El inicio y el fin II - Capítulo Dos
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
En las lindes del Bosque Prohibido
- Bienvenidos. Mi nombre es Evelyn Bright y seré su profesora en esta asignatura.
Evelyn saludó al grupo de jóvenes que se hallaban medianamente agrupados frente a ella, en el amplio predio cercano al castillo.
Eran demasiados.
La regla del colegio era que no hubiera más de 20 alumnos por clase, razón por la cual los primeros cinco años en Hogwarts se agrupaban a integrantes de dos casas por cada clase. Pero la regla esta vez iba a romperse porque no tenían tiempo. Ella no lo tenía.
- Como todos saben, esto es Defensa Contra las Artes Oscuras sin magia. Mi meta es que cada uno de ustedes sea capaz de salir con vida de una situación potencialmente peligrosa, aún si no pueden hacer magia, así es que las varitas no les servirán en esta asignatura – prosiguió Evelyn con calma, mirando los rostros recelosos o expectantes, dependiendo del dueño.
Silencio. Nadie dijo nada. Y si su oído no la engañaba, había algunos que estaban conteniendo el aliento.
- Para mis clases necesitarán ropa deportiva, ya que el esfuerzo será físico en su mayoría. Vengan dispuestos a transpirar porque es lo que con seguridad harán en estas horas. Pero la magia estará prohibida y las varitas deberán quedarse en sus mochilas o, de preferencia, en sus cuartos. Por lo tanto, guárdenlas por hoy y no las traigan en la próxima clase.
Todos se miraron con aprehensión. Algunos obedecieron con rapidez, metiéndolas en sus mochilas. Otros se mostraron reticentes a desprenderse de lo que les daba seguridad.
- Yo no dejo mi varita en ningún lado – afirmó Draco Malfoy desafiante.
Harry arrugó el ceño y miró al platinado muchacho, que con la varita firmemente apretada entre sus dedos mantenía la barbilla en alto y una expresión petulante.
"Maldito imbécil", pensó irritado.
Se giró para ver lo que haría la bruja que estaba parada cerca de una valla, que separaba esa parte del parque de Hogwarts del Bosque Prohibido.
Evelyn miró a Draco por un largo momento en silencio. Nadie pestañeaba y Harry se preguntó qué haría ella para responder al claro desafío de Malfoy. Repentinamente, la mano de la bruja salió disparada hacia adelante y lanzó un disco plano con una precisión y velocidad pasmosas, hacia el muchacho de Slytherin. El disco, que nadie vio de dónde salió, lo golpeó en la muñeca, haciendo que soltara su varita con una exclamación de dolor. En ese momento, la varita voló hacia la bruja, quien la tomó con calma y se la mostró a Malfoy con seriedad.
- Nadie le pedirá permiso para quitarte su varita en una pelea, señor Malfoy. – Su voz era serena, sin rastro de jactancia -. ¿Qué hará ahora para recuperarla?
Draco, con dos motas rojas en sus mejillas que denotaban su enfado, dejó de frotarse la muñeca dolorida y, tomando el disco que había caído a sus pies, lo lanzó con fuerza hacia ella. Al mismo tiempo, hizo un gesto con la cabeza a sus eternos perros guardianes, Crabble y Goyle, quienes sacaron sus varitas para dirigirlas hacia su nueva profesora.
En un acto reflejo, Harry sacó su propia varita y, junto con Ron y Hermione, apuntaron a Malfoy y sus amigos.
- ¡Bájenlas! – dijo con los dientes apretados.
Evelyn atrapó el disco con su mano libre con facilidad y miró a los seis chicos que, estáticos, se apuntaban mutuamente.
- Harry, Ron, Hermione… quietos – aunque no levantó la voz, había una clara orden en ella y los tres adolescentes la respetaron. No se movieron. Ni siquiera para bajar sus varitas.
Crabble y Goyle miraron a los tres chicos que los apuntaban, luego volvieron la vista a Malfoy y no parecieron poder decidir hacia dónde les convenía apuntar.
- Parece que el señor Malfoy está en un aprieto. – Evelyn se dirigió a toda la clase, mientras miraba a los dos grupos de chicos, con la varita de Draco aún entre los dedos. – Por un lado, fue buena idea crear un momento de distracción al lanzarme el disco mientras sus amigos me atacaban. Pero por el otro, no tomó en cuenta el detalle de que en este grupo hay personas que reaccionarían de forma defensiva. ¿Qué sigue entonces?
Hizo una pausa y todos esperaron, expectantes. Malfoy parecía estar pensando a toda marcha, sus amigos comenzaron a sudar y los tres Gryffindors no se movieron en absoluto.
- Les diré lo que sigue – continuó Evelyn -. Mientras el señor Crabble y el señor Goyle intercambian maleficios con el señor Potter, el señor Weasley y la señorita Granger, el señor Malfoy podría intentar abalanzarse sobre mí para recuperar su varita por la fuerza. Así es que planteemos ese escenario – clavó sus ojos dorados en el muchacho alto y rubio. – Adelante, señor Malfoy. Haga su mejor movimiento. Venga por su varita.
Tras un segundo, Draco se abalanzó sobre ella a toda velocidad, con la clara intención de derribarla. Varias chicas se taparon la boca, ahogando una exclamación de sorpresa y susto cuando los tres Gryffindors desarmaron a Crabble y Goyle con facilidad con hechizos básicos de defensa. Evelyn esperó a que el chico estuviera a menos de un metro de distancia y dio un paso al costado. Alargó una mano y tomó al muchacho por el codo. Draco venía tan rápido que no pudo desviarse ni evitar girar sobre sí mismo. La bruja lo soltó y él fue a dar, trastabillando, contra el cerco. Se sostuvo de la madera, tratando de recuperar el aire que el golpe le había quitado, con la idea de girarse para enfrentarla de nuevo, pero una mano se clavó en su trapecio e hizo presión, inmovilizándolo.
Luego, lo soltó.
Draco se giró y se encontró con Evelyn, parada frente a él, con todos los alumnos de sexto año contemplando azorados, excepto Harry que parecía divertido.
"Maldito San Potter", pensó para sus adentros.
Se enderezó y miró la varita que Evelyn le tendía.
- Buen intento. Pero a esta altura, usted y sus amigos estarían muertos, yo tendría su varita y mis tres improvisados ayudantes probablemente estarían indemnes.
Draco le arrebató la varita y la miró con desprecio.
- Es fácil cuando tiene el elemento sorpresa de su lado – dijo con furia contenida.
- Entonces, permítame que le enseñe cómo se hace para jamás ser tomado por sorpresa, señor Malfoy – replicó Evelyn antes de girarse hacia el resto de los alumnos -. Y esa es la primera lección que deberán aprender. Estamos en guerra, señores. Ningún lugar es seguro, ningún momento será sagrado, ninguna precaución será innecesaria. Sus vidas no pueden depender de un golpe de suerte o de si tienen sus varitas a mano. Sus vidas dependen de cuán rápidos sean para pensar, cuán fuerte puedan golpear y cuán bien reaccionen ante algo que no debería estar sucediendo. ¿Entienden todos esto?
Varias cabezas asintieron, mientras todo el mundo guardaba su varita. Evelyn asintió y tomó aire. Apoyando la mano en una de las maderas, pegó un salto por encima del vallado y caminó con decisión y fluidez hasta encontrarse a dos pasos del linde del Bosque Prohibido.
- Ahora, todos colóquense de este lado de la valla en una línea, por favor.
Uno a uno, los alumnos se alinearon unos junto a otros. Harry quedó en el medio, con Ron a su derecha y Hermione a su izquierda.
- ¿Qué vamos a hacer? – preguntó Hermione por lo bajo.
- ¿No pretenderá que entremos todos corriendo allí, verdad? – agregó Ron, con algo de aprehensión y mirada recelosa hacia el oscuro y silencioso bosque. En su mente configuró legiones de acromántulas esperándolos en la oscuridad.
- No lo sé – susurró Harry.
- En mi experiencia – comenzó Evelyn – lo peor que puede sucedernos es caer víctimas de la ignorancia. Debemos saber a qué nos enfrentamos si queremos salir airosos. Y debemos saber diferenciar entre la verdad y la fábula, porque no hay enemigo más poderoso que nuestra propia mente y nuestros propios miedos. - Un silencio respetuoso siguió a sus palabras. - ¿Puede alguien decirme qué es lo que estamos mirando?
Un par de manos se alzaron tentativas un segundo después de que se alzara la de Hermione. Evelyn vio a la mejor amiga de Harry, pero se giró hacia una chica de Ravenclaw que estaba más cerca.
- ¿Usted es Ludmilla Prescott, verdad?
- Sí – replicó la chica, asombrada de que supiera su nombre.
- Dígame, señorita Prescott. ¿Qué estamos mirando?
- ¿El Bosque Prohibido? – dijo la chica, como si no confiara en que la pregunta tuviera tan obvia respuesta.
- El Bosque Prohibido – afirmó Evelyn, mientras las restantes manos bajaban -. Aunque parezca algo obvio¿por qué este bosque se llama así¿Por qué es El Bosque Prohibido, señor Zabini? – se dirigió hacia el chico de Slytherin.
El alto muchacho de cabello oscuro frunció levemente el ceño.
- Supongo que los directores de Hogwarts pensaron que sí le ponían ese nombre, los alumnos se mantendrían alejados.
Evelyn sonrió ante la simple y directa lógica.
- Exacto. Ahora bien, hay una razón por la cual los directores siempre han querido que los alumnos estén lejos de este bosque. ¿Cuál es esa razón¿Señor Weasley?
Ron, tomado por sorpresa, parpadeó un par de veces.
- ¿Porque está habitado por toda clase de criaturas peligrosas?
- ¿Cuáles? – le preguntó entonces la bruja, sin apartar de él sus ojos dorados.
El alto pelirrojo se encogió de hombros.
- Pues… no sé exactamente cuáles son todas… por lo que sé, hombres lobo, acromántulas, centauros…
- Los centauros no son criaturas peligrosas – puntualizó Evelyn.
- Los que están allí sí – intercedió Hermione -. No les simpatizan los humanos y han declarado que si encuentran a uno, lo matarán.
Un silencio ominoso cayó sobre todos, mientras las ramas de los árboles cercanos se mecían por la suave brisa.
Evelyn miró a Hermione con fijeza. El relato de lo ocurrido a Dolores Umbridge regresó a su cabeza y un escalofrío le recorrió la espina dorsal al percatarse de lo que esa chica era capaz de hacer, si se la presionaba lo suficiente.
- Entonces… este bosque recibió el nombre de Prohibido porque los directores del colegio no querían que los alumnos se adentraran en él, porque hay toda clase de criaturas que son peligrosas. ¿Alguno de ustedes sabe exactamente cuántas y cuáles son todas esas criaturas peligrosas, fuera de la que mencionaron el señor Weasley y la señorita Granger?
Harry frunció el ceño. Ahora que lo pensaba, él no lo sabía. No tenía ni idea, fuera de los rumores y su propia experiencia, que por fortuna no era mucha.
Ante el silencio generalizado, Evelyn asintió.
- Eso quiere decir que se han pasado los últimos cinco años temiéndole a este Bosque, pero no saben exactamente a qué le estaban temiendo – resumió con precisión -. Quiero que todos ustedes hagan un escrito en donde me detallen todo lo que puedan averiguar acerca de este bosque. Cuánto tiempo hace que está registrado, qué criaturas viven en él, por qué son peligrosas o benéficas. De ser posible, indiquen cómo pueden vencer a estas criaturas o cómo pueden ser utilizadas. No se detengan sólo en los animales, piensen también en las plantas. Pueden consultar a todos los profesores del colegio, todos los libros de la biblioteca, a sus familiares… no me importa. Tienen un mes para hacer este ensayo y entregármelo. ¿Alguna pregunta?
Neville levantó su mano con cautela.
- ¿Podemos consultarla a usted?
- No – replicó Evelyn y Neville pareció decepcionado –. Pero hay aquí personas que saben tanto o más que yo sobre este bosque y sus peligros – agregó con rapidez -. Aquellos de ustedes que quieran consultar con un profesor en particular, avísenme. Coordinaremos un horario para que de esa manera todos puedan ir juntos y así no estorbaremos al resto de los docentes con continuas sesiones de preguntas.
Un murmullo se alzó entre los adolescentes, que inmediatamente comenzaron a especular acerca de quién sería más adecuado para que les diera información.
Evelyn acalló a todo el mundo palmeando sus manos.
- Entonces, ahora que ya les he dado su tarea para este mes, comenzaremos nuestra clase con una misión simple – anunció, parándose en el linde mismo del Bosque –. Cada uno de ustedes, en su turno, deberá decir una simple palabra. Si la dicen, permanecerán en su lugar y ganarán dos puntos para su casa. Si no la dicen, avanzarán un paso y perderán un punto para su casa. Tengan en cuenta que seguirán avanzando hasta tanto no digan la palabra, por lo que les aconsejo que sopesen bien sus temores y los racionalicen. ¿Qué representa un riego real¿Un Bosque cuyos peligros están documentados, o decir una palabra que, hasta donde sé, jamás ha provocado nada malo sólo con pronunciarla?
Los chicos se miraron unos a otros, recelosos.
- ¿Y cuál es la palabra? – quiso saber Seamus.
La mirada serena de Evelyn brilló de manera extraña al responder.
- Voldemort.
Hubo un jadeo generalizado, expresiones de horror y gente que dio un involuntario paso atrás.
Un segundo después, Harry levantó su mano y sonrió a la bruja parada delante de todos con confianza. Nunca una tarea le había parecido más sencilla de cumplir que esa.
