Hola, aquí está la continuación :D

Gracias por los reviews:

Setsuna17, kuroneko-88, aya-pame-kagxinu, UpZzZ pAlEtItA, Paulaa D y a alguien que no puso nada como nombre xD

Bueno, les dejo que lean ya :]!


—Bien ¿Dónde vives?

No iba a esperar toda la eternidad.

— ¿Dónde vivo? —repitió con un tic en el ojo. Sinceramente, era demasiado gracioso verla así de enojada.

—Trató de protegerte—dije aparentando indiferencia. Me di cuenta de que fruncía el ceño cada vez más a medida que mi interés afloraba, debido a que me disgustaba que algo llamara tanto mi atención. Era…extraño.

Por el rabillo del ojo observé que la muchacha me miraba reiteradamente, tal vez en un debate interno ¿Esta humana no me temía? En seguida, bajó la cabeza mientras su cabello color ébano le cubría parte de su rostro.

—No necesito de tu ayuda—susurró casi ininteligiblemente, pero subió su rostro de manera retadora, después de unos cortos segundos.

Al instante, advertí una fuerte personalidad. La mortal parecía tener valentía en demasía y no pavor como debe de tener un humano razonable y con un buen sentido de supervivencia. La situación se me iba de las manos, ya que no quería ser rudo con la chica y, sin embargo, tenía que serlo, puesto que ella no tenía ni un mínimo resquicio de respeto hacia mi persona. Ja, los humanos tientan su destino.

—Tendrás que aceptarla—dije bruscamente, estirando mi mano (en un mero acto cortés) hacia la salida del callejón, con el fin de que ella me siguiera.

—Ya te dije que no necesito tu ayuda.

No obstante, la chica escudriñó la salida que le había señalado con suspicacia y me dirigió una mirada de resentimiento, después. Con paso apurado caminó, casi corrió, a su medio de escape, no sin antes rozar sus cabellos en mi rostro al pasar cerca de mí. El aire se arremolinó en mis fosas nasales junto al exquisito aroma de su cabellera. ¡Rayos, así no podía concentrarme en lo que decía!

—Créeme, hay seres más peligrosos que mi hermano y yo—su respiración se entrecorto y juraría que la mía también, aunque sea sólo instintivo—. Agradece por estar viva ahora y que te hayas topado con vampiros como nosotros—bueno, al menos yo, ya que no podía decir lo mismo, en todo su término, de mi hermano.

Se detuvo a medio camino y percibí el movimiento de su puño al cerrarlo, a pesar de que no podía verle. Sabía lo que sucedería.

—Está bien—dijo a regañadientes.

Los humanos, simplemente, son predecibles.

— ¿Qué quieres de mí?—levantó su mentón con resolución mientras que se giraba para mirarme—. Pienso que es muy extraño que un vampiro de tu clase quiera entablar relaciones con una humana ordinaria.

V-a-y-a. Había subestimado a la chica y esta, además de poseer un carácter fuerte, resulto ser muy perspicaz. Ella no era la típica humana predecible que había imaginado. Ella era mucho más.

Me gusta.

—Sólo es un modo de compensarte—suspiré con desgano—, ya que mi hermano te ha causado muchas molestias.

—Es raro, esto—dijo cerrando sus párpados con fuerza—. Eres un vampiro.

— ¿Nunca pensaste que existiéramos?

Di unos pequeños pasos hacia adelante en un intento de que ante mi inminente proximidad ella abriría sus ojos y al fin podría verlos y consigo sus expresiones. Ver más allá de una simple mirada. La joven ni se inmutó ante mi amenazante posible cercanía y siguió con los ojos cerrados. Eso me frustró.

—Claro. He soñado varias veces con este momento—habló, aparentemente, cuestionándose a sí misma—, pero eran sólo sueños, porque, como ya dije, he soñado con esto. Además, tengo ciertas dudas de que esto sea verdadero. Creo en un cincuenta y uno por ciento de que esto es un sueño.

O pesadilla.

Sus expresivos ojos chocolates me miraron expectantes.

—Tus deseos—dije con una sonrisa amable— son ordenadas para mí.


—Genial—bufé, derrotado. La sala gris de mi desordenada casa me brindaba un sentimiento solitario diferente al común.

Seguí mirando el vacío inexpresivamente mientras rememoraba unos bellos momentos humanos, aunque escasos, sin duda. No recordaba mucho de aquellos instantes; sin embargo, con lo esencial me bastaba. De pronto, me vi inmerso en un amargo repertorio de fotografías en blanco y negro. Ese era yo, el chico despreocupado, ingenuo e inmaduro, junto a una hermosa dama en los años sesenta.

Kikyo era una joven de la realeza española y su padre era el próximo en ascender al trono cuando la conocí. Siempre fue amable y refinada, por supuesto. Yo no era nadie a su lado, simplemente el hijo del mayordomo de la mansión donde vivían ella y su familia. A pesar de todo, en esos tiempos, mantenía cierta añoranza al verla, al observar sus facciones tristes, disfrazadas en una sonrisa siempre.

Cuánto ya todo había cambiado desde la primera vez que la vi. La convertí, en un acto absolutamente egoísta, pensando que ella estaría a mi lado para siempre, incluso ella me lo pidió y yo accedí como todo un imbécil sin detenerme a pensar en las consecuencias de mis acciones como es debido. La había llevado a un nuevo mundo, tanto para ella como para mí, ya que había sido atacado por mi propio hermano, Sesshomaru, y no había tenido elección. Maldito el momento en el cual su sangre se me hizo agradable. Nada de esto hubiera pasado, Kikyo no se habría enterado nunca de lo que era y yo sólo me habría alejado de ella para no causarle más daño. Más tarde comprendería que mi decisión también pudo haber evitado un sentimiento doloroso en mi ser. Pero ya era tarde, muy tarde.

Y la vería otra vez.

Apreté con extremada fuerza mis cuadernos de escuela. Ellos eran una especie de bienvenida al insólito mundo que me esperaba.

Cerré mis ojos con pesadez y me visualice en el escenario de la noche anterior.

Había cambiado mi monocorde existencia en una sola noche. Es más, había modificado mi personalidad. ¿Desde cuándo me mostraba tan comprensivo y débil? ¿Desde cuándo los humanos ya no me parecían tan fastidiosos y traicioneros? Y lo más importante ¿Desde cuándo los humanos me interesaban? Procuraba no prestarles atención y durante los últimos años no habían sido parte de mis ámbitos de gran interés.

Maldición.

—InuYasha, ¿ansioso por la escuela?

Cansado giré mi cabeza a un lado para ver a mi mejor amigo en el umbral de la puerta. Ya era tarde para negarse a otro cambio.

—No—respondí secamente—. ¿Averiguaste lo que te pedí, Miroku?

Debía de estar prevenido. No quería más sorpresas.

—Claro. Kikyo estará en nuestra escuela—pronunció apoyándose en el marco de la puerta mirándome fijamente.

—Lo supuse.

Detestaba esto y cómo todo tomaba una dirección opuesta a la que esperaba. El lugar más preciso para encontrarla era este y sabía muy bien que debí negarme rotundamente a regresar, tal vez mostrar mi negativa con más ímpetu, pero nadie prestó atención a mi opinión en lo absoluto. Maldito Koga.

—Sé que debes estar culpando a Koga.

Alcé una ceja.

—Pues piensas bien, Miroku. Koga no hace más que hacerme la existencia miserable.

— ¡Hey, lo escuché!

Escuché el sonido de varias cosas caer suavemente contra la cama—que habíamos instalado por apariencias, pues no podíamos dormir—y el estruendoso golpe que causó Koga al cerrar la puerta con fuerza. En medio segundo más ya lo tenía al frente mío.

—Ja, deberías agradecerme. Durante los últimos años cincuenta años has estado muy gruñón y malhumorado. Todos nosotros sabíamos bien que era por Kikyo. ¿Si tanto la amas por qué no la buscaste durante todo este tiempo?

—No es de tu incumbencia—bufé bastante enfadado por su medio discurso—. Y no la amo—agregué mirando hacia otro lado. Curiosamente, la alfombra azul se me hizo muy atractiva.

—Te equivocas, InuYasha—dijo Miroku posicionándose al lado de Koga. Alcé un poco la cabeza—. Estuve de acuerdo con Koga de venir, ya que aquí se encuentra la residencia de la señorita Kikyo. Quiero que de una vez arreglen sus diferencias.

Entrecerré los ojos y mis puños se crisparon involuntariamente. Odiaba oír su nombre y hoy estaba seguro que lo escucharía mucho más de cinco veces.

—Ustedes no saben lo que me hizo.

—Por supuesto que no, porque tú no te has dignado a contarnos nada.

Ellos tenían razón. Era cierto, pero ¿a quién le gustaría hablar de cómo la persona en quien más confiabas y amabas te traiciono? Kikyo—me dolió pronunciar su nombre incluso en mi mente—había destruido todo resquicio de amor que existía en mi ser. Mi razón de "vivir" ya no podía ser la misma. Ella me había enseñado todo, a pesar de mis deseos de venganza me demostró que no valía la pena guardar rencor, ya que todo ya estaba hecho. Sólo por ella deje absolutamente todo. Todo.

Y, súbitamente, cuando menos lo esperaba, me traicionó.

Caminé hacia la puerta decidido a enfrentarlo. Iría a la escuela y la vería. No dejaría que el pasado me amarrará eternamente a él. Yo no permitiría que mi existencia se viera en peligro por algo tan añejo como esto, un amor tan antiguo…y falso.

Mierda, debía olvidarla.

—Vamos.

No sabía con certeza si el vamos era para darme ánimos o indicarles a mis amigos que ya estábamos listos para partir. Tampoco quería saber.


Nuestra aparición fue la que esperaba: un poco llamativa, pero no más de lo normal. Todos nos miraban y vigilaban cada paso que dábamos, incluso juraría que cada respiro era medido por ellos.

Por supuesto que ya tenía una idea de los pensamientos humanos. Ante sus ojos, éramos seres hermosos y algo misteriosos. Aunque, en un primer momento, ellos se veían interesados en acercarse a nosotros, el sentido de supervivencia predominaba ante todo lo demás. Ellos no podían pasar por alto lo que sus mentes les gritaban: éramos de cuidado, peligrosos. Escondíamos algo turbio.

Las gradas se terminaron bajo nuestros pies y cruzamos la gran puerta de la entrada de nuestra ahora escuela. Lo primero que vi fueron los grandes pasillos abarrotados de estudiantes, personas ajenas a lo que éramos.

Ante la vista indiscreta de los humanos, buscamos nuestros respectivos casilleros esperando que estén juntos. Bueno, al menos yo, ya que era muy antisocial al igual que Sesshomaru. Koga y Miroku, en especial este último, les encantaba jugar con los sentimientos de las humanas. Me parecía un despreciable acto, pero no podía hacer nada. Además, los humanos no formaban gran parte de mi universo personal, aunque, sin duda, eso cambiaría poco a poco con el tiempo. Era un presentimiento.

—Por aquí, Sesshomaru—dije con rostro serio.

—Lo que digas—respondió asqueado—. Me repugna que los humanos nos miren tan fijamente. Ellos no son dignos de estar a nuestro lado.

Suspiré por enésima vez mientras contemplaba con lástima que nuestros casilleros estaban juntos. La suerte, definitivamente, no iba de nuestro lado hoy.

—Sesshomaru e InuYasha Taisho—escuché una voz suave detrás de nosotros.

Nos giramos y una señorita sonrojada nos miró con sorpresa mientras tragaba saliva ruidosamente. El rubor era algo tentador, aunque no imposible de controlar. Esperaba que para Sesshomaru hiciese lo mismo.

—Disculpen, pero el director me mando a buscarlos. Por supuesto que a sus demás compañeros también: a su primo Miroku Taisho y su—dijo rebuscando unos papeles—amigo Koga Wolf—terminó de leer.

— ¿Qué quiere el molesto director?

Sonreí ante lo poco cortés que estaba siendo Sesshomaru. A veces me gustaba salirme de las reglas.

—Q-quiere presentarlos personalmente al salón—tartamudeó un poco mientras se acomodaba a un lado su liso cabello—. Por favor, por aquí.

Caminó vacilante mientras revisaba algunos papeles de su carpeta. Los amplios pasillos se extendían a nuestro alrededor. Al principio no mostré mucho interés en saber en qué escuela estaríamos, pero no cabe duda de que esta era prestigiosa. Además, aquí estaba Kikyo. A ella le gustaba este tipo de lugares.

Algo en mi interior se oprimió.

—Disculpen, pero es muy extraño que siendo tan jóvenes vivan juntos—la joven nos miró unos instantes, pero se intimidó ante nuestras duras miradas.

—Eso no es de su…

—Así es—interrumpí—, pero nuestros respectivas familias se encuentran muy ocupadas y, de cierto modo, somos independientes.

—Oh, qué bien—sonrió avergonzada—. Tengo entendido que sus familias son muy…

—Somos poderosos—dijo con superioridad Sesshomaru. Era usual que cualquiera alardeara con ello, pero las intenciones de Sesshomaru no eran esas. Para él era común decirlo y que los demás lo sepan.

La señorita se quedó callada tras las palabras de mi hermano. Contuvo la respiración y exhaló con cierta dificultad mientras cobraba fuerzas para abrir la puerta. Mantuvo su mirada gacha, incluso al ingresar al aula, no sin antes hacernos una señal de que esperáramos.

—Y tenemos alumnos nuevos, señores—escuché a alguien decir con voz gruesa.

He ahí el punto de entrada al infierno.

—Ellos son cuatro jóvenes muy inteligentes provenientes de España.

—Llegamos a tiempo.

Moví la cabeza negativamente al observar a mis hermanos ya a mi lado. Esperaba que no haya habido ninguna intromisión de por medio o algo que nos pueda delatar.

—Se tardaron—me quejé.

Pero ya no era de importante.

—Y, ahora, démosle la bienvenida.

Los aplausos empezaron a resonar dentro de mi cabeza. Era como el suplicio en una melodía desigual, pero, a la vez, armónica. Era confuso.


POV Kagome. Media hora antes.

—Fue un sueño—escuché a Sango suspirar pesadamente—. Grábatelo.

—Tal vez tengas razón.

Sin embargo, aún tenía la incertidumbre. Había despertado en la madrugada después de un grito de mi parte. Estaba sofocada y totalmente atolondrada, ya que había tenido, supuestamente, un sueño muy extraño.

La oscuridad de mi habitación me había sorprendido y atemorizado más aun.

—Me dijiste que uno de los chicos se llamaba Sesshomaru—dijo pensativa mi amiga—. No sé dónde escuche ese nombre, pero te aseguró que se me hace conocido.

—Sango, ¡¿Eso significa que debo dudar de que sea un sueño? —exclamé, molesta. Mis conclusiones ya estaban tomando un rumbo, que debía ser el correcto, y ella simplemente los desecha al abrir otra duda.

—Lo siento—sonrió—, pero, Kagome, piensa bien. Los vampiros no existen: sólo están en los libros y películas de misterio y terror—afirmó moviendo su cabeza con firmeza.

— ¿Estás segura?

—Uf, claro que sí. Creo que después de tanta tecnología e investigaciones hoy en día ya sabríamos de su existencia.

—Buen punto—suspiré.

Así que mi dilema llegó a su fin y ya todo estaba despejado en mi mente. Mis alucinaciones—los sueños—habían sido fruto de mi loca fascinación. Sólo fue un truco sucio y despiadado de mi mente.

Debía de ser así.

Seguimos caminando hacia la escuela. Presagiaba un día diferente a los demás.