DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. La obra es mía, escrita sólo con el fin de entretener – a ustedes y a mí. Sin fines de lucro. Este fic participa en la actividad de San Valentín "Érase una vez el amor..." del foro "¡Siéntate!".
— De cursilerías y verdades… —
— III —
Las nevadas ese invierno estaban siendo mucho más despiadadas que otros años, y la tormenta que golpeaba la cabaña en esos momentos no era la excepción. Observó a sus hijos mayores terminar de sellar las puertas con los sacos de arena antes de sentarse y recibir agradecidos el té que había preparado la dueña de casa. Sonrió, tomando también su taza y bebiendo el líquido caliente, algo completamente reconfortante con ese frío.
— Abuelo, tengo una duda. ¿Ustedes nunca pelearon así, muy fuerte?
Dirigió su mirada a su nieto Hayato, quien solía interesarse más en batallas y yōkai poderosos, notando los ojos llenos de curiosidad. Inhaló profundo, haciendo un gesto para que los demás también se ubicaran a su alrededor, incluso sus hijos menores lo hicieron, expectantes ante la respuesta que él podría darles, porque pocas veces habían tocado ese tema.
— Bueno, la verdad… Sí, tuvimos una pelea grande — admitió, bajando un poco la mirada —. Aunque, más que una pelea, fue una separación. Su abuela y yo terminamos.
Todos los oyentes abrieron un poco la boca ante la sorpresa, el matrimonio evitaba hablar sobre esa época porque era un recuerdo doloroso, eso pudieron notarlo en sus ojos.
— Espera, papá… ¿ustedes estuvieron un tiempo separados? — Uno de sus hijos menores, Ryusei, parecía no creer lo que acababa de escuchar.
— Así como lo oyeron, terminamos. Fue poco después de que nacieran Mao y Mei, cuando recién comenzábamos a saber lo que era ser realmente un matrimonio.
» Las niñas apenas tenían algunos meses, pero no había sido nada fácil desde su nacimiento. Tener un hijo es complicado, y nosotros no lo sabíamos. Además, ellas nacieron en invierno y fueron dos, el doble de trabajo y preocupaciones. Sufrieron algunas enfermedades, nos dieron mucho qué hacer y ambos sólo nos enfocamos en ellas, era nuestra prioridad… así como lo digo, pareciera que las responsabilizamos por lo ocurrido, pero en realidad fue nuestra culpa.
» Nos distanciamos más de lo que habíamos hecho antes, hablábamos sólo de las cosas de la casa o de las gemelas. Ambos estábamos agobiados y nos refugiábamos lejos del otro, yo saliendo muy seguido a algún trabajo, casi siempre fuera de casa, lejos del caos que había a diario. Sango, por el contrario, no salía de la cabaña, se ocupaba todo el día de las niñas y las labores domésticas. Al principio trataba de ayudarle, pero con el tiempo se volvió algo tedioso para los dos y dejé de hacerlo. Seguíamos durmiendo en el mismo cuarto sólo porque nos turnábamos para cuidar de las bebés, pero no había mucho en común entre nosotros ya. Su abuela estaba tan cansada y agobiada que ya ni siquiera se preocupaba mucho por ella o su aspecto, y aunque siempre he considerado que tiene una belleza natural innegable, fui incapaz de darle esa seguridad. El nosotros ya no existía y nos manteníamos durmiendo bajo el mismo techo sólo por la familia que ni siquiera terminábamos de ser.
— Entonces… ¿siguieron juntos sólo por nosotras? — La pregunta de Mao, la mayor de sus hijas, estaba cargada de angustia, la relación de sus padres siempre le había parecido amor verdadero, y ya no sonaba a eso.
— Es doloroso admitirlo, pero sí — soltó un suspiro, mirando a sus descendientes con nostalgia.
— Pero abuelo… dijiste que habían estado separados…
— Así es — bebió un poco de té en tanto ordenaba las ideas antes de seguir el relato —. Llevábamos un tiempo sin ser realmente una pareja, cuando llegó una visita inesperada a la aldea. Me pareció muy raro ver guardias de tierras lejanas paseando por los alrededores, hasta que vi a su cabecilla y sentí un nudo en el estómago.
» Hay hombres que jamás cumplen su palabra, pero ese no era el caso de Kuranosuke Takeda. El terrateniente había decidido buscar a Sango esperando que luego de haber cumplido su misión, pudiera ser su esposa, y una vez en los alrededores, no fue difícil que la encontrara. Como deben imaginar, la visitó y reafirmó su deseo de que fuese su compañera de vida. No sé exactamente qué hablaron ese día, pero sí sé que en una tarde, él hizo que su rostro volviera a brillar como no había ocurrido en meses. Cuando me di cuenta de lo ocurrido, no había mucho que pudiera hacer.
» Discutimos, mucho más fuerte que nunca, sacándonos cosas en cara que habíamos guardado por mucho tiempo. Nos herimos, más de lo que podíamos soportar, hasta que explotamos y dije algo que realmente no quería.
"— Pues si tanto he fallado como tu esposo, vete con ese terrateniente que de seguro es mil veces mejor que yo y no pasarías estos disgustos."
» Aún recuerdo la mirada de Sango al escucharme, el dolor y la decepción en sus ojos no es algo que vaya a olvidar, como tampoco sus palabras.
"— Si esa va a ser tu solución a nuestros problemas, no necesito escuchar nada más. Espero que seas muy feliz, Miroku."
En ese punto del relato, sus oyentes tenían la boca levemente entreabierta y sus ojos mostraban sorpresa e incredulidad, algo que era totalmente esperable por todo lo que conllevaba la historia.
— Esperen… ¿te fuiste con ese hombre, mamá? ¿Abandonaste a papá? — Mei, la menor de las gemelas, miró con reproche a Sango, quien se había mantenido en silencio hasta ese momento.
— No es algo que me guste recordar y estoy segura de que tampoco lo entenderían.
— Fue un momento difícil — Miroku suspiró, mirando con melancolía el rostro lleno de pesar de su mujer —. Sango se fue de casa, dos días después Takeda y sus compañeros se marcharon de la aldea y ella también… Pensé que se había ido con él, que comenzaría de nuevo lejos de nosotros, teniendo la oportunidad de vivir tranquilamente, como siempre se lo ha merecido…
» Me resigné, pensando que era lo mejor para ella y para ustedes, mis niñas. Así que me quedé en la aldea, intentando recuperarme de a poco, consciente de que la situación no era algo que hubiese pasado de la noche a la mañana y no podía culpar a nadie más que a nosotros. Con pesar, me di cuenta de que el amor no era lo único que debíamos cultivar y sentí que quizá había sido un error intentarlo sólo para arruinarlo todo. Lamentablemente, nada podía hacer al respecto más que seguir adelante por mi cuenta.
El monje guardó silencio, notando como su relato estaba afectando a todos sus descendientes, porque nadie podía creer que realmente eso hubiese ocurrido. Después de todo, ellos parecían la pareja perfecta y jamás hubiesen imaginado que en algún momento pudieron tomar caminos separados.
— Esto es… realmente abrumador — su tercer hijo, Shin, tomó la palabra sin ocultar su desconcierto —. Escucharte ahora sólo me hace pensar que no había vuelta atrás, y que no volvieron a sentir lo mismo. Es obvio que en algún punto decidieron volver a estar juntos, pero quizá no porque se quisieran…
— Es cierto… — Mao agachó la mirada, sintiéndose mal con la realidad que se estaba revelando ante ellos. — Si lo pensamos bien, al tener tantos desacuerdos y sufrir un quiebre así, es difícil sanarse. Es probable que ustedes sólo siguieran juntos por… por nosotras.
Sango sonrió de forma cansina, Miroku volvió a suspirar, encogiéndose levemente de hombros, ese tiempo había sido extremadamente difícil de superar, tanto para él como para su mujer.
— No puedo mentirles y decirles que no fue una razón importante, pero es más complicado que eso.
— Así es. Pero creo que es momento de hacer una pausa y comer — Sango les señaló el caldero con la comida caliente —. Hablar de esto es agotador para nosotros y su abuelo necesita respirar un poco.
A pesar de que la incertidumbre y la ansiedad eran palpables en el ambiente, los presentes sabían que la mayor tenía razón, por lo que le ayudaron a servir la comida mientras el ambiente se alivianaba, era necesario reponer las energías porque todos se sentían un tanto apesadumbrados con la idea que acababa de generarse producto de los recuerdos relatados. Al parecer, el amor nunca había sido suficientes por sí solo.
¿Había dicho que eso trataba de las etapas del amor, verdad? Pues bien, una de las etapas es la de crisis, y como toda pareja, creo que ellos debieron haber pasado por una. No debe haber sido fácil con dos niñas ya de por medio, por lo mismo la posibilidad de que luego decidieran seguir juntos sólo por las gemelas es algo no tan impensado.
Pronto volveré con el desenlace de esta etapa, pero por ahora me despido, no sin antes agradecer a AvrilGracia (me alegro mucho que te hayas hecho una cuenta, así podre responder mejor tus reviews (L) y a bruxi (en cuanto puedo, respondo tus reviews preciosa), y como siempre, el apoyo inmenso que me brinda Nuez. Todas son un sol, las adoro~
Hasta la próxima.
Yumi~
