Es sábado por la noche y la fiesta de Ty Huntley es un éxito.
En realidad, la fiesta no es suya, claro, la casa es suya pero la organización de este reventón corrió por cuenta de su manager que lo ánimo a tenerla para poder relajarse después de su ruptura amorosa con una fanática loca a la que su agente no le tenía ningún tipo de simpatía pero considero que un corazón roto podía afectarle a su rendimiento en el juego por lo que busco modo de aplacarlo con bebidas, mujeres y amigotes comprados pese a las suplicas de Ty por evitar todo eso excusándose con su cansancio de la semana.
Su agente solo le dijo "Vamos, eres el chico bueno del futbol y eso está bien, pero necesitas desfogarte aunque sea una vez o podrías explotar"
Ty no supo cómo decirle que las fiestas no estaban mal habiendo tenido un pasado donde él era el centro de los convivios que se salían de madre; que su problema era que, ese sábado, tenía una reunión más importante que todos los ebrios ridículos y mujeres bellas en vestidos ajustados.
No dejaba de ver el reloj entre conversaciones y conversaciones vanas que mantenía con sus invitados hasta que llegó su hora de desaparecer con excusa de haber visto a una rubia despampanante a lo que sus amigos comprados solo pudieron vitorearle y desearle suerte.
Lejos ya, comprobó que todos siguieran metidos en sus asuntos para el meterse en el suyo.
La casa de Ty era grande por lo que habitaciones no faltaban, eran tantas que su agente, en sus visitas rápidas, no pudo conocer la cual Ty dio expresa orden al servicio de limpieza de no entrar jamás. Desconfiado aun, puso una chapa especial cuya llave portaba al cuello.
Dio un suspiro antes de entrar.
Ya lo estaban esperando adentro.
Era una sala rectangular en cuyo centro había una larga mesa de cedro con varias sillas que ya estaban ocupadas por los principales señores mientras, su sequito, permanecía de pie detrás de cada cabeza de panteón que podía diferir a concedérsela al más longevo o al más versado en cuanto a tratos. Por eso no le pareció extraño hallar a Anubis sentado en lugar de Ra que se recargaba contra el respaldo de la silla.
Ty se sentó detrás de la cabeza de su panteón y padre: Zeus.
Obvio, ninguno representaba lo que era. Todos en forma humana eran menos imponentes como en el caso de su propio padre que figuraba un hombre delgado de barbas blancas pero sin cabellera. Odín, al lado opuesto de Zeus, tenía un sombrero de ala ancha inclinada que le cubría gran parte del rostro surcado de arrugas. Con eso, se podía tener ya una ligera idea de los aspectos humanos que tenía cada dios en la habitación.
Egipcios, griegos, caribeños, nórdicos, sólo se echaba en falta el panteón japonés cuyas razones de su ausencia escapaban del conocimiento de Ty, nombrado Dioniso en otra época, Dios del éxtasis y el vino.
La reunión empezó con el pedido de Odín por silencio que se instauro solo acabar esa frase. De pie, el anciano dio un anuncio importante. — Dios ha muerto.
Leves murmullos iniciaron en la sala hasta convertirse en un mar de palabras de los que no se podía sacar ideas. Odín volvió a hablar. — Amigos este no es el momento para preocuparse por eso…
— Asesinaron a Dios ¿y dices que no debemos preocuparnos?
— ¿Quién fue?
— ¿Quién sigue en la lista?
— ¿Sugieren que puede haber una cacería de dioses?
— Pues si mató a Dios no veo razones para parar.
Y otras miles de interrogantes más.
Ty se cubrió los oídos en un intento por aminorar el ruido.
Fue turno de Zeus para levantarse y recuperar el silencio. — ¿No lo ven? Estamos perdiendo el tiempo.
— ¿Cómo puedes decir eso cuando hay un asesino suelto?
— Puede ser un asesinato aislado.
— ¿Quién sabe? Solo podemos saberlo cuando mate a otro de nosotros.
Basta —Habló Odín. — No hay un asesino. Si lo hay, su trabajo termino ¿Qué queda después de matar a Dios?
— ¿Nada?
Te equivocas —Volvió a hablar. — La creación, eso lo que queda ¿Qué será de ella sin Dios aquí?
— Eso solo nos empeora el ánimo.
No —Corrigió Zeus, exasperado. — ¿Es que Odín y yo somos los únicos que lo vemos? Alguien tiene que hacerse cargo de esta.
— Bueno, que sepamos, solo había uno haciéndose cargo de esta y ese está muerto como bien lo dijeron.
Pero —Dijo Odín. — Seguro están pensando ¿Quién hubiera sabido que Dios podía morir? Nadie excepto el mismo pero dejó pistas: sus hijos Michael el Demiurgo y Samael la estrella del alba que solo juntos podrían ocupar el asiento de Dios porque el Demiurgo da vida, pero no puede transformarla, Samael transforma, pero no puede dar vida. ¿Para que dejaba dos seres que pudieran complementarse y superarlo si no era porque algún día moriría?
— Si, pero Michael murió y Samael se fue.
Eso nos deja las cosas más fáciles —Ahora todos voltearon a ver a Zeus que, con la atención sobre él, prosiguió. — Ahora no tendremos que hacer frente a ninguno de los dos.
— Hablas de… ¿Apoderarte de la creación?
Apoderarse no, apoderarnos —Completo Odín. — La creación es muy grande. No sabemos ni cuáles son sus límites. Se necesitan además muchas manos para compararnos con los hijos ausentes.
— ¿Y el resto de ellos? ¿Los hijos del cielo?
— Están para servir, no saben hacer nada sin su padre. No se nos opondrán.
— Yo diferiría. Ser fieles y ser tontos es diferente. Pelearán por defender la memoria de su padre.
— Memoria que se difuminará en las mentes de sus fieles mortales que olvidarán a ese hombre regio a cambio de nuestra presencia.
Exacto —Señalo Zeus. — ¿Cuándo fue que nuestros cultos se fueron al traste? Cuando empezó el cristianismo y sus variantes donde el Dios al que alababan era el mismo con diferente nombre. Empezó a menguar nuestra influencia y hoy por hoy, incluso para tomar forma humana, nos cuesta dote de nuestro poder.
— ¿Y porque hacemos así nuestra junta? ¿En forma humana?
— Porque así nuestros planes no serán escuchados por otros entes que puedan meterse.
— ¿Los eternos?
— Ellos también están para obedecer, no se meterán; no, hablamos de los demonios y otros incordios que deben aguardar en las sombras momentos como este.
Como nosotros —El comentario de Ty, que quiso lanzar al aire solo por decirlo, fue escuchado. Se ruborizo violentamente al ser visto por varios pares de ojos que le instigaban a explicarse. — Solo digo que tampoco somos muy buenos si el cadáver apenas se enfría y nosotros ya estamos disponiendo de todos sus bienes, como dicen los humanos.
Hijo —Zeus le habló con voz fría. Ty no lo miró por estar con su vista fija en el suelo, avergonzado. — Si no quieres estar en la junta bien puedes marcharte…
— Pero…
—… Cuando hayamos terminado te avisaremos en que nos ayudarás pero no formarás gran parte de esto ya que "no quieres ser un incordio".
Iba a revirarle pero no encontró palabras. Al final, se dijo, era mejor así, sin saber nada acerca de los planes de los demás procurando lo máximo que su propia inocencia lo salvará de lo que pudieran hacer.
Cuando se retiró ya estaban empezando a hablar sobre como entrar en la ciudad de Plata y que harían si los ángeles los intentaban echar.
En la esquina del pasillo se detuvo pues juró haber visto una sombra humana al otro lado de la ventana. Primero pensó que era una alucinación pues estaban en la segunda planta y no había nada afuera con lo cual sostenerse para únicamente posarse en esa ventana. Volvió a recapacitar cuando se dio cuenta que, como dios, él no tenía por qué tener alucinaciones.
Lo único que vio cuando volteó fue una llamarada estamparse de lleno en su rostro.
De ahí no más.
No sentía sus extremidades ni su propia respiración. Le costó abrir los ojos al menos cinco intentos que cuando lo logró juró que hubiera preferido haberlos mantenido cerrados. La habitación del hospital era de paredes de vidrio que dejaban ver lo que pasaba afuera pero la iluminación entonces le permitía ver su reflejo en aquella superficie y notar todo lo que su sentido del tacto le susurraba: Estaba hecho una piltrafa humana. Su cuerpo entumecido era por causa de las quemaduras en todo su cuerpo. No podía vislumbrarlas pero su vendaje en gran parte del torso e incluso en su rostro ya se lo decía.
Mientras analizaba su aspecto en el cristal notó una figura pasar. Recordando entonces lo que pasó la última vez en que vio una figura que no pudo discernir del todo, se intentó levantar arrepintiéndose al segundo siguiente al sentir el ardor recorrerle.
Estaba por caerse de la cama cuando unas manos lo sujetaron haciéndolo soltar un grito.
Lo siento —Contestó Chloe que no hallaba el botón para llamar a la enfermera. —Por favor, señor Huntley, vuélvase a recostar ¿no puede? Llamaré a la enfermera para que me ayude.
No, no —Habló para tranquilizarla ya que él había pasado por el susto que era considerar que estaba otra vez en peligro. Logró recostarse otra vez en la cama. — ¿Quién es usted?
Chloe le mostró su placa. — Chloe Decker, la detective que lleva su caso.
— ¿Cuál caso?
La rubia ladeó la cabeza, extrañada. — Dígame, señor Huntley, ¿recuerda lo que le sucedió?
Verlo cerrar los ojos, frunciendo el entrecejo, le indico que no.
Suspiro. — Su casa se quemó.
Aquel abrió los ojos.
Continuó. — Anoche, en la fiesta, uno de los invitados notó humo procedente del segundo piso y llamó a los bomberos. Todos los invitados escaparon ilesos, por fortuna. Su agente llegó al sitió e insto a los bomberos a apurarse para poder hallarlo a usted ya que no lo vieron entre la gente que logró escapar. Lo hallaron, como bien sabrá, pero estaba inconsciente y no lograron averiguar que le pudo haber atrapado ahí pues el piso colapso. Tampoco se explican como el sistema contra incendio pudo fallar ni cuando comenzó el fuego. Señor Huntley no tenemos nada.
El afroamericano la miró muy seriamente. — ¿Cree que oculto algo?
— Señor Huntley, yo…
Dios está muerto —Chloe lo miró extrañada. Huntley ni se dio cuenta pues dejo de mirarla y empezó a ver a otro punto apartado. — Y los dioses se reunieron en mi hogar, vistiendo carne humana, claro está, para dialogar acerca de cómo formar una alianza para ir a la ciudad de plata y reclamar la creación. Yo no estuve de acuerdo, me daba escalofríos todo el asunto, el presentimiento de algo malo, así que me fui pero cuando ya estaba por girar la esquina él ya estaba atrás. Había escuchado todo y no le gusto.
¿El? —Inquirió Chloe mientras se acercaba más al jugador al que las fuerzas parecían dejarle. — ¿Quién era él?
Lucifer Morningstar —Seguía sin verla pero se sacudió un poco al decirlo como si fuera parte de los citados escalofríos. Ella intentaba descifrar en su mente si no era un juego de palabras extraño pero entonces aquel siguió su relato. — El diablo, satanás, rey del infierno. Regreso, mató a Dios y mataría al resto que se le pusiera en el camino en su intento por hacerse de la creación. Por eso me ataco, incendió mi casa, el…
— Ty necesita descansar.
— ¿Cree que estoy loco?
¿Cómo se lo digo sin que intente saltarme al cuello en su condición? — Sigue conmocionado, usted mismo lo dijo: Fue atacado.
Creyó que lo convencería pero cuando se retiraba la llamó de nuevo. — No creo que el resto de dioses hubieran tenido chance de escapar así que mírelos, mire sus cadáveres y dígame si eso fue un accidente.
El informe llegó a su escritorio y comprobó todo lo que Ty le dijo. Hubo varios cuerpos de los que nadie consiguió modo de identificarlos y que según los bomberos estaban en la planta alta pues cuando el incendio se terminó estaban bajo varios escombros. Cuando le preguntaron al agente de Ty este indico que tenía la lista de invitados que, aunque no los conocía a todos, señalaba que personas tan mayores como aquellos cadáveres no fueron invitadas o vistas en la fiesta como fue que le preguntaron a los pocos rezagados que habían interrogado.
Los cuerpos estaban casi calcinados como habían pasado mucho tiempo para que las llamas se extinguieran además de haberse derrumbado las escaleras del segundo piso después de haber rescatado a Ty lo que les impidió a las victimas salir. Ella no se convencía, en momentos de desesperación era cuando la gente se ponía ingeniosa para descubrir modo de cómo sobrevivir. Pregunto por la red donde atrapaban a la gente cuando esta saltaba por la ventana pero le dijeron que por mucho que vocearon para saber si había alguien arriba nadie respondía además del ignorar del resto de invitados que todavía quedase alguien ahí arriba lo que les hizo desistir.
Mientras los análisis en laboratorio comenzaban para identificarlos por registro dental ella empezó su propia indagatoria solo que en materia de buscar si Ty tenía algún psicólogo o psiquiatra al que viera para explicarse porque aquel diría tamaña fantasía.
No hallando nada en la base de datos, pensó en tomar otra fuente la cual se fue a buscar después de haber tomado sus llaves del escritorio.
¿Qué otra forma de conocer psicólogos que tuvieran pacientes de alta gama que buscando a un posible paciente? No tenía clara todas las razones de Mickey pero sospechaba que tuvo que haber visto a uno en algún momento por asunto de su travestismo e incluso si no fuera el caso tuvo que haber escuchado algo sobre algún psicólogo reconocido en el círculo social del que formó parte bajo el nombre de Delilah.
¿No me crees? —Pregunto Mickey mientras terminaba de acomodar los libros nuevos en las estanterías frente al aparador. — Me lo dijo Morfeo y yo no creo que él tenga ánimos de bromear con eso.
No digo que no te crea —Meleos era un hombre anciano que usaba gafas oscuras y estaba tras el mostrador de la librería de la cual es dueño. — Solo digo ¿Por qué regresaría?
Algo como un reporte conciso de sus razones para volver no tengo —Dejó la caja vacía sobre el mostrador para detenerse a hablar. — Más cuando yo no lo conocí, tu que lo conociste ¿Cuál podría ser su motivo?
¿Sabes? Por mucho que lo conozco sigo sin comprenderlo y es mejor así. Jure matarme el día en que pudiera entender al diablo —El silenció le tuvo que decir algo pues recompuso su expresión. — Decía que…
Buenos días —Chloe entró sin saber exactamente a donde mirar. La librería no era grande pero contaba con muchos títulos en sus libreros y cuadros de arte abstracto en la pared. Volvió a ver a los dos presentes. — Siento mucho interrumpir, Mickey, estaba por buscarte en tu casa pero al pasar aquí en frente te note.
Si, Chloe, pasa que trabajo aquí —Mickey no estaba travestido; le puso una mano en el hombro al hombre detrás del mostrador. — Este es Meleos, mi jefe —Chloe lo saludo con la diestra pero este no le contestó a lo que el rubio se apresuró a aclarar. — Meleos es ciego.
— ¡Lo siento!
No te preocupes, ¿Chloe Decker? Mickey ha hablado de ti, dice que eres bonita —Al ser ciego no pudo ver la expresión incomoda de la agente; tomó el bastón que tenía recargado en la pared cercana. — ¿Te quedas, Mickey? Iré atrás un momento.
Tomate tu tiempo —Espero a quedarse solo con Chloe para hablar. — Si le dije que eras bonita no era con doble intención, es porque eres mi amiga.
Tranquilo —Tomó el primer libro que llamó su atención para ver mejor su portada. — Cuando llegue escuche que hablaban del diablo.
Aquel se frotó el cuello, nervioso. — ¿Uh? Sí, es solo el tema de un libro que nos llegó.
Vaya —Devolvió el libro a su sitio. — Entonces puede que Ty haya leído el mismo.
— ¿Quién?
— Ty Huntley, jugador de futbol americano, ayer su casa se incendió en medio de una fiesta.
— Oh, no…
— Sus invitados pudieron salir ilesos pero lo que es él no tanto. Además, unas personas fallecieron.
— Pero dijiste que sus invitados salieron ilesos.
Lo hicieron —Se acercó al mostrador junto a Mickey. — Al menos los que estaban en la lista oficial, otros, unos verdaderos extraños que no fueron identificados ni reclamados en las últimas horas, murieron calcinados. Ty sobrevivió pero con quemaduras graves, despertó hace poco y me confesó… No tengo idea de si era una confesión o parte de su delirio.
— ¿Qué fue lo que te dijo?
— Que los desconocidos en la fiesta eran dioses vistiendo carne humana que se reunían para conformar un frente para tomar ¿la creación? Y fueron atacados por el diablo; la razón por la que te vine a buscar era porque la base de datos no me señalaba que Ty viera un psicólogo pero sé bien que esa información la ocultan porque no quieren que la prensa empiece a sospechar y creí que tú, en tu otrora condición de estrella pudiste haber escuchado algo sobre un psicólogo especial y… ¿Qué sucede?
El otro se había quedado impresionado. Pensó que era porque le soltó una historia extraordinaria en poco tiempo pero lo vio recuperarse pronto, hacerle una seña para que se callará para posteriormente dirigirse a la habitación trasera donde Amenadiel se había dirigido. Le escucho decirle al dueño que iba a su casa por algún asunto a lo que el otro solo le daba permiso.
Cuando regreso, Mickey la sujetó del brazo y la hizo caminar mientras le susurraba que se mantuviera callada.
Ya arriba en el apartamento el otro siguió sin hablarle hasta que se cercioro de cerrar bien la puerta. — ¿Dices que el diablo ataco a Ty?
Todavía sorprendida, asintió.
Lo vio mirar a todos lados, como buscando la respuesta en las paredes hasta. Una vez recuperado la instó a sentarse con él en el sillón de la sala de estar. — Hay algo que tengo que confesarte.
¿No estás enamorado de mí, cierto? —Por la seriedad del otro se dio cuenta de que no estaba siendo nada oportuna. — ¿Qué sucede?
— Chloe deja ese caso.
Lo miró más sorprendida aun. — ¿De qué estás hablando? ¿Cómo que lo deje?
¿No puedes hacerlo? Invéntale algo a tu superior, no sé, cualquiera cosa, pero deja el caso —Tomó su mano entre las suyas. — Por favor, apártate.
Apartó las manos ajenas sin tacto y se levantó. — O me explicas que pasa aquí o tendré que sacártelo a patadas.
Este se llevó las manos a la cabeza, sujetándose los mechones los cuales tironeo un poco. Cuando los dejó quedo despeinado y eso se sumaba a su mirada de ciervo asustado. Intentó tomarla de la mano nuevamente para hacerla sentarse a su lado pero se negó alejándose a lo que el suspiró desconsolado. — No quería contártelo hasta verme sin opciones…
— ¿Contarme qué? Deja de dar rodeos y solo dime.
— El diablo es mi padre.
— ¿Qué?
— Tú dijiste que fuera sin rodeos.
Chloe solo se acercó para encararlo lo que provoco que aquel solo se hiciera más atrás en su asiento. — ¿Te estas burlando de mí?
Claro que no; regrésame mi espacio personal —Chloe se alejó solo para sentarse otra vez a su lado. — Por eso no te lo quería decir tan directo, no me entenderías.
— ¿Entender qué? ¿Qué el diablo es tu padre? ¿Me tomas el pelo acaso?
— Ojala; no, Chloe, lo que digo es verdad.
— Dicen que el exorcista está basado en hechos reales.
— No dudo que lo estuviera pero debes concederme el beneficio de la duda y no solo descartar mis palabras porque te suenen a locura.
¿Esto que tiene que ver con lo de Ty? —Dirigió el tema a donde le interesaba.
— Puede que el tipo te diga la verdad. El diablo tuvo un pequeño escarceo con unos dioses japoneses hace unos años, presumiblemente asesino a dos y, bueno, todos volvemos a caer en las mismas manías.
— Si no fuera porque no conoces a Ty creería que conspiran para volverme loca.
Créeme, esto tampoco me está sentando bien —Lo vio dejar caer sus hombros en pose de derrota. — Se supone que el diablo se había ido hace unos años, antes de que yo naciera…
— ¿Irse?
— De la creación (luego te explico), el asunto es que se fue pero según me informaron que ha regresado.
¿A qué? —El encoger de hombros ajenos la frustro de más. Estaba por retirar al haberse rendido con todo el asunto al considerarlo cada vez más imposible hasta que se le ocurrió una idea. — ¿Y… si me acompañas?
— ¿A dónde?
— A ver a Ty, por supuesto. Quiero ver si sus historias pueden coincidir.
No, Chloe —Aquel subió los pies al mueble solo para poder abrazarse las piernas contra el pecho. — Son asuntos de señores en los que ni tú ni yo figuramos pues solo somos siervos.
— No te pongas filosófico conmigo, amigo.
No es filosofía —La quería detener en su marcha hacía la puerta. — Es verdad. A ellos no les importa a quien se llevan por delante, son seres superiores después de todo, por eso te suplico renuncies al caso para no verte salpicada.
¡Ya estoy hasta el cuello! —Se señaló a sí misma. — Además, dejo el caso, está bien, pero alguien lo tomará y ese alguien será el afectado.
¿Y qué? —El rubio tuvo que recomponer su frase al ver su expresión. — Ellos no me importan, Chloe, me importas tú y que puedo, aunque sea con mis advertencias, protegerte de esas conspiraciones. No vayas, por favor.
¿Ves esto? —Le enseño la placa de policía. — Esto es una bendición y una maldición. Me permite ser la policía boquifloja que ves aquí pero me pide que dé explicaciones sobre mi proceder. ¿Qué explicare a mi jefe cuando diga que dejo el caso?
La verdad es que tu no me crees —El otro se quedó con cara de decepcionado. — No me crees ni una sola palabra. Eso me sienta mal, pensé que confiabas en mí.
Lo hago —No estaba para más drama como su tono bien dejo saber. — Pero el resto no lo hará. No puedo dejar a Ty tirado ni permitirme dejar esto como caso abierto. —Lo miró, severa. — No te lo volveré a preguntar: ¿vienes o no?
¡Bien! —Mickey tomó su chaqueta. — ¿Quieres ver que tan profundo es el agujero de conejo? ¡Pues vamos! Solo espero que no se te pierda el camino de vuelta.
Cuando llegaron, Ty estaba profundamente dormido, preguntó si estaba sedado pero le dijeron que era todo natural pues el jugador se negó a que lo anestesiaran. Por su condición física tampoco fue necesario aunque el dolor se le presentaba cuando se ponía inquieto en medio de su sueño.
Deberíamos irnos —Le dijo el rubio que todo el camino había intentado disuadirla pero le chistó para que se callará cuando estuvieron en la habitación del herido ocasionando que el otro solo pusiera una cara de fastidia mientras Chloe se acercaba a intentar despertar al jugador.
— Señor Huntley.
El nombrado tardó poco en despertar. Esta vez ya no se podía mover como lo dejó saber al hacer el amago de incorporarse y rendirse al momento. — ¿Quién es usted?
Señor Huntley no se mueva ¿quiere? Soy Chloe Decker, vine a verlo en la mañana, hablamos un poco acerca de lo que recuerda del incendio en su casa. —Esperó a que este pudiera enfocar su mirada en ella para seguir hablándole. — Me dijo algo sobre unos dioses…
Los ojos del moreno brillaron con la mención. — ¿Lo comprobó? ¿Sabe que mi historia es real?
Se mordió los labios un segundo antes de contestar. — Es verdad que el carácter de la muerte de los difuntos fue de por demás extraña. Esas temperaturas solo se alcanzan en un crematorio y no había impedimento para que los heridos salieran con todas las oportunidades que se dieron con el atender pronto de los bomberos y servicios de emergencia además que ni se explican como el sistema contra incendio no funciono en el momento que fue lo que más extraño a los del seguro…
— ¿Pero?
— Pero la historia que usted me soltó no es algo con lo que pudiera llenar mi informe.
— No me importa. Usted me pidió la verdad, yo se la di. No pensaba que en serio se metiese si solo es una humana.
Chloe miró por encima de su hombro. Le hizo una seña a Mickey para que se acercarse mientras hablaba con la víctima. — Tengo a alguien que podría corroborar su historia. —Y la de él.
Dejando ya de lado su investigación, Decker anhelaba dar la razón a Mickey. No era ciertamente reconfortante que su amigo tuviera un indicio de locura en él.
Cuando el rubio fue visible para el moreno se dio cuenta de que cometió un error pues este último empezó a gritar por ayuda.
Las enfermeras llegaron y esperó a ser recriminada pero estas la dejaron por atender al hombre que entonces ya bajaba de su camilla en un intento desesperado por irse lo que ocasionaba que sus herirás supuraran y vendas cayeran.
Era una maraña de insultos, gritos y juramentos los que Ty soltaba de los que solo pudo rescatar la reiterada mención del nombre "Lucifer".
No supo en que momento fue jaloneada por su compañero que la obligó a retirarse con él aprovechándose del revuelo formado en la habitación del jugador. Cuando estuvieron en la sala principal Chloe cayó en cuenta de a lo que se exponía manteniéndose ahí después de haberle causado casi una crisis nerviosa a Ty por lo que corrió llevándose al rubio con esta. No pararon hasta llegar a su auto el cual logró conducir calles más alejadas por donde se estaciono para encarar al que estaba sentado en el asiento del copiloto. — ¡¿Qué diablos fue eso?!
Eso —Mickey le respondió con el mismo tono duro. — Es lo que pasa cuando no estoy travestido. Me reconocen y se vuelven locos.
— ¿Pero cómo?
El otro la miro como si fuera idiota solo por un segundo pues pronto se tranquilizó. — Mi padre, el diablo, y yo nos parecemos. Excepto por el color de ojos. —Se calló para dejarlo continuar. — Te dije que no me travestía por gusto y es verdad, el parecido con mi padre es algo que me atormenta desde que tuve edad para entender. No es solo por lo que representa, no, como te dije él ya tuvo escarceo con el panteón japonés pero ellos no fueron sus únicas víctimas en su camino por librarse de la creación. En resumen mi padre se hizo enemigos por todos lados pero como abandono la creación soy yo el que tiene que cargar con todo el peso de sus acciones. Desde los diecisiete, que fue cuando termine de desarrollarme y nadie podía desmentir nuestra relación sanguínea, empecé a travestirme pues estaba seguro de despistarlos a todos. Obvio, quedaron con conjeturas de que…
— ¿Todos? ¿Cuáles todos?
Mickey contó en su mente. — Dioses, ángeles, demonios, Lilims…
— ¿Lilims?
— Lilith fue la primera mujer de Adán pero esta no quiso ser su inferior por lo que lo abandono a él y al paraíso para irse a fornicar con los demonios con los cuales tuvo hijos a los que todos reconocen como Lilims.
— Entiendo. Entonces, todos los que mencionas ¿tienen algo en contra tuya?
Solo porque me parezco a mi padre —Gruño. — Como no pudieron ponerle las manos encima al diablo se descargan conmigo. —Se quedaron callados unos segundos. Aquel volvió a suspirar. — ¿Ahora entiendes lo que te digo? No quiero que te metas. O te cruzas con dioses que te utilizan o te cruzas con el diablo que no tendrá compasión. No hay puntos medios.
Solo asintió, como pensando antes de decir. — ¿Qué hay de Dios?
— ¿A qué te refieres?
— Huntley me dijo que los dioses se harían de la creación ya que Dios estaba muerto. Suena un poco confuso pero creo que cuando dice Dios se refiere al dios cristiano.
— ¿Qué?
Se había quedado paralizado. Chloe carraspeo. — Huntley dijo que Dios estaba muerto, que el diablo lo había hecho y por eso los mató cuando estaban en una junta por decidirse como hacerse de la creación.
— No puede ser…
— ¿Crees que tu padre no lo hizo?
— Claro que lo hizo ¿Quién quiere matar a Dios más que el diablo? Decía que no podía creer que haya ido tan lejos con eso, con todo esto; si, que ha jurado millones de años con hacerlo pero dado que se había ido… ¡Por eso regreso! Si, justo esta mañana Meleos y yo hablábamos de eso, las razones de su regreso.
¿Meleos? —Lo escruto con la mirada. — ¿Qué pinta Meleos en esto?
— Meleos… Es un ángel, Chloe.
— ¿Qué no lo ángeles eran todos jóvenes, hermosos, así como tú?
— Me halagas pero Meleos pasó por mucho, eso lo hizo envejecer.
Ya —Volvió a encender el auto. — ¿Quieres que te lleve a tu casa?
¿Tienes que irte? —El rubio agregó. — Es que quiero que comamos juntos. Puedo prepararte lo que gustes.
— ¿Crees que puedes enamorarme a base de comida?
Por lo menos puedo engordarte y así nadie se fije en ti —Se rieron. — No, solo no quiero estar solo. Mi jefe el ángel es compañía pero a veces no me tolera.
No entiendo porque —Sonrío ladina. — Bien pero solo porque Trixie va a pasar la tarde con su padre y tampoco quiero estar sola. Tal vez puedas seguirme contando todo eso de dioses y demás.
Primer punto —Aquel levanto su índice. — Se les llama panteones: panteón nórdico, japonés, etc.
Llegaron al frente de la librería cuya cortina de acero estaba baja. Antes de que Mickey pudiera hacer una observación sobre eso ella recibió una llamada. — ¿Qué te parece? Es Dan, ya habrá escuchado como altere a Ty.
— Lo siento.
Ni te fijes, Dan me altera a mí —Respondió la llamada. — ¿Puedo defenderme?
¿Dónde está Trixie? —Espinoza sonaba acelerado.
¿Cómo que donde? En la escuela —Con señas le pidió a su acompañante la hora. — Donde tú la recogerías ¿ya se te olvido?
Basta —Dan cortó de tajo toda su perorata. — No soy estúpido ¿de acuerdo? Llegue por ella pero me dijeron que ya la habían recogido.
¿Qué? —Su voz alterada puso en alerta a Mickey. — ¿Quién?
— No me supieron decir, un hombre, es todo lo que dijeron.
— Dan no seas inútil y empieza a preguntar a todos los presentes.
— ¿Pero qué crees que hice? Eres mi último recurso.
Es una niña que no para de hablar, es imposible que nadie la viera, Dan, nuestra hija tiene que aparecer —Hablaba muy rápido. Quiso buscar a su compañero con la mirada pero este se apartó a inspeccionar la cortina de la tienda. — Piensa, ¿Qué conocidos tenemos que pudieron haberla tomado?
Eres muy optimista —La regaño Dan. — ¿Crees que nuestro conocidos jugarían así? No, escucha, colgare para llamar a la jefatura y que me ayuden pero quiero que regreses a tu casa para asegurarte que no esté ahí.
Claro, claro, ¿sabes qué? Colguemos ya, llama —Colgaron. — Mickey —El nombrado ya había abierto el local y entrado pero no regresado a lo que esta lo siguió. — Es Trixie, mi hija, no está, parece que… ¿Qué paso?
Todo en el comercio estaba volcado. Los libros nuevos desperdigados y los cuadros rotos. Ni rastro del rubio, empezaba a dar vueltas como tonta hasta que escucho que la llamaba desde la parte trasera de la tienda. Era una bodega con varios estantes de metal que también habían sido volcados. Miró en el fondo y pudo notar a Mickey acuclillado junto al anciano que había sido desprovisto de gafas, la camisa hecha jirones y su bastón a un lado hecho trizas. No comentó nada de los ojos completamente negros del agredido por atender mejor las razones de su agresión. — ¿Qué paso?
No sé —Le contestó el rubio. — Ya se me hacía extraño que hubiera cerrado temprano; Meleos, háblanos sin restricción porque Chloe ya sabe todo.
El anciano abrió la boca pero no pudo exclamar nada. Así dos intentos más hasta que este se cansó y señalo la pared detrás de ellos.
Cuando voltearon dieron cuenta del mensaje pintado en la pared con lo que parecía ser sangre: "Tiene tus ojos"
Nada en su mente se le aclaró pero finalmente el viejo pudo decir. — Dijeron algo sobre una niña pequeña, hija tuya —Mickey fue sujetado de los hombros por el invidente. — ¿Tuviste una hija?
El otro iba a responderle pero Chloe lo soluciono pronto. — Trixie desapareció.
Ayudaron al hombre a levantarse y este continuó su relato mientras. — Después de que se fueran unos sujetos llegaron. Como es obvio no puedo ver pero cuando me sujetaron para traerme acá atrás y pude reconocer que ninguno era humano —Tuvo que haber adivinado por el tacto donde estaba Mickey pues se dirigió a este. — Garras, extremidades largas, voces cavernosas; eran demonios.
O Liliths —Miro a la otra. — ¿Ves lo que te dije? Me vieron contigo y ahora tienen a Trixie.
Chloe no contestó. Después de haber dejado a Meleos sentarse en el sofá de la bodega, se apartó de ellos solo para recargarse en la pared cercana. El rubio se acercó a ella, suplicando. — Tienes que perdonarme, fue un error, no te dije que no solo me buscan a mí sino todo lo que se relacione conmigo. Perdón, perdón. Debí marcharme tan pronto tuve oportunidad pero contigo como amiga, la primera mujer a la que me acercó sin ocultar ningún secreto, no tuve fuerzas para dejarte. Trixie está perdida y todo es mi culpa.
— No.
— Chloe…
No —Se recompuso finalmente. — No está perdida. Si lo está yo la encontraré que por algo soy su madre. Hace unas horas no creía nada de lo que me decías y sigo sin creerlo pero si me dices donde está el infierno y que mi hija está ahí te seguiré.
Te acompañare —Le afirmó este. — Conmigo pueden hacer lo que sea pero contigo no se meten.
Si vas, Mickey, puedes quedarte ahí para siempre —Les interrumpió el viejo. — ¿No recuerdas que ese ha sido todo su plan? Te quieren para hacerte pasar por Lucifer, para unir a los demonios indecisos a su bando frente a la nueva reina. Si se llevaron a la niña era para eso, para que bajarás y te expusieras.
¿Quedarme en el infierno en lugar de Trixie? Es el mejor trato que habré hecho en mi vida —Respondió sin dejar de ver a Chloe.
¿Cómo iremos? —Le cuestiono después de haber salido de la librería y llamar a su madre para comprobar que Trixie no estaba en su casa. — Es decir, ¿hay una puerta al infierno?
Hay muchas maneras de llegar a este, el asunto es que tomemos el camino menos transitado y por ende menos vigilado. —Se pararon a verse. — ¿Sabías que los sueños también son un transporte?
No supo responderle.
Llegaron al bar y tuvo que comprobar la hora para cerciorarse, otra vez, que era tarde pero no tan tarde como para ver un crepúsculo. Habían conducido muy lejos del centro de la ciudad por lo que las calles se le hacían poco familiares, el GPS fallaba y Mickey solo podía darle indicaciones pero no el nombre exacto de cada calle.
Los departamentos en ese rumbo eran pocos como las personas que andaban ahí. Las pocas que veían no alcanzaban a inspirar confianza en Chloe que fue muy recelosa al parar su auto frente al bar de aspecto rustico que desentonaba con todo el ambiente urbano al ser muy del estilo viejo oeste.
Cuando entraron esperaba a las bailarinas del Can can pero todo lo que pudo ver era decenas y decenas de personas. Algunas sentadas a la barra, otras reunidas en las mesas y algunas cuantas paradas. Parecía que iba a darse un concierto pues el ambiente era muy animado además de que las miradas expectantes que daban al escenario, único lugar iluminado en comparación al resto del bar que se conservaba en penumbras, auguraba que iba a ver algo interesante dentro de poco.
Tuvieron que caminar muy juntos para no perderse entre la gente o tropezar. No alcanzó a preguntar exactamente a donde querían llegar pues todo el camino hasta el bar le había estado preguntando como eso ayudaría a Trixie a lo que este le refería más cosas apabullantes respecto al sueño como que el dichoso era menos compasivo que la misma muerte.
Al final, decidió dejar de preguntar porque como aquel le había dicho desde un principio el agujero del conejo era demasiado profundo.
Le dieron toda la vuelta al escenario hasta que dieron con un pasillo con puertas a cada lado y cuyo único presente era un hombre vestido de pies a cabeza con solo ropa blanca además de ser albino lo que llamó su atención tanto como el sujeto tuviera puestas gafas de sol cuando estaba en interior.
Mickey se adelantó a encarar a este. — Solicito ver a Lord Sueño.
— No está.
El rubio no se amedrentó. — ¿Y que hace toda esa gente allá afuera? Es obvio que esperan al buen señor.
— Perdón, quise decir: No está para ti.
— Le tengo buenas nuevas de su cuñado.
Una voz masculina, suave, respondió desde el otro lado de la puerta que el albino custodiaba. — Déjalo pasar, Corintio.
El supuesto Corintio obedeció a regañadientes deslizándose a un lado para dejar el paso. Mickey volvió a sujetarla de la muñeca para adentrarse juntos.
Era un camerino como el que verían en una película antigua. Paredes de ladrillo rojo, un tocador con focos en el marco, un sofá de dos plazas de color verde desgastado y el dueño de todo eso sentado en una silla de madera en cuyo respaldo descansaba una boa de plumas negras.
Este es el de Can-can se dijo al verlo. Era un hombre igual albino pero cuya guapura lo hacía resaltar todavía más. Pómulos afilados, mentón pequeño, cabello rizado y abundante. Tenía también gafas oscuras y todo su vestuario era negro con detalles de llamas por las mangas de su saco, seguía el estilo del bar al ser como el de un texano coronado con un sombrero vaquero.
Mickey y este desconocido se dieron la mano.
La invitaron a sentarse en compañía de Mickey en el sillón.
¿En qué puedo ayudarlos? —La voz era suave, despertaba cierta sensación de confort. Por alguna razón no podía dejar de preguntarse qué podía esconder detrás de las gafas oscuras a lo que ella misma se regañó por estar pensando en cosas frívolas cuando su hija estaba perdida.
Iba a apurar al rubio pero este le leyó la mente pues dijo. — Necesito llegar al infierno.
El del sombrero ladeó la cabeza. — Escuche que algunos deben irse al infierno, nunca que lo necesitarán.
— Sabes que soy un hombre fuera de serie, tío.
Los miró un segundo atónita. Queriendo descifrar la relación entre ellos pero, por segunda vez, se le adelantaron solo que esta vez el albino presente. — Te dije que tu padre regreso ¿crees que sea buena idea?
— Él no está ahí abajo. Tiene mucho de que ocuparse aquí arriba: asesino a Dios.
El de gafas se quedó un minuto callado acariciándose la barbilla antes de decir. — No pensé que fuera necesario decírtelo.
— Ah, ¿así que ahora piensas por mí? Que me consideren idiota no quiere decir que lo sea.
— Jamás dije…
— Bueno, por suerte para ti si soy lo suficientemente idiota como para no volverme un peligro como mi padre.
El ambiente se tensó. Aquel seguía acariciándose la barbilla. — ¿Eso era todo lo que tenías que decirme de tu padre? ¿Qué mato a Dios?
— Si, eso es lo que recupere.
Bien —Aquel se levantó de su silla tomando en el acto la boa del respaldo y colocándosela en los hombros. — ¿Quieres ir al infierno? Irás pero…
Pero no puedo mencionarle a nadie que tu mueves los hilos, ya lo sé —Hablo el rubio con fastidio. — ¿Puedes hacerme el favor ya? Una niña está en peligro y el tiempo apremia.
Está bien, está bien —Aquel canturreó mientras los hacía seguirlos al fondo del camerino que de repente, según la perspectiva de Chloe, se hacía más grande de lo que era en un principio.
Ya no era solo la perspectiva. Ahora estaba segura de que el camerino ya no era un raquítico cuarto si no parte de algo más grande como comprobó cuando se dieron con un pasillo con muchas puertas de donde se escuchaban provenir distintas clases de ruidos a los que sus otros dos acompañantes no parecían hacer caso. Pararon cuando el de sombrero les indico una puerta solo que esta estaba en el suelo como la puerta de un sótano la cual el albino abrió.
Se asomó pero no vio nada pero esto no alertó en nada a Mickey que siguió hablando con su supuesto tío. — Me estás haciendo un gran favor, Sueño…
— Si, tu madre no estará muy contenta.
— Que va, nadie le borra la sonrisa de la cara.
Excepto —La mirada de su amigo, la primera mirada furibunda que le vio tener, calló a su benefactor.
Después el rubio se acercó a ella. — ¿Estas lista?
¿Para cargarme a unos cuantos demonios? —Le enseño el arma que había tomado de la guantera de su auto antes de bajar. — Lista.
Deberías guardar eso —Se corrigió pronto. —Yo te dije que no podías descargar la munición sobre tus problemas y lo sostengo más en esta ocasión. Recuerda que no quieren a tu hija sino a mí pero si los atacas cambiarán de parecer.
— Comprendo. Espero a que acepten el intercambio y hasta entonces no disparo.
Lo tienes —Dicho esto cruzo por la puerta cuyas escaleras Chloe no había notado hasta entonces. Escucho el último comentario de Mickey hacia Sueño. — Hasta entonces, tío mío. Cuídate.
Cuídate tú también —La rubia no se había dado cuenta de cuando este se paró detrás suyo así que se sobresaltó cuando hablo. — Tal vez la próxima vez que te vea seas rey del infierno.
No hubo respuesta.
Chloe se aseguró otra vez que su arma siguiera con ella y fue cuando Sueño le habló. — Chloe Decker deberías empezar a cuestionarte tus amistades.
¿Debería? ¿Quién dice? —Empezó a bajar las escaleras.
— Sueño de los Eternos lo dice.
Bueno, para los que habrán notado he editado el capitulo. Sucede que me confundí con nombres y no tenía tiempo para reconocer el error. Escuchad, pasa que mi fic, como ya avise, tiene parte del cómic Lucifer y The Sandman, es decir, utilizare a sus personajes en estas historias. No es, repito, necesario haberlos leído pues la idea es que junto a Chloe se enteren de todo lo sucedido por lo que no quiero que se desilusionen y me dejen botada *Snif*. Muchas gracias por la compresión, el tiempo y vuestro interés. ¡Se les quiere!
