Dolce
"La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella." -Oscar Wilde.
Capítulo III:
"Travieso"
No podía creer lo que estaba viendo, pues era demasiado espectacular para ser cierto. La gran vitrina de la tienda principal de Lucy In The Sky se veía simplemente mágica. Había sido montada en tiempo récord y absolutamente todos los detalles eran perfectos. Sakura sonrió satisfecha y orgullosa. Naoko se merecía un aumento, un busto y un altar con velas.
-Naoko, ¡es precioso! –Sus ojos verdes brillaban de emoción.
-Muchas gracias, era lo menos que podía hacer luego de haberte noqueado con aquel jarrón, Sakura. –Se acomodó los anteojos, como si aquello fuese a disimular su sonrojo-. Además, es mi trabajo.
-Oh, eso no importa ya. -Se acercó a ella-. ¡qué haría yo sin ti!
Naoko era la visual merchandiser de Lucy In The Sky, y la verdad es que era una profesional destacada. Esta vez, se había lucido por completo.
Sakura entró a la tienda con una sonrisa en los labios y se dirigió hasta el mostrador. La vida era bella. En los días que se había ausentado por su otro trabajo, en Dolce, comenzó a venderse la nueva colección, y aquello implicaba renovar las vitrinas y los catálogos. Al principio, había estado preocupada por los resultados, a pesar de que Tomoyo le había jurado que mantendría todo bajo control. Pero su equipo de trabajo era el mejor.
Se sonrió a sí misma al estar allí, rodeada de los hermosos diseños hechos por Tomoyo y ella. A esa hora no había muchas personas en la tienda, así que Sakura aprovechó el tiempo para llamar a Tomoyo, que había quedado de ir a esa misma hora. Pero no hizo falta, porque la pelinegra entró a la tienda como si el solo pensamiento hubiera servido para hacerla aparecer. Y grande fue su sorpresa, cuando la vio acompañada de Eriol Hiragizawa, como en los viejos tiempos.
-¡Qué sorpresa! –Exclamó al verlos-. Ustedes dos juntos de nuevo, ¡quién lo diría!
Tomoyo le envió una mirada asesina y Sakura reprimió su risa. Los saludó a ambos y se apresuró a preguntarles por qué estaban juntos. Ellos le explicaron que se habían encontrado por casualidad apenas escasos segundos atrás.
-Entonces, ¿no van a volver después de tanto tiempo? –Su pregunta hizo que los aludidos se tensaran-. Por cierto, Eriol, ¿cómo está Shaoran?
Tomoyo frunció el ceño-. ¿Eriol lo conoce?
Esta vez fue Eriol quien asintió.
-Es mi mejor amigo, y hablando de él –Su mirada inquisidora hizo que Sakura se estremeciera-, ¿cómo es eso que trabajas en Dolce de mesera? ¿Están pensando en diseñar los nuevos uniformes del restaurante? ¿Es parte de un proyecto?
Sakura miró a Tomoyo y soltó una carcajada. Su prima sonrió.
-Perdí una apuesta con Tomoyo, y tengo que trabajar allí por un tiempo.
Eriol rió divertido-. ¿Qué clase de apuesta?
-Cosas de mujeres. –Dijeron ambas al unísono, haciendo que Eriol abriera los ojos ligeramente sorprendido.
-Pues, Shaoran está completamente deslumbrado por la guapa y agradable mesera de Dolce, y estoy seguro que hará hasta lo imposible para que salgas con él.
Sakura sonrió. Ella también estaba encantada por el guapo e increíblemente sexy cliente de Dolce.
-Supongo que el mundo es un lugar pequeño.
Una mujer de pelo negro que hablaba por el celular entró a la tienda. Eriol se ajustó las gafas para poder mirarla mejor. Su rostro adquirió una expresión de sorpresa y al mismo tiempo, ironía.
-Definitivamente, querida Sakura, el mundo sí es un lugar pequeño.
Tanto Sakura como Tomoyo dirigieron sus miradas a la recién llegada, que acababa de finalizar su llamada y ahora guardaba su teléfono móvil en su bolso. Entonces la aludida alzó la vista y se encontró con tres pares de ojos puestos en ella. Y grande fue su sorpresa, al reconocerlos a los tres. Un hombre y dos mujeres.
El hombre era Eriol Hiragizawa, el mejor amigo de su primo, y al cual, por cierto, no veía desde hacía un año o más. Personalmente, solo conocía a una de las mujeres, pero había visto a la otra en una fotografía.
-¡Pero si es el mismísimo Eriol Hiragizawa! –Exclamó con una gran sonrisa en su rostro y se acercó a él.
Eriol le correspondió, su sonrisa no tan grande como la de ella y la saludó.
-Meiling, cuánto tiempo.
-Un año y un par de meses, más o menos.
Meiling posó sus ojos en Sakura y le ofreció una sonrisa. Sakura le correspondió. Luego se fijó en Tomoyo y, en aquel momento, algo en su cabeza hizo clic. Entonces todo tuvo sentido. Y al mismo tiempo, no.
-¡Oh, por Dios! –Exclamó, llevándose las manos a la boca por la impresión y el asombro-. ¡No puede ser!
Los tres presentes se miraron entre sí, sin comprender.
-Ustedes dos... –Dijo Meiling, con la expresión de Aureliano Babilonia en el momento preciso en el que descifró los pergaminos de Melquíades-. Ustedes dos… son Sakura Kinomoto y Tomoyo Daidouji, ¡las dueñas de Lucy In The Sky! ¡No lo puedo creer!
Las aludidas se miraron y sonrieron. Aquello sucedía a veces, cuando alguna clienta frecuente las reconocía por las revistas, fotos y entrevistas, y gritaba emocionada, las abrazaba y felicitaba por ser tan increíbles y hacer del mundo un lugar más elegante.
-¡Con razón se me hacían tan familiares! ¡Oh, por Dios! ¡No puedo creer que las conozca, ustedes son dos genios vivientes! –Exclamó, emocionada.
Sakura se rió, y Tomoyo hizo lo mismo, aunque aún sin comprender la situación del todo.
-Espera, ¿conocen a Meiling? –Preguntó Eriol sin entender nada.
-La conocí hace dos días, en Dolce, fue a almorzar con Shaoran y él me la presentó. –Explicó Sakura-. Tomoyo, ella es Meiling Li es la bailarina de la que Kero nos habló, y casualmente, la prima de Shaoran.
Tomoyo esbozó una sonrisa ante las ironías y casualidades de la vida. Así que todos estaban conectados de alguna manera.
-Pero, hay algo que no entiendo. –Meiling frunció el ceño ligeramente-. ¿Por qué trabajas en Dolce?
Nuevamente, Sakura explicó que aquello se debía a que había perdido una apuesta con su prima. Meiling se rió y, a diferencia de Eriol, no preguntó la naturaleza de la misma.
Luego de que Eriol se excusara para retirarse, las tres mujeres se quedaron conversando un largo rato.
-.-
El jueves a las seis y media de la tarde, Shaoran se encontraba sentado en una mesa junto a la ventana, en el restaurante Dolce. Estaba revisando unos correos en su teléfono mientras esperaba que lo atendieran.
Sakura acababa llevar la comida de una familia a su mesa, cuando Pedro se le acercó, con una expresión suspicaz y divertida en el rostro.
-No sé qué fue lo que le hiciste, mujer, pero ahora sólo quiere que lo atiendas tú.
Por supuesto que no tuvo ni que preguntar a qué se refería, fue nada más mirar detrás del hombro de Pedro para encontrarse con Shaoran Li sentado en una mesa junto a la ventana, muy ocupado con su móvil.
Sonrió y se encogió de hombros.
-Créeme que ni yo misma sé qué fue lo que le hice, Pedro.
Su compañero rió y ella se dirigió a la mesa de Shaoran. Tenía puesto un traje negro y una camisa del mismo color, sin corbata.
Hola, sexy, pensó Sakura al verlo. Cada día te ves mejor.
-Buenas tardes, señor Li, siempre es un placer tenerlo de vuelta.
Shaoran alzó la vista y se encontró con la hermosa sonrisa de Sakura, quien se había posado frente a él. Le sonrió y dejó su móvil sobre la misa.
-El placer es siempre mío, no lo olvides. –Dijo con galantería-. ¿Cómo estás?
-Muy bien, gracias, ¿y usted qué tal?
Shaoran alzó una ceja sin dejar de sonreír.
-¿Por qué tanta formalidad? –Preguntó-. Ayer habías comenzado a tutearme y hoy de repente vuelves a hablarme de usted.
Sakura sonrió-. Es parte del protocolo de la empresa, no se supone que deba hablarle con esas confianzas, es usted uno de nuestros clientes más importantes y debo tratarlo como se merece.
-A ver, ¿y no se supone que el cliente siempre tiene la razón y que hay que complacerlo en lo que pide? –Ella asintió con la cabeza-. Entonces, si yo te pido que me tutees, ¿no deberías hacerlo?
-Probablemente sí.
Shaoran esbozó una sonrisa ladina.
-Y… si te digo que te quiero a ti, ¿me lo negarías?
Sakura intentó no seguirle la corriente, pero era demasiado difícil tenerlo enfrente, sonriéndole de aquella manera tan seductora. Apenas y esbozó una pequeña sonrisa coqueta. Shaoran rió.
-Está bien, está bien. Hoy sólo quiero postres.
Ella asintió, sin borrar su sonrisa.
-¿Qué postres desea?
-Pie de limón, tarta de fresas y crème brûlée. En ese orden, pero el último lo quiero frío, por favor.
-Enseguida regreso con su pie de limón, señor.
Sakura se giró para comenzar a caminar, pero no sin antes colocar su mano sobre el hombro de Shaoran y sonreírle de forma sexy, haciendo que él anhelara un poco más de contacto.
El primer postre no tardó en llegar. Shaoran decidió que aquel había sido un contacto demasiado efímero. Le encantaba tener a Sakura cerca, así que quería que se repitiera.
-Veamos qué tal. –Dijo con un tono aparentemente inocente. Tomó una cucharada relativamente grande y se la llevó la boca-. Bastante bien, ¿quieres un poco?
Ella negó con la cabeza, reprimiendo una sonrisa. Y justo en el momento en el que pensaba retirarse, Shaoran tomó otra cucharada cuyo contenido no llegó a su destino, sino que cayó en su camisa.
-Ups, acabo de mancharme –comentó como un niño pequeño-, ¿te molestaría ayudarme?
Sakura comprendió que lo había hecho a propósito.
No, claro que no me molesta, pensó. Después de todo, mi deber es asistir al cliente, ¿no es así, guapo?
Tomó la servilleta de tela que estaba sobre la mesa y la humedeció un poco con la copa de agua, se acercó a él y se inclinó ligeramente, para ayudarle a limpiar el accidente.
Shaoran no pudo evitar posar sus ojos en la clavícula y el cuello de Sakura, aspirando su perfume mientras miraba su piel. Se veía suave. A pesar de que solo estuvo limpiándolo durante unos segundos, Sakura se esmeró porque pareciera una caricia. Cuando hubo finalizado, se incorporó para regalarle una sonrisa.
-Intente ser más cuidadoso la próxima vez, señor Li. –Dijo-. Ahora vuelvo con su tarta de fresa.
Shaoran se sonrió así mismo, complacido con lo que había pasado. Finalizó su pie de limón muy contento, mientras maquinaba otra idea divertida. Sakura regresó minutos después, con la tarta de fresa, que se veía exquisita.
-¿Sabes? Creo que deberías colocarme una servilleta como babero, para evitar accidentes. –Le extendió la servilleta-. No confío en mí.
Sakura la tomó la servilleta de tela y, mirando a su alrededor, se aseguró de que nadie los estuviera viendo. Volvió a inclinarse hacia él, esta vez aumentando la cercanía.
-¿No le parece que ya está lo suficientemente grande como para comer sin mancharse, señor Li? –Dijo mientras le colocaba la servilleta dentro del cuello de la camisa-. O en todo caso, ¿para colocársela usted solo?
Shaoran sonrió.
-Me gusta tenerte cerca.
Sakura alzó la vista y se encontró con sus ojos ámbares, que la miraban con picardía y diversión. Él bajó su mirada hasta la boca de Sakura.
-¿Alguna vez te han dicho que tienes unos labios muy sensuales? –Comentó él, en voz baja.
Ella dejó de mover las manos y posó sus ojos en la boca de Shaoran, que le hablaba casi en un susurro.
-Son muy atrayentes. -Acarició el labio inferior de Sakura con su dedo índice. Estaban cerca. Muy cerca. Tan sólo unos centímetros más y…
De repente, Sakura se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, así que se incorporó, interrumpiendo el momento.
-¿Así está bien? –Preguntó, mientras alejaba de su mente la imagen del rostro de Shaoran tan cerca del suyo.
Pero Shaoran todavía no había terminado de jugar.
-¿Quieres probar un poco? –Se llevó una cucharada a la boca, obviando la pregunta anterior-. Está muy rico.
-No debería. –Respondió ella, pero dudó al ver aquella sonrisa sexy.
-Sé lo mucho que te gustan las fresas, y éstas están muy ricas, no me digas que no, anda.
No, no, ¡no! Le decía su lado serio y profesional.
Sí, sí, ¡sí! Le gritaba su lado sexual.
Era como tener a un diablito y un angelito en cada hombro. Ay, qué difícil era elegir. Al diablo con el profesionalismo y la seriedad. Tentación, tentación, ¿dónde estás?
-Bueno, pero sólo un poco. –Comentó mientras se cercioraba de que nadie los estuviera viendo.
Por suerte para ella, los pocos comensales que estaban en el restaurante a esa hora estaban muy concentrados en sus comidas y conversaciones. Y sus compañeros, en hacer su trabajo.
Shaoran sonrió complacido y tomó una buena porción de la tarta con la cuchara.
-Acércate, no te voy a morder –dijo al ver que Sakura seguía en su lugar-, a no ser que quieras tú así lo quieras, claro.
Esbozó una sonrisa seductora y Sakura se mordió el labio inferior, como un acto involuntario. Aquel gesto hizo que Shaoran la mirara con deseo. Ella se acercó a él, inclinó la cabeza ligeramente y abrió la boca, para recibir la tarta. Él deseó ser la cuchara, en el momento en que ella la tuvo dentro de su boca. Sakura cerró los ojos, como si aquello le ayudara a degustar mejor el postre.
Por Dios, qué sensual es esta mujer, pensó. Todo lo que hace me vuelve loco.
Sakura abrió los ojos luego de saborear y tragar la tarta.
-¿Te gustó? –Preguntó él, encantado con todo lo que tenía que ver con ella.
-Pues, sí, está muy rica. –Respondió.
-Cuando quieras.
Sakura le regaló una sonrisa y se retiró. Entró a la cocina con paso apresurado, y al ver que Chiharu iba a salir con una jarra con agua fría, se la quitó y se sirvió en una de las copas que su compañera llevaba. Bebió de un tirón.
-¿Mucho calor? –Preguntó Chiharu divertida.
-Algo así. –Dijo Sakura-. En realidad es Li, que cada vez que me toca ir a su mesa me tengo que persignar porque no sé qué se le va a ocurrir esta vez.
Chiharu se rió. Ambas se dirigieron al anaquel que tenía las copas y los vasos.
-Al parecer le encantas, mujer. ¿Y a ti no te gusta nada?
Sakura suspiró-. Ese es el problema, Chi, me es muy difícil no seguirle la corriente cuando coquetea así conmigo.
-¿Y por qué no lo haces? –Preguntó su compañera-. Li es todo un bombón.
-Sí, lo sé, pero es que no me parece muy correcto o profesional, no sé.
Chiharu se rió-. ¡Ni que estuvieras asaltando un banco, Sakura! –Exclamó-. Sólo estás coqueteando. Diviértete, pásala bien y aprovecha, porque Li no es así con ninguna de nosotras, querida, sólo contigo.
Era cierto. Chiharu tenía razón. Si Shaoran le coqueteaba, ¿por qué ella no habría de hacer lo mismo? ¿No se suponía que lo incorrecto era tomar la iniciativa coqueteando con los clientes? En este caso, ella solo le estaba siguiendo la corriente. Además, eso sólo hacía su trabajo más ameno y divertido. Y Shaoran no era casado, así que no había problema en una que otra sonrisilla o comentario coqueto.
-Sí, tienes razón. –Dijo con seguridad-. Tienes toda la razón.
Chiharu sonrió-. Lo sé.
Sakura recordó que debía llevarle el crème brûlée a Shaoran, así que lo tomó y se dirigió a su mesa, con paso firme. Al llegar, vio que él estaba golpeando la mesa con los dedos, y que ya se había terminado la tarta. Al verla sonrió.
-Hola, te extrañé.
Sakura colocó el sobre la mesa.
-Frío, como lo pidió.
-Veamos qué tal. –Tomó una cucharada y lo probó-. Mmm, delicioso, ¿quieres probarlo?
Esta vez Sakura no se negó, sino que aceptó directamente, recordando lo que Chiharu le había dicho. Pero Shaoran todavía tenía ganas de jugar, y no pensaba desaprovechar esta oportunidad, así que en el momento en que Sakura se acercó para tomar la cuchara, él la soltó accidentalmente, haciendo que cayera al suelo.
-Oh, lo siento, la he tirado sin querer.
Ella se rió por lo bajo-. Estamos teniendo muchos accidentes hoy, señor Li.
Él sólo sonrió-. Sí, bueno, pero no importa. ¿Sabías que no hace falta usar cuchara para comer crème brûlée? –Antes de que Sakura dijera nada, Shaoran tomó un poco de la crema flameada con su dedo y se lo llevó a la boca con un movimiento rápido.
Sakura no pudo contenerse al ver la mirada ambarina y expectante de Shaoran.
Así que te gustan las travesuras, muñecote, pensó. Seamos traviesos, entonces.
Shaoran esperó que Sakura introdujera su dedo en la crema para probarla. Pero ella tenía otros planes. Con una sonrisa que le hubiera causado un ataque cardíaco a cualquiera, Sakura rodeó la muñeca de Shaoran con su mano y, en un movimiento suave, la acercó hasta la crema. Cuando su dedo índice estuvo embarrado, se lo llevó a la boca.
A pesar de que Sakura lo había mirado con aparente inocencia, Shaoran se excitó cuando sintió que su lengua lamía su dedo dentro de su boca. Sakura estaba disfrutando aquello, ver el deseo en los ojos de Shaoran. Al terminar, se lamió los labios y sonrió. Y antes de retirarse, se acercó a Shaoran. Colocó una de sus manos sobre su hombro y se inclinó hasta que sus labios rozaron el lóbulo de su oreja izquierda.
-Disfrútalo. –Susurró con su tono de voz más seductor, para luego marcharse sin mirar atrás.
Shaoran se quedó estático, paralizado en su lugar, sin poder articular palabra o pensamiento alguno, porque en su mente todavía estaba la imagen de Sakura lamiendo su dedo. Y ahora sentía el roce de sus labios sobre la piel de su oreja. Se había excitado con tan poco, como un adolescente.
Terminó el postre y esperó impaciente a que Sakura regresara, pero aquel momento nunca llegó. Fue Pedro quien le llevó la cuenta.
-¿Y Sakura? –Preguntó Shaoran luego de saludar al joven.
-Acaba de irse, su hora de salida había pasado por media hora, pero no se fue porque quiso seguir atendiéndolo.
La pequeña desilusión que había sentido ahora era reemplazada por la dicha de que ella se hubiese quedado a atenderlo. Al abrir el pequeño folio de cuero para depositar su tarjeta y así pagar la cuenta, se llevó una sorpresa.
Una muy grata sorpresa.
No pudo evitar sonreírse a sí mismo ante aquello y luego reírse. Tomó la notita y se la guardó en el bolsillo.
Ya en su auto, sacó la pequeña nota de su bolsillo y volvió a leerlo:
"Espero que hayas disfrutado
del postre tanto como yo,
guapo."
La marca de un beso junto a aquella frase escrita a mano, con una caligrafía femenina y elegante, hizo que Shaoran volviera a sonreír. Sakura era un hechizo de mujer.
Y cada día le gustaba más.
-.-
Sakura terminó de empacar su ropa para la playa y cerró su maleta.
-¿Ya tienes todo listo? –Preguntó Tomoyo cuando entró a la habitación de su prima-. Veo que sí. Bueno, entonces vamos a bajar las cosas al auto.
Sakura asintió. Era viernes por la mañana y Tomoyo y ella iban a pasar dos días en la playa, ya que habían sido invitadas a un evento doble: una edición especial de la revista Fasshon –la misma donde trabajaba Yoshiro-, donde hacían una mención especial a la nueva colección de Lucy in the Sky, y la fiesta de inauguración del hotel donde ese realizaría el evento.
Qué rico ir a la playa, pensaba Sakura mientras se acomodaba en el asiento de copiloto del Audi Q5 de Tomoyo.
-¿No sientes que estás viviendo un déjà vu? Yendo a la playa por un evento de la revista Fasshon. –Inquirió Tomoyo, haciendo clara referencia al episodio ocurrido con Yoshiro.
Sakura rodó los ojos y rió, para luego mirar por la ventana.
-Más o menos. –Contestó-. La única diferencia es que ahora no voy con la esperanza y la ilusión de besar a Yoshiro en la playa... ¡De solo recordarlo me muero de la vergüenza!
Tomoyo se rió. En el camino hablaron sobre diversos temas relacionados con el amor. Y fue inevitable tocar el tema Eriol Hiragizawa.
-¿Qué quieres que te diga? Sólo nos hemos visto tres veces desde el colegio, pero eso tú ya lo sabes. La vez en la que prácticamente me obligaste a ir a esa comida, un desayuno casual al día siguiente, y cuando me lo encontré por casualidad en la calle y nos viste llegar juntos a la tienda.
Sakura alzó las cejas de manera sugestiva.
-¿Por casualidad? ¿En la calle? ¿Así le dicen ahora? –Tomoyo la miró con seriedad-. Ya, ya. Pero dime, ¿no quedaron en nada más?
-No, Sakura, no quedamos en nada más. Y antes de que insistas en juntarme con él, te informo que no creo que ese «nada más» se convierta en un «algo más».
-Bueno, si tú lo dices, está bien. Pero recuerda lo que decía el profesor Terada: "nunca digas de esta agua no he de beber".
Tomoyo decidió que cambiar el tema era la mejor arma para evadir aquella conversación sobre su ex del colegio.
-¿Y tú cómo vas con tu querido cliente Li? –Esta vez fue ella quien alzó las cejas sugestivamente.
Sakura suspiró-. Ay, no sé, Tomoyo. Ayer fue a tomar el postre y no paró de coquetear y jugar en toda la noche. –Se mordió el labio inferior-. Me hizo limpiarlo, colocarle un babero, me dio de comer con la cuchara y con el dedo.
La pelinegra la miró asombrada.
-¿En serio? –Sakura asintió y Tomoyo volvió la vista al camino-. Guao, así que resultó juguetón, ¿eh?
Sakura sonrió-. Bastante, la verdad. Pero yo también le seguí la corriente, y hasta le dejé una notita con un beso en la cuenta. Y si te soy honesta, no puedo esperar para volver a verlo, Tomy.
Ella sonrió-. Te aseguro que él tampoco, primita.
-.-
El dueño del hotel era un alemán multimillonario que se había enamorado de Japón a los veintiocho años, y cuyo único sueño había sido el de tener un hotel frente al mar.
Ahora tenía cincuenta años y un hotel idéntico al que había visto en un sueño que se había vuelto recurrente. Un amigo suyo le contó sobre Shaoran Li, sus maravillosos diseños y su talento especial: Shaoran podía diseñar cualquier cosa que quisieras exactamente de la forma que la quisieras, e inclusive mejor. Lo contactó dos años antes y él mismo no podía creer que aquel hombre joven de cabello desordenado fuera Shaoran Li.
Se sentaron en un restaurante y en menos de quince minutos, Shaoran le había dibujado el hotel de sus sueños al señor Müller, como se llamaba el alemán, sobre el mantel del restaurante. El resto es historia.
Por obvias razones, Shaoran no necesitó hacer check-in en el hotel. De hecho, tenía una suite especial a su nombre, disponible los trescientos sesenta y cinco días del año. Había sido un regalo del señor Müller, como agradecimiento por haber hecho su sueño realidad, literalmente.
Y como Eriol venía con Shaoran, pues, tampoco necesitó de mucho protocolo para que lo situaran en una suite junto a la de Shaoran.
Luego de dejar sus cosas en sus respectivas habitaciones, los dos amigos decidieron bajar a por algo de tomar.
Se encontraban en el lobby decidiendo si comer algo de una vez o esperar a la noche, cuando divisaron a dos mujeres hermosas, que también parecían estar tomando una decisión.
Eriol se fijó en la pelinegra y Shaoran en la castaña. Ambos se miraron al mismo tiempo y dijeron al unísono:
-Ahí está Sakura/Tomoyo.
-¿Qué? –Repitieron, también al unísono.
Shaoran se adelantó-. Que ahí está Sakura, tu excompañera de clases. La mesera de Dolce.
Eriol se fijó entonces que la mujer que acompañaba a Tomoyo era, efectivamente, Sakura. Se rió mentalmente al recordar que Shaoran pensaba que Sakura era tan sólo una mesera.
-¿La que está con ella es tu exnovia?
Él asintió con la cabeza-. Así es, Tomoyo Daidouji.
-¿Y por qué no vamos a saludarlas? –Preguntó Shaoran con entusiasmo.
Su amigo estuvo de acuerdo.
Sakura se sintió observada y cuando alzó la mirada, se llevó una gran sorpresa, porque caminando hacia ella y Tomoyo venía el mismísimo Shaoran Li, con una sonrisa sensual de medio lado en los labios. Junto a él estaba Eriol, quien le sonrió al verla.
-Tomoyo, mira quiénes vienen ahí.
Su prima también alzó la mirada y se fijó en los dos apuestos hombres que caminaban hacia ellas.
-¿Ese no es Eriol? –Preguntó dudosa-. Ay, sí, Sakura, vámonos, apúrate. –Tomó la mano de su prima, pero ésta no se movió-. ¿Qué pasa?
-El que viene con él es Shaoran Li.
Tomoyo volvió a mirarlos y se fijó en el castaño. ¿Ese era Shaoran Li, el amigo de Eriol y cliente de Sakura? ¡Guao! Definitivamente, su prima tenía razón, estaba como para comérselo.
-Hola, enfermero. –Dijo Tomoyo, imitando a los Animaniacs. Sakura no pudo evitar reírse ante la ocurrencia de su prima.
-¿Viste que no exageré? –Tomoyo asintió con la cabeza.
Shaoran y Eriol pronto estuvieron frente a las dos mujeres, cada uno con una sonrisa en el rostro, las cuales fueron correspondidas por ellas.
-Qué sorpresa encontrarlas aquí. –Comentó Eriol con amabilidad.
-Lo mismo digo. –Dijo Sakura sin apartar sus ojos de los de Shaoran.
-Tomoyo, él es mi mejor amigo, Shaoran Li. Shaoran, ella es Tomoyo Daidouji, una gran amiga y mi socia.
Sakura no pudo evitar reírse ante lo de "gran amiga". Tomoyo notó aquello y le lanzó una mirada a su prima para que dejara de reírse. Saludó a Shaoran con una sonrisa y un beso en la mejilla.
-Encantada de conocerte.
-Digo lo mismo, Eriol me ha hablado mucho de ti. Cosas muy buenas, por supuesto. –El comentario hizo que Eriol se sonrojara-. Ahora veo por qué.
Tomoyo le sonrió ante el cumplido.
-¿Y qué las trae por aquí? ¿Vinieron al evento de la revista Fasshon?
Ambas asintieron con la cabeza.
-¿Qué les parece si las invitamos a comer algo? –Preguntó Shaoran sonriendo-. Podemos ir al restaurante que está en la playa.
Las primas se miraron, como preguntándose si ambas estaban de acuerdo. Tomoyo hubiera querido decir que no, por no darle a Sakura algo con lo cual pudiera molestarla después –ejem, Eriol, cof, cof-, pero dijo que sí por su prima, porque sabía lo mucho que le gustaba Shaoran. Y ahora veía por qué.
Estuvieron de acuerdo, pero con la condición de encontrarse en ese mismo lugar en una hora, para que cada quien tuviera tiempo de cambiarse de ropa, bañarse, o simplemente echarse en la cama de Shaoran a mirar el reloj con ESPN de fondo para disimular, como fue el caso de Eriol, mientras esperaba que su amigo se diera una ducha rápida y se cambiara de ropa.
-¿Tú no te vas a bañar o algo? –Preguntó Shaoran al salir del baño y encontrarse con su amigo muy cómodamente acostado sobre su cama, supuestamente mirando un partido de críquet en ESPN2.
Eriol negó con la cabeza-. ¿Para qué? ¿Te parece que me veo mal?
Shaoran sonrió-. No sé si te ves mal o no, pero te recomiendo que aunque sea te cambies de ropa, no vayas a ser el único con la misma ropa de antes. Por algo nos dijeron que subiéramos.
El pelinegro se ajustó los anteojos.
-Fue para hacernos esperar, Shaoran, es un protocolo femenino, una tradición de más de dos mil años.
Shaoran se rió ante aquello.
-Lo sé, pero quizá era una indirecta. –Le envió una mirada suspicaz a su mejor amigo-. Quién sabe, a lo mejor lo decían por algo.
Eriol arrugó el ceño-. ¿A qué te refieres?
-Que lo más probable es que huelas mal y hayan querido que te bañaras.
Eriol frunció el ceño un poco más y alzó su brazo izquierdo para asegurarse de que su amigo estuviera bromeando. No, no había mal olor, de hecho olía a perfume y desodorante Shaoran volvió a reír.
-Idiota. –Dijo el inglés.
-Cámbiate la camisa para disimular, al menos.
Él se puso de pie mientras gruñía algo en inglés. Abrió la puerta que unía la suite de Shaoran con la suya. Shaoran negó con la cabeza sin dejar de reírse.
Qué sorpresa había sido encontrarse con Sakura en el hotel. ¡Y qué suerte! Justo cuando ya estaba preparándose para no verla durante tres días, ella aparecía tan idílica como de costumbre, a unos metros de él, en el lobby de hotel. ¡Y acompañada de la ex novia de Eriol! Lo cual le recordaba…
-Oye, Eriol –lo llamó al entrar a la suite de su mejor amigo-, ¿cómo es que Tomoyo y Sakura se conocen? ¿También fueron juntas al colegio? –Preguntó con curiosidad.
Eriol asintió mientras buscaba una camisa en su maleta.
-Así es, pero no es por eso que se conocen, en realidad son primas.
Shaoran alzó las cejas por la sorpresa.
-¿Primas? –Se sentó en la cama.
Eriol volvió a asentir-. Sí, primas hermanas. Y mejores amigas, desde el colegio.
-¿Y cómo era Sakura durante el colegio? –Inquirió con interés. Quería conocer más sobre ella.
El pelinegro consiguió la camisa que estaba buscando y cerró la maleta.
-Era guapa, siempre lo ha sido, pero entonces tenía el pelo largo. –Explicó mientras se quitaba la camisa de tipo polo azul que llevaba puesta-. Las matemáticas se le daban muy mal, las detestaba increíblemente, pero era una excelente atleta.
Shaoran sonrió. Así que la sensual flor de cerezo no era buena con los números pero sí con los deportes… interesante, muy interesante.
-Listo, vamos. –Dijo Eriol luego de ponerse una camisa de color rosa bebé.
-¿Estás apurado? –Preguntó Shaoran.
-No, ¿por qué?
-Porque todavía falta media hora. –Respondió echándose sobre la cama de su mejor amigo. Se puso cómodo y encendió la televisión.
Eriol miró su reloj de pulsera con el ceño fruncido.
-Oh, mierda, treinta minutos… ¡no puedo esperar tanto!
-Calma, macho. ¿En serio no puedes esperar tan sólo media hora para ver a tu querida Tomoyo?
Eriol se sonrojó al darse cuenta de que su comentario había sido malinterpretado. Lo que en realidad había querido decir, era que no le gustaba esperar. Pero ahora que lo pensaba, la verdad es que no quería tener que esperar media hora para ver a Tomoyo, quien parecía embellecer con cada día que pasaba.
Ah, Tomoyo, suspiró. Qué hermosa eres.
-No me refería a eso. –Intentó aclarar.
-Bueno, puedes ir a verla ahora si quieres. –Comentó Shaoran. Su tono de voz era la clara antesala a una broma-. Lo más probable es que la consigas en la desnuda ducha.
La imagen mental golpeó a Eriol inmediatamente. Shaoran lo notó y aquello le causó gracia.
-¿Te imaginas?
-Eso es lo que estoy haciendo. –Respondió el inglés, aflojando uno de los botones de su camisa-. Y con un poco de suerte, Tomoyo y Sakura estarán duchándose juntas para ahorrar agua y así salvar al medio ambiente.
Esta vez fue Shaoran quien fue invadido por la imagen mental de las dos mujeres desnudas bajo el agua tibia de la regadera.
-¿Crees que necesiten ayuda? –Preguntó con sorna.
Eriol sonrió-. Ojalá la necesitaran.
La media hora pasó muy rápido para Sakura y Tomoyo, que se arreglaron bastante rápido, comentando la una con la otra lo guapos que eran Eriol y Shaoran (Tomoyo halagando a Shaoran y Sakura a Eriol; Tomoyo ignorando las indirectas referentes a Eriol por parte de Sakura, Sakura riendo ante las cosas que decía su amiga sobre Shaoran), y Sakura diciéndole a Tomoyo que no fuera tan negada, que quizá su fin de semana terminaba en sexo. Con Eriol, claramente.
Para los dos amigos pasó bastante despacio, naturalmente. Eriol revisó todas y cada una de las gavetas que encontró en su suite; Shaoran se aprendió los canales y sus números de memoria; ambos se comieron los chocolates que habían dejado las mucamas sobre las almohadas. Y estuvieron tan pendientes de encontrar cosas en las que matar el tiempo, que cuando miraron sus relojes ya habían pasado diez minutos más de lo acordado.
Ambos corrieron al elevador, tropezaron a una señora portuguesa de cincuenta y ocho años, tumbaron un florero de cristal y apretaron la mitad de los botones del ascensor por el apuro.
Cuando llegaron abajo, Shaoran le echó la culpa a Eriol por haber puesto aquel programa de la rueda de la fortuna, que los había distraído a ambos. Eriol le dijo que la culpa había sido de él, por alguna razón poco importante que Shaoran no escuchó porque justo divisó la figura perfecta de Sakura, de pie junto a la de Tomoyo.
Apresuró el paso y en pocos segundos estuvo frente a ellas, como al principio.
-Hola, disculpen la tardanza. –Dijo con su sonrisa encantadora-. Mi amigo necesitó mucho tiempo para arreglarse y, bueno…
-Qué raro. –Comentó Tomoyo con sarcasmo. Shaoran soltó una risita.
Sakura sonrió y miró el rostro sonrojado de Eriol.
-Eso no es verdad. –Se defendió él, y estuvo a punto de decir que ni siquiera se había bañado, pero pensó que aquello tampoco sería muy apropiado.
-No importa, tampoco nos han hecho esperar tanto. –Sakura los miró a todos-. ¿Nos vamos?
Uno de los muchos restaurantes que tenía el hotel estaba ubicado exactamente frente al mar, y su especialidad eran los mariscos. Uno de los meseros los dirigió a una de las mesas de la terraza.
Cuando estuvieron allí, el mesero le apartó la silla a Tomoyo para que se sentara, adelantándose a Eriol, pero con Sakura no tuvo la misma suerte, porque Shaoran fue mucho más rápido. Ella le sonrió complacida y agradecida, y cuando se hubo sentado, Shaoran acercó sus labios a su oído:
-Me hubiera gustado que el beso que me dejaste en la nota lo hubieras dejado en mis labios. –Susurró seductoramente.
Sakura sintió que un escalofrío recorría su nuca, producto del roce del aliento de Shaoran contra su piel, y del comentario que había hecho.
A mí también me hubiera gustado, muñecote.
Creo que a todos nos gustaría comer un poco de postre con Shaoran, si las cosas van a tornarse así. Ya Meiling se dio cuenta de que Sakura no era sólo una mesera y que por algo le había resultado familiar. ¿Le dirá algo a Shaoran?
Nuestros protagonistas se fueron a la playa a vivir la buena vida. ¿Creen que Sakura tenga la misma suerte que cuando fue con Yoshiro? ¿Y Tomoyo con Eriol?
Muchas gracias a todos por sus hermosos reviews. Aprecio muchísimo conocer sus opiniones, teorías, sensaciones, deseos y retroalimentación con respecto a la historia. Es muy gratificante. Y, para aquellos a los que les gusta interactuar con el autor les informo que... ¡yo respondo los reviews! Por mensaje directo, así que si tienen preguntas, no duden en dejarlas en sus reviews.
¡Nos leemos en el próximo capítulo!
