Amores! Se que había dicho que sería un two-shots o un tree-shots (si es que existe eso) pero sin duda me he inspirado demasiado y esto ya parece un Long-fic, jaja GOMEN! Falta un capitulo, y seguramente sea algo largo, o tal vez lo divida u.u es que no me gusta hacer capítulos tan largos u.u PERO, disfrútenlo!


Capitulo 3: Tal vez

Las respiraciones jadeantes o los gemidos de placer nunca habían formado parte de su arsenal diminuto de expresiones. Ni siquiera en una misión.

Hasta ese momento.

Pero mientras sentía como su cuerpo era abrazado de alguna forma hasta casi ser llevado a la inconsciencia, sintió como era llenado, era totalmente cálido, tan caliente, y la expresión de Naruto era tan infinitamente placentera y feliz, sus ojos entrecerrados brillaban tan azules y no le quitaban la vista de encima ¿Por qué? ¿Por qué me ve así…?

Y tal vez en ese momento Sasuke sintió que su pecho era llenado de un sentimiento algo parecido a la felicidad, entorpecido por creer que tal vez solo era debido a la droga.

Llevó su mano albina por entre sus cuerpos, acariciando a consciencia su propia pelvis, manchando su mano con el fruto de su orgasmo y luego del líquido que chorreaba saliendo de la unión de ambos cuerpos. Dirigió su vista hacia allá, su piel contrastaba de forma tan chocante con la de Naruto que era casi ridículo, puesto que casi no se diferenciaba donde empezaba uno y terminaba el otro.

—Está realmente caliente…—y no sabe porque dijo eso, el normalmente no era una persona habladora, pero en realidad esa noche habían pasado tantas cosas, que no le molestaba romper aquél patrón de mutismo y de vagos "hn".

—Gh…—gruñó un poco Naruto, sonrojándose, viendo al albino con una extraña mirada. Sasuke se sobresaltó un poco cuando sintió como el miembro del rubio se volvía a endurecer en su interior, rozando y acariciando de nuevo aquella carnosa cavidad.

Se sonrojó, casi sin evitarlo ya, la sensación seguía siendo tan deliciosa, frunció un poco el ceño.

—Te has vuelto a poner duro—dijo con voz ronca, como si no fuera ya obvio, de verdad que estaba muy hablador…Pero es que si no lo ponía en palabras no podría creer nada de aquello. Necesitaba sentirlo más real. Su miembro aún estaba semi-erecto, dando fe al término próximo de aquella placentera droga.

La mano bronceada del rubio se dirigió hasta la boca de Sasuke, tapándola, evitando que dijera más.

El azabache frunció el ceño irritado.

—Gh…—jadeó el rubio, desviando la mirada de su rostro—si sigues hablando así, querré hacerlo otra vez—admitió avergonzado, estaba fuera de control, pero no podía evitarlo, joder, era Sasuke, Uchiha Sasuke, y no bastando ya con eso, el azabache iba y abría la boca, para decir obscenidades nada más y nada menos, para hacerlo perder la razón.

Joder, es que nunca había escuchado a Sasuke decir algo remotamente pervertido.

Sasuke lo miró, su ceño relajándose, esta vez estuvo totalmente conforme con sus actos cuando lamió aquella piel café sedosa, apartando la mano del rubio de sus labios, mientras este lo miraba sorprendido. Dejó caer nuevamente su cabeza sobre el colchón, y lo miró con una expresión autoritaria, sus ojos indiferentes.

—Está bien…—accedió—Hazlo ahora mismo.

Naruto lo miró aún más sorprendido, un sonrojo vertiginoso en su rostro, luego se abalanzó sobre él, abrazándolo, comenzando de nuevo aquél erótico y brutal vaivén.

—Maldita sea, Sasuke…!—su voz jadeante en su oído, el azabache se mordió los labios, esta vez intentando suprimir sus gemidos, de alguna forma sentía esta ronda más intima que la anterior vez—Eres tan…mh!—la voz del rubio perdiéndose.

Ahí estaba, embistiéndolo como si la vida se le fuera en ello, sujetándolo con tal fuerza que Sasuke sentía casi como si pudiera leer los pensamientos del rubio, su miedo a perderlo era abrazador, Sasuke lo sentía, y aquello lo enterneció de tal manera, que sin dudarlo dejó de nuevo salir sus gemidos, abrazando la amplia espalda bronceada con sus manos, casi arañándolo.

¿Qué estaba haciendo?

Naruto! mmh…!—jadeó en su oído, dejando salir todo de él—Naruto! Naruto…! Naruto…Mgh! —Su nombre en sus labios, con su voz ronca de placer, era lo que siempre había querido Naruto, y ahí estaba, pronunciándolo con tal desesperación y necesidad que lo llenaba, lo absorbía, lo llenaba de felicidad. Alzó el rostro, observando a Sasuke, que lo miraba con ojos entrecerrados de placer, un extraño brillo en el negro de sus ojos, sus labios entreabiertos jadeando.

Naruto sin dejar de embestirlo, sintiéndose deliciosamente apretado por aquella carnosidad, acercó su rostro al de Sasuke lentamente, avisándole, diciéndole de forma muda con el azul de sus ojos que planeaba besarlo, pero que ese beso no sería igual, que ese beso significaría mucho para él.

Y tal vez Sasuke no entendió aquella mirada, pero no apartó el rostro, no lo había apartado antes y no lo apartaría ahora.

Y lo besó.

Lo besó de forma tan lenta y abrasadora, introduciendo su lengua, sin ser de forma obscena, ni de forma remotamente salvaje, acariciando a la del azabache que la recibía con entrega, solo era eso, un beso, uno de corazón y de alma, con tantos sentimientos que Sasuke jamás lo comprendería por completo.

Y lo sintió de nuevo, aquél torbellino febril apoderándose de su bronceado cuerpo, el orgasmo los golpeó a ambos, de forma brutal.

—Sasuke…!—y con aquél último jadeo de placer pronunciando su nombre, el azabache sintió un escalofrío recorriendo todo su cuerpo y la inconsciencia lo llevó consigo finalmente.


En serio, en serio el quería descuartizar y matar lentamente a aquella jodida ave que estaba perturbando su placentero sueño, mientras el letargo lo abandonaba iba sintiendo como su cuerpo era extrañamente aplastado por un peso adicional e invisible, era increíblemente incomodo.

Sintió un aliento en su rostro, un olor familiar de repente.

Con un gruñido casi inaudible, prometiendo mentalmente extinguir a toda la raza humana con un Amaterasu en cuanto despertara, abrió los ojos.

Y se horrorizó.

¿Qué mier…?!

El rostro durmiente de Naruto lo recibió con un ronquido, su rostro tranquilo y satisfecho, la boca semi-abierta, el cabello extremadamente desordenado y las cortas pestañas rubias rozando sus marcadas mejillas.

Luego se tranquilizó, aunque odiaba que invadieran su espacio personal, el hiperactivo del rubio había dormido muchas veces con él, aunque siempre se negaba rotundamente, lo mandaba a otra habitación de su amplia casa, le tiraba el futón a la cara luego y le lanzaba un chidori, siempre terminaba rindiéndose, ¡Pero duermo solo en mi casa todos los días-tebayo! Y esa cama es muy fría…TAMBIÉN EL FUTÓN!

Frunció el ceño, siempre era tan infantil e insistente.

—ahhmm…Ram…en—balbuceó entre sus carnosos labios, Sasuke se encontró así mismo deteniendo su mirada un segundo ahí y luego pensó Si, muy infantil.

Decidió que ya que el jodido pájaro seguía sin callarse bien podría levantarse de una vez de la cálida cama…

La cálida y cómoda cama.

Gruñó de nuevo.

Posó sus manos en el colchón tomando impulso para levantarse, y junto con el dolor absurdo que aconteció su retaguardia y…todo su cuerpo, el recuerdo de la noche le cayó como un balde de agua fría. Si ya era pálido de por sí, imaginen como luciría su rostro en ese momento.

Olvida todo lo que pase mientras tengas esto atado a la muñeca, en cuanto te la quites, nada habrá pasado nunca.

Olvidaras todo…

Mierda, mierda, mierda, ¿Qué había hecho? ¿Qué…qué…qué? ¿OLVIDARLO? Claro!

Y con la misma rapidez que su rostro se puso de un pálido fantasmagórico, su cara adquirió un tono granate absolutamente potente.

¡Solo házmelo! ¡Estoy Ardiendo! Méteme algo.

Santa mierda.

Con la rapidez propia de un ninja, solo entorpecida con el dolor padecido por su cuerpo, se levantó de la cama, recogió su ropa del suelo con rostro perturbado, se vistió y se marchó con un salto por la ventana, sin mirar de nuevo aquél rostro bronceado.

Todo ante la mirada levemente adormilada y dolida de unos ojos azules.


En cuanto llegó a la mansión Uchiha, se sentó.

Diablos si, se sentó.

En la parte trasera de aquella casa, había todo un cultivo de tomates, tomates sanos y fuertes, se sentó en el tatami que bordeaba toda la zona de atrás de la casa, viendo fijamente los tomates.

Su mente en blanco, casi en shock.

Debía calmarse, él era Sasuke Uchiha, el no se alteraba, solo tenía que pensar con cabeza fría como diablos miraría ahora la cara de Naruto.

.

.

.

Solo quince minutos pasaron, quince minutos en los que Sasuke perdió el control y destrozó toda su casa, platos rotos, mobiliario chamuscado, cuadros descolgados, y quien sabe que más.

Y luego, se sentó de nuevo frente a los tomates.

Maldición, era Naruto, Naruto, incluso si hubiera sido Sakura quien lo hubiera sacado de su estado necesitado, en este mismo instante él estaría tan fresco y tranquilo como una lechuga, no le hubiera importado usar a Sakura y luego seguirla tratando como la simple amiga que era para él, pero su enamoramiento insano contribuyeron a un miedo irracional de que la joven se obsesionara con él tal y como era en su niñez.

Pero aunque hubiera sido Sakura, dudaba que se hubiera puesto tan cachondo, mierda, si se vino cuatro jodidas veces, y en la cuarta estaba seguro de que solo le quedaba un cuarto de droga en su cuerpo.

¿Qué coño haría?

Su estomago rugió, era obvio que su dosis de proteínas semanal se consumió totalmente la noche anterior, se sonrojó de nuevo.

Frunció el ceño y se levantó hacia la cocina destrozada, como si estuviera igual de limpia que siempre, y a mitad de camino, recordó que ni siquiera se había duchado, y se sonrojó de nuevo, esta vez con irritación, Dios mío, había sido Naruto, su amigo, su salvador, el insoportable que se le pegaba como chicle todo el día. Se lo había follado, joder. Y no solo eso, básicamente le había entregado su "virginidad", joder, ahora se sentía como una quinceañera.

Joder, joder, joder.

Subió las escaleras de su hogar con calma, tratando de no destrozar más la casa con otro arranque de furia.

Ya en su habitación se encaminó al baño colindante, y se desvistió con lentitud observando su reflejo en el espejo cuerpo entero a un lado de la ducha.

¿Qué mier..?!

Una marca totalmente violeta adornaba el lado derecho de su cuello. La marca era tan notoria que casi la sentía sonreír, casi la sentía burlarse de él.

Frunció el ceño aún más y sin dudarlo, con su puño certero, rompió el jodido espejo en mil pedazos, como si el pobre tuviera la culpa de sus desgracias.

Ahora no solo le dolía el culo, sino también la mano.

¿Por qué carajos no había embellecido la cara del idiota rubio con su puño anoche?

Suspiró, y notó algo extraño, mientras se acariciaba la pelvis desnuda con gesto de derrota, se sentía tan suave y limpia como siempre, como que si ayer no hubiera acabado cuatro veces sobre ella.

Bajó la vista, su marcado vientre estaba reluciente, y su miembro también.

Con una curiosidad que cada vez más iba rayando en la vergüenza, acerco su mano a su retaguardia, odiándose por tener que hacerlo.

Y estaba totalmente limpio, nada de semen, nada de nada. Y por mucho que detestara y al mismo tiempo le creara un extraño calor en el pecho, sabía perfectamente que el día anterior Naruto se había corrido dentro de él, dos veces.

Y mucho.

Se observó curioso su rostro deforme en el destrozado espejo, y como si una avalancha lo hubiera aplastado, fría e implacable, el entendimiento lo congeló.

Fue Naruto, el lo había lavado, estaba seguro, en especial porque había caído en una inconsciencia tan absoluta luego de haberse corrido una cuarta vez, era imposible que él mismo se hubiera bañado.

Había sido Naruto.

Maldición, es que su récord de vergüenza por día había sobrepasado el récord de Naruto en un año.

Suspiró de nuevo, con derrota, y como Dios lo trajo al mundo regresó a su cuarto y se vistió con la ropa más cómoda que encontró, toda negra, toda de algodón.

Bajó de nuevo a la cocina, pues el rugido en su estomago ya lo estaba desesperando.

—Yo! Sasuke~! —Saludó el peliblanco cómodamente sentado en su sillón chamuscado.

—Lárgate—dijo Sasuke al intruso, terminando de bajar las escaleras, ¿qué carajos hacia Kakashi en su casa?

—Me dijeron que ayer te encontrabas mal, vine a ver como estaba mi querido alumno—dijo pasando de él majestuosamente.

—Ya no soy tu alumno—respondió el azabache ya en la cocina, comenzando a picar las verduras.

Kakashi calló un momento, analizando la situación, Sasuke tenía un cuchillo en mano, así que mejor no irritarlo excesivamente, pero sin duda estaba más arisco que de costumbre. Pero él en verdad quería saber que había pasado, Shikamaru dijo que lo dejó con Naruto y que el enemigo le había dado algo durante la misión, demás está decir que el rubio no era el más indicado para practicar medicina en Konoha.

— ¿Qué ocurrió ayer, Sasuke? —Dijo esta vez serio—Te vi salir como alma que lleva el diablo del apartamento de Naruto—mintió a medias, pues si lo había visto, pero no por eso era su pregunta.

Y lo vio claramente, como Sasuke tensó los músculos de la espalda levemente, estaba de espaldas, pero sus orejas se pusieron rojas como el tomate que estaba picando en ese momento, y siendo tan blanco, casi brillaba de lo rojo.

—Lárgate—repitió el azabache con voz contenida.

Vaya, vaya, pero si parecía que sus queridos ex-pupilos estaban progresando, él en realidad no era entrometido, y aunque Sasuke era muy divertido de molestar, se contuvo de soltar algo como "La flor de la juventud", tipo Gai.

Mierda, ¿A quién engañaba? Si que era entrometido.

—Sasu-chan, Sasu-chan, estás muy agresivo, ¿Desde hace cuanto que no follas? —preguntó, atento a su reacción. Confirmando sus sospechas.

En vez del rojo granate anterior, sus orejas y cuellos se tornaron tan pálidas como si hubiera visto un fantasma, y su cuerpo se tensó aún más, como si fuera un palo.

Pero antes de que Sasuke destruyera su adorado y encapuchado cuerpo, cambió de tema.

—Necesito información de lo ocurrido en tu misión, Tsunade-sama está preocupada.

—Kakashi, no pasó nada, solo un jodido enemigo agarrándome con la guardia baja, estoy bien—Se concentró solo en lo segundo dicho y eso no le pasó desapercibido al peliblanco, que lo miró serio, aquello ya estaba tomando forma en su mente, y si era lo que imaginaba pues en ese instante Naruto debía estarse queriendo arrancar el cabello de cuajo.

El estado enamorado-no-correspondido de su rubio ex-pupilo era historia vieja para él, de hecho, él era el único que conocía su situación.

—Bien, si tú lo dices, entonces me voy—y tan pronto como apareció, desapareció en una bola de humo.

Sasuke suspiró, aquello había sido extraño, y el no era estúpido, sabía que Kakashi había notado su completa y total mala forma de disimular, ¿acaso no era un ninja? ¿Tan trastornado estaba que ya no podía ni esconderle cosas a Kakashi?

Con la mente perdida se sentó a comer la comida saludable a la que estaba habituado, cuando había estado en su habitación había notado que era ya de mediodía, y solo llevaba una hora en casa, ¿cómo es que había dormido tanto en casa de Naruto? Lo más tarde que se había parado en su vida era a las ocho de la mañana, que ridículo, el día se iba como agua.

Y entonces, mientras comía, y casi sin intentarlo, comenzó a pensar en lo ocurrido, en los susurros del rubio, su toque, su rostro lleno de placer, sus besos, sus embates, todo.

No es que le hubiera encantado... Y no sabía si se sentía arrogante, pero el recordar como Naruto lo abrazaba, su palpable miedo a perderlo, lo hacía sentir que era el rey del mundo o algo parecido.

Sasuke se levantó de la mesa, habiendo terminado de comer casi sin darse cuenta, no sabía cuanto llevaba ahí sentado, sentía el rostro tibio. Lavó utensilios y como amante del orden que era no permitió que su casa siguiera estando semi-destruida.

Limpio estantes, fregó pisos, recogió vidrios rotos, incineró el sillón ya chamuscado hasta que solo quedaron cenizas, recogió dichas cenizas, y entonces, solo entonces, subió de nuevo a su recamara, acostándose en el colchón con las manos tras su cabeza, satisfecho con su trabajo.

Recordó los tomates que crecían en su patio trasero, sonrió.

Mientras él no estaba, en su época obscura, Naruto dijo que él lo había hecho, había cultivado todo aquello, con sudor y sangre.

Naruto, que ni siquiera podía mantener su casa limpia y ordenada.

Todo era mucho más sencillo si actuaba como si nunca te hubieras ido o como si solo estuvieras en un largo viaje, y me hubieras encomendado cuidar tus plantas.

Sintió su corazón apretarse, aún no entendía a Naruto, ¿qué pretendía haciendo eso? ¿Cómo pudo follárselo? Y ni siquiera eso, no había sido una follada cualquiera, había sido abrasadora, llena de calor, llena de jadeos leves y entrecortados.

Lenta y rápida, tierna y brutal.

Y aquella sensación de no poder controlar su cuerpo, de necesitar que se lo follara, era casi absurdo pensar que había sido solo por la droga.

Pero había algo que no encajaba en la ecuación, Y eso era Naruto, ¿Cómo es que todo había acabado así? Es decir, el se negó al principió, pero Naruto no, actuó como si aquello fuera normal desde el principio, como si darle placer a otro hombre fuera normal y se había entregado totalmente, sus caricias, sus susurros, sus besos hambrientos y desesperados.

Sasuke había estado dominado por un afrodisíaco potente.

Pero Naruto no.

Oh Dios, mierda, joder.

Dios, oh Dios, oh Dios.

A Naruto le gustaba él.

¿Cómo no lo había notado?

Buscó con la poca coherencia que aún poseía algún momento que le indicara o que siquiera le diera una pequeña pista de la atracción que parecía despertar en Naruto, no encontró ninguno. O si los encontró, no quiso interpretarlos erróneamente.

Y más que asustarlo la posibilidad de ser objeto de deseo para Naruto, le aterrorizó el hecho de que eso no le molestaba, ni un poco.

¿Era debido al placer, qué se sintió como si Naruto lo quisiera? ¿O a la droga?

Pero justo esa noche, Naruto parecía tan entregado a él, tan entregado al placer que le otorgaba su cuerpo, el cuerpo de otro hombre, que no había otra forma de que aquello fuera posible a menos que Naruto sintiera algo por él, si prácticamente lo había devorado, y se lo había hecho dos veces, su propósito no era liberar a Sasuke de los efectos de la droga, eso ya era más que obvio, parecía casi como si Naruto estuviera aprovechando cada segundo de aquella situación. Y si él fuera el Naruto que él creía que era, jamás habría reaccionado así ante toda la situación, no era tan buen samaritano, no le haría eso a Gaara, ni a Neji, ni a Kiba, ni a nadie, ni siquiera a Sakura, jamás.

Y él era Sasuke, su mejor amigo, jamás habría puesto su amistad en peligro y sin duda jamás su polla se habría levantado como se levantó por Sasuke.

Y como se levantó…

¿Qué carajos haría? No podía simplemente actuar como si nada hubiera pasado.

Suspiró, y con su mano derecha acarició su frente surcada de arrugas disgustadas, sintió un tacto suave, apartó la mano.

Y ahí estaba, el pedazo de tela atado a su muñeca.

Olvidaremos todo…

Si, por supuesto…Lo olvidarían todo.

—Hn…Dobe—susurró el azabache con una mueca.

Sasuke miró a través de aquél ventanal que daba paso a la luz en su habitación.

Se sorprendió cuando sus ojos distinguieron los tonos magenta, anaranjados y azules, ya estaba cayendo la noche.

Y como un puñetazo en el estomago se dio cuenta finalmente de que Naruto no había ido a pegarsele como chicle ese día, ni siquiera había ido a hablar con él sobre lo ocurrido, o a preguntarle como estaba.

Y para persona directa, ahí estaba Naruto. Si hubiera querido verlo, hubiera ido, y sin ninguna clase de tacto lo miraría preocupado y le preguntaría si le dolía el trasero, o si los efectos de la droga ya habían pasado.

¿Acaso Naruto había dicho que "olvidaran todo" porque solo sentía simple atracción por el azabache? ¿Solo quería poseerlo esa noche? ¿Se estaba aprovechando de su estado lascivo?

No.

Eso era demasiado descabellado. Sasuke solo de pensar en Naruto aprovechándose de él, soltó una de esas roncas carcajadas tan poco comunes en él.

Sasuke sabia, no, de hecho, estaba seguro, que en el enorme corazón que poseía el rubio él era sino la persona que ocupaba el lugar principal, al menos era uno de los más importantes. Lo había sentido, joder, toda la desesperación y el dolor que le causó, y como la anterior noche se aferraba a él como si fuera a desaparecer.

Seguramente como un acto nada común en él le había dado espacio para pensar, o tal vez el rubio pensaba que esta vez Sasuke si que acabaría con él con el Amaterasu por lo que le había hecho.

Naruto tenía que sentir algo más allá que amistad por él.

Sasuke miró hacía su ventana de nuevo, observando como el azul casi desaparecía del cielo.

Y todavía no sabia que hacer.

Todo eso sin meter la pregunta más importante que debía hacerse.

Digamos que Naruto si sentía algo por él, bien.

Ahora…

¿Qué demonios sentía él?

No sabía, y no podía saberlo, las sensaciones, todo era una mentira, ¿Qué le garantizaba qué todo lo que sintió simplemente no fue producto de la droga?

Y, si, lo admitía, él quería a Naruto, era su amigo, su mejor amigo, tal vez el único que de verdad consideraba como tal, al único al que le permitía a regañadientes invadir su espacio personal, él único al que consideraba lo suficientemente digno como para entrenar o pelear con él.

Ese era Naruto, su amigo.

Y aunque la línea delgada entre la amistad…y el deseo sexual, tal vez era muy difusa ahora, él no creía haber sentido atracción por ese rubio sino hasta el día anterior.

Y dudaba que algo así se catalogara como sentimientos.

Había sido el más puro deseo sexual lo que sintió…

¿Pero y si tal vez sentía algo más?

¿Y si después de todas las trágicas consecuencias que le trajo a Sasuke el amor, la lealtad o el respeto, el se había cerrado a todo eso?

Regresó su mirada al pedazo rasgado de tela en su muñeca.

El no era idiota, sabía perfectamente que su corazón no era más que una masa obscura de nada después de haber perdido a toda a su familia.

Después de haber perdido a su hermano.

Aquél niño capaz de amar o de sentir algo más allá de camaradería lo más probable es que ya no existiera dentro de él.

Pero era Naruto.

Y tal vez, solo tal vez, el de verdad pensaba que si sentir significaba observar su amplia sonrisa o aquellos leales ojos para siempre, observar sus ojos tan cerca, como los observo el día anterior, no podría ser tan malo entonces.

Se sentó en el colchón, aún observando el pedazo de tela.

El dolor en su trasero era demasiado difícil de ignorar, aún más en aquella posición, pero esta vez, aquello no le causó irritación o vergüenza, seguía pensando en sus leales y azules ojos, su amplia y ridículamente perfecta sonrisa…en todo aquél resplandor que irradiaba.

Y tal vez…esta vez el pensó, que no le molestaba sentir ese dolor en su trasero, si con ello había sido capaz de llevarse un pedazo de aquél resplandor, de esa luz que irradiaba Naruto.

En realidad, ¿A quién engañaba? Se había sentido mejor que cualquier otra jodida cosa en el mundo estar con Naruto.

Y si quería comprobar si esa sensación solo había sido provocada por la droga, solo debía follar de nuevo con ese revoltoso para saber que sentía.

Y la idea no le desagradaba en lo absoluto.

Nop, para nada.

Así que con ese pensamiento en mente, se levantó decidido de su cama y saltó por la ventana hacía el exterior.

Tal vez el tenía algo sobre salir y entrar por las ventanas.

O tal vez estaba solo un poco impaciente por volver a ver a Naruto.