3.-Rosas con espinas/En medio de la tempestad
-¿Tu esposa?-preguntó endureciendo sus facciones con incredulidad en gesto amargo, como si aquello fuese una broma de pésimo gusto. Esta vez fue el gesto del muchacho el que se descompuso en uno de completo desconcierto ante la expresión mostrada por su amiga, finalmente, Satoshi decidió confirmar sus palabras ante el cuestionamiento planteado por su amiga.
-Así es...Mi esposa.-puntualizó el príncipe del Fuego.
-¡Vaya!-exclamó Haruka con un tono que aunque pretendiese sonar córtes, no lograba disimular su desdén.-Pues es una verdadera sorpresa.-
Luego, con un gesto más bien diplomático, extendió su mano hasta la nueva Reina del Fuego para devolverle el saludo.
-Lamento no haberte escrito antes para darte la noticia.-Se disculó Satoshi sintiendo la evidente tensión que se entretejía entre ambas mujeres.
-Mucho gusto.-exclamó al fin la castaña zafando con presteza su mano del saludo que era mantenido entre la esposa de su amigo y ella. Después, como si aquello no hubiese sido mas ue un incidente sin importancia se volvió, sonriendo nuevamente hacia el príncipe hechicero y, con una agilidad que cualquier persona hibiese pudido adjetivar de magistral se colgó rápidamente del brazo izquierdo del muchacho,ignorando (o al menos fingiendo que lo hacía), a la desconcertada pelirroja, quién miraba la escena con una ceja arqueada y un gesto de fastidio claramente dibujado en sus sorpresa y el desconcierto se expresaron sin ningún pudor en el gesto del azabache, quién aún sin asimilar muy bien que estaba pasando se volvió a ver a la que era su esposa con interrogación y, un momento después, con una timidez, que parecía rayar en la torpeza ofreció con galantería su brazo a la princesa marina, quién mantenía inmutable su gesto, incluso, al momento en que su vista se clavaba en la extremidad que le era ofrecida para llevarla. Fue el orgullo lo que la llevo a aceptar con tremenda estoicidad el brazo que le serviría de guía durante el paseo que un minuto antes hubiese correspondido sólo a ellos dos.
Haruka decidió ignorar la presencia de la joven pelirroja durante el breve tiempo que el paseo por los jardines duró. Hablaba con Satoshi sin dirigirle si quiera la más leve muestra de atención a la señora del imperio de fuego, el azabache apenas y podía asimilar aquella escena montada al más perfecto estilo dramatúrgico, su atención se dividía entre la animosa conversación, de cuya dirección llevaba la batuta la joven visitante; y por otro lado no podía evitar echar determinados vistazos furtivos a la callada e imperturbable pelirroja que no despegaba su vista del camino que recorrían por entre los grandes campos verdes que rodeaban a el esfuerzo propio de las extremidades que no se llegaban a mover con la presteza de sus otros dos acompañantes, Kasumi apenas se adelantó un par de pasos dirigiendose a la entrada principal de palacio, sin volverse ni por un instante a las dos personas que habían detenido su andar ante el gesto mostrado por ella, tomo la perilla de la puerta y la empujó levemente para introducirse dentro del palacio, Satoshi dió un paso hacia adelante con expresión consternada, su brazo levemente extendido hacia donde ella se encontraba, pretendiendo tal vez de alguna manera, ofrecerle un apoyo sin llegar a establecer contacto.
-¿Necesitas ayuda?-preguntó él apenas inclinandose levemente hacia ella quién, ante la repentina exclamasión del hechicero había detenido su marcha. Aún de espaldas a ellos, sin devolver la mirada y manteniendo el estoico porte que le permitía mantener el equilibrio a pesar de la extrema fatiga sentida en sus piernas, la joven sirena se limitó a contestar:
-No, claro que no necesito ayuda para llegar a mi habitación, puedes seguir disfrutando de la compañía de tu visitante.-apenas hubo dicho esto la silueta de la reina del imperio de fuego desapareció en el interior del enorme palacio dejando a un pasmado Satoshi y a una intrigada Haruka.
-¿Acaso tu esposa es tan inútil como para que no pueda moverse por su propio pie sin ayuda?- irrumpió cuestionando la visitante con una voz que podía denotar leve molestia contenida. El principe hechicero se volvió bruscamente hacia su mejor amiga a punto de gritarle algún improperio, el recordar de quién se trataba lo detuvo.
-No es eso, simplemente tiene un problema con sus piernas.-contestó él con una voz profunda que logró turbar a la joven ojiazul; Satoshi jamás le había hablado así, mucho menos por una mujer, ¿Acaso en verdad aquella chica era algo serio para él?, a pesar de ello lo único en lo que la joven podía pensar era en hacerse del conocimiento de todo aquel asunto tan sospechoso y asi lo externo a su acompañante.
-Creo que merezco una explicación.-
La mirada marrón del principe hechicero profundizó en los ojos azules de la joven invitada.
-Y la tendrás, acompañame al despacho, aquí no podemos hablar.-indicó el pelinegro haciendose a un lado para permitir que la joven adelantara su paso hacia el lugar indicado anteriormente.
La puerta de roble se cerró detrás del príncipe del imperio de fuego en tanto él apresuraba su paso para retirar el asiento frente a su escritorio en un acto de atenta galantería para con su mejor amiga, esta acpetó el gesto y se acomodó en el asiento que se e había ofrecido en tanto esperaba a que su anfitrión rodeara el mueble y se sentara detrás del escritorio para que pudiesen iniciar la charla que tenían pendiente desde su llegada a palacio. Una vez que Satoshi hubo tomado asiento, Haruka no hizo esperar mucho más la cuestión.
-¿Y bien?, ¿Me puedes explicar que ocurre aquí?-
Satoshi se sobó la frente con expresión levemente preocupada a la vez que se removía en su asiento como si buscara encontrar un mejor ángulo para enfrentar su mirada con la de su mejor amiga.
-Sé que debí haberte informado antes, pero creeme cuando te digo que esto me tomó de sorpresa a mi, tanto como a ti pudo habertelo parecido...-El azabache carraspeó, esperando, alguna respuesta por parte de su interlocutora. Haruka observó intrigada la expresión en el rostro de su amigo, pudo dilucidar la sinceridad en él y la consternación ante lo que ella pudiese manifestar de todo aquello; enarcó una ceja, a la vez que se inclinaba un poco más sobre el escritorio que se encontraba entre ella y el joven hechicero, buscando con ello un enfrentamiento más directo con él, cara a cara.
-¿Me estás intentando decir que te desposaste con una perfecta desconocida?-
El muchacho de mirada marrón tragó saliva con evidente dificultad y se dispuso a tomar la palabra nuevamente.
-Cuando...lo dices de esa manera suena terrible Haruka.-
Esta vez, la invitada , frunció levemente el entrecejo ante la exclamación realizada por el príncipe.
-De cualquier forma que lo diga, va a sonar terrible, tal vez por que el hecho en sí, lo es.-
-Pude haberte escrito explicandotelo todo, creo que de esa manera no estarías tan enojada conmigo.-
-Puede que no, sin embargo sigo esperando tu explicación Satoshi.-
El que Haruka lo hubiese llamado por su nombre de pila, desconcertó por un momento al soberano; realmente debía estar enfadada como para que hubiese obviado el apodo afectuoso con el que lo llamaba desde que tenía memoria y ahora, lo nombrara de esa manera, como si aquello fuera lo más natural del mundo. El azabache inspiró hondamente antes de que volviese a hilar las ideas que se empezaban a formular en su cabeza para ofrecerle a su amiga alguna explicación convincente sobre todo lo que estaba sucediendo en ese momento en el palacio.
-Me casé con Kasumi, por que es una sirena.-soltó por fin el muchacho sin despegar su vista de la expresión dibujada en el rostro de su invitada.
Haruka apenas pudo procesarlo, la idea llegó a ella tan taladrante como el sonido de la voz de aquel que acababa de sugerirsela, sintió un nudo pesado y agudo en la boca del estomago, a la vez que un leve mareo la hacía cerrar los ojos para evitar la inminente caída ante la sospresiva pérdida de noción en el espacio. Tomo una bocanada de aire antes de atreverse a abrir los ojos nuevamente; espiró con solemnidad, y cuando al fin pudo permitirse volver a mirar, dirigió su vista hacia la preocupada mirada del hechicero quién se había puesto de pie a punto de acudir a su lado para auxiliarla.
-¡¿Me estás diciendo que te has casado, con uno de los seres que más odias en el mundo?!-Exclamó la castaña con evidente ira envolviendo su tragó con dificultad ante el evidente despliegue de sentimientos nada cordiales por parte de su mejor amiga, intentando permanecer inmutable ante aquello, el principe hechicero procedió a proseguir con su explicación:
-Todo se trata de una venganza Haruka, todo este melodrama fantástico creado alrededor de esta farsa de matrimonio es sólo el escenario de una venganza que lleva años deseando ser consumada dentro de mi.-
La castaña enarcó una ceja con incredulidad, sus ojos azules brillaban desafiantes ante la tímida llama del candelero interpuesto al centro de la mesa, y que fungía como la única luz irrumpiendo en las tinieblas del despacho del hechicero, torció sus labios un momento, tal vez, pretendiendo acentuar con ello, su gesto de escepticismo ante las palabras de su amigo; el pelinegro observó atentamente a la joven frente a él esperando cualquier gesto o exclamasión por parte de ella, la respuesta ante la silenciosa plegaria de él, no era más, sino el mismo silencio. Derrotado, tal vez, por la pesadez del instante, o tal vez por no poder dar una explicación que pudiera convencer a una persona que era significativa para él, el azabache se dejó caer sobre la enorme silla de roble de la que un momento atrás se había incorporado para acudir al auxilio de su amiga, quién parecía agravada por algún tipo de malestar repentino.
Un suspiro largo y profundo, deshizo de pronto el silencio instalado entre ambos, emulando, el repentino golpe de los rayos del sol desgarrando la oscuridad de una habitación cuya cortina acababa de ser corrida.
-Entonces...-habló finalmente la chica de ojos zafiros.-¿Todo se trata de una venganza?-
Satoshi suspiró aliviado ante el repentino comentario hecho por la joven, se permitió esbozar una sonrisa de sincera alegría y se dispuso a continuar, esta vez con una explicación mucho más detallada de toda aquella circunstancia que rondaba en el palacio del imperio de fuego.
-Así es,pretendo arrebatarle el corazón a Kasumi, de la misma manera en que su especie me lo arrebató a mi, conquistarla, arrancarle la voluntad y después, después...- Antes de que pudiese concluir la oración, Haruka se levantó de su asiento, se dirigió al lado de donde el joven de ojos almendrados estaba y con una suavidad y ternura íntimas tomo su mano guardandola entre las suyas, gesto al cual el principe no se negó en lo absoluto.
-No necesitas decirme nada más Toshi...Entiendo que es lo que haces y creéme, tienes todo mi apoyo para llevar a cabo tu plan.- El príncipe hechicero levantó su vista hasta encontrarse con la de ella, regalandole una cálida sonrisa, asintió levemente.
-Gracias Haruka, gracias por todo.-
La castaña devolvió el gesto iniciado por su mejor amigo, dando un afectuoso apretón a la mano del muchacho.
-Nada tienes que agradecer, yo estaré aquí para ti, como siempre he estado, como siempre estaré.-
En medio de aquella obscuridad apenas iluminada por la debil llama de un candelabro, los dos amigos se habían vuelto complices de la sed de venganza albergada en el alma del hechicero.
Kasumi miraba letargicamente hacia el paisaje desplegado frente a su balcón, el aburrimiento empezaba a hacer mella en ella después de días y días de seguir la fastidiosa rutina que significaba ser la señora del imperio de fuego, lanzó un bostezo al aire y nuevamente dirigió su vista hacia algún punto fijo de la frontera que dividía al mar del cielo y que confrome se alejaba más, menos clara le parecía.
-Bueno, ¿Y?, ¡Estás tan tranquila, aqui sentada, mientras tu marido esta encerrado en el despacho con esa mujer!-exclamó con horror e indignación Imite a la vez que se enfrentaba a la pelirroja con un gesto que parecía emular al de una madre liando a su hija por no comer los vegetales. La joven aludida dirigió su mirada despreocupada hacie el gesto desconcertado de su amiga.
-Por lo que sé, esa chica es una buena amiga de Satoshi, no veo por que debería estar intranquila sólo por que ellos desean un poco de privacidad.-contestó la princesa marina a la vez que se disponía a regresar a su actividad inicial.
La peliverde frunció el entrecejo con una mezcla de molestia y frustración de la cual la joven de mirada verde agua-marina no supo averiguar el origen.
-¿Quieres decir que poco te importa que te robe al marido así sin más?-
Kasumi miró fijamente a su amiga denotando incredulidad dibujada en sus facciones, luego se animó a preguntar como si no hubiese entedido a que iba aquel comentario hecho por parte de su doncella.
-¿De qué hablas?-
-Pues de que más va a ser si no, de Haruka, haciendo méritos con el amo, mientras tu les das vía libre para que se burlen de ti en tu cara.-
-Imite, te recuerdo que el matrimonio establecido entre tu señor y yo es un acuerdo meramente casual, por lo tanto él y yo somos libres de hacer lo que queramos con quién lo deseemos.-
La muchacha de mirada ambarina puso los ojos en blanco rogando al cielo armarse de infinita paciencia, para luego dirigir su mirada hacia la joven frente a ella con una sonrisilla maliciosa dibujada en sus labios.
-Bueno, si me lo preguntas, parecía que tú y el amo se estaban entendiendo a la perfección hoy en la mañana en los jardínes de palacio.-
Un color rojizo inundó raudamente las mejillas de la ojiverde, a la vez que en un débil intento por descartar la importancia del asunto, la joven comenzó a alizar el vuelo de su vestido fijando la vista en los dobladillos de este como si aquello fuese lo más interesante del mundo.
-Sólo conversabamos cordialmente.-atinó a contestar la señora del imperio dee fuego sin despegar la mirada de su labor.
-¡Claaaroooo!, Debe ser que sólo conversaban,¿demasiado cerca tal vez?-el tono de la joven doncella se tornó levemente acusador
-Que el matrimonio sea un acuerdo sin sentimientos de por medio, no quiere decir que vayamos a hacer nuestra vida en común un total infierno...-luego, como si repentinamente algo en su mente hubises depertado de golpe, los ojos de la princesa del mar se ensancharón de súbito e instintivamente levantó su mirada hacia donde su amiga se encontraba, una extraña sensación recorrió su espina dorsal, y luego una ira bullente apareció de pronto invadiendola por completo.-¡En todo caso Imite, eso a ti que más te da!, ¡¿Acaso nos estabas espiando?!-
El repentino gesto carente de clemencia por parte de Kasumi junto al amenazador tono de voz que había usado, había logrado que la doncella retrocediera por lo menos 3 pasos atrás con la sorpresa y el desconcierto expresados en cada facción de su rostro.
-Noooo, yo simplemente pasaba de casualidad por ahí...y...pues...me dió esa impresión.-rió nerviosamente antes de proseguir.-Claro que, pudo haber sido un malentendido, ya sabes, la vista es el más engañoso de los sentidos...-nuevamente rió, aunque por supuesto aquello distaba de parecerle divertido a la dama de compañía de la princesa sirena.-¡Oh, Dios!, ¿Escuchas que me llaman?, Ya voy señor Hoshi...-y apenas en unos cuantos segundos Imite abandonó la habitación como un torbellino, dejando tras de sí a una confundida Kasumi.
Una hora después Haruka se dirigía decididamente a la habitación, qué, según le habían informado todos los sirvientes del palacio pertenecía a la señora del Castillo, con un paso que denotaba categoría, y una mirada de altivez fulgurante, la joven invitada del príncipe parecía dispuesta a iniciar con su apoyo estratégico para el plan que Satoshi le había develado.
Se detuvo frente a la enorme puerta de madera cuyo tallado escenificaba diversos pasajes marinos y prontamente dió unos leves toquidos llamando a quien se encontrara en el interior.
Unos segundos después era Kasumi quién aparecia para recibir a la recién arribada invitada. Apenas hubieron estado frente a frente Haruka sonrió ampliamente a la vez que echaba los brazos al cuello de una, muy descolocada princesa marina, y la estrechaba fuertemente como si se hubiese encontrado con una muy querida amiga a la que hacía mucho tiempo ya no veía.
-¡Hermana querida!-exclamó la ojiazul al momento que se despegaba de la, cada vez más desconcertada pelirroja, y plantaba dos afectuosos besos en cada mejilla de la joven quién parecía haberse quedado sin habla ante semejantes muestras prodigadas por la amiga de su marido hacia su persona, como si el incidente que antes hubiesen vivido hubiera sido un hecho inexistente en algún tiempo lejano.
Kasumi enarcó una ceja con desconcierto y suspicacia ante la nueva actitud mostrada por la joven de cabello castaño y distinguido porte. Esto no paso inadvertido para Haruka, quién, sin perder su sonrisa y adivinando los pensamientos de la ojiverde se apresuró a aclarar su cambio de actitud.
-Debes perdornarme querida, el altercado que hubo entre nosotras esta mañana fue sólo un malentendido, Toshi es como un hermano para mi y por supuesto, las mujeres que se acercan a él regularmente lo hacen sólo por la posición que él pueda ofrecerles, comprenderás que a mi percepción, un matrimonio tan sorpresivo fue...dígamos un tanto sospechoso.-
La joven de mirar aguamarina se encontraba estática ante el repentino arrepentimiento mostrado por la joven aristócrata quien anteriormente no parecía dedicarle más que miradas llenas de desdén.
-Pero, ¿Es que acaso no me invitas a pasar a tu habitación?-preguntó la castaña pretendiendo ingenuidad.-Considero que sería más cómodo conversar en intimidad que en medio de un pasillo donde los criados fácilmente pueden enterarse de todo.-
Aún con el desconcierto dibujado en sus facciones, y la incertidumbre agazapando su alma, la menor de las princesas marinas asintió torpemente ante la petición hecha por aquella que se nombraba mejor amiga de su marido. Apenas retrocediendo un paso y dejando el suficiente espacio para que la joven de desafiantes ojos colo záfiro pudiese penetrar en su espacio personal, esta se introdujo rauda dentro de la alcoba, cerrando tras de sí el portal de madera como si temiera que alguién pudiese ver un gran tesoro largamente oculto; luego, con la presteza de aquel que se encuentra en su propio territorio, se dirigió con descarada facilidad hasta el mueble de jardín que reposaba en el balcón perteneciente, de ahí en más, a la nueva Señora del imperio de Fuego. Siguiendola, casi con un letargo hiptónico condicionado por las acciones seguras y demandantes impuestas por la invitada, iba una confusa y desorientada Kasumi, quién aún no asimilaba del todo las acciones tan resueltamente atrevidas de la recién llegada muchacha; preguntandose si todo aquello era un mero producto de su imaginación, o una realidad tan inverosímil que creerla era en si, algo parecido a abarzar la locura. La joven sirena tomó asiento frente a la aristócrata, quién mantenía la vista fija en ella y continuaba esbozando aquella sonrisa condecendiente.
-Como te decía antes querida, debes entender y perdonar mi actitud anterior.-
El gesto en el rostro de la pelirroja dibujaba sombras de interrogante suspicacia que, a pesar de cualquier esfuerzo mental, parecían no poder encajar las piezas de ese rompecabezas que Haruka disponía ante ella. Casi como si pudiese leer en sus facciones la pregunta exacta que se formulaba en la mente de la princesa marina, la noble presurosamente retomó la palabra para dar respuesta a la pregunta silente que flotaba en el aire esperando una respuesta.
-Toshi es un hombre atractivo, elegante, todo un caballero y además, un principe de gran prestigio, fortuna y poder, su reputación no es muy buena pues mujeres que pasen por su cama no han hecho falta, aunque, claro, todas ellas han sido una diversión pagada para él...cuando te ví aquí, y debes disculparme por el pensamiento tan impropio, pensé, equivocadamente, que tú eras una de aquellas mujeres.-
Kasumi sintió como un frío helado recorría su espina dorsal casi haciendola sentir paralizada por completo, con una vehemencia tan devastadora como las garras de una bestia clavandose en la agonizante traza de vida que queda de su presa,un vacío descomunal se abrió paso en su mente, y ella desconociendo él porque, de aquel deseo ferviente por una respuesta a aquella pregunta nacida en el fondo de su alma producto del más impulsivo de los instintos.
-¿Mujeres...que...pasen por su cama?-la frase salió con voz quebrada de los labios de la muchacha de ojos verdi-azules que se dirigieron fijandose en la mirada serena y casi frívola de la mujer frente a ella, con una mezcla de sorpresa e incertidumbre como jamás había experimentado en la vida.
-Creí que lo sabías Kas,...¿No te molesta que te llame Kas, verdad?-
La aludida ignoró el cuestionamiento de su interlocutora y se centró en el asunto que había captado su total atención para ese instante.
-¿Saber qué?, ¿De que mujeres me hablas?-
-¡Oh!, Disculpa, creí que el pasado de Toshi te era completamente conocido, ya que su fama le precede donde sea que vaya.-
Kasumi se remontó al día de su encuentro, cuando no tenía la menor idea de que aquel hombre llegaría a tener un papel tan determinante en su destino, recordó las palabras ofensivas de su padre desdeñando la terrible reputación del joven hechicero, aquella que lo calificaba de libertino y que además, escandalizaba a su corte manteniendola siempre al vilo del colapso. Sí, ella sabía de su reputación, claro que, a ese momento no le había importado demasiado y había relegado el asunto a un plano menor.
-C-creo, que algo había escuchado.-balbuceó la princesa agachando la mirada con un dejo de melancolía cuyo origen le provocaba una sensación de desconcierto inexplicable.
-Perdona Kas, simplemente creí, que al ser su esposa, sabrías de antemano en lo que te estabas metiendo.-exclamó la castaña fingiendo voz pesarosa a la vez que una alegría maliciosa brillaba tenuemente en sus profundos ojos azules.
-La realidad, es que el matrimonio entre Satoshi y yo no es lo que parece.-contestó la sirena en un murmullo que tenía connotaciones mayormente dirigidas hacia si misma.
-¿A que te refieres?-preguntó la aristócrata externando su curiosidad.
-Oh, no importa...-La ojiverde prefirió tomar las riendas de aquella conversación antes de que esta tomase un rumbo que pudiera salirse de control.- y, dime, ¿Desde cuando conoces a Satoshi?-
-Bueno, Toshi y yo somos amigos desde pequeños, nuestras familias eran amigas y siempre convivimos por largas temporadas, a veces yo en su palacio, a veces él en el mío, desde que nos conocimos hemos sido inseparables, tanto asi, que mis padres y su padre estaban seguros de que terminaríamos casados.-Haruka soltó una leve risa que a Kasumi le supo amarga, llena de falsa alegría, deshonesta, carente de sinceridad, luego, interrumpiendo su gesto anterior, la castaña retomó la palabra.-Y ya ves, no sucedió asi.-puntualizó dirigiendo su mirada hacia el horizonte lejano, aquella división entre el mar y el cielo que se perdía en algun lugar del paisaje.
-Tal vez...si las circunstancias hubiesen sido diferentes.-meditó la señora del palacio sintiendo compasión por el gesto de profundo que la joven noble había adoptado, denotando en él un aire de nostálgica tristeza. La vivacidad de los ojos azules, centelló al posarse sobre el verde jade en la mirada de la chica del cabello emulante al fuego.
-¡Oh no querida!, Yo no podría soportar las infidelidades de Toshi sólo por un sostén económico, o un tren de vida lujoso, un hombre como él tendría que pertenecerme por entero, su alma y su cuerpo deberían ser míos, pues no aceptaría compartirlo con ninguna otra.-La ácidez en el cometario hecho por Haruka logró, que algo en el interior de Kasumi bullera con una fuerza tan poderosa, que la respuesta fluyó sin que nisiquiera la voluntad de la menor de las sirenas pudiese evitarlo.
-Bueno, supongo que si alguien no es para ti, lo único que puedes hacer es soñar que algún día te perteneció.-
La mueca, antes sonriente y altiva de la ojiazul se descompuso en una de total aturdimiento ante la sorpresa que aquella actitud tan inesperada por parte de su interlocutora le había provocado. Tan inmediatamente como pudo, recompuso su gesto nuevamente y rebatió con fríaldad.
-Por el contrario querida, creo que es peor tener algo en las manos y saber que a pesar de tenerlo contigo jamás te pertenecerá realmente.-
La princesa marina se mordió el labio inferior ansiosamente, la verdad desconocía el porque de su reacción anterior hacía aquella joven que al parecer, lo único que había pretendido entre ellas era establecer una tregua y ofrendarle su amistad; Además, aquel repentino sentimiento de amargura ante la declaración de la conocida reputación de su marido, la había consternado y sorprendido totalmente puesto que ella no sentía hacia el joven de ojos almendrados más que una cierta simpatía (esto sólo en las esporádicas ocasiones en que no terminaban sus conversaciones con reproches y malentendidos), y algo de curiosidad. Sacudió su cabeza como si deseara despejar sus pensamientos.
-¿Algún escalofrío por el clima, o tienes algún mal presentimiento?-preguntó Haruka divertida a la vez que su mirada suspicaz se posaba sobre la pelirroja. Apenas iba la aludida a responder, cuando, unos leves murmullos se ecucharon por debajo del balcón donde ambas mujeres reposaban; Inmediatamente, la princesa marina y la aristócrata dirigieron su mirada hacia la parte del jardín que les era visible y que sin embargo no lograba develarles quienes eran los dueños de aquellos susurros. Movida, por la curiosidad, la nueva señora del imperio de Fuego se levantó de su asiento y, con un caminar que, a pesar de su torpeza pretendía ser cauteloso, se acercó hasta el barandal de marmól que rodeaba el balcón, usandolo de apoyo e inclinandose un poco sobre él, la joven dobló la cintura para tener una visualización más completa de lo que había bajo aquel anexo de su habitación. Con la ligereza sorprendente de un cervatillo, la castaña se dirigió igualmente hacia el lugar donde se encontraba su compañera y se colocó a su lado, en una posición más discreta, pero con el mismo objetivo.
Ahí, debajo de donde ellas se encontraban, había una mujer, cuya edad no rebasaría la veintena de años, de cuerpo proporcionado a la perfección, con el cabello negro como las alas de los cuervos y de un largo que cubría y acentuaba su anatomía, su vestimenta, conformada por una falda ceñida a su cintura y a sus piernas y cuyo largo solamente cubría lo indispensable, una blusa, de material satinado, que poseía unas mangas de tres cuartos olgadas y que dejaban al descubierto un abdomen trabajado y tentador que parecía invitar al pecado, su postura era altiva y grácil pero sin dejar un segundo de destilar seducción, sus movimientos parecían estudiados y con un fondo de segundas intenciones que sin embargo no parecían revelarse del todo a primera vista. Se mantenía seria, con un gesto de expectación, su boca levemente torcida en un gesto como de quién ya empieza a agotarsele la paciencia, sus brazos cruzados sobre su pecho, resaltando en el escote de su mínima prenda superior, sus atributos naturales. Apenas unos segundos pasarón, cuando una silueta, alta y de porte elegante se presentase ante ella, apenas hubo aparecido, las miradas de las jovenes que espiaban desde el balcón pudieron reconocer al nuevo integrante de aquel escenario.
Satoshi se dirigió hacia la mujer, quién con ademanes pausados realizó una reverencia ante el hombre.
-Su alteza.-exclamó al momento que finalizaba su caravana y volvia a su anterior postura, para luego extender una mano hacia él. El príncipe hechicero correspondió el gesto tomando la mano de la mujer con la suya y posteriormente inclinandose para posar un beso en ella.
-Señora.-respondió el hechicero soltando con suavidad la extremidad de la joven e irguiendose ante ella ofreciendole su brazo volvió a tomar la palabra.-Creo que debemos ir a la privacidad de la alcoba, para que este encuentro sea más placentero.-una sonrisa seductora se posó en los labios del azabache, siendo correspondido por una mirada intensa por parte de la "invitada", quién sonriendo, asintió levemente con la cabeza, y, aceptando el brazo que le era ofrecido, lo tomó, para posteriormente introducirse junato a su acompañante, al interior del en su lugar el verde intenso del campo que se adornaba con los bellos brotes de las rosas que pertenecían a aquella porción del inmenso palacio.
-¡Vaya, vaya!-exclamó Haruka a la vez que soltaba una carcajada, y se dirigía hacia su asiento nuevamente.-Parece que nuestro querido Príncipe ha vuelto a las andadas...¡Pero... no ha logrado resistir ni un poco más!-la risa continuaba por parte de la castaña, mientras, una confundida y algo alterada Kasumi, se volvia y con evidente torpeza regresaba a su pudo tomar asiento, dirigió una mirada severa hacia la mujer frente a ella. La joven ojiazul sólo rió con más ganas, luego recordandose que debía mantener la compostura, pero sin dejar la sonrisa de lado, correspondió a la mirada de su interlocutora.
-¡No me mires así Kas!,Simplemente al conocer la reputación de mi Toshi debías estar preparada para esta situación.-
La fulgurante mirada de la pelirroja se clavó sobre la mejor amiga de su esposo.
-¡¿Desde cuando MI marido es TU Toshi?!-
La sonrisa en los labios de la noble de cabello castaño se borró de golpe a la vez que sus ojos se abrían aún más ante la impresión que aquella repentina y agresiva frase le había causado, luego frunciendo un poco los labios y permitiendose un leve gesto de molestia reviró la acusación que la menor de las princesas marinas le había hecho.
-Querida, si te molesta tanto que Toshi te sea infiel, pienso que te estás equivocando a quién acalararle los preceptos.-
Kasumi reaccionó en ese momento; Como si hubiese despertado de pronto de algún profundo sueño, se volvió a mirar a la joven aristócrata quién mantenía el gesto serio que había tomado segundos atrá ligero color carmesí se difuminó en las mejillas de la ojiverde, quién ahora sentía la vergüenza total oprimirle el pecho con fuerza, ¿Por que había reaccionado así?, y, ¿Qué era aquel sentimiento tan desagradable al saber que Satoshi podría estar involucrado con otra mujer?; Fuera como fuera Haruka tenía razón, no era ella la culpable de aquello y su actitud sólo había un mero acto se llevó las manos al rostro y las deslizó por entre su cabello prolijo emulante a una cascada de fuego, luego, con una mirada que denotaba arrepentimiento se dirigió ante la joven frente a ella.
-Disculpa Haruka, es sólo que...ni siquiera sé por que me afecta todo esto.-
-Descuida Kas, sólo debes guardar compostura y dignidad.-
Un largo suspiro por parte de la nueva Señora del imperio de Fuego estableció un periodo de silencio entre ambas mujeres quienes parecían haber puntualizado aquella tormentosa conversación.
Unos rápidos toquidos en la puerta de la habitación, lograron que la tensión acumulada en aquel ambiente se disipara como la neblina antes el golpe de la luz del sol al mirada de la menor de las princesas marinas se dirigió hacia la entrada de su alcoba.
-Adelante.-otorgó la pelirroja ante una nueva e insistente oleada de rápidos toquidos se hicieran presentes.
Tímidamente, la puerta se entreabrió, y , como si temiera interrumpir alguna diligencia de extrema importancia, la cabeza de Imite asomó apenas visiblemente por la pequeña abertura, sólo para anunciar:
-Ya está servida la mesa Kas...-fue entonces cuando la doncella advirtió la presencia de la otra mujer,quién miraba con despectivo desprecio hacia donde ella se encontraba, y posteriormente, dirigía su mirada con algo de intrigada sorpresa hacia su haber reparado en su indiscreción, la joven de ojos avellanados, intentó ocultar aquel desliz que pudiese despertar la retorcida curiosidad de la acompañante de su señora.
-Disculpe, Señora, mi atrevimiento, por un minuto, olvidé mi lugar.-expresó apenada la peliverde.
Kasumi miró con consternación a su amiga, sin entender muy bien, el porque de aquella repentina sumisión por parte de la rebelde doncella, su vista se posó en el gesto de Haruka, quién aún miraba con desprecio a la joven del servicio. De pronto una amargura extraña se coló hasta su garganta dejandole un regusto del que no supo identificar con presición su origen.
Apenas hubo entrado al comedor del brazo de Imite, seguida de cerca por la joven amiga de su marido, cuando, inmediatamente, a su encuentro, salió Satoshi, recibiendola de mano de la doncella; le ofreció el brazo para que ella pudiese continuar con su marcha, esta vez, apoyada de él. Kasumi tragó saliva y le miró,como si fuera la primera vez que sus ojos se encontrarán, inspiró hondo, como si se dispusiera a saltar de un precipicio, y luego,tal vez, abandonandose a la sensación de aquel que le sugería dejarse llevar por él, se encontró a ella misma, aceptando la muda propuesta hecha por el joven que se mantenía expectante amte las acciones realizadas por recibió, con una sonrisa, y, guiandola en sus pasos, la llevo hasta la silla dispuesta a la derecha, del asiento principal que se encontraba a la cabeza de aquella enorme mesa, que, como ya era costumbre, estaba repleta de los más exquisitos manjares que nadie en la tierra se atrevería siquiera a imaginar. Con la ya habitual caballerosidad característica del principe hechicero, este se adelantó a retirar la silla correspondiente para que la hermosa dama que iba de su brazo, pudiese tomar asiento; posteriormente, y ya que se hubo asegurado que su princesa estuviese cómoda, se dirigió a realizar la misma acción con la mujer que les había estado siguiendo los pasos de cerca, con una mirada que si bien pretendía mostrar indiferencia, parecía más bien frívola y , él mismo procedió a tomar asiento donde le correspondía, se arremolinó en su silla buscando un mejor angulo para su acción posterior, y cuando lo hubo encontrado, se inclinó hacia la mujer que se encontraba a su derecha para hablarle.
-Estaba pensando, en que, realmente no sé si te gustará el regalo que mandé traer para ti.-
La princesa marina se volvió para fijar su mirada llena de sorpresa, sobre aquel que se nombraba su marido.
-¿Regalo?, ¿Para mi?-cuestionó ella intrigada.
-Pues, ¿Para quién va a ser, sino?-respondió el soberano esbozando una sonrisa divertida ante la expresión desconcertada de la muchacha.
-Es que, sinceramente no entiendo el motivo de dicho obsequio.-
-Bueno, dígamos que es un pequeño incentivo ante los avances que has hecho respecto a tu caminar, sólo espero que no te estés forzando demasiado, al intentar ir muy rápido.-
Kasumi enarcó una ceja mostrando excepticismo ante la explicación dada por el azabache quién parecía mirarla con especial atención.
-He intentado equilibrar el avance con mi bienestar...asi que, te agradezco el interés.-contestó finalmente la ojiverde volviendo su mirada sobre su plato y tomando la servilleta puesta a su lado, la desplegó sobre sus piernas dispuesta a comenzar con la degustación de sus sonrisa del príncipe hechicero se amplió, y con una sola señal, uno de los sirvientes que se encontraba apostado en las esquinas del comedor, se dirigió con paso firme fuera de la habitación, para, minutos después, regresar empujando una mesilla de servicio, que a su centro mostraba una figuar indescifrable, debajo de un velo de terciopelo rojo, la mirada de todos en aquella sala se dirigió hacia la silueta de aquel que llevaba el preciado objeto hasta su destino. Finalmente, el muchacho se detuvo a un metro escaso de la mesa central, y tomando con extrema delicadeza aquel objeto aún envuelto en el terciopelo, se dirigió a la mesa, plantandose al lado de su señora, colocó el preciado objeto frente a ella y con la presteza digna de un prestidigitador el velo fue retirado de su lugar, ante una sorprendida Kasumi, quién, observaba todo aquello como si se tratara de algún sueño fantástico e irreal en el cual se encontrara atrapada, fijo su vista en aquel objeto develado y vió ahí, aquella hermosa campana de cristal, en cuyo interior se encontraba, una exquisita orquídea, cuyos pétalos abrían en en una figura de bella geometría natural, de un color violeta deslumbrante, rodeada por las hojas verdes que adornaban su majestuosidad. La menor de las princesas marinas, sintió quedarse sin aliento ante la belleza expuesta ante sus ojos, era, con mucho, la flor más bella que jamás antes hubiese visto, en la tierra o en el mar, y ahora, se encontraba ahí, frente a ella, ofrendada completamente a su merced, a sus deseos, era para ella y lo que sucediese con sus existencia dependía sólo de su voluntad. Nuca, nadie le había hecho un regalo semejante, y jamás se había sentido tan halagada al recibir algún obsequio, por eso no pudo evitar sentir como se sumía en aquel trance en el que la realidad parecía perderse en una densa niebla de fantasía.
Un minuto después pareció recobrarse de aquel extraño letargo en el cual se había perdido a causa del obsequio que el hechicero le había hecho; Pareció recuperar la cordura de golpe, y los pensamientos acudieron a su mente con total claridad,y, lo que en un principio le había parecido un significativo y espontaneo detalle por parte de su esposo, ahora, le parecía el malicioso plan de una muda y cínica disculpa por aquel comportamiento tan deplorable que él había tenido a bien un momento atrás, practicamente en sus nraices llevando a aquella mujer de dudosa moral hasta el palacio para llevar a cabo, sabrá Dios, que clase de actos indecentes, casi como, si con aquello se burlara del lazo que él mismo se había empeñado en forjar. Se sintió humillada,y no tuvo reparo en demostrarlo cuando con el ceño fruncido dirigió su mirada llena de furia hacia él, empujó la silla hacia atrás y, haciendo amago de la fuerza que aún le quedaba en las extremidades inferiores, se levantó de su asiento con el gesto de aquella dama a la que se le ha ofendido profundamente, y, sin pedir ningún tipo de consentimiento, ni siquiera lanzando la más absoluta advertencia, cruzó la cara del hombre que se encontraba a la cabeza de la enorme mesa donde degustaban los alimentos; el bofetón había logrado voltear por completo el rostro del hechicero. Después de recuperarse de la conmoción causada por la repentina acción de su esposa,indignado, el azabache dirigió su mirada hacia la responsable de aquel atentado contra su persona.
-¿Me puedes explicar que demonios te pasa?-preguntó el príncipe con la molestia expresada en el tono de su voz.
-Me pasa, que eres un maldito cretino.-expresó la pelirroja imitando su tono y alzandolo un par de decíbeles más.
-¿Un cretino?, ¿Yo?, Ni siquiera sé que es lo que te tiene tan molesta, si es por el regalo que no ha sido de tu agrado, bien puedes tirarlo, es tuyo después de todo.-
-Pues si, me fastidia tu regalo con segundas intenciones, ¿Crees acaso que con algo tan vanal como esto puedes comprar mi dignidad y burlarte de mi como se te antoje?, Yo no soy de ese tipo de mujeres a las que tú estás tan acostumbrado.-
-¿De qué me estás hablando?-Cada palabra dicha por la ojiverde le parecía incomprensible y lejana al muchacho de ojos color chocolate, quién no lograba vislumbrar de que iba toda aquella perorata por parte de la princesa marina. Haruka observaba la escena mordiendose discretamente los labios para no soltar una carcajada; Aquella situación le parecía en extremo conveniente, tanto, que no podía creer cuan soluble era aquella farsa entre el hechicero y la sirena, a la que ellos se empeñaban en llamar matrimonio.
-¡No puedo concebir tu cinismo!, es que, ¡Eres simplemente increíble!, todavía te atreves a preguntarme por que te recrimino, sólo te dire una cosa, no puedes lavar tus culpas con cosas tan burdas como esto, afuera del palacio puedes hacer tu vida como quieras hacerla, pero aquí, dentro de estas cuatro paredes, estoy yo que, te recuerdo soy tu esposa y te guste o no, me tienes que guardar respeto.-Apenas la sirena hubo expresado aquello, un rayo de lúcida comprensión cruzó por la mente del atolondrado hechicero, quién al fin pudo comprender aq ue se refería la chica con todo aquello. Abrió la boca para hablar, pero fue interrumpido, nuevamente por la voz de la menor de las princesas marinas, esta vez, no dirigiendose a él sino a su doncella.
-Imite, por favor, llevame a mi habitación.-
Al llamado, la doncella acudió velozmente, y , ayudando a su amiga a ponerse de pie, nuevamente gungió como guía en los vacilantes pasos de la señora del palacio. Su ausencia en el salón principal fue seguida por el silencio que inundo el carraspeó dispuesta a somper con la tensión del momento.
-¿Sabes la impresión que tengo de todo esto, Toshi?- habló la castaña dirigiendo su mirada suspicaz hacia su, aún desconcertado mejor amigo, quién apenas ante este llamado pudo enfocar su atención hacia ella.
-No haruka, no tengo idea de que impresión guardas de todo esto.-Sabía que la jóven de ojos záfiro no tenía responsabilidad en el episodio sucedido antes, sin embargo, no se sentía con el humor a tono como para lidiar con los sarcasmos de la aristócrata.
La castaña, pudo notar en el tono de voz expresado por su amigo, que este no se encontraba a punto ni en disposición de escuchar minguna opinión, sin embargo, aquello, en ese instante, le importó poco y nada; Por tanto así se expresó; había estado conteniendose durante toda la comida y esta vez no dejaría que fuera el silencio el vencedor.
-Me da la impresión, de que en realidad, ni siquiera tienes deseos de vengarte, e incluso me atrevería a decir que por el contrario, tu objetivo fuera más encaminado a forjar un matrimonio real con esa sirena.-
Aún con la fuerza de las declaraciones hechas por su interlocutora, el azabache ni siquiera pareció inmutarse, y simplemente se limito a contestar.
-La idea es que no se dé cuenta de lo que estoy planeando Haruka, tal vez eso te dé una idea del porque me porto de esa manera, leugo haciendo su plato a un lado, se levantó de su asiento y se dirigió nuevamente haia aquella que era su mejor amiga.
-Sinceramente, ya no tengo apetito, sin embargo, no hace falta decir que estas en tu casa Haruka y que puedes degustar de todo lo que te apetezca, mis sirvientes están a tu completa disposición.-puntualizando así, el señor del reino de fuego abandonó aquel salón dejando a una desoncertada y molesta Haruka.
Tan fúrica como sus reflejos motores le permitían, la princesa marina irrumpió en su habitación del brazo de imite, para luego, zafarse de ella y dejarse caer con indignación sobre una de las sillas dispuestas akrededor de la pequeña mesa de té que amueblaba una de las alas de us habitación.
Imite observaba todo aquel ritual mordiendose la lengua para evitar reirse a carcajada abierta de aquella situación que le parecía en extremo divertida. Recuperando la compostura, la doncella se dirigió a su señora mirandola con un deje de picardía.
-Bueno, ¿Y se puede saber porque estás tan molesta?-preguntó la peliverde intentando no sucumbir ante la tentación de la risa que aquella absurda actitud por parte de su ama le causaba.
-¡¿Por qué?!, ¡¿Me preguntas por qué?!, ¡ Tu amo es un patán, sinvergüenza, descarado, un rufián de la más vil calaña!, ¡Por eso estoy molesta!- contestó la joven de ojos color aguamarina como si buscase contener la ira que guardaba para con el mencionado, lográndolo con nulo éxito.
-Pues, Tú misma dijiste, si no mal recuerdo, que el matrimonio entre tú y el señor era un mero acuerdo casual, y que poco y nada te importaba lo que él hiciera de su vida.- reviró la ojimarrón con voz divertida, mientras observaba como la faz de su amiga se descomponía en un rictus de total sorpresa e indignación ante el comentario hecho por ella; De igual manera, pudo notar como el rubor, había acudido raudo a sus mejillas, ante una aseveración que era absolutamente verdadera.
-¿Y tú, de que lado estás?, se supone que eres mi amiga y te pones a defender su actitud deplorable, lo que me faltaba.-luego, haciendo un puchero como si fuera una pequeña niña enfurruñada, Kasumi llevó sus brazos al pecho, y desvió el rostro hacia otro lado, deviando la vista de la de su amiga. Imite no pudo reprimirse más y comenzó a reír ante aquel gesto hecho por la pelirroja.
-De verdad que, estás ardiendo en celos Kas.-exclamó entre risas la doncella esta vez recibiendo una mirada fulminante por parte de la menor de las princesas marinas.
-Yo no podría arder en ningún tipo de sentimiento por el cretino ese que se hace llamar mi marido.-
-Bueno, Pues, con esa actitud no es que lo demuestres precisamente.-habló la doncella a la vez que se dirigía al armario y sacaba de él un exquisito vestido azul turquesa, hecho de la seda más fina y bordado a sus costados con un precioso hilo dorado que buscaba formar detalles delicados que pudiesen acentuar la figuara de quien fuese su usuaria.
Kasumi miró con detenimiento cada uno de los movimientos de su doncella, sin entender el porque de aquellas acciones, Imite se limitó a continuar con su rutina, y después de dar una revisión rapida al vestido, lo colocó suavemente sobre la cama, y se dispuso a buscar en el mueble tocador de su señora, los accesorios que irían más ocordes con aquella indumentaria.
-¿Me puedes decir que es lo que pretendes?- preguntó la nueva señora de palacio ante el silencio que había impuesto la chica de mirar marrón, mientras parecía inmersa en aquellos ademanes que parecían dignos de una misión que solamente ella era capaz de cumplir. Apenas hubo tomado un sencillo collar con un dije sobre el que se encontraba engarzada una discreta joya verde esmeralda, juntoa unos pequeños pendientes que emulaban la piedra dque adornaba aquel collar. Se volvió hacia su amiga, y con una mirada que destilaba complicidad, reveló aquel plan que había formulado apenas hubieron entrado al cuarto.
-Hoy, vas a estar deslumbrante.-anunció la peliverde dejando que una sonrisa se curvara en sus labios.-El amo quedará tan impactado contigo, que no te quitará los ojos de encima en toda la noche... y con suerte, tampoco las manos.-
La sirena se llevó las manos a la boca como si no creyera lo que acababa de escuchar.
-¿Qué dijiste Imite?- cuestionó la ojiverde mirando con incredula reprobación a su amiga, esta colocó las joyas sobre el atuendo y se volció hacia quién la había llamado, amplaindo, aún más sus sonrisa.
-Nada que tú no hayas escuchado...y que, inconcientemente no desees.-
-¿Cómo te ateves a ...?-
-Ya me lo agradecerás después, aunque ahora no lo creas.-
El rubor en las mejiollas de Kasumi, era de un rojo tan intenso que por un momento a Imite le pareció que las rosas en el jardín de su amo, envidiarían absolutamente ese tono en sus pétalos.
-¿Acaso piensas que acudiré a la cena con Satoshi esta noche, aún después de la humillación a la que acabo de ser sometida en la tarde?- protestó la sirena aín con el rostro encendido por los comentarios hechos con anterioridad por su doncella.
-¿Por qué no?, Después de todo, ni siquiera permitiste que el pobrecillo te diera una explicación.-defendió Imite aún con la sonrisa pintada en los labios.
Kasumi frunció el seño aún con más indignación que antes si cabia y contestó, haciendo más evidente su estado de animo.
-Lo que se ve no se juzga Imite, no hay explicación posible para lo que es obvio.-
La sonrisa de la muchacha de ojos marrón se amplió ante los evidentes celos que la pelirroja tan esemeradamente insistía en disimular.
-Tú deberías saber que la vista es el más engañoso de los sentidos Kas, no existe pintura sin fondo.-explicó la peliverde observando como la sirena enctrecerraba los ojos deseando tal vez asimilae aquello; luego, lanzando un suspiro y volviendo su mirada a la suavidad característica que poseía, asintió levemente dando razón a lo anteriormente dicho por su amiga.
-Supongo que es evredad, no perderé nada si me presento a acompañarlo a cenar esta noche.-
Imité rió complacida.
-Asi se habla amiga.-
Hoshi se acercó cautelosamente hasta la mesa donde Haruka observaba impávida como los sirvientes iban y venían recogiendo los platos servidos duarnte la comida y ajustando los últimos detalles para la cena de esa noche. El mayordomo logró llegar hasta donde la castaña se encontraba.
Carraspeó un poco, y luego, con el tono solemne característico en él, se dirigió a la jóven, quién aún parecía absorta en alguna especie de trance profundo que la alejaba del mundo enagenandola en sí misma.
-Señorita Haruka, ¿Puedo retirar su plato?-
Aquella llamada pareció romper la burbuja de pensamientos que mantenías prisionera a la chica de ojos záfiro, quién. distraidamente se volvió para ver uién le llamaba.
-¡Oh! Hoshi, perdona; claro, claro, llévate mi plato, hoy simplemente no he tenido apetito para disfrutar la comida.-
-¿Algún pensamiento la agobia, señorita?-, Clro, si perdona mi intromisión insolente y sólo si desea dar respuesta a mi pregunta.-
-Es sólo que...esa mujer que ahora se hace llamar la señora de este lugar, me enerva enormemente.-
-¿Debido a qué, señorita Haruka?, a mi la señora me parece una noble y bondadosa criatura, eso por supuesto sin contar con su belleza, que, muy por encima de parecerme opulenta, me parece bastante modesta y por tanto llena de naturalidad.-
Haruka abrió los ojos exageradamente ante las palabras del mayordomo del palacio.¡Era increíble que incluso él se pusiera del lado de aquella sirena!, verdaderamente parecía que la menor de las princesas marinas había lanzado un hechizo por encima de todos los habitantes del castillo dejándolos completamente dispuestos a sus pies.
Se recompuso buscando volver a la formalidad anterior y volvió a dirigirse al hombre mayor, tomando la palabra.
-Bueno Hoshi, ya sabes que una cara bonita no revela el verdadero corazón de las personas...la señora parece sin duda la más dócil de las criaturas y sin embargo ya ves lo que ha pasado entre ella y el príncipe durante la comida.-
Hoshi frunció levemente el seño ante la ufana expresión hecha por la aristócrata; Conocía a Haruka desde que ella era apenas una criatura en los brazos de su madre; había sido testigo del creciente interés que la jóven había manifestado hacia Satoshi a través de los años y sabía de antemano cuan posesiva podía ser la duquesa tratandose de su amo; jamás la había visto como una candidata idónea para él, y , si la idea le había cruzado pro la cabeza alguna vez, en esta ocasión, estaba seguro, jamás volvería siquiera a considerarlo.
-El amop y la señora son jóvenes y de caracteres apasionados, no saben enfrentar sus sentimientos adecuadamente y por ello son más propensos a este tipo de arranques que sin duda alguna irán menguando conforme avance el tiempo y su relación se fortalezca.-
Haruka rió, a la vez que un además de su mano expresaba el desdén sentido hacia aquella cuestión.
-Si es que en algo se puede fortalecer ese pobre intento de lo que tú llamas relación...creo, que ni con ayuda divina se peuda encontrar un remedio a esa burda imitación de matrimonio.-
A Hoshi le perturbó aquel comentario, nunca antes le había parecido más desagradable aquella mujer; Conservando la prudencia, reviró el comentario de manera tan cautelosa como le fue posible.
-¿Sabe algo señorita Haruka?, tiene usted razón, una serpiente puede poseer los más bellos colores y no por eso dejar de ser la más venenosa.-luego, haciendo una reverencia, que más parecía una silenciosa ironización, el mayordomo abandonó la habitación dejando atrás a una sorprendida e indiganda ojiazul, quién, supo con certeza que aquel comentario tan veladamente hecho por el encargado del palacio era dirigido completamente a ella.
Imite y Hoshi se encontraron a pie de la escalera; ella iba descendiendo cuando él se disponía a subir.
-Imite.- llamó el hombre, a lo que la joven se acercó hasta él y después de ahcer una modesta reverencia le cuestionó aquella subita llamada en un lugar como aquel.
-Díagame que se le ofrece, Señor.-
-Tienes que cuidar a la señora.-
-¿A Kas?, ¿Por qué?, ¿De qué?, ¿Qué ha pasado?-preguntó atropelladamente la doncella mientras Hoshi le indicaba que bajara el tono de voz.
-La señorita Haruka no tiene buenas intenciones con ella.-respondió él apenas en un murmullo.
-¡Lo sabía!, si ya decía yo que no podía estar equivocada, esa mujer es toda una arpía y...-
-Imite, baja la voz.-ordeno el mayordomo, a lo que la joven obedeció inemdiatamente, luego, el hombre mayor volvió a tomar la palabra.-Sólo te he dicho eso para que te mantengas pendiente de la señora Kasumi, me temo que pueda creer verdaderas la ps palabras de amistad de la señorita Haruka.-
-No se preocupe, cuidaré de Kas.- exclamó Imite sonriendo a lo que Hoshi simplemente asintió para que posteriormete cada cual siguiera con su camino sin mayores distracciones.
La noche cayó sobre las tierras del imperio de Fuego tan sorpresivamente como una emboscada, silenciosa y veloz se coló por los rincones del palacio que, uno a uno se iluminaban ante la presencia de la obscuridad que todo lo inundaba.
Kasumi luchaba con toda la voluntad que tenía contra el ajuar que Imite se había esmerado en preparar para ella durante toda la tarde, y que ahora insitía en que le calzara de manera perfecta, ajustando detalles de aquí y de alla, como cualquier artista haría con su obra maestra.
-¡De verdad que, ¿Cómo pretendes que pueda presentarme con este atuendo al comedor?!- protestó la pelirroja rumiando fúrica su enojo hacia su amiga, quién em ese instante se encontraba terminando de colocarle los pendientes a la muchaha de bellos ojos color verde agua.
La doncella desdeño el comentario y se alejó un poco de la princesa marina para obtener una mejor visión, de lo que ella consideraba su más grande logro.
-¡Oh Kas1, ¡Te ves bellísima!, ¡Seguro que esta vez el amo te va a arrancar la ropa!, es una verdadera lástima porque ese vestido en verdad es bellísimo, pero, puezs valdrá la pena el sacrificio.-
El intenso rubor que que cubrió las mejillas de la sirena sólo pudo compararse a las brasas ardientes de una hoguera; Imite no pudo evitar soltar una carcajada ante el gesto hecho por su amiga mientras esta le recriminaba aquel comentario tan atrevido hecho por la peliverde:
-¡¿Cómo te atreves?!, ¡Eres una descarada insolente Imite!, ¡¿Y todavía tienes el descaro de burlarte de mi bochorno?!-
-Por supuesto que no me burlo de tu bochorno, sino, más bien de tu falsa indiganción.-
Kasumi abrió los ojos exageradamente mientras expresaba expresaba en su rostro una mueca de completa sopresa, indignada.
-¡¿Falsa...indignación?!,¡No estoy dispuesta a soportar semejante grosería de tu parte!-
-Ya basta Kasumi.-regaño la chica de mirar marrón ignorando lo dicho anteriormente por la ojiverde.-El amo espera y la cena ya tiene un rato que esta servida.-
Y sin poder protestar más la princesa marina fue llevada-casi a rastras-por su doncella, hasta el comedor del majestuoso palacio del imperio de fuego.
En el instante en que Satoshi hubo entrado al comedor, listo para degustar, lo que creyó sería una solitaria cena, se encontró con la visión de su mejor amiga sentada a la izquierda de la caebza en la mesa, en una animada conversación con la mujer que él había elegido para ser su esposa aquella noche, a la orilla del mar, y, que ahora ante su vista, lucía una belleza tan deslumbrante, que por un momento le pareció que los ángeles habían descendido a la tierra. Apretó el paso hasta alcanzar el lugar dispuesto para él y con gesto galante besó, primeramente la mano de su mejor amiga en un ademán más bien formal y cortés, para posteriormente, extender su mano hacia su esposa, rogando por que esta aceptara de buena voluntad, aquel hábito protocolario; La joven sirena no pareció tener reparos en ello y ofreció su mano para que el príncipe pudiese sostenerla en la suya y procediera a colocar, de la manera más cuidadosa y dulce un beso sobre su dorso; dejando después deslizar la mano de la joven entre la suya pareciendo depositar en ella una caricia discreta al soltarla a su libertad, descolocando sorpresivamente a la princesa.
-Buenas noches bellas damas.-saludó el azabache tomando su lugar.-Un placer compartir esta velada con ustedes.-
-El placer es nuestro.- se a presuró a contestar la castaña dirigiendole una amplia sonrisa a su mejor amigo.
Finalmente, el muchacho tomó asiento en su lugar correspondiente mientras dirigía su mirada embelesado hacia la bella pelirroja que se encontraba sentada a su derecha.
-Se ve usted especialmente hermosa esta noche Mi Lady.- exclamó el azabache sonriendo seductoramente a la menor de las princesas marinas, quién se limitó a corresponder su gesto timidamente, ante una incómoda y, nada contenta, Haruka.
La suave música de los violines acompañados por el violonchelo y el piano comenzó a inundar el salón para deleite de los comensales quienes ya comenzaban a degustar los alimentos dispuestos frente a ellos a lo largo de la mesa.
De prontó, Haruka interrumpió sus alimentos abruptamente, a la vez que se erguía sobre su silla, una sonrisa dibujada en sus labios y la vista fulgurante dirigida hacía el principe hechicero. El gesto antes realizado por la ojizáfiro logró que sus dos acompañantes también se recompusieran en sus asientos dejando los cubiertos de lado y pausando la degustación de sus alimentos, dirigiendo entonces su atención hacia la joven.
-Toshi, ¿Recuerdas cuando eramos niños y durante la cena bailabamos las hermosas piezas que la orquesta de tu padre solía tocar?-
El hombre de ojos color marrón miró a su amiga, y con un leve asentimiento, confirmó lo dicho por la aristócrata.
La ojiverde dirigió su mirada hacia su plato, con las mejillas cubiertas de rubor y algo de pesar en su mirada. Satoshi dirigió discretamente su mirada a la silueta a su lado derecho; por alguna razón que no pudo comprender en ese instante, aquel gesto en Kasumi lo hacía sentir tremendamente incómodo y un poco melancólico. Se inclinó hacia ella en un gesto que buscaba mostrarse complice, y casi como si se tratase de un secreto que sólo perteneciese a los dos, a pesar de que fuera perfectamente audible para Haruka, susurró cerca de la princesa marina:
-¿Te gustaría bailar conmigo?-
De golpe, la joven pelirroja levantó el rostro encontrando sus ojos color jade con el cálido mirar color avellana del azabache; sus mejillas ardieron, esta vez por la calidez repentina que aquel gesto le había provocado.
Haruka se irguió sobre su asiento, tensandose por completo en un gesto que buscaba mantener cordura sobre la mirada se movia entre los dos comensales frente a ella, que en ese momento parecían inmersos en ellos mismos olvidando su presencia por completo.
Kasumi parpadeo sorprendida un par de veces, como si aquello fuera a desaparecer ante el menor indicio de ser un sueño. Luego, timidamente decidió expresarse.
-Mis... pies aún son demasiado torpes.-
Satoshi esbozó una sonrisa clara y tranquilizadora que buscaba reconfortar a la ojiverde.
-No te preocupes te sostendré firmemente, puedes bailar apoyandote sobre mis pies.- Acto seguido, el hechicero se levantó se su asiento y con galantería ofreció su brazo hacia el lugar donde la joven sirena miraba con sorpresa, mientras sentía como el ardor en su cara comenzaba a aumentar considerablemente con respecto al momento anterior, sin saber muy bien que hacer, la princesa marina extendió también su mano hacia la extremidad suspendida frente a ella y tomándola con cautela, apoyó su peso en ella, a la vez que el señor del imperio de fuego deslizaba la mano contralateral con delicadeza por la cintura de la nueva señora del imperio de Fuego, de manera que el apoyo fuera mayor para que ella se sintiese segura al ponerse de pie; Tambaleandose levemente la joven apenas dió un paso hacia el hombre de ojos color marrón, para finalmente dejarse llevar totalmente entre sus brazos miesntras el muchacho la llevaba con delicadeza hasta el centro de la pista; Luego ya que ambas siluetas, hubiesen llegado hacia el punto medio del salón de palacio, el azabache elevó levemente a la pelirroja hasta colocarla a su altura y posteriormente colocarla sobre la parte superior de sus botas, asustada de perder el equilibrió ante el gesto del príncipe hechicero, atinó a prenderse de la solapa de la chaqueta sin mangas del hombre frente a ella.
-Tranquíla, no te dejaré caer.-la voz profunda y serena del hechicero llego hasta sus oídos como una melodía hipnotizante, y, por un segundo se sintió lejos de ahí, en un lugar muy parecido al cielo, lejos de la angustiosa realidad, lejos de la tierra y su gravedad; levanto su mirada aguamarina hasta encontrarla con la mirada colo chocolate frente a ella, los ojos de Satoshi irradiaban calidez y bondad, y por un momento Kasumi estuvo a punto de caer bajo el embrujo de su persona permitiendose dejarse arrastrar por la arrasadora presencia del Señor del Imperio de Fuego, la tímidez hizo presa de la pelirroja quién sintió como el ardor inundaba sus mejillas a la vez que respondía a las atenciones de su acompañante murmurando un suave "gracias" por debajo de su aliento mientras continuaba siendo llevada por los sutiles movimientos de aquel que la había tomado como esposa tiempo atrás.
Por otro lado, la situación del príncipe hechicero no distaba mucho de la realidad que envolvía a la joven entre sus brazos, ahí, tan pegado a ella podía sentir la fragilidad de su cuerpo delineado en sus brazos, la fragancia hipnotizante de aquel suave perfume que desprendía de su cabello, asi como el secreto de su absoluta belleza; Admiró su rostro un instante, aquellas facciones tan armoniosas y perfectamente delíneadas enmarcadas por un cabello caído en caireles de fuego que enmarcaban su perfecto rostro y resaltaban su hermosa piel de porcelana, se atrevió a explorar en sus ojos, tan profundos y serenos como el mar, pero al igual que este llenos de secretos indescifrables, un óceano tan tormentoso que podía ahogarlo y al cual él no opondría ninguna resistencia, dejando que lo envolviera para nunca salir de ahí.Era sin duda alguna una criatura increíblemente seductora en cada gesto y ademán que poseía y realizaba, tan naturalmente como le era el respirar, y el hecho de que ella lo ignorara, no la hacía sino más irresistible aún; ¡¿Es que tenía que ser tan malditamente perfecta?! Apenas un minuto junto a ella y ya la deseaba con toda la fuerza de su ser, y en ese momento le pareció sentir que su corazón latía completo desntro de su ser, como si nunca le hubiese sido arrancado, casi, como si siempre hubiese estado ahí. La estrecho mas fuertemente contra sí, rogando al cielo por que ella no rechazara aquel gesto repentino o en su defecto que este mismo, no le causara temor. La joven pelirroja recibió con sorpresa el ademán realizado por el que se denominaba su esposo, sin embargo aquella sensación no le fue desagradable en lo más mínimo, aún tímidamente pero permitiendose un dejo de atrevimiento, se permitió rodear el cuello del joven acomodando su cabeza entre el hueco de su hombro y su cuello mientras sus cuerpos continuaban moviendose lentamente uno junto al otro, acompasados y rítmicos ante la melodía de los violines que se mantenían tocando en aquel salón.
-¡Oh Toshi, eres tan cruel!.-exclamó la voz de Haruka irrumpiendo de pronto en medio de la serenidad instalada en aquella ala del palacio en ese momento, volvió entonces a tomar la palabra.-¡Sacar a tu esposa a bailar sabiendo del estado lamentable de sus débiles piernas para provocarle la más terrible de las humillaciones!,¡Eres terrible!-Casi inmediatamente después de la aseveración hecha por la aristócrata, la mirada gélida y severa del joven príncipe se dirigió rápida y directa hacia la que era su mejor amiga, al momento que sentía como el cuerpo de la joven que sostenía entre sus brazos se tensaba de pronto sus manos se deslizaban desde su cuello hasta su pecho en un gesto que parecía ser una automática defensa ante la posibilidad de que la afirmación hecha por la tercera comensal fuese verdad; La respuesta del Señor del palacio no se hizo esperar:
-Por supuesto que mi pretención no es causar ninguna incomodidad en mi Lady con este baile, sino por el contrario, mostrarle cuales son las infinitas posibilidades de su potencial una vez que sus piernas tengan la fuerza suficiente para sostenerse sin necesidad de ninguna ayuda.-
La respuesta dada por el Señor del imperio de Fuego logró que ambas mujeres presentes en aquel salón se quedaran sin palabras. Una caldez inusualmente agradable se extendió en el interior de Kasumi, mientras que sentía como sus mejillas eran inundadas por un rubor ardoroso de aquel momento que provocaba en ella sensaciones que a cada segundo parecían arremolinarse en su interior.
La castaña observaba la escena con furia contenida sintiendo como por su garganta se colaba un sabor amargo y quemante que terminaría por envenenarla de rabia, decidió entonces contraatacar en ese momento con una estrategia más contundente:
-Hoy estás de un excelente humor Toshi, ¿Será que nuestra visitante diurna hizo un excelente trabajo dentro de tus aposentos?-
La princesa marina sintió como si un rayo le partiera a la mitad desde adentro, miró fijamente hacia el rostro del hombre que la llevaba con insulsa facilidad al ritmo de la melodía, sus ojos se encontraron entonces, una extraña seguridad se reflejaba en los ojos color marrón del hechicero, sin embargo la ojiverde no divisó en ellos, el más mínimo destello de arrepentimiento,en su mirada profunda y oscura, la calidez y la bondad se habían esfumado y sólo quedaba aquella profundidad inescrutable e inexplorada que parecía poder abducirla a su interior apenas ella se permitiera el mas mínimo descuido. Le enfureció, le enfureció aquel discreto cinismo que le pareció encontrar en sus ojos y en su gesto, ahí, escondido en sus facciones como una burla secreta que ella no podía entender del todo, sólo era otro trofeo para él, al igual que seguramente había sido la visitante que había llegado al castillo aquella tarde así como el sinnúmero de mujeres que Haruka afrimaba habían pasado ininterrumpidamente por la alcoba del hombre con el que hacía ya algún tiempo había unido su vida.
No pudo resistirlo mucho más y, dando un empujón al muchacho frente a ella, se separó lo suficiente de él para, consecuentemente depositar una bofetada en la mejilla del sorprendido príncipe del Imperio de Fuego, quién, recuperandose rápidamente de la repentina sorpresa que aquel inesperado ataque le había ocasionado y aún con el ardor presente en la mejilla se volvió para ver fijamente a la joven que se tambaleaba levemente frente a él.
-¡Por un minuto casi logras que...!, ¡No soy tu burla!, ¡Puedes irte con todas aquella mujeres con las que tanto disfrutas al infierno!-puntualizó la pelirroja a la vez que llamaba a su leal dama de compañía, quién acudió rápidamente al lado de su señora mientras observaba la escena, dirigiendo su mirada con curiosidad a los protagonistas de aquel extraño momento ocurrido minutos antes, intentando con ello descifrar que era lo que había sucedido exactamente.
-Señora.-llamó la joven esperando la siguiente indicación por parte de su amiga.
-Llevame a mi habitación, no soporto estar un minuto más aqui, tanto veneno en esta salón me intoxica.-exclamó la nueva señora del imperio de Fuego dirigiendo su mirada llena de reproche y decepción hacia un consternado y confundido Satoshi quién no paraecía asimilar por completo lo que había sucedido. Sin esperar nada más,y , asistida por su dama de compañía, Kasumi se retiro de aquel lugar dejando tras de si las siluetas de una escena que ahora, sin ella parecía perder el sentido, al menos así a los ojos del azabache.
-No tenías por que comportarte asi Haruka.-expresó con severidad el principe hechicero mientras volvía su mirada ensombrecida hacia la joven aristócrata de ojos color záfiro quien lo miraba fijamente con una expresión que oscilaba entre el desconcierto y la sorpresa, la realidad era que no se esperaba aquella reacción por parte de él, su mirada, penetrante se abría paso en el interior de ella como el fuego quemante que arrasa con todo a su paso, dejando tras de sí una estela de destrucción irrecuperable. Haruka tragó saliva con dificultad; el porte erguido y solemne del príncipe del imperio de fuego le parecío, en ese instante, más imponente que nunca, y la seriedad en su rostro le recordó por un instante a aquel que fuera el antigüo señor de aquel poderoso imperio.
-No creí que tuviera importancia Toshi, después de todo, sólo dije la verdad.-exclamó la castaña tan naturalmente como el temor al fallo y la vergüenza le permitieron, sin dejar de lado aquel orgullo del cual ella se jactaba ser una digna poseedora. Los rasgos del principe hechicero se tornaron mas sombríos aún, y sus ojos achocolatados parecieron volverse aún más profundos, deprendidos incluso de toda la bondad que los caracterizaba habitualmente.
-Deja de meterte en las cosas que no te incumben.-sentenció con fatalidad el azabache; su voz resonó con fuerza en el salón principal del palacio logrando que la joven aristocrata soltara un respingo ante el sobresalto que la contundencia de aquella oración había causado en ella. Haruka sintió como la rabia y la indignación bulleron en su interior ante la expresión realizada por su mejor amigo; soltó las palabras casi sin que su propia voluntad pudiera contenerlas:
-¡Te arrancará la mitad del corazón que aún te queda, como lo hizo aquella y entonces todo será irreversible!-gritó la ojiazul a la vez que el señor del castillo avanzaba unaos pasos hacia donde ella se encontraba, el hombre bufó con molestia, y sin miramientos contestó ante la osadía de la joven para mencionar aquel hecho desafortunado, del que todos tenían prohibido hablar en las inmediaciones de su imperio.
-¡La idea era arrancarselo a ella, pero con tus caprichos de niñata tonta creo que ese propósito jamás se verá cumplido!-
El gritó pareció atronar como un trueno por todos los recobecos de la amplia habitación, y entonces Haruka pudo sentir la turbación y el temor recorrer su cuerpo por entero, ya había visto esa mirada anteriormente en Satoshi, esa mirada llena de furia reprimida, de un odio tan profundo que era tan estremecedor como las tinieblas obscuras e impenetrables; Si, esa mirada ya la había visto, años atrás, una vez cuando el heredero del imperio de Fuego desafío a su padre, luego de la dolorosa pérdida de su madre, una mirada que nunca más había pensado volver a ver...hasta ahora; intentó sostener la mirada de aquel que conocía desde la infancia, le fue imposible, aquellos ojos marrón eran tan temibles, tan desconocidos ahora, que no pudo más que desviar la mirada, sintiendo que si continuaba adentrandose en el mirar de aquel hechicero sería tragada por el remolino de destructivos sentimientos que ahí se reflejaban.
Con un último suspiro profundo, el señor de palacio, suavizó su gesto, pero sin intenciones de dirigir ni una palabras más a la joven quien se mantenía con la mirada dirigida hacia el suelo, se retiró de la enorme sala dejando en su lugar un contundente silencio.
Subió las escaleras con rapidez para luego retomar camino por el pasillo con pasos rápidos y contundentes mientras se deshacía de la capa jalando de los cordeles que la sostenían de su hombro con violencia a la vez que la atrapaba al vuelo con fastidió y la colocaba sobre su brazo mientras se dirigía bufando con molestia hacía su habitación.
-Quisiera tomar un baño Imite, el día de hoy ha sido poco menos que... intolerable.-exclamó la princesa del mar a la vez que miraba distraidamente hacia el enorme ventanal abierto que daba hacia el balcón de su alcoba, deseando que aquel día de pesadilla llegase a su fin a la menor brevedad posible. La doncella miró con intriga a su señora mientras intentaba descifrar lo ocurrido en el salón del palacio.
-Pareciera que sí ha sido un día terrible.-susurró la peliverde aún sin quitar la vista de su visiblemente atormentada amiga.-Les diré a las doncellas que preparen todo e iré a calentar el agua.-luego con un tono complice y pícaro añadió.-Claro que debes prometerme que después de tu ducha real me contarás que sucedió allá abajo.-
La mirada verde aguamarina se posó incredula sobre la joven frente a ella.-¡Dios Imite, que puede ser tan interesante!-
-Oh querida, por supuesto que este drama que se ha formado entre el Amo y tú desde la llegada de esa arpía maldita.-
Kasumi suspiró con resignación mientras volvía su mirada hacia el punto donde anteriormente la tenía, a la vez que contestaba con desinterés.-Claro, cuando terminé con mi baño te contaré mi terrible pesadilla, que inició cuando miré por primera vez a tu Señor.-
Con una sonrisa de satisfacción la joven ojimiel se retiró del lugar disponiendose a cumplir con su deber.
Habían transcurrido unos minutos posteriores a la llegada de Satoshi a su habitación, ahí, tirado sobre su enorme cama, el hechicero parecía no lograr apacigüar la ira que bullía aún en su interior; y se maldecía, se maldecía por confiar en Haruka y depositar sus secretos en ella cuando evidentemente ella parecía ignorar cuan importante era aquella venganza para él, y era esa, otra de las cosas que le conflictuaba a niveles aún mayores, por que sí, por que la bella sirena que había tomado por esposa era la futura víctima de un plan de vendetta tan malevolo y egoísta, y sin embargo, se sentía tan atraído hacia ella, tan irresistiblemente atrapados por todo su ser, por su belleza, por su pureza, por el simple hecho de ella misma. Revolvió su cabello negro con violencia mientras se incorporaba sobre la cama intentando con ello reorganizar las ideas que se arrebolaban en su mente.
-¡Maldición!-Farfulló el soberano mientras lanzaba un golpe hacia el mullido colchón sobre el que se encontraba, y luego, levantandosé de su lugar y postergando la frustración para otro lugar y momento, se dirigió hasta su ropero, de donde tomó una toalla para posteriormente dirigirse hacia el vestidor deshaciendose en el trayecto de su chaqueta y su camisa, asi como de sus botas, y sus patalones habituales quedandose solo con la ropa interior acostumbrada. Ignoró los murrmullos provinientes del baño que en un minuto se desvanecieron hacia la nada, y apenas levemente pensó que quizás Hoshi había adivinado su pensamiento ordenando que se le preparase un baño inmediatamente posterior a aquella fatídica y desastrosa cena.
Apenas hubo topadose con la mampara que daba entrada a la bañera principal, se deshizó por completo de la única prenda que lo cubría y corriendo el biombo hacia el lado sólo para encontrarse con la más perfecta visión que se hubise podido imaginar; Ahí frente a él, el esbelto y perfecto cuerpo de mujer se exponía mientras el agua se deslizaba lentamente por cada centímetro de ella, delinenado su perfección, haciendola brillar con seducción mortal , su piel blanquecina como el mármol, sus facciones bellamente esculpidas por los dioses y su cabello destellante, era como el fuego que quemaba todo, sintió arder su interior con furia desmedida, el fuego dentro de si consumía todo lo que quedaba de su alma y su corazón, no podía apartar la vista de ella, de su belleza de aquel étero mistisismo que la rodeaba y a él lo envolvía hipnotizandolo, y haciendolo presa de un hechizo tan incontrolable y poderoso como la única magia antigüa existente; De pronto la mirada tormentosa, cristalina y penentrante se fijó sobre él, en sus ojos brilló un destello de sospresa, vergüenza e ira se entremezclaron en aquel óceano de sus ojos, y pudo escuchar la exclamación furiosa y sorpresiva de la menor de las princesas marinas.
-¡¿Como te atreves a entrar a la ducha cuando yo la estoy usando?!, ¡No eres mas que un fresco descarado!-vociferó la pelirroja sin poder evitar al hombre frente a ella, su piel morena que parecía adiquirir una tonalidad casi amielada a la luz de las velas estrategicamente colocadas en aquella habitación, su espalda ancha y fuerte dandole el porte de un guerrero conservando en si el halo de su nobleza soberana, sus perfectos abdominales marcando detalladamente cada músculo, no desconocía la nauraleza del varón, sin embargo observar a un hombre en toda su gloria no era algo que planeaba haría en un futuro cercano, por ello, al observar detenidamente la anatomía masculina de "su esposo" no pudo evitar sonrojarse a la vez que desviaba la mirada con vergüenza intentando que la imagen en su mente desapareciera cuanto antes.
-No sabía que estabas aquí.- se excusó el soberano, cubriendose los ojos con la mano mientras protegía el pudor de su señora-o al menos manteniendo esa intención.-Nadie me dijo que te habían dispuesto la ducha, claro que fue mi error tampoco corroborarlo.-
-Sal de aquí.-ordenó la ojiverde imperativamente a la vez que buscaba, sin éxito, algún aditamento con el cual cubrir al menos parcialmente su desnudez.
-Esta bien, esta bien.-rió el joven divertido.-Ya me voy, Mi Lady.- Aquel gesto sólo enfureció más a la bella sirena quién riñó al muchacho con un tono de molestia.
-¡No me llames...-
-Toshi.-el llamado hecho por una tercera voz interrumpió la escena protagonizada por los señores del imperio.-Toshi.-nuevamente aquel llamado y esta vez fue reconocido por el nombrado quien se descubrió los ojos y dirigió su vista hacia las profundidades del corredor-vestidor que se dirigía hacia su cuarto. El color pareció huir de su rostro mientras dirigía su mirada nuevamente hacia su acompañante.
-Debemos escondernos, o Haruka nos encontrará.-setenció el azabache mientras la criatura marina devolvia su mirada consternada hacia la mirada color chocolate del príncipe hechicero.
Pues sin perdón de Dios, ni de ustedes, pero es que hay tantas cosas que han pasado en mi vida y en mi mundo que simplemente la escritura se desvaneció de mi como agua entre mis dedos, y ahora esta cosa amorfa es el resultado de mil intentos de volver a la escritura, sin resultados aparentemente favorables. L' Fleur Noir, Andy Elric, MistyKet como puedo agradecerles sus ánimos y su infinita paciencia para con este capítulo, asi como para con mi persona?, No puedo más que agradecerles su amistad y apoyo y prometerles que si, que ya esta vez mi regreso será más frecuente al Fandom que adoro con mi vida. Gracias amigas! Y disfruten de este capítulo hecho con tanto cariño para todo aquel que guste leerlo.
