Los personajes pertenecen a CLAMP
CAPÍTULO 3 - Preguntas sin respuestas
Sakura´s POV
El camino que rodeaba las lujosas casas de la zona se encontraba desierto. La luz de los faroles apenas alumbraban los barrancos desde donde se podía apreciar la luna resplandeciente. Sumida en mi misma, en lo acontecido y las múltiples sensaciones que experimenté el día de hoy, le permitieron a mi amiga indagar al respecto.
—¿Me vas a decir por qué has estado tan callada todo el trayecto a casa? Parecías tan ensimismada con algo que no me atreví a molestarte. Estuviste muy distraída desde que nos despedimos de Shaoran, por poco y nos llevas por el camino opuesto si no te decía nada Saku.
Hacía un rato habíamos llegado a casa de Tomoyo. Todo se encontraba tal cual como podía recordar. La mansión era una de las más bellas, con amplios jardines y grandes ventanales y por más que Tomoyo se haya ido a vivir al extranjero, su habitación estaba inmaculada, rodeada de su muy finísimo estilo particular. Habíamos llegado exhaustas y ya nos encontrábamos en la cama pero no por eso me iba a librar del muy sabido interrogatorio de mi mejor amiga.
— Ehhh? Ah, no nada Tommy, es que me quedé pensando, o más bien recordando lo bien que la pasábamos todos juntos. Hablando con Shaoran me di cuenta que extraño mucho esa época.
— Ajaaaam, con que ahora le llaman "hablar" .. ¿Y de qué otra cosa te diste cuenta estando con Shaoran querida?.
Sé que antes podía ser muy, muy, demasiado ingenua, pero había madurado por lo que no me costaba imaginar hacia dónde se dirigía mi amiga con ese tipo de comentarios.
— Ay, ¿qué cosas crees que pasaron Tomoyo?. Él y yo solo charlamos, luego de venir a disculparse claro, así que tratando de iniciar de nuevo con el pie derecho nos pusimos a hablar y solo eso. No sé qué quieres saber.
— Claro, comprendo, es que me pareció que interrumpí algo cuando entré en la cocina. Además de que te sonrojas cuando lo nombro, pero seguro es mi imaginación.
— Q-qué cosas d-dices? Ya no soy una niñita que se sonroja por todo. - mi postura cruzada de brazos mirando a mi amiga con mi boca haciendo puchero y el entrecejo fruncido no le daban demasiada credibilidad a mis palabras. – No interrumpiste nada, además ¿por qué debería de sonrojarme? ¿Acaso crees que me siento atraída por esos ojos color ámbar tan cálidos como el caribe o por sus dulces palabras emitidas por su voz tan varonil?.
— O por haber salido de una revista Play Boy también.
— Eres una maldita bruja, ¿qué poción de la verdad me pusiste en mi última bebida? Confiesa!. - me reí con ganas mientras le decía aquello, no sin antes notar como los colores de mi rostro iban subiendo.
— Ayyy Sakurita, es que eres taaan transparente. No puedes engañarme corazón.
Apagué la luz dispuesta a darle la victoria a Tomoyo y no seguir humillándome con mis sonrojos. Ambas nos dimos las buenas noches y cuando por fin estaba a punto de entregarme a Morfeo el dichoso teléfono comenzó a vibrar y casi salto de la cama cuando vi el nombre que figuraba en la pantalla del mismo.
Espero que hayan llegado bien. Me encanto charlar contigo. Que descanses Sakura, nos vemos pronto.
No sé porque mi corazón casi da un vuelco en ese momento, no entendía que estaba sucediendo, pero no puedo negar la atracción que siento y que antes no tenía.
Una MUY fuerte atracción.
Siendo sincera conmigo misma el hombre me encanta, pero no solo en lo físico, me sentí tan cercana a él como hace mucho no me sucedía y me pregunté si alguna vez habíamos tenido este tipo de conversaciones en el instituto. Por más memoria que hiciera solo se me venían vagos recuerdos, porque aun así siempre salimos juntos, nunca habíamos congeniado tan bien como esta noche o nunca de esta forma tan peculiar. Shaoran era muy interesante, me contó un poco de la empresa y de su vida pública, tan expuesta con la que no estaba de acuerdo, pero no pude sonsacarle demasiada información porque parecía muy interesado en completar el quiz que había armado mentalmente para mí. Quizás era hora de re afianzar nuestros lazos, quizás podríamos conocernos mejor, mucho mejor con algo de suerte, pero aunque el hombre me pusiera los pelos de punta, no era solo el deseo de llevarlo a un rincón y abusar de él lo que quería. Tampoco es que me hiciera demasiadas ilusiones, seguramente él solo me ve como su antigua compañera de clases y todo ese jueguito de miradas había sido producto del tequila… pero ¿y si no era así? Estaba dispuesta a descubrirlo.
"No se lo que quieras de mi Shaoran Li, pero no me voy a quedar cruzada de brazos esperando a que un milagro caiga del cielo".
Llegamos bien, gracias por preocuparte. Nos hablamos para combinar la salida los cuatro. Cuídate. Besos.
Claro y conciso.
Una leve sonrisa de satisfacción se asomó por mi rostro solo para abochornarme por última vez en lo que iba de la noche, aunque debo confesar que era una sensación demasiado agradable.
.
-.-.-
Tomoeda seguía siendo la acogedora ciudad de la que nunca quise irme. Tomoyo me ha ofrecido trabajar junto a ella en la sede que estaba a punto de abrir aquí en esta pequeña ciudad. Era una propuesta tentadora considerando que estaría más cerca de casa y pasaría a visitar a papá cuando plazca. Me alquilaría un departamento para decorar a mi gusto y pasearía todas las mañanas admirando los cerezos en flor cuando estén en su máximo esplendor. El hecho de estar de nuevo respirando este clima de paz, muy alejando del de la ciudad, hacia que cada día estuviera más segura de tomar la decisión de aceptar el trabajo. Tomoyo y yo éramos amigas, primas, casi hermanas y sé que nunca tendría un problema con ella.
— Buenos días Papá!, mmmm que rico huele ¿qué preparaste esta mañana?
— Buenos días pequeña Sakura. Hoy decidí hacer algo especial así que preparé hot cakes.
— Que buenoooo! Amo los panqueques!
No tienen idea de lo que añoraba desayunar con mi padre. Siempre me ponía de muy buen humor venir a casa porque no había día en el que Fujitaka no endulzara las mañanas con su sonrisa.
¿Y mi hermano? El esta viviendo en Tokio con Yukito y créanme que a pesar de estar en la misma ciudad no lo veía tan seguido, pero no se crean que dejó de ser tan fastidioso como siempre, cada que me veía o hablábamos por teléfono me nombraba "monstruo" sin importar con quien me encuentre, provocándome una cólera de aquellas que solo él sabe incordiar en mí, eso no cambió ni cambiará jamás.
— Hoy iré a dar un paseo por la ciudad y compraré todo para que cenemos juntos ¿qué te parece?
— Ay hija, lo siento, es que me llamaron del trabajo y seguro me tendré que quedar en la universidad hasta tarde. Estoy apenado, discúlpame.
— No te preocupes papá, quedaré con Tomoyo entonces, tenemos mucho tiempo para compartir, no te aflijas que esta vez me quedaré hasta terminar de rendir los exámenes y quien sabe, quizás nos veamos más seguido.
Lo abracé de costado para transmitirle que todo estaba bien, que tendríamos otras oportunidades para quedar juntos y no dejaría que mi papá se sintiera mal por nimiedades como esta. Él siempre se preocupó por ser un padre muy presente desde que mamá murió y siempre le estaremos agradecidos por ello.
Habiendo terminado de comer quise salir a pasear por la ciudad. Colgué mi amada Nikon a mi cuello, me puse los rollers que hacia años no usaba y emprendí mi camino hacia ningún lugar aparente. Recorrería por aquí y allá para capturar todo a mi paso, chequeando que todo siga tal y como lo recordaba.
En el camino me crucé con muchos rostros conocidos, antiguos vecinos y otros nuevos que me miraban raro cuando les sonreía y de seguro alguno que otro me insultó al sacarle una foto. Pero eso poco me importaba, yo estaba feliz, feliz por haber regresado, por sentirme en paz, por pasar más tiempo con mi papá, con Tomoyo, con Shaoran … bueno.. eso último tratemos de borrarlo de la mente.
Habían pasado dos días y aún no había recibido noticias de él, pero en vez de encapricharme como nena de 15 años decidí que bien podría tomar la iniciativa y ser yo la que proponga fecha, hora y lugar. Él está aquí trabajando después de todo, puede que haya estado muy atareado en la empresa.
O quizás estuvo muy ocupado con "otra".
Basta! Dije que no me iba a comportar como cría y eso incluye no pensar como una.
Mientras debatía con mi conciencia no me di cuenta cuando choqué con alguien. Por nada del mundo soltaría mi cámara así que mi trasero tuvo que amortiguar la caída de lleno.
— Auch!.. Discúlpeme, no estaba prestando atención. - aun mantenía mis ojos cerrados debido al golpe.
— No se preocupe señorita, ¿Por qué no me invita un helado para compensar su torpeza? ¿Qué le parece?
Atrevido! solo una tonta caería en una propuesta tan poco original. Pero que sorpresa me llevé al ver a la persona portadora de esa ronca voz, la misma que me tendía una mano para ayudar a estabilizarme.
— Ohhh Sha-Shaoran que sorpresa, ¿qué haces aquí?
Quizás no había sido tan atrevido.
— Paseaba. Bastante aburrido diría yo, pero mi suerte acaba de cambiar. Vamos, no te quedes ahí toma mi mano y levántate que lo del helado iba en serio, no pensaras que le digo eso a cada señorita que se topa conmigo ¿verdad?
En estos momentos se veía más guapo que nunca. Tomé su mano casi por inercia mientras me perdía en su rostro inspeccionando cada centímetro de él. Sus ojos eran de un ámbar claro-oscuro aún más hermosos a la luz del día y su sonrisa brillaba más que el mismísimo sol. Hoy vestía una remera blanca bastante ceñida y unas bermudas de jean. Casual e irresistible.
Tardé unos segundos en reaccionar a la propuesta del helado, creo que asentí con la cabeza, no lo sé, pero de pronto me estaba dirigiendo a donde sea que él me estuviera llevando. Luego que mi cerebro hiciera el proceso necesario para poder mantener una conversación coherente le propuse ir al parque.
— Hoy es lunes, seguro que el parque pingüino no está tan lleno y por la hora puede que tengamos suerte de encontrar el carro de helados que siempre paraba cerca de allí, ¿Qué te parece si vamos?
— Me parece una excelente idea, el día esta tan bello que sería un desperdicio no aprovecharlo.
Caminamos casi en silencio hasta que llegamos a destino, la suerte estaba de nuestro lado porque el carrito se encontraba allí. Él se ofreció a comprar las paletas heladas, lo de la invitación solo había sido una excusa por chocar con él, pero seguía siendo un caballero tal cual lo recordaba. Mientras tomaba asiento en uno de los columpios me perdí en la suave brisa que ondeaba mis cabellos provocando cosquillas en mi nariz. Poco pasó para que Shaoran regresara con los helados y sentarse junto a mí en el otro columpio vacío.
— Me siento toda una adolescente en estos momentos, ¿tú no?
— Pensaba exactamente lo mismo. Parece que fue ayer, cuando nos sentábamos aquí pasando horas hablando, bueno tú hablabas, - me reí bajito - siempre veníamos a este lugar para reírnos de la vida o solo admirar el paisaje, como ahora.
No pude evitar cerrar los ojos mientas recordaba aquellos tiempos.
— Tuvimos una bonita adolescencia ¿no crees? Buenas anécdotas, buenos amigos, amores, desamores, todo parecía sencillo entonces. - le dije con algo de nostalgia.
— Aún podemos tener todo eso. Quizás no sea tan divertido como antes pero míranos, aquí los dos, la misma Sakura y el mismo Shaoran comiendo paletas, una de chocolate y otra de fresas, tú con tus patines, yo con mis converse y el rey pingüino dirigiendo los soles y las lunas, firme como siempre, siendo testigo de nuestro paso por el parque, de nuestras risas y nuestros llantos, como un guardián de secretos nunca dichos o de las confesiones más ridículas. Nada parece haber cambiado, en esencia seguimos siendo los mismos niños en el mismo lugar.
Su relato había sido revelador, casi mágico diría yo, pero no pude evitar sentir una leve opresión en mi pecho, me sentía… ¿triste?, más bien melancólica. Aun así un nudo en mi garganta me hizo pensar cada palabra como un hecho tan lejano. Si algo tenia este lugar era la capacidad de hacerte confesarlo todo, de abrir el libro sagrado de tu existencia y revelar tus deseos más ocultos, como si pudieras decir u hacer todo aquello que nunca te atreverías y nadie nunca podría juzgarte por ello.
— Este parque tiene algo especial que me hace sentir tan feliz, pero también me hace reflexionar. Si miramos con atención podremos ver que este lugar fue testigo de nuestras vidas pasadas, todo está aquí, como si fuera un herida abierta que nunca sanó y nunca sanará. Cada suceso se encuentra escrito en los mensaje gravados a mano sobre la corteza de aquel árbol, palpables en las machas que hay sobre banco, sensibles en cada gota que derrama la fuente, audible en los recovecos del rey pingüino, pero hace años que él no sabe nada de mí ni de ti… nos hemos olvidado hasta de nuestros rostros en un primer momento. ¿Cómo puedes decir que somos los mismos si desde que terminamos la secundaria no volvimos a hablarnos?. No lo puedo entender, ¿Por qué hemos olvidado todo lo que fuimos Shaoran? ¿Por qué nos permitimos pasarlo por alto, por qué nos alejamos tanto tú y yo?
La radiante sonrisa de Shaoran se esfumó provocando que me arrepinta de haber exteriorizado lo que sentía. Sabía que esto arruinaría la maravillosa tarde que se nos presentaba y aun así no pude evitar que las palabra salgan de mi boca. El destino nos cruzó confabulando con alguna fuerza mística que quizo que viniéramos hasta aquí para que las preguntas surcaran mi mente, pero no era su culpa ni la mía que nos hayamos distanciado, era de los dos.
Se levantó del columpio sin mirarme acercándose hasta el gran pingüino. Casi sin pensarlo me levanté también hasta quedar a sus espaldas. Tan pronto estuve cerca suyo giró en su eje hasta quedase mirando, mirándome, perdido en la profundidad de mis ojos como yo en los suyos, queriendo decírmelo todo con ellos. No sé en que momento se acercó tanto que nuestras frentes se chocaron en una caricia.
— Por más que lo piense Sakura, no puedo encontrar una respuesta racional para contestarte eso. De mi parte creo que fui muy idiota porque me alejé de ti mucho antes de terminar los estudios y las razones que yo creía convincentes no las veo tan así ahora, que como siempre logras ablandar mi corazón hasta hacerlo trizas. Nunca te diste cuenta, y no sé si lo harás algún día.
Cree un poco de distancia para poder apreciarlo mejor, tratando de entender. Algo parecía angustiarlo tanto que no se atrevía a decírmelo directamente, pero tampoco necesitaba que lo hiciera. Tan pronto mis manos sujetaron su rostro, una extraña fuerza sobrenatural se apoderó de mi. Me hizo sentir débil y vulnerable.
El calor de sus mejillas recorrió un camino agobiante desde mis manos hasta la punta de mi nariz. Ni si quiera lo pensé cuando acorté la distancia que nos separaba.
Y lo besé.
Sus labios eran como un suave tormento. Sabían a dolor, a angustia reprimida por años. Podía identificar cada sentimiento y sufrimiento con solo rozarme, también percibía un sabor amargo que no pude descifrar pero estaba segura que podía quitárselo. Deseaba demostrarle que lograría arrancarle todos los suspiros que fueran necesarios para verlo sonreír una vez más.
El suave empuje de su lengua tocó la puerta antes de cruzar, y aunque no necesitara permiso le devolví el gesto, fundiéndonos en un beso que prometía profundizarse quedándose a medio camino. La amargura se iba disolviendo poco a poco mientras mis manos se posaban en su cuello acariciando sus cabellos rebeldes y las suyas rodeaban mi cintura como si temiera que me esfumase cuando decidamos separarnos. El tiempo pareció detenerse de pronto, solo estábamos él y yo, entregados en un acto tan poco habitual en nosotros pero que necesitábamos casi con desesperación. Las acciones pueden decir más que mil palabras.
Un rayo de sol nos alumbró directo en el rostro, como una daga radiante y cegadora, obligándonos a romper el beso, pero sin soltarnos nos quedamos mirándonos con algo que no supe comprender. Nuestros brazos se relajaron hasta posarse al lado de nuestro cuerpo en cámara lenta y con la misma lentitud nos fuimos alejando hasta que emprendimos el camino sin rumbo aparente con una extrañeza desconocida que reflejaban nuestros ojos. Fue él quien rompió el tortuoso silencio.
— El sábado por la noche tenía pensado invitarlos para celebrar la inauguración de mi departamento. Le dije a Eriol que no quería molestarlo, y como voy a quedarme un tiempo para controlar la sede que tenemos aquí decidí alquilar uno.
— Me parece buena idea, hablaré con Tomoyo, no creo que tenga problema. ¿Llevamos algo?
— No hace falta, serán mis invitados. - se detuvo de pronto - Sakura, ya debo irme. Nos vemos el sábado entonces, si no pueden avísame por favor.
— No te preocupes que ahí estaremos.
— Gracias, por todo.
Ninguno de los dos menciono nada de lo sucedido. No estaba arrepentida pero al despedirse me quedó la duda, quizás él pensaría que lo besé por compasión, y si bien algo de razón tenia, ni yo puedo entender porque tomé la decisión de hacerlo, pero estaba segura que no había sido solo por eso.
.
Shaoran´s POV
La luz que atravesaba el ventanal se había esfumado casi tan rápido como pasaron los días de la semana. El reloj marcaban las 6 de la tarde, los invitados aun no llegarían hasta las 8 pero me encontraba preparando todo para ello. El espacio de mi departamento era amplio como para que 20 personas se reúnan sin si quiera chocarse uno con el otro, la iluminación era regulable por lo que podías pasar de una brillante luz cegadora hasta una tenue penumbra de velas. No tenía demasiados muebles además de un sofá de cuatro cuerpos tan comodo como para dormir la noche entera sin levantarse con esas dolorosas contracturas, una tv de 50", y una mesa ratona entre medio. Después solo estaba mi biblioteca personal, un buen equipo de música y la mesa para seis personas.
Ya me había encargado de preparar la vajilla para cuatro como habíamos quedado. Eriol trabajaría todo el día así que no podía ayudarme a preparar la comida y como no tenía nada mejor que hacer primero dejaría todo en orden para dedicarme a cocinar.
Estaba lavando los vegetales cuando el timbre retumbó en la sala.
— Que extraño, son las 7, ¿Será la vecina que viene a molestar de nuevo? Si ni si quiera tengo la música encendida como para indicarle que estoy en casa.
Hacia cinco días me había mudado y mi vecina había aprovechado cada uno de ellos para aparecerse con alguna estupida excusa al tocarme la puerta. Es una chica joven, de unos 19 años, estimo yo, que como toda chica que vive sola sin el control de sus padres solo quiere divertirse y tal precia que me había seleccionado a mí como su nuevo juguete.
Me la encontré aproximadamente unas 10 veces y las 10 veces se me insinuó de todas las formas posibles, movimientos que me sabia de memoria, como tirar un lápiz al piso para agacharse dejando a la vista su bien formado trasero, tropezarse mientras llevaba algún líquido en las manos para tratar de limpiármelo tocando un poco donde no debía, hablar por teléfono de las cosas calientes que le gusta hacer en la cama cuando estábamos esperando el ascensor, etc. La verdad que mi vecina, Nakuru, estaba bien buena, pero no solo no tenía ganas de estar con ella en estos momentos, si no que desde el lunes no existía mujer que cupiera en ningún rincón de mi cerebro y que ocupara el 99,9% de mis pensamientos además de Sakura.
Ese beso significó tanto y tan poco que no pude dejar de pensar un solo minuto en porque lo hizo, y nunca jamas había estado más arrepentido de corresponder un beso en toda mi puta vida.
Por las noches me acostaba y recordaba ese suave par de acolchonados labios sobre los míos, ni muy gruesos ni muy finos, perfectos como todo lo que podía provenir de ella. Y por las mañana maldecía el bendito día que decidí volver para que el destino decidiera cruzármela. Estaba frustrado y furioso conmigo porque quería mas, quería besarla como se merecía, quería que sintiera que de verdad deseaba sus besos como los de ninguna otra, quería todo de ella, pero lo que más me enfurecía es que quería ser correspondido y no lo era. Porque ese encuentro me supo más a compromiso y lástima de lo que yo podría desear.
Me propuse que no abriría la puerta, porque no sabía con que extraño atuendo se me aparecería Nakuru esta vez pidiéndome usar mi teléfono porque ella no tenia y se había olvidado el celular vaya uno a saber donde, pero los timbrazos eran cada vez más efusivos y sin pensarlo me acerqué hasta la entrada hecho una furia, decido a cortarlo por lo sano. Abrí la puerta con mi mejor cara de culo y quien estaba frente a mí no era mi vecina vistiendo un ajustado short de jean, era Sakura, mi Sakura.
— Hola Shaoran, ¿Pasó algo o siempre recibes a tus invitados con esa cara? ¿Quién creías que era? ¿El cuco que venía a llevarte?
Si supiera el demonio lujurioso que reside en la otra puerta entendería que el cuco tiene piernas de mujer y una buena delantera.
Parece que mi rostro surtió el efecto deseado, pero no quería espantar a Sakura con mis tonterías así que lo relajé solo un poco.
— Algo así, pero dime, ¿qué haces aquí tan temprano? Ni si quiera comencé a hacer la comida.
— Oh entonces llego en el momento indicado, emmm, ¿puedo pasar? Si no quieres vuelvo más tarde pero ya que estaba por aquí…
— No, no me mal interpretes, pasa, ponte cómoda.
Tan pronto como entró cerré la puerta y por primera vez en la vida hubiera deseado que fuera mi vecina. No sabia como comportarme, ella parecía tan relajada, como si nada hubiera pasado, y es que quizás nada le hubiera sucedido a ella y yo era el único idiota con aires de adolescente hormonado sufriendo como loco.
Probablemente así lo era.
— Bueno, enséñame la cocina así te ayudo. Es allí, no?
¿Pero que estaba diciendo esta mujer?
— ¿Estás loca? Hoy soy yo quien se encargará de todo, yo los invite y por ende yo voy cocinar. Yo soy quien debe servirle a ustedes.
— Y yo soy la invitada menos cómoda del mundo, y yo vine porque quería ayudar Shaoran. Relájate ¿quieres?, sé que Eriol no podía venir así que me pareció que era una buena idea darte una mano, aparte no tenia nada que más que hacer.
— Claro, no tenias nada mejor que hacer, estabas aburrida y decidiste venir aquí como tu ultima opción para matar el tiempo y de paso reírte del idiota de Shaoran cocinando ¿no?
Escupí esas palabras porque todo lo que decía me parecía una estupidez, todo lo que estuve pensando estos días era un estupidez, todo lo que pensé que podía pasar entre nosotros era una estupidez, esta "relacion" era la estupidez mas grande de todas las estupideces que hice o que pudiera hacer en mi maldita vida.
Sí, estaba cabreado y como ella era la razón de mis frustraciones me importaba poco comportarme como un chiquilín si podía descargar mi ira aunque sea en una ínfima y minúscula parte.
— Wooow, wooo, un momento ¿Quién te dijo que eras mi última opción? No me gusta nada como me estás hablando Li, si no quieres mi ayuda ni me compañía mejor me voy y que disfrutes tu cena con Eriol y Tomoyo porque si cruzo esa puerta no pienso volver luego.
No pensé que le molestaría tanto mi comentario y en serio creí que se estaba haciendo la guapa, pero cuando me llamó por mi apellido supe que no había vuelta atrás y menos dudas me quedaron de que era una mujer que cumplía su palabra cuando agarró su bolso y se dirigió a la puerta.
— Oye espera. Perdóname, estoy un poco malhumorado hoy pero no hay motivos para ser tan maleducado. Quédate Sakura, la verdad es que sí necesitaba un poco de ayuda para terminar todo a tiempo. - aún tenia la vista clavada en la puerta y una mano en la perilla - Anda! no seas tan mala conmigo, antes soportabas mejor mis berrinches. ¿Podrás disculparme?
Sacó su mano del picaporte, dejó su bolso en el perchero y sin siquiera mirarme se dirigió hacia la cocina, pero antes de entrar giró en si misma para clavarme sus verdes ojos en los míos, sonriendo.
¿Estaba sonriendo?
— Claro que siempre soporté tus berrinches Shaoran, así como siempre supe como hacer que se te quiten lo mas rápido posible.
Me guiñó un ojo antes de desaparecer frente al umbral y no pude evitar reír por dentro. Esa mujer si que sabía manejarme a su gusto.
El tiempo parecía estar devolviéndonos poco a poco la memoria, los recuerdos necesarios para hacernos sentir tan cerca y cómodos como antes y no se si debía alegrarme por ello pero el enojo se estaba esfumando. Seguí sus pasos y me la encontré leyendo la receta que había dejado sobre la mesada.
— Eres mala. - le propicié mi mirada fulminante hasta que no pude aguantar la sonrisa silenciosa que dejó de serla cuando sin querer se la estaba regalando, entregándole el trofeo por su victoria.
— Y puedo ser más mala todavía, así que mejor me tratas bien o no respondo de mí Shaoran Li.
— Te creo, te creo, ahora baja el cuchillo ¿quieres?
— Solo porque lo pediste con amabilidad. –sonrió - Bueno veo que hoy comeremos carne al horno con papas y vegetales, así que yo prepararé las verduras si te parece, mientras tú te ocupas de sazonar la carne y luego me ayudas con las papas.
— ¿Desde cuándo tomaste el control de mi cocina?
Cada sonrisa de su parte era contagiada por los chistes que decía. La charla se dio como siempre se daba entre nosotros cuando estábamos relajados y poco a poco me fui olvidando de todo lo sucedido hace unos días y hace unos momentos. Otra vez estaba pasando un buen rato solo con el hecho de hablar con ella. Divagaba en lo lindo que sería tener situaciones como estas más seguido, imaginándome el despertar por la mañana enredado en su cintura, prepararle el desayuno, que despertara a las 12 del medio día y tener que cambiar el desayuno por el almuerzo o como serían las noches como ésta preparando la cena juntos, riéndonos de trivialidades, revolcándonos en el sofá embriagados de placer.
Okey amigo, para un poco la moto, tomate una de pomelo.
Eso hubiera sido de mucha ayuda si el destino no se empeñara en empeorarlo, como ahora que el filo del cuchillo rozaba su delicada piel en un descuido.
— Ayyyyyshhh pero que tonta soy.
— ¿Te cortaste mucho? A ver, déjame ver Sakura. Ya mismo traigo el botiquín.
— No es para tanto Shaoran, es un corte chiquito no más.
Era inútil que dijera cualquier cosa porque fui y vine como un rayo trayendo el botiquín de primeros auxilios. Así sea un simple corte no quería que sufriera por nada del mundo, ella era tan delicada que me surgía un instinto de protección que solo tenía con algunos pocos.
Cuando regresé, Sakura se llevó el dedo a la boca para succionar la sangre que corría sin darse cuenta de lo que aquello podía causar a mi muy susceptible y sensible cuerpo. Hacía un tiempo que no tenia relaciones y mucho menos pensaba en otra mujer que a quien tenía ahora frente a mis ojos, lamiéndose.
Me quedé mirándola estupefacto ante ello sin saber como reaccionar. El haberla imaginado desnuda en el sofá hacia un minuto atrás no estaba ayudando a bajar mi excitación cuando ella recorría su dedo con la lengua de esa manera tan sugestiva. Claro que no lo hacia a propósito, ni si quiera me estaba mirando, pero no hacía falta más para que perdiera el control en mí.
Me acerqué como gacela y quité la mano de su boca con la misma lentitud que me había acercado. Tomé una bendita del botiquín y habiendo cubierto su herida se la besé sin pensarlo. Posé mis labios sobre su dedo depositando suaves besos siguiendo el recorrido por su mano en un acto tierno, delicado y desmesurado a la vez. La miré directo a los ojos antes de seguir mi camino esperando alguna señal de aprobación de su parte. En ese momento entreabrió la boca y la volvió a cerrar tragándose sus palabras y seguramente sus excusas con ellas porque el suave pestañeo de sus ojos me indicó que podía seguir con lo que me proponía. Con cautela me fui acercando donde había posado mi vista, apenas rozando su piel acerqué mis labios a su fino cuello y pude escuchar un suspiro escapar de los suyos. Suspiro que re-significaba todas las veces que pensé en tenerla de este modo.
Sus manos se habían aferrado a mi espalda trazando un camino lento desde la base de mi cintura hasta mis hombros, tan suave que apenas podía sentirla. Quería disfrutar al máximo el momento, necesitaba sentir que me deseaba tanto como yo a ella.
Continué con mi labor de torturarla un poco más dejando pequeños besos desde su hombro izquierdo hasta el lóbulo de su oreja, me entretendría jugando un rato con él hasta que la oyera suplicarme pero el aroma que desprendía su piel me estaba volviendo complemente loco, no sabía cuánto más podría soportar.
— Shaoran …
Su voz salió tan ronca y casi en un susurro pero que pude captar al instante. Un cosquilleo me estremeció el cuerpo desde la boca hasta el foco de calor que estaba empezando a acrecentarse en mí. Decidí calmar mi sed juntando sus labios con los míos en un choque suave pero certero, y esta vez no hizo falta pedir permiso para poder ingresar y explorar su húmeda cavidad porque me recibió con el mismo fervor. Nuestras lenguas se encontraron en una danza lenta pero sabrosa, descubriendo cada milímetro del otro mientras yo pensaba que éste beso no se parecía en nada al que nos dimos en el parque. Por fin podía sentir como su boca reclamaba la mía con deseo.
Me aferré a su cintura para acariciarla con mayor intensidad, recorriendo su torso por encima de la fina tela de su camisa pero los roces estaban llegando a ese punto en el que era imposible seguir soportándolo. Bajé mis manos hasta encontrarme con el final de su pollera de tela para tomarla por los muslos con firmeza, apretándola aún más contra mi cuerpo mientas la subía encima de la mesada logrando que un gemido se escapara de su boca en el instante que la piel desnuda descubierta por la falda tocaron la fría losa de mármol, alejando sus labios de los míos por primera vez.
Aproveché el descuido de su parte y mientras mis manos acariciaban sus finas pero bien torneadas piernas me fui adentrando entre ellas sin obtener resistencia para acercarme nuevamente a su cuerpo y besarle el escote que dejaba ver su camisa mientras ella apoyaba su peso en una mano sobre la mesada y la otra me revolvía el cabello sin ningún sentido aparente, descendiendo para sujetarme el hombro con fuerza.
— Shaoran… creo que … no creo que sea una buena idea … ahora … hacer esto.
Sus suaves jadeos eran música para mis odios, esos que nunca creí poder escuchar. Quería hacerla vibrar, quería que todos esos suspiros se intensificaran en este juego del que ya no podía parar. Me detuve solo un segundo para mirarla, podía sentir cuánto lo disfrutaba con solo observarla respirar de forma entrecortada mientras sus ojos pedían a gritos que siguiera con mi labor un poco más intenso.
— No quiero parar ahora Sakura y tú tampoco.
Esta vez fue ella quién reclamó mis labios con hambre, de una forma más brusca de la que yo había iniciado pero cargada de una pasión y excitación incontrolable, lamiendo los contornos de mis labios y mordisqueando de vez en cuando. No me di cuenta cuando me quité la remera y estaba a punto de quitarle la suya cuando sonó el timbre. Sakura se detuvo un momento y me miró con los ojos abiertos como platos.
— ¿Ese fue el timbre?
— Puede ser.
El maldito había sonado unas tres veces antes que ella pueda percatarse de aquello, pero yo estaba demasiado concentrado en hacerla estremecer como para ir a ver quién tocaba la maldita puerta, sea quien sea tendría que esperar.
— ¡Shaoraaaan! ¿Estas ahí? Ya llegamos. – se escuchó gritar detrás.
— ¡Mierda!
Había olvidado por completo que teníamos visitas, creo que a eso se estaba refiriendo Sakura cuando dijo que no era un buen momento para hacer lo que pretendíamos.
— Anda contesta tú, diles que ya vas a abriles, inventa algo.
—Y ¿Por qué tengo que ir yo si es tu casa?
— Porque mejor voy a darme una ducha si no quiero que mis invitados cuelguen sus abrigos en un perchero humano.
Pareció caer en lo que había dicho solo cuando le hice la seña con mis ojos hacia mi entrepierna dejándole en claro que no estaba mintiendo, y cuando siguió el mismo camino que había recorrido mi mirada se puso totalmente roja.
— ¡Vamos! ¿Qué estas esperando? Ve a darte una ducha de agua fría, mientras, mientras yo los recibo. Sí, es una buena idea.
— Me alegra que hayas entendido.
Le sonreí dandole un beso fugaz en los labios y desaparecí de su vista tan rápido como si el alma me la llevara el diablo.
.
Sakura´s POV
Todavía me encontraba en shock, no podía comprender como llegamos a esa situación tan comprometedora. No me estaba arrepintiendo pero Shaoran era uno de mis mejores amigos en el instituto y por más de que mi corazón se acelere a mil por hora con solo un roce de su mano, mi cabeza me ponía en evidencia y me sumía en una vergüenza profunda cuando podía apartarme un rato y pensar con claridad. ¿Cuándo habían cambiado tanto las cosas? Algo en mí me decía que este sentimiento ya lo había experimentado, pero como si de amnesia me diagnosticaran no podía hilar los pensamientos que en esos momentos me remontaban del pasado al presente en milésimas de segundos y que me venían atormentando desde aquel beso en el parque.
En un momento de lucidez recordé que tenía que ir a abrir la puerta. Me acerqué lo más rápido posible, acomodé mi ropa y mi cabello con las manos dándome un vistazo en el espejo junto a la entrada para comprobar que me viera presentable. Suspiré y abrí la puerta con mi mejor sonrisa.
— ¡Sakura! Qué raro llegando temprano. - Eriol fingió sorprenderse al verme guiñando un ojo en un acto de picardía que pasé por alto.
— Si, es que Tomoyo me contó que no podrías venir a ayudar a Shaoran y como estaba libre pensé que lo mejor era pasar a cooperar. Pero no se queden ahí, entren.
Mi amiga me miró de arriba abajo soltando una pequeña risita como si supiera lo que estuvimos haciendo, incrementando el rosado de mis mejillas producto de lo que había sucedido en la cocina. Tomoyo era una bruja y cada día confirmaba más mis sospechas.
— ¿Y Shaoran? - preguntó ella.
— ¡Ah! Él fue a darse una ducha, llegaron un poco más temprano de lo esperado entonces no le dio tiempo a hacerlo antes. – dije esto sin mirarlos tratando de que mi rostro no delatara mi vergüenza.
Ni bien Eriol y Tomoyo se acomodaron en la sala Shaoran apareció saludando a los invitados como si aquí no hubiera pasado nada. Se había puesto una remera blanca y unos jeans azules un poco ajustados. Estaba tan sexy que no pude evitar sonrojarme. ¿Por qué tenia que ser tan guapo?.
A estas alturas la situación era tan evidente e incomoda que Tomoyo me pidió la acompañase a comprar algo que se había "olvidado". Excusándose con que era cosa de chicas nos deshicimos del intento de Eriol para acompañarnos y yo agradecí al cielo salir aunque sea un momento para pensar con claridad y tratar de idealizar a Shaoran como si fuera un témpano de hielo.
Ni bien abandonamos el edificio sabía que se vendría el interrogatorio y la verdad es que necesitaba aclarar un par de cosas con mi mejor amiga.
— No te quedes callada y dime que pasa. Y no empieces con que nada pasó porque sabes bien que eres un libro abierto para mí. – Tomoyo agarró mi brazo y nos dispusimos a caminar hacia al centro de Tomoeda que estaba a unas 5 calles de allí.
— Si, ya lo sé. No sé qué paso Tommy, pero sea lo que sea me gusta y me aterra a la vez.
La noche se presentaba ante nosotras con un manto estrellado que sería testigo de mi relato a cada paso. Le conté todo con lujo de detalle y las dudas con respecto a mis sentimientos. Estaba segura que esta conversación no quedaría en la nada y Tomoyo me ayudaría a resolver la maraña de mi cabeza con la que una araña podría vivir una eternidad sin necesidad de crear las redes por sus propios medios.
— Sé que te sorprenderá lo que voy a decirte pero no me parece nada impredecible lo que sucedió. Nunca fuiste demasiado observadora, pero me da la impresión de que Shaoran hace años que está interesado en tener algo más que una amistad contigo. Él también fue siempre muy transparente y a la vez reservado, le costaba mucho poder exteriorizar sus sentimientos.
Mi cara reflejaba una de desconcierto absoluto. ¿Como podía pensar que para ese entonces mi mejor amigo, con quién pasábamos la mayoría del tiempo pudiera estar enamorado de mí y yo sin darme cuenta? Tomoyo solo sonrió y prosiguió con su explicación.
— ¿Recuerdas cuándo te pusiste de novia con Yue? Fue en el anteúltimo año de preparatoria.
— Sí, y si pudiera borraría todo rastro de él de mi memoria. Creo que nunca estuve más ciega en mi vida como para elegir tan mal a mi primer novio. – me mofaba de solo recordarlo - ¿Pero qué tiene que ver con Shaoran?
— Me consta, y te lo dije. – rodé los ojos porque Tomoyo se cansó de decirme que Yue no era una buena persona, pero el amor te hace idiota, demasiado idiota.
— A lo que quiero llegar es que desde que te pusiste de novia Shaoran cambió casi radicalmente su actitud para con nosotros. Ya no se juntaba en los recreos, no asistía a las fiestas ni salidas, solo hablaba con Eriol, a duras penas conmigo y si se veía obligado a juntarnos apenas acotaba.
— Sí, lo recuerdo, me puse muy triste cuando eso pasó, trate de hablar muchas veces con él pero siempre me esquivaba. Fue muy frustrante, nunca entendí porque lo hizo, hasta que eso terminó por alejarnos cada día un poco más.
— Yo si creo saberlo, y por eso tocamos el tema. – si antes estaba sorprendida ahora sí que no sabia que decir, lo mejor era callarse y escuchar antes de que mi cerebro empiece a sacar conjeturas.
— Sé que son solo suposiciones mías porque Shaoran nunca me lo quizo confesar, pero tengo la certeza de que tu relación con Yue le rompió el corazón, y por eso supuso que sería menos doloroso alejarse a verte con él todos los días. Un poco cobarde de su parte si me pides mi opinión, por dar perdida la batalla sin luchar antes por ella, pero creo que lo entiendo, y con lo introvertido que era en ese entones la idea me me cierra todavía más. ¿Cómo podría hacer que su mejor amiga se fijara en él si nunca tuvo el valor para declarársele? ¿Cómo poder mirarla a la cara cuando ella siempre pensó a ciegas en su amistad? ¿Cómo podría hacer que se interese en él si nunca lo vio con otros ojos?. Muchas dudas, pocas respuestas.
— No puede ser Tomoyo, eso es ridículo, me habría dado cuenta. Además contaba con Eriol, quién era el único de nosotros con el que hablaba y ambos saben que nunca fui una descarada como para rechazarlo sin compasión. ¿Por qué no le pidió consejos para que lo animase? ¿Por qué no solo lo intento?. No sé que le hubiera contestado pero por lo menos nuestra relación no se habría reducido a nada.
— Con lo despistada que eres podría haberse paseado delante de tus ojos con un cartel gigante diciendo "te amo Sakura Kinomoto" y aún así no te darías cuenta.
Traté de refutar sus palabras pero mi armamento carecía de solidez. Más allá de lo que pudiera o no haber sentido Shaoran en su momento ¿Qué pensaría hoy de mí? ¿Ésta atracción que sentimos será solo física? No, tiene que haber algo más, yo siento que algo me pasa cuando estoy con él, algo que pensé era amistad, pero los amigos no se desean ni se besan de esa manera. Quise mucho a Shaoran y el volverlo a ver me demostró que aún lo seguía queriendo, era una de las pocas personas que sin importar las consecuencias iba de frente, una persona fiel, algo gruñón y un poco hiriente si las cosas se le van de las manos, pero su personalidad lo hacia valioso, siempre podías confiar en sus palabras y si se pasaba de la raya su perdón era tan sincero como su aura lo demostraba y así como sus disculpas, de los actos de dulzura que cometía nunca era capaz de darle la importancia que se merecían. Modesto. Y todo un bombón. Lo era a los 11 y lo es ahora. Solo que mi inocencia nunca permitió verlo mas allá de lo que ahora lo veo.
— No sé tú, pero yo no dejaría de pasar esta oportunidad. Ambas sabemos lo mal que te ha ido en tus noviazgos, y no es que quiero que te cases con Shaoran, pero si a ambos les está pasando algo mas allá de lo sexual no estaría bueno que "la amistad" que tanto tenían sea la que les impida poder avanzar. Es un buen tipo Saku, y lo mejor es que ya lo conoces, por más que los años cambien a las personas, tal parece que Shaoran cambió para bien ¿no te parece? No solo está super guapo sino que está más dado, más demostrativo. ¿No piensas lo mismo?
No podría haber leído mejor mi mente de lo que ella lo hizo. Era un hecho, no quería pensarlo más, solo deseaba dejarme llevar, disfrutar de este nuevo sentimiento y/o atracción que era evidente el uno sentía por el otro.
-.-.-.-.-
No sé cuanto tiempo había pasado hasta que volvimos al edificio donde los chicos nos estarían esperando para comer, pero entre todo el ajetreo que estaba acarreando mi mente y la simple idea de verlo aceleraba mi corazón.
¿Puede una pasar de la des-inhibición a la vergüenza en tan poco tiempo?
Cuando subimos al ascensor tenía la sensación de que las paredes de ese cubículo me encerraban y presionaban. Tardé un poco en darme cuenta que a mi lado, Tomoyo, tenía una bolsita de farmacia de la que nunca me había percatado. Ella, al ver mi cara de desconcierto solo sonrió.
— Paramos un minuto a comprar para no levantar las sospechas de los chicos, entramos juntas a la farmacia, pero obviamente no estabas en este planeta y quizás tampoco en la misma galaxia.
— Ohhh… Qué mal.
Sí, estaba muy, muy mal. Mi grado de despiste había llegado a su limite, rebasándolo y marcando un nuevo récord en los libros Guinness.
Me dije que no podía actuar así cuando esas puertas se abrieran por segunda vez en el día para mi. Así que intenté relajarme y por lo menos en lo que reste de velada actuar como los buenos amigos que solíamos ser.
Luego resolveríamos el otro asunto.
.
