soltado un invierno tan crudo que había obligado a los habitantes a usar la calefacción a toda la potencia. El dojo Tendo no fue la excepción, pero los habitantes de esta casa habían decidido sacarle provecho y tenían más de dos días que ninguno salía de su cama. Incluso la tierna Kasumi había preferido llamar al servicio de comida antes que estar cocinando en ese helado lugar.
Sin embargo la situación no era objeto de alegría para todos, un inquieto Ranma contaba los días para poder salir de ese estado de hibernación y poder entrenar un poco. Con cada día y minuto que pasaba sentía que se parecía más a su padre. Así que armándose de valor se dirigió al Dojo y aprovechó la ocasión para cumplir la petición de Kasumi de limpiarlo. De cualquier forma tendría que hacerlo porque estaba tan resbaloso que entrenar ahí sin hacer limpieza era casi un suicidio.
Una entumida Akane miraba atentamente la televisión cuando vio pasar a su prometido con los elementos necesarios para hacer limpieza, se sorprendió pero decidió ignorarlo y continuar viendo su programa de terror.
Dos horas después el dojo estaba casi limpio y Ranma había quedado sin energías para entrenar. Estaba agotado y muy helado, así que se disponía a subir a su habitación cuando Akane apareció por la entrada del dojo llevando una bandeja con dos tazas de humeante chocolate y tres pequeños panques de chocolate.
Al instante sintió pánico, no era posible que Akane se animara a cocinar y menos que kasumi se levantara a prepararlo. Así que lo mejor que podía hacer en esa situación era huir, quiso hacerlo pero un plato se estrelló en su rostro y un potente grito anunció- Idiota! Yo no lo cociné. Sólo vine a traerlo.
Algunos minutos más tarde ambos estaban sentados en la puerta que daba al patio, un silencio envolvió el ambiente mientras la blanca nieve caía cubriendo los árboles y el estanque.
Al parecer este año tendremos una blanca navidad, no lo crees así Ranma?-
Ranma no escuchaba lo que decía, simplemente se encontraba extasiado de tenerla cerca, de poder compartir con ella esos pequeños detalles que eran maravillosos.
Creo que será una de las mejores navidades- Akane lo escuchó embelesada, deseando que sus comentarios se hicieran realidad.
Pero la paz y tranquilidad no era un concepto muy desarrollado por ellos. Y esa dicha se acabó en cuanto se dieron cuenta que sólo quedaba un panqué por compartir.
Es tu deber cedérmelo, ya que yo fui quien estuvo limpiando el dojo- dijo un molesto Ranma.
Me corresponde porque fui yo la que lo trajo.
Tonta, es mío!
Pervertido.
Marimacho.
Ante este último comentario Akane lo miró muy molesta y de un solo movimiento se llevó el panqué a los labios, quedando la mitad de este dentro de su boca y la mitad afuera.
Ranma no supo que lo impulsó a hacerlo, pero de un solo movimiento la tiro en la duela, cuidando que no se lastimara, tomando entre sus manos las suyas y sujetándola fuertemente contra el piso e inmediatamente después hurtó la otra mitad del panque que estaba fuera de la boca de Akane con sus propios labios.
Reaccionó en el instante en que sintió en un roce la calidez de su labio inferior con el suyo, la escuchó tragar el pedazo de panque que estaba dentro de su boca, pero olvidándose de todo, incluso de su propia seguridad, acercó más sus labios cerrándolo en un tierno, pero extraño beso.
Ella no salía de su asombro, qué se supone que estaba pasando? Cerró los ojos y sintió cuando su labio inferior fue mordido por unos labios demandantes que inmediatamente se separaron de ella. La soltó, se dio la vuelta mientras masticaba el pedazo de panque que había logrado quitarle. Ni siquiera se atrevió a mirarla, para que no notara la cara de bobo que tenía y el fuerte rubor en su rostro- te dije que era mío.
Ranma… -dijo Akane y toco sutilmente sus labios
Tu tuviste la culpa por no dármelo.
Qué dices idiota. Ahora verás…-. Y acto seguido lo mandó a volar con ayuda de su ya famoso y querido mazo.
A lo lejos sólo se escuchó un chico gritar- y pese a todo estuvo delicioso- Akane se ruborizó hasta sacar vapor y el chico, mientras surcaba los cielos agregó- el panqué.
Y ahí viajaba Ranma por el frío cielo de Nerima.
Fin del Flash/
Ambos jóvenes tomaron su lugar y escucharon atentos las palabras de Nabiki que explicaba cada una de las escalas del día: primero irían a "Los jardines colgantes", después a "Mahtob" y por último a "Eternité" estos tres eran los únicos que habían quedado después de la selección previa que había hecho Nabiki y no podía negar que todos eran un lujo en cuanto a decoración y elegancia.
Sin perder más tiempo se encaminaron a su primer destino:
Los jardines colgantes era un salón que formaba parte de una cadena de famosos restaurantes conocidos como Brisa, el dueño era una mujer de 30 años muy atractiva que debía su fortuna a la generosidad de su papá. Esta señorita tenía fama de conquistar a los solteros más codiciados del mundo de los negocios, y en cuanto pusieron el primer pie en la entrada supieron que Ranma Saotome pronto entraría en la lista de esta mujer.
Ayame era su nombre y fue personalmente a atenderlos y guiarlos en un recorrido por las instalaciones, les explicó los beneficios que tenían al rentar ese lugar y comentó de manera sugerente que Ranma debería "analizar" su futuro matrimonio. La despistada Mía no se percataba que su adorado futuro marido era acosado. Pero una molesta Akane pudo entender las intenciones e indirectas de esta mujer y de manera tosca y un poco grosera dio por finalizado el recorrido, diciéndole que si la señorita Mía se decidía sería avisada con el tiempo necesario.
Ranma no podía entender la molestia de Akane. Era distante y un tanto cortante con él, pero portarse grosera con otras personas, pocas veces lo había visto. A menos que fueran sus otra auto proclamadas prometidas….
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El segundo lugar era "Mahtob", nombre de origen persa y cuyo significado era "Luz de luna para los enamorados". El sitio era un poema a la literatura antigua, decorado al estilo griego clásico, que se caracterizaba por que sus comensales disfrutaban de la magnificencia de los grandes jardines, maravillosas esculturas y refrescantes fuentes, el lugar se volvía una epopeya al amor y un desfalco para los bolsillos.
Mía quedó fascinada por el salón, además le dieron varios tips de cómo podría ser ambientado y a ella le pareció perfecto. El gran inconveniente era la cantidad de personas que podía albergar, debido a las mismas características del evento se tenían contempladas al menos unas 400 personas y el salón sólo disponía de un cupo no mayor a trescientas.
Akane intentó negociar con la novia convenciéndola de reducir la lista de invitados, pero ante la constante negación de ella, tuvieron que acudir a su tercera y última opción.
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Eternité era el salón de fiestas más conocido en Nerima, de igual forma era uno de los más caros y lujosos. Su diseño estaba basado en la fantasía, por lo que toda su construcción semejaba un castillo de algún mítico cuento de princesas. El propietario era un viejo amigo de la universidad de Akane, en algunas ocasiones salieron juntos y él siempre aprovechaba cualquier pretexto para invitarla a salir, pero ella siempre se mostraba renuente.
Habían arribado a Eternité alrededor de las seis de la tarde, el aire fresco del día comenzaba a acentuarse dando muestras de que esa noche el ocaso sería más frío de lo acostumbrado. Bajaron de sus respectivos vehículos y se encaminaron en conjunto a la entrada del edificio. Fueron recibidos por una joven y bella señorita que los saludó de manera cortés.
Buenas tardes, disculpe mi nombre es Akane Tendo y soy representante de la empresa Forever de eventos sociales. Venimos porque tenemos una cita concretada con el señor Theon Shaoran.
Disculpe pero el señor Theon Shaoran se encuentra en una junta, si gusta esperarlo o si prefiere concretar una cita para otro día.
Akane frunció el entrecejo, cómo era posible que el idiota de su amigo hubiera olvidado que ese día iría con unos clientes?- ¿Habrá algún inconveniente si pasamos a ver el lugar? Ya hemos rentado el espacio con anterioridad, así que no creo que exista algún inconveniente si nuestros clientes van conociéndolo un poco.
Pues… dijo la recepcionista no muy convencida.
Akaneee. Hola linda, ¿cómo estás?
Un joven de unos veintiseis años salía de una de las puertas corredizas del centro y miraba con ojos brillantes a la chica que estaba con ellos. TheON sHaOrAN era un joven abogado que había estudiado con Akane la universidad, en sus años escolares se había convertido en uno de sus mayores apoyos y con el tiempo se enamoró perdidamente de ella. Siempre fue muy claro con lo que sentía por ella, pero nunca se lo declaró explícitamente. Sabía que ella esperaba a alguien aunque nunca supo a que persona en concreto.
Shaoran era un joven de la estatura de Ranma, de complexión atlética, de ojos avellana que contrastaban de manera maravillosa con su morena piel, su carácter tosco en los negocios, frío en las conversaciones y cariñoso en la intimidad ejercía un imán en todas las mujeres, por esa razón y en pocas palabras Shaoran era un hombre sumamente adictivo.
Hola Shaoran, bien y tú, pensé que estabas en una junta.
Sí, pero cuando se trata de ti nunca estoy ocupado-Dijo el chico regalándole una tierna pero radiante sonrisa.
Un fuerte carraspeo y unos ojos azules que miraban fijamente los sacaron de esa pequeña conversación.
Por cierto déjame te presento Mía y Ranma les presento a Shaoran, él es el dueño de Eternité. Shaoran, ellos son Mía y Ranma, nuestros clientes.
Un placer- contestaron al unisono. Mía con una gran sonrisa y Ranma con una cara de fastidio.
Igualmente.
Entonces si gustan les voy mostrando el lugar y explicándoles algunas de las características del mismo- dijo Shaoran resaltando en todo momento lo convincente que podía llegar a ser si los elegían para su matrimonio.
A cada paso que daban y en cada detalle que iban conociendo Mía estaba más que convencida que ese lugar era el indicado para su boda, sin embargo un celoso Ranma opinaba completamente contrario. No le gustaba la familiaridad con que ese tipo le hablaba a Akane, no le gustaban los comentarios hacía ella, no le gustaba que la mirara, que la tocase y mucho menos que ella se ruborizara.
Akane era suya…. O quizá lo fue
Ahora estaba comprometido con Mía. Mía esa chica era todo un misterio para él, tenía apenas un par de meses que la conocía y ahora estaba a punto de casarse y todo por…
Disculpa, pero cuál es tu nombre?- la voz de Shaoran lo sacó de sus pensamientos
Ranma Saotome, ¿por qué?
Ranma.. he escuchado ese nombre antes- La mirada de pánico de Akane no se hizo esperar.
A&R
"Mi objetivo es que un día, no sé con qué pretexto o motivo al fin me necesites"
Jane
