Kazanari Tsubasa es uno de los nobles más influyentes en Japón. Pudiendo tener a quien quisiera a su disposición escoge a la única mujer que no sigue sus normas.
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Seducción
[Capítulo 2]
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Escrito por Alondra Scarlett
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—Es insoportable—Proliferó María ya bastante alejadas del salón, con dos chicas observando su pequeña rabieta.
—Pero debo reconocer que el Noble Kazanari es apuesto y tiene agallas—Confesó Serena sorprendida, aún sin creerse que aquel hombre pudiera haber roto la distancia tan monumental entre él y su hermana para besarla, así fuera en la mejilla.
—Y yo debo reconocer que jamás lo vi interesado en alguien.
— ¿Lo conoces? —Preguntaron las chicas de ojos verdosos sorprendidas.
—Todo el mundo lo conoce—Dijo aquella chica rubia con naturalidad—Su familia es la más influyente en Gungnir y él tomará el liderazgo una vez que el Señor Fudou muera.
—Ya veo de dónde salió lo ególatra—Murmuró la peli-rosa para sí, pero ninguna le escucho.
—De hecho fue él quien me enseñó a usar el kusarigama—Este comentario atrajo la especial atención de la mayor—Me dijo que si realmente quería aprender, él me enseñaría, que ningún hombre estaba por encima de ninguna mujer y si yo lo quería podía incluso ser un caballero, un noble o un señor—Hizo referencia al hecho de que era la protectora de la menor de la familia Tsukuyomi, pero ella no fue capaz de analizar el trasfondo de los últimos dos títulos.
— ¿Te sigue pareciendo insoportable? —Pregunto Serena alzando la ceja.
—Serena, basta. Pareciera como si me lo estuvieras vendiendo y Kirika—La chica de ojos jade se sentó recta en su lugar—Ni una palabra más acerca del Noble Kazanari. ¿Entendido?
— ¡Si, claro que sí! —Su mano se extendió frente a su frente como si hablara con su coronel.
Hablaron de diversos temas, pero, sin realmente querer, María termino recordando las palabras de Serena, y a su vez, comparando al Noble Kazanari Tsubasa y al Doctor John Wayne Vercingetorix, mejor recordados por ella como Tsubasa y Ver. Dos hombres bastante diferentes y similares a la vez.
Ambos gozaban de riqueza y prestigio y ambos daban la impresión de creer que todo estaba bajo su control, ciertas cosas lo estaban, pero eran pocas. La diferencia aquí era que Ver. Es un médico de bastante reconocimiento en la región de Airgetlám en Serbia el cual le propuso matrimonio en incontables ocasiones, siendo rechazado por María al notar que este no apreciaba a las mujeres en lo absoluto. Tsubasa por su lado tenía su fama debido al linaje familiar y su dinero, pero según lo que Kirika le soltó recién, a diferencia de Ver, él sí apreciaba a las mujeres así ella se viera que, al igual que al doctor, gustaba de seducirlas.
Era algo completamente incongruente una vez que atabas los cabos, algo faltaba en esa historia, ¿cuál era la pieza faltante? No lo sabía y posiblemente la única manera de averiguarlo sería acercándose a Tsubasa pero no lo haría, no cedería a sus caprichos, ella no sería un objeto sexual y menos de un hombre. Porque, así jamás lo dijera en voz alta por el miedo a ser ejecutada, marginada o exiliada, María nunca encontró a ningún hombre atractivo o atrayente para ella, pero eso no significaba que jamás perdiera la razón por alguien, porque la razón la perdió muchas veces… Siempre por otras mujeres.
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Se dejó caer sobre la silla del salón con una impecable sonrisa mientras se servía otra copa de vino y recordaba lo que había pasado hace unas horas.
Eran ya las cuatro de la mañana y el salón ya estaba vacío, las doncellas se habían ido a dormir y los nobles fueron recogidos por sus guardianes o sus esposas. Tsubasa, junto a la doncella de la familia Amou, Kanade, se habían quedado limpiando, la primera para evitar que la segunda se fuera sola, y ésta se había quedado a arreglar un poco y no dejarle todo el trabajo a los sirvientes.
—Te veo muy feliz—Dijo Kanade—Y seguro que será interesante de escuchar. ¿Alguna nueva conquista?
—Una nueva aventura—Sonrío balanceando la copa entre sus dedos.
— ¿Debo preguntar?
—Las chicas extranjeras con las que platicaste un poco. La mayor, María.
—Yo pensé que irías por Serena—Dijo con el ceño fruncido. ¿Cómo es que podían hablar tranquilamente de las conquistas de la peli-azul sin que ésta chica de cabellos rojizos se ofendiera? Simple, ella también sabía el secreto de Tsubasa.
Estando en pleno 1890 los matrimonios de nacimiento todavía eran válidos, por tanto Kazanari Fudou comprometió a su nieta en matrimonio antes de poder haber nacido. Al descubrir que ambos bebé eran féminas el contrato se rompió, más sin embargo con el deseo de expandirse, los Amou volvieron a los Kazanari. Con el estado del actual líder la decisión seguía en disputa, además de que estaba el hecho de que Tsubasa ya era mayor de edad y que, con la posición que tenía, no podían obligarle fácilmente a cumplir un contrato que fue roto veintiún años atrás.
En un intento de convencerle informaron a su primogénita, Kanade, acerca de la verdad del heredero Kazanari. Las negociaciones fallaron y si bien ambas chicas habían despotricado toda su faena, no tenían ninguna clase de relación oficial, pero dado a que muy difícilmente Tsubasa encontraría a otra mujer para seguir con esa farsa, ella estaba casi obligada a que, al momento de contraer nupcias fuera con Kanade.
Kanade por su lado, utilizaba mucho esto para alejar a todos aquellos pretenciosos, pero no quitaba el hecho de que ambas se declarasen solteras a pesar de las grandes insinuaciones que habían hecho a una ficticia relación entre ellas con el simple propósito de tener una larga vida asegurada. Siempre podían decir que querían algo de privacidad.
—Creí que me conocías—Dijo Tsubasa mientras le servía igualmente una copa a Kanade—Me gustan los retos.
—Pues María-san sí que será todo un reto. Parece que le desagradas.
—No le desagrado yo—Respondió simple tomando un sorbo—Le desagrada mi apariencia, así como a ti te desagradan los hombres.
Al segundo siguiente ya tenía a la pelirroja tapando su boca.
— ¡Idiota! ¡¿Quieres que mi familia me mate?! —Grito en un susurro.
—Te he dicho que dejes de ir a la iglesia—Le dijo retirando suavemente la mano de su boca—Te pone paranoica. Seguramente tu padre ya sabe que virgen no eres, y eso gracias a mí, pero aun así me torturen no diré nada sobre ti, se cuidarme, se cuidarte, tranquila.
—No tan bien al parecer. ¿No recuerdas que Chris-chan te descubrió?
—Ese fue un desliz, nadie más me ha atrapado.
—Cosa que todavía no entiendo. Prácticamente has estado en las sabanas de más de la mitad de las doncellas de la villa ¿cómo fue que solo Chris-chan te descubrió?
—Yo siempre pongo mis condiciones y aquella vez con Yukine perdí el control, solo eso. Además a Yukine no le importó realmente.
—Corres con una suerte…—Masculló.
—Lo sé—Respondió tomando el último sorbo de la copa, sirviéndose una vez más.
— ¿Y si María-san se entera de que…?
—Oh, créeme, ella se enterara...—Respondió simple—...solo que será una vez que ya no pueda escapar.
—Eres cruel...—Dijo Kanade con burla.
—Solo de vez en vez.
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Pasó una semana y María y Tsubasa no volvieron a encontrarse. La primera ya se había olvidado parcialmente de Tsubasa y ésta pensaba en alguna manera de saber un poco más de ella pero no lograba recordar más allá del hecho de que era amiga de la doncella Shirabe Tsukuyomi y su "dama de compañía" –si es que le podía llamar así– Kirika Akatsuki. Consideró el hecho de que se hubieran ido pero nadie entraba y salía sin que se dieran cuenta, Gungnir no era muy extenso y todos se conocían entre sí en menos de 1 día, y el hecho de que tan bellas damas pudieran salir sin escuchar a alguien lamentándose, en especial a Kanade, era imposible.
Miro la hora que marcaba el reloj en la pared, eran ya las cuatro de la tarde, debía reunirse con Kirika Akatsuki en media hora para continuar con sus entrenamientos. Se cambió a unas ropas más holgadas y menos formales, tomó la katana que ella misma había forjado y dejó la mansión en dirección a los establos, iría por su fiel corcel.
Atravesó la finca en un tiempo bastante corto, pero con el ajetreo que había en la villa se obligó ir lento mientras pasaba por el punto clave. La finca de los Kazanari marcaba prácticamente los confines de la villa al igual que la finca de las familias Tsukuyomi y Kohinata, solo que la primera familia estaba en el extremo opuesto de donde residía Tsubasa. Varias personas le saludaron de camino y ella respondió el saludo, ahora razonaba que le había mostrado su peor cara a María y posiblemente ya tendría siete puntos negativos, aunque le atraía la idea de llegar a los cien puntos positivos. Tenía el desconocido tiempo de residencia de ambas hermanas en contra, pero deseaba que tuviera el suficiente tiempo para el plan que tenía: el enfrentamiento directo y sutil.
¿En qué consiste? Tsubasa ya le había aclarado que estaba detrás de ella, ya le había prometido que ella sucumbiría, que le haría sucumbir, por lo tanto, ya no tenía la necesidad de disfrazar sus acciones y podía ser lo más directa posible frente a todos, cosa que le ayudaba.
Todos sabían que se había enrolado con la mayoría de las doncellas, pero no podía comprobarse nada. Nunca dejó marcas, nunca fue vista, y al no tener cierto miembro, el himen de todas las chicas estaba intacto, cosa que igualmente les favorecía a ellas ya que, entre comillas, su virginidad estaba intacta. Esto igualmente le convenía, nunca le tocaban y escudándose tras el falso honor de las doncellas, ocultaba sus carencias, y como se dijo antes, hubo una vez en la que la pasión le cegó y le hizo perder el control. Yukine Chris fue la responsable de esto. Por su lado Kanade sabía que era mujer desde el principio así que realmente no hubo bronca alguna. En conclusión, Tsubasa había corrido con bastante suerte, además de que el mostrar públicamente que estaba interesada en María podía cambiar su percepción en la misma, y al mismo tiempo, disipaba esas realidades disfrazadas de rumores que andaban de boca en boca de aquellos que querían cortejar a aquellas doncellas, quedando todo en un secreto entre las involucradas.
Ahora su principal obstáculo era encontrar a quien provocaba todos estos planes y comenzarlos.
—Ya pensaré en algo—Se dijo llamando a la puerta de la mansión Tsukuyomi, fue su aprendiz quien le atendió. Una chica de cortos cabellos rubios y ojos de brillante jade, con una altura promedio a sus diecisiete años. Sus ojos brillaron aún más cuando la vieron y se lanzó a un abrazo, el cual ella correspondió brevemente antes de separarla, rehuía mucho del contacto físico con personas que eran bajas de estatura comparado con ella, mientras que con las persona de estatura similar o superior no había problema alguno.
—Que gusto verlo, Kazanari-san—Dijo ella con gusto.
—Igual me agrada verte—Y no era mentira.
Tsubasa había conocido a Akatsuki Kirika cuando ésta tenía diez años, quejándose sobre las estúpidas reglas que regían en Gungnir. La segunda vez que la vio, estaba golpeando un árbol, algo que no tenía ninguna lógica pero igualmente le llamó la atención, por lo que al día siguiente regresó solo para encontrarla con las manos vendadas haciendo bastantes lagartijas, abdominales, sentadillas, etc. Después de una semana la encontró en el mismo lugar usando una rama como alguna clase báculo en contra de un enemigo imaginario. Fue al doceavo día de observación cuando finalmente decidió acercarse y después de amenazarle con acusarla con una autoridad si no le decía porque demonios se hacía daño a lo estúpido descubrió la más noble intención en alguien tan pequeño.
En esos tiempos ella tenía catorce años, habían pasado ya siete años desde que se dio conocer al público como el heredero de la familia Kazanari y su contacto con los demás estaba más que limitado debido a los cambios físicos que se presentaban a esa edad, por suerte su voz se había agravado un poco más en lugar de agudizarse.
Kirika le había explicado que había sido criada de la familia Tsukuyomi desde que tenía cinco años para ser la eterna compañera de juegos de su hija menor, Tsukuyomi Shirabe, pero que recién hace unos días le informaron que su hija ya no necesitaba una compañera de juegos y que a menos que tuviera algo mejor que ofrecer, debería dejar la casa una vez que Shirabe cumpliera los doce, al tiempo que le otorgarían un caballero protector como era tradición. Era bastante cruel, pero así era el mundo.
Tsubasa se sabía lo suficientemente inteligente para saber que si lograba pasar un tiempo prolongado con ella sin que descubriera su secreto tendría esa libertad que tanto anhelaba y podia al mismo tiempo socializar y no destruir la "amable" reputación del clan Kazanari, esto sin contar que la historia de esa chica le había tocado. Según lo que había podido ver en esos días, ella podría valerse por sí misma en las calles e incluso unirse a una caravana de gitanas que pasaba por la villa por lo menos dos veces al año, pero ella no deseaba eso, ella deseaba poder pasar todo el tiempo del mundo con su adorada señora, con la cual, inevitablemente, se había encariñado, y por cómo hablaba de los recuerdos que poseía a su lado, era obvio que esa tal Shirabe igualmente la quería, pero el problema residía en que no tenía voz ni voto, hasta donde sabía, la familia más cerrada de mente de todas las familias en la villa era la familia Tsukuyomi, por tanto las mujeres no eran más que un objeto y así fuera Shirabe la consentida, tenía dos hermanos mayores los cuales podían romper sus peticiones con una sola palabra.
Así que si los Tsukuyomi querían un caballero protector… Pues Tsubasa se encargaría de entregarles el caballero más confiable con la más enorme lealtad a su hija, incapaz de lastimarla, uno que siempre procuraría que siempre sería feliz, pero claro, tendría sus condiciones, comenzando con que no sería el hombre predilecto.
—Comencemos el entrenamiento de una vez—Dijo Tsubasa con porte algo serio pero igualmente cariñoso al acariciar la cabeza de la chica.
—Iré a cambiarme de inmediato, mi kusarigama está donde siempre.
—Lo iré lustrando—Respondió ella mientras caminaba lentamente, con toda la confianza del mundo al reloj que marcaba el "Tic Toc" de los segundos removiéndose de su lugar sacando dicha arma sonriendo con nostalgia al notar como el paso de los años se marcaba en el mango y en lo opaco que ya estaba el peso.
Después de acordar que entrenarían en las noches, cuando nadie pudiese verlos, en el mismo lugar en el que la rubia iba cada puesta de sol, comenzó el más duro régimen que Tsubasa pudiera crear para pulir a una guerrera en dos años. Hubo bastantes problemas, para empezar la nula resistencia física que la rubia poseía. Trabajaron en eso por meses hasta que la peli-azul pudiera sentirse satisfecha y pasar a los siguientes dos puntos: Escoger un arma y crear su propio estilo.
Esto último fue lo que más le costó. Invitando a los Tsukuyomi a una cena para entablar lazos, desapareció de la fiesta con Kirika con el propósito de buscarle un arma que se amoldara a ella. En un principio la Kazanari prefirió que fuera la espada al igual que ella, pero no tenía la altura suficiente y además de que necesitaba una rapidez y una agilidad que no adquiriría a menos de que pasara otros cinco años entrenando en ello, años de los cuales que no disponía.
Intentaron con todo, desde el Bo hasta las tonfas, ninguno se adaptaba con ella, terminaba hiriéndose a sí misma y Tsubasa ya sentía que había desperdiciado siete meses de su vida hasta que los ojos jade de Kirika se toparon con la kusarigama oxidada del hogar, si bien también se golpeó con el peso del arma varias veces seguidas al igual que a Tsubasa, fue con la que menos problemas tuvo al manejar y con la que menos se hirió.
Después de esto la Akatsuki tuvo que fundir su propia kusarigama, puesto que la variedad de armas en la mansión Kazanari eran ancestrales y usarlas estaba prohibido, exceptuando claro, cuando se necesitaba encontrar el arma especial de cada guerrero, además de que el clan creía que se peleaba con más pasión al forjar tu propia arma. Y finalmente, al noveno mes, Kirika Akatsuki comenzó con la parte más dura de su entrenamiento, el saber pelear.
Fueron muchas las veces en las que la rubia estuvo por rendirse, pero por permanecer a lado de su señora se levantaba cada vez que daba todo por perdido, cosa que Tsubasa admiro desde el inicio y le llevó encariñarse con esa niña, haciendo el hecho de entrenarla más personal. Matando más de dos pájaros en un tiro, igualmente perfeccionó su técnica en la espada y en diversas armas, (así la espada siguiera siendo la predilecta) como también comenzaron a darle más libertad a su vida y fue finalmente cuando Shirabe cumplió doce años que todo rindió frutos.
Se hizo un gran banquete en honor a su hija la cual ya tenía doce años y ya era apta para el matrimonio según las tradiciones. El plan del señor Tsukuyomi era poder anunciar al nuevo caballero predilecto, que incluso había preparado para casarlo con su hija, como es de esperarse dicho plan fracaso.
El pañuelo lustró la poca suciedad que tenía el kusarigama y la hoja le devolvió el reflejo de sus ojos azulados en donde los recuerdos seguían tan frescos como la sensación de la piel de María en sus labios.
Justo cuando el Noble Tsukuyomi estaba por anunciar al Noble Shul Shagana, fue cuando Tsubasa, en su rol de Noble Kazanari, que hizo sonar la copa en la que le habían servido hidromiel, atrayendo rápidamente la atención de todo el mundo y soltó en discurso más épico que alguna vez alguien fuera a soltar, en donde, en palabras sofisticadas anunció a Kirika Akatsuki como la protectora de Shirabe Tsukuyomi dejando a muchos especulando, y soltando cada quien sus opiniones. El noble Tsukuyomi quedó rojo del coraje y con el poco autocontrol que le quedaba le desmintió, cosa que ya estaba dentro del plan de Tsubasa.
Tsubasa siempre se consideró inteligente, era una experta en leer el lenguaje corporal y deducir lo que una persona pensaba simplemente por cómo movía los ojos, teniendo un 73% de acierto, fue por eso que al escuchar todo lo que Kirika despotricaba acerca del Noble Shul Shagana decidió investigarlo, fueron muchas las cosas que encontró, una de ellas, que el título de noble solo lo conservaba porque nadie se había dado cuenta aún de su pobreza. Su familia quedo bastante mal parada después de la guerra y buscaba arreglarse mediante un matrimonio. Fue que, sumando todo esto, logró que Shul Shagana se enfrentara contra Kirika. El hombre jamás había peleado y menos con un arma, solo sabía lo básico, lo cual hubiera sido suficiente de no ser porque Kirika fue entrenada durante tres años por el mejor espadachín de la familia Kazanari de las últimas cuatro generaciones.
La batalla fue rápida y la rubia solo se abstuvo de matar al hombre por las órdenes del Noble Tsukuyomi, hombre que seguía siendo su señor. Si bien era evidente que Kirika era mejor, el padre de Shirabe era orgulloso y no podía dejarse vencer, así que no quedó más que desenmascarar al estafador y al mismo tiempo apelar a favor de Kirika haciendo que Shirabe eligiera a su protector. La respuesta es más que obvia, pero ahora había quedado Tsubasa como uno de los candidatos a matrimonio con Shirabe, cosa que con la que fue amenazada después por su aprendiz y que le había fastidiado igualmente a ella, le llevaba prácticamente cinco años a la chica, aunque considerando que el Noble Shul Shagana le llevaba casi ocho años suponía que la edad era una de las cosas que menos le importaba y siendo los Tsukuyomi como eran, revelarles que era mujer no sería una muy buena idea, estaba segura.
Aunque, ahora que lo pensaba, fue a raíz de ese evento que comenzó su vida de juegos de seducción. Ya estando sin nada que hacer, sintiendo que había hecho todo, que las mujeres comenzaron a acercarse a ella y Tsubasa no pudo rechazarlas. Cuando notó que tendría que llevarlas a la cama sin que se enteraran que era mujer que comenzó uno de sus pasatiempos en los que se jugaba la vida, pero que le hacía tener la adrenalina al máximo; jugar, seducir y controlar.
Escucho los pasos apresurados y enérgicos de Kirika acercarse por lo que, con una sonrisa, se puso de pie y tomó su kusarigama dándose la media vuelta entregándoselo mientras salían al patio exterior. Ya todos sabían que Tsubasa le entrenó y le seguía entrenando, por eso pocos reclamaban, además de que podían entrenar libremente en donde quisieran, siempre y cuando no se alejaran mucho de la doncella Shirabe.
— ¿Estás lista? —Pregunto Tsubasa con una sonrisa.
— ¡Puede apostarlo, dess! —Y con esto, la batalla daba inicio.
Esto quedó demasiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaado largo, me emocioné de más cuando escribí la historia de Kirika pero bueh~~ No se acostumbren, si bien trataré de hacer los siguientes capítulos un poco más largos, algo en mi ser me dice que con suerte pasarán los 2K de palabras. Pero sepan que haré mi mejor esfuerzo. El capítulo siguiente ya sería el último de introducción en los que simplemente plantearé las posturas de Serena y Kanade ante las acciones de Tsubasa así como ligeras menciones al HibiMiku xD
El saludo especial del día de hoy va para Love novels que me dejó un review en la madrugada que leí justo cuando me levanté para alistarme al colegio así que tuve la oportunidad de enseñarselo a quienes me ayudan con esta historia, que sepas que nos hiciste el día ;)
Los dejo por ahora, ya saben que los REVIEW son siempre bienvenidos por lo que les dejo el pequeño recordatorio de que...
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