The Loud House y los personajes representados son propiedad intelectual de sus respectivos autores
La imagen en el cover de la historia fue hecha por el usuario de DeviantArt conocido como "eagc7"
Historia original de Yaridovich23
Traducción y adaptación al español hecha por mí
P. D.: Una vez que hayan terminado de leer, les hago la más atenta invitación para que dejen su review, ya que soy alguien que busca mejorar en base a la retroalimentación. De antemano, si quieren pueden hacer lo mismo con las demás historias que tengo en mi perfil.
CAPÍTULO III
Ante una situación como la que estaba padeciendo Lynn, todos sabemos que no hay de qué preocuparse. La temperatura normal del cuerpo es de treinta y siete grados Celsius, aunque puede variar ligeramente a lo largo del día. Si la temperatura corporal es más alta que lo normal, esto indica que la persona tiene fiebre.
Generalmente la fiebre es un signo de que el organismo está luchando contra una infección. Cuando un germen activa las defensas del organismo (sistema inmunológico), son muchas las reacciones que ocurren. La fiebre es un signo de esas reacciones. No es una enfermedad en sí misma. Hasta una simple fiebre es tratable y puede desaparecer en unos pocos días.
Lamentablemente, no fue hasta el tercer día de esta fiebre que hubo un pánico real. Lynn no había mostrado ningún signo de mejora, y la hinchazón en su pierna derecha empezó a ponerse peor... Ya era hora de que fuera al hospital. Toda la familia se metió en Vanzilla, con Leni y Lori sentadas en la parte posterior con Lynn, confortándola y tratando de no llorar ante su situación. El viaje fue, aparte de los gemidos de Lynn, un silencio mortal. Nadie se atrevía a hablar, nadie sabía qué decir ante la visión pesarosa de Lynn horriblemente enferma.
Cuando llegaron, los padres entraron corriendo con su hija enferma, con el resto de los Loud siguiéndolos. Los padres llevaron a Lynn más adelante al hospital con un doctor minutos más tarde, mientras que los otros niños tuvieron que esperar en la sala de espera.
Hubiera sido incómodo para los diez niños obtener miradas extrañas de los demás en la habitación, pues todo el mundo en la habitación no estaba acostumbrado a ver a diez niños agrupados así en un hospital. Afortunadamente, cada uno de los niños Loud estaba preocupado en cosas más importantes, sólo se encontraban nerviosamente sentados o paseándose alrededor, preguntándose qué sería de su hermana.
‒ ¿Qué es... qué es lo que le pasará a Lynn? ‒ preguntó Leni. ‒ No creo que la haya visto tan enferma antes. ‒ Estaba tratando de quedarse inmóvil en una de las sillas, pero una de sus piernas seguía rebotando nerviosamente contra su voluntad.
‒ Seguro, solo tienes que relajarte, hermana. Lynn va a estar bien. ‒ dijo Luna, poniendo una mano sobre el hombro de Leni. A pesar de sus palabras, parecía demasiado preocupada. Aún así, sentía que debía calmar sus nervios. ‒ Lynn siempre ha sido una galleta dura, ella se recuperará.
‒ Sí, no te preocupes por esto. ¡Además, estar enferma no es un buen deporte para Lynn! ¡¿Entiendes?! ‒ dijo Luan, tratando de aligerar los ánimos de todos y dando una sonrisa nerviosa a todo el mundo, sólo para conseguir un par de miradas que la obligaron a borrar esa sonrisa. ‒ Lo siento.
Acto seguido, Luan bajó la cabeza en señal de derrota.
Todos en la familia sabían que Luan era muy alborotada y excesiva en sus bromas y chistes, pero también estaban conscientes de que la mayor parte del tiempo no tenía malas intenciones, y el hecho de que se hiciera la chistosa en una situación muy seria era sólo una señal de que ella estaba igual de inquieta por saber cómo terminaría su hermana.
Sin embargo, hasta ella debía entender que sus bromas y chistes malos no deben desviar la importancia de este tipo de situaciones.
‒ Yo no me preocuparía por eso. ‒ dijo Lisa, mirando por encima de un bloc de notas. De hecho, ella parecía ser la única que no estaba preocupada, manteniendo su usual expresión aburrida en su rostro. ‒ Este tipo de cosas suceden a menudo y pasan por encima. Por supuesto, los síntomas de la fiebre del podría ser algo mucho peor y mortal. Tales como...
‒ NO ESTÁS AYUDANDO, Lisa. ‒ La regañó Lincoln.
Lisa se encogió de hombros. ‒ Bueno, yo sólo decía...
Lori miró fijamente a Lisa, confortando a una Lily llorona. ‒ Bueno, entonces no lo hagas. Eso no es útil. Además, estás asustando a las gemelas.
Lola y Lana, de hecho, parecían ser las más nerviosas de todas, teniendo un raro momento de contacto prolongado y amistoso en forma de tomarse de la mano. Tras el comentario de Lori, Lola simplemente no mostró concordancia con ella:
‒ Oye, no somos bebés, ¿sabes? ‒ exclamó ella.
‒ ¡Sí, estamos bien! ‒ dijo Lana, soltando la mano de Lola, cruzando los brazos y haciendo pucheros. Lola reflejó a su gemela y las das mirando a Lori.
Por su lado, la mayor Loud suspiró de manera cansada.
‒ Sí, como sea...
Se sintió como horas antes de que mamá y papá regresaran a la sala de espera... sin Lynn. Eso de por sí les resultó extraño, pero el gesto marcado en sus padres de forma unánime sin duda los hizo inquietarse aún más; parecían más aterrorizados como ninguno de sus hijos los había visto antes: ojos vacíos y una piel tan pálida como la de Lucy...
"¿Qué estará pasando?"
‒ ¿Mamá...? ¿Papá...? ‒ preguntó Lori acercándose a ellos. ‒ ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Lynn?
Los padres se miraron, aparentemente incapaces de hablar. Después de algún tipo de debate silencioso entre ellos, el señor Loud habló:
‒ Tenemos... tenemos que hablar, con todos ustedes. Resulta que... Lynn estaba mucho más enferma de lo que pensábamos...
Elisabeth Kübler-Ross, una de las mayores personalidades del mundo de la Psiquiatría, escribió y publicó un libro titulado On death and dying, el cual contendría lo que sería su aporte más importante para su campo de trabajo y el mundo de la Medicina en general, el cual se conoce comúnmente como "Las cinco etapas de duelo".
En sí, el proceso de duelo es altamente personal y no debe ser acelerado, ni alargado, por motivos de opinión de un individuo. Uno debe ser meramente consciente de que las etapas van a ser dejadas atrás y que el estado final de aceptación va a llegar.
Muchos de nosotros quizás ya habíamos pasado por situaciones más o menos pesadas en nuestras vidas, pero básicamente cuando lidiamos con verdaderos dilemas a veces resulta difícil sobrellevarlos de la mejor manera.
Quizás Lisa y Lucy, en menor medida, eran muy capaces de comprender muy bien las emociones fuertes y reservarlas para las situaciones más apropiadas, pero ni ellas, al igual que sus otros hermanos, fueron capaces de esperar una respuesta tan devastadora por parte de sus padres, cuando supieron del verdadero estado físico de Lynn. Sin embargo, ya no se sentían inquietos por la salud de su hermana, sino que se preocuparon aún más porque quizás Lynn no fuera capaz de lidiar con algo tan pesaroso como lo que le estaba ocurriendo.
Mientras que en la sala de espera la familia entera se encontraba dominada por un silencio profundo, Lynn se mantenía contemplando sus piernas bajo las sábanas de su cama de hospital.
Aún mantenía agarradas las sábanas, pero sus nudillos estaban tan apretados hasta el punto en que se pusieron blancos, y tanto sus manos como su cuerpo no podían dejar de temblar por la ira y la desesperación que sentía en esos momentos.
"¿Cómo pudo pasar esto? ¿Por qué a mí?"
Por si fuera poco, sus emociones más fuertes ya estaban provocándole mareos, hasta incluso sentía que su cabeza iba a caer en cualquier segundo.
"¿Por qué tenía que arruinar mi vida así? ¿Por qué deben cortarme la pierna?"
FIN DEL CAPÍTULO III
