Buenas noches ;)

Perdonen la tardanza, anda un poco floja mi inspiración XD

Les dejo el tercer capítulo y de antemano agradezco su tiempo y comentarios :D

Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia por puro gusto y diversión.


Capítulo 3: Reunión

El amanecer encontró a Irasue en su diván de colores magenta. Se había pasado la noche mirando el paisaje y divagando en sus recuerdos. Permanecía con los ojos cerrados sobre su codo recargado en el reposabrazos, no estaba durmiendo, simplemente meditaba las actividades para ese día.

Sería una agenda larga, porque estaba obligada a recibir a los representantes de los demás puntos cardinales y a sus respectivos séquitos. Todos con la intención de mostrar su respeto por la muerte de InuTaisho. Algunos con el interés de saber qué sucedería con el control del Oeste. Otros con el propósito de reclamar deudas y compromisos no cumplidos. Y quizás unos pocos más con la única misión de ver y escuchar para después conspirar.

Irasue estaba instruida en todas las actividades políticas que implicaba ser jerarca de Occidente, porque su difunto marido no siempre podía atender todo lo que esto abarcaba. Pocos lo saben, pero lo cierto es que el reino del Oeste creció en poder y posición por la inteligencia de ella y no solamente por la fuerza de InuTaisho.

No fueron pocas las veces en las cuales la demonesa lo apoyó y aconsejó para administrar esas tierras y sobrellevar la convivencia con los demás lores y señores feudales que les seguían en rango. Pero estaba al tanto de que no todas las asperezas fueron correctamente limadas.

Se escucharon pasos en la parte baja de las escaleras. Un guardia subió rápidamente y se arrodilló frente a ella.

–Mi señora, el escribano ha llegado. –

–Que pase– contestó.

Momentos después un viejo youkai de aspecto semi humano hizo acto de presencia. Un kamaitachi de pelaje gris oscuro, cuyo andar era lento y encorvado. Traía cargando una gran bolsa de piel con múltiples pergaminos sobresaliendo de sus bordes. El escribano oficial de la casa InuYoukai, el encargado de documentar todo lo que implicara leyes, decretos, cartas, declaraciones, avisos, invitaciones, etc. Así mismo, era el asesor político de los gobernantes del Oeste, trabajo que se ganó debido a su larga vida y experiencia en esos temas.

El demonio comadreja se acercó e hizo una reverencia.

–Lady Irasue, estoy a sus órdenes. Mi más sentido pésame por la muerte del gran InuTaisho. –

–Gracias escribano, pero no es necesario extender tanto esto del luto– dijo ella con indiferencia. –Te he mandado a llamar porque voy a necesitar todos tus conocimientos para lo que se viene encima. –

El anciano no se sorprendió por la fría indolencia que mostraba. Él sabía que la relación entre ella y su marido nunca fue del todo cordial, más bien se trató de una unión de conveniencias y poder. Beneficios que no fueron del todo equitativos para ambos. Esa comadreja conocía muchos secretos oscuros, tejidos detrás de esos muros.

–Mi señora… usted tiene el mismo poder que su difunto esposo para llevar el control del Oeste, pero ambos sabemos quién debe encargarse de ello– comentó el viejo demonio con algo de discreción. –Su hijo Sesshomaru tiene esa obligación. –

Irasue soltó un suspiro y se recargó en el respaldo del diván mientras miraba al cielo. Su heredero no estaba en el palacio desde hace horas y no sabía nada de él. Después de que ella se encargó de los restos del señor del Oeste, pensó que lo encontraría en la residencia, sin embargo no había señales de su presencia. Y la verdad era que Sesshomaru no tenía cabeza para asumir el control del territorio en ese momento.

–No sé donde está, probablemente necesite algunos días… después de todo, le tenía un gran respeto a su padre. –

–Entiendo. Mi señora, ¿Con que desea comenzar?– preguntó, al tiempo que alistaba pergamino, pincel y tinta.

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Era media mañana cuando las visitas comenzaron a llegar. Irasue estaba en el gran salón, sentada a la cabeza de la gran mesa que decoraba el lugar. Paciente y preparada para afrontar lo que viniera. Un soldado abrió la puerta desde el exterior, permitiendo el paso a los recién llegados.

El primer Lord apareció en el umbral de la entrada. Conocido como el gran sabio, Kiba era un enorme lobo albino con ojos gris claro. Él era el gobernante de las montañas del Norte, liderando a los suyos en manadas y tribus, vivía pacíficamente en esas tierras. La relación que mantenía con el Oeste era pacifica y de intercambios comerciales constantes.

El grupo que lo seguía estaba formado por ocho lupinos de pelaje oscuro y gran tamaño también. Se acercaron a la mesa y en ese momento hubo un crepitar en el aire. La energía sobrenatural fluyó en el líder y en otros tres de sus seguidores, provocando la transmutación a una forma humana.

El Lord del Norte tenía apariencia madura y gesto severo, su cabello era de un blanco grisáceo sujetado en una coleta alta. Portaba pieles claras y un peto rojo como armadura. Sus subalternos vestían igual, pero en colores oscuros y con un aspecto más joven.

–Bienvenido Lord Kiba– saludó la demonesa.

Todos los demonios lupinos hicieron una reverencia.

–Lady Irasue– habló el lobo blanco al tiempo que alzaba la vista. –Hemos venido desde el Norte para brindar nuestro más sincero pésame. La muerte de alguien como InuTaisho deja un gran vacío para todos. –

–Gracias– asintió levemente y luego señaló un sitio. –Tome asiento por favor, los demás están por llegar. –

Kiba se sentó a su derecha y su séquito se replegó en una esquina del gran salón, esperando y escuchando. Una sirvienta entró con varios recipientes y una botella, sirvió un poco de su contenido para ambos y después se marchó.

–Mi lady, dígame, ¿Como sucedió el deceso de su marido?– preguntó con lentitud.

–Es un tema delicado, así que solamente diré que el muy tonto cometió el error de confiarse en su fuerza– explicó ella tranquilamente.

–Tengo entendido que hubo un conflicto con el Lord del Este y… escuché otros rumores que tienen que ver con humanos. –

–Veo que no ha estado tan alejado de las noticias– sonrió Irasue, sin el menor gesto de incomodidad. –Esos rumores son ciertos y fue por eso que Lord Ryukotsusei desafió a mi difunto esposo. –

–Es una situación muy seria y si es verdad lo que hizo InuTaisho, a mí ya me están llegando las consecuencias también– dijo Kiba, soltando una lenta exhalación. –Los humanos son muy rencorosos y no distinguen entre especies cuando algo los amenaza. No quiero conflictos con ellos, pero tampoco puedo permitir que nos ataquen sin motivo aparente. –

–Entiendo su preocupación, pero ahora lo que debemos hacer es tratar de sobrellevar esos problemas y espero que los demás vean lo importante que es esto y podamos llegar a un acuerdo– comentó Irasue, tomando un poco del recipiente que tenía cerca.

– ¿Quien vendrá en nombre del Este?– interrogó el lobo.

Irasue clavó la mirada en la mesa, no había tenido tiempo de pensar en quien sería ahora el encargado de gobernar los territorios de esa zona cardinal. Al parecer, el espíritu dragón estaba muerto y ella no sabía lo que estaba sucediendo con la casa RyuYoukai. Si bien la relación con el Este era tranquila, el poderoso Dragón que gobernaba ahí, nunca estuvo de acuerdo con las ideas extrañas que a veces tenía InuTaisho.

Ryukotsusei había sido un líder centrado y pocos llegaron a conocerlo tan bien como Irasue. Realmente nadie podía imaginarse que ella había tenido cierta simpatía por el dragón y que su muerte le dolió. Y es que la demonesa forjó en su juventud amistades y relaciones benéficas de las cuales su marido no estuvo del todo enterado.

Ahora sólo quedaba esperar para conocer el estatus de la zona Oriente. De un momento a otro recibirían noticias de los seguidores de Ryukotsusei así como de los youkais que vivían bajo su gobierno. La demonesa respiró pausadamente pensando en qué contestarle al lobo, sin embargo no tuvo tiempo de hacerlo.

–Vendrá alguno de esos reptiles, eso es seguro– se escuchó una voz que al mismo tiempo parecía un graznido. –Lo que importa ahora es lo que pasará con el Oeste, con el comercio entre nuestra gente y con los humanos– declaró con tono molestó.

Ambos gobernantes voltearon al mismo tiempo. En la puerta de entrada ya se abría paso el segundo Lord visitante.

–Y aquí llega el prepotente Karasu– se quejó Kiba en voz baja.

El representante de las tierras del Sur era un gran Tengu de oscuro plumaje y afilado pico. Su apariencia era antropomorfa excepto por el rostro de cuervo, las enormes alas en su espalda y sus poderosas garras en lugar de pies. Éste tipo de youkais eran los amos de los cielos en las grandes planicies y montañas australes, pero tenían una relación ácida con el Oeste y el Norte, porque eran ambiciosos y a veces no aceptaban los acuerdos grupales sino era con un beneficio extra para ellos.

Detrás del demonio cuervo, lo seguían cinco seres alados también, cuyos plumajes oscilaban del negro al rojo. Sus atuendos y emblemas indicaban que eran señores feudales al servicio del Lord. Entre ellos había una hembra, la señora del Sur y esposa de Karasu.

–Sean bienvenidos Karasu y Leiko– dijo Irasue haciendo un ademán para que tomaran asiento a su izquierda.

–Saludos, señora del Oeste– dijeron al unisonó los Tengu.

La pareja se sentó y los demás demonios alados se ubicaron en otra esquina del gran salón.

–Querida, lamentamos mucho la muerte de tu marido, no me imagino el dolor por el que estás pasando– comentó la hembra cuervo en un tono de voz que sonaba a cualquier cosa, menos a una condolencia.

Irasue la miró impasible y con evidente pereza. Sabía perfectamente que la señora del Sur quería burlarse de ella por la última infidelidad de InuTaisho. No era la primera vez que una hembra pretendía molestarla por envidia. Ser la esposa del demonio más poderoso de Japón le trajo muchas rivalidades y rencillas.

–No te preocupes por mí Leiko, ahora estoy mejor y no lloro por quien no vale la pena– sonrió de repente, haciendo gala de su estoica personalidad. –Cada quien obtiene lo que se merece y mi marido no vio donde metió las patas, así que pagó caro su error. –

– ¿En serio no te molesta lo que hizo?, es decir, fijarse en una humana es tan denigrante– se burló la Tengu.

–Es suficiente Leiko– intervino el Lord del Sur. –Ese asunto es lo de menos, lo que importa ahora es ver los pendientes que dejó InuTaisho, ¿No es así lady Irasue?–

La demonesa de pelo plateado hizo un gesto de asentimiento y tomó otro trago de su bebida antes de hablar.

–Estoy al tanto de los temas que quedaron incompletos con usted, Lord Karasu, pero quisiera que me diera algunos días para poner al corriente a mí hijo respecto a sus nuevas responsabilidades– dijo ella, centrándose en el nuevo tema. –Los tratados comerciales deben revisarse para mantener una equidad entre ambos territorios. –

–De acuerdo, pero ese tema puede esperar– explicó el Tengu. –Lo primero que quiero es que solucionen el problema que provocó InuTaisho en mis dominios. –

– ¿A qué se refiere?–

–No hace mucho, su difunto marido expulsó a los gatos leopardo del Oeste y éstos se fueron a esconder a mis tierras, provocando conflictos con mi parvada e incitando a los humanos para que nos atacaran– reclamó el demonio cuervo.

La Inugami se llevó la mano a la frente y se masajeó despacio, la noticia le molestó bastante. Ya no recordaba ese problema con los gatos rebeldes. Su esposo había frenado las ansias de poder del rey felino y todo había terminado en una feroz pelea. Y aunque todos los súbditos fueron perdonados, una facción de ellos no quiso acatar las leyes de InuTaisho, así que fueron exiliados. Irasue no sabía que ahora estaban creando dificultades en el Sur. Era responsabilidad del Oeste, por lo tanto Sesshomaru deberá hacerse cargo del problema. Pero no por el momento.

– ¿Y porque no los eliminas y ya?, es fácil para ustedes que pueden volar– habló de pronto Kiba, quien había estado en silencio.

El Tengu lo miró con enojo.

–Claro, porque no… así como ustedes devoran a los que los provocan– contestó burlón. El lupino enseñó ligeramente los colmillos. – ¿Acaso crees que no estoy enterado, Kiba? Tus lobos andan cazando indiscriminadamente y están llamando demasiado la atención de los humanos. –

Irasue dirigió la mirada al señor del Norte y alzó una ceja en gesto de extrañeza.

– ¿Algo de lo que deba enterarme?– preguntó.

Kiba rodó lo ojos y bebió un trago antes de hablar, el demonio cuervo había tocado un tema complicado.

–Lady Irasue, a veces es necesario defenderse y en ocasiones la comida escasea– se justificó.

–No tengo problema con sus métodos, pero tenga en cuenta que eso puede traernos más inconvenientes– señaló la Inugami con un tono severo. – ¿Debo recordarle que InuTaisho ya había asesinado a otro comandante humano y que eso provocó el resentimiento de sus hombres, los cuales después masacraron al grupo de kitsunes que vivían en su frontera?–

El lobo blanco terminó de beber y guardó silencio por un momento. Incluso él estaba al tanto de que algunas de las acciones de InuTaisho no habían sido las más correctas ni éticas. El demonio más poderoso a veces no era tan justo como todos creían. Kiba también compartía algunos secretos oscuros con el difunto Lord del Oeste.

Karasu estaba a punto de decir algo más, cuando de repente, todos sintieron una poderosa presencia. Inmediatamente supieron que quien había arribado a la reunión, era el nuevo representante del Este. El silencio se mantuvo por varios segundos hasta que la puerta de la estancia se abrió, dando paso a la forma humana del dragón.

–Buenos días a todos– saludó. –Mi nombre es Ryujiro. –

– ¿Vienes en representación de la casa RyuYoukai?– preguntó Kiba con algo de curiosidad.

Anteriormente el lobo y Ryukotsusei se habían llevado bien en la mayoría de los acuerdos, no obstante, mantenían distancia la mayor parte del tiempo, ya que no eran amigos. Al menos el señor del Norte podía estar seguro de que solamente tendría discusiones con el Sur, dado que el Este siempre estaba apartado en sus propios asuntos. Ahora deseaba saber quién era el sucesor del espíritu dragón y ver si podría mantener una buena relación con él.

–No– contestó tranquilamente el recién llegado. –De ahora en adelante yo soy el señor del Este por derecho de familia, ya que soy el hermano menor de Ryukotsusei. –

Todos los presentes hicieron un gesto de asombró, nadie estaba enterado de que el dragón tenía parientes. Por lo regular estas criaturas se mantienen solas y sus lazos familiares son poco conocidos. Los demás gobernantes sabían que el espíritu dragón no tenía pareja ni hijos, pero no se esperaban algo así. Ni siquiera Irasue, a pesar de su amistad con él.

Ella lo miró detenidamente, el dragón tenia las mismas líneas faciales que Ryukotsusei pero más claras, pupilas escarlata, piel de color azul pálido y cabello gris acero que caía por su espalda libremente. Llevaba armadura en colores oscuros y su porte militar indicaba que era algún tipo de soldado. Definitivamente no parecía ser el nuevo Lord del Este, pero su energía sobrenatural dejaba en claro que era un demonio lo bastante poderoso como para tomar el cargo.

–Bienvenido Lord Ryujiro– saludó el lobo finalmente. –No nos conocíamos, pero ahora que eres el sucesor de tu hermano, me presento, soy Kiba el señor del Norte. Ellos son Karasu y Leiko, señores del Sur. Y ella es lady Irasue, viuda del gran InuTaisho y señora del Oeste. –

–Es un gusto conocerlos y ahora quiero dejar en claro mi posición respecto a la muerte de mi hermano– contestó el dragón, manteniendo su voz relajada. –Tengo entendido que hubo una rivalidad con Lord InuTaisho, sin embargo eso no es de mi incumbencia. Lo que ahora me importa es renovar las alianzas, mejorar los acuerdos y corregir los errores que mi hermano haya tenido. No deseo vengar su muerte, no quiero enemigos y no me interesan las fricciones que tengan entre ustedes. Únicamente pretendo que se me respete y tome en cuenta en todo lo relacionado a ésta sociedad cardinal– finalizó, al tiempo que caminaba al otro extremo de la mesa y tomaba asiento.

Ese lugar le correspondía, ya que en jerarquía de poder, el Este era el segundo después de Occidente. Los demás se miraron entre si y asintieron al mismo tiempo. Realmente nadie quería tener conflictos serios con los demás. Debían enfocarse en los temas generales que podrían afectar o beneficiar grupalmente.

La junta continúo un rato más.

Pasaba de medio día cuando los gobernantes y sus respectivos súbditos partieron en distintas direcciones. El ultimo en irse fue Ryujiro, quien deseaba hablar con la Inugami.

–Lady Irasue, debo decirle algo respecto a mi hermano. –

–Te escucho– contestó ella con gesto cansado. Seguramente él comenzaría con algún tipo de reproche por las acciones de InuTaisho.

–Ryukotsusei no está muerto– susurró muy bajo.

– ¿Qué quieres decir?– preguntó desconcertada.

–No lo puedo explicar, pero sé que no lo está– indicó, hablando casi en secreto. –Nadie sabe donde fue su pelea con InuTaisho, pero lo voy a investigar. –

–Tal vez encuentres algo que no te agrade– dijo ella. –Pero si sabes algo, me gustaría que lo compartieras conmigo. –

–Mi hermano me dijo que usted y él habían tenido cierta amistad y que eso provocó también la fricción con su marido. Sin embargo, eso no fue la principal causa, ¿Verdad?– cuestionó ya sin bajar la voz.

–El motivo principal de todo éste alboroto es que mi estúpido compañero se enamoró de una humana y no midió las consecuencias de ello– respondió la demonesa con irritación. –Comenzó a descuidar sus deberes, dejó de ocuparse de sus tierras y le dio la espalda a su familia. Y no conforme con ello, tenía pensado largarse con su amante y su bastardo al Norte y dejarnos a Sesshomaru y a mí con toda la responsabilidad del Oeste. –

–Comprendo– dijo en tono conciliador.

–InuTaisho no era tan buena persona como muchos creen y apuesto lo que sea a que si estuviera vivo, dentro de unas décadas tendría el cinismo de presentarse aquí y reclamar de nuevo su posición como gobernante y no sólo eso, sino que traería a la humana y al mestizo con él– explicó con total frialdad.

–Es por eso que mi hermano quiso derrocarlo, ¿Cierto?– justificó Ryujiro. –Él no estaba de acuerdo con las acciones de InuTaisho, porque traían vergüenza y deshonra para el Oeste, manchaban el honor de la casa InuYoukai y como daño colateral, también ofendían la alianza con los demás jerarcas y terratenientes. Tantos siglos de poder y respecto desechados en un instante por habladurías, malas decisiones y juicios erróneos. –

La señora de Occidente asintió con severidad, el dragón había resumido crudamente la verdad.

–La deshonra ha sido sólo el comienzo. Existe algo más grave que nos afecta a todos y a nuestros territorios… los humanos han comenzado a declararnos la guerra abiertamente y adivina quien tuvo la culpa. –

–Bien, me queda claro que hay mucho trabajo por hacer– dijo el dragón, comenzando a caminar hacia la salida. –Iniciaré con mi territorio y trataré de suavizar los conflictos de ahí, pero será necesario que su hijo Sesshomaru tome el mando cuanto antes, porque hay rumores de que algunas criaturas menores están provocando caos en sus tierras y usted no podrá manejar toda la situación sola– finalizó.

Irasue tuvo que aceptar sus palabras a regañadientes. Era cierto, ella tenía mucha carga encima y no podría solventar todo, necesitaba que su hijo se encargara de algunos asuntos.

–Lo sé. –

El Lord del Este hizo una reverencia y después inició el vuelo, alejándose rápidamente. La Inugami exhaló con pesadez, sentía que las sienes le punzaban demasiado y aún no habían pasado ni veinticuatro horas de la muerte de InuTaisho.

Rato después.

Irasue no quería pensar en nada por el momento, todavía estaba estresada por la reunión con los demás lores y por lo poco que se avanzó en ella. Y también por la extraña revelación de Ryujiro respecto al espíritu dragón. No deseaba gastar más energía en ello, así que optó por distraerse con otra de las encomiendas que tenía pendientes.

Caminó por el largo pasillo hasta llegar a la pequeña habitación, miró por encima de su hombro para verificar que nadie estuviera observando, después entró y cerró la puerta. La penumbra se mantenía limitada por el débil destello de las armas sobre el pedestal. Entonces se quedó mirando fijamente la espada Sounga. La energía de su hoja pulsaba insistentemente, buscando un nuevo portador.

–La espada infernal, me pregunto cuál fue tu origen– dijo en voz baja. –Seguramente alguno nefasto, porque él nunca quiso contarme sobre ti. –

Observó detenidamente el arma y se detuvo en la empuñadura. La gema redonda que adornaba dicha zona, parecía tener la misma textura que la piedra Meido. Entonces acercó la mano y pudo percibir la vibración en el aire, la sensación era similar al aura que emanaba de su medallón. Alzó una ceja sorprendida.

–Quizás también fuiste robada a algún miembro de la casa Shinigami, teniendo en cuenta que a InuTaisho le encantaba usurpar poderes ajenos– masculló con cierto enojo. A su mente había llegado un recuerdo desagradable.

Suspiró con desgano mientras la tomaba por la empuñadura y la colocaba en una funda corriente. Sintió como la fuerza de la espada punzó contra su piel. Ella no tenía el poder que su difunto esposo, pero si poseía la fuerza suficiente para someter la voluntad del arma.

– ¡No me des problemas!– gruñó, al tiempo que la guardaba y cerraba la funda. Después lo envolvió todo en una tela oscura. –Como lo dije antes, sólo has dejado molestias InuTaisho… ¿A dónde rayos voy a llevar esta cosa?–

Tomó su collar y lo frotó con la mano. El portal dimensional se abrió frente a ella.

–Creo que debo hacerle una visita a ese viejo herrero…–


Continuará...