Cuando tódo dejó de girar, Draco se encaró con Harry. El chico seguía sonriendo de manera socarrona, cosa que sólo sirvió para exasperar aún más al ex mortífago. Draco avanzó dos pasos hasta que quedó prácticamente pegado a Harry.

-¿Qué has querido decir con eso de que la sangre sucia y la comadreja van a vivir con nosotros?

-No van a vivir con nosotros. Están viviendo aquí ya –Harry decidió obviar los insultos para con sus amigos. Comprendía que casi ocho años de odio entre todos ellos eran difíciles de olvidar.- En lo que llega tu tía, intenta descansar.

-Qué amable, Potter –Draco se separó de su archienemigo y decidió cotillear un poco la sala en la que se encontraban. Sabía que aquella era la casa de la familia de su madre, los Black. Aunque lucía distinta a lo que él esperaba. Toda la decoración era…. Demasiado muggle. Se notaba que Potter y la sangre sucia habían metido mano en lo referente a la decoración. Sólo una cosa desentonaba en la sala. En la pared izquierda, ocupándola completamente, estaba el árbol que representaba a la familia Black al completo. Se acercó de dos zancadas y buscó con ansiedad a una persona. Allí estaba, con gesto serio y mirada fría, pero era ella. Su madre. Narcissa Black de Malfoy. Acarició con muchísimo cuidado la única representación de ella que quedaba en el mundo.

-La extrañas, ¿verdad?

Draco se giró con gran rapidez. Ante él estaba la representación benévola de su "querida" tía Bellatrix. Andrómeda Tonks le sonreía con dulzura. ¿Cómo dos personas podían ser idénticas físicamente y tan opuestas en personalidad? No conocía a su tía Andrómeda, pues al casarse con un muggle fue expulsada de la familia. Pero por lo que había oído, era una bellísima persona, encantadora, amable…. A pesar del parecido con la loca de Bella. La única diferencia era el color del pelo: mientras la mortífaga era morena, Andrómeda era rubia, como su madre. También tenía los ojos azules, mucho más cálidos y amables que Narcissa, pero del mismo tono. Draco no contestó.

-Tranquilo. –Andrómeda se situó a su lado. El chico la sacaba al menos cabeza y media, por lo que tenía que estirar el cuello hacia atrás para poder mirarlo a los ojos- Aunque te pareces muchísimo a tu padre, me recuerdas muchísimo más a Sirius. Tienes el mismo color de ojos y el mismo porte.

-¿Quieres que te dé las gracias por el supuesto cumplido? –Draco contestó con el mejor tono de desdén que poseía. Andrómeda sólo se limitó a sonreir un poquito más.- ¿De qué te ríes?

-Incluso hablas como él –le volvió a palmear el brazo y caminó hacia la puerta- Debes estar hambriento. Venga, acompáñame a la cocina.

-San Potter me dijo que esperara aquí –Draco no quería reconocer que estaba muerto de hambre. Desde la destrucción de su hogar y el asesinato de su familia, apenas había comido mucho.

-Tranquilo. No creo que te vayan a matar por comer algo –La mujer se llevó una mano a la boca al darse cuenta de lo que había dicho. Miró al chico. Los ojos de Draco, normalmente brillantes y fríos, estaban opacos, carentes de vida.- ¡Lo siento mucho, mi niño! Lo dije sin pensar.

-No tiene importancia –aunque le había dolido muchísimo el comentario, sabía que no tenía que dejar aflorar sus sentimientos ni emociones. Nunca se mostraría vulnerable ante sus enemigos.- Pero acepto la comida.

Andrómeda soltó el aire que había estado reteniendo. En silencio, condujo a su sobrino hasta la cocina. No llegaron a entrar. La puerta principal se abrió de golpe y por ella entraron tres personas discutiendo a voces.

-¡ME NIEGO! ¿ES QUE HAS PERDIDO EL JUICIO, HARRY? –Ron Weasley tenía el rostro del mismo color que su pelo. Mientras gritaba como un poseso, agitaba con fuerza las manos. Harry se limitaba a observarlo en silencio, tranquilo. Conocía demasiado bien a su amigo como para entrar a trapo en una discusión que sabía que tenía ganada de antemano. Detrás de ellos entró una silenciosa Hermione.- ¡Y ME IMPORTA UNA MIERDA QUE EL MINISTRO EN PERSONA TE LO HAYA ENCARGADO! ES UN ASESINO DE MIERDA QUE MERECE ESTAR EN AZKABAN O MUERTO COMO LA ESCORIA DE SU FAMILIA.

No pudo continuar porque se vio lanzado por los aires. Draco le había lanzado un hechizo no verbal ante la mención a su familia. Harry y Hermione lo miraron, asombrados. El chico tenía la varita alzada con pulso firme. Pero había algo en sus ojos que les hizo estremecerse. Ron se puso de pie y sacó también su varita.

-¿Qué te decía? No llevamos ni un minuto aquí y ya ha intentado matarme.

-Si te quisiera muerto, comadreja, no te habría lanzado un expelliarmus de mierda –siseó Draco mientras bajaba los dos escalones que llevaban al hall de la casa- Por consideración a la casa de mis antepasados, no te voy a matar. Pero quedas advertido. Como vuelvas a mencionar a mis padres, morirás. Pero no con un Avada. Te haré sufrir durante horas de tal manera que acabarás pidiendo clemencia para que acabe contigo.

Ron abrió la boca para contestarle, pero la cortina que cubría el retrato de la señora Black decidió abrirse en ese preciso momento. La horrible mujer empezó su consabida retaila de insultos y gritos ante la invasión de su honorable hogar por parte de mestizos, sangre sucias y traidores a la sangre. Harry y Hermione intentaron cerrar de nuevo las cortinas, pero en ese momento Ron decidió atacar a Draco, que se había despistado ante el espectáculo que estaba dando el retrato.

-Crucio –susurró. Draco sintió el ya conocido dolor de la maldición. Pero, en vez de gritar como Ron esperaba, simplemente se dobló por la cintura para mitigar un poco el sufrimiento. Harry dejó sus intentos por cubrir el retrato y arrancó la varita de la mano de su amigo.

-¿Te has vuelto loco? Estabas utilizando una imperdonable.

-¿Y? Ya no están prohibidas –Ron miró con odio a Draco, que se había erguido de nuevo y lo miraba con indiferencia.

-¡Estás en mi casa! –Harry le fulminó con la mirada. Luego se volvió hacia el cuadro e intentó cerrarlo de nuevo. Pero sin éxito. Draco, cansado de tantas voces, se acercó al retrato y miró a la anciana fijamente.

-A ver, vieja loca –la señora Black cortó su retaila de insultos y lo miró fijamente- Despídase de esta casa.

Ante la atónita mirada de todos, Draco hizo un complejo movimiento de varita y el retrato desapareció de la pared. Se agitó, molesto, ante las miradas fijas de sus enemigos y tía.

-¿Cómo has hecho eso? –Hermione se acercó a él. Draco retrocedió todo lo que pudo hasta chocar con la pared contraria- Llevábamos años intentando quitar el retrato, pero tenía un hechizo de permanencia.

-Sólo un Black podía quitarlo –contestó el chico, molesto ante la cercanía de la sangre sucia.

-Pero Andrómeda es una Black y no pudo –Hermione no iba a dejarlo tranquilo hasta que le explicara cómo lo había logrado.

-Una vez que te borran del árbol, pierdes todos los privilegios del apellido. Como ella no está –Draco señaló la habitación del árbol familiar- No puede ni siquiera dar órdenes a los elfos domésticos que pertenezcan a la familia.

-¿Y tú sí, huroncito? –Ron intentó provocarlo para ver si entraba a trapo en otra pelea. Draco sonrió con prepotencia.

-Soy el último Black. Puedo eso y mucho más –se volvió para mirar a su tía- ¿Aún sigue en pie la oferta de la comida?

-¡Claro, cielo! –Andrómeda entró en la cocina, seguida por su sobrino. Harry se quedó en el hall junto a Hermione y Ron. Miró con furia a su amigo.

-Que te quede claro. Mientras vivas en mi casa, no atacarás a Malfoy. No quiero que lo piques, ni que intentes que se bata en duelo contigo.

-Como si pudiese ganarme… -Ron sonrió con prepotencia. Hermione bufó a su lado.

-No seas iluso, Ronald –la chica golpeaba el suelo con el pie- Malfoy podría parecer un inútil en el colegio y durante la guerra, pero es mucho más peligroso de lo que aparenta.

-Veo que os tiene muy engañados –Ron colgó su cazadora en un perchero- Pero yo sé como es en realidad. Es un cobarde, un niñato mimado que debería estar pudriéndose en Azkaban junto al resto de mortífagos. O debería estar muerto, junto al resto de mortífagos que se libraron de la carcel.

-¡Apoyas las matanzas! –Hermione sintió ganas de vomitar- Eso es… monstruoso. Todas esas personas habían sido declaradas inocentes. Habían pagado el precio que el Ministerio consideró oportuno e intentaban hacerse de nuevo un sitio en nuestra sociedad. Querían redimirse.

-No seas ilusa, Hermione –Ron mantenía su expresión de superioridad- Vencimos, ellos cayeron en desgracia. Sólo tenían dos opciones: o Azkaban o la muerte. No podemos darnos el lujo de que se reunieran de nuevo e intentaran algo.

-Venga ya, Ronald –Harry decidió intervenir- ¿Qué iban a hacer? Todo su poder se basaba en el miedo que inspiraba el nombre de Voldemort. Con él muerto, sólo son un grupo de magos con unos ideales absurdos. Son como una secta muggle.

-Harry tiene razón. No merecían ser cazados como bestias.

-¡PERO ESO SON! SON ALIMAÑAS –Ron no podía comprender la insistencia de sus amigos por justificar a los magos oscuros.

-¿Y no son alimañas todos esos que se están tomando la justicia por su mano? –Hermione no había levantado la voz en ningún momento- Son incluso peor que mortífagos. Ellos mataban con un simple hechizo. Vale que de vez en cuando se entretenían con el cruciatas, pero lo que están haciendo ahora…. ¡Están torturando de manera atroz a personas, a seres humanos!

-MERECEN ESO Y MÁS. SI NO FUERA POR ELLOS, YO AÚN TENDRÍA A FRED Y A LAVENDER. –Ron se dejó caer en un escalón- Me quitaron a mi hermano y a mi novia. Si pudiera, los mataría yo mismo.

-Si sigues pensando así, vas a acabar teniendo problemas, Ronald –Harry pasó a su amigo y entró en la cocina. Ron se quedó mirando a Hermione.

-¿Tú no vas a decir nada?

-No. Estoy confusa. Por una parte te comprendo. El haber perdido a dos seres queridos es duro –Hermione se estremeció ante la expresión de su amigo- Pero no puedo creer que apoyes el asesinato de los ex mortífagos. Me entristece mucho tu comportamiento, Ronald.

La chica entró en la cocina intentando contener las lágrimas. Draco, que comía con ganas un buen plato de estofado, la miró de reojo. ¿Por qué estaría a punto de llorar? Decidió fastidiarla un poco.

-Que, Granger. ¿Te ha vuelto a rechazar la comadreja?

-No seas estúpido, Malfoy –Hermione se sentó enfrente de él- No comprendo cómo puedes estar tan tranquilo después de lo que te ha pasado. Deberías estar….

-¿Deprimido? ¿Apático? ¿Llorando por los rincones como un alma en pena? –Draco se metió otra cucharada de estofado en la boca y tragó- No te confundas, sangre sucia. No soy como vosotros. Los sentimentalismos no van conmigo.

-¡Eres un monstruo sin sentimientos! –Hermione se levantó, furibunda-¡Has visto morir a tus padres de la peor manera y aquí estás, hablando como si no te importaran nada!

-No me conoces, sangre sucia. No intentes comprenderme. –Draco terminó su comida y recogió el plato, ante la mirada asombrada de Harry y su tía. El chico se había dado cuenta de ello y sonrió malévolamente- ¿Ves cómo no conocéis nada de mí? Recojo un puto plato y parece que me han crecido cuernos. Tenéis demasiados prejuicios hacia los Slytherin y sobre todo hacia mi. Nunca os molestasteis en intentar comprender el por qué somos como somos. Permanecisteis en vuestro honorable papel de valientes leones, salvadores del colegio y del Mundo Mágico, sin importar si antes habíais pisoteado a los demás. Porque, no podeis negarlo, siempre habéis sido los favoritos, tanto de los profesores, como del cuerpo de aurores, de la Órden y del propio Ministro. Ante eso, nosotros, los temibles y desalmados mortífagos Slytherin no teníamos ni tenemos nada que hacer.

Salió de la cocina y se marchó de la casa. Harry no sabía que hacer. Tenía que vigilarlo, pero comprendía que en esos momentos necesitaba estar solo. Andrómeda pensaba en lo desamparado que parecía su único sobrino. Y Hermione…. Había tomado una decisión.

-¿Dónde crees que puede haber ido, Harry?

-Por lo poco que sé de él realmente, habrá ido a lo que queda de su casa.

-Luego os veo. Si pasa algo te mando mi patronus.

-Ten cuidado. A pesar de todo, sigue siendo peligroso –Harry miró preocupado a su amiga. Hermione salió de la casa y se desapareció.