Sinceramente no he andado muy inspirado cuando he escrito este capítulo pero debía hacerlo, este fic me ha maldecido así que me he visto obligado a continuarlo. Debo decir que en un principio solo fue un fic que se me ocurrió y que escribí para pasar el rato (por eso la corta duración del prólogo) pero en el último capítulo me vi atraido y aquí estoy publicando el capítulo siguiente. Como prometí aquí esta la acción que todos esperaban, la aparición de algunos OCS y como no podía ser de otra forma, recuerdo que aún acepto los OCS que quieran participar. Además como sorpresa extra... ¡Le he puesto un Opening! Dado que los animes japoneses tienen openings con canciones en jápones este fic tendrá un opening con una canción en español. Concretamente Vivir Morir de Rafa Blas. Disfrutadlo.

Opening:

Se muestra el Cielo Negro del Infierno con reflejos rojizos de las llamas y lentamente se va descendiendo hasta la Devil Village mostrando los edificios destruidos y el color rojo de las llamas oscureciendo la imagen. Comienza a sonar la guitarra y la bateria y se muestra un campo de batalla lleno de cadáveres de ambos bandos. La imagen vuelve a la ciudad y se ve a Meil caminando por las calles de la ciudad con la manos en los bolsillos y la mirada impasible mirando al frente.

-Pudistes ser, una más, el hombre que supo aprender.

Meil sigue andando por la calle alenjandose lentamente y la imagen queda contemplando su negra sombra sobre el rojizo suelo de la ciudad

-Supistes ver, una vez más, el gran camino que tomar

Afuro aparece mirando a la nada, después sonríe dejando ver dos colmillos.

-Todas tus palabras. Caen sobre tu vida

Hikari aparece sobre uno de los edificios de la ciudad de los demonios medio destruido. Tiene las manos sobre el pecho y esta con los ojos cerrados. La imagen gira sobre el edificio mostrando su espalda y volviendo a su cara.

-¡Gritas y no puedes escapar!

Abre los ojos mostrando un fuerte color carmesí y abre la boca dejando ver los colmillos como si fuera a gritar.

-Vivir morir, ¿de qué servirá?

De nuevo aparece Meil esta vez esta mirando al cielo buscando allí las respuestas que busca.

-Los fantasmas de tu mente, volverán

Aparece Meil llorando, desesperado tratando de alcanzar los cuerpos muertos de sus padres en especial la mano de su madre.

-Vivir morir, ¿de qué servirá?

Esta vez la imagen se centra en Natsuki que esta sentanda en una mesa junto a Wimy

-Los fantasmas de tu mente, volverán

Aparece Fubuki que emprende el vuelo y deja tras de sí unos cuantos cadáveres de lo que parecen ser demonios

-Al fin sabrás, una vez más.

Meil de nuevo aparece caminando pero se detiene de pronto al ver a alguien

-Todo aquello que perdió.

Por unos segundos aparece Hikari más joven con 12 años asustada viendo a un ángel con una espada de hielo sonriendo siniestramente, detrás del ángel pueden verse dos cuerpos en el suelo.

-Al fin tendras una ilusión

Los dos chicos caminan hasta encontrarse y muy despacio levantan una mano

-para poder aguantar

Las manos de los dos se encuentra de forma delicada y ambos sonrien. La imagen cambia

-No hay marcha atrás

Un bando de demonios aparece delante de otro de ángeles a punto de luchar

-Tus sueños se desvanecen

Meil se encuentra sentando en la sombras con los ojos cerrados y la cabeza mirando la suelo

-Mentira o Verdad

Se pone en pie y mira al frente.

-¡Ya da igual!

Se ve rodeado de un aura negra mientras abre los ojos dejando ver un potente brillo rojo como la sangre.

-Vivir morir, ¿de qué servirá?

Diana aparece en el aire luchando contra Laura

-Los fantasmas de tu mente,volverán

De nuevo aparece Afuro, más joven delante del trono de la primera base que capturó de los demonios y que pertenecía al padre de Meil. Tiene los brazos extendidos a ambos lados y mira al cielo mientras sus ojos se ven de un color naranja y sonrie de forma macabra y desquiziante.

-Vivir morir, ¿de qué servirá?

Kidou aparece andando entre las personas con una gabardina cubriendole la cara a excepción de sus lentes.

-Los fantasmas de tu mente, volveran.

La imagen se retoma donde antes con Meil intentando alcanzar la mano de su madre cosa que consigue tras algo de esfuerzo...

Capítulo 3: La resistencia de la superficie. Alas de fuego.

Afuro suspiró cansado. Esta reunión a la que le habían obligado a venir era un muermo; Era cierto que debía de reunirse con los otros lideres, pero él tenía cosas mejores que hacer, su prensencia allí no importaba mucho. Desde su primera victoria no había conocido la derrota y encima ahora que por fin Meil daba el primer paso tenían que reunirles. Claro que uno de los motivos de la reunión era ese curioso echo. ¿Los ángeles lucharían en el mundo humano? A él le daba igual. De momento se mantendría al margen hasta que Meil demostrará ser meritorio de su participación en la guerra o hasta que por fin Dios le reconociera y le acogiera como su igual. Sus ojos permanecían cerrados mientras mantenía sus pensamientos, para él todo aquello era inútil. Si los demonios querían luchar en la tierra era evidente que debían negarse, dos no se pelean si uno no quiere. Bastaría con seguir con la táctica de atacar el Infierno y con la división de las fuerzas de los demonios entre la superficie y la propia Devil Village, los demonios cederían con facilidad. Claro que él no pensaba decirlo, que hicieran lo que quisieran, además eso implicaría la desaparición de Meil antes de que este pudiera ser su digno rival y eso no lo quería. Desde el reto de entrar en la muralla impenetrable, su mente se aburría enormemente, sufría de inactividad y quién sabía, quizás pronto tuvieran problemas si ese chico se ponía un poco serio, es más quería que los ángeles tuvieran problemas, pero esa era otra de las cosas que tampoco comentaría a sus iguales. De pronto un golpe en la mesa le hizo abrir los ojos. Nagumo había golpeado ferozmente la mesa de mármol donde todos ellos estaban sentados. Los 7 ángeles supremos. 4 de ellos a su nivel. Suzuno, Nagumo, Fodou y el mismísimo Ichinose, aquel que era conocido como el único ángel con un corazón algo puro. Cuatro idiotas, serían los primeros en caer en sus manos cuando él se hiciera Dios. Quizás Ichinose era el único que podría librarse, no era tan estúpido como los otros tres, pero eso de que fuera blando lo odiaba con ganas, así que no habría perdón para él tampoco. Dos eran de un rango superior al suyo. Ángeles señores. El cargo más alto que podía alcanzar un ángel y tanto Hiroto como Fubuki daban la talla en ese puesto. Pero cuando él se procamará Dios, tendrían que someterse a él o morir. De nuevo otro golpe de Nagumo en la mesa, ¿porqué tenía que hacer eso para llamar la atención de los demás? Su estúpido complejo de no sentirse a la altura de los otros provocaba que estuviera siempre a la defensiva y en un modo agresivo. Afuro ya estaba arto, no aguantaba más. Se puso en pie sin ni siquiera mirar al resto, en otra prueba de despreció, pero su interrupción provocó que todos se callaran de golpe.

-¿Qué haces Afuro?- Preguntó Suzuno aburrido, el ángel solo se giró y se dirigió hacia la gigante puerta de mármol sin dirigirle la mirada.

-Me voy, hacer lo que querais, me importa poco- Abrió la puerta y miró por última vez a todos con superioridad antes de cerrarla a sus espaldas.

-Menudo presumido- Se le escapó al propio Nagumo, todos pensaban lo mismo en se momento, Afuro era un idiota prepotente, se creía el mejor solo por sus victorias, pero no era más que un engreído listo. En cuanto cometiera un fallo, se lanzarían sobre él como hienas buscando su cabeza.

-Como iba diciendo creo que deberiamos responder a la iniciativa de los demonios de luchar en la tierra, al fin y al cabo los humanos son nuestros protegidos. No podemos quedarnos de brazos curzados viendo como mueren- Hiroto habló con verdadera frialdad, el ángel de acero, era sus sobrenombre, un apodo que le venía a medida. Jamás había perdido los nervios y mucho menos había mostrado sentimientos. Se conocía de algunas ocasiones que había acabado con sangre fria de bases enteras de demonios, proezas extraordinarias para los ángeles. Nadie podía superar el filo de su espada y eso le daba una seguridad extra. Nagumo golpeó como de costumbre la mesa.

-¡Acabemos de una vez por todas con esto. Ataquemos la base de los demonios y destruyamosla!- Una vez más, los 5 miembros que quedaban dirigieron una mirada de desprecio hacia el temperamental alado, no era tan facil.

-Por nosotros eso ya hubiera estado echo hace tiempo, pero piensa que si destruimos a los demonios nos quedaremos sin saber dónde esconden a Lucifer. No podemos acabar con ellos, no hasta que le localicemos- Habló seriamente Fubuki, si el primero de los ángeles señores era el ángel de acero, él era el de hielo. Las palabras compasión o pena no existían en su bocabulario que se limitaba a astucia y muerte. Un destructor en toda regla, pobre del que se cruzaba en su camino.

-¡Dadme una oportunidad y verás como hago salir de su guarida a esa perra!- Se levantó cabreado y se acercó a la puerta igual que hacia unos segundos había echo Afuro.

-Atentos que va a atacarles, alguien debería detenerle- Dijo indiferente Suzuno, sinceramente él era como un mandado, lo que le dijeran que debía hacer, lo hacía y punto. Le daba igual todo, los placeres y el lujo eran su meta en la vida. Había llegado ya lo suficientemente lejos, podría matar a todos si se lo ordenaran a cambio de cualquier placer que quisiera, por supuesto matar a esos 6 no sería facil. Pero ya encontraría la forma en su momento. Claro que jamás recibiría esa orden, así que sencillamente podía relajarse. Ninguno hizo nada por pararle los pies a Nagumo y el ángel se marchó. Todos conocían los cabreos que podía pillarse el pelopincho y sinceramente si atacaba o no les daba igual. Ellos iban a lo suyo y lo que hicieran el resto de sus compañeros, si morían o vivían, era irrelevante para sus vidas. La conversación sobre cómo ocuparse del problema de luchar en la superficie continuó tras esa nueva pausa, ahora por fin podrían hablar cosas serias.

-La verdad todavia no sabemos si los demonios tienen intención de llevar la batalla a la superficie o no. Se ha producido ese ataque, de acuerdo. Pero todos conocemos al nieto de Satanás, actua por libre y lo que haga él no significa nada- Habló seriamente Ichinose, para ser conocido por su bondad era bastante inteligente. Era cierto, todos conocían a Meil, actualmente el último pariente vivo conocido del demonio y a su vez todos deseaban matarlo. Él podía considerarse ahora mismo el único referente de los demonios, digamos que era como la esperanza de estos, si conseguían eliminarle, la moral de todos los demonios se hundiría para siempre. Además tenía cierto atractivo extra, la pasión de luchar con él. Después de las leyendas que corrían de su espada de fuego y su ira, cualquier ángel desearía eliminarlo para ganar fama y gloria, cuanto más cualquiera de los 7 que formaban la mesa. En especial Afuro. El silencio se hizo en torno al mármol, durante algunos segundos los ángeles se dedicaron a pensar o a hacer como que pensaban en algunos casos.

-Bien pues supongo que lo mejor será esperar a ver si la intención de los demonios es realmente atacar en la superficie o seguir aguantando en el Infierno, en función de lo que hagan ellos, nosotros decidiremos.- Todos asintieron a las palabras de Hiroto, estaban de acuerdo. Que fueran los demonios quienes dieran el primer paso. Al fin y al cabo estos eran sus últimos intentos desesperados por salvarse. Eran como los últimos aletazos de un pez fuera del agua que inútilmente intenta volver al mar, la muerte es inevitable para el pez y aún sabiendolo se esfuerza en resistirse, pero tarde o temprano la falta de aire acabará matandole. Al igual que la falta de fuerzas acabaría con los demonios, hicieran lo que hicieran los ángeles ganarían...

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Natsuki saltaba agitadamente entre los tejados. Por fin se había graduado como soldado oficial de Lucifer. Curiosamente había esperado algo más alegre, algo así como una ceremonia, pero nada de eso había pasado. Sencillamente había llegado uno de los capitanes de la base y la había dado la mano para después entregarle un certificado de su graduación. Nada más, ni un ``enhorabuena´´ o un ``felicidades´´, nada. Para ser demonios habían sido muy frios. Lo único bueno es que tenía claro dónde quería luchar. Lucharía junto a Meil, ese demonio merecía su respetos y sinceramente sentía cierta atración hacia él, no de tipo sexual, jamás quedría a Meil de pareja, él no era demonio de una única mujer, todos lo sabían. Pero sí de tipo carismático Ese chico era como una especie de imán que la llamaba a su lado. Quería poder serle útil y luchar codo con codo con el nieto del Diablo. Además el pasado del chico le recordaba ciertamente al suyo, ambos habían experimentado ese dolor profundo de perder a sus respectivos padres y más aún, de ver sus cadáveres sin vida delante sus ojos. Sin embargo ella había sido lo bastante fuerte como para no cambiar su forma de ser. A diferencia del joven moreno. Claro que no podía aplicarse lo mismo a ambos casos. Se detuvo sobre una de las casas, encontrar al joven demonio no iba a ser facil. Hacía 3 días que había desaparecido después de su extraño ataque de ira o... ¿Ansiedad? En fin después de ese extraño estado de locura que le hizo saltar por la ventana. Algo muy importante había sucedido en esos 3 días, pues por fin el consejo de demonios, formado para deliberar y tomar decisiones por los demonios después de que númerosas bases cayeran, habían decidido aceptar la propuesta de Meil, los demonios tendrían una resistencia en la superficie. Era fantástico y de echo ya había algunas personas que deseaban formar parte del proyecto, sólo quedaba que Meil lo conociera todo, bueno y un par de sorpresas más que le estaban esperando y se habían decidido en el consejo...

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Un día antes

10 eran los demonios que rodeaban la mesa de madera redonda. Era curioso pensar en esta diferencia entre ángeles y demonios, mientras los ángeles se sentaban en torno a una lujosa mesa de fino mármol, los demonios tenían que conformarse con una vieja mesa de madera, claro ejemplo de las circustancias que ahora les separaban. 10 viejos y expertos demonios formaban el consejo de todos los de su especie. Las canas, barbas blancas, arrugas y entradas. Eran algo común a todos los que allí se encontraban, entre ellos el bueno de Wimy, el 9 miembro unido al consejo, después de él solo otro demonio había cumplido los requísitos para entrar en el grupo y así cerrarlo. Esta reunión había sido en un principio para tratar otro tema, ¿qué castigo le sería impuesto a Meil por incumplir la ley? Ese era el único tema del día y llevaban un buen rato discutiendo sin llegar a cuál sería el castigo más duro, hasta que...

-Pues yo creo que Meil tiene razón- Fue Wimy quien defendió a su antiguo aprendiz, el resto se cayaron al oir sus palabras. Debían haber oido mal, ¿Wimy acababa de defender a Meil?

-¿Defiendes que se esponga a un ataque directo y que manche el honor de los demonios?- Habló otro de los ancianos, antiguo miembro del Escuadrón Alas Negras. Un grupo de 100 demonios que consiguieron aguantar completamente solos en una base los asedios de los ángeles durante medio año. Actualmente él era el único que había permanecido en la lucha tras aquella locura. Ya que el resto o había muerto, o prefería olvidar la guerra.

-Claro que eso no; Pero si la lucha en la superficie, imaginar que podemos dividir a los ángeles, que no sepan por donde vamos atacar, con eso podriamos recuperar terreno, incluso algunas ciudades del Inframundo- Todos los demonios negaron con la cabeza, sabían que Wimy era amigo de Meil y por eso quizás estaba defendiendole, pero lo que decía era un sinsentido.

-Eso es una locura, no podemos debilitar más la base de lo que ya esta- Habló otro de los ancianos, antiguo lider de otra de las bases. A pesar de la suavidad de sus palabras, Wimy pareció ofenderse enormemente

-¡¿Preferis entonces quedaros aquí y esperar la muerte?! ¡Ahí afuera hay niños, mujeres y demonios buenos que desean defender a toda costa la palabra del Diablo, pero a vosotros parece no importaros, parece daros igual si la base se muere! No, a vosotros solo os importa que se mantenga en pie hasta que vuetros viejos pellejos se pudran- Las palabras de Wimy habían sido muy duras y se había puesto en pie apoyando las manos sobre la mesa con fuerza.

-¡Basta!- Todos se quedaron en silencio durante algunos segundos, en el fondo Wimy tenía razón, ya estaban en las últimas, por intentarlo no pasaría nada, era como si perdían una moneda de 5 centavos de una ucha llena de monedas, no era tan grande el problema. Unos murmullos se escucharon mientras Wimy se mantenía al margen, se estaba jugando todo por ese demonio testarudo y cabezota, por lo menos esperaba que supiera valorar su sacrificio. No, pero lo más seguro es que ni le dirijiera la palabra sobre el asunto, ¿dónde había quedado el antiguo Meil? ¿Dónde estaba el joven amable y bondadoso que enamoraba por encanto y no por malas artes? Preguntarle a Afuro, él era el único que lo sabía. Algunos minutos pasaron hasta que los otros 9 llegaron a una conclusión común.

-Aunque el fin no justifica los medios, de acuerdo. Se formará una resistencia- Wimy sonrió victorioso aunque había más- Pero... Sólo estará compuesta por 10 demonios, no podemos permitirnos enviar más gente a la superficie.

-Perfecto, lo veo razonable- Asintió Wimy, ya estaba deseando abandonar el grupo para ir corriendo a darle las noticias a Meil.

-Sin embargo no podemos dejar que Meil lidere al grupo, sería muy irresponsable de nuestra parte poner a ese loco de lider- Habló esta vez el del escuadrón.

-¿Y a quién pensais poner de lider? Ya sabeis la condición de este demonio, una mujer sería demasiado facil para él y de igual manera, no creo que le costase demasiado hacerse amigo del lider para manejarlo a su gusto y dar él las órdenes en su lugar.- Menudo bribón estaba echo ese Meil, era algo bastante gracioso a ojos de Wimy, la facilidad que tenía para manipular a los otros a sus deseos. Sabía que ese muchacho era altamente listo, ya en su tiempos de juventud, demostraba increíbles atisbos de inteligencia, lástima que nunca se hubiera tomado en serio lo de liderar a los demonios, podría haberles conducido a la victoria en la mayoria de batallas, incluso haber competido contra el mismísimo Afuro. Quizás en aquel primer ataque de hace años Afuro lo sabía y por eso se había ocupado de cambiar su condición emocional para que fuera incapaz de liderar a los demonios. No, eso era suponer demasiado, Afuro no podía ser tan listo. ¿O quizás sí? Conociendo al alado todo era posible.

-La usaremos a ella- Los ancianos sonrieron mientras la cara de Wimy cambiaba a una de completo asombro.

-¿A ella?- No, no podían usarla, se supone que estaba reservada por si en algún momento Meil se rebelaba contra los demonios o incluso por si el chico finalmente se alzaba como lider de los demonios, para tenerle controlado, no podían usarlo para algo así. Esa chica era el as en la manga que se guardaban y ¿desde cuando se usaba el as al principio de la partida? Menuda estupidez, era algo ilógico, casi se arrepentía de haber defendido a Meil al saber que ella sería el lider.

-Pero... Ella no puede ser usada para esto- Casi no encontraba las palabras que tenía que decir.

-Claro que sí, no creo que pueda dar más utilidad que esta, controlar al demonio malo, esa es su función. Sí, de todos nosotros ella es la única que puede dominarle. La única demonia que puede escapar a su control. Al fin y al cabo, el imperio esta a punto de caer. No tenemos más remedio. Usaremos a Hikari, de ella dependerá el exito o no de la misión- Wimy tragó saliva, antes apenas querían colaborar y ahora estaban dispuesto a sacrificar ese comodín, pero no había más remedio. Todo estaba decidido, la última esperanza de los demonios, el último rayo de luz, acababa de nacer, ¿cuánto tiempo tardaría en apagarse? Eso era lo que nadie podía decir con seguridad. La resistencia daba su primeras bocanadas de aire en este nefasto mundo. ¿Su lider? Una gran demonia, sus miembros, 9 locos más entre los que estaría Meil, bueno aunque seguramente no de buenas, ya que el jamás había sido mandado por nadie. ¿Cómo se lo tomaría?..

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Meil se encontraba en lo alto de un edificio, llevaba allí sentado horas, quizás... Días. La noción del tiempo había desparecido en estos momentos, segundos o minutos, era díficil medirlo, a pesar de que contaban con el mecanismo que les decía exactamente si era de día o de noche, pero cuando te inundas en tu propia mente lo demás desaparece. Esa es la única frontera que escapa a las leyes del espacio y el tiempo, la mente, maravilloso paraiso donde puedes retroceder en el tiempo o incluso adelantarte al futuro imaginando acontencimientos. Un sitio que no puede ser medido por tamaño, anchura o espacio. Sí, la mente es un laberinto peligroso que puede consumirte sino eres capaz de salir de ella, como le estaba pasando al joven. Parecía cansado, sus músculos estaban débiles, unas grandes ojeras arruinaban su cara dandole el aspecto de que una simple brisa de viento podría derribarle, necesitaba comer y beber. Pero le daba igual, la soledad era su única compañera ahora, su útima amiga. Tenía su espada entre sus manos y había encendido sus llamas. Las acariciaba con la mano mientras sus ojos se perdían en su brillante y atrayente color. Estas no le quemaban a él, pues era el único que podía generarlas. El fuego era en cierto modo como él, hacía daño a todos menos a sí mismo, nadie podía tocar al fuego al igual que nadie podía tocarlo a él, parecía que todo el que estuviera demasiado cerca de ambos se quemaba. Sí, él y el fuego eran iguales, podría decirse que eran hermanos, uno cuidaba del otro, él fuego cuidaba de Meil eliminando a sus enemigos y este respondía protegiendolo y evitando que nadie pudiera apagarlo, era un vínculo extraño que habían formado hacía algún tiempo. Desde aquel súbito ataque de ira que tuvo el chico al ver a sus padres muertos. Quizás ese día había sido adoptado por las llamas, quizás ese día el fuego sintió pena por él y le hizo su heredero. Lo desconocía, pero sabía que desde ese día el fuego dejo de quemarle para siempre, las llamas no torneaban su piel, simplemente la reconocían y la esquivaban, procuraban evitar herirle. Meil había logrado algo muy curioso, se había alzado como el dueño del fuego, el rey de las llamas. Un crujido sonó a su espalda y rápido como el rayo se giró justo a tiempo de ver a Natsuki. La chica se sorprendió un poco al ver su mal estado, seguía pareciendo poderoso e impertubable en su mirada, pero los signos de cansancio de su cuerpo contradecían en parte esta apariencia mental.

-Dejame en paz- Dijo sencillamente el demonio, normalmente no solía tratar así a las chicas, pero ahora estaba cansado, no quería ver a nadie o nadie era merecedor de su presencia y muchos menos esa bella joven.

-Creo que lo que voy a decirte puede interesarte- Sonrió de forma amistosa lo que pilló un poco por sorpresa al moreno, quizás estaba siendo demasiado dura con ella, quizás no; Estaba siendolo, debería de intentar tratarla como estaba acostumbrado, lástima que había prometido a Wimy que no la tocaría, era una bonita demonia, de preciosos ojos que le miraban casi devolviendole su propio reflejo.

-Perdona- Dijo el chico a ella antes de guardar su espada en su espalda y ponerse en pie.- No debí hablarte así, adelante dime lo que tengas que decir.- La chica sonrió de nuevo y se sentó a su lado haciendo que sus piernas colgaran por el borde del edificio, lo que provocó que él volviera a sentarse de nuevo, tenían cosas de las que hablar y tras aquello, todo cambiará, ¿para bien o para mal? Eso dependía del modo en que se mirase pues lo bueno era también lo malo y lo malo era lo bueno dependiendo de ojos de quien contemplará la situación

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Laura Excla, nombre que habían puesto los humanos a una joven ángel del reino. De pelo color miel largo, lacio y sedoso llegándole hasta las caderas con algunos destellos rubios Sus ojos presentaban el característico color naranja de los ángeles, pues es conocido que algunos no desean cambiar sus púpilas a colores humanos. De un brillo burlón y arrogante. Su complexión era delgada y su tez blanquecina dandola el aspecto de una muñeca de porcelana. Poseía una estatura moderada. Guerrera orgullosa y fría, si tuvieran que tomar un ejemplo de ángel por petición de Dios que pidiera ``Traerme la esencia de los ángeles, aquello que sois´´ Para definir la personalidad de los alados, esta chica sería el modelo a tomar. Y ahora estaba preparada para la batalla, lista para otro asalto con los demonios después de un tiempo de inactividad debido al empleo en misiones menores. Lo importante era que Nagumo lo sabía y pensaba usar a la guerrera para sus fines que no eran otros más que la guerra. Un buen aliado era aquella muchacha y él era conocedor de todas sus facultades.

-Hoy atacaremos a los demonios- Le comentó el pelopincho al reunirse con ella en uno de los pasillos. La alada asintió divertida, por fin después de un periodo de inactividad volvía a la acción y junto con el gran Nagumo, conocido guerrero de los ángeles. De echo la inmensa mayoria pensaba que ese cabeza hueca había llegado hasta donde estaba solo por su habilidad para la guerra. A diferencia de alguno de los ángeles supremos como Afuro, no había ganado su puesto como herencia, sino que se lo había labrado a base de espadazos y disparos. Muchas fueron las cabezas que tuvo que cortar ante de ser reconocido como uno de los más grandes y era de dominio público que después de obtener su cargo había mandado clavar todas esas cabezas de demonios en palos y las había colocado alrededor de las bases en las que los había matado.

-Prepara esto- Le dio una lista escrita en papel de los ángeles que brillaba como el mismísimo oro, con las cosas que deseaba para este asalto. La chica contempló la lista de arriba a bajo, todo parecía normal hasta que leyó lo último, seguramente él lo tenía planeado así y lo había puesto en último lugar para llamar su atención pero no pudo evitar sorprenderse..

-Pero esto es...- Dijo ella sorpendida, él asintió y le sonrió calidamente, un ángel supremo contaba solo con lo mejor de lo mejor y esto era lo mejor.

-Es hora de quemar un poco el Infierno- Le guiñó un ojo antes de desaparecer entre los pasillos. Laura estaba ahora bastante emocionada. Algo así no se veía todos los días, acababa de enterarse de la batalla y ya estaba impaciente por ver a esa cosa destrozar la Devil Village, sería divertido. Casi podía oler el olor a ceniza que dejaría eso a su paso. Ya había visto en varias ocasiones a alguno de esos acabar con bases enteras, eran una de las más poderosas armas de los ángeles, que divertido sería ver las alas negras de los demonios volverse todavía más negras y nada podría interponerse en su camino.

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Meil saltaba por los tejados a velocidades increíbles, tanto era así que había obligado a Natsuki a sacar sus alas para seguir su ritmo por el cielo, nadie diría que hacia días que no probaba bocado y que se encontraba debil. Estaba ansioso, por fin podría ir a la superficie, por fin habían accedido a su propuesta. Claro que desconocía algunos datos que la chica habilmente había sabido ocultarle para evitar que se negará. Pues pensaba que él sería quien lideraría al batallón y que por supuesto contaría con al menos 100 demonios, lejos de la realidad lo que le esperaba sería una sorpresa desagradable para él.

-Cómo corre este demonio- Se le escapó a la muchacha sorprendida de las facilidades de Meil para cruzar la ciudad. Quizás al no poder desarrollar la capacidad de volar aún, lo había compesado con una enorme capacidad física, a ese ritmo no tardarían demasiado en llegar hasta donde estaba esperando Wimy. Y no tardaron, en apenas 20 minutos ya se encontraban delante de la casa del anciano. Meil se paró delante de esta a la vez que el hombre salía a saludar.

-Por fin has vuelto- Le dijo el veterano al impetuoso joven que sonrió prepotentemente. Como esperaba, su estado daba pena, ¿cómo un demonio tan noble podía caer en tan vergonzoso estado? El nombre de siempre llegó a su mente, Afuro. Estaba claro que el anciano tenía cierta obsesión con el ángel, pero es que había causado tanto daño que más que obsesión eran las consecuencias de su ataque lo que veía en casi todo lo que le rodeaba.

-Me echabas de menos, ¿eh?- La amistad entre ellos dos nunca moriría, a su modo, seguían siendo buenos amigos y para Meil, Wimy se había convertido casi como su segundo padre, de echo casi podía decirse que si hoy estaba delante de sus ojos era por aquel hombre, la única esperanza que conseguía que Meil no deseará suicidarse, ya que había muchas veces que el dolor de su corazón le había ordenado quitarse la vida y Meil lo hubiera echo de buenas ganas, en especial los primeros meses tras la muerte de sus padres, pero gracias al anciano eso no había podido pasar.

-Se lo decía a Natsuki, pero tú también has venido- Le guiñó un ojo para que entendiera que era una broma, pero Meil era completo conocedor de esto. Tras aquello, unos segundos de silencio incomodo se mantuvieron en el aire hasta que Wimy rompió de nuevo el hielo.

-Pasa dentro, come algo y hablamos- El chico asintió friamente y tanto él como la chica desaparecieron en el interior de la casa.

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La chica nunca había visto a nadie comer con tantas ganas, Meil casi se comía los platos, literalmente. Tenía mucha hambre al parecer y la comida que hacía Wimy era deliciosa. Ella misma la había probado en algunas ocasiones y realmente era un dulce nectar para el paladar. Y era normal, pues en su pasado, el anciano, había aprendido mucho, al tener que ser el cuidador de Meil una parte importante era la dieta del joven. Y ahora esos conocimientos le servían de mucho. La imagen gloriosa y prepotente del demonio volvía a cada bocado. El chico no tardó en volver a su estado normal de completa forma. Por fin había saciado su apetito.

-Muchas gracias por la comida Wimy- Dijo con ciertos modales Meil, no solía demostrar tanta compasión con nadie pero ese hombre era la excepción. Siempre sería la excepción, al fin y al cabo era el único que aún tenía esperanzas en él, el último en quien podía confiar. La chica solo le miró en silencio, era curioso pensar que el demonio malo le había dado las gracias a otra persona, algo sin importancia pero para la chica bastante llamativo, ¿sería que en el fondo seguía siendo bueno? En realidad no lo dudaba pero tampoco se molestaría en comprobarlo, eso daba igual, mientras luchará a favor de los demonios era suficiente.

-Ya sabes porqué he venido- Dijo de pronto Meil rompiendo la armonia que reinaba hasta ese momento, la atmósfera se volvió más tensa de golpe, el anciano asintió. Le estaba esperando desde hacía tiempo y por fin había llegado el momento. Le hacía gracia pensar en cómo actuaría el chico cuando viera a Hikari, seguro que iría de chulo como con las otras, lo que solo le hacía tener más ganas de ver lo que le iba a pasar.

-Acompañame- Los 3 salieron en silencio de la casa y se dirigieron a la base militar de la ciudad.

La construcción estaba muy cerca de su casa y no tardaron en visualizar el edificio. Una enorme bóveda de altura el doble que el resto de las casas y de una anchura considerable. Construida de un material duro y férreo casi impenetrable para los ángeles. ``El ojo de Lucifer´´ Era el nombre que había recibido el recinto debido a que se decía que cada demonio guerrero que salía formado de allí era una lagrima del Diablo, que sufría en silencio por saber que lo más seguro era que ese demonio no volviese nunca. Dentro el edificio presentaba las mismas paredes de aspecto duro y rigido que tenía por fuera, era todo como muy ``militar´´, algo que cabía esperar dado el fin de la estructura. El anciano condujo a Meil por los pasillos hasta llegar a un pequeño patio exterior. Un par de chicas se encontraban entrenando luchando la una con la otra. No era más que un simple entrenamiento para pasar el tiempo mientras ellas esperaban la llegada del nieto de Satan. Hacía un día que esperaban a ese famoso demonio que todos osaban llamar el demonio malo. Cuando se enteraron de que la lucha podría ser transportada a la superficie ninguna de las dos pudo contenerse y ambas se unieron rápidamente a la resistencia. No se conocían mucho pero ahora el entrenamiento era para ellas lo más importante. Una de las dos saltó extendiendo sus alas para esquivar el ataque con un puñal de la otra demonia, el combate físico no era para nada su fuerte y lo conocía perfectamente. Su pelo era blanco como la nieve llegándole a las caderas, este estaba dividido en dos capas. Dos pequeños mechones de un tono rubio palido, se dejaban caer por ambos lados de su rostro dandole un curioso toque de simetria. Buenos rasgos faciales daban forma a su cara, una respingada y pequeña nariz y unos delicados y seductores labios de tamaño normal para una joven le daban un toque bello. Sus ojos presentaban el color de la misma sangre. De buen cuerpo, el nombre por el que se hacía llamar no era otro que Alessandra. Llevaba en sus manos un par de cuchillos de buen filo. La demonia que se mantenía en el suelo sonrió de forma arrogante, pues ella había sido entrenada para las batallas y esta no era una excepción, aunque solo fuera un entrenamiento deseaba ganar. Una luchadora nata, así era como la habían descrito todos los superiores que algún momento tuvieron oportunidad de entrenarla. Su pelo era negro llegandole a la altura de la espalda por donde más o menos la columna vertebral se curva comenzando el descenso hacia las caderas. Su altura era algo baja dado que no superaba el 1,60 . Sin embargo poseía un rostro bonito. Aunque algo curioso dado que unas lentes cubrían sus ojos impidiendo casi verlos. La demonia miró hacia su rival y se dispuso a saltar a su encuentro cuando algo la detuvo. Un leve carraspeó de Wimy bastó para que ambas se dieran cuenta de la presencia de los otros tres en la estancia. Rápidas como el rayo clavaron su mirada en los dos acompañantes del anciano que les había comunicado hacia unas 24 horas que eran miembros de la resistencia. Una guerrera recientemente graduada y al fin aquel al que debían el honor de poder alcanzar el mundo humano. El nieto del creador. Este solo estaba en pie con los ojos cerrados y las manos en los bolsillos de forma prepotente, parecía estar sonriendo pero desde arriba era díficil distinguirlo para la de pelo blanco aunque para la otra chica conocida como Diana era facil comprobar que efectivamente el chico sonreía de forma chulesca. La que se mantenía en el aire descendió de forma delicada y ambas se acercaron a donde los tres esperaban.

-Chicas os presento a mi aprendiz Natsuki y a Meil, dos de vuestros nuevos compañeros de la resistencia- Ambas dieron la mano a la chica pero el demonio parecía no tener ganas de saludarlas, lo único que hizo fue abrir por primera vez sus ojos y clavar su punzante mirada en ambas. Esa mirada que tanto daño causaba entre las hembras de su especie y ambas chicas no parecían ser la excepción, pues aunque como buenas guerreras apenan mostraron ningún cambio brusco en sus expresiones, por dentro una incomodidad empezaba a apoderarse de ellas. Les empezaba a producir un efecto extraño del que se desconocían las causas, esa especie de atracción que Natsuki conocía, sin duda este era el demonio malo.

-¿Dónde esta el resto?- Preguntó Meil viendo que solo dos guerreros esperaban su llegada, no esperaba encontrar a toda la base, pero si a al menos un centenar de soldados. Dispuestos a seguir sus órdenes y sus gritos, que cuando le hubieran visto entrar hubieran aclamado su nombre entre un griterio y sivildos. Algo más normal en una resistencia, ¿pero esto qué era? Miró a Natsuki, la chica evitó encontrarse con sus ojos, no quería saber nada de ese asunto. Entonces unas viejas carcajadas escaparon a su espalda, el anciano ya no podía contenerse más. Wimy comenzó a reir en solitario, habían engañado completamente al chico y esas ganas de contener las risas ya no eran controlables. Meil solo le miró en silencio mientras su sagaz mente comprendía perfectamente todo el engaño. Miró de nuevo a Natsuki, esta vez con enfado en sus púpilas, una vez más la chica procuró que no viera su cara para que evitara ver que ella también estaba medio riendose. No era algo gracioso en sí, pero la cara de extrañez que ponía el chico ante todo producía en gran medida estas risas. Las otras dos demonias solo se miraban mutuamente incapaces de entender qué diablos pasaba.

Por fin Wimy logró calmarse y acercó su boca al odio de Meil para contarlo un par de cosas que hicieron hervir su sangre, que estúpido, había caido en la trampa del anciano que tenía al lado.

-¿Entonces quién es el maldito lider?- Gruñó rabioso, ¿quién era el que se atrevía a quitarle su puesto natural? Esos viejos decrépitos del consejo... ¿Les gustaba humillarle o qué? Pues mal iban por ese camino, él no era alguien que perdonará facilmente, sino había podido perdonarse a sí mismo menos a las momias que se creían con la libertad de negarle lo suyo. Las dos demonias por fin entendieron lo sucedido, debían de confesar que hasta ellas mismas pensaban que quien tenían en frente era el que les conduciría a la batalla pero lejos de la realidad, solo era un miembro del equipo. ¿Quién podía ser el lider?

-Yo soy ese ``maldito´´ lider, Hikari Daidouj- Una voz femenina sonó a espaldas del grupo por la puerta por donde habían entrado segundos antes. Las chicas y el anciano miraron hacía allí mientras Meil mantuvo la mirada en la otro dirección. Apretó los puños con rabia para luego dejarlos libres a la vez que una sonrisa se formaba en sus labios, los del consejo eran tontos, realmente tontos, habían querido molestarle pero habían fracasado. Poner una mujer como lider, demasiado facil. Acababan de darle el poder de forma indirecta, sólo tenía que girarse y dejar que las cosas sucedieran como normalmente.

-¿Ah, sí?- Dijo en un tono prepotente para darse la vuelta y encontrarse de cara con la chica. Era una chica de larga cabellera negra como el carbón. De pelo ondulado que le llegaba hasta la cintura, con un rebelde flequillo hacia a derecha y dos mechones bastante ondulados que sobresalían sus orejas. Dos enormes ojos de un extraño color plata mercurioso hacía un buen juego con su pálida piel que la hacía parecer frágil a la vista de cualquiera. Era bastante alta llegando a medir 1,68 con un cuerpo bien desarrollado, dandole la apriencia de una joven delicada y elegante además de hermosa. Aquella chica sería facil de manipular para sus propósitos.

-Eso mismo- Dijo ella con cierto retitín, Meil sonrió prepotentemente antes de lanzar su mirada a sus ojos plateados. Wimy estaba esperando este momento, era la hora de ver cómo se las arreglaba el joven nieto de Lucifer con la chica. Hikari captó de lleno la mirada y a diferencia de otras, lo único que le produjo fue una sonrisa, nada más. El chico lo notó al instante, algo distinto a las otras veces, algo a lo que no estaba acostumbrado, su mirada no había penetrado en la otra chica. Era como si hubiera lanzado un misil capaz de atravesar cualquier defensa y hubiera sido repelido por un escudo. Era imposible algo así no, no podía ser, tenía que funcionar. De nuevo clavó su mirada en la chica que de igual manera mantuvo la sonrisa. Wimy estaba disfrutando enormemente, era lo que cabía esperar, no conseguirá acceder al corazón la de la chica por más que lo intentará, era como un ``antiMeil´´ no podría hacer nada.

-¿Y bien algún problema?- Dijo ella arqueando una ceja, le había calado completamente, lo que solo provocó una sonrisa falsa en Meil, por dentro estaba más rabioso que una colmena de abejas. Avanzó impasible hacia la chica que sonreía.

-Muchos, tú no puedes ser mi lider- En su tono dejo denotar cierto desafio, algo de rabia pero sobre todo un alto grado de seducción. La chica se mostró impasible ante sus palabras y solo dio otro paso casi encontrandose ambos.

-¿Crees que no podré mandarte?- Dijo ella con el mismo tono con el que él la había tratado. Ambos jovenes ya estaban cara a cara mientras el resto solo veían curiosos la escena, era algo extraño lo que ambos jovenes hacían y quién sabía lo que iba a pasar ahora, parecía como si estuviensen en un juego de intentar dominar al otro pero aquello iba mucho más lejos que eso

-Claro que no podras, es facil de entender. Imaginate que tú me das la orden de que no me acerque a ti, entonces yo hago esto- El chico puso su mano sobre la cadera de la chica de forma delicada, esta solo miro un segundo lo que el chico había echo y después sonrió. A cualquier otro le hubiera quitado rápidamente esa zarpa de su cuerpo, pero ella no debía. No quería perder el juego, lo que hizo en su lugar fue acercar su cara a la del chico casi besandole.

-¿Y quién ha dicho que yo pienso darte esa orden?- Sus ojos plateados se cruzaron con los marrones del chico de forma que ambos veían el reflejo del otro en sus púpilas. Meil podía ver odio mucho odio en los ojos de la chica y esta contemplaba a la ira en persona, los dos no eran tan diferentes pero si tenían metas distintas. A vista de los ojos de los otros 4, que se mantenían en silencio, parecía que en cualquier momento aquella escena estallaría en un lujurioso beso ardiente entre ambos. Pero no, aquello no iba a pasar, de todas las probabilidades eso era casi lo último que podía ocurrir, por que la situación era muy distinta. Aquello era un duelo, un duelo por ver quién perdía la paciencia antes con el otro, quién sería el que se echaría hacía atrás y abandonaría al otro. Ninguno tenía pensado retroceder, se odiaban desde el primer momento que se habían mirado, pero ninguno quería hacerselo saber al otro, era un duelo en el que el que saliera perdiendo tendría serias consecuencias. Meil tenía mucho en juego, se encontraba con alguien a quien no podía dominar, pero lo lograría por las bravas si fuera necesario.

-¿Qué haceis?-Se escuchó de pronto a sus espaldas en una voz que le resultó familiar a Meil, hacía mucho tiempo que no escuchaba aquel tono de seguridad y amabilidad, era él. Le guiñó un ojo a la chica como indicando que aquello no había acabado y se dio la vuelta para encontrarse de cara con lo que esperaba. Un joven de pelo albino y de mirada profunda que venía junto con otro chico que no había visto nunca y que era algo más pequeño que el primero.

-Goenji, no has cambiado nada- Sonrió antes de dar un paso hacia adelante decidido, pero cuando levantó la pierna tropezó de forma ridícula y cayó de cara contra el suelo. El golpe fue bastante fuerte, pero los que allí estaban evitaron soltar algunas carcajadas, menos Goenji y Wimy que tenían plena confianza en que Meil no se enfadaría si se reían. El chico apretó con una rabia inmensa sus puños antes de girarse buscando aquella persona que pronto estaría en el hospital por atreverse a gastarle esa broma, pero lo que encontró fue a Hikari retirando su pierna de entre sus pies tras haberle echo la zancadilla al joven. El chico estaba confuso y rabioso ¿porqué ella era así? Nunca había conocido a nadie igual a esa chica, nadie que pudiera ser tan rebelde, casi como él mismo pero de forma distinta, era una rebeldia como correcta, era lo que tenía que hacer, aquello era díficil de explicar para el chico. La chica caminó hasta ponerse a la altura de su cara y se agachó para que el chico pudiera oirla bien.

-La proxima vez yo que tú me lo pensaría dos veces antes de desafiar a tu lider. Esto solo ha sido un pequeño aviso- Le golpeó con un dedo en la frente y luego se puso en pie, para después encaminarse hacia la salida.

-Si me disculpan tengo cosas que hacer, pero no se preocupen no tardaré mucho en volver-Sonrió de forma cariñosa a los miembros de su equipo y después le envió una mirada de desafio al joven que se mantenía en el suelo y que ni siquiera se había molestado en ponerse en pie. En otras circustancias se habría levantado inmediatamente por vergüenza, pero no esta vez, no podía. Estaba demasiado cabreado, sabía que con solo levantarse podía explotar en un torbellino de ira y ninguno de los que estaban con él merecían pagar lo que la morena había provocado. La odiaba lo máximo posible desde ese instante y ya estaba manejando las posibilidades de cómo hacerse con el liderazgo del grupo. Estaba claro que el consejo era conocedor de que él no podría dominar a la joven, pero lo que no habían previsto es que el chico tampoco aceptaría las órdenes de la chica, claro que entonces lo más seguro es que no le dejaran salir de la villa. Maldita sea, porqué tenían que complicarle tanto las cosas.

-Uuuh, esa chica es dura ¿eh?- Dijo Goenji en un tono de burla mientras se acercaba a su amigo y se mordía el dedo indice de su mano derecha dandole un aspecto juguetón. Meil sonrió medio asintiendo desde el suelo, puso las manos contra las baldosas casi partiendolas de la rabia y se puso en pie. Los otros 4 se acercaron al grupo a presentarse.

-Ya sabes que para mí nadie es demasiado duro- Lenvantó el brazo y lo chocó contra la mano del otro quedando sus brazos entrecruzados en un saludo de amigos. Esos dos se llevaban muy bien y es que Goenji era un viejo amigo de Meil con el que solía jugar cuando era pequeño, aunque se mudó de base y no volvió a verle, era un alivió saber que estaba bien. El chico que acompañaba a Goenji tiró un poco de su camiseta para indicarle que recordará su presencia.

-Oh sí claro. Meil quería presentarte a alguien- El chico salió timidamente de detrás suya y miró a los ojos del demonio malo, estaba nervioso y entrecruzaba los dedos de sus manos intentando tranquilizarse.

-Este es Toramaru, tiene una extraña admiración por ti- Goenji se rascó la cabeza contrariado mientras el joven se sonrojaba nervioso, era increíble pero cierto, tenía delante suya al nieto del Diablo, por fin le estaba viendo, aquel del que había oido tantas historias gloriosas. Era tan impresionante como pensaba.

-Ya veo, hola Toramaru- Le extendió la mano lo que provocó que el joven moreno casi se asustará, estaba muy nervioso con todo aquello. Miró la mano del chico durante unos segundos. Estaba marcada por el uso de la espada y parecía aspera al contacto pero igualmente se atrevió a darle la suya en un saludo formal y sorprendiendose de la suavidad que escondían esas manos.

-Nadie debería ser admirador de este bicho, no debemos dejar que Meil piense que lo que hace esta bien- Habló irritado Wimy lo que provocó algunas carcajadas burlonas en Goenji y una mirada perturbadora de Meil, aquello no tenía gracia.

-No has cambiado nada, ¿verdad abuelo?- El hombre se sintió ofendido, tampoco era tan viejo.

-¡Más respeto!- Gruñó, lo que solo desencadenó más burlas en el albino aunque claramente aquello era un pequeño juego entre ambos demonios.

-¿Y estas chicas quienes son?- Preguntó viendo a las otras guerreras. Cada una de ella se presentó como era debido ante los demonios que solo mantenían una actitud agradable. El bueno de Goenji. Siempre había sido un demonio bastante amable y considerado y Meil había disfrutado mucho tiempo de su compañia.

-¿Entonces habeis venido a formar parte de la resistencia?- Preguntó Natsuki a los dos chicos que tenía delante, Goenji asintió.

-Cuando me enteré de que Meil iba a la superficie tuve que unirme a la resistencia, al fin y al cabo alguien tendría que cuidar de él allí arriba.- Sonrío y le guiñó un ojo a su amigo que solo pudo sonreir, por unos momentos ya se había olvidado hasta de la chica que hacia escasos minutos le había humillado.

-Además.- Goenji agarró por el cuello a Toramaru que se mantenía tenso al estar en presencia de su idolo y al que no pareció agradarle mucho que hiciera aquello.-Este pequeño de aquí sabe pelear mejor que tú y yo juntos no podiamos desperdiciar su talento- Toramaru enseguida se puso rojo como un tomate. Era cierto que era muy bueno en el combate pero tanto como para decir eso...

-¿Es cierto eso?- Miró a los ojos al moreno que apenas podía hablar, no sabía qué responder y se sentía un poco abrumado por la situación. Pero su respuesta tendría que esperar pues una alarma empezó a sonar por la base. La cara de los del grupo paso a ser completamente una de seriedad. Estaban atacando la ciudad. Algo habitual en sus vidas, sin embargo no dejaba de significar que tenían que acudir al combate, la ciudad contaba con ellos y debían ir al frente. Algo distinto a las otras veces sucedió. Un pequeño temblor sacudió la tierra seguido de un fuerte rugido de algo desconocido para los chicos que atravesó sus oidos. El único que sabía de qué provenía ese ruido era el viejo y experimentado Wimy que al escucharlo palideció.

-No... No puede ser- Logró soltar antes de marcharse corriendo por la puerta abandonando a los chicos. El resto no comprendía qué podía haber provocado esa extraña reacción en el hombre, él no solía ponerse nervioso ante ningún ataque, era la seguridad que le brindaba la experiencia, lo que solo podía significar que lo que estaba atacando la base debía ser algo realmente peligroso.

-¡Vamos!- Ordenó Goenji al mismo tiempo que el grupo se encaminaba hacia la puerta de salida. De nuevo otro desgarrador grito cruzó el aire para colarse molestamente en las mentes de los jovenes. No tardaron en alcanzar la salida de la bóveda para encontrarse de cara con el peligro. Todos y cada uno de ellos se vio en manos del asombro y la admiración. Pues delante de sus ojos se alzaba imponente un grupo de ángeles. No demasiado númeroso, ya que apenas eran 100 los que se habían acercado a la base, un número ridículo si se tenía en cuenta que allí debía de haber millares de demonios como mínimo. ¿Pero qué era aquello que les hacía tan peligrosos? ¿Qué había provocado la duda en el impertubable de Wimy? Lo que junto a ellos se disponía a atacar la base, aquello que realmente podía poner en peligro sus vidas. Pues un animal de proporciones gigantescas acompañaba a todos los alados. Un animal peligroso y mortifero, un ser de mitologia temido. Grandes y bellas alas envueltas en fuego le permitían mantenerse a flote, unas gigantescas garras sobresalían de sus patas y una hermosa cola continuaba su columna. Mientras que por su inmenso pico escupía llamas y fuego. Un ave de un tamaño cercano a los 40 metros cubría el cielo. Un pájaro de fuego, el famoso ave Fenix. Ser magestuoso de infinita belleza. Un arma brutal de destrucción que los ángeles podían usar, ``el arma capaz de quemar a los propios demonios´´. Era así como se le conocía aquí abajo y es que, eran pocas las veces en las que uno de estos magnificos seres había de caer en combate a manos de demonios.

-Nagumo- Se le escapó a la propia Alessandra mientras podía ver, en el fondo del pelotón, al nombrado ángel sonriente y divertido de pensar, que su poderoso pájaro estaba a punto de atacar la Devil Village. Si esto no hacía salir de su escondite a Lucifer, no sabía qué lo haría. Junto a él Laura mantenía su mirada clavada en las tropas de demonios que se estaban formando en torno a la muralla para intentar, a cualquier precio, derribar al peligroso pájaro. Podía sentir el miedo que inundaba sus ojos y era normal porque díficilmente sus disparos podrían cruzar la coraza de fuego que protegía a su mascota.

-Wimy dime una cosa, ¿dónde esta el Cerbero?- Preguntó Meil en un tono entre desesperado y seguro a la vez que sus ojos se clavaban en la criatura. Sí, la otra gran arma de los demonios, el guardian del inframundo, un peligroso animal que se encargaba de proteger a los demonios. Lucifer les había obsequiado con el animal recientemente cuando habían perdido una gran parte del territorio del Infierno. Normalmente era este ser quien se ocupaba de las situaciones críticas y en casos como este. Era él quien se enfrentaba contra la formidable ave. Wimy dudó entre si responder o no, sus palabras harían mucho daño a la moral de los demonios pero debían saberlo.

-El Cerbero no esta disponible. Sufrió una herida en el último ataque y será incapaz de ayudarnos- Estaban solos, completamente solos ante una de las peores fuerzas de destrucción que podían liberar los ángeles. Esta batalla haría mucho daño a los demonios, si es que no acaba con ellos completamente.

-¡Moveros!- Uno de los hombres a cargo de los seres del infierno, mandaba fuertemente a sus hombres para que pudieran llevar las catapultas y cañones a la muralla, en un intento desesperado por ver si toda su fuerza aérea conseguía hacer retroceder al Fenix. El ave brillaba imponente ante la oscuridad del cielo negro que sobre su cabeza cubría todo. Era un animal sabio, inmortal como se conocía y dispuesto para la guerra. Tiempo atrás, antes de su encierro con los ángeles, recordaba su feliz vida junto a los otros pájaros de fuego, pero recordaba perfectamente sus errores, se había separado de sus compañeros y había caido en manos de estos perversos seres. Lo lamentaba pero no podía hacer nada, ahora tenía que luchar junto a los ángeles en una batalla que poco le importaba.

-Debemos unirnos al batallón- Tanto Diana como los otros miembros del grupo dieron un paso al frente dispuestos a dar su vida si era necesario por su pueblo. Pero no Meil. Él serviría de poco en esta batalla. Si no era capaz de volar cómo podría enfrentarse al ave, aunque también conocía que él era el rival más apropiado, a parte del gran perro de la Devil Village, para luchar de igual a igual con el pájaro. Pues las llamas no podían tocarle y evidentemente en ese caso podría facilmente atravesar la piel del gigantesco ser mitologico, debía de poder acercarse al ave, ¿pero cómo?

-¿Qué haces ahí parado? Vete al frente como los otros- De nuevo esa dulce y femenina voz que para el chico era como si arañaran un plato con un cuchillo y un tenedor. La había conocido hacía poco pero era irritante, no por la voz en sí misma sino por la dueña de ese melodico timbre. Era claramente, la voz de Hikari.

-Me temo que poco puedo ser de ayuda allí- La chica pudo notar la rabia en su palabras, quizás había adoptado esa actitud por ser ella quizás por la impotencia de no poder ayudar a los suyos; Pero de pronto todo eso desapareció en su voz y su tono cambió completamente a uno más amable- Pero creo que tú puedes echarme una mano con cierto asunto..- Una idea había surgido en su cabeza de golpe, era ridículo lo que tenía que pedirle a la chica para poder acercarse al ave pero debía hacerlo. Su pueblo sufriría mientras ese ave luchará, sabía que muchos demonios morirían en sus manos, demonios que seguramente tendrían mujer e hijos. Aún recordaba lo doloroso que había sido para él perder a sus padres, ¿qué sentirían esos hijos al saber que el hombre que les traía la comida, que les protegía y mimaba, que era en definitiva el idolo de los pequeños había muerto en manos del pájaro? Y de qué manera. ``Murió por ponerse en medio de la llamarada de un pájaro´´ `` Las garras de un ave le atravesaron´´. Todo aquello estaba muy por encima de su orgullo y si tenía que ser humillado para poder evitar todo eso, lo haría mil veces. Al fin y al cabo incluso él mismo sabía que era preferible que no surgiera otro caso Meil entre los jovenes de su ciudad.

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-¡No tengais miedo!- El redoble del tambor de los hijos del infierno se hacía eco por la ciudad mientras los demonios se preparaban para su ecuentro con el ave. Era díficil no tener miedo cuando cada uno de ellos era conocedor de que sus armas apenas podrían hacer daño al inmenso monstruo que tenían delante. Algunos demonios, como Diana emprendieron el vuelo dispuestos a encontrarse de cara con la tropa que esperaba tras el Fenix. El olor a azufre reinaba en el aire, ambos bandos tenían muy claras sus posibilidades y todo dependía de cuánto tiempo estuviera ese maldito ser en el aire. Si era mucho, poco podrían hacer los demonios pero si caía facilmente los ángeles serían masacrados. Un nuevo rugido del animal hizo retumbar las paredes de la muralla. Ya no podía aguantar más, tenía que lanzarse a por los enemigos de sus dueños, cuanto antes acabará mejor para él. Se produjo el silencio, la batalla iba a comenzar, ni una sola voz se alzaba sobre la completa falta de sonido, quizás algún pequeño ruido de armaduras moviendose o de pasos rompía con la armonia total, pero solo la calma que sigue a la tempestad reinaba en estos instantes.

-¡Adelante ave gloriosa, destruye!- Algunas carcajadas escaparon en la voz de Nagumo mientras sus hombres se encargaban de soltar al ave rompiendo la pequeña cuerda que mantenía sujeta una de sus patas. El ave soltó un grito como de alivio, pues por fin podía volar libremente contra sus rivales, antes de extender sus alas y lanzarse contra la base.

-¡Abrir fuego!- Las balas y los disparos de catapultas volaron contra el torso del animal que con facilidad las esquivó y fundió aquellas que escaparon a su intentos por sortear los obstaculos. Los demonios que se matenían en el aire se lanzaron a por el ave y los ángeles que volaban con él se lanzaron a su vez contra los demonios. Diana no tardó en encontrarse de cara con el ave. Una inmensa llamarada escapó de su boca obligandola a tirarse en picado encogiendo sus alas para esquivar el fuego. No era tonta, no pensaba luchar con el ave, solo tenía que superarlo para eliminar a los ángeles que venían detrás. Algunos compañeros suyos no tuvieron la misma fortuna y cayeron calcinados en las llamas de su boca, soltando angustiosos gritos antes de abandonar la vida. El olor a ceniza se extendió y empezó a vencer al propio olor a azufre e incluso al de la pólvora disparada. Algunas llamas prendieron varios fuegos dentro de la base mientras los demonios luchaban desperadamente.

-¡Disparar!- Otra oleada de rocas fue lanzada contra el ave que ni siquiera se molestó en esquivarlas mientras que otra bocanada de fuego chocaba contra la muralla quemando a otros cuantos desafortunados demonios. El ave superó la pared que cubría toda la ciudad y se introdujo en esta sobrevolandola por encima a la vez que trataba de girar para lanzarse de nuevo contra las defensas situadas tras el muro. Una de sus alas golpeó un edificio arrancado su tejado y la planta de arriba. De nuevo un rugido cruzó las calles rompiendo las pocas ventanas que aún tenían cristales. Los demonios estaban en apuros. Por su parte el combate entre ángeles y demonios era igual de feroz que siempre, flechas balas y espadazos cubrían y teñían el cielo en ruidos que ya tenían más que clavados en la mente los que en esta guerra luchaban. El puñal de Diana cortó el brazo de uno de esos desgraciados alados mientras que empuñaba en su otra mano su AK-103, una curiosa ametralladora que había adquirido en el mundo de arriba. Abrió fuego sin pensarselo dos veces a la vez que su escurridizo adversario se alejaba usando sus blanquecinas alas. Sus disparos apenas consiguieron rozar al ángel que se vio rápidamente perseguido por la chica tras el cielo negro. Goenji, Toramaru y Natsuki, se mantenían junto a uno de los pelotones de arqueros que estaban en la muralla y disparaban sus flechas tratando de evitar que entraran los ángeles que habían aprovechado al Fenix como escudo. Los arcos de los jovenes presentaban tamaños identicos aunque distintos colores. Siendo negro el de Toramaru, blanco el de Natsuki y de un bonito color rojo el de Goenji.

-¡Apuntar!- Se escuchó la voz del lider del pelotón que organizaba a los arqueros para que estuvieran compenetrados completamente e hicieran más potente su fuego. Algunas balas sueltas procedentes de los ángeles golpearon a los demonios de las primeras filas podruciendo gritos de dolor y muerte entre ellos. Llegando incluso un par de balas a rebotar cerca de Toramaru. Ninguno retrocedió lo más mínimo, debían mantenerse firmes y continuar luchando

-¡Disparar!- Sus flechas sobrevolaron el cielo entremezclandose con las balas y las flechas enemigas. Algunas camillas entraron a por los heridos de primera fila mientras otra orden surgía de su lider.

-¡Apuntar!- Una vez más los arcos se elevaron con ángulos casi exactos formando una peculiar imagen. Los gritos de dolor reinaban a su alrededor a la vez que una bocanada de fuego se propagaba a sus espaldas de nuevo. El Fenix seguía acabando con la vida de más y más demonios mientras arrasaba con su fuego la ciudad.

-¡Disparar!

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-¿Porqué será que me siento ridícula llevandote así?- Hikari tenía razón, era un poco extraño saber que tenía que llevar a Meil por el cielo, pues la chica había echo aparecer sus alas y llevaba cogido a Meil entre sus manos mientras volaban directos contra el ave. Su solo contacto ya repugnaba a ambos pero era obligatorio si querían ganar la batalla. La chica odiaba admitir que tenía que ayudar al joven a ocuparse del alado, prefería intentarlo ella misma pero pocos eran los que tenían nivel para enfrentarse de cara contra el pájaro y seguro que ella tendría dificultades para luchar contra él. Por fin alcanzaron al ave que acababa de arrasar con una de sus alas a un grupo de demonios que había osado intentar acercarse a él por el cielo, una estupidez mayúscula dado las facilidades y el tamaño del pajaró. Estupidez que era exactamente lo que estaban haciendo ellos, debían de haberse vuelto locos..

-Intenta acercarte lo máximo posible antes de soltarme- El calor empezaba a hacerse notar fuertemente a la vez que las llamas se propagaban por las calles y edificios arrasando todo a su paso. Casi ningún demonio había abandonado la batalla para apagar el fuego, primero había que ganar y después seguirían los problemas y daños producidos en esta.

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-Voy a divertirme un poco- Dijo Laura friamente casi como una petición a su acompañante pelirrojo que solo se mantenía al margen viendo la batalla que libraba su ave, dandole casi igual lo que los otros ángeles hacían a su alrededor. El hombre asintió y la chica se unió a sus compañeros alados que empezaban a caer a manos de los muchos demonios que cubrían el cielo dado la superioridad en número. Inmediatamente después de entrar en la batalla una flecha con la punta envuelta en llamas cruzó a escasos centímetros de su cara. Apenas le había causado algunas molestias pero había estado cerca. La chica desefundó su espada justo a tiempo de hacerla chocar contra otra de uno de los muchos demonios que rodeaban el cielo. Alessandra cargó su arma de nuevo. El último disparo de su ballesta había estado a punto de alcanzar a esa mala pécora de Laura, faltó muy poquito...

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Las llamas estuvieron a punto de alcanzar a ambos de nuevo, ese ave no era facil de acercarse y Hikari tenía que corregir todo el rato su vuelo para evitar acabar como la mayoria de los demonios que pedían pieda bajo sus pies presas de las llamas y la destrucción.

-¡¿Qué haces?! ¡¿Tanto te cuesta comprender que si estas lejos no puedo saltar?!- Dijo friamente Meil a lo que la chica contestó con una mala mirada hacia abajo y un pequeño gruñido, ¿ese demonio no tenía ojos o qué? No veía que era imposible acercarse mientras siguiera escupiendo llamas, apenas podía mantenerse a esa distancia del pájaro.

-Si no te gusta puedes hacerlo tú mismo con tus propias alas- Eso había sido un golpe bajo que no le hizo mucha gracia al joven. La chica estaba irritada, se sentía frustada de no conseguir lo que quería y encima estaba el calor de las llamas que empezaba a subir. Las ganas de soltar a Meil en medio de las llamas que consumían la ciudad cada vez le rondaba más la cabeza, ese demonio eran tan molesto como pensaba. Pero Meil pareció adelantarse a las ideas que rondaban su cabeza.

-De acuerdo lo haré yo mismo, ya estoy lo suficientemente cerca- Sonrió antes de lanzar un codazo contra uno de los brazos de la chica obligandola a soltarle en medio de las llamas. Hikari miró hacia a bajo mientras el joven se despedía con la mano antes de sumergirse en el fuego. Estaba loco y aquel era su fin. No tuvo mucho tiempo para ver al joven desaparecer pues una nueva bocanada de llamas paso cerca de su cara. Se giró gusto a tiempo de ver al ave directamente detrás de ella. Sus enormes ojos rodeados de fuego se clavaron en los de la chica. Sabiduria y conocimiento era lo que el fenix dejaba denotar en su mirada. La joven demonia sacó de su funda una espada que rápidamente empezó a expulsar un poco de vapor. Estaba fria como el hielo, pues precisamente era este el material que la formaba. El ave soltó un rugido perturbador antes de lanzarse de cara contra Hikari que no tuvo más remedio que dejarse caer en picado para esquivar por poco el encontronazo con el ave. Igualmente el calor de las llamas que cubrían su cuerpo la quemaron un poco pero solo de manera superficial la piel y la morena pudo verse de nuevo a salvo mientras el pájaro giraba torpemente por encima de la boveda. Curiosamente era el único edificio que parecía respetar de todos, quizás fuera conocedor de la importancia que tenía para los demonios o quizás, la dureza de este y la posibilidad de que pudiera partirle un hueso si intentaba derribarlo le quitaban las ganas de tocar el edificio. De pronto de entre las llamas que se encontraban consumiendo algunos de los edificios cercanos al Fenix una figura se alzó en lo alto de una azotea. La chica no tardó en reconocer a aquel personaje con el chico que momentos antes había soltado en las llamas. Entonces era cierto lo que le había dicho, el fuego no quemaba su piel.

-¡VAMOS VEN AQUÍ!- Gritó con fuerza al ave que seguía girando y dnado la vuelta casi de forma parecida a como lo haría un avión en el cielo. Por primera vez el pájaro fue consciente de la presencia de Meil en el combate y se llevó una sorpresa. ¿Quién o qué era ese chico? Sus ojos le vieron de arriba a bajo. Era curioso sentía en él la misma esencia que en los de su especie, esa esencia que les hacia inmunes al fuego, ¿era un Fenix? No, su tamaño era diminuto para serlo. ¿Qué era aquella criatura? Parecía querer luchar con él, pero porqué, ¿acaso era un demonio? El ave parecía desconcertado con la presencia allí del muchacho, a pesar de su experiencia no podía catalogar al joven en ningún lado o bando. Era inmune a las llamas como él pero ni siquiera tenía alas. Igualmente le estaba desafiando y fuera lo que fuera perecería en sus garras. Se lanzó de cara contra el edificio del joven mientras este empuñaba su espada de llamas en sus manos. Las llamas que emitió el arma se camuflaron perfectamente con las que consumían el edificio y rodeaban su piel casi de forma parecida al pájaro de 40 metros que estaba a punto de chocar con él.

-¡VAMOS!- Repitió eufórico el joven nieto del Diablo mientras ambos seres se encontraban. Sus ojos se contemplaron mutuamente antes de que el pico del ave comenzará a traspasar la azotea rompiendo la dura roca. Meil pegó un colosal salto antes de quedarse sin suelo y perder el equilibrio mientras el ave atravesaba el edificio. Tres fueron las veces que pudo latir el corazón del chico antes de caer sobre el lomo en llamas de la criatura tras su salto. En su primer latido el joven pudo ver lo que pasaba a sus pies, trozos de escombros y llamas por los aires a su alrededor mientras el fuerte pico del pájaro derrumbaba la edificación, en el segundo pudo girar para contemplar a Hikari manteniendose en el aire mirando asombrada la escena y en el tercero pudo ver a su espalda los gritos de sus compañeros, la sangre derramada, los heridos intentando ser salvados, los agonizantes pidiendo la muerte, flechas y balas cruzando el aire e incluso algunas de ellas dirigiendose hacia el ave, lo que le recordó porqué estaba allí. Cayó sobre el lomo tras recibir toda esa información rebotando por encima de este y dando varias vueltas antes de agarrarse a su piel a punto de caerse por uno de los lados del animal. Las llamas que cubrían la piel del Fenix evitaban quemarle como esperaba mientras recuperaba el equilibrio con una mano y con la otra sujetaba su valiosa espada. El ave sintió su peso sobre su espalda, y ladeo un poco su torso intentando quitarselo de encima. Sabía que sus llamas no podrían quemarle, tenía que hacer algo y rápido, más cuando pudo ver de reojo el brillo de su espada en llamas siendo empuñada en su mano y apuntando amenazantemente hacia su cuerpo.

-Lo siento- No desaba hacerle daño a un ser tan noble como este, que seguramente estaba en la batalla en contra de su voluntad, pero debía hacerlo, su pueblo era más importante que cualquier ser alado y él haría daño a esta pura criatura para salvarlo. Elevó su espada apuntando hacia abajo y con un rápido movimiento la clavó profundamente sobre la piel del ave. Instantaneamente un rugido seco y aspero de dolor escapó desesperadamente de la garganta del animal que se retorció en el aire. Eso le había echo mucho daño y estaba claro que ese chico no era un Fenix. Ahora la ira se apoderó de los ojos del buen animal que empezó a aumentar su velocidad de vuelo y que comenzó a hacer chocar su cuerpo contra los edificios en un desesperado intento por el que los escombros consiguieran golpear a Meil. Algo de sangre empezó a salir de la herida manchando un poco a Meil mientras el chico se agarraba desesperadamente al arma hundiendola un poco más, debía sujetarse. Enormes trozos de rocas empezaron a caer por el cuerpo del ave de forma que amenazaban con dar a Meil, le estaban haciendo daño pero esos golpes no conseguiría acabar con el ser de la mitologia.

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-Ese desgraciado- Nagumo contemplaba como el ave volaba dando tumbos desesperado tratando de librarse de Meil que permanecía sobre su lomo, maldito demonio. Le estaba destrozando el plan y encima sus hombres empezaban a escasear por allí arriba ya que poco a poco estaban cayendo ante el elevado número de demonios, tenían poco tiempo antes de que todos los demonios se quedaran contemplando al ave. ¿Desde cuando las llamas no quemaban a ese idiota? Esto no había entrado en los planes de Nagumo que de haberlo sabido jamás hubiera traido al Fenix, por que al fin y al cabo sabía lo que podía pasar si el ave moría. Malas noticias para ellos. Apretó los puños lleno de rabia, los otros ángeles se reirían de él si fracasaba ahora.

-Muere- El disparó del AK-103 de Diana acabó con la vida del alado que tenía en frente, le había costado pero había caido en sus manos por fin. Igual que dos demonios que fueron partidos por la mitad ante un tajo de la poderosa espada de Laura. Ambas jovenes se contemplaron mutuamente, las alas blancas de Laura rompía el paisaje negro del cielo del infierno mientras que las de Diana no hacían otra cosa que acentuarlo. Sus ojos se clavaron en las lentes de Diana, era curiosa esa demonia. La joven cargó su ametralladora, de un momento a otro se lanzaría cruelmente a cazar a la otra que igualmente preparó su espada, sobraban las palabras, estaba claro que cruzarían sus armas y solo quedaría una de las dos tras ese cruce.

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Meil sacó con algo de esfuerzo la espada de la espalda del ave, ya no podía sujetarse más tiempo, sus manos empezaba a resbalarle por el mango mientras más polvo y cenizas caían por culpa de los escombros encima suya. Era inútil mantenerse allí, esa herida no le daría más problemas al ave, tenía que intentar atravesar algún punto importante del animal. El ave giró sobre si misma y al ya no estar sujeto por la espada, Meil cayó de su lomo contra el suelo. El joven contempló la altura que lo separaba de la calle, ese golpe sería doloroso. Trato de colocarse de la forma que menos partes de su cuerpo fueran dañadas con el impacto pero no fue necesario ya que fue recogido por Hikari en un movimiento veloz de la demonia, aunque casi prefería que lo hubiese dejado caer, eso era mejor que ser salvado por aquella chica.

-¿Ahora qué?- Preguntó la joven en un tono que combinaba nervios y diversión por partes iguales mientras veía como el ave giraba furioso sobre sí mismo. Ese ser fuera lo que fuera le había herido y solo por eso merecía completamente la muerte, daba igual si tenía el don de soportar el fuego como él, debía morir en sus garras. El fuego que cubría su cuerpo no podía compararse con el que ahora quemaba su corazón. El Fenix estaba fuera de sí.

-Luchar con el ave- Meil sonrió prepotentemente, después indicó que le dejará caer sobre otra azotea y la chica le soltó con gusto. No le gustaba tener que llevarle a todos lados, no era su niñera aunque empezaba a preguntarsse si le tocaría hacer lo mismo cuando estuvieran en la superficie. ¿Tantos problemas podía dar el chico? Si era así que se las apañará como fuera. Meil se deslizó por el aire, desde esa altura ya no había problema para el joven y facilmente pudo ponerse en pie sobre el edificio.

-Sino te importa quisiera ayudar a eliminar a los pocos ángeles que aún se atreven a desafiar a los demonios, ¿crees que podrás sobrevivir sin me ayuda?- Dijo ella en un tono de cierto sarcasmo que fue correspondido con una sonrisa burlona del chico, no dejaría en ningún momento de atacar al chico, pero este no pensaba quedarse

-Supongo que puedo intentarlo- La chica sonrió ante su respuesta igual que momentos antes había echo el moreno, entonces le dejaba solo ante el peligro que se las apañará como pudiera. Emprendió el vuelo hacia la muralla y todas las alas negras y blancas que se mezclanban en el cielo mientras el ave lanzaba una fuerte bocanada de fuego contra Meil. El chico apuntó con su espada a las llamas que venían contra el y sus propias llamas chocaron contra las del ave. Era como si el torbellino de fuego del Fenix que intentaba alcanzar al chico se estuvieran partiendo por la mitad y las llamas de su espada, estuvieran combatiendo las del pájaro impidiendolas tocar al joven. El Fenix rugió antes de chocar de nuevo bruscamente contra el edificio repitiendose el salto de Meil a su lomo. Pero esta vez el ave movió una se sus alas hacia su trayectoria golpeando al chico con fuerza y haciendole caer hacia atrás junto con los escombros. Sus ojos contemplaron al malherido joven que ahora volaba hacia atrás. Abrió el pico dispuesto a partirle de un mordisco el cuerpo, su sangre brotaría por todos lados mientras su alma se escapa. Meil miró como pudo hacia arriba, el golpe le había aturdido a parte de causarle serias heridas internas, un golpe de una ala de ese tamaño era peor que una paliza. Parecía distinguir una forma rodeandole el cuerpo que pronto reconoció como el pico del pájaro mitologico. El Fenix cerró sus fauces sobre el joven, pero con un rápido reflejo el chico elevó su arma hacia arriba atravesando con ella la parte superior del pico del animal obligandole a abrir de nuevo la boca en medio de otro grito de dolor. Meil cayó hacia abajo empapado en la saliva del colosal animal y en su sangre por partes iguales. Era algo asqueroso ver esas gotas que caían cubriendo su cuerpo. Encima estaba herido, los dientes del animal le habían pillado algo de carne y habían estado a punto de partirle varios huesos. Por su parte el pájaro se encontraba agonizando en el aire, algo de humo salía todavia de su boca fruto de las llamas de la espada del joven al romperle el pico. Si hubiera podido, seguramente hubiera insultado con más de mil maldiciones al nieto del Diablo pero no podía hablar como los otros seres, aunque su cerebro fuera igual de listo que el de los demás. Sus ojos que ya no expresaban otra cosa que ira y rencor miraron hacoa abajo buscando la presencia del duro joven, jamás le había costado tanto matar a un enemigo. Pero allí había nada, ni en las llamas ni en nigún edifico, podía ver un pequeño charco de sangre, seguramente la suya propia de su pico, en uno de los lados del suelo donde Meil se había chocado, pero no estaba su cuerpo. Debía aparecer y lo encontraría, después de atreverse a romperle el pico, lo pagaría con dolor..

-Aaagh- El joven respiraba agitadamente mientras apoyaba forzadamente su cuerpo contra la pared de uno de los edificios procurando mantenerse al margen de la mirada del ave. Tenía los ojos cerrados y estaba echo polvo, esa bestia le había machado y se encontraba agotado. Miró al frente para encontrarse de cara con los restos de uno de sus compañeros calcinado, el olor a cenizas inundó sus fosas nasales. Tenía que tener cuidado, podía ser que por suerte él no pudiera acabar como ese demonio calcinado, pero de seguro sus garras podían destrozarle sin demasiadas complicaciones. Empuñó de nuevo su espada mientras una arcada le venía de su cuerpo, pues una enorme gota de la saliva del animal acumulada tras atravesar el pico golpeó sus pantalones. Lo primero que haría nada más terminar sería darse un baño, tuviera los huesos rotos o no, se limpiaría toda esa porqueria, claro que primero tendría que dar caza al ave y aquello no iba a ser facil, si al menos pudiera volar... Respiró agitadamente antes de salir de su escondite una vez más al encuentro del ave que le buscaba desesperadamente.

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El puñal de Diana se elevó lo justo para chocar contra el tajo de Laura, este estuvo a punto de partirle el craneo pero la muchacha de lentes no se había descuidado ni un solo momento, un solo fallo se pagaba con la muerte. De nuevo el ángel elevó su espada y lanzó dos tajos cruzados que rozaron las mejillas de su rival. Muy buenos eran los reflejos de la demonia. Otra vez se lanzó al ataque a la vez que Diana la apuntaba con su ametralladora. El sonido de las balas cruzando el aire fue intrrumpido pro un sonido metalico, pues con su espada y con un buen salto Laura había conseguido esquivar esa ráfaga con facilidad, dado que la única bala que podía haberla alcanzado había chocado contra el filo de su espada y había salido rebotada. Sus ojos brillaron de un fuerte color naranja antes de que una vez más su espada chocará con el puñal de Diana. Ambas estaban muy igualadas, no como el resto de combates de los pocos ángeles que quedaban que estaban siendo masacrados, apenas eran 15, contando a Laura, los que ya seguían en batalla y Nagumo se empezaba a desesperar. Su ave había fracasado, ¿de qué servía tener un pájaro gigante si un solo demonio podía tenerla entretenida? Su único posibilidad hbaía estado en que el ave acabará con muchos demonios, pero así no había forma. De pronto un flecha envuelta en llamas apareció delante de sus ojos obligandole a agarrarla con la mano para que no le diera en un fugaz movimietno. Alessandra casi lo había logrado pero de nuevo había errado el blanco. Aquello era suficiente, él mismo podría meterse en la batalla pero ¿de qué serviría? Aquello estaba completamente perdido, había fracasado por culpa de Meil y los otros ángeles se reirían. Ese maldito hijo de mil padres se lo pagaría pero ahora era inútil intentar nada. Se dio la vuelta y sin decir nada extendió sus alas blanquecinas desapareciendo en el cielo para volver a su mundo, los ángeles no habían ganado nada aquel día. Tampoco los demonios, lo único que había pasado era una de las muchas masacres sin sentido a las que ambos frentes estaban acostumbrados, aquello no era peor que otras batallas, ¿qué más daba? En un par de días ambos bandos volverían a estar como si nada, así que Nagumo podía preocuparse solo de que no se burlaran mucho de su derrota.

-Muere- La espada de hielo de Hikari le cruzó por la espalda el cuello a otro ángel, haciendole un corte limpio de hielo. Ya casi ninguna ala blanca cubría el cielo. Solo dos que pertenecían a la única guerrera que podía hacer frente a los demonios que empezaban a rodearla.

-¡Mierda!- Repitió Laura para sí misma a la vez que veía a todas esas alas negras batirse incesantemente a su alrededor. Podía intentar un desesperado ataque para hacerse un hueco e intentar huir pero ¿cuántos metros podría volar antes de ser acribillada a tiros, dos o tres? No había otra salida que la rendición. Dejo caer rabiosamente sus brazos hacia abajo dejando ver su sumisión a los seres de Lucifer y esperó a que una cuerda cubriera su cuerpo pero no fue necesario pues uno de los que estaban allí le haría mucho.

-Vete y no vuelvas- La sonrisa de Diana dejo al descubierto sus colmillos mientras que miraba con desprecio al alado. Ella lo sabía, sabía que no había mayor humillación que dejarla con vida y que sufriera por su derrota. Una herida mayor que cualquier otra, una herida en su orgullo, profunda y que no cicatrizaría. Sí, eso era peor para un guerrero que la muerte. Aunque hubiera preferido terminar su combate contra ella en solitario no podía negar que agradecía la ayuda de sus compañeros. Laura apretó con rabia el mango de su espada antes de levantarla y apuntar con ella al cuello de la demonia. Inmediatamente otras tantas armas la apuntaron a ella. Las dos enemigas se miraron cara a cara antes de que con un veloz batir de alas, Laura despareciera en el cielo. Esta batalla entre ellas dos había acabado por ahora, pero se verían de nuevo y Diana pagaría tal osadia. Ahora que el silencio reinaba en la villa, tras conseguir al fin ganar el combate, el rugir del Fenix se hizo eco más fuertemente que nunca. Como un movimiento reflejo todos giraron la cabeza justo a tiempo de ver otra flameante llamarada hacer brillar la ciudad. La oscuridad siguió a aquella llama a la vez que la figura de Meil se alzaba de entre el fuego con su arma empuñada en su mano, casi pareciendo que el fuego de esta formaba parte de su cuerpo. Sus ojos rojos brillaban de forma muy intensa a la vez que desperadamente trataba de esquivar las embestidas del ave. La mayor parte de su traje estaba cubierto de hollín y polvo al ilgual que algunas roturas cubrían el tejido, el combate estaba siendo agotador. Incluso en el fantástico animal el cansancio era notable, eran dos bestias enfrentandose por orgullo. El ave se dejo caer sobre Meil que saltó a su encuentro atravesando con su espada una de las alas del ave en un corte limpio. El fenix chilló antes de intentar atraparle en sus garras. Pero otro pinchazo de la espada de Meil le quitó esa idea de la mente. Ese arma le hacia mucho más daño que las otras, ¿porqué ese chico le daba tantos problemas? Parecía incapaz de acabar con su vida, su pequeño tamaño le hacía muy escurridizo y encima sabía perfectamente cómo hacerle daño pero en cuanto cometiera un fallo estaría muerto. Golpeó con una de sus alas uno de los edificios que rodeavan el campo lanzandole los escombros al chico que apenas tuvo tiempo de apartarse antes de verse rodeado por la masa de rocas. El polvo lo inundó todo al mismo tiempo que el ser mitologico se dejaba posar lentamente contra el suelo. Durante unos segundos contuvo la respiración deseando que Meil no fuera capaz de ponerse en pie, ese ser le había dejado sin fuerzas ya; Pero unos ojos rojos se alzaron entre la nube de polvo mirandole con la misma ira que durante todo el combate le había mantenido con vida, era imparable, incluso él, un poderoso ser de leyenda tenía que rendirse ante el espíritu combativo del chico, sin embargo no cedería sin luchar. Escupió sus llamas para disipar el polvo pero lo unico que logró fue encontrarse con la espada del chico cruzando sus llamas. El joven corrió contra él aprovechando que estaba en el suelo y pegó un colosal salto colocando la espada hacia atrás. Aprovechando la inercia del movimiento clavó su espada en el pecho del animal. Inmediatamente la sangre brotó de la herida a montones al igual que algo de esta salió por su partido pico a la vez que se echaba hacia atrás deseperado. El pecho comenzó a quemarle fuertemente ya no podía coger aire y respirar, le había conseguido atravesar un pulmón. Medio cerró sus ancianos ojos como mareado por el dolor a la vez que podía sentir como el joven trepaba por su cuerpo. De un salto se colocó en su cabeza y levó su espada. Le daba mucha pena que esto tuviera que acabar así ¿porqué él tenía que matar al Fenix? ¿Porqué aquella crueldad sin sentido? No era justo, ni para él ni para quien estaba a punto de morir. Algunas lagrimas escaparon por sus ojos de brillo rojo limpiando algo sus mejillas a la vez que miraba a las púpilas del aturdido animal que apanas era consciente de lo que pasaba, casi parecía pedir la muerte a gritos con sus ojos, en ese momento ese ser glorioso era debil y bulnerable, había acabado pidiendo su muerte rápidamente a manos del joven que no dudaría en acabar con él, un triste y deshonroso final para él.

-Perdoname- Apretó con fuerza sus manos contra la espada y soltó un grito de rabia antes de dejar caer su tajo atravesando las llamas que cubrían el pelaje del pájaro y el craneo saliendo expulsnado sangre por la cabeza y manchando el arma y al dueño. El Fenix no gritó esta vez, simplemente se tambaleó un poco a la vez que su mirada se clavaba en los llorosos ojos del joven que le había condenado a muerte. Su sufrimiento había acabado. Se derrumbó con Meil encima contra el suelo y comenzó a llorar al igual que el demonio. Era frustante pensar que toda su vida había pasado como un ser imponente para morir de esta torpe forma, a manos de un solo hombre. Pero estaba seguro que ni el más fuerte de los Fenix podría romper la voluntad de ese chico dueño del fuego. No estaba feliz de morir, pero se alegraba de que hubiera sido esa alma noble quien le hiciera cerrar los ojos por útlima vez. Cosa que hizo lentamente mientras el recuerdo más alegre que almacenaba su larga memoria surgía como por instinto en su zona consciente pudiendo verse a sí mismo volando con los otros fenix en libertad bajo un arco iris, aquel era el paraiso que se esfumó con su alma. Como por arte de magia su cuerpo se desapareció convirtiendose en cenizas. Meil respiró agitadamente mientras lanzaba su espada llena de sangre y algunos trozos de piel del ave clavaba en ella lejos de sí mismo. No quería saber nada de aquellos actos vomitivos que acababa de cometer. Se puso en pie a pesar del cansancio y dolor que invadía su cuerpo y se acercó casi cojeando a las cenizas que empezaban a salir volando con el viento. Introdujo sus manos sobre estas y empezó a moverlas desesperadamente buscando algo. El olor a muerte estaba muy presente y podía ver a algunos demonios que empezaban a acercarse hacia a él con caras alagres. Menudos estúpidos sin sentimientos, sus manos siguieron arañando las cenizas a la vez que algo de sangre empezaba a salir por la comisura de sus labios por el esfuerzo de moverse. El dolor era inmenso pero debía encontrarlo, aunque perdiera el conocimiento en el intento. Por fin sus manos tocaron algo que no era ceniza y como un loco lo separó un poco encontrando aquello que quería. Una dura cascara cubría el simbolo que indicaba la inmortalidad de los Fenix, aquello que hacía honor a sus leyendas. Un huevo; Por que las aves de fuego siempre renancen de sus cenizas. Aquello indicaba que después de encontrarse con la muerte renace la vida, igual que los demonios después de haber estado al borde la derrota podían ganar. Las manos negras, manchadas de sangre y ceniza, de Meil alzaron el huevo victorioso mientras sus ojos brillaban de un fuerte color rojo y una sonrisa burlona se formaba en su rostro. La muerte no era más que el paso a la vida y él ahora estaba vivo, al igual que los demonios que habían luchado con fuerza y que pronto le acompañarían en la batalla al igual otros que le mandarían en esta por desgracia y en contra de su voluntad. ¿Qué importaba? Ahora ese ave fenix era suyo, simbolizaba el comienzo de la resistencia. Abrazó calidamente el huevo al mismo tiempo que sentía que se desmayaba. Lo que tenía entre sus brazos era importante para ellos, habían robado algo valioso a los ángeles y encima habían dado una paliza a Nagumo. La esperanza había sido devuelta gracias a lo que vivía en esa cáscara que, en definitiva. Lo significaba todo...

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Bueno aquí terminó este capítulo. No sé si os habrá gustado pero creo que mal no esta. Prometí acción y me parece que he cumplido, además del dato del Fenix. Creo que fue algo bello la forma en la que Meil trata al animal al final del combate. No sé quizás estoy un poco loco, pero en fin os dejo unas preguntitas:

-¿Os gustó el cap?¿ Qué os parece la forma en la que introduje los OCS?

-¿Qué pasará ahora? ¿Meil se resignará a aceptar a Hikari como su lider o seguiran los conflictos entre ellos dos?

-¿Será cierto lo de Toramaru y sus habilidades para el combate? ¿Qué pasará con el Fenix ahora?

-¿Se burlaran de Nagumo? ¿Cómo reaccionará Laura ante lo que le hizo Diana?

-¿Creeis que me guardo todavia algunas sorpresas? ¿Alguna idea para el siguiente capítulo?

Nos vemos en el proximo capítulo y muchisímas gracias a todos por leerlo.