The Wedding

Capítulo tres: Sin nombre, pero demasiado intenso.

-

Marion Phauna era una mujer muy decidida y dedicada, cuando se comprometía con algo, lo hacía. Siempre ponía su trabajo antes que todo. Era trabajadora, confiable, amigable y poseía un ingenio tan envidiable que la hacía ser la mejor. Había adorado la moda y el diseño desde muy pequeña, era su pasión. Ahora era una de las más destacadas diseñadoras en el mundo. Muy solicitada, no sólo por sus perfectos y hermosos diseños, sino porque era una de las personas que terminaban las cosas a tiempo

Por esos motivos, Anna Kyouyama había decidido recurrir a ella. Sabía a la perfección que su vestido de novia sería el mejor. Pero si hubiera sabido lo que ocurriría, nunca hubiera acudido a ese lugar, The Wedding. Odiaba lo que le estaba pasando, odiaba ese sentimiento tan confuso en su ser. Su prometido era un hombre maravilloso, era de nacionalidad china, poseía unas de las mayores compañías de ese país, Tao Inc. Lo había conocido en una calurosa tarde de verano mientras caminaba por las calles de Tokio, habían chocado por descuidados y esto había ocasionado que se gritaran mutuamente. Salieron, se enamoraron, se comprometieron.

Lo amaba, sí, y mucho, pero el nuevo sentimiento que recorría su cuerpo era mucho más intenso. No sabía como llamarlo, no era amor o al menos eso creía. No, amor no, ya que no era el mismo sentimiento que tenía hacía Ren, su prometido. Esto era caluroso, chocante, eléctrico.

Sentía que la ahogaba.

Lo detestaba…

Un día después de aquel incidente con los besos, ellos se volvieron a ver, sólo que esta vez ninguno se dirigió la palabra. El ambiente había sido muy incómodo los días siguientes, no se miraban, no se hablaban. Anna le había pedido a Mary que cambiara su horario, un día él, otro día ella, no juntos. Pero ésta, con la cara más dulce y valiente que le pudo dedicar a la rubia, se le había negado, dando como excusa que el tiempo era muy limitado.

-Me alegra que tengan tiempo para venir cada vez que los llamo –sonrió la rubia diseñadora –Ya saben, si quieren perfección la tendrán. Sus trajes ya casi están listos, sólo les hace falta algunos detalles.

-Que bien –dijeron al mismo tiempo, sin muchos ánimos.

Las incómodas miradas que se dedicaron en esos momentos fueron interrumpidas por el insistente tono de marcha nupcial del celular de Mary.

-Disculpen, tengo que atender –y sin dar más explicaciones, la chica los dejó solos.

Demonios, era lo que evitaban.

Yoh, después de los besos de aquel día, había llegado muy cansado a su departamento. Sorpresa que se dio cuando se encontró con su prometida en su cocina preparando la cena, en esos momentos lo que menos quería era verla a ella. No sabía qué hacer, no sabía si podría mirarla como antes. Tamao era una mujer excepcional: bella, trabajadora, dulce, buena cocinera, todo lo que un hombre deseaba. Yoh la amaba, pero el haber conocido a aquella rubia había tenido el placer (o la maldición) de experimentar un nuevo sentimiento, uno único, electrizante. Estaba bastante confundido, los besos de su prometida eran dulces y cariñosos, pero los de Anna quemaban por dentro. No sabía si los de la rubia le gustaban más…

No sabía o simplemente no quería admitirlo.

El caso es que a ninguno de los dos le gustaba esta situación tan incómoda. ¿Cómo habría de gustarles si por culpa de esto los dos estaban confundidos? Bueno, la verdad no estaban confundidos, los dos sabían muy bien lo que deseaban en esos momentos, y no era precisamente casarse con los que se comprometieron. Lo que sucedía era que ninguno tenía las suficientes fuerzas para admitirlo. Pero si lo admitían, si decían que querían algo más, sus planes, su futuro, todo lo que habían hecho hasta ahora se vendría para abajo. O al menos eso creían…

Simplemente tenían que negarse a las tentaciones.

-Yo… -susurró Yoh, nervioso.

-¿Qué quieres? –dijo enfadada, no con él, sino con ella misma por desearlo en esos momentos.

-Yo no pude borrar los recuerdos de aquella vez.

-Mal por ti, yo ya lo hice.

Mentir era bueno de vez en cuando.

-¿Ah si? –se acercó a ella decidido. No le creía, no sabía por qué, pero simplemente no lo creía. –No creo que los gemidos de aquel día se hayan borrado de tu memoria tan fácil.

-¿Qué es lo que pretendes? –se cruzó de piernas y desvió la mirada de la de él, no podía verlo a los ojos –No se supone que teníamos que aparentar.

-Pues traté, pero es muy difícil –se rascó la cabeza como un niño que no entendía la gravedad de la situación –Pero no me puedes negar que fue… diferente.

-¿Diferente a qué?

-No sé si tú lo hayas sentido, pero al besarte me ocasionaste un sentimiento diferente, sin nombre. -ella no respondió, Yoh lo tomó como un sí. -No sé qué es.

-Ni yo, necesito saberlo.

-Lo mismo digo.

Y sin pena alguna, sin remordimientos en su cabeza, Yoh Asakura la tomó de la barbilla y la besó. Esta vez fue dulce, tranquilo, embriagante. Necesitaban saber qué sentimiento era ese. ¡Amor no! ¡Amor era lo que sentían por sus parejas! Pero, mientras se besaban, esas parejas había desaparecido del mundo, simplemente quedaban ellos dos.

Solos…

-¿Por qué haces esto? –dijo entre besos la rubia.

-Porque necesito saber qué es –una excusa muy mala –Sino, no podré seguir con mi vida.

Y antes de que Anna pudiera decir palabra alguna, Yoh la recostó sobre el sillón donde se encontraban y se colocó sobre ella mientras la dominaba con candentes besos.

Está bien, esto simplemente ya no era aceptable, ¿pero qué más podían hacer? ¿Negarse a la tentación? Imposible, sobre todo cuando la tentación podría cambiar su forma de ver al mundo, a su propio mundo.

Los besos subieron de intensidad, las manos se volvieron traviesas y sus deseos insaciables. De nuevo cabía la posibilidad de que en cualquier momento Mary pudiera entrar y verlos, pero de nuevo no les importaba, ¿Por qué no les importaba? No sabían, así de simple, lo único que importaba en eso malditos momentos era en sentir el calor de sus cuerpos. Ese sentimiento, confuso, sin nombre, los estaba dominando totalmente.

Por un momento pensaron que sólo era temor, temor al matrimonio, temor a perder esa primera vez. Cuando sales por primera vez con alguien, cuando besas por primera vez, cuando te enamoras, cuando sientes confianza por primera vez. Ya que, cuando se casaran, no habría más primeras veces. Talvez por eso lo hacían, por su última primera vez.

Por un último beso de otra persona, por una última acaricia, por un último enamoramiento…

Sin nombre, un sentimiento sin nombre.

Podrían llamarlo aventura o mejor aún, una pequeña travesura. Aún así, eso no explicaba porque ese sin nombre era más intenso que el amor a sus propias parejas, eso los traía como locos.

Eso los hacía dudar…

La palabra amor en definitiva estaba fuera de esto, por supuesto que sí. Una personas no se puede enamorar de alguien con tan sólo verlo el primer día, el amor a primera vista NO existe. Para llegar a enamorarse de alguien llevaba tiempo, dedicación, paciencia. ¡No así! ¡No a primera vista! Eso sólo sucedía en los cuentos de hadas o en las películas, no en la vida real. Pero tenía que tomar en cuenta que esto era más intenso que el propio amor. ¿Había acaso otro sentimiento arriba de éste, uno más fuerte? ¿O simplemente nunca habían experimentado lo que significaba el verdadero amor?

Talvez lo último…

¡No, no!

¡Dudar unas semanas antes de tu boda era prácticamente un crimen! ¡Ya todo estaba listo, la comida, el lugar, trajes, coches, invitados, TODO!

Dudar era acabar con todo.

Pero no podían evitarlos, los besos, las acaricias, los mordiscos, eran una excelente excusa para poder darse el lujo de dudar. Tenían que admitirlo, nunca habían sentido eso con Ren o Tamao, mejor dicho, nunca los habían besado con tanta pasión.

En definitivas, ese sin nombre ya poseía uno…

Era un amor apasionado, que quemaba por dentro, destruía por fuera.

Amor, una palabra demasiado fuerte para admitir.

Se alejaron uno del otro, sin las más mínimas ganas de hacerlo, y se miraron a los ojos. Miradas de deseo, de confusión, era demasiado. Yoh no podía alejarse de ella, antes de separarse, de dejar de sentir su calor, olió su cabello, besos su frente y se apartó. Ella se maldijo por dentro, no por lo que acaba de hacer, sino porque se había terminado.

-Creo que… -susurró él, muy cerca de ella –Aún no sé lo qué es.

-Ni yo –respondió lamiéndose los labios.

Talvez era demasiada carga admitir el sentimiento o simplemente eran unos verdaderos idotas.

Estúpidos ciegos que se niegan a la verdad, estúpidos.

-No es lo que siento por ella.

-Tampoco es lo que siento por él, es más…

-Intenso –sus palabras chocaron.

Y se quedaron ahí, mirándose el uno al otro sin decir palabra alguna. Ahora aunque no quisieran, necesitaban saber qué sentimiento era. No, eso ya lo sabía, lo que necesitaban saber era cómo admitirlo. Cómo admitir que el amor a primera vista sí existe…

Demasiado orgullos.

Demasiado estúpidos.

Ahora no sabían qué hacer… besarse era la única salida.

Continuará.

Nota: Wua, ya casi acaba! Me encanta escribir este fic. Me alegran muchos sus reviews, que bueno que les guste esta historia.

tururururú (8)