Muchas gracias de nuevo por leer y comentar. Intento hacer esta historia lo más real posible, a pesar de que sea algo dificultoso y vuestras reviews ayudan mucho a seguir. Aquí os dejo el siguiente capítulo con algo de drama, pero espero que os guste ;)


CAPÍTULO 3: LAS CARTAS SOBRE LA MESA

Stana dudó unos segundos si abrir la puerta, pero en el fondo sabía que solo iba a retrasar lo inevitable. Conocía a Nathan y cuando quería podía ser la persona más cabezota del mundo, algo que amaba y odiaba a partes iguales.

Dejó la camiseta encima de la mesa, se arregló un poco el pelo, lo que le permitió unos momentos para aclarar las cosas en su cabeza y abrió la puerta.

Se miraron unos segundos a los ojos, mientras Nathan entraba a toda velocidad en la caravana, cerrando la puerta con un sonoro portazo.

- Adelante, te doy permiso para que me rompas la puerta- ironizó Stana, mientras se colocaba lo más lejos posible de él. Siempre le había gustado su caravana, se sentía casi como en su casa, pero en aquel momento maldijo su pequeño tamaño. Era la primera vez en mucho tiempo que estaba a solas con Nathan en un espacio tan reducido.

- No estoy para bromas, Stana.

- ¿Qué es lo que quieres, Nathan?

- No te vas a esconder otra vez, como haces siempre – Nathan estaba dispuesto a continuar su discurso, pero su mirada se centró en algo que le llamó la atención – Esa es la camiseta del casting... Espera, ¿También la vas a subastar? - El asombro de Nathan iba aumentando a la misma vez que su ira.

- No tengo que darte ningún tipo de explicación.

- ¿Qué más vas a subastar? ¿La pulsera que te regalé en nuestro primer San Valentín? ¿La botella de vino que abrimos la primera noche que pasé en tu casa? Oh, ya sé, el antifaz que tanto te gustaba utilizar, te lo puedo firmar también si quieres.- El actor estaba dejando que la rabia contenida saliese a la luz y no pensaba racionalmente. Se sentía traicionado, aunque en el fondo, sabía que no tenía derecho a estarlo.

- Vete a la mierda.

Las palabras de Nathan se clavaron en el corazón de Stana. Ambos pasaron segundos dejando que las miradas llenas de furia hablasen por ellos. La tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo y parecía que no había manera de aliviarla.

- Ayúdame a entenderte, Stana.- dijo él suavizando el tono.

- ¿Qué es lo que quieres entender? ¿Qué derecho tienes a venir aquí y hablarme de esta forma? Olvídate de esto y déjame en paz.

- Como siempre, lanzas la piedra y escondes la mano. Lo mismo que hiciste hace un año.

- Sabes perfectamente por qué lo dejamos. No me hagas revivir todo eso otra vez porque no tiene sentido.

- Lo dejaste tú, sin tenerme en cuenta.

- Como siempre, soy yo la mala de la película ¿no es así?

Sin darse cuenta, sus cuerpos se habían acercado cada vez más y el espacio entre ellos era escaso. Stana podía sentir la respiración entrecortada de su ex pareja que le miraba fijamente a los ojos. Aquella conexión que sentían y que muchas veces ella había intentado evitar sin éxito alguno, reinaba la habitación. Sólo existían ellos, como había sido siempre...

De pronto, el sonido de unos golpes en la puerta destrozó aquel ambiente y ambos regresaron al presente.

-¿Sí? - contestó ella nerviosa, había perdido completamente la noción del tiempo.

- Stana, te esperan en maquillaje- la voz con un toque de desesperación de la ayudante, provocó que Stana se apresurase a coger sus cosas para salir de la caravana.

- No creas que esta conversación ha terminado – le susurró Nathan, antes de que ella abriese la puerta.

Stana salió apresurada y se dirigió a la caravana de maquillaje. No reparó en la presencia de Marlowe, lo contrario a lo que hizo Nathan, que si se dio cuenta de que le observaba fijamente. Aquella mirada no podía significar nada bueno.

- Nathan, ven a mi despacho.