El Guardián 2: El Círculo infernal

Capitulo 2: La caída

En una muy noche cerrada, sin estrellas ni Luna. La ciudad solo se iluminaba por la infinidad de luces de los altos edificios y de los infinitos letreros luminosos, de gran variedad de colores. Entre los edificios una figura se mueve con destreza, velocidad y gracia. En la figura predominaba el color rojo, era un traje parecía ser una sola pieza. Su rostro cubierto al estilo Ninja que sólo dejaba ver sus ojos celestes. La ropa era muy ajustada y se dejaba entrever el atlético cuerpo de la joven.

Detuvo su desaforada carrera en la esquina de un edificio cercano al Museo de Lowercraft. La joven no dudo un segundo el plan era fácil, no podía fallar. Saltó sin preparación hacia el techo de su objetivo. Corrió hacia una entrada, ubicada en el extremo opuesto de la explanada. Fácilmente violó el dispositivo de seguridad. Entro y con gran velocidad y agilidad desactivó todas las cámaras de seguridad a su paso. Finalmente la joven se detuvo en un gran salón, en el cual predominaba la oscuridad exceptuando una luz principal en el centro del enorme salón.

La joven observaba a todas las direcciones. Luego harta sacó un pequeño papel de su bolsillo. Parecían instrucciones, acompañadas por números… tal vez claves…

-¿Estás perdida amiga? – EL sonido provenía de un hombre detrás de ella. Su voz ronca contrastaba con su aspecto juvenil. Su traje azul no dejaba entrever nada. El sujeto era un misterio. – Tal vez pueda indicarte algunas cosas, donde está la cárcel por ejemplo.

-No lo sé guapo pero yo creo que tú eres el que está perdido… -Acto seguido la joven saco un par de katanas de su espalda, y con gran destreza empezó a atacar a nuestro héroe. Este confiado esquivo los ataques con gran velocidad, estaba tan concentrado en la joven que no pudo percibir que no estaba solo. Desde las sombras una serie de cuchillos volaron hacia él. El Guardián apenas pudo esquivar el ataque. Para su desgracia, algunos pocos cuchillos alcanzaron su objetivo. Dos en su brazo derecho y uno en la pierna del mismo lado.

-Dos contra uno es no es justo – dijo el héroe mal herido. Lo invadía un intenso dolor que apenas podía ocultar a sus enemigos "Como no pude ver esto"

-La vida no es justa y eso tú deberías saberlo – Seguía hablando la joven – veo que ya conociste a Damocles. – una figura salió de la sombra. Era un hombre joven pero arqueado como un anciano. Su rostro tapado por vendas que dejaban ver apenas su rostro. Este sonrío dejando entrever sus dientes, amarillos unos y otros podridos. Su cabello era negro y corto, sus ojos de igual color poseían ojeras que demostraba insomnio o locura. Lo segundo era lo más probable. – Sabes él es el mejor en el viejo arte de asesinatos con armas blancas a larga distancia. Está demente así que no lo provoques.

- Es una trampa ¿verdad? – dijo el héroe mientras se quitaba los cuchillos del cuerpo – Pero me siento halagado, eso significa que hago bien mi trabajo sino nadie hubiera ideado esto.

- ¡Qué gran poder deductivo! Sin embargo esto no te sirve de mucho - la joven guardó sus espadas en su espalda. Desde las sombras salieron otros tres sujetos. Uno era enorme tal vez dos metros y medio, era gordo como un elefante su cuerpo era una armadura de hierro rojo. Su cabeza tenia un casco dorado, que dejaba ver sus pequeños ojos y boca. A su lado había un sujeto joven y atlético de cabello castaño oscuro de ojos verdes, con un rostro tatuado con una figura roja indescriptible. Vestía sólo un chaleco de color vino y pantalones del mismo color mezclado con negro. Detrás de ellos se encontraba un último enemigo parecía el jefe. Vestía con una larga túnica blanca. Tenia una mascara lisa y plateada que tenia solo dos orificios para los ojos.

-Uy, ¡genial el circo llego a la ciudad! Me regalan unas entradas – decía el Guardián con sorna.

-Ríete todo lo que quieras peor aquí termina tu aventura – decía la joven - ¡Spitfire! – el joven del tatuaje en el rostro se acercó un par de metros y luego aspiró fuerte. Acto seguido una llamarada salía de su boca como un dragón. El guardián se lanzo hacia un lado pero rápidamente fue golpeado por una montaña de acero que con gran velocidad lo embestía lanzándolo por un ventanal cercano.

Nuestro caían al vacío. Jamás había sido vencido, ningún maleante lo había herido. Ahora caía rápidamente, tenia que reaccionar. De su lado derecho sacó su pistola lanza arnés. Disparó sin calcular, una vez enganchado por la caída y el freno del gancho sucedió un efecto péndulo que lo lanzo de nuevo al edificio varios pisos más abajo.

-Este tipo tiene agallas – Decía la enorme bola de acero y músculos – Bueno voy a terminar con esto.

-Tranquilo Tank él es mío – Decía el hombre sin rostro – Así lo quiso el jefe – Acto seguido el hombre se quito su tunica. Debajo había una armadura negra, con garra en vez de manos, un cinturón lleno de elementos y en su espalda un aparato plateado. Apretando un botón, dicho aparato se abrió como si fueran alas. Tomando carrera el hombre saltó al vacío. Un motor se activo y el hombre comenzó a planear hacia abajo.

En cuanto se acerco a pocos metros de la pared del edificio, el héroe mal herido salto con gran agilidad aferrándose a la parte trasera del alado. Éste empezó a elevarse de forma vertical y acelerando con violencia. El Guardián sacó un material extraño de su bolsillo. Parecía loa punta de una lanza o un arpón con símbolos desconocidos. Sin dudar lo clavó en el aparato. Éste empezó a fallar. El Alado no tuvo otra opción que deshacerse de su pasajero antes de caer en picada. El Alado llegó al techo del edificio posterior al museo y allí nuestro héroe bajó de un salto. El Alado desde el aire comenzó a lanzar una serie de esferas que al caer culminaba en pequeñas explosiones…

El sujeto de azul muy cansado no pude evadir el ataque aéreo y las explosiones lo rodearon provocándole graves quemaduras. Éstas sumadas a las heridas anteriores lo dejaron en el suelo arrastrándose y tratando de erguirse y seguir peleando peor estaba agotado. El alado descendió y preparó sus garras para terminar el trabajo cuando sonó un intercomunicador en su casco.

-Suficiente, déjalo ir. Creo que ya entendió en qué se ha metido. Ya tendrás otra oportunidad

-Pero señor usted dijo que…

-Ya sé lo que dije… pero quiero jugar un rato más con él… este sólo fue un adelanto… Ahora salgan de ahí, además lograron su objetivo principal. – La comunicación se cortó. El alado replegó sus alas y se marchó caminando. Atrás yacía un héroe cuyo cuerpo y traje estaban cubiertos de decenas de hilos de sangre. Estaba inconciente. Esa noche el héroe había caído…

Concluirá…