¡YAHOI! Por aquí dejo el tercero.

¡Que lo disfrutéis!

Disclaimer: InuYasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.


Temperature play


Sintió el frío erizarle toda la piel pero no se movió, consciente de que él estaría disfrutando de sus reacciones.

El cubito de hielo fue deslizado a lo largo de toda su columna vertebral con extrema lentitud, provocándole placenteros escalofríos que enviaron un cosquilleo a su centro. Oyó su gruñido cuando no pudo evitar juntar aún más sus muslos, haciendo que estos se rozasen.

―No te muevas. ―Ella obedeció, volviendo a colocarse en su posición anterior. Una mano grande, callosa, fuerte pero amable y cálida a la vez se posó en su espalda baja, deslizándose hacia su cintura hasta detenerse sobre su estómago. El calor que emanaba de la palma masculina, en contraste con el frío del hielo, era más que agradable.

El cubito de hielo pasó ahora de su espalda a su nuca, cuello y de ahí a rozar su mejilla y sus labios, delineándolos y poniéndolos fríos y azules.

―Lámelo. ―Obedeció la contundente orden y sacó la punta de su lengua, recorriendo las aristas ya algo derretidas, sintiendo las pequeñas gotas de agua colarse en su boca. Una escapó, bajando por la comisura de su labio inferior hasta su barbilla, pero enseguida fue retirada por una lengua ajena a la suya.

Esa misma lengua acarició sus labios para luego introducirse en su boca, haciéndola jadear pero correspondiendo de la misma forma lenta, apasionada.

El cubito de hielo fue ahora por todo su brazos: primero bajando y luego subiendo, acariciando la parte alta de sus pechos, el valle entre los mismos y su contorno. Contuvo la respiración y, cuando finalmente sintió el frío helador en uno de sus pezones, endureciéndolo, no pudo evitar arquearse.

Pronto sintió los labios de su acompañante succionando esa misma punta, calentándola, poniéndola todavía más rígida, mientras el cubito de hielo se afanaba ahora en su otro pezón, hasta que se deshizo. Sin dejar de sentir la mano sobre su estómago impidiéndola moverse, lo vio tomar otro cubito del cuenco que había sobre un mueble de la habitación, mojándolo posteriormente en otro cuenco lleno de agua a temperatura ambiente.

Sus ojos se dilataron al ver esa sonrisa traviesa, malévola, como si le estuviera indicando lo que se avecinaba.

No tardó en sentir de nuevo el hielo por su cuerpo, esta vez por todo su estómago, delineando el ombligo y humedeciendo sus vellos oscuros. Las piernas le temblaban de excitación y placer, pero no osó quejarse, sino que gimió de frustración.

Él rio, un sonido ronco que hizo a su corazón latir más deprisa. Entonces, por fin, él la tocó donde más lo necesitaba.

El cubito hizo contacto finalmente con su intimidad, acariciándola con delicadeza y parsimonia, hasta que los dedos de su amante la abrieron, metiendo un poco el cubito hacia dentro. El frío provocó que sus paredes se contrajeran y que su clítoris pulsara, haciéndola gemir.

―I-InuYasha… ―suplicó, con los ojos llorosos por el placer casi insoportable que sentía. Él sonrió, arrodillándose entre sus piernas.

―Ábrete para mí. ―Separó un poco sus muslos y, recostándose contra la pared que tenía detrás, permitió que él le elevara una de sus piernas sin protestar hasta tenerla agarrado por encima de su hombro. Solo entonces él acercó su rostro hacia su centro.

Sin dejar de juguetear con el cubito en su interior la lengua masculina encontró el pequeño capullo, ahora hinchado, necesitado de atención, atención que él le dedicó con gusto, viendo con deleite como ella se arqueaba y se retorcía por sus caricias.

Hasta que al final, tras unos tortuosos, por fin sucumbió ante él, jadeando, temblando.

Tuvo que tomarla entre sus brazos antes de que se desplomara. La llevó hasta la cama y la tumbó, dejando que recuperara la respiración antes de abrazarla y besarla.

―Eso ha sido…

―Aún no ha terminado, pequeña. ―Ella lo miró para luego sonreír, dejando que una vez más él se hiciera cargo de su cuerpo, de su mente y de su corazón.

Amaba a ese hombre, y estaba segura de que él también la amaba a ella. Aunque todavía no hubiese sido capaz de decírselo con palabras.

Fin Temperature play


¿Qué? ¿Os están gustando? ¿Me dejáis uno de vuestros maravillosos reviews que me llegan a lo más profundo del kokoro? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.