Descargo de responsabilidad: Personajes oficiales y universo de Harry Potter propiedad de JK Rowling. "Come Back to Me" propiedad de la imaginación de ChristinaFay. Traducción de vuestra servidora.
N de la T: ¡Gracias! Por los comentarios positivos, el aliento, el entusiasmo...
Capítulo Tres – Bajo las estrellas
—¿Has oído el último chisme del pueblo? —preguntó Jenny mientras limpiaba las vidrieras del frente del negocio con un movimiento de su varita.
—No —contestó Hermione distraída mientras sumaba el total de las ventas del día—, aún no. Pero tengo la sensación de que estoy a punto de hacerlo.
—Ay, esto te va a encantar —Jenny sonrió con picardía y se acercó al lado de Hermione—. Mimi Weinstock, el comité de bienvenida no oficial del pueblo, bajó por el sendero para hacerle una visita a nuestro nuevo célebre vecino.
—No me sorprende —Hermione no alzó la vista—, ¿no lo hace con todos? ¿Ansiosa de compartir su autoritario entusiasmo?
—¡Pero estamos hablando de Severus Snape! —La sonrisa de Jenny se amplió—. ¿No recuerdas las historias acerca de las Guerras Mágicas británicas? Cómo podría decirlo... Es un hombre serio con una tolerancia muy baja para las tonterías, especialmente cuando vienen de personas que le hacen perder el tiempo.
—¿Y? ¿Acaso Mimi sabe quién es él? No creo que sepa mucho de magos.
—No, no sabía. No tenía ni idea de quién es Severus Snape. Pero lo escuchó hablar en la panadería y reconoció su acento británico. Inmediatamente declaró que nuestro pueblo es una comunidad internacional.
—Trató de hacer lo mismo cuando yo me mudé aquí —Hermione soltó una risita— tratando de presentarme con todos sus amigos "americanos". No dejó de tratarme como si fuera una turista hasta que le conté que tan sólo había venido desde San Francisco, un corto viaje de tres horas.
—Sí, me acuerdo de eso —Jenny asintió—. Estaba tan decepcionada cuando se dio cuenta de que no eras tan extranjera como ella creía. Bueno, esta vez, cuando se enteró de que Severus Snape es un mago británico, ¡pensó que había ganado la lotería! El mismo día que lo encontró en la panadería, horneó un pastel de manzanas y fue a golpear su puerta.
—Bien por él. Espero que le haya gustado el pastel. Recuerdo que cuando nosotros nos mudamos aquí, cerca de Halloween, Mimi trajo un balde lleno de caramelos de maíz para Toby. Estoy segura de que el pobrecito nunca querrá comer otro por el resto de su vida —rió Hermione.
—Bueno, simplemente digamos... no creo que Severus Snape sea del tipo al que le gusta el pastel —Jenny le sonrió de lado.
—¿Por qué dices eso?
—Porque según el viejo Bob que vive al frente, Mimi no terminó de decir una sola oración que el viejo mago ¡le cerró la puerta en la cara!
Hermione meneó la cabeza y sonrió al imaginar a Mimi, pasmada, aferrada a su pastel como si fuera un salvavidas, la mirada fija en la puerta de Severus, sus facciones expresando desconcierto ante la diferencia entre la realidad y lo que ella había imaginado iba a suceder durante el encuentro. Se sintió algo culpable por no poder simpatizar con Mimi Weinstock. Pero a medida que pensaba en la voz chillona de la mujer y su tono dulzón, Hermione no encontraba motivos para culpar a Severus. Seguramente le había hecho un favor a toda la comunidad al mostrarle la puerta.
—Con suerte, eso le enseñará una lección a esa mujer sobre meter su nariz en los asuntos ajenos —parecía que Jenny estaba pensando lo mismo. La joven bruja miró a Hermione con curiosidad por un momento y preguntó—: Dime, ¿por qué crees que el viejo es tan amigable contigo y con Toby?
—No tengo idea —contestó Hermione—. ¿Podría ser que nos conoció primero? ¿Quizá se sintió como en su casa al hablar con alguien con acento británico? No lo sé... ¿quizá se sienta solo?
—¿Solo? —Jenny rió—. Es obvio que la soledad no es su problema. Ni siquiera quiso dejar que Mimi terminara la primera oración, ¿recuerdas? Nunca visitó a nadie más desde que se mudó aquí. No creo que le guste la gente, para nada. Lo que se dice de él en los libros de historia debe ser cierto. Dudo que la palabra "amigable" pueda ser asociada con Severus Snape. Apuesto a que hay algo realmente especial en ti que hace posible que el viejo cascarrabias más famoso del mundo se lleve bien contigo.
Hermione simplemente negó con la cabeza y sonrió ante la especulación de su amiga.
Ella había estado observando en silencio los cambios en su hijo desde que el mago se había mudado a su barrio tres semanas antes. El hecho de poder llamar a Severus Snape por su nombre de pila parecía haber afectado la popularidad de Toby en la escuela. La mitad de los alumnos, los que habían oído la historia del mago, comenzaron a tratar al niño con respeto, aunque quedaba claro que algunos lo hacían por temor. La otra mitad de los alumnos, que nunca habían tenido problemas para ser amigos de Toby, ahora se sentían aliviados de poder pasar tiempo con el niño ya que no tenían que preocuparse del acoso de los bravucones.
—Por cierto, ¿dónde está Toby? —Jenny preguntó luego de mirar el reloj—. Son más de las cuatro. Pensé que la escuela terminaba a las tres.
—Está con Severus —Hermione respondió casualmente y volvió a concentrarse en sus registros de contabilidad—. La semana pasada, el maestro de Toby mencionó algo acerca de la segunda temporada de siembra en Carolina del Norte. Yo le dije que no tenemos lugar en el patio para un jardín de hierbas, de modo que se fue derecho con Severus y le ofreció hacer uno para él. Parece que fue una buena idea, ya que Severus estaba pensando plantar un jardín para cultivar algunos de sus ingredientes para pociones. Se han pasado los últimos días trabajando en ese pedazo de tierra del patio de Severus. Y hablando de Roma...
Hermione sonrió mientras miraba la puerta por la que cruzaba su niño de cabello oscuro.
—Mamá, ¿dónde está mi juego de ajedrez? —preguntó Toby.
—Debería estar en tu habitación —Hermione arqueó las cejas—. ¿Por qué? Nunca quisiste jugar desde que te lo compré para tu séptimo cumpleaños. Debería estar en tus cajones o bajo tu cama.
—Severus sabe jugar —contestó el niño mientras corría por las escaleras a su habitación—. Dijo que me enseñaría algunos trucos.
En pocos minutos, Hermione y Jenny observaron a Toby correr bajo las escaleras, llevando su juego de ajedrez y algunas cajas de plástico. —Por cierto, mamá, ¿sabías que el segundo nombre de Severus es Tobías? ¿Me pusiste así por él?
—No. ¿Por qué haría eso? —preguntó Hermione sorprendida.
—Ah... me habría gustado —dijo Toby—. Estábamos hablando de nuestros nombres y Severus dijo que Toby es un nombre mucho mejor que Tobías, porque nunca le gustó su segundo nombre. Yo esperaba que me hubieras puesto el nombre de un gran mago, pero medio que sabía que no era el caso. ¿Por qué me pusiste Toby, entonces?
—Yo sólo pensé que es un lindo nombre —Hermione se encogió de hombros—. Probablemente haya cientos, si no miles de Tobys en el mundo. ¿Por qué no les preguntas a sus padres por qué les gustó el nombre? ¿Y qué crees que estás haciendo, sacando todas esas cajas del depósito? ¿Estás organizando una venta de garaje?
—Voy a mostrarle a Severus mis modelos de aviones. —El niño no se molestó en detenerse frente a su madre mientras corría afuera.
—La cena es a las seis y media, Toby, ¡no llegues tarde! —Hermione gritó tras él, pero sonrió al ver a su hijo saltando por el sendero hacia la cabaña de Severus.
—Se lo ve tan feliz —comentó Jenny en voz baja—. Te felicito, Hermione. Creo que le encontraste un abuelo a Toby. Quizá eso es lo que tienes de especial, Severus Snape no necesita una amiga, quiere sentirse necesario. Y Toby necesita a alguien como él.
Hermione le sonrió a su amiga, pero no respondió.
Ella misma había sentido curiosidad acerca de por qué la puerta de la cabaña del viejo mago siempre estaba abierta para Toby. —¿Te ha estado molestando Toby? —le preguntó educadamente a Severus un día—. Si quieres, puedo hablar con él y pedirle que te deje tranquilo.
Para su sorpresa, el mago respondió que eso no sería necesario. Cuando ella le preguntó por qué encontraba tolerable al niño, Severus contestó simplemente que le recordaba a él cuando era joven.
—Pero Toby tiene mucha más suerte que yo —había agregado—. Él al menos tiene una madre que lo cuida y lo ama. —Con una pequeña sonrisa, explicó lo que ella no preguntó. —Aunque tuve un padre en la casa al crecer, él nunca mostró interés en su familia. Todo lo que recuerdo de él es que llegaba borracho y discutía con mi madre. Antes de tener edad como para huir de la casa, siempre me escondía en el armario de mi madre cuando ellos peleaban, rogando que la magia pudiera sacarme de la casa. Pero ni siquiera la magia pudo ayudarme —su voz se fue apagando a medida que sus pensamientos lo llevaban al pasado distante.
Hermione se sintió más que sorprendida cuando Severus comenzó a compartir con ella anécdotas de su pasado. Según las historias de los libros de Harry Potter que le repetían tanto Jenny como Toby, Hermione había concluido que Severus Snape siempre había sido un hombre muy reservado. ¿Podía la edad haberlo cambiado tanto? No estaba segura. Pero apreciaba la oportunidad de conocer al viejo mago, y de a poco llegó a la conclusión de que el hombre era simplemente humano. Sin importar cuán impresionado estuviera el mundo mágico con su poder y sus contribuciones durante la guerra, bajo la superficie él era simplemente un hombre que alguna vez se sintió inseguro, vulnerable, e incluso, si podía ella pensarlo, destrozado.
—Si El Profeta consigue hacerte hablar acerca de todas las cosas que he compartido contigo —suspiró él un día luego de contarle acerca de sus épocas en Hogwarts lidiando con los Merodeadores—, asegúrate de pedirles un buen precio a cambio de la información. Nunca le había contado a nadie acerca de esos días tan humillantes.
—No, Severus —Hermione abrió bien los ojos—, ¿por qué dices algo así? ¡Nunca le diría a nadie las anécdotas que me has contado!
—¿No? ¿Por qué no? —la miró inquisitivamente—. Yo te di la información voluntariamente. Tú la escuchaste de un vecino. No tienes obligación de guardar mis secretos.
—Pero somos amigos —respondió ella sosteniendo su mirada—. Yo mantendré tus secretos. Para eso están los amigos.
Saber que su madre era amiga del poderoso mago era una feliz novedad para Toby. El niño pronto se acostumbró a visitar al mago diariamente después de la escuela y los fines de semana. Los dos trabajaban juntos en el jardín cuando el tiempo estaba agradable. Si hacía frío o llovía, Toby pasaba horas en la cabaña de Severus leyendo libros de la colección del mago, o simplemente hablando con él. Después de enterarse que el niño había aprendido a preparar algunas pociones básicas, Severus incluso permitió que Toby le diera una mano en su laboratorio. Tener la posibilidad de entrar al laboratorio que pertenecía a quien fuera el Maestro de Pociones de Hogwarts siempre entusiasmaba a Toby.
Aunque Severus nunca se molestaba en visitar a nadie más del pueblo, iba al negocio de Hermione casi todos los días. Le gustaba pasar por allí en la mañana, cuando el niño estaba en la escuela y el negocio estaba tranquilo sin los turistas. Ella siempre tenía lista una tetera con su té negro favorito esperando que él se sentara junto a la ventana y lo disfrutara con una medialuna recién horneada. A veces, Severus miraba la mercadería de Hermione y le preguntaba sobre las cualidades mágicas de sus remedios caseros. Cada tanto, él le ofrecía sugerencias para mejorar las propiedades curativas de sus productos. Pero la mayoría de las veces que la visitaba sólo se sentaba allí y la escuchaba hablar de sus cosas.
Para el final de la temporada, Severus se había convertido en el miembro de la familia que ni Toby ni Hermione habían imaginado tener en la mesa para las fiestas. En broma, Jenny comenzó a llamarlo el "abuelo adoptivo" de Toby. Severus no parecía tener objeciones con su nuevo título, más allá de una mirada fulminante a la bruja rubia.
Un día al principio de abril, poco después del mediodía, Jenny entró animadamente al negocio. —¡Hermione! —La llamó alegremente antes de ofrecerle una brillante sonrisa a Severus, que estaba sentado tranquilamente junto a la ventana con una taza de té en la mano—. Hermione, ¿tienes algo lindo para ponerte?
—¿Qué? —Hermione arqueó las cejas—. ¿Algo como un vestido? Seguramente puedo encontrar uno en el armario. Pero no creo que te entre. Eres mucho más alta que yo.
—¡No para mí, tonta! —Jenny rió—. ¡Para ti! Escucha, Ben acaba de llegar de sorpresa para pasar el fin de semana. Su amigo Justin vino con él, también. ¡Es una cita doble! Estábamos pensando en ir a la ciudad y visitar un par de discotecas. Toby ya es lo suficientemente grande como para quedarse en casa solo, ¿no crees?
—¡Jenny! —Hermione frunció el ceño—. ¿Cuántas veces te lo he dicho? ¡No me interesan los amigos de Ben!
—¡Pero Justin es diferente! —protestó Jenny—. Ya lo conociste, ¡y te gustó! Es el ingeniero amigo de Ben, el que usa anteojos. ¡Es un tipo listo!
—Sé de quién hablas, Jenny. Le ofrecí unas pociones la última vez que vino al pueblo porque tenía un caso grave de alergia. ¡Que le haya ofrecido ayuda no quiere decir que me guste, Jenny! ¡Tienes que dejar de intentar ponerme en compromisos!
—¡Oh, no eres nada divertida! —Jenny hizo un puchero—. Le dije a Ben que le presentaría una bruja a Justin y que volaríamos juntos a la ciudad. ¿Qué se supone que haga ahora?
—Ahora tienes que ayudar a Justin a encontrar a alguien a quien realmente le interese ir con él a la ciudad —Hermione le dijo enfáticamente—. Además, sabes que detesto volar en escoba. Aparece con ellos. Estoy segura de que les parecerá emocionante.
Jenny meneó la cabeza decepcionada. Antes de salir por la puerta miró a Severus y le dijo: —Quizá ella te haga caso a ti, abuelo. Dile que necesita un hombre en su vida.
Hermione rodó los ojos mientras la bruja rubia salía del negocio. Mirando a Severus, encontró que el viejo mago la miraba fijamente.
—¿Qué? —preguntó—. ¿Por qué me miras así?
El ceño de él se frunció mientras consideraba su respuesta, y luego dijo: —Yo podría cuidar de Toby hasta que vuelvas, si es eso lo que te preocupa...
—Oh, no, no, no —Hermione no le permitió terminar de hablar—. No tú también, Severus —suspiró—. Por favor, no te unas a Jenny tratando de encontrarme a alguien.
—Para nada —él tomó un sorbo de té y dijo para sí—: eso sería lo último que yo querría hacer —alzó la mirada hacia ella y entrecerró los ojos—. Pero tienes que entender que ella tiene razón en un punto. ¿No crees que necesites a alguien en tu vida?
Ella le lanzó una mirada asesina, con sus labios apretados en una fina línea. Negando con la cabeza con rapidez, no ofreció otra respuesta.
—¿Es verdad... lo que me dijo Toby, que no puedes recordar tu pasado? ¿Acaso él, el hombre que te dejó, te hirió tanto que no quieres considerar la oferta de ningún otro? —le preguntó, con los ojos fijos en la tetera frente a sí.
—No es así —Hermione se dio vuelta y miró la pequeña orquídea en una maceta que Toby le había regalado para Navidad. Luego de una larga pausa en silencio, agregó—: Desearía poder recordar algo de él. No tengo idea de si tuvimos una pelea o no la última vez que lo vi. Pero hay algo en mi corazón que me dice que él era muy importante para mí. Siento que él siempre fue una parte importante de mi vida, hasta el día que nos separamos. Sé que esto suena ridículo, pero aún cuando no puedo recordar nada de él, simplemente no puedo olvidarlo. Y no creo que haya nadie que simplemente pueda entrar en mi vida y reemplazarlo. ¿Tiene sentido algo de lo que digo, Severus? ¿Puede alguien amar a otra persona tanto, por tanto tiempo, después de tantos años?
Él la miró intensamente mientras escuchaba cada palabra. Cuando ella terminó de hablar, él volvió su vista a la taza de té que tenía en la mano. —Por supuesto, Hermione. El amor es algo muy extraño.
—Por cierto —ella recordó algo súbitamente—, por favor no te rías de mí, pero debo admitir que sentí curiosidad acerca de ti y te busqué en los libros de Toby. —Ella se paró tras el mostrador y le preguntó con voz titubeante—, tienes habilidad para la Legeremancia, ¿verdad? ¿Crees que...? ¿Podrías tú...?
—No —le respondió antes de que ella pudiera finalizar la pregunta—. No, Hermione. Eso no te ayudaría en nada —sin decir más, el viejo mago murmuró las gracias por el té, y se retiró.
Ella no era, en realidad, la primera a la que se le había ocurrido la idea de utilizar la Legeremancia para mirar en su pasado. Cuando Severus se enteró de que Hermione había perdido la memoria a través de Toby, había contemplado el uso de la magia, pero pronto se decidió por lo contrario. Mientras más la conocía, más seguro se sentía que ella era, en verdad, la Hermione Granger que había conocido en el pasado. Sin embargo, confirmar sus sospechas no parecía ser la solución a para su búsqueda, por el contrario, una alternativa espantosa. Si ése era el caso, ¿de qué le serviría confirmarlo? Él aún tendría setenta años más que ella. Ella aún sería una madre joven que tenía que criar sola a su hijo. La verdad no cambiaría nada. La verdad no podía volver el tiempo atrás.
Ni Severus ni Hermione volvieron a tocar el tema de usar Legeremancia para recuperar la memoria de Hermione. Continuaron con su rutina diaria, con sus amigables discusiones de todos los días. Toby se encontraba seguido en el centro de sus charlas. Un día, la conversación tocó el tema de la escuela de magia a la que Toby iría al cumplir los once años.
—¿Has considerado enviarlo a Hogwarts cuando cumpla los once? —preguntó Severus.
—Él se emocionaría mucho si llegara a ir a Hogwarts —contestó Hermione—, pero no sé... él nació aquí. No recuerdo conocer a nadie en el Reino Unido... ¿Cómo podría siquiera inscribirlo allí? Y saldrá mucho más caro que enviarlo a la escuela aquí en los Estados Unidos...
—Déjame averiguar —respondió Severus simplemente—. Le enviaré una lechuza a Longbottom en la mañana.
El niño no estaba al tanto de la discusión de los dos adultos con respecto a su educación mágica. Estaba haciendo montones de amigos en la escuela y para cuando pasó a cuarto grado había sobresalido en cada materia. Una tarde de octubre, entró corriendo al negocio de su madre con su voz llena de entusiasmo.
—¡Mamá! —La llamó y sonrió ampliamente cuando vio al viejo mago sentado junto a la ventana—. Hola Severus —saludó a su vecino como a un viejo amigo—. ¿Sabían que va a haber una lluvia de meteoritos mañana por la noche? ¡La mejor hora y lugar para verlos es aquí mismo, a las tres de la mañana, hora local! ¿Podemos acampar afuera y mirarla, mamá? ¿Por favor?
—Bueno —Hermione frunció el ceño al considerar el pedido de su hijo—, tenemos un gran roble en nuestro patio, cariño. No creo que podamos ver las estrellas desde allí. Y aunque sea a las tres de la mañana, no creo que acampar en el medio de la calle sea seguro. ¿No podríamos mirar las fotos en Internet? —le preguntó con cierto remordimiento.
Antes de que Toby pudiera reaccionar a las decepcionantes noticias, una voz fluida y aterciopelada se integró a la conversación. —Eres bienvenido a venir a mi jardín para hacer la observación, si quieres. Los dos están invitados, por supuesto. Tengo lugar de sobra.
Cuando Hermione y Toby llegaron al jardín de Severus a las tres en punto de la mañana siguiente, encontraron tres bolsas de dormir ya preparadas sobre tres reposeras de tamaño extra grande arriba de la pequeña plataforma de madera.
—¿Les parece aceptable este arreglo? —el viejo mago salió de la cabaña a recibir a sus huéspedes.
—Más que aceptable, Severus. Esto es muy amable de tu parte —Hermione sonrió mientras apoyaba tres tazones sobre una mesita al borde de la plataforma. Con un pequeño movimiento de su varita, llenó los tres tazones con chocolate caliente.
Las noches de otoño en las montañas Sierra eran activamente frías. Sentado en su bolsa de dormir y tomando su chocolate caliente con pequeños sorbos, Toby no podía ocultar la gran sonrisa en su rostro mientras observaba las estrellas en el cielo.
—Mira, Toby —Severus apuntó hacia el cielo del norte—. Siguiendo el arco del mango de la Osa Mayor, ¿puedes ver la estrella más brillante? Esa es Arturo. Mira con atención, la lluvia de meteoritos vendrá de esa misma constelación, llamada Boötes...
La voz aterciopelada del mago arrastró a Hermione más profundamente dentro de la mágica noche bajo el cielo estrellado. Quería seguir sus instrucciones y mirar hacia el paraíso sobre ellos. Sin embargo, sus ojos simplemente no lograban despegarse de Toby. El rostro del niño irradiaba alegría. Para ella, ninguna de las estrellas podía ser más hermosa que esta visión.
Tras intentar contar las estrellas fugaces durante la hora siguiente, el entusiasmado niño finalmente quedó callado. Observando la figura dormida de su hijo, Hermione se dirigió a Severus suavemente. —Muchas gracias por recibirnos. Créelo o no, no creo haber tenido nunca la oportunidad de observar una lluvia de meteoritos. Fue asombroso. Se está haciendo tarde. Llevaré a Toby a casa así puedes dormir algo.
—¿Tarde? —Severus la detuvo antes de que pudiera despertar al niño—. ¿No sería más preciso decir que es temprano? La mañana está a apenas un par de horas. ¿Tienes frío?
—No, para nada —le sonrió—. Tus bolsas de dormir son realmente abrigadas.
—Les agregué unos encantamientos extra para ello —él sonrió con superioridad y agregó—: si no te opones a acampar bajo el cielo estrellado, puedes quedarte.
Ella miró a Toby una vez más, y volvió su atención al mago. —Gracias, Severus. Creo que aceptaré la oferta.
Se acomodó en su bolsa de dormir y volvió a dirigir su mirada a las estrellas, pero le costaba dormirse. Preguntándose si sería la única que estaba despierta, miró hacia el mago y susurró: —¿Estás dormido, Severus?
—No —contestó él inmediatamente—. Tengo muchas cosas en la cabeza. Mirar las estrellas es más relajante que forzar a mi mente a que se apague.
Ella sonrió a las estrellas. Pensó unos momentos, y finalmente reunió el valor para hacer la única pregunta que siempre había tenido curiosidad por conocer la respuesta. —Severus, ¿puedo preguntarte algo?
Él se rió por lo bajo, confundiéndola un poco. Sacudiendo la cabeza despacio, él dijo: —¿Acaso alguna vez he podido impedirte hacer una pregunta?
Ella frunció el ceño ante sus palabras, incapaz de entender a qué se refería. No creía que le hubiera hecho muchas preguntas, para nada. «Quizá me confunde con Toby», se dijo a sí misma y sonrió. —Bueno... yo siempre me pregunto si las historias son verdaderas... ¿Piensas seguido en ella? ¿La extrañas?
—¿A quién? —su voz había perdido el tono bromista. Volviéndose hacia ella, la miró intensamente con sus ojos oscuros.
—Lily, por supuesto —ella arqueó sus cejas y miró con asombro cómo él dejaba escapar un largo suspiro y se volvía a mirar a las estrellas.
—Me preguntan eso seguido —dijo—. Y nunca me molesto en contestarles.
—Oh, lo siento —susurró ella, sintiéndose avergonzada de su entrometimiento.
—Pero te contestaré a ti —dijo él repentinamente, sorprendiéndola—. La gente que escribió esos libros sabía solamente una parte, Hermione. Hay mucho más que no sabían. Lily fue mi mejor amiga durante mucho tiempo, cuando éramos niños. Pero la gente cambia. Crece, conoce a otras personas, hace otros amigos. Lily y yo nos alejamos. Y así son las cosas.
—Lo sabía —murmuró ella.
—¿Qué quieres decir? —no podía seguirla—. ¿Qué sabías?
–Sabía que los historiadores tuvieron que agregar algo extra para que su recuento de la historia sonara más romántico. Bueno, hicieron que sonara muy convincente. Si no por tu amor por ella, ¿por qué hiciste todo lo que hiciste para Dumbledore? ¿Qué te mantuvo firme todos esos años, trabajando como doble agente, arriesgando tu vida?
—¿Qué por qué lo hice? Al principio fue simple, Hermione. Yo sí se lo debía a Lily. Mi error le costó la vida —suspiró—. En cuanto a qué me mantuvo firme, bueno, los libros sí captaron correctamente una parte de la historia. Fue, en verdad, por amor.
— ¿Pero no amor por Lily? —ella se apoyó sobre un codo y miró al viejo mago con curiosidad.
—No, había alguien más —contestó él en voz baja—. Ella me dio un motivo para luchar, y una razón para vivir.
—¿Quién era ella? —lo miró con los ojos bien abiertos.
Él calló. Un largo momento después meneó la cabeza y dijo: —No creo que entiendas.
Ella tomó eso como un indicio de que él no quería discutir más el tema, y se retiró de regreso a la calidez de la bolsa de dormir. —Gracias Severus —le dijo en voz baja— por compartir tus historias conmigo.
Él yació a su lado calladamente, sin responder a sus palabras. Un largo rato después, de repente preguntó: —¿En verdad no lo odias?
—¿A quién? —replicó Hermione, sorprendida por la pregunta.
—Al irresponsable que te dejó criar a tu hijo sola —su voz era apenas un murmullo.
—¿Cómo puedes estar tan seguro de que él me dejó? —argumentó Hermione. Le sonrió cuando la miró, sorprendido.
—Creí que no podías recordar... —dijo él tentativamente.
—No lo hago —se encogió de hombros—. Pero eso no quiere decir que lo que dijiste sea cierto. —Tiró de la bolsa de dormir un poco para que le cubriera los hombros—. Podríamos haber tenido una pelea. Podríamos haber hecho algo malo. Quizá no éramos el uno para el otro. ¿Quién sabe? Pero sin importar las circunstancias, él hizo una cosa bien. Me dio a Toby, mi bebé —sonrió cálidamente al niño dormido—. Él es el mejor regalo en todo el mundo.
—Entonces ¿lo perdonas? —preguntó él.
—Nunca dije que lo odiara —contestó ella.
Yacieron en silencio por un largo rato, hasta que él finalmente dijo: —Es un hombre afortunado.
Ella sonrió a las estrellas y cerró los ojos. La calidez de la bolsa de dormir y del encantamiento del mago la arrastraron lentamente hacia la tierra de los sueños, dejando a Severus mirando a las estrellas, perdido en sus propios pensamientos.
—Desearía ser lo suficientemente valiente como para mirar en tu pasado —murmuró.
Pero ella no estaba despierta para oír sus palabras.
