Tony tomó algunas de sus cosas en un gran maletín de aluminio, unas cuantas armas y obviamente su traje. Steve tomó su escudo que había dejado en la entrada del PentHouse antes de su encuentro con el millonario. No demoraron en subir a la parte más alta de la torre. Observaron la ciudad, personas corrían por todos lados sin ningún tipo de orden y el tráfico era impresionante, ya que la mayoría deseaba escapar.
Rogers deseaba llevarse consigo a cuantos pudieran en ese momento, pero sabía que no había nada por hacer hasta que conocieran la situación. Se forzó a no mirar, mientras tanto Anthony indicaba a su IA que estaban listos para marcharse.
El viento soplaba fuertemente a esa altura, la negrura de la noche invadía el cielo al igual que el frío el ambiente. Arribaron a un helicóptero, una salida de emergencia con la que siempre contaba la torre. Al encontrarse dentro y tomar sus asientos, el rubio miró nuevamente con preocupación al moreno.
—¿Qué? —Tony miró también al Capitán, le incomodaba ser observado y no poder descifrar los pensamientos de Rogers.
—No trates de ocultarlo. —El rubio frunció levemente el ceño.
—¿De qué hablas? —Stark se molestó un poco, actuaba de forma extraña desde el incidente en el parque de diversiones. Es decir, habían combatido extraterrestres, dioses, mutantes… esos monstruos de otra dimensión deberían ser pan comido.
Steve abrochó su cinturón de seguridad, seguido del moreno, después dirigió la vista a la parte superior del helicóptero para esquivar el rostro de Stark. —Sé que estás más asustado que yo. —Murmuró, suavizando su anterior expresión de enfado.
El castaño bufó y fingió una risa. —No bromees.
—Es muy grave, no son un centenar de bichos alienígenas como la última vez, estos pueden ser millones de cadáveres comiendo gente. —Steve podía escuchar su propia voz temerosa.
—Oye, esto será rápido, cuando lleguemos con el cíclope gruñón ya habrán tenido algún adelanto de cómo volver a matar a esas cosas y hacer una cura para los demás. —Trató de tranquilizarlo sin burlarse de él.
—No pienso que sea tan simple. —Continuaba recordando a las personas que habían sido devoradas. Inclusive con una cura o un agujero de gusano, no podrían revertirlo.
—Claro que no, tu mente es demasiado vieja como para entender el funcionamiento de la tecnología y la medicina de hoy. —Continuaba replicando Tony.
—Y tú demasiado imprudente, podrías lanzarte tú mismo a los zombies para que te coman y creer que fue el acto más heroico de la historia.— El helicóptero se elevó y tomó marcha hacia el Helicarrier. JARVIS era quien conducía, así que ambos podían gritarse y pelear con todas las comodidades.
—Al menos yo sí seré útil al construir el portal, tú sólo vas a sacar la basura.— Tony frunció el ceño.
—Estás hablando de una puerta; la cual Hank, Bruce y Pantera pueden hacer sin tu ayuda.
—Ni siquiera sabes de lo que hablas, anciano.
—Por supuesto que sí, estoy hablando de algo muy simple a un niño mimado.— Steve lo señaló con su dedo índice de manera despectiva.
—No te quejaste de este niño mimado en Coney Island, ¿o debo recortarte quién fue el que se aprovechó de mis labios?
Steve se sonrojó, enfadándose aún más. —Lo dices cómo si no hubieses besuqueado a la mitad de la humanidad.
—Y tú hablas como sino fueses parte de esa mitad.
—¿Puedes hablar como un adulto por primera vez?
—¿Y tú puedes reconocer que no pudiste resistirte a mis encantos?
—Eres un idiota, Stark.— El ojiazul desabrochó su cinturón y se incorporó acercándose al castaño.
—Estúpido Capipaleta.— Tony hizo lo mismo y se abalanzó contra el Capitán besando sus labios. Ambos se aferraron al otro con fuerza, pronto sus lenguas comenzaron una ferviente lucha de poder. Steve se ladeó, perdiendo el equilibrio por las inquietas manos del moreno tocando su pecho y cayó al suelo del helicóptero.
Tony quedó sobre su cuerpo, aprovechando para friccionar las entrepiernas de ambos. Su sorpresa fue grande cuando sintió un enorme bulto debajo del suyo, no podía imaginarse el tamaño de la hombría de Rogers.
El rubio posó sus manos sobre el trasero del ególatra, provocándole un leve gemido. Aprisionó ambos glúteos con sus grandes manos y lamió sus labios para después mirarlo a los ojos. Aquellas pupilas tan azules como el océano tenían un poder hipnótico para Tony, con esa mirada no era capaz de negarle absolutamente nada, aunque pronto pondría en duda ese pensamiento.
Hábilmente, Steve bajó la cremallera del pantalón del millonario, introduciendo su mano derecha, extrayendo su caliente y palpitante miembro necesitado. Nunca antes había tocado otro pene que no fuese el suyo y jamás creyó hacerlo, pero en ese momento la lujuria superaba a la razón, a ninguno de los dos pareció importarles ese hecho. Sin ningún conocimiento previo, únicamente siguiendo la orden de sus instintos, movió su mano rítmicamente para masturbar el miembro.
Tony gemía sin parar cerca del oído de Steve, incrementando su excitación.
El rubio aumentó la velocidad y sintió cómo su mano era manchada por la esencia del millonario. Tony no había sentido un orgasmo tan placentero, ni si quiera cuando se acostó con una de las más hermosas modelos de PlayBoy, de hecho mordió su labio al admitir con amargura que tampoco había llegado a un éxtasis así con Pepper.
Steve sintió que su entrepierna iba a explotar y bajó su cremallera para liberar aquel gran pedazo de carne que demandaba atención. Tony se apresuró, descendiendo para encontrarse con aquel delicioso miembro, sólo para echarle en cara después que lo había hecho. Abrió su boca lamiendo con delicadeza la punta, saboreando cada centímetro. Si el mundo estaba a punto de terminar, no quería quedarse con el arrepentimiento de no haber pasado una noche con el Capitán América.
Sus manos acariciaron de arriba hacia abajo, masturbándolo; pero su lengua no se quedaba atrás, mientras más tiempo pasaba en su boca, más deseaba poseerlo por completo. Sin demorarse, introdujo todo lo que su cavidad lograba. Steve cerraba sus ojos, gozando cada instante y moviendo sus caderas para intentar introducirla más.
No tardó en llegar al clímax e inundar los labios del moreno con aquel viscoso, pero cálido líquido blanquecino. Sin desperdiciar una sóla gota, Tony bebió con ansiedad.
Respiraron profunda y agitadamente, recuperándose de toda la acción, aunque el viaje aún no terminaba y Steve aprovechó para bajar los pantalones del hombre de hierro hasta sus tobillos. Giró a Stark para quedar sobre él, separando sus piernas con desesperación. Acercó su miembro a su entrada sin ninguna preparación, acariciando con él, presionando hasta que Tony casi rogaba por sentirlo dentro.
Empujó, poco a poco fue entrando. El dolor de Tony era indescriptible, pero pronto se convirtió en un gran placer. Las embestidas del rubio subieron su frecuencia, se besaban con una inmensa pasión. Steve terminó en un potente chorro dentro del castaño y él sobre su abdomen.
En unos minutos habían aterrizado en el Helicarrier de SHIELD.
