3. Más se enreda la madeja
Misty remoloneaba por el Santuario, sin saber qué hacer. Acababa de escuchar las noticias recién horneadas sobre la posible relación entre Hyoga y Shun, pero aunque aquello cotilleo le había provocado un regocijo malsano, pronto volvió a su estado melancólico.
Llevaba varios meses pensando en aquel muchacho. Cada vez que le veía entrenando con sus compañeros o paseando por dondequiera que le apeteciese, el francés le seguía a escasos metros. Acechando entre las sombras.
Aioros tenía algo que fascinaba al caballero de Lagarto. Un je ne sais quoi que le atraía irremediablemente. Descartó su físico, ya que si fuera por músculos y planta, en el mismo Santuario había otros compañeros que tenían un físico similar o incluso superior que hubieran sido más accesibles a los deseos del francés que aquel hombre griego.
Suponía que fuera su rostro, sereno y apacible, con cierto aire de despistado cuando paseaba tranquilamente, con marcadas facciones masculinas pero con ausencia del gesto adusto de otros colegas. Nunca le había visto enfadarse; si le escuchaba regañar a algún compañero por la razón que fuera, siempre lo hacía desde el respeto y sin perder las formas. Y con los niños del Santuario la actitud era paternalista, no era de extrañar que cada vez que aparecía el caballero de Sagitario, los nenes corrieran a abrazarle. De hecho, no le importaba tirarse por el suelo y jugar con ellos sin problemas.
—Hasta lleno de polvo y barro no pierde su atractivo— musitó Misty, al recordar algunas escenas.
Esto era lo que más le asombraba, ya que él, siendo el rey de la pulcritud del Santuario, título que estaba a punto de serle arrebatado por Saga de Géminis, ahora sentía deseos de retozar por el suelo con Aioros. Ensuciarse por otra persona. Definitivamente, el francés sentía que perdía la cabeza a pasos agigantados.
Y hablando del rey de Roma, se cruzó delante de él. El caballero de plata aguardó en el sitio hasta que se percató de la dirección que tomaba el caballero de Sagitario. En cuanto mantuvo la distancia, se puso en marcha y procedió a seguirle.
Shun se había reencontrado con su hermano y aún seguían los dos abrazados hasta que Ikki decidió que los cariños eran excesivos.
—Si es que te veo poco— refunfuñó el hermano menor, a modo de queja.
—Pues ven más por el Santuario— respondió el caballero de Fénix, revolviéndole el cabello—. Además, hay más gente aquí que te echa también de menos.
El caballero de Andrómeda miró a su hermano con cara interrogativa.
—¿Aparte de ti?
—Aparte de mi— contestó Ikki—. Y deberías ser cortés e ir a verla.
Shun deshizo el abrazo y se quedó pensativo.
—Te refieres a June, ¿verdad?— dijo con cierta tristeza en los ojos—. Es que…
—No ha parado de preguntarme por ti desde que regresó de Etiopía, todos los días— declaró el caballero de Fénix—. Es tu amiga y compañera, qué menos que ir a saludarla y pasar un rato juntos— dijo guiñándole un ojo.
Este gesto provocó un rubor en las mejillas del caballero de Andrómeda, quien protestó por aquella insinuación tornándose aún más colorado, para mofa de su hermano.
—Bueno— contestó Ikki riéndose—, tú verás lo que haces. Pero nunca debemos olvidarnos de aquellas personas que nos ayudan y nos quieren. No cometas el mismo error que yo.
Ikki dio una palmada a Shun y desapareció rápidamente del lugar, para proseguir con su ruta de vigilancia.
Su hermano se quedó unos segundos pensando en qué hacer y resopló.
—¿Y si está enfadada conmigo?— se preguntó, pensando en la última vez que se vieron y tuvo que golpearla para poder seguir adelante con la guerra que se avecinaba en aquel entonces. Él temía que June estuviera molesta por aquello.
Marin y Aioria descansaban en un rincón del Santuario, alejados de miradas indiscretas. La complicidad entre ellos era evidente, las risas y susurros se prodigaban entre abrazos y besos. Aquel pequeño escondite, tras una gran losa de mármol apoyada contra las ruinas de un antiguo templo, era un remanso de paz para ambos al aire libre.
Pocos conocían su existencia, ya que, aparte de que estaba un poco alejado de las instalaciones principales del Santuario, impusieron a sus amigos más cercanos el veto de acudir a aquel lugar. Si no les encontraban, es porque no querían ser buscados.
A los pies de ambos, se hallaban tiradas las protecciones del entrenamiento, así como la máscara de plata de ella y su pañuelo blanco. Aioria había deslizado las tiras del body negro de Marin y repasaba sus hombros con besos, deslizándose hacia el cuello mientras ella disfrutaba el momento, apretándose contra el hombre.
Al ir caldeándose la situación, ella pedía un poco de sosiego a su hambriento novio.
—No me dejes marcas, que luego me miran raro— pedía ella entre susurros, al percibir los dientes de él pellizcando la delicada piel del cuello.
—Es que tengo ganas— se quejó él, cambiando la táctica y aprovechando el momento para atacar la boca de la amazona, al tiempo que sus manos bajaban completamente las tiras del body de ella, dejando al descubierto sus senos, que él procedió a apretarlos y acariciarlos con ansia.
Marin emitió un gemido de placer y obligó a Aioria a deslizarse hasta poner su rostro a la altura de sus desnudos pechos cuando de repente escucharon a alguien llamando a la amazona.
Casi sin que les diera tiempo, Jabu de Unicornio apareció al lado, viendo a la pareja en una situación embarazosa.
La muchacha se sobresaltó por esto y rápidamente cubrió sus senos desnudos con las manos, mientras que Aioria se incorporaba y tapaba a su pareja con su cuerpo.
—¿¡Se puede saber qué demonios haces aquí!?— rugió el caballero de Leo, esperando a que la amazona pudiera taparse no sólo el pecho sino su rostro.
El joven caballero de bronce se había quedado mudo y ruborizado por la escena que acababa de ver. Tragó saliva.
—Es que…es que…me mandaron a buscarla…porque…porque…tiene que darnos…unas instrucciones..de…ehm…una cosa que tenemos que hacer…
—¿¡Y no podías esperar tranquilamente en la palestra hasta que ella volviera!?—exclamó visiblemente irritado el griego, al tiempo que Marin se terminaba de atar el pañuelo blanco a la cintura y le sujetaba del brazo.
—Vale Aioria, vale—le calmó ella—, nos vemos más tarde.
Jabu no sabía dónde meterse y comenzó a excusarse, que había sido Marin la que le había pedido que la buscara por la mañana para hablar sobre unas planificaciones, que llevaba toda la mañana buscándola y que no la encontraba.
—Está bien Jabu, ya está— cortó ella secamente—. La culpa es mía, tenía que haberte dado las instrucciones hace una hora— dijo alejándose del lugar con el joven caballero de bronce.
Con un leve gesto de barbilla se despidió de Aioria, quien se quedó a solas. Se pasó la mano por el rostro y resopló airado. Miró hacia su entrepierna visiblemente abultada.
—¿Y ahora qué hago con esto?— gruñó molesto—. Maldito crío…
Otro par escondido de las miradas indiscretas era el conformado por Dante y Dio, aunque unidos por un móvil y no por relaciones sentimentales.
No habían tenido tiempo aún de revisar al detalle el móvil de Shaina debido a sus tareas dentro del Santuario. Pero en cuanto tuvieron un descanso, los dos corrieron a la cabaña del caballero de plata de Cerbero y sacaron el objeto de debajo del colchón, con el cable del cargador asomando por el lado contrario.
—¿Por qué lo escondes ahí?— preguntó el mexicano a su compañero—. Podías haberlo roto durante la noche.
—¿Y qué quieres?— respondió molesto el italiano— ¿Que ella entrara y lo viera encima de la mesa o qué?— dijo pulsando el botón principal—. Ostras mira…
Dio acercó la cara al móvil y vio las llamadas perdidas que Marin había realizado, aparte de los móviles de otras personas del Santuario que también habían tratado en vano de ayudar a la amazona de Ofiuco.
—¿Qué hacemos?— preguntó nervioso Dio—. Esto no me gusta, igual están tratando de averiguar la localización del móvil, ¿por qué no lo apagas?
—Porque si lo apago no podré entrar y bichear, que es lo que quiero— replicó Dante, ante las pocas luces de su amigo—. ¿Por qué te crees que lo he dejado cargando?
—Ya, pues ahora deben saber que alguien lo tiene, porque si fuera robado, hacía tiempo que lo hubieran apagado. La gente no roba móviles para espiar, sino para quitarles la tarjeta y revenderlos. Yo preferiría devolvérselo…lo dejamos en otro sitio y punto— dijo el mexicano—. Imagínate la que nos va a caer si llega a enterarse…
El italiano bufó una maldición y mandó callar a su compañero.
—¡Me desconcentras!— aulló irritado— .Vamos a ver qué tiene ésta en el móvil y lo apagamos, ¿contento? Y no se va a enterar, no tiene forma de saberlo…eh, mira esto…— dijo esbozando media sonrisa.
Dio aún temblaba pensando en el castigo que le impondría Shaina, por no hablar de toda la sarta de golpes que debería encajar hasta que la joven decidiera que el castigo era suficiente. Le esperaba por lo menos un mes de baja curando todos los huesos que ella estuviera dispuesta a romper, pero su curiosidad podía más y miró la pantalla.
—Pero qué…— acertó a decir el mexicano, al ver aquellas imágenes de la muchacha, donde aparecía muy sugerente, muy ligera de ropa y actitud provocativa. Arrebató de las manos de Dante el teléfono y abrió los ojos como platos, pasando todas las de aquella sesión.
—Por Afrodita, Eros y todas las ninfas habidas y por haber…—babeaba el caballero de Mosca—. ¡Mira esta de aquí!— dijo mostrándole la pantalla a su compañero, una imagen de Shaina recién salida de una ducha, con una toalla únicamente tapando su entrepierna, mostrando todos sus encantos de mujer.
El caballero de plata de Cerbero tragó saliva y murmuró una obscenidad en italiano, recuperando el móvil.
—Esta me la guardo— dijo abriendo la aplicación de mensajería instantánea y buscando su nombre en la lista. Tras encontrarse, abrió conversación y se envió la foto a su teléfono, que inmediatamente se iluminó y recibió la imagen susodicha.
—¡Yo también quiero!— exclamó el mexicano, agarrando el móvil y abriendo conversación por la letra D, y enviando todas las fotos sugerentes a su cuenta—. Con ese cuerpo yo me dejo golpear todo lo que quiera…
Devolvió el móvil a su compañero y esperó a que su móvil se iluminara para recibir todas las fotos. Tamborileó los dedos pacientemente, mientras Dante se dedicaba a espiar las conversaciones ajenas con otros compañeros.
—Escucha— dijo entre risas el caballero de Cerbero—. Tiene conversación con Milo de Escorpio, aquí hay tema pero vamos…mira lo que dice aquí— dijo al momento que le enseñaba un trozo de la conversación a su compañero, cuando apareció otro mensaje en la pantalla.
—"Gracias Shaina, ya tengo material para varias noches" y ha puesto el emoticono de las gotas, una letra d, varios símbolos de igual, el emoticono de una mano cerrada, más símbolos de igual y un ocho al final…jajaja es un pene…— leyó Dio en voz alta—. Pero este mensaje pone que es de Deathmask.
—¿Cómo que un pene?— se extrañó el caballero de Cerbero—. ¿Y Deathmask? ¿Esta tía le tira a todos o qué?
Entonces el italiano abrió la conversación de su compatriota que habría propiciado ese comentario obsceno y se llevó la mano a la boca, ahogando un grito.
—¡Eres idiota!— exclamó Dante—. ¡Las fotos que ibas a mandarte a tu cuenta se las has mandado a Deathmask pedazo de inútil!
Dio empalideció súbitamente y revisó las conversaciones, dándose cuenta de que, efectivamente, no se había enviado las fotos a él mismo sino al caballero de Cáncer.
Y no sólo eso, sino que ahora comenzaba una avalancha de mensajes.
—¡Hijo de puta el Centollo de Oro!— exclamó Dante de nuevo—. ¡Ha debido de reenviar esas fotos a más gente! ¡Están llegando comentarios por lo mismo!
—¿De quienes y qué dicen?— preguntó Dio, recibiendo una colleja por parte de su compañero.
—¡Ahora sí que estamos jodidos!— dijo nervioso el italiano—. ¡Tenemos que apagar el móvil y dejarlo perdido por ahí!
El mexicano agarró el móvil y leyó los mensajes.
—Je…de momento están contestando algunos caballeros de oro…Aldebarán dice que tenga cuidado a quién envía ese tipo de fotos, pero que sale muy favorecida…Shura ha comentado que Deathmask le ha enviado esas fotos y las ha borrado inmediatamente, pero que si necesita trocear al Centollo que cuente con su espada…Dohko ha dicho que a ver cuándo le invita a tomar una ducha juntos y un guiño…
—¡Apaga eso ya, coña!— gritó Dante, recuperando de nuevo el móvil y apagándolo definitivamente.
Los dos se quedaron quietos unos segundos, tras los cuales el italiano miró a su compañero.
—Tenemos que deshacernos de este móvil. ¡Ya!
—¿Quién es el idiota ahora?— dijo Dio con una sonrisa malévola—. Shaina pensará que ha sido Deathmask quien le ha robado el móvil...relájate y disfruta...
Dante no había caído en aquello hasta que su compañero no se lo dijo.
—Entonces creo que estará bien depositar su móvil en los aledaños del cuarto templo...
Ambos guerreros comenzaron a reírse con maldad.
Fuera, ajeno a aquellas rocambolescas escenas, Ichi de Hydra pateaba piedras. Desde el día anterior que el muchacho estaba alicaído y vagabundeaba cabizbajo por el Santuario.
Nadie sabía qué le pasaba, simplemente contestaba con monosílabos y apenas se atrevía a dirigir la mirada a nadie.
Argol de Perseo se hallaba en la palestra realizando dominadas cuando vio a aquella alma en pena tirándose al suelo pesadamente. Hizo un par de ejercicios más y se soltó de la barra.
Sacudiéndose el magnesio de las manos, se dirigió hacia el japonés.
—¿Qué te pasa?— preguntó el árabe, pero no obtuvo respuesta. Volvió a insistir, pero Ichi le pidió que le dejara tranquilo.
El caballero de plata se encogió de hombros y regresó a la barra a seguir ejercitándose. No pasaron ni dos minutos, cuando tuvo al caballero de Hidra a sus pies, por lo que finalizó el entrenamiento.
—Tú eres muy guapo— soltó de improviso el japonés—. No tienes los problemas que tengo yo.
Argol se quedó perplejo ante tal sentencia y limpió el sudor que le corría por la frente.
—¿Te has golpeado la cabeza o tal vez Misty te está manipulando?— preguntó inquieto el árabe.
Pero Ichi sacudió la cabeza.
—Tú eres muy guapo. Y ese de allí— dijo señalando a lo lejos a Shura, quien acababa de llegar—. Y ese otro— volvió a señalar a Asterión, que llegaba acompañado de una fila de niños alborotando—. Incluso ese de allí es mucho más guapo que yo— dijo señalando a Tatsumi, quien paseaba junto a Saori y Seiya.
—Hombre…— murmuró Argol—, yo diría que tú y Tatsumi tenéis cierto parecido…
Con un sentido del oído aguzado, el guardaespaldas oficial de la señorita Atenea giró la cabeza hacia donde estaban charlando los dos jóvenes y se dirigió raudo.
—He escuchado mi nombre— gruñó el hombre—. ¿Qué anda diciendo de mi? ¿Otra vez?— dijo golpeando el pecho del caballero de Perseo con su shinai.
—¡Tatsumi!— gritó Saori, llegando al lado de los reunidos, seguida por Seiya—. ¡No maltrates a los caballeros!
—¡Pero estaba hablando de mi, señorita Saori!— se excusó el guardaespaldas.
—¡Sólo dije que él e Ichi eran parecidos físicamente!— gruñó Argol, capturando el shinai y arrebatándoselo de las mano—. ¡Y deje de golpearme!
Seiya abrió los ojos como platos y comenzó a reírse, mientras que Saori miró a Ichi, percibiendo su decaimiento. Se acercó a él y le agarró del brazo.
—¿Por qué no me cuentas qué te pasa?— preguntó ella dulcemente—. Seguro que podemos hallar una solución a aquello que te aflige…
El caballero de Hidra se enjugó una lagrimita que surgía de sus ojos.
—¿Puede curar usted mi fealdad?
Seiya no podía parar de reír ante tal pregunta, cosa que provocó que la joven lanzara una mirada de reproche.
—Vámonos de aquí…— pidió ella con un suspiro, alejándose del brazo del Ichi, dejando solos a Tatsumi, Argol y Seiya.
Cuando al fin el caballero de Pegaso recobró la compostura, golpeó el pecho del árabe.
—Qué puntazo has tenido al decir que Tatsumi se parece a Ichi, llamándolo feo en toda su cara.
—No sé si te has dado cuenta que sigo aquí— gruñó el guardaespaldas, arremangándose—. Y ahora no está la señorita Saori para protegerte…
—Seiya— dijo Argol—, toca batirnos en retirada…
NOTAS:
Sslove: sí, me apetecía introducir a June, para que tuviera su hueco. Espero que te guste este capítulo y muchas gracias por leer el episodio anterior. ¡Buena semana!
A todos los que marcáis como favorita y/o seguís la historia, muchísimas gracias desde aquí. Espero que os esté gustando este fic, que aunque será corto, al menos me saco la espina que tenía de no haber publicado esta historia anteriormente.
¡Feliz finde! ¡Nos vemos en el próximo capítulo!
