CAPITULO 3
Booth llamó una mañana a Brennan y le preguntó si le apetecía ir con Cam y con él a ver unos restos que habían aparecido en un parque cerca del Capitolio. A Brennan le pareció una buena oportunidad para conocer cuál era su trabajo. Así que aceptó y Booth pasó a buscarla al cabo de un rato.
-Te veo muy bien –dijo Booth cuando Brennan se subió al coche-. Te estás recuperando estupendamente.
-Gracias –dijo Brennan. La verdad es que las secuelas físicas no habían sido importantes, y después había tomado un aspecto que le satisfacía plenamente. Todos los días además salía a caminar, y su cara resplandecía.
-Nunca te he visto… así, excepto cuando has vuelto de alguno de tus viajes de muertos al extranjero.
-¿Viajes de muertos?
-Sí, esos viajes que haces de vez en cuando a cualquier parte del mundo para examinar esqueletos. Una vez te acompañé a uno, a China. Aunque lamentablemente no salió bien, y tuvimos que volver sin bajar siquiera del avión porque pillamos a un asesino.
-¿Nosotros hacíamos cosas así? –Brennan le miraba asombrada.
-Bueno, no exactamente. Surgió así la cosa y ya está –dijo Booth sin darle demasiada importancia –Ya hemos llegado, y por lo que veo Cam también.
-Me das demasiada información y no me la explicas: ¿quién es Cam?
-Tu jefa. Ahora te la presento.
Bajaron del SUV y se dirigieron debajo de unos árboles donde Cam ya estaba examinando los restos de un cadáver.
-Hola chicos.
-Hola Cam. He traído a Brennan a ver si esto le recuerda a algo. Brennan, ella es Camilla Saroyan, la jefa del laboratorio. ¿Qué tenemos?
-Hola doctora Brennan. ¿Estás bien?
-Creo que sí. ¿Qué es eso? –dijo Brennan con asco.
-Mujer. Entre 20 y 30 años. Múltiples fracturas en brazos y piernas. Por los restos de carne que todavía se conservan yo diría que la muerte tuvo lugar hace ocho o diez días, aunque el señor Hodgins lo estimará con más exactitud en el laboratorio. No puedo tampoco estimar de momento la causa de la muerte pero la cabeza tiene…
Cam vio interrumpidas sus conclusiones porque Brennan se volvió y vomitó con violencia. Tuvo que agarrarse a un árbol, y cuando terminó, se volvió muy dignamente mientras se tapaba la boca con un pañuelo.
-Lo siento. Es que me resulta… asqueroso, perdona por la palabra. No debo estar muy acostumbrada…
-Huesos –Booth se acercó y la miró con extrañeza-, tú trabajas con cosas peores, soy yo el que siempre está a punto de vomitar y tú la que te acercas al cuerpo y le tomas las muestras.
-Imposible –dijo Brennan-, me resulta repugnante lo que está haciendo Cam así que no puede ser. Lo siento, pero no puedo verlo. Booth, te espero en el coche.
Y dicho esto, Brennan se dio la vuelta y se dirigió al vehículo. Booth y Cam se miraron extrañados.
-¿Crees que recuperará la memoria? ¿De verdad? –dijo Cam.
-Bueno, eso dijeron los médicos. Y espero que sí, aunque si he de serte sincero, es tan… distinta que me cuesta acostumbrarme aunque sólo sea temporalmente. Pero tampoco me importa, si sigo siendo sincero.
-Bueno, sí, anda, ve con ella –Cam agitó una mano y le hizo ademán para irse-, ya te informaré por mail de lo que encuentre y después hablaremos del caso. Ahora intenta que no vomite en tu SUV. Es lo más valioso que tienes.
-Dios mío, tienes razón. ¡Brennan, cuidado con la tapicería! –dijo mientras corría hacia el vehículo.
Cam sonrió. Aquél viaje de Temperance Brennan hacia sí misma y hacia Booth prometía mucho… Y ella iba a ser una espectadora de primera fila.
Después de unos días de solemne aburrimiento en casa de Angela, Brennan decidió regresar a su apartamento. Se sentía extrañamente segura de sí misma, y cuando se lo comentó al psicólogo que la trataba en el hospital, éste le recomendó que se rodeara de todo aquello que hubiera formado parte de su vida en el pasado, aunque en principio no lo reconociera y pudiera confundirle.
Cuando abrió la puerta respiró hondo pensando en lo que habría al otro lado, pero curiosamente no sintió ninguna inquietud. Es cierto que no recordaba nada de aquella casa, pero la sentía como suya, no se sentía extraña cuando recorrió las estancias, abrió los cajones, se sentó en el sofá. Incluso había papeles encima de la mesa, documentos relativos a algunos casos que llevaba antes de su accidente, y pasó buena parte de la mañana hojeándolos.
En sus cajones y armarios encontró pocas cosas, pero muy interesantes. Le gustaba la buena ropa, tenía zapatos muy variados y poco maquillaje. Le debían de gustar mucho los collares étnicos, porque tenía un cajón lleno. Eso le gustaba, y además cuando se los probó descubrió que le sentaban bien. Mientras lo hacía se miró al espejo. Se había mirado en ese espejo siempre, cuando se vestía y cuando se ponía esos bonitos collares. No se miraba mucho, lo justo, no tenía vanidad para ello. Se vio en aquel espejo peinándose, probándose ropa. Fue sólo un instante, pero se vio. Y por un momento se asustó. Los recuerdos comenzaban a volver, lo sabía. Y sintió miedo por un instante.
Su primera reacción fue coger el móvil y marcar el número de Booth. ¿Por qué?, se preguntó cuando vio su nombre en la pantalla. ¿Confiaba o había confiado tanto en Booth como para acudir a él sin dudarlo cuando se sentía mal? A lo mejor le molestaba con una tontería, pero de todos modos dejó que el teléfono sonara.
-¿Ocurre algo, Huesos? -dijo Booth en cuanto cogió el aparato.
-No, no te preocupes, Booth, no es nada. ¿Puedes hablar?
-Sí, estoy en el despacho. ¿De verdad no ocurre nada?
-Verás, es que creo que he empezado a recordar.
-¿Qué?
-Sí, es muy curioso, me he mirado en el espejo...
-¡Eso es genial! ¿Cómo te encuentras?
-Un poco... confusa. No han sido recuerdos muy claros, pero sé que todos los días me miro en este espejo, y sé dónde tengo el cepillo de dientes y mis cremas...
-Huesos, eso es exactamente lo que te dijo el psicólogo. Es un camino que recorrerás poco a poco y al final encontrarás todo lo que crees perdido ahora.
-Lo sé. Sólo quería que lo supieras.
-Me alegro mucho, Huesos.
-Sí. Hasta luego entonces.
Brennan dedicó el resto del día a descubrirse a través de sus cosas. La verdad es que conocerse a sí misma a través de objetos estaba resultando muy interesante y le ayudó a formar una composición de su personalidad. Era ordenada, meticulosa, cuidadosa, todo en orden y concierto en su dormitorio, en su cocina. Tampoco debía parar mucho en su apartamento, todo era relativamente nuevo, y vivía sola, porque no había ninguna maquinilla, o albornoz, u otro cepillo de dientes. Era independiente y capaz, por lo que veía. Le gustaba mucho la lectura, había prácticamente de todo, aunque sobre todo libros científicos, también de antiguas culturas y lugares lejanos. Porque recordaba dónde estaba situado cada país que había visitado (y en su mente había muchos países distintos y distantes), y además cuando encontró su pasaporte vio que había muchos sellos, señal de que había salido del país en muchas ocasiones.
Al final de la tarde estaba mentalmente agotada. Algunas cosas fluían a su mente, pero con otras tenía que hacer un poco de esfuerzo concentrándose para que vinieran a ella, continuarán dándole información, seguir recordando. Cuando cayó en su cama, un olor familiar la embargó, se dejó llevar por el sueño y durmió profundamente hasta bien entrada la mañana.
Mientras desayunaba, revolvió en su bolso para ver lo que había. Apenas lo había mirado el día anterior, y descubrió poca cosa: el móvil, una cartera con sus documentos y dinero, una linterna, una goma para el pelo, algunos papeles sin importancia, y su tarjeta de identificación del Jeffersonian. Decidió entonces pasarse por allí, con su tarjeta no le impedirían la entrada, y así podría visitar su lugar de trabajo.
Tomó un taxi hasta el Jeffersonian y entró sin dificultades hasta el laboratorio. En la plataforma estaban Hodgins y Zack trabajando, y Brennan subió las escaleras decidida. Fue entonces cuando sonó la alarma con gran estruendo.
-¡Doctora Brennan! -dijo Zack cuando se volvió a descubrir la causa de la alarma y la vió parada en las escaleras- ¿Qué hace aquí?
-Yo, es que... -Brennan se había quedado parada sin saber qué decir. Mientras Zack se acercaba y pasaba la tarjeta por el lector, recordó aquella escalera, la sensación de caer de espaldas, el miedo le hizo abrir la boca para tomar una bocanada de aire y se asió del brazo de Zack- ¿Qué le ocurre, doctora Brennan?
-Siéntala un momento, Zack -dijo Hodgins ayudando a la doctora- Creo que puede estar teniendo una regresión hacia el momento de la caída y por eso no te responde.
((((((((((((((Gracias por todos los comentarios. Ayudan un montón aunque no lo crean!!!)))))))))))
