Capítulo dos; El padre, la madre y él que nunca llegó a casa.

—¿Necesitas ayuda para ubicarte? —Preguntó el chico de cabellos oscuros y voz nasal, mientras se paraba de su asiento para acompañar al menor.

—Uh, no, gracias —respondió mientras se paraba y tocaba el timbre del autobús, bajando del mismo y dejando atrás a aquel chico tan educado, el cual, por alguna extraña razón, parecia mantener una expresión de irritación total. Recordó el rostro de su padre cuando estaba constipado.

Comenzando a mover las piernas para poder retomar el rumbo a su casa, Tweek iba a caminando cuesta arriba, sintiéndose desvanecer por el dolor producido gracias a su bravucón, Stan Marsh.

Mientras esto pasaba, unos ojos curiosos seguían al pequeño rubio. Observando su raro caminar, la manera en que su cara se contraía con cada paso dado y el uniforme desarreglado. Oh, pequeño Tweek, ¿Cuánto tiempo tardarás en darte cuenta que, al atravesar ese oscuro y húmedo callejón, estás tomando la peor decisión de tu vida?

Del otro lado de la ciudad, el padre de Tweek acababa de llegar del trabajo, extrañado por no escuchar la televisión de su casa encendida decidió ir al cuarto de su hijo, encontrándose con la sorpresa de que éste ultimo no estaba.

"Quizás fue a comprar algo" y con ese pensamiento aprovechó para ir a bañarse.

Pasó una hora y el cuarentón ya se estaba comenzando a preocupar del paradero de su hijo, por lo que decidió llamarlo.

"Lamentamos informarle que el saldo de su línea es insuficiente para realidad esta llamada, sí usted..."

Repitió la misma acción con el teléfono fijo, llevándose la sorpresa de que su hijo tenía el celular apagado, enojado por tal hecho se fijó en el calendario, solo para saber si era hoy que su hijo le tocaba ir a su casa.

"24 de abril" y un gran letrero con el nombre "Tweekie" escrito con marcadores rosas (gracias a su preciosa hija) era lo que más resaltaba de ese calendario de Los perros más tiernos del mundo.

No quería que su ex-mujer se enterase, a ella no le gustaba que su hijo llegara ni un minuto más tarde del acordado a casa, por lo que decidió ir a esperarlo en la parada donde el niño suele bajarse.

Las horas se le escurrían de las manos como el agua misma, parecía eterno y a la vez, tan rápido el hecho de que Tweek siguiera sin presentarse en aquella parada. Asustado luego de tres horas de espera, decidió llamar a la que fue su mujer meses antes...

Juntos, fueron a la comisaria. La tierra se había tragado a su amado hijo.