Capítulo 3 (Dedicado a Anita)
Damon POV
(Flashback - Diciembre 2009)
Increíblemente las clases se tornaron animadas, y para ser honesto, una preciadísima parte fue lograda gracias a la chica de ojos chocolate, debido a su devoción literaria.
Era interesante verla en los pasillos inspirada en la lectura de libros como Orgullo y Prejuicio, Frankenstein, La Vuelta al Mundo en 80 días, y los que se repetían bastante: La Vida Nueva y La Divina Comedia.
Al principio no platicaba con casi nadie, hasta que comenzó el periodo de pruebas, acudiendo así los demás para que los ayudase. Los flojos "huelen" a quienes pueden sacarle provecho; lo curioso era que ella se sorprendía de que le hablaran, pero les explicaba amablemente, sin palabras rebuscadas.
Incluso varias veces vi como les leía pasajes o capítulos de ciertos textos, teniendo como resultado mejoras en sus redacciones e intervenciones. Parecía que gracias a esa menuda joven comprendieran más fácilmente.
Un día iba subiendo las escaleras hasta el tercer piso de la facultad, y en un lado se hallaba ella escuchando música en un iPod negro. Tarareaba por lo bajo, con los ojos cerrados, sus pies se movían levemente al son del ritmo que seguía.
Fruncí el seño. Con precaución me aproximé, intentando escuchar también, me intrigaba su cálido entusiasmo.
-Everybody talks, everybody talks – canturreó muy bajito – It started with a whisper, and that was when I kissed her… - empezó a acompañar su voz con tímidos chasquidos de dedos.
De sus rodillas cruzadas cayó la libreta de anotaciones; me agaché para recogerla, mientras ella buscaba a los lados. Reí por su reacción, inmediatamente fijó su atención en mí, poniéndose pálida.
-Creo que esto le pertenece, Srta Gilbert – dije tendiéndoselo. Se quitó los auriculares inmediatamente.
-Muchas gracias – contestó, asintiendo con la cabeza, evitando mi mirada.
Carraspeé.
-¿Así que le gusta Neon Trees? – inquirí intrigado. Parecía muy centrada. Escondió la cara apagando el aparato, se levantó y lo guardó en su mochila de jean.
También me alcé al máximo de mi estatura, pareciendo ella muy pequeña en comparación.
-No en realidad – contestó con una media sonrisa – Prefiero a Kelly Clarkson, Kings of Leon y Aerosmith.
-Que combinación – murmuré divertido – Supongo que en esta época a nadie le llama la atención grupos como Chris Isaak y Danny Kaye – me encogí de hombros.
Su rostro se iluminó como en la primera clase.
-¡Ellos son geniales! Adoro los temas Wicked Game y Ugly Duckling – exclamó emocionada – Esa última me hace rememorar mi infancia, levantándome el ánimo.
No pude evitar reír a carcajadas.
-Estoy de acuerdo en eso – dije contento. Que damita tan especial; miré alrededor indeciso acerca de una inquietud que quería que me aclarara. ¿Que original no? El profesor preguntándole a la alumna, pensé con sarcasmo - ¿Puedo hacerle una pregunta?
Se puso nerviosa aunque asintió.
-¿Por qué le gusta tanto leer? – indagué curioso – Siempre la veo leyendo con avidez, como si no quisiera dejar una historia inconclusa.
Se sonrojó y cambió su peso de un pie a otro.
-Me encanta sumergirme en otras "realidades" – sonrió con cierta melancolía – esa es la segunda razón, y la primera es por el gusto que me inculcó mi mamá por la lectura. Mi padre me llevaba a muchas exhibiciones en museos, y al regresar a casa, tras cenar su sopa especial, me leía mis cuentos preferidos.
Su frente se crispó levemente.
-Pues creo que les agradeceré – contesté – Tengo que reconocer que es la primera en años que muestra tanta pasión - seguí con un suspiro. Ya iba entendiendo las causas de su actitud.
La miré detenidamente: lucía triste.
-¿Qué sucede? – me alarmé ante su expresión. ¿Había dicho algo malo?
-Es solo que hablar de ellos aún me duele – susurró con la cabeza gacha – Murieron hace un año en un accidente de coche – se mordió el labio tembloroso, evitando llorar.
Quise abrazarla, pero lo más seguro es que lo tomara como inapropiado; en cambio le puse una mano en el hombro.
-Lo lamento, Elena – dije de corazón – Comprendo por lo que pasas: mis padres fallecieron hace tiempo también – de repente sentí sus delgados brazos entorno a mí, sumamente cálida, provocándome un dolor hondo por haber olvidado la sensación de un abrazo y su congoja evidente.
-Sé que los extrañas, pero han de estar muy orgullosos de tu persona, mirándote y velando por ti desde el cielo – murmuré apartándome un poco para sonreírle tímidamente.
Algunas lágrimas empañaron su rostro; le di mi pañuelo de tela.
Avergonzada, se secó con mucha suavidad y me lo devolvió. Lo guardé, mientras pensaba en ofrecerle un café, ya que aún faltaban treinta minutos para la sesión.
Elena POV
Que sencillo era estar con el profesor Salvatore. En su interior notaba que había miles de cosas pugnando por salir a la luz. Suspiré, todavía no lograba descifrar la causa de su mal humor al inicio del semestre y la disminución de este gradualmente.
En el baño y pasillos había escuchado murmullos referentes a que a pesar de ser el más guapo de los docentes, su carácter huraño volvía difícil permanecer a su lado o siquiera en derredor.
Esos ojos azules escondían secretos, miles de historias. En las noches me costaba dormir recordando nuestra pequeña charla. Durante esos minutos hablé tan profundamente con alguien afín conmigo que me costaba creerlo. Jamás había tenido una amistad real, llena de esencia que la hiciera eterna o al menos medianamente duradera. Qué sorpresa me llevé al entrar aquí y sentir que finalmente encontré mi camino: a donde pertenecía.
Las asignaturas acerca de los griegos, estructura de la lengua e Historia del Arte me tenían muy alegre, pero nada como aquella clase semanal de Literatura I.
Miré como pedía su café y un té para mí. No podía negar que su mirada, postura y palabras hacían emanar algo de su ser que me tenía ansiosa al intentar descifrarlo con cada ocasión que tenía.
-¿Te encuentras mejor? – preguntó con tacto ante mi bochornosa escena previa.
-Sí, gracias – murmuré luchando con mi inoportuna timidez para observarlo de frente. Qué atenta fue su conducta hace rato.
Me ofreció una sonrisa satisfecha, provocando que mi estómago se retorciera. Era muy apuesto. Me moví inquieta pensando en algún tema de conversación; la autoridad que lo envolvía me puso más nerviosa.
-¿Cuál es tu autor favorito? – inquirió tras beber unos sorbos del humeante líquido.
-Austen – respondí automáticamente.
Enarcó una ceja y rió por lo bajo.
-Debí suponerlo – masculló.
Ladeé la cabeza, confundida.
-Pareces una chica independiente, así que la historia de Jane Austen haría que te identificaras – explicó - ¿O me equivoco?
Tomé un poco de té dándome tiempo para armar una respuesta. Estaba atónita ¿Cómo me conocía tan bien?
-En parte es por eso. No me agrada depender de alguien – exclamé con renovada energía – Todas sus historias son complicadas, dando lecciones de moral y romance en el proceso, teniendo siempre un final feliz.
Frunció los labios.
-Tu visión es profundamente romántica, Elena – aseguró con un deje de irritación – Aferrarte a ello te vuelve irreflexiva: te hará sufrir.
Ahora fue mi turno de enarcar una ceja.
-No soy boba, si a eso se refiere. Sé que el amor ideal solamente sucede en cuentos y novelas – aclaré, ofendida por su afirmación – Pero es sano tomar lo mejor de la vida para continuar.
-¿Y te basas precisamente en el amor? - dijo aturdido – Algo tan abstracto e inestable.
Chasqueé la lengua.
-Es el sentimiento más poderoso al que podemos recurrir cuando estamos en desgracia. Invocarlo es como un bálsamo para el alma – tenía los ojos húmedos, eso me había salvado de no caer en la depresión por lo de mis padres.
Suspiró y aferró los bordes de la mesa con ambas manos, buscando serenarse.
-Perdóname por hablarte de tal forma – señaló abatido tras unos segundos – Creo que los años me han transformado en un gruñón sin remedio – Tienes razón, sé que el amor hace que las personas continúen su vida – contestó con el seño fruncido – Lástima que algunos jamás lo hayamos sentido.
Aunque lo dijo demasiado bajo, pude oírlo. ¿Nunca se enamoró? La preguntaba clamaba por salir de mi boca, mas me contuve. Después de todo, yo era un simple estudiante, ni siquiera su amiga.
Se sobresaltó al fijar la vista en el reloj de la pared. Bebió de prisa lo que quedaba en la taza, poniéndose su chaqueta negra luego.
-¡Se ha hecho tarde, debo irme! – se excusó angustiado – Ninguna vez me había demorado. Disculpe por dejarla así – pidió caballerosamente.
-Descuide, vaya sin cuidado – lo animé, escondiendo la leve decepción de que ya se marchara.
-Gracias – tomó su bolso y salió sin mirar atrás. Me compré una rosquilla con glaseado para merendar, esperando un tiempo pertinente para volver a la residencia estudiantil. Las horas que pasé sola se tornaron pesadas, lo cual era un hecho sin precedente, así que centré mi tención en otra historia ficticia mientras caminaba hacia la salida.
eeeeeeeeeee Al fin pude actualizar! Debo agradecer a Anita por los ánimos (casi me saca el brazo de la emoción, jeje. Eso me enorgullece :) Gracias a Sonia Salvatore, girldelena y Ale1864 por colocar la historia como favorito o seguirla. Respuestas a sus reviews:
YAZMIN V: Sí, es algo que va creciendo diariamente, a veces ni siquiera nos percatamos de ello. Gracias por comentar!
Beauty´s souls: ¡Muchísimas gracias, que lindo comentario! Sí, Elena definitivamente será fundamental para su cambio, pero le falta mucho al prof Salvatore para ser menos odiosito, jeje. ¿Porfundo? ay, que halago ;) Me parece que la literatura te embarca en mundos extraordinarios y te hace ver la vida de otra manera.
¿Qué les ha parecido? Tomatazos, felicitaiones? Siéntanse libres de opinar. Lo hice más largo porque creo que tardaré en publicar, pues en la uni ya empezaremos exámenes. Se les quiere!
