Ubicado en el corazón de una urbe cosmopolita, la imponente ciudad capital, en las proximidades de la zona del centro histórico se encontraba erigido un edificio blanquecino cuya estructura asemejaba a la forma geométrica de un pentágono, el cual fungía como el centro principal de Operaciones e Inteligencia de la nación.

Dentro de sus instalaciones, en los niveles superiores, se podía apreciar múltiples grupos de personas – jóvenes adultos dispuestos en grupos de tres hasta de siete individuos trabajando sin cesar en conjunto con el personal técnico y profesional del edificio.

Supervisando la actividad en el ambiente estaba un hombre de cabellos azules y un pequeño bigote recortado apropiadamente; vestido con un elegante terno, camisa blanca y una fina corbata púrpura – que sobre ella se hallaba cocida el símbolo de tres coronas como símbolo – y un monóculo dorado puesto sobre su ojo derecho.

El Ministro de Defensa Fancy Pants, quien a simple vista mantiene un semblante sereno, realiza un gran esfuerzo por ocultar su consternación respecto a la situación que suscitaba en estos momentos. Escucha el sonido de unos pasos dirigiéndose hacia él sin apartar su mirada del área de los monitores.

"Señor Ministro," habló un miembro del servicio de Seguridad, "recibió una nueva llamada del Presidente. Lo está esperando en la Sala de Juntas por pantalla."

Hubo un minuto de ligero silencio mientras Fancy Pants da la vuelta para dirigirse al locutor. "Aún sigo teniendo mis dudas sobre haber convocado a estos jóvenes para esta labor. Es demasiada carga para ellos."

"Comparto su opinión, señor, sin embargo nuestros estadistas se encuentran a tiempo completo indagado en otros sectores de todo el país y en el extranjero. Estos chicos son expertos en la materia y altamente capacitados en informática, solo será cuestión de horas en hallar una solución."

Ojalá Fancy Pantas pudiera decir lo contrario.

El día de ayer, a tempranas horas, se realizó una convocatoria a prestigiosas instituciones para que envíen a sus mejores estudiantes con el fin de poder descifrar un encriptado rescatado de la base de datos proveniente de la computadora principal hallada entre los escombros de lo que fue el cuartel de Saxon Front tras dos días de intensa búsqueda.

Y no era la primera vez que un centro militar era atacado con una magnitud desproporcionada.

Anteriormente ya había ocurrido lo mismo en distintos centros operacionales pertenecientes a fuerzas armadas en múltiples países. Lo extraño era el hecho que nadie se adjudicaba sobre el accionar de estos atentados, mucho menos querían tomar responsabilidad respecto al tema, lo que comenzó a ocasionar tensiones entre las naciones.

Era de tal manera que el Jefe de Estado había ordenado desplegar los portaaviones a espera de un ataque nuclear a gran escala. De no subsanar pronto el dilema, toda forma de consecuencias iría a recaer únicamente sobre el Ministro de Defensa – tal como le hacía recordar luego de cada charla.

Dejando sus preocupaciones a un lado, Fancy Pants siguió al miembro de Seguridad hacia un ambiente apartado del área de las computadoras para discutir con el Presidente y demás miembros de alto rango sobre los próximos movimientos.


Mientras tanto, en una sección aparte, uno de los convocados para la investigación – Orange Hill, del Instituto Trottingham – se acercaba al escritorio donde se encontraban sus compañeros de grupo con unos bocaditos entre manos.

"Perdón por la demora, estos tipos no dejaban de revisar los empaques de las frituras," comentó mientras le entregaba una bolsa de papas a su colega, "ni que hubiera salido de las instalaciones o algo por el estilo. Y, entonces, ¿de qué me perdí'"

"No mucho," respondió el otro integrante del grupo, Kodak, mientras pasaba con la yema del dedo la pantalla de su Tablet leyendo una literatura con a fin de no entrar en el aburrimiento del trabajo, "aún los escucho decir que esto fue obra de países como Maretonia o Yakyakistán. Al parecer olvidaron que a ellos también los atacaron de manera similar."

"Sí, qué absurdos se han vuelto. A parte que no hubieran dejado un mensaje por accidente durante o después del asalto."

"No me parece que lo hayan hecho adrede." Comentó una tercera voz.

Ambos voltearon hacia la fuente de voz, donde se encontraba sentada una chica de tez amarillo claro con lentes, cabellos rojos con dos líneas lila y púrpura, vistiendo una chaqueta con cuello de tortuga oscura, falda rojo anaranjado a cuadros y botas grises quien miraba fijamente la pantalla del monitor.

"Lejos del hecho de que una nación ajena haya realizado este ataque, hubieran tenido mucho cuidado de no dejar indicios de su presencia," continuó mientras presionaba una tecla que reproducía el misterioso mensaje – únicamente se escuchaba un chirrido agravado seguido de un dialecto inaudible y desconocido – "el grado de encriptado es demasiado alto para descifrarlo con sólo fórmulas al azar. Ni siquiera nosotros contamos con dicha tecnología para realizar tal cosa."

Ambos varones estaban de acuerdo con el argumento de su compañera. Hasta donde tenían conocimientos ningún país u organización poseían los medios para dejar una grabación tan compleja que superaba los estándares en informática; inclusive, se había llegado a considerar la posibilidad de un virus informático pero ya lo hubieran aislado para analizarlo o eliminarlo de raíz.

"La única manera de poder resolver el encriptado sería tener a nuestra disposición una señal que se le asemeje o que tenga la misma secuencia de programación. Sin embargo, habría que esperar a que vuelvan a cometer las mismas acciones en un escenario distinto."

Orange Hill y Kodak se miraron entre sí intrigados ante la propuesta de su compañera de equipo - que debían admitir sonaba descabellada si implicaba esperar a otro ataque por así decirlo – pero conocían a Moon Dancer de toda la vida literalmente; y si algo la hacía sobresalir de los demás era su manera de deducir y resolver problemas demasiados complejos en un lapso de tiempo bastante corto. Y ellos confiaban en su criterio.

Ahora la interrogante sería cuándo volvería a ocurrir lo mismo.


Dentro de las instalaciones de un avión, en la zona de primera clase debajo de uno de los tantos asientos, una radio GPX se va separando en múltiples piezas que se van reacomodando mientras va adoptando la forma de un esquelético robot mediano con una cabeza de insecto y cuatro ojos azulados quien comienza a desplazarse por toda la nave en silencio en búsqueda de algo.