Hola, de nueva cuenta quiero agradecer a todos aquellos que se tomaron un tiempo para comentar en el capi anterior, gracias roronoalau (siento no haberte mencionado) . Y también agradezco todos los nuevos following, todo eso me inspira bastante. Pues bien espero les guste el capi algo cortito pero en compensación el viernes en la noche publicare el capi cuatro. De nuevo los invito a comentar!

CAPITULO 3: SORPRESA

No era alguien supersticiosa, no creía en la buena o mala suerte, menos en el poder del número trece, la prudencia de caminar debajo de una escalera o procurar no tirar la sal. Pero si esa mañana, al menos, hubiera prestado atención a las señales, se habría dado cuenta que anunciaban algo malo.

Primero su despertador no sonó y terminó por despertar media hora tarde, apresurada tuvo que irse sin desayunar. Corriendo como maniaca por las calles y sin prestar mucha atención a los charcos de agua producidos por una noche de lluvia, fue víctima de un conductor descuidado que acabo por mojarla de pies a cabeza, menos mal iba vestida de civil, con todo en su contra, aun esperaba llegar a tiempo, su bono de puntualidad era sagrado, siempre contaba con el, no quería prescindir de sus beneficios. No obstante el transporte público se empeñaba en odiarla, el cual se retrasó varios minutos. En ocasiones así, juraba que se compraría un automóvil lo antes posible.

Con todo el peso del mundo, llego 15 minutos tarde, no muy atrasada pero si lo suficiente como para no tener su adorado bono. En fin, en situaciones similares, procuraba calmarse en los vestidores, repasaba esa idea que siempre le sacaba buen humor. Ya había pasado un poco mas de una semana y no tenía noticias ni buenas ni malas de aquel hombre. Eso siempre la relajaba. De mejor ánimo llegó a su zona de trabajo, donde se percató que casi todo el personal cuchicheaba entre si.

- Hola Vivi

- Buenos días Nami, que raro que llegues tarde

- Si, ni me lo recuerdes, tuve una mañana terrible pero dime ¿Qué pasa?

- La verdad no lo sé, solo he oído rumores

- ¿De que hablas?

- Pues dicen que…

Sin lograr acabar su frase, de inmediato una mujer de aspecto un tanto bizarro: grandes labios pintados de rojo, ojos pequeños intentados resaltar con pestañas exageradamente grandes postizas y una cabeza con forma de pico, acabó con toda posible conversación.

- ¡Buenos días chicas, acérquense les repartiré a sus pacientes!

- ¡Si, Lola-sensei!

- Después me cuentas Vivi

- Ok

Como todas las mañanas, Lola-sensei, jefe de enfermeras, asignó a los pacientes al personal, nada fuera de lo común, solo que esta vez al concluir su labor la siguiente acción de su jefa dejo dubitativa a Nami.

- ¡Bien, eso es todo chicas, trabajen duro!

- ¡Si, sensei!

- Nefertari-san, venga a mi oficina antes de iniciar sus tareas

- Claro

Ni habían transcurrido dos minutos, casi todas las compañeras de la enfermera, ya se formaban ideas, especulaciones tontas y atrevidas del por que su llamada de atención. Por su parte Nami sabia que Vivi se lo contaría tarde o temprano, sin mas preámbulos inició su jornada.


Un paciente con diálisis, una joven con control de líquidos y un buen señor posoperado de una colecistectomía mantuvieron entretenida a Nami buena parte de la mañana, tiempo en el cual no supo nada de su amiga. Logró terminar parcialmente su trabajo a las 10:00 am, hora en la que se disponía a buscar a Vivi, unas fuertes carcajadas seguidas de una estúpida canción la sacaron abruptamente de sus pensamientos. "¡Por dios! ¿Quién demonios se ponía a escuchar música a tal nivel de volumen en un hospital?" pensó furiosa. Cuando dio con el origen del ruido, en la cama 217, precisamente la peliazul salía de dicha habitación.

- Ey, Vivi

- Nami, que bueno que te veo, mira yo…

- ¡Oye dile a tu paciente que baje el volumen de su música, parece que tiene una fiesta adentro, esto es un hospital!

- Pues precisamente de eso quería hablarte… no puedo decirle nada, este paciente es… especial.

Ciertamente le pareció extraño que su amiga se expresara de esa manera, a pesar de ser un hospital de renombre donde personas con grandes recursos acudían, ni Nami ni Vivi daban preferencias a ningún paciente, para ellas, la clase, el dinero y el poder desaparecían cuando las personas se quitaban la ropa y se colocaban las batas reglamentarias del instituto. Pero también era cierto que en ocasiones Vivi podía ser muy bondadosa y tolerante.

- Hum, deja que yo me encargue

- ¡No, Nami, espera…!- Sin permitirle terminar, al pelinaranja se adentró en la habitación muy segura de si.

- Buenas tardes, disculpen esto es un Hospital y a parte de su paciente, hay otros tantos que no se encuentran en condiciones optimas y desean descansar, por favor hagan el favor de disminuir el nivel de su música. – Mientras hablaba, con su mirada, lentamente hacia un reconocimiento de quienes se encontraban ahí. En la cama permanecía un joven que parecía ser el paciente, aunque Nami podría jurar que estaba igual o mas sano que ella, cabello rizado, ligeramente musculoso y una peculiar nariz parecida a pinocho. En la silla cercana a la ventana, una bella joven algo mayor, de cabello negro azulado y una mirada bastante enigmática y por ultimo en el sillón de visitantes sin siquiera dirigirle la mirada; un peliverde con un piercing curioso en el oído y una cicatriz en el ojo.

- Lo siento, enfermera-san, en un momento bajamos el volumen. –Sin parecer molesta o enojada la mujer apagó el aparato al momento que del baño salía una voz un tanto infantil.

- ¡Ey! ¿Por qué apagaron la música?

Esa voz, no sabia por que pero el solo escucharla le provocó la piel de gallina, decidió marcharse, después de otro regaño… es decir consejo.

- Gracias, pero en un futuro espero que…

- ¡Oigan chicos! ¿Por qué apagaron la música?

- Lo siento Luffy, pero la señorita enfermera nos llamó la atención

- ¿Quién?

Sus piernas se debilitaron, su estomago se revolvió, sin ser consciente de ello sus manos empezaron a temblar y sudar, ahí frente a ella a escasos pasos de su persona se encontraba aquel sujeto de esa noche, mirándola fijamente, escudriñándola de pies a cabeza. Era cuestión de minutos para que la reconociera y ahora con sus amigos, acabarían con ella, ahí mismo en el hospital. Hacia mucho que no derramaba una lagrima, pero un nudo se le formó en la garganta y sus ojos se pusieron vidriosos.

- ¿Por qué no podemos escuchar música eh… como te llamas?

Imposible… imposible, no la reconoció, de hecho los segundos que pasó mirándola para Nami fueron horas, a lo mejor el cielo y dios si la querían y amaban y le estaban ofreciendo una oportunidad. El muy idiota no la había reconocido pero si seguía como babosa solo mirándolo sin decir nada levantaría sospechas, lo primero seria salir viva de esa habitación.

- Nami, me llamo Nami – Estuvo tentada en darle otro nombre pero tenía todas las de perder, su gafete en su pecho la delataría al momento y seria sumamente extraño que todos en el hospital se dirigieran hacia ella con un nombre diferente al que les dio. Haciendo uso de TODA su capacidad de autocontrol y llenándose de un valor que pensó no tenia, continuo como si nada pasara.

- Recuerde que esto es un hospital y hay mas personas que desean sentirse mejor y para eso deben descansar.

- Pero para eso es la música, para que se sientan mejor.

Tuvo un repentino deja-vu, sentía que trataba con un niño a quien debía explicar palabra por palabra por que razón no todos disfrutarían de escuchar música a tal volumen

- No se preocupe enfermera-san, yo le explicaré, le pido disculpas. – Como si esos ojos leyeran mentes, la bella joven intercedió por Nami quien tomo eso como su pie de salida y con un simple "Gracias" y una reverencia salió del lugar.

- Nami, ¿Qué pasa? Te ves pálida

- Vivi… debo contarte algo


Sinceramente se consideraba alguien muy paciente, demasiado en realidad, cuando Usopp o el cocinero de mierda se empeñaban en hacerlo enojar el solo respondía como habitualmente cualquiera haría (empezando una pelea sin sentido). Además la paciencia era una cualidad necesaria en un guerrero y él se consideraba uno. Pero esta nueva tarea le estaba pareciendo bastante inútil y sin sentido.

- Esto es una tontería

- Es divertido

- No le veo la diversión en buscar a una tipa que ni conocemos.

- Ayudo a Luffy

- No te confundas, también deseo conocerla pero ¿Por qué simplemente Luffy no le marca a su celular y ya? Yo mismo tengo su teléfono guardado, eso nos ahorraría mucho tiempo.

- Querido, no eres nada romántico

- ¿Y que tiene que ver una cosa con la otra?

- Ay amor – como siempre con un simple beso de Robin bastaba y sobraba para callar los reclamos del peliverde, quienes ya se encontraban fuera del hospital.

- Tu solo dedícate a buscar, no creo que tardemos mucho en dar con ella.

- ¿Por qué lo crees?

- Intuición femenina, supongo

- A veces eres tan extraña

- Yo también te quiero

A la fecha de hoy Roronoa Zoro no sabia como termino por ser pareja de una mujer tan diferente a él como Nico Robin, pero honestamente, eso le traía sin cuidado, nunca lo diría en voz alta pero amaba a su mujer-flor.