Imperdonable
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3
Historia de tres personas
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Yeah, what I've felt, what I've known
Sick and tired, I stand alone…
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Esa mañana Shaina estaba de excepcional mal humor ya que había ido a buscar a Milo como hacía cada dos o tres noches y el escorpión simplemente no se apareció en toda la noche. Estuvo haciendo guardia en la puerta por horas sin que él diera señal de vida. Había intentado entrar en la habitación privada sin permiso para revisar si estaba dentro pero no estaba ahí al parecer ya que lo llamo muchas veces sin recibir respuesta corroborando que él no estaba en casa y la puerta tenía el cerrojo puesto. ¿Dónde habría pasado la noche, con alguien más acaso?
—Si hizo eso lo mataré —pensaba furiosa mientras intentaba concentrarse en el entrenamiento esa mañana y el árbol al que intentaba darle un fuerte golpe parecía moverse de su sitio haciéndola enojar aún más— ¡Maldición, ¿por qué son así las cosas?! —finalmente le había dado derribándolo de un golpe.
— ¿Por qué estás tan molesta? —La voz de Marin vino detrás de ella, la joven pelirroja la observaba con toda calma con los brazos cruzados— ¿Algún problema con Milo acaso?
— ¡Por supuesto que sí, es un idiota!
— ¿Y ahora qué paso Shaina?
—Anoche fui a buscarlo y nunca tuvo la decencia que aparecerse dejándome plantada.
—Bueno si ya habían quedado en verse me parece muy grosero lo que hizo.
—En realidad no habíamos quedado en vernos, es algo que hacemos simplemente. Algo así como un acuerdo hecho entre nosotros sin necesidad de confirmarnos las visitas.
—Qué te digo... ¿Cómo pretendes que él sepa que irás si no avisas? —Marin sonaba extrañada ante tal razonamiento— ¿Qué tal si salió con los otros dorados y regresaron muy tarde?
—No él jamás volvió, prácticamente lo espere toda la noche.
—Ay Shaina…
La joven cobra no quería que su amiga le recalcara lo que era obvio: Milo era libre de salir por las noches si quería y no tenía por qué avisarle o pedir permiso. La realidad era que a Shaina le molestaba bastante pero no quería admitirlo.
—Bueno, no importa ya que tenemos una relación abierta y no dependo de él para estar bien.
— ¿Estas segura? No suenas muy convencida.
—Claro que si… —no podía engañar a Marin, su amiga la conocía muy bien— ojala me tomara más en cuenta, yo no me lo saco de la cabeza en todo el día y él jamás piensa en mí, lo visito casi cada noche y él jamás viene a verme —lo dijo con gran pesar sin poderse contener.
—Shaina has estado así por bastante tiempo, ¿no crees que es mejor que lo dejes ir y pienses en otras cosas? Yo creo que Milo no está interesado en…
— ¡Por supuesto que no! —la joven lo dijo resuelta lanzando una mirada fulminante a Marin, dejar a Milo era algo que no haría nunca ya que mucho le había costado retenerlo como para dejarlo ir— Pero ojalá fuera más como al principio, cuando lo empezaba a conocer. Era alguien diferente y no sé en qué punto cambio tanto.
La mente de Shaina viajo varios meses atrás, tras el final de la batalla en las doce casas, cuando sus pensamientos los ocupaba Seiya, el joven Pegaso obsesionado con su diosa, y del que había cometido el error de enamorarse ciegamente. Tras llorar el último rechazo del chico fue que se encontró con Milo a quien comenzó a tratar de la nada y quien se le acercó tras verla sentada en una columna derruida.
—La tarde está estupenda —le dijo parándose detrás de ella.
La joven lo miro sin saber qué decir ya que en ese momento jamás se hubiera imaginado siquiera que hablaría con el Escorpión dorado. Se quedó callada observándolo con curiosidad esperando a que siguiera hablando.
— ¿No te lo parece? —sonrió mirándola por un momento y devolviendo la mirada al infinito.
—Sí, la tarde es estupenda.
Acto seguido Milo se sentó a su lado y la observó por un momento una mirada que no le conocía así como un atuendo distinto lo que inquietó mucho a la joven cobra ya que él no llevaba armadura sino ropa de entrenamiento y se le vía extraño en esa facha. En realidad estaba sonrojada pero eso no se veía bajo su máscara cosa que ella agradeció bastante.
—Qué extraño que hables conmigo —dijo Shaina rompiendo el silencio.
— ¿Por qué extraño?
—Vamos, sabes bien que no es normal que un caballero dorado hable con una amazona. Ustedes casi nos miran hacia abajo.
—Eso fue antes —Milo esbozó una sonrisa que a Shaina le gustó mucho y que nunca le había visto—, los tiempos han cambiado y las cosas mejoraran seguramente así que sería bueno que nos empezáramos a llevar bien entre todos, ¿no crees?
—Pues… —era la primera vez que un hombre la dejaba sin saber qué decir— creo que tienes razón y ojala que nos lleváramos mejor.
—Debo irme, te veré luego.
Fue tan amigable que Shaina sintió que aquella conversación se había dado en una especie de realidad alterna donde Milo no era el santo dorado prepotente y odioso que era sino el agradable y parlanchín colega que acababa de mostrarse. La joven no lograba entender de donde había surgido tal amabilidad y mucho dudaba de sus intenciones aunque no hubiera hablado ni cinco minutos con él.
—Qué extraño, ¿Qué pretenderá? —eso era lo que ella tenía en la cabeza.
Así fue como en las siguientes semanas en las que Milo se mostró excepcionalmente amable y cercano a Shaina; de repente aparecía ilegalmente en el campo de amazonas o la sorprendía entrenando en el Coliseo apareciendo de repente y animándola a que diera su mejor esfuerzo mientras entrenaba, ella daba lo mejor de sí cada vez que lo veía llegar y en un abrir y cerrar de ojos poco a poco las cosas se tornaron más cercanas entre ellos casi sin darse cuenta.
Milo era increíblemente detallista cosa que la joven jamás se hubiera imaginado y aquello le gustaba porque nadie la tomaba en cuenta como él, nadie la hacía sentir lo que él y menos del modo que Milo sabía. Debajo del caballero orgulloso estaba un joven completamente diferente y romántico.
Si aquello era un sueño ella no quería despertar hasta que el destino le dio un giro repentino a su historia. Había algo de él que solo ella conoció un tiempo…
— ¿Por qué Milo cambio tanto? —Marin no entendía esa parte del relato.
—Eso me gustaría saber… —la joven cobra se quedó inmóvil por unos momentos mirando al infinito— Es como si fuera otra persona, como si sus pensamientos fueran los de alguien más y no el hombre que conocí en esa ocasión ni en las siguientes. No quiero perderlo aún más.
— ¿Shaina has hablado con él de esto?
—Lo he intentado pero siempre lo estropeo todo ya que pareciera que el mensaje no es el que intento transmitir o no le digo las cosas como pienso que son… no lo sé Marin, ojalá pudiera volver el tiempo atrás.
—De nada sirve lamentarse y lo sabes bien, sería mejor que hablaras con él a detalle sobre cómo te sientes tal vez puedas resolver algo y dar con esa razón que no entiendes de su comportamiento.
—Es probable pero no lo he visto, pareciera que no quiere verme y hace todo lo posible por evadirme.
—No podrá con esos juegos siempre, dale un poco de tiempo y cuando menos lo espere llega con todo para recuperarlo.
—Suena a buena idea.
—Todo saldrá bien ya verás.
De verdad lo esperaba porque para ella era una situación terrible el ver como Milo se alejaba más y más sin entender el por qué.
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Milo estaba en la habitación privada del octavo templo analizando el pequeño tesoro que había tomado prestado de la habitación que era de Camus: un viejo walkman que estaba sobre la mesa de noche junto con dos casetes de música mezclada, Milo los escuchó completos esa noche imaginándose que Camus los habría escuchado también una y otra vez así que esa noche durmió mejor que nunca recordando al que fuera su mejor amigo en vida.
Sin poderlo resistir se los llevó consigo como "préstamo" ya que lo ponía muy melancólico escuchar esa música en la habitación de su amigo, era mejor escuchar esa música una y otra vez en su propia habitación así podría perderse en sus pensamientos sin ser molestado por nadie. No conocía ni una sola de las canciones en los casetes pero eso poco importaba, solo quería escuchar a fondo cada canción así como Camus lo hizo en su momento.
Pero no podía del todo, no con el rostro de la diosa en su cabeza y la expresión en sus ojos. Estaba seguro de que esa mirada presagiaba algo malo, un nuevo enemigo quizás o una batalla que estaba inminente; de alguna forma sabían que algo se avecinaría ya que estaban reunidos en las doce casas por algo en particular pero no sabían que era o que sería. Tal vez ahí estaba la señal.
—Solo espero que no se trate de una batalla tan cruel como la que tuvimos o la que hubo en Asgard o en Atlantis… espero que el tiempo de paz sea realmente duradero como lo esperamos.
Esa decisión no dependía de nadie más que del destino mismo y este decidiría por ellos sin duda. Milo se perdió en sus pensamientos mientras miraba el techo de la habitación, estaba por quedarse profundamente dormido cuando la paz y la calma de su habitación se vieron interrumpidas por los insistentes golpes en la puerta. No era Shaina eso no lo dudaba más bien parecían los golpes de…
—Milo ¿estás ahí? —la voz de Kanon retumbo por todo el templo rompiendo el silencio.
—Ya te escuché, enseguida salgo —se levantó rápidamente y fue a atender la puerta cuando al abrirla se encontró con la mirada preocupada de su colega— ¿Qué sucede?
—Es Mu, vamos a la casa de Virgo a discutir un tema importante.
— ¿Qué pasa con Mu?
—Vamos, hay que darnos prisa.
—Oye espera… —apenas le dio tiempo de ponerse los zapatos para bajar corriendo detrás de él.
Los caballeros dorados de Tauro, Géminis, Leo y Virgo estaban en medio del sexto templo consternados organizando una junta de emergencia por algún tema relacionado con Mu y que nadie sabía con exactitud salvo Kanon al parecer.
—Escuchen —dijo el gemelo con voz alta atrayendo la atención de todos—, tenemos un problema inminente sobre los hombros.
— ¿Qué pasa con Mu, Kanon? —el león dorado fue el primero en demandar una explicación.
—La diosa descubrió está tarde que está enfermo y que necesitará cuidados en su tierra natal.
— ¡¿Cómo que enfermo?! —Aldebarán acaparo la atención con su presencia pero preocupada voz— Eso no puede ser lo vimos apenas hace un par de días gozando de buena salud.
—Por lo que la diosa comenta no se trata de un padecimiento que se vea a simple vista sino de una condición propia de la gente de la raza de Mu. No es grave por ahora ya que si nuestro colega se trata a tiempo podrá volver a estar al cien para cumplir con su misión. Les comento esto ahora mismo ya que debemos estar preparados porque es un hecho que uno de nosotros se encargara de ser el custodio de la diosa y el designado no podrá cambiar el puesto salvo que sea por una condición como esta.
— ¿En qué momento la diosa nos dará el aviso? —el que hablo con toda calma fue Shaka quien no parecía estar consternado o eso daba a entender.
—Nos convocará mañana pero me encomendó adelantarles este aviso para que no vayan a bajar al pueblo si es que lo tenían planeado hasta que ella nos haya convocado así mismo nos pide nuestra total discreción. Está prohibido hablar de esto con nadie, ¿les quedo claro?
Milo sintió la mirada de Kanon sobre él y Aioria; el gemelo lo decía por Shaina y Marin seguramente ya que si ellas se enteraban seria por boca de ellos y de nadie más. Más valía que las dos jóvenes no supieran ni una palabra al respecto por ahora.
—Nadie más que nosotros sabrá de esto Kanon —Aioria se adelantó a cualquier comentario que pudieran hacerle.
— ¿Mañana nos darán los detalles de la condición de Mu y cuanto tardara en recuperarse? —Intervino Aldebarán genuinamente preocupado por su colega.
—Es correcto, como les mencione no es nada grave ya que Mu está en tiempo de tratarse correctamente y volver a estar recuperado. El pasara la noche en el templo principal para evitar ser cuestionado al respecto y se viole la confidencialidad que la diosa está solicitando.
—Está bien —fue lo que todos dijeron al unísono pero les había molestado el modo en que Kanon manejo toda la situación aunque nadie dijera nada.
Rompieron filas y cada quien se retiró a su templo a descansar a la espera del comunicado de la diosa. Milo se retiró preocupado por la condición de Mu y extrañado por todo el tema de la confidencia, estaba claro que a nadie le gustaba que se divulgara su estado de salud y el que Kanon los hubiera tratado como un grupo de chismosos no le había gustado para nada pero no valía la pena molestarse por algo así.
Al llegar a su templo camino a la parte posterior mirando hacia el templo principal donde estaban las habitaciones de la diosa y donde, seguramente, Mu estaría también. Era probable que pasara algún tiempo en las fuentes medicinales del Santuario mientras se marchaba a su tierra para tratar su padecimiento. No se esperaba tal noticia y quería mostrar su apoyo pero no era posible subir y mostrar su simpatía ya que seguramente no sería bien visto hasta dado el comunicado oficial.
—Mu… ¿Qué te paso amigo? —pensó con gravedad muy preocupado.
Lo que más deseaba en ese momento era que Mu se fuera cuanto antes a tratar, aun no sabían que condición tenía o qué enfermedad siquiera pero en esos casos lo mejor era darle prioridad y tratarse cuanto antes.
Regreso a su habitación cerrando la puerta con llave y poniéndose los auriculares del walkman se perdió en la música hasta quedarse dormido sin escuchar nada más.
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Saori llevo personalmente la cena a Mu esa noche, lo había hospedado en una de las mejores habitaciones de huéspedes que tenía el templo principal. Se sentía culpable de haberse molestado con él por cumplir su deber como custodio ya que ahora que no lo tenía no sabría qué hacer. Tendría un sustituto sin duda pero nadie como Mu; con el joven podía hablar de muchas cosas aunque la reprendiera y le diera instrucciones sobre cómo comportarse.
—Te traje esto Mu, come un poco.
—Por favor Atena, estoy bien y a tiempo de tratarme para quedar recuperado.
— ¿De verdad? —ella estaba por llorar desconsoladamente pero el santo de Aries hacia lo imposible porque eso no pasara.
—De verdad estoy bien, no tiene por qué preocuparse tanto por mí.
—Como no preocuparme si estás enfermando.
—No moriré si me trato a tiempo como ya se lo he comentado.
Saori trataba de pensar con la cabeza fría pero no podía, se estaba saliendo su lado más sentimental como si ella hubiera sido la responsable de la enfermedad de Mu aunque sabía internamente que no era así. Lo de Mu era propio de su raza y no culpa de nadie más.
—Lo siento Mu, te estoy tratando como a un desvalido y no como el Santo poderoso que eres. Perdóname por eso —dejo la cena en la mesa de noche y se sentó muy apenada en el sillón frente a la cama.
—No hay nada que lamentar o qué perdonar, entiendo su preocupación y le agradezco infinitamente. Lo que me importa ahora es dejar listo todo para mi partida y dejarla con un buen custodio que la cuide tanto como yo.
—Es cierto, tengo que ver el cambio de puesto.
—No se preocupe de eso por ahora y vaya a dormir tranquila. ¿De acuerdo? —le sonrió profundamente.
—Bien Mu, buenas noches.
Ella salió muy triste y con un par de lágrimas en sus mejillas, el cambio de custodio no era tan trágico aunque no lo pudiera ver en ese instante y solo pensaba en como apoyar a Mu en ese momento tan difícil.
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Continuará…
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*Notas:
