Las OC son creaciones mías pero todos los demás personajes pertenecen a Masami Kurumada y no tengo ningún derecho sobre ellos.

AVISO: En esta historia no hay slash o bromance. Son historias cortas entre la protagonista y los personajes del anime de forma individual.

Todos los comentarios, criticas y opiniones serán muy bien recibidos y agradezco por anticipado a todos los lectores su tiempo y atención!


(6 Jun)

Después de aquel primer sueño interesante, pasé horas explicándole a Eve todo lo que había visto, oído y sentido. Intenté (con mi nulo talento artístico) dibujar a Astrid y a Aldebarán para no olvidarlos. Investigué sobre el signo de Tauro, su constelación (y así descubrí que Aldebarán era el nombre de una de sus estrellas) y también sobre templos griegos. Me sentía mucho más segura para enfrentar los próximos sueños que me ocurriesen en aquel mundo… Casi deseaba que hubiera muchos más; quería conocer a los demás de los que me había hablado Aldebarán, quería nuevas interacciones con ellos, quería saber si volvería a ser Astrid o había nuevas "protagonistas para mis películas". ¡Todo era tan emocionante!

Desafortunadamente, al día siguiente volví a soñar con mi vida universitaria real, pero no me desanimé y afronté el experimento posterior con mucho optimismo. En cuanto caí en la cuenta de donde estaba, de ese colorido inusual, me inundó la ilusión.

Miré lo que tenía enfrente, para meterme cuanto antes en situación, y vi a mi nueva versión. No era Astrid si no otra chica; más blanquita, el pelo con una tonalidad de rubio bastante más tirando a castaño, largo y recogido en una trenza que le llegaba hasta la cintura, ojos redondeados, azul intenso y una ropa completamente distinta. Tenía los rasgos más dulcificados que Astrid y se notaba que tendría por lo menos un par de años menos.

La mirada en sus ojos también era diferente. Al observar la escalinata del Santuario, Astrid había estado confusa pero esta nueva chica prácticamente corrió hacia ella para empezar a subir. Estaba tan ansiosa como yo por encontrarle, por hablar, por aprender más.

Cuando llegó a la altura del segundo templo, ya estaba sonriendo y, tras levantar la cabeza para echar un vistazo general a la gran fachada con el símbolo de Tauro en el frontón, reemprendió la marcha para entrar el él. Lo que no se esperaba era darse de golpe contra una especie de muro invisible que lo rodeaba. Apoyó la mano en la aparente nada; había algo sólido allí que oponía resistencia a que ella avanzase.

Ahora sí que sentía desconcierto y algo de frustración. Miró durante un par de minutos al templo y reintentó entrar pero nada. La otra idea era rodearlo y probar por otro lugar… Pero en cuanto dio un par de pasos se detuvo con los ojos fijos en las escaleras que seguían ascendiendo por el monte.

Había un hombre, un Caballero, pero no era Aldebarán. Este tenía el pelo muy largo y azul ('¿Azul? Ah, claro, que en los animes esto es normal' pensé), vestía una túnica granate con una capa blanca por encima y era la viva imagen de la majestuosidad. Aunque no llevara puesta ninguna armadura dorada, era obvio que era un caballero y uno muy poderoso. Era imposible no admirarle aún sin saber ni quien era. Él no habló y la chica tampoco, manteniendo la tensión visual un buen rato. Pero ninguna de las dos nos esperábamos lo que sucedió a continuación.

La voz del hombre resonó directamente dentro de nuestro cerebro compartido, una comunicación directamente telepática.

"¿Qué interés tenías en entrar en el templo de Tauro… Sira?"

Ella abrió muchísimo los ojos azules y su boca expresó una mueca de sorpresa seguramente de forma involuntaria. Primero, aquel hombre podía meter sus palabras en mentes ajenas con toda facilidad y naturalidad. Segundo, sabía su nombre aun sin haberse visto antes jamás.

Él seguía en la escalera, esperando una respuesta y no parecía tener intención inmediata de acercarse o de querer volver a usar su telepatía. Era obvio que él era muy consciente de que estaba en una posición muy intimidatoria; en cambio, prefirió utilizar la voz para replantear la pregunta.

"¿Qué buscabas ahí?"

Sira reunió toda su voluntad para poder contestar.

"A… Aldebarán"

"¿Aldebarán?" repitió él "Ah, ¿nuestro jovencísimo Caballero de Tauro?"

Sira no contestó. Yo también estaba desconcertada. ¿Jovencísimo? Sí, Aldebarán le había mencionado a Astrid que le hicieron Caballero siendo solo un niño, con 7 añitos. ¿Podría ser que esa escena fuera muy posterior a la del sueño actual? Al menos una década… ¿Serían otros los Caballeros de entonces? Que lío…

"Lamento decirte que si has viajado hasta aquí solo para verle, has realizado el viaje en vano" añadió él "El Caballero de Tauro esta entrenando en estos momentos, bastante lejos de aquí. Llego hace poco más de un año pero aún le queda mucho por aprender"

"Qué lástima" consiguió decir Sira "Es cierto que me hubiera gustado verle"

"¿Sois amigos?"

"Conocidos… Gracias a él sé algunas cosas de este lugar"

"¿Ah sí?" el caballero hizo un movimiento muy sutil con la mano pero supe que esa inevitable necesidad que sintió Sira de echar a andar, muy despacio, en la dirección en la que se encontraba él tenía algo que ver con ese gesto "¿Te contó Aldebarán quién soy yo?"

"Puede ser. ¿Eres el Patriarca del Santuario?" Sira se detuvo al llegar al pie de la escalera, a algo menos de un par de metros de él. Lo suficientemente cerca para ver la media sonrisa que había aparecido en sus labios.

"No. Soy demasiado joven para que me otorguen un puesto de tanta responsabilidad. Pero quien sabe algún día. A lo mejor muy pronto. De momento solo soy uno de los 12"

"Uno muy poderoso" matizó Sira; la sonrisa de él se amplió con orgullo "La telepatía es un poder fuerte e intenso, Caballero Dorado"

Rebusqué con todas mis ganas en los recuerdos de lo que me había contado Aldebarán. Había más de un Caballero con poder telepático. Pero como más poderosos, había destacado dos… Por el tema de las edades, aquel chico acababa de mencionar que era joven, a pesar de su aspecto y aura solemne no era más que un adolescente, pero claro que Aldebarán por aquel entonces era un crío… Solo podía cuadrar un Caballero.

"Caballero Dorado…" prosiguió Sira tímidamente "… de Geminis"

"Saga" escuchamos otra vez mentalmente; él le estaba añadiendo dramatismo al asunto volviendo a usar sus poderes.

Sin borrar la sonrisa de seguridad de su rostro, los ojos verdes sin pestañear ni desviar la mirada en ningún momento, extendió el brazo como señal de invitación.

"Ven, Sira" dijo "Si tienes curiosidad por este lugar y sus moradores, yo puedo contarte algunas cosas"


Tras un rato paseando alrededor del templo de Geminis, un edificio igual de bello que el de Tauro pero con una atmosfera completamente distinta, Sira llegó a la conclusión de que había algo demasiado especial en Saga. Él cumplió su palabra y contó a Sira algunas cosas sobre el Santuario y los otros Caballeros. Algunos coincidían con lo que había contado Aldebarán, otros no. Pero las diferencias de relatos iban más allá. Aldebarán había sido un entrañable y cuidadoso narrador, acorde con su carácter. Saga era mucho más enrevesado, misterioso, indescifrable. Era la misma atmosfera que se percibía en el templo, como un peligro latente. Era innegable que Saga podría manipular a quien quisiera como quisiera; tenía una energía que arrastraba a quien quisiese hacia él. A pesar de notar que no se podía confiar en él, Sira parecía ver una parte de bondad y dulzura en él. En poco tiempo podría decir que le consideraba un amigo, y ese vínculo no lo había logrado Aldebarán con su personalidad abierta, sincera y cálida.

Saga nunca invitó a Sira a pasar al templo. Deduje que él prefería mantener a las personas fuera del Santuario a cierta distancia de sus edificios sagrados. Podría ser también que hubiese algún peligro en el interior; Saga parecía la clase de persona que pondría retos y pruebas a quien osase profanar sus dominios sin permiso. Era celoso de sus cosas y estaba muy orgulloso de su poder. Por eso había bloqueado el acceso a Tauro y por eso había sugerido pasear al aire libre, a pesar de que el viento soplaba bastante gélido. Debía ser invierno…

"Saga" Sira se animó a intervenir en un momento en el que él había dejado de hablar sobre la reencarnación de los dioses en cuerpos de niños humanos "Háblame más de ti. Me has contado cosas sobre todo y todos, pero no sobre ti"

Él se detuvo y volvió a esbozar esa sonrisa irónica en su rostro. Sira era curiosa, eso se podía ver solo al momento de conocerla. El titubeo cuando interactuaba con Saga, la manera de mirarle (entre fascinada y desconfiada), la postura que adoptaba al caminar a su lado; todo eran indicaciones de que quería acercarse y penetrar esa barrera que él había creado a su alrededor. Saga debía saberlo y aunque no salía de él ser accesible, tampoco tenía prisa en quitarse de encima a aquella niña cotilla.

"¿Qué quieres saber? Pregúntame y yo decidiré si te contesto… o no"

"Cosas sobre ti como persona, no como Caballero. ¿Quién eras antes de venir aquí? ¿Qué hubieras hecho si no hubieras sido un guardián del Santuario?"

"Nunca hubo otra opción" respondió Saga, serio otra vez "Luchar por unos ideales de justicia, valor y devoción siempre ha sido lo que he deseado hacer"

"Así que estabas destinado a salvar el mundo" Sira quiso quitar hierro al tema.

"Yo no lo diría así, pero sí, me gusta pensar que estoy aquí para servir y ayudar. Todo lo que era antes, no es digno de mencionar o recordar"

"¿No añoras nada ni a nadie?"

"A veces a mi hermano gemelo…"

Sira dio un paso hacia él, pero él bajo la mirada y reemprendió el paseo; claramente nada deseoso de profundizar en el tema familiar. Sira no insistió aunque tampoco quiso volver a temas serios y formales. Intentó con todas sus ganas que Saga fuera natural y espontáneo en la conversación, que pudiera surgir en el algo similar al cariño, tal como ella estaba sintiendo hacia él pero Saga era difícil de leer entre líneas. Aún así Sira consiguió que el resto del tiempo que él le cedió fuera bueno y entretenido y cuando empezó a caer el sol, ella estaba lista para despedirse, sintiéndose satisfecha y contenta.

"¿Podré volver algún día a visitarte?" preguntó ella, al tiempo que bajaba el primer escalón, jugueteando con su larga trenza de cabello color miel.

"No lo sé. En este lugar raramente hacemos planes, las cosas pueden cambiar radicalmente de un día para otro…" su voz sonaba algo triste al responder, pero enseguida la disimuló al añadir algo más "Pero sería agradable pensar que existe la posibilidad de tener visita algún día"

Sira se giró, le miró al borde de la escalinata y, dado su carácter aniñado y juguetón, no pudo evitar volver a subir corriendo los pocos escalones que había bajado, darle un beso en el rostro (fugaz pero cargado de sentimientos de ánimo, respeto y admiración) y bajar corriendo otra vez. Solo se detuvo al llegar a la altura de Tauro; Saga era una figura pequeñita, allí en lo alto, pero aún se podía percibir su desconcierto ante lo que acababa de ocurrir.

"Adiós, Caballero de Geminis" gritó ella, esperando que él la escuchase, que el viento y el eco de las montañas le transmitiesen su mensaje. Le imaginó sonriendo al oír la despedida.

"Adiós, Sira. Y gracias" mensaje telepático sorpresa. Se nos seguía olvidando que él era capaz de eso.

Al mirar atrás una última vez, la silueta de Saga despareció adentrándose en la tercera Casa. Esa era la imagen que quería llevarme.


"Dime que tienes algo que contarme" escuche antes de poder ni quitarme la manta de la cara en condiciones.

"Tengo mucho que contarte, Eve"

"¡Día 2 de experimento exitoso! Y al parecer, día de muy buen sueño también"

"Día de sueño maravilloso. Creo que es posible sentir cosas muy profundas en esta clase de sueños, querida amiga"

"De acuerdo. Me estas intrigando, Becks. Empieza a desembucharlo ¡todo!"