Disclaimer: Bleach no me pertenece, yo sólo quiero matar a sus personajes.


Capitulo 3: Realidad

Despierta, maldición, ¡Tienes que despertar!

¡Contrólate de una vez! Rápido, debemos irnos, hay más en peligro.

No, podemos dejarlo aquí.

Ah estado bien antes, lo estará ahora, hay otros problemas que atender.

¡Ichigo!

¡Ichigo!

¡Ichigo!

¡Kurosaki!

Ichigo abrió los ojos tras escuchar la voz de Ishida. Su mirada confundida yacía desde una cama de hospital, en el centro de los semblantes preocupados de Inoue, Chad e Ishida.

Un silencio perturbado por los sollozos de Orihime, cuyo corazón descansaba al ver esos ojos abiertos.

- Lo que dije – titubeo el pelirojo – no era verdad. El es sí es Tsukishima.

Seguían en silencio.

- Su habilidad, él puede – le costaba trabajo continuar ante la mirada extrañada de todos, cómo odiaba que lo compadecieran de esa forma- él puede alterar la memoria de la gente, los ha hecho creer cosas, cosas que nunca pasaron.

En medio del silencio los tres se miraban, cómo si temieran a las mentiras.

- ¡Qué es lo que pasa! ¡Déjense de mirarse y díganmelo!

- Es que – comenzó Ishida – Yo no sé de quién hablan.

Ichigo se incorporó.

- Es que … ¿Él no te corto con su espada?

- Fue muy rápido y recuerdo el rostro de quien me atacó perfectamente; pero en lo que a mí respecta nunca eh conocido a nadie con ese nombre.

- Pero Inoue y yo – interrumpió Chad – sí recordamos a Ishida y a Tsukishima trabajando juntos.

- Es que no tiene sentido – dijo ella.

- Ni Renji y Rukia ayudándome.

De nuevo el silencio.

- Eran ellos, ¿no es cierto? – evadieron su mirada exacerbada- es verdad ¿¡oh no! ¿Por qué no me responden?

- ¡Por qué ese no es el punto! – interrumpió Ishida con el semblante quebrado y el arco a punto de formarse.

- ¿Qué ocurre? – pregunto Ichigo al notar el temblor en las manos de Orihime.

- Nos dices que Tsukishima ah entrado en nuestra mente y la ah cambiado – siguió el Quincy – pero tampoco tenemos la certeza de si no has sido tú ó alguien más quien lo ah hecho.

E Ichigo se puso pálido.

- Claro eso es algo que los shinigamis haríamos – dijo con un nudo en la garganta y un golpe de honor en el pecho.

- No empieces con eso – grito su amigo de blanco.

- ¿Qué no empiece con qué? ¿Con lo qué tú has estado pensando todo este tiempo? ¿Te parece que tenga más sentido que yo haya borrado a Tsikishima de tu maldita mente a que él haya engañado a Inoe y ah Chad?

Su pecho contenía un sollozo profundo que se confundía fácilmente con ira, con peligrosa ira.

- Es que ambas cosas son increíbles – dijo Inoue llorando – yo no quiero verlos lastimados, ni a ti ni a Tsukishima.

- Él planea algo Inoue – respondió Ichigo con seriedad- algo siniestro y si sólo yo me interpongo en su camino, igual lo detendré.

Ichigo se levantó, dejando a Inoue llorando junto a él. Ese rostro, esa expresión, era como una foto exacta de un recuerdo muy antiguo. De pronto le pareció verla con aquel traje blanco y roto, suplicando para que él volviera en sí, de repente le pareció oírla gritar y verla alejarse como un fantasma en la lejanía destrozada.

- Kurosaki kun – dijo regresándolo de ese sueño profundo – sólo prométeme que tratarás de hablar con él, lo conozco, sé que es una buena persona.

Él sostuvo su mano para no decir una palabra que lo comprometiera.

Salió del lugar del que se encontraba, era un plano campirano, tal vez un parque en medio de la ciudad.

- ¡Sal de una maldita vez! – grito Ichigo - ¡Se que es por mí por quien esperas!

Cuando menos lo pensó lo tenía enfrente, a unos cuantos metros, con los demás fullbrigers rodeándolo.

- Veo que alcanzó a cortarte, Ginjou – dijo Ichigo sin ver a su amigo, más este no le contesto.

- ¿Por qué quieres atacarme Ichigo? – comenzó Tsukishima, con una voz pausada y elegante, una voz que Ichigo no lograba saber si era realmente suya – lo mejor sería que reconocieras que en realidad soy tu amigo.

Tsukishima jugaba con su espada. Chad, Ishida e Inoue salieron de la casa, los enemigos se acercaron, Orihime grito, Ichigo comenzó su fullbrig e ishida lanzó una flecha.

Ichigo peleaba contra Tsukishima, la flecha del Quincy dio hacia Ginjou.

- Fue él – gritó Ishida señalándolo – fue él quien me atacó.

Ichigo miró a Ginjou, él lo volteo a ver con un rostro distinto al que Ichigo vio mucho tiempo. Sus ojos eran espigas de intenciones crueles y la sombra caía sobre él cual amargo trato.

Los demás oponentes eran parados por los campos de fuerza, por los brazos amables del diablo o por espadas que Ichigo no podía ver.

¿Qué era real? Es real lo que podemos ver, oir, oler, probar y tocar. Es real lo que sabemos con certeza, lo que recordamos, lo que amamos con todo nuestro corazón.

¿Era real esa batalla?

Pronto sería un recuerdo vago del que comenzarían a dudar.

Los deseos, son lo único de lo que tenemos la certeza de que son verdad, porque, de alguna forma, es lo único que realmente nos pertenece.

E Ichigo deseaba probar la vida normal y deseaba la oportunidad de dejarla, de salvar a sus amigos, de ver a sus amigos. Él deseaba, todo el tiempo, como un niño insatisfecho que se niega a ver las cosas tal y como son.

Su mente divagaba mientras su armadura de huesos y sombras lo protegía de la espada de Tsukishima, su rostro altanero y su desgarre de la realidad.

Pero esa extrañeza lo hacía sentirse tan… culpablemente cómodo. Esa batalla era la prueba de que todas las demás habían existido.

Ishida gritó al ser alcanzada por el golpe de Ginjou. Ichigo volteo en un acto reflejo creando una abertura.

Tsikishima alzó su espada en un golpe inevitable. Ichigo sintió la mano que lo hacía a un lado y adivino el cuerpo que recibió el golpe en su lugar.

Y entre sus ojos de lágrimas alcanzó a verla. Tumbada en el suelo, tras el golpe, la shinigami se incorporo.

- No – dijo él – tú no.

Corrió a abrazarla, la rodeo con sus brazos mientras Tsukishima miraba altaneramente la vulnerabilidad del enemigo.

- Ichigo – murmuro ella – sálvame.

Lo único que nos pertenece son nuestros deseos, porque lucharemos para tenerlos, porque nos conducen a hermosos sueños de noches tranquilas, porque son lo único que no podemos olvidar; ya que si los olvidamos, desapareceremos. Y cuánto deseo él que ella dijera eso.

- Esto – dijo quedamente el shinigami sustituto mientras la espada de Tsukishima se acercaba inevitablemente hacía él – Esto, no es real ¿verdad?

Y entonces, la ilusión de la Zampakuo, Kyōka Suigetsu, se rompió.