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"¿Cuánto pesa el miedo a ser feliz?
Nunca me he sentido tan perdida,
Y a ti tan lejos de mí."

-La oreja de Van Gogh-

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Prodigio 3: Perdida.

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Educación y buenos modales fue algo que le inculcaron desde niño, pero los viejos resentimientos fueron más fuertes que cualquier razonamiento lógico en ese momento, Adrien no dijo nada, bajo su mirada y apoyándose en el brazo que agarraba de ella la empujo lejos él, no midió la fuerza y Marinette cayó al suelo sentada sin poder decir nada, dio un paso al frente al ver lo grosero que fue con una dama, pero inmediatamente cerro sus puños, se giró y sin decir una palabra entro al auto.

―A la oficina ― le ordeno al chofer, este sin reprochar encendió el motor para emprender el regreso.

Los golpes en el vidrio lo exaltaron, Adrien no pudo evitar mirar, era ella, con los ojos cristalizados ―Adrien por favor, por favor, no somos unos niños permíteme hablar contigo ― suplico Marinette, toda su fuerza de voluntad para rechazarla estaba desapareciendo al verla con esa expresión de dolor en su rostro.

― ¿Señor? ― pregunto el chofer sin saber qué hacer, era evidente que esos dos se conocían.

― ¡Te dije que vamos a la oficina! ― pidió casi gritando Adrien.

―Pero, ¿y la madame señor?, permítame bajar y darle la tarjeta del seguro en este caso.

― ¡NO! ― Adrien estaba a punto de tener un paro cardiaco por la velocidad con que latía su corazón, cerro sus ojos y suspiro profundamente, necesitaba calmarse y controlar sus emociones que pedían a gritos, que saliera y la enfrentara, que la tomara entre sus brazos, que dejara de lado ese odio estúpido.

Marinette comprendió el rechazo, incluso Adrien había cerrado sus ojos para no verla fue lo que creyó, de nada serviría insistir ―Perdóname, era solo una niña― susurro tan bajo que el cristal no dejo que las palabras llegaran hasta él, quien seguía sin inmutarse, quito sus manos de la puerta del auto y emprendió a correr, no sabía por qué lo hacía, ya regresaría después a ver al maestro Fu, su corazón dolía, era tan punzante que sentía que le perforaba el pecho, necesitaba alejarse de él, necesitaba llorar, lo vio, el odio y el rencor en sus ojos cuando la miro, sus piernas se movían por si solas.

El sonido de un pito de auto la alerto, estaba en la vía y no sabía ni como llego hasta allí o cuanto se había alejado, su cuerpo quedo estático sin poder moverse, un fuerte jalón por el brazo la regreso al andén, sintió su mejilla chocar contra el pecho de alguien ―Maldita Sea ¿acaso quieres que te maten? ― le reclamaron, esa voz, podría reconocerla donde fuera, era Adrien.

Marinette alzo su rostro y sus miradas se cruzaron por un instante, suficiente para que ambos se sonrojaran y desviaran su rostro por inercia, en ese momento eran los mismos jóvenes de hace diez años atrás, Adrien rompió el silencio ―El Maestro Fu te espera, deberías ir con él ― sugirió, al tiempo que la soltaba y ella retrocedió unos pasos para tomar distancia.

―Eso hare, viaje desde Nueva York para dejar concluido quien será el nuevo encargado de los miraculous, no me iré sin antes solucionar eso, no te preocupes ― le dijo Marinette sin ser capaz de mirarlo a los ojos.

La chica no quería cruzar su mirada de nuevo con él, no estaba segura si podría soportar reiteradamente el odio que se reflejaba en esos ojos verdes cuando la veían.

―Deja de actuar como una niña, no puedes salir corriendo solo porque si― le sugirió Adrien, con un nivel de desprecio en su voz.

Pero esas palabras no le gustaron para nada a la francesa ―No soy la única que actuó como un adolecente Adrien, me ignoraste ahora mismo, incluso después de diez años, no eres más que un niño mimado ― se defendió Marinette

―Supongo que eso es lo que siempre pensabas de mí, que no era más que un niño rico que lo tenía todo en la vida ¿no? ― ataco el rubio. La molestia era demasiado evidente en su hablar.

―No te hagas la victima que no te queda ― le reprocho Marinette con un fuerte tono de voz.

Ambos comenzaban a hablar sin pensarlo y no median la fuerza de sus palabras.

― ¿Acaso tú lo eres?, ¿la víctima en todo esto?, la santa y buena Marinette que todos querían por su ñoñerías y torpezas.

― Al menos era yo, siempre fui yo, incluso con la máscara, si hubieras sido capaz de mirar más allá te habrías dado cuenta que era yo, no me ocultaba tras la sombra de la fama, demostrando alguien que no era como si lo hacías tú, ¡idiota! ― le grito la joven.

― ¡Genial! ahora yo soy un idiota, que más quieres decirme, no, espera, me sé todos los adjetivos que usabas para mí, molesto, fastidioso, impulsivo.

― ¡Yo no decía esas cosas de ti! ― recalco Marinette, pero Adrien siguió hablando sin prestarle atención, enumerando con sus dedos las palabras.

― inmaduro, tonto, infantil ―cuando se le acabaron los dedos de ambas manos solo la fulmino con la mirada ― así que idiota solo es una más a la lista, lo que digas ya no me ofende.

―Eres un mentiroso, yo no decía esas cosas de ti― le seguro Marinette con el ceño fruncido y las manos empuñadas, ninguno de los dos le importaba que todos alrededor los miraran como locos.

― ¡PERO LAS PENSABAS! ― y ante esta afirmación la joven si guardo silencio ― Era demasiado evidente lo molesto que era para ti tenerme cerca, incluso como compañeros de escuela siempre me huías, seguramente especulando lo que dijiste, no era más que el niño famoso y tonto.

Con esa última información Marinette comprendió que Adrien todo el tiempo tomo su pena al estar cerca de él como algo negativo ―Estas equivocado, todo este tiempo lo has estado, realmente eres un ciego, ¿cómo era posible que no te dieras cuenta? ― ya no estaba gritando.

― ¿De qué? ¿Qué me odiabas? No, no me di cuenta, pero lo dejaste muy claro antes, ¿así que no sé por qué te haces la ofendida ahora? ―Adrien no estaba dispuesto a ceder.

― ¡YO NO TE ODIABA! ― exclamo Marinette y levanto su mirada para verlo a los ojos, sus labios se movieron por si solos ― ¡Yo te amaba! ― entonces fue como si todo el tiempo quedara detenido en ese momento para los dos y nadie más existiera alrededor ― Eres un idiota por no haberte dado cuenta de eso, por eso lo eres, tonto― tapo su rostro con sus manos para controlar las ganas de llorar.

Nuevamente Adrien sintió el temblor en sus labios, las palabras que tanto soñó escuchar hace diez llegaron a su vida, pero era tarde, muy tarde, para ambos, podía sentir esa necesidad de su cuerpo por tocarla, por abrazarla ― Ya no importa ― fue todo lo que el rubio pudo susurrar.

Marinette se obligó a recuperar la compostura― Si no te importa, ¿Por qué me miras con tanto odio?, ¿porque no actuaste como un adulto? Me hubieras dicho, aunque sea hipócritamente: Hola, hubiéramos tenido una conversación cordial y ambos hubiéramos seguido nuestro camino, nuestra vida como ha sido hasta ahora.

Ella tenía razón, el rubio lo sabía y no tenía como contrarrestar sus acusaciones y preguntas, quiso decir algo, pero Marinette siguió hablando― yo te busque Adrien, muchas veces en el pasado para tratar de enmendar las cosas, pero tú nunca quisiste escucharme, lo sabes, cuantas veces más fui a la mansion y nunca me recibiste, no volviste a la escuela y desapareciste, no me diste una oportunidad de disculparme ― le reclamo Marinette dejándolo sin palabras.

―Creí que no había nada más que decir entre los dos ― confeso Adrien.

― ¡PUES CREÍSTE MAL! Ves que si eres un idiota ― ella supuso que comenzarían a gritarse cosas nuevamente, pero para su sorpresa Adrien comenzó a Reír, primero levente, pero luego a carcajadas.

― Al final siempre terminas saliendo con la tuya ¿o no? My lady ― esa sonrisa a medio lado y la suavidad con que pronuncio esas dos últimas palabras, era como ver Chatnoir frente a sus ojos de nuevo, las mejillas de Marinette tomaron un color carmesí que no pasó desapercibido para Adrien.

La calma finalmente había regresado entre los dos ―Solo quiero que podamos conversar como personas civilizadas, no te pido que seamos amigos, porque sé que te lastime mucho en el pasado, pero… ― Marinette no siguió hablando al ver un puño extendido frente a ella, ese era su signo de victoria en las batallas, con mucha nostalgia sonrió y choco su puño con el de él.

― ¡Hasta que por fin se entendieron! Par de tontos, Hola, Marinette ― le saludo Plagg asomado con miedo desde el interior del traje perfectamente esculpido de Adrien.

―Hola come queso, Tikki está en el bolso me temo que como estamos en medio de la calle no puede salir ― le comento Marinette con una sonrisa en sus labios.

― Plagg Adentro, pueden verte ― le recordo Adrien mientras abotonaba su saco ―Ve con el maestro, no tomara ninguna decisión sin antes haber hablado con los dos ― la chica solo movió su rostro en señal afirmativa ― debo volver al trabajo.

― Cuídate ― fue lo último que le dijo, Adrien le regalo una sonrisa y dio media vuelta para caminar hasta el auto que estaba al otro lado de la calle, Marinette se quedó viendo su espalda, más ancha, más masculina, no hubo cambio de números, ni intenciones de volver a verse, ninguno de los dos tuvo el valor de dar ese paso.

Adrien entro al auto con el corazón punto de desbocarse, ella le había confesado que lo amaba, aunque fuera en tiempo pasado, aun no sabía cómo reaccionar ante eso, sus mejillas ardían, respiraba con agitación ― ¿lo llevo a la oficina señor? ― pregunto el chofer haciéndolo reaccionar.

―Si por favor ― pidió y el auto se puso en marcha.

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―Puedo sentir un corazón desbocado desde aquí ― Exclamo el maestro al escuchar los pasos de alguien entrando a su casa, esa presencia la conocia muy bien, se giró para saludarla y la vio temblando y llorando, parecía tan frágil en esos momentos.

―Maestro Fu, ¿Cómo hago para calmar este dolor aquí dentro? ― pregunto con sus manos apretando la ropa a la altura de su corazón.

―Marinette― susurro el anciano que entendía el porqué de su dolor.

―Me siento tan perdida en estos momentos, lo vi, cuando extendió su puño, el anillo, está casado, es demasiado tarde ya ― hablo entre sollozos, se dejó caer sentada en el piso, Tikki salió de su escondite.

― Marinette por favor no llores ― suplico la bolita roja flotando en aire.

―Déjala― le indico el Maestro Fu a Tikki, tomo asiento al lado de Marinette y agarro su mano entre las de él, dándole suaves palmadas ― Esta bien, déjalo salir ― le dijo.

Marinette ahogo un grito al aire, permitió que las lágrimas salieran sin control, era tanto el dolor en su pecho, que este se movía fuertemente por sus sollozos, se odiaba a si mismo por haber tardado tanto, por haber llegado luego de muchos años, le había dicho que lo amo, solo para ver que este ya le pertenecía a otra persona, no sería suyo, nunca lo fue.

..

―Adrien por favor cálmate ― pidió Plagg, este dejo de golpear el saco de arena, respiraba muy agitado, aun podía sentir ese hormigueo en su pecho

"Yo te amaba" las palabras de Marinette resonaban en su mente, camino a la oficina le pidió a Nathalie que cancelara todas sus citas de ese día por teléfono, vino a la mansion con la sorpresa que su esposa no estaba se encerró en el gimnasio y comenzó a golpear todo para aclarar sus tormentosos pensamientos.

―Ella tiene razón fui un idiota ― comento con el aire entrecortado por el ejercicio ― con el traje negro dejaba que todo aquello que no podía hacer y decir normalmente hiciera de las suyas, casi eran dos personalidades diferentes, pero ella era la misma con o sin la máscara ¿Cómo no me di cuenta? ― pregunto a su pequeño amigo.

―Adrien, los trajes están diseñados para proteger sus personalidades y no ser reconocidos incluso entre los mismos usuarios, lo sabes― le recordo Plagg

― ¡ESO NO ES EXCUSA! ― grito Adrien ― ¡MALDICIÓN! ― se lamentaba mientras volvía a dar puñetazos al saco de boxeo ―Ella sentía lo mismo por mí, lo sentía y yo… ― mordió sus labios tan fuertes que el sabor a sangre se filtró hasta su lengua.

―Adrien― Plagg ya no sabía ni que decir ―El tiempo no puedes retrocederlo, aun si fue un malentendido, fue hace diez años, ella ni siquiera vive en Paris ahora, siguió con su vida y tú no ganas nada recordando algo que no paso.

―Eso es lo que tanto me frustra, aquello que nunca fuimos, y que puso ser― confeso el rubio con las lágrimas queriendo asomarse por sus ojos.

― ¿Y? ¿acaso piensas dejarlo todo e ir por ella?, la empresa, tu familia, tu esposa, ¿piensas abandonarlo todo por un amor del pasado? ― pregunto con mucha seriedad él come queso.

― ¿Podría hacer eso? ― contra pregunto el rubio alzando su ceja.

― ¿No estarás pensando seriamente en dejarlo todo tirado?, ella hablo en pasado, deja de ser tan iluso, que tu aun sientas algo por ella no significa que ella por ti igual, solo quería ser amable y comportarse como lo que son adultos, te lo dijo, Adrien por favor, vas a hacer que me dé algo, estoy demasiado viejo para esto― suplico Plagg.

― ¿Quieres queso? ― el rubio intento calmar los nervios de su pequeño amigo, desviando el tema

― ¡SI! ― exclamo Plagg sin dudarlo, Adrien fue hasta la banca y saco de su mochila un trozo de chédar que la bolita negra tomo rápidamente de su mano, para el rubio siempre era tierno ver a Plagg ser como un niño cuando se trataba de comida, tomo asiento y aprovecho para beber agua.

―Necesito verla de nuevo, se veía tan mujer, tan hermosa, sigue siendo torpe sin duda, pero eso solo la hace más encantadora ― comento Adrien

―Nada de lo que diga evitara que vuelvas a buscarla ¿cierto? ― Pregunto Plagg y Adrien solo alzo sus hombros en respuesta.

―Hace mucho que no uso el traje de Chatnoir, debo verme más sexy con estos músculos ― Bromeo el rubio.

―Voy a empezar a darle la razón a Marinette, tonto engreído ― con esas palabras de Plagg ambos rieron.

..

Marinette miro su Reloj eran casi las cinco de la tarde, la charla con el Maestro Fu fue larga y reconfortante, llego a su hogar donde sus padres la recibieron muy alegres ella les respondió brevemente, había un cliente en la tienda esa tarde, quiso solo seguir de largo, pero la detuvieron.

― Marinette ― llamaron su nombre, no estaba de ánimos para charlar con nadie, pero se obligó a girarse para ver de quien se trataba.

Los penetrantes ojos azules la miraban con gran entusiasmo, llevaba el distintivo color rosa en sus labios, aunque su maquillaje era menos cargado de lo que Marinette podía recordar, esta vez su cabello no se encontraba sujetado con la diaria cola de caballo, estaba amarrado a la altura de sus orejas permitiendo que el resto cayera en suaves ondas, su ropa era impecable como siempre, una camisa rosa con mangas hasta sus codos, el pantalón gris entallado de pretina alta, los bellísimos tacones negros del mismo color de su bolso, se veía casi como una modelo de revista, especialmente por la suave expresión de su rostro, totalmente contrario a lo que la pelinegro podía recordar, la rubia necesito solo un momento para llegar hasta su antigua compañera y tomarla de las manos.

―Hola Cloe ― saludo Marinette soltando una sonrisa tan falsa que parecía que su rostro fue inyectado con Botox.

― ¡Dios mírate! ― Exclamo la rubia ― Luces bellísima, adoro tu línea de ropa, me cuesta un poco el envió hasta aquí, pero vale la pena― a simple vista parecía no haber cambiado en nada.

Marinette se calmó, a pesar que no estaba para visitas y mucho menos si se trataba de la bruja de su colegio ―Muchas gracias de verdad ― fue todo lo que su educación le obligo a decir.

―Tenemos tanto de que hablar, podríamos cenar juntas ¿Qué te parece? ― pregunto Cloe.

―Es una excelente idea― intervino su madre desde el mostrador, su hija inmediatamente la fulmino con la mirada.

―En realidad me quedare pocos días, no quisiera molestarte ― Se excusó la pelinegra.

―Entonces con más razón, no debemos aplazarlo, vine por unos deliciosos cruasanes, ya que tratare de hacer pastas hoy, ven conmigo puedo esperar si deseas cambiarte de ropa ― ese último comentario no puedo evitar llevar un tono ofensivo, dado que a simple vista se podía notar la suciedad en la vestimenta de Marinette.

― De verdad que no es necesario.

―No voy a aceptar un no como respuesta, estoy segura Adrien le encantara verte también ― afirmo Cloe.

Marinette sintió un nudo en la garganta al escuchar su nombre ― ¿Adrien? ¿Adrien Agreste? ― pregunto incrédula.

―!claro! ¿que otro podría ser?, espera ― la rubia cayo en cuenta ― ¿Acaso no lo sabes?

― ¿Saber qué? ― el corazón de Marinette quería volver a trabajar más rápido de lo común, y todos sus miedos se hicieron realidad cuando la rubia extendió su mano frente a ella.

―Adrien y yo estamos casados ― dijo Feliz Cloe mostrando con orgullo el anillo en su dedo.

El mundo de Marinette se desmorono por completo con la noticia.


Manito arriva si los sorprendi con la esposa de Adrien 7v7

Cindy de aqui en adelante te colocare como co-autora, te mando bocetos de capitulos y tu los vuelves maravillas, ademas que la escena de adrien el gyn fue tu idea y me encanto, gracias por aguantarme, se que tienes dos fics activos y otros dos mas activos con otras autoras y aun asi, sacaste tiempo para mi, como la vez que te llame por Watsap y en Beijing eran las dos de la mañana y aun asi me respondiste aunque te levante, T.T eres un sol de mujer, tienes un espacio en mi kokoro.

para quienes no sepan amabas somos colombianas pero , mi compañera de escritos vive en China asi que bueno, yo le pase a cindy hasta el cap 5 listo, pero ella es la que se toma el tiempo de correguirlo hasta que esten listos para ser publicados.

A los que comentarios *insertar corazoncito* gracias! ya les deje un mensaje a todos espero que las cosas siguan siendo de su agrado.