Rendirse
Ser amiga de Ron Weasley implica muchas cosas. Implica tener una paciencia de oro, eso es cierto; insistir día sí día también en que no hay nada de malo en estudiar tres semanas antes de los exámenes y que no, no vas a dejarle copiar tu redacción de Historia de la Magia.
A veces Ron se enfurruña. De hecho, siempre lo hace. Se enfada, sus orejas enrojecen y despotrica llamándote marimandona o sosa o alguna tontería más grande. Ser su amiga no debería, pero implica contestarle cosas peores. Acusarle de vago, perezoso y asegurarle que, de no ser por ti, siempre suspendería las asignaturas.
Ser su amiga es cruzarte de brazos, escuchar un "¡olvídame!" y decir "¡perfecto!", y mirar al suelo. Es ver como Harry os mira preocupado, agitar la cabeza y procurar que no se de cuenta de que tus ojos queman un poco, sólo un poco, después de discutir con Ron.
A veces Harry simplemente cambia de tema, sentado en el sofá de la sala común, con cara de circunstancias. Empieza a hablarte sobre Quidditch o sobre lo especialmente rico que estaba el desayuno esa mañana. Tú sueles asentir, sentarte a su lado y entablar una conversación perfectamente normal y serena porque, seamos francos, eres Hermione Granger; estás demasiado acostumbrada a discutir con Ron como para que te afecte.
Vuelves a verle durante la cena y no le hablas, no le miras. Porque estás cansada de que sea tan orgulloso y que nunca se disculpe en condiciones. Porque tú siempre tienes razón. Tú lo sabes. Y él lo sabe pero no es lo suficientemente maduro como para admitirlo.
Pero ser amiga de Ron Weasley no implica simplemente quedarte de brazos cruzados esperando una disculpa; ni es levantarse al día siguiente como si no hubiera pasado nada. Ser amiga de Ron Weasley implica quedarse hasta muy tarde leyendo en la sala común donde ya no hay nadie, sabiendo que a las once y cuarto se oirán pasos en la escalera que conduce a la habitación de los chicos.
Y es levantar la mirada como si no esperaras que fuera a aparecer. Es ver como él titubea y cerrar el libro olvidándote de marcar la página.
Ser amiga de Ron Weasley implica precisamente eso, rendirse. Mandar a paseo al espíritu Granger, levantarte, caminar erguida hacia él, mirarle con el ceño fruncido y decirle "eres un cabezota".
Ser su amiga, sorprendentemente, es la rendición. Y es notar como él niega la cabeza pero cuela una mano bajo tu pelo, justo en tu nuca, y te acerca y te besa.
Es discutir. Dos o tres veces al día, dependiendo del momento. Seguir el ritual que nadie sabe cómo empezó, que se repite cada noche a las once y cuarto en una sala iluminada por las brasas.
Ser su amiga implica sentir labios, sentir lengua, sentir sus manos en tu espalda. Acabar, a veces, mal sentada en uno de los sillones, con Ron prácticamente tumbado sobre ti, abrazándote con fuerza y haciendo que todo huela a ranas de chocolate.
Sabes que no es normal.
Que eso pase.
No, no es normal. Y menos que nadie se lo cuente a Harry, y que al día siguiente volváis a discutir y vuelvan a quemarte los ojos.
Porque demonios, nadie te avisó de que, cuando agradecieras a Ronald Weasley que te hubiera salvado del trol, tendrías que aceptar todas estas condiciones. Pero fuiste tú, precisamente tú, quien decidió ser su amiga. Desde el mismo momento en que le dijiste que tenía manchada la nariz.
Esto es todo por hoy. Gracias por vuestros reviews.
Dreamkat
