Realidad

Resumen: Martin necesitaba sentir algo, cualquier cosa que lo aferrara a la vida. Que lo anclara a la realidad.

Aclaraciones:

Esta historia se adapta a un universo alterno.

Alejandro (Puma): es el espíritu protector o guardián de Martín

Leonardo (Leo o Lobo): Es el espíritu guardián de Pedro.

Ambos ya fueron liberados y adoptaron forma humana.


No podía creer lo que estaba haciendo. Leo era un pelotudo importante, lo había hecho enojar en serio y sin embargo, ahí estaba él buscándolo, dondequiera que el guardián de su amado mexicano (porque a pesar de todo lo que había pasado con Alejandro lo seguía amando). El argentino esperaba de todo corazón que esos dos fueran muy felices, aunque no dejaba de sentirse algo dolido al respecto.

Después de todo, él siempre había estado ahí para Pedro y cuando creía que por fin iban a estar juntos, que por fin Pedro lo aceptaría como pretendiente y consolidarían una relación de pareja estable; cuando por fin creía que iba a ser feliz al lado de la persona que amaba con todo el corazón después de todo el infierno provocado por la "Organización" (que esperaba se hubieran ido bien a la mierda y se encontraran muy lejos de aquellos a quienes amaba), de que se hubiera esforzado mucho, muchísimo para probarle su valía como hombre al moreno, todo se iba a la mierda en un dos por tres a causa de Puma.

Y ahora ahí estaba, buscando a alguien con el corazón tan roto como el suyo. La declaración de Lobo había sorprendido mucho, pensaba que Leonardo de verás lo odiaba.

Martín entro en el primer bar que vio abierto -destino inexplicablemente lógico de los decepcionados del amor y la vida en general- y cuando lo vio, sintió como si lo viera por primera vez: El pelo revuelto, el flequillo cubriendo casi la mitad de su rostro, la camiseta sin mangas con dibujos de calaveras, los pantalones oscuros y estrechos, ligeramente deslavados, las botas de cierre cubiertas de tierra. Pero lo que más le impacto fue su cara de tristeza, que apenas se vislumbraba ante otros por la oscuridad que reinaba en el recinto mientras el muchacho apuraba un caballito tras otro de tequila.

Martín no supo como terminaron yendo del bar a su casa entre besos y caricias desesperadas, animales, dementes; francamente no le importaba en aquellos momentos. No le importaba que Pedro estuviera enamorado de su guardián y que esté le correspondiera. No importaba que quizás se arrepintiera después cuando todo aquello terminara. No importaba que Leo acabara odiándolo de verdad.

Necesitaba sentir algo, cualquier cosa que no fueran esos sentimientos de frustración, tristeza, decepción y resignación.

Necesitaba algo que lo aferrara a la vida.
Que lo anclara a la realidad.