Capítulo 3: Segundo día: Infierno
-1ª parte-
Kagome bajaba las escaleras para dirigirse hacia el comedor, donde podía escuchar el griterío de los niños al tener delante su desayuno.
Había tenido un sueño muy extraño. Ella volvía a su época y había dejado atrás a Inuyasha, desanimada y rendida de que nunca pensara en ella como algo más que una buena amiga. Lo peor había sido después, antes de cruzar el pozo. Inuyasha se había quedado mirándola casi con pena, pero la presencia de una tercera persona hizo que tomara toda su atención, especialmente al ver de quién se trataba. Era aquella sacerdotisa. Inuyasha no había perdido el tiempo en ir a ella y abrazarla con fuerza. Y luego, la imagen que quedó grabada en su mente, incluso en esos momentos. El beso.
Dio gracias a que la tormenta y la lluvia la hubieran despertado, sino seguiría viendo aquella pesadilla.
No entendía como era que a estas alturas soñara con eso. ¿Quizás era por la insistencia de los dos niños en que se juntara ella con Inuyasha¿O acaso era una premonición?
No sabía que pensar.
-tía Kagome... –apareciendo Inutsuki de pronto frente a ella- ven rápido, Miyu nos ha preparado un desayuno muy rico... –entonces se fijó en que estaba algo angustiada- ¿pasa algo malo tía?
-no... no te preocupes...
-¿y tío Inu? –mirando detrás de ella imaginándose que el hanyou estuviera escondido.
-al parecer vuestro cuento debió de ser tan largo que lo dejasteis hasta la madrugada porque quedaba durmiendo como nunca había visto.
-pero si solo estuvo quince minutos. –dijo Inutsuki extrañada.
-¿cómo?
-sí. Dijo que estaba cansado y que continuaría hoy. Pero yo creo que solo son excusas.
Eso fue algo muy claro para Kagome. Inuyasha no quería compartir con ella nada de nada. Y no le importaba hacer tiempo e irse por ahí.
La pequeña notando el estado depresivo de su "tía" la condujo al comedor con intenciones de animarla. Cuando iba a visitar a su madre en compañía de su padre y hermano, había momentos en que la veía triste como ella, y solo una cosa lograba alegrarla.
-mira tía, hace años Miyu trajo algo raro llamado cochotate o algo así.
-¿chocolate?
-sí, eso. Desde entonces lo pone en los desayunos y está muuuuuuuuy rico. –dijo la niña emocionada- tienes que probarlo.
Kagome no pudo evitar reírse. Si ella supiera toda la gastronomía que quedaba por descubrir. Estaba segura que si conociera los helados y las golosinas quedaría entusiasmada.
-en realidad, lo tengo muy probado.
-¿ah sí¿Dónde¿Cuándo?
-¿tu madre nunca te dijo que yo vengo de otra época¿De una futura?
-ah, es verdad. –dijo de forma despistada- recuerdo que en un principio le parecías algo extraña con aquellas ropas, pero después poco le había importado. Lo que contaba es como eras.
-para haber estado solo tus dos primeros años de vida con tu madre, recuerdas muchas cosas de ella.
-de vez en cuando íbamos a visitarla. Aunque eso incomodaba un poco a la abuela. Más le molestaba cuando Inutaiyou y yo la llamábamos abuelita. –riéndose como Kagome que ya imaginaba la cara de la madre de Sesshomaru al ser llamada de esa forma- así mamá se animaba y olvidaba sus penas igual que tú ahora. –murmuró la niña.
-¿cómo? –sin haberla entendido.
-nada. –negando con una sonrisa- ¿vamos a desayunar?
-sí. –cogiendo de la mano que ella le ofrecía.
o.o.o.o.o
Inuyasha abrió los ojos con lentitud. Miró por la ventana observando que era demasiado tarde, cuando él acostumbraba a levantarse temprano. Pero ahora, en esa semana tenía que acostumbrarse a un nuevo horario. Todo para evitarla en las noches como aquella. Le resultaba bastante vergonzoso y no era el tener que compartir habitación, sino el hecho de dormir juntos. Era por eso, que volvía a su antigua postura. Sentado con las piernas cruzadas.
Observó la cama, donde allí ya no estaba la mujer y a su mente le vino la impresión que tuvo al verla dormida.
Había pasado muchas noches con ella, hace años en aquellos espesos bosques, en palacios que gracias a las mentiras del bonzo aprovechaban, pero claro, ella para él solo era una compañera de viaje más, aunque muy importante.
Pero esa noche, verla dormida tan tranquilamente donde su cabello caía libremente sobre sus hombros. Sus grandes ojos cerrados donde parecía que tenía un buen sueño. Su boca entre abierta algo sugerente. Todo ello combinado le daba un toque inocente y hasta hermoso.
Lo reconocía, vista así nadie se imaginaría que era la reencarnación de su primer y único amor, Kikyo. Ella siempre serena, tranquila, perfecta sin ese toque inocente. En ese aspecto, ambas eran tan distintas.
-de tanto pensar te saldrán arrugas. –dijo Inutaiyou apareciendo de la misma manera que su hermana con Kagome, solo que a diferencia de la mujer Inuyasha se sobresaltó exageradamente.
-¿qué... qué haces aquí?
-te has saltado el desayuno. Papá siempre dice que no hay que saltarse las comidas, que es de muy mala educación.
-no veo a Sesshomaru diciendo eso. –dijo el hanyou levantándose y colocando adecuadamente su espada en el cinto.
-¿esa es la famosa Tessaiga? –mirándolo con asombro.
-sí, pero es mía. –aclaró de inmediato.
-no parece nada del otro mundo. –dijo el niño al ver lo vieja que parecía.
-¡keh! –con una mueca de superioridad- eso es porque no has visto su gran poder.
-¿su gran poder?
-¿es que acaso tu insulso padre no te ha contado nada de sus poderes?
-claro, pero... viéndola así. –examinándola con escepticismo.
-es porque se transforma después en un colmillo.
-ah... ¿y por qué conserva ahora este aspecto tan desastroso?
-y yo que sé. –contestó con sinceridad.
-¿y cuando se transforma?
-cuando quiero exterminar a mis rivales.
-entonces ¿es una espada maligna?
-¿qué dices niño ignorante? Esta espada sirve para proteger a la gente.
-¿especialmente a personas importantes como a tus seres queridos? –preguntó aunque más bien era una afirmación.
-así es. –contestó de inmediato.
-y más cuando es la mujer que amas como tía Kagome¿no? –preguntó con una sonrisa de lado.
-pues claro que sí... ah... –cayendo en la trampa del niño quién feliz de haber conseguido lo que quería se retiró de la habitación.
-no tengo más preguntas. Ah sí, Miyu me mandó informarte que dentro de media hora se servirá la comida, no te retrases esta vez tío. –dejándolo con la boca abierta.
-¡maldito mocoso! –espetó con rabia y frustración una vez que estuvo solo- ¡yo me lo cargo! Ese mocoso conocía desde el principio el poder de Tessaiga¿por qué no me di cuenta? Soy idiota... yo lo mato, lo estrangulo... pero... ¡no puedo hacerlo! –con lágrimas en los ojos al recordar que aquel niño era el vástago de su cruel y despiadado medio hermano- ¿por qué me tiene que pasar esto a mí?
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Cuando Inutaiyou hubo salido se encontró con Inutsuki que se encontraba esperándolo.
-¿y bien? –inquirió curiosa.
-ha caído de lleno. Aunque hermana estos dos necesitan un buen empujón, especialmente el chucho tío nuestro de malas pulgas.
-en ese caso, podemos ir hacer esa visita a esas personas que Jaken-sama nos había hablado y pedirles información¿no?
-así es, pero tenemos que hacerlo sin que ellos se enteren y especialmente Miyu-sama. Ella no dudará en ir con el cuento a papá y mamá y mamá sí que la creerá.
-¿le pedimos que vaya a buscar cualquier cosa para librarnos de ella?
-sí, pero ella no es nada tonta. Tenemos que usar nuestras cartas para que funcione.
-no te preocupes hermano, déjamelo a mí.
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Era ya la hora de comer, y los dos niños más Kagome esperaban nuevamente con suma paciencia, con el tentador plato con comida, a que el hanyou llegara de una vez.
-esto ya es muy raro. Puede que Inuyasha se salte el desayuno, pero ahora tiene que estar hambriento. –decía la humana extrañada conociendo a la perfección al medio demonio- ¿le habéis dicho algo? –mirando hacia los pequeños de forma desconfiada.
-¿nosotros? Nada de nada. –dijo el mayor- solo le pregunté por Tessaiga.
-me escama.
-no te preocupes por él tía. Como papá dice cuando Jaken-sama se retrasa no hay nada mejor que unos buenos golpes para que la próxima vez no se le pase.
-yo más bien estaba pensando en qué le preguntasteis exactamente sobre Tessaiga para que no quisiera venir a comer.
-solo cuando y por qué se transforma en un colmillo. –contestó Inutaiyou tranquilamente con sinceridad.
-¿seguro? –inquirió Kagome no muy convencida.
-que sí tía, es la pura verdad.
-no te están mintiendo. –dijo la voz de Inuyasha tras suya.
Kagome se sobresaltó y observó como el medio demonio se sentaba en su lugar correspondiente. Asombrada se percató que estaba medio molesto y fastidiado. Pero¿por qué?
Por la puerta apareció Miyu como si hubiese sentido al hermano de su amo, con un carro de comida.
-bien mis niños, esta vez cuidé que no se me quemara. –dijo divertida sirviendo un tazón de arroz para cada uno y un plato de carne- y para los invitados que les pido mis disculpas por lo de ayer, pero como Rin-sama decía continuamente que ustedes acabarían juntos y los niños vinieron a confirmármelo.
-keh! Creo que la humana que iba con Sesshomaru tiene demasiada imaginación.
De inmediato los dos niños le dieron un capón en la cabeza más Miyu que le pegó con el cazo.
-pero bueno... –mirándoles para reclamarles, pero antes de hacerlo se encogió en el sitio al ver las chispas que salían de los ojos de los tres youkais.
-vuelve a hablar así de mi madre y quedas manco como mi padre. –amenazó Inutaiyou enseñando su garra.
-para la próxima me transformo y te meriendo. –siguió Inutsuki.
-no consiento que hablen así de mi niña. –dijo la amenazante número tres.
-cualquiera dice ahora algo malo sobre ella. –susurró por lo bajo.
Pero Inuyasha había olvidado que aquellos tres eran youkais y tenían un oído muy fino y volvió a recibir una segunda dosis de esa misma medicina tan dolorosa.
-él se lo ha buscado. –murmuró Kagome tomando su sopa de forma tranquila y despreocupada.
-la próxima vez que diga algo sobre mi niña, no se lo diré al amo, le mataré yo misma. –dijo Miyu malhumorada a punto de retirarse.
-Miyu-baba –la llamó el pequeño.
-dime corazón.
-Inutsuki y yo queremos algo especial para la cena. –no se tardó en que hubiesen miradas desconfiantes tanto por parte de los invitados como de la propia sirvienta- no equivoques las cosas, es que tenemos antojo de esas cosas doradas que son como pequeños palillos.
-¿y tiene que ser para esta misma noche¿No os vale cuando regrese vuestro padre y que las traiga él?
-no, los queremos hoy. –pidió Inutsuki con ojitos de cordero degollado- ¡por fa!
-ay, no me pongas esa cara. –dijo Miyu rendida.
-"yo no sé quién les tendrá más consentidos, si el imbécil de Sesshomaru o los sirvientes." –pensó Inuyasha con la medida de seguridad de que ninguno de los tres atacantes volvieran a atentar contra él.
-Miyu-sama¿puedo saberse de qué comidan hablan los pequeños? –preguntó Kagome curiosa.
-es algo nuevo señorita. Un alimento llamado tatata, o papapa.
-patatas y fritas. –le recordó Inutaiyou.
Kagome les miró extrañada¿había entendido bien¿Es que no solo la hamburguesa y el chocolate llegaron al palacio del terrorífico Sesshomaru, sino que hasta las patatas? Comenzaba a pensar que aquel restaurante de comida rápida que iba con sus amigas después del instituto, el Wacdonals había sido fundada por uno de los descendientes del lord. (NA: a este paso solo hacen falta los refrescos XP)
-lo malo de todo, es que necesito ir hacia el este a por ellas, y no volvería hasta el anochecer.
-si es por nosotros, no se preocupe. –tranquilizó Kagome.
-no es eso exactamente. –dijo Miyu con lentitud y cierto nerviosismo- es que nunca hemos dejado el castillo sin ningún sirviente que pudiera vigilar. Generalmente estamos llenos de ellos, pero cuando Sesshomaru-sama anunció que partiría en busca de la señora, misteriosamente todos se pusieron graves o tenían cosas que hacer, excepto Yue, pero como el amo le había ordenado que vigilara su territorio exterior, es por eso que solo estoy yo aquí.
-¿quién es Yue? –preguntó Inuyasha.
-Yue-san es después de Jaken y junto a Miyu-baba el sirviente más leal de nuestro padre. Es muy poderoso y pertenece al clan de los perros del norte.
-¿sabíais que había estado cerca de la muerte y nuestra madre lo sacó de allí? –dijo Inutsuki toda emocionada recordando el relato que el mismo Yue le había contado.
-¿qué lo sacó? –repitió Inuyasha incrédulo como Kagome.
-cierto. Mi niña llevaba unos cuantos meses viviendo ya de manera oficial en este castillo. Yue-san había resultado herido gravemente en una batalla. Lo mantuvimos encerrado en su habitación para no preocupar a la pequeña, ya que el amo nos había advertido que procuráramos que la joven no viese absolutamente nada de muertes o soledad. Yue-san había perdido todo el ánimo de vivir, tenía todas sus esperanzas muertas. Sin embargo, mi señora lo descubrió y ella con sus palabras amables le devolvió el color y el sentido de la vida. Al cabo de unos días, Yue-san volvió a ser el que era y prometió la total lealtad al amo y el proteger a la joven con su vida.
-creo que puedo entender porque Sesshomaru ha dejado de lado su orgullo y se ha emparejado con Rin. No le importó dejar en el pasado todo lo que había dicho y darse una oportunidad. Es una pena que su hermano no sea igual a él. –esto último lo dijo bien alto para que el hanyou la oyera.
-Miyu-baba¿entonces irás y nos traerás las patatas? Si estás preocupada por "eso" ve tranquila que no pasará nada.
Aquel comentario tan enigmático hizo que Inuyasha olvidase las palabras de Kagome y se sintiese curioso sobre "eso". Lo mismo sucedía con Kagome, especialmente al ver el rostro triste de la youkai.
-Miyu-sama, si la tranquiliza, me encargaré de tener bien vigilados a los niños, por algo me llamaron, para cuidarles¿no?
-esta bien, iré por vuestro antojo. Solo espero no arrepentirme de ello.
Los dos hermanos se miraron con rostros de complicidad. Ya no tenían a Miyu y podían usar aquello para hacer unas visitas.
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La tarde había llegado, tan pronto como Miyu había abandonado el palacio y tras haber prometido a su "tía" Kagome que estarían en la biblioteca estudiando, ambos hermanos se encontraban en un claro donde la niña tenía un medallón entre sus pequeñas manos.
-jamás creí que utilizaríamos el collar de la abuela para esto.
-hasta que papá me dé a Tenseiga, es lo único que tenemos para entrar en el infierno hermanita.
-pero cuando papá vaya a ver a la abuela le contará que cogimos prestado su Meidou Seki.
-tú lo has dicho, se lo hemos cogido prestado, se lo devolveremos cuando papá me dé la Tenseiga o una hecha a partir de sus colmillos.
-es verdad.
-aprisa, tenemos que partir y volver a casa antes que Miyu. –apuró Inutaiyou.
Ella asintió y cerró los ojos para concentrarse. Un pequeño resplandor salió del objeto circunsférico el cual Inutsuki inconsciente lo elevó hasta el cielo donde se abrió una puerta que conducía hasta el más allá en forma de luna menguante. Sin perder un instante, ingresaron en el portal que se cerró tras ellos.
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-creo que los he juzgado mal. –dijo Kagome al otro lado de la puerta cerrada donde supuestamente estarían los dos niños- en el fondo son hijos de Sesshomaru, es imposible que hagan travesuras como los otros niños. –estirándose- supongo que lo de ayer fue por la impresión de tenernos a mí y a Inuyasha de canguros.
Ahora que se acordaba del hanyou, desde la comida no lo había visto.
-seguro que se ha asustado de sus sobrinos. Como se regocijaría Sesshomaru si llegara a verlo. –dijo más divertida- bueno, en vista que tengo toda una tarde para no hacer nada, daré una vuelta para entretenerme.
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Efectivamente, el hanyou estaba escondido de sus dos encantadores sobrinos y es que menudo par de diablillos que eran. Allí oculto en el frondoso árbol observaba el cielo donde las nubes se hacían presentes.
-hoy lloverá. –pronosticó.
Se fijó abajo donde sintió como Kagome abandonaba el palacio con una muda bastante abrigada que seguramente había pertenecido a la protegida de su hermano.
-que estúpida. Después no pienso ir a buscarla cuando esté empapada. Que pensara antes de salir. –decidido se acomodó en el árbol para echarse una cabezadita con la seguridad de que el árbol le hiciese de paraguas.
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Entre las penumbras del infierno, Inutaiyou e Inutsuki caminaban por un único camino. El mayor iba con la mayor seguridad propias de su padre haciéndole ver que aquel lugar no le intimidaba en lo mínimo. Su hermana por el contrario, hacía gala de la personalidad de su madre cuando ésta de pequeña había sentido temor hacia los lobos y los bandidos. Se aferraba a las ropas de su hermano mirando a sus espaldas continuamente. Notó como su hermano se paraba por lo que le miró sorprendida.
-¿por qué estás tan asustada? –preguntó confuso.
-yo no tengo miedo. –contestó cabezota.
-entonces¿por qué estás agarrada a mí? –volvió a preguntar.
-ah... –avergonzándose- vale, lo reconozco, tengo miedo¿pasa algo? No me gustan los zombis ni los fantasmas.
-¿y por qué no me lo dijiste antes de entrar?
-porque te reirías de mí. –virando la cabeza molesta.
Inutaiyou sonrió de oreja en oreja y para asombro de Inutsuki le cogió de la mano.
-yo nunca me reiría de mi querida hermana gemela. Tampoco dejaría que le pasase nada malo. Soy el primogénito del gran Sesshomaru, el demonio más poderoso del oeste y tú siendo también su hija eres una de las youkais más poderosas del oeste. Además queda un detalle que has olvidado, recuerda que juntos somos invencibles.
-si mamá te oyera, te abrazaría toda orgullosa.
-si fuese papá el mundo se vendría abajo. –sonriendo como ella conociendo la auténtica personalidad de su progenitor.
Rompiendo la hermosa armonía entre los dos hermanos apareció un ataque a los pies de ellos que instintivamente se echaron para atrás.
-pero¿quién...? –y ante sus ojos vieron a una youkai vestida con un kimono elegante de tonalidades vistosas. Su cabello negro estaba recogido en un moño japonés que era sujeto por dos plumas y sus ojos eran rojos con una ligera sombra color rosa (NA: tatachán¿alguien sabe ya quién es)- ¡tú maldita¿por qué nos atacas?! –gritó Inutsuki estando frustrada. No sabía porque, pero ver a esa youkai le infundía una rabia enorme.
-vosotros mocosos¿qué hacéis en el mundo de los muertos?
-no tenemos por qué contestarte. Aquí las preguntas las hacemos nosotros. –dijo Inutaiyou seriamente.
La mujer observó al niño y se quedó paralizada por el parecido a...
-Sesshomaru... –susurró impresionada.
-¡¿de qué conoces a mi padre?! –exclamó Inutsuki con fiereza que asustó a Inutaiyou.
-¿padre¿Sois hijos de Sesshomaru?
-¡¡RESPÓNDEME!! –gritó Inutsuki donde su hermano estaba detrás temeroso él ahora pero no del lugar sino de su hermana. Era la primera vez que la veía tan enfadada, le recordaba a su padre cuando su madre había pasado por "aquello" y cuando su abuela se la había llevado- "no Inutaiyou, estás equivocado, no está igual que papá, está peor que él."
-¡ju! –sonrió malévolamente sacando un abanico japonés- solíamos ser amigos y muy íntimos.
-¡¡MENTIRA!!
-no sabía que Sesshomaru tuviese hijos. –sin hacerle caso- youkais, además.
-¡¡YA ME ESTÁS HARTANDO, DIME DE QUÉ CONOCES A MI PADRE VIEJA BRUJA!!
-cuidado con tus palabras mocosa. ¿Cómo osas hablarle así a la sacerdotisa del viento?
-sacerdotisa del viento. –repitió Inutaiyou- entonces¿tú eres Kagura?
-me honra el que me conozcas. Veo que Sesshomaru os ha hablado de ti. –dijo con aires de superioridad.
-la verdad, fue nuestra madre. –derrumbando toda su felicidad para pasar a la sorpresa dejando que el abanico cayera al suelo.
-¿vuestra madre?
-así es, nuestra madre que de seguro la conoces. –decía Inutsuki con una sonrisa de lado sintiéndose triunfante- ¿crees que tengo este mechón de adorno? –señalándolo- mi madre también lo usaba de pequeña.
-¡¡ES IMPOSIBLE¡¡VOSOTROS NO PODEIS SER DE ESA PEQUEÑA HUMANA!!
-oh sí que podemos y lo somos.
-¡¡SOIS YOUKAIS!!
-el amor hace milagros y nuestro padre dejó todo atrás para estar con mi madre y seguro que como regalo de los cielos, obtuvo como descendencia a youkais puros como deseaba, es decir, nosotros. ¿Lo entiende o tengo que deletrearlo, se-ño-ra?
-Inutsuki... –intentando que no la provocara.
-¡niña, estás agotando toda mi paciencia!
-¿qué pasa¿Tan mal le sienta que le llame señora¿O prefiere que la llame vieja bruja?
-¡Inutsuki!
-por muy hija de Sesshomaru, esta no te lo perdono... ¡DANZA DEL DRAGÓN! –efectuando su ataque más poderoso.
Pero Inutsuki era igual de hábil que su padre y en décimas de segundo se colocó frente suya donde solo las separaba unos míseros centímetros. Con una sonrisa malvada, le asestó una bofetada en la mejilla dejándole la marca y un hilo de sangre que corría de su labio inferior.
-¡MALDITA! –masculló llena de ira devolviéndole el golpe.
-¡¿cómo te atreves?! –dándole en la otra mejilla- bruja, -abofeteándola en el otro lado- vieja, -volviendo a pegarla en el otro lado- fea, asquerosa, traidora, hipócrita, sucia, zorra. –a cada insulto Inutsuki la golpeaba en una mejilla y luego en la otra- maldita, roba hombres, secuestradora, impertinente...
Inutaiyou se encontraba lo suficiente e inteligentemente alejado con los nervios a flor de piel. Había oído el rumor que las mujeres youkais enfadadas eran un peligro, y ahí tenía la confirmación. Su hermana golpeaba a la youkai con ojos como los de su padre cuando estaba en fase de transformación.
-y eso que antes estaba asustada.
Suspiró con fuerza haciendo una nota de mandar a Jaken al otro lado del globo por haberles contado tooooooooooooooda la historia, y no la parcial como había hecho su madre sobre Kagura desvelando que ella había estado enamorada de su padre y que él había estado por un tiempo afectado tras su muerte.
Cuando el sapo había acabado el relato podía sentir los instintos asesinos de su hermana como una mujer en celo y ahí estaba devolviendo golpe tras golpe todo lo que tenía guardado contra ella.
-si mamá fuese youkai no quiero imaginar lo que le haría.
-¡marrana¡tipeja! –seguía Inutsuki.
-hermana para, que la vas a matar y... –pidió Inutaiyou.
-¡¡CÁLLATE!! –mirándole con odio y ojos que fuego- esta tipa ya está muerta y mi madre tiene una cuenta pendiente por todo el mal y el sufrimiento que le hizo- tú¡PERRA! –volviendo a los insultos con cachetadas.
-si tú lo dices. –murmuró Inutaiyou indiferente. Reconocía que su madre cuando hablaba de Kagura un halo de tristeza y resignación recorría por todo su cuerpo donde al principio no comprendía, solo hasta que Jaken había soltado toda la historia.
En vistos de que su hermana tenía para rato, decidió seguir con lo planeado en solitario. Dio un paso y se encontró con dos humanos, uno de aspecto adulto y otro adolescente. El adulto tenía el cabello largo y negro y ojos rojos como la mujer. El adolescente por su parte tenía mirada inexpresiva, el pelo recogido en una pequeña coleta, ojos avellana y pecas sobre la nariz.
-ya me parecía a mí que si estaba la vaca, tendría que estar el buey. El pesado de Naraku. –dijo el niño tranquilamente- y me imagino que ese es el maldito niño que odiaba mi padre.
-vaya Kohaku, parece que ese youkai no te aprecia en absoluto.
-¿cómo voy apreciar al que intentaba pretender a mi madre? –entrecerrando los ojos- has de saber maldito humano que mi padre se sintió muy feliz cuando desapareciste. Hasta puedo decir que saltó de alegría y repartió besos a Jaken.
-¿tu padre?
-mi nombre es Inutaiyou –sacando una katana que tenía en su cinto- soy el primogénito de Sesshomaru y de la humana que iba con ella, la próxima señora del oeste.
La risa de Naraku no tardó en darse.
-¿hijo de Sesshomaru y de la niña esa? Es completamente imposible. Sesshomaru odia a los humanos. Además¿te has visto al espejo? Eres youkai.
-mi padre tenía razón, en el fondo tienes cerebro. –dijo con burla enojando al medio demonio- sin embargo, no tengo nada contra ti ahora. Tú mocoso, -señalando a Kohaku con su katana- vas pagar por haber secuestrado a mi madre y que mi padre lo pasara mal. Prepárate para recibir el mismo castigo que tiene Kagura a manos de mi hermana. –colocando la espada sobre sus hombros mostrándoles como Inutsuki seguía golpeando a la youkai del viento lanzándole un insulto donde había completado el abecedario y volvía a empezar- venga que no tengo todo el tiempo, después me espera una charla con ese hanyou y tenemos que volver a casa antes de que anochezca.
Y de la misma manera que su hermana, Inutaiyou empezó a atacar a Kohaku, solo que el humano no se quedaba parado recibiendo los golpes sino que huía asustado hasta que le hubo dado alcance y comenzó lo que su padre haría en su lugar, torturarle con satisfacción.
Esa escena era observada por alguien más que sonreía divertido al ver como los dos niños se desquitaban contra los que habían sido los pretendientes de sus padres teniendo a un Naraku sin palabras.
-son encantadores y muy hijos de su padre. –dijo ese ser.
-
Por fin ambos hermanos habían terminado y se encontraban satisfechos. El resentimiento que tenían era tan fuerte como el de su padre, principalmente en Inutsuki por ser mujer.
-solo quedas tú Naraku. –dijo el niño con una sonrisa traviesa.
Antes de que pudiera efectuar cualquier gesto, Inutsuki con su rapidez se sentó en su regazo impidiéndole escapar.
-ahora Naraku-kun, nos vas a contestar a lo que te preguntemos sin rechistar, sino quieres correr la misma suerte que tus peones. –dijo la niña con malicia.
-
Una vez obtenida toda la información deseada Inutaiyou e Inutsuki volvían a caminar en el infierno sin rumbo fijo habiendo dejado a Naraku con el sudor corriéndole la frente y el alivio de no haber acabado como Kagura y Kohaku.
-de tantos muertos que podíamos habernos encontrado, tuvimos que ver a esa maldita.
-era normal hermana. Lo que yo no quería ver es a ese mocoso humano.
-¿te refieres a Kohaku? No entiendo que hace aquí.
-¿cómo qué que hace? –parándose a verla- Está muy claro. ¿Has olvidado que mató a su familia?
-estaba siendo controlado. –justificó.
-¡¿por qué le defiendes?! –preguntó alarmado.
-no le estoy defendiendo.
-mentira, estás actuando igual que mamá. Recuerda que papá le odia más que al tío malas pulgas, que ya es decir.
-ya te he dicho que estaba controlado. En el fondo era buen chico.
-era un humano. Débil y tímido. No se merecía a mamá.
-¿cuándo he dicho yo que debería haberse quedado con mamá?
-no lo has dicho, pero lo piensas.
-creo que cuando peleaste con Kohaku tuviste un descuido y te golpeó en la cabeza.
-aquí la que se ha golpeado la cabeza fuiste tú al maltratar a Kagura.
-¿maltratarla? –repitió ella con sorna- uy hermano que fino has sido. ¿Desde cuando te compadeces de esa mujer?
-de la misma manera que dices que Kohaku era bueno, yo opino que Kagura en el fondo no era mala.
-¡¿qué has dicho?!
-lo que oyes. Ella solo quería la libertad. A nosotros los youkais no nos gustan ser esclavos.
-¡esa pendeja era una mosquita muerta que iba tras papá!
-porque papá era fuerte y el único que podía liberarla.
-era una cambia chaquetas que no le importaba que fuera papá o tío malas pulgas quién derrotara a Naraku. Además, secuestró a mamá obedeciendo a Naraku.
-y Kohaku intentó matarla.
-estaba poseído.
-ella quería la libertad.
-pero no se cortaba a la hora de obedecer a Naraku.
-no tenía elección.
-escúchame bien Inutaiyou, cuando hablan de esa arpía no respondo de mis actos aunque tenga delante a mi propio hermano. –sacando una de sus espadas.
-lo mismo digo de ese niño muerto. –desenfundando la suya- ese humano sin nombre no tiene punto de comparación con nuestro padre y tú, hija suya, defiendes a la persona que más aborrece.
-mamá se sentiría muy triste viéndote proteger a la primera mujer que papá amó.
-¿cuántas veces tengo que decirte que ella solo quería ser libre?
-lo mismo digo. ¿Por qué te empeñas en reclamar a Kohaku?
-tú has empezado atacando a Kagura.
La carcajada resonó en el infierno como si esa persona ya no pudiera más.
-pero que demonios tan encantadores. Sin duda son hijos de Sesshomaru.
-¿quién eres? –preguntó Inutaiyou junto a Inutsuki desconfiantes a la defensiva.
-sois como Sesshomaru cuando era un cachorro, pero conserváis el espíritu de vuestra madre. Muy pero que muy buena combinación, aunque explosiva.
En el camino, delante de ellos se escuchaban unas pisadas que se iban acercando a ellas de forma lenta y extrañamente familiar.
-¿papá? –murmuró Inutaiyou sintiendo el mismo aroma que su padre.
-no. No soy Sesshomaru. –apareciendo aquel ser que dejó a los dos niños con la boca abierta.
Aquel hombre que tenían delante era bastante parecido a su padre. Del clan de los Inus seguramente. Era un youkai de tez morena, ojos dorados de apariencia seria pero amable al mismo tiempo. Cabello largo recogido en una coleta alta y una capa peluda. Sus ropajes eran blancos con alguna tonalidad azul. Llevaba una armadura que era ajustada con su cinto rojo vino.
Aquel youkai con una sonrisa en sus labios examinó a los dos pequeños que lo miraban como si viesen al mismísimo dios.
-ya veo. Así que su supuesto odio hacia los humanos lo desechó y aún a costa de su orgullo ante su hermano, se rebajó a ser la pareja de una humana. Que divertido.
-¿quién... quién... quién es usted? –preguntó Inutsuki que había salido del trance. Le impresionaba cierto, pero esas palabras eran como si insultase a su padre y eso no lo perdonaba. Parecían como las de su abuela, solo que las suyas no tenía un matiz burlesco como el de ese youkai, sino de reproche.
-¿por qué tiene el mismo aroma que mi padre? –preguntó esta vez el niño.
-ay jovencito. Pensar que sois hijos de ese cachorro rabioso.
-oiga, una palabra más sobre mi padre y... –empezó Inutsuki furiosa.
-defiendes a tu padre con uñas y dientes¿eh? Se nota que eres toda una hembra. Especialmente antes cuando atacabas a esa youkai, al igual que tú con ese humano, jovencito. Como se dice, el macho protege a su hembra y la hembra protege al macho. Solo que los del clan Inu somos algo más posesivo con las cosas que más apreciamos. Lo mismo ocurre con mis dos hijos rabiosos.
-¿eh? –fue lo que salió de los labios del niño atando cabos.
-no me diga que usted... usted es...
-os costó, pero al final parece que os disteis cuenta de quién soy realmente, mis queridos nietos.
-¿abuelo?
-así es. –dijo con una sonrisa- mi nombre es Inutaisho y soy el padre de vuestro padre y de vuestro tío cascarrabias o malas pulgas como lo llámais.
Eso hizo que la risa acudiera a los dos niños.
-estoy muy contento de que mi hijo hiciera a un lado ese rencor a los humanos y haya encontrado una mujer que lo ama incondicionalmente. Y lo que me enorgullece es que haya creado su propia familia, unos youkais fuertes capaces de defender a sus padres.
-sin ellos no seríamos lo que somos. –dijo la niña.
-también, sino fuera por Tenseiga, creo que ahora no estaríais aquí.
-sí, conocemos la historia. Papá, a pesar de cómo es, nos la contó. Creo que es la mejor espada que existe. Por eso, le he pedido que me la deje como herencia.
-espero que las cosas no cambien de rumbo. –dijo Inutaisho recordando como Sesshomaru no quería la katana, sino las otras dos que había poseído.
-Inutaisho-sama...
-llamadme abuelo. –les dijo con un guiño- yo no soy como Tsukihime, aunque haya sido su pareja.
-abuelo, -rectificó Inutsuki divertida recordando las tantas veces que había llamado abuelita a la madre de su padre- ¿qué haces en este lugar? Quiero decir, esto es el infierno y tú fuiste un youkai todopoderoso.
-mi pequeña, el infierno no tiene excepciones con nadie, aunque haya sido un youkai noble, al igual que vuestro padre, cometí muchos crímenes en mi adolescencia.
-imposible. –dijo Inutaiyou convencido.
-pequeño, no juzgues sin antes conocerlos. De todas formas, aquí en el infierno podía seguir el curso de mis hijos y darle el deseo más grande a mi primogénito.
-¿quieres decir, que si nosotros somos youkais es por tu intervención?
-sí mi nietecita. Para compensar el que Sesshomaru amase locamente a una mujer humana, le di lo que más anhelaba. Y veo que el resultado fue bueno. Bien chicos, ahora escuchadme. Sé lo que tramáis para con mi otro hijo, y estaría encantado de que se emparejara con esa mujer que vivir aferrado a una mujer muerta que honestamente no se la merecía.
-concuerdo contigo abuelo. –dijo Inutsuki que veía a Kikyo de la misma manera que a Kagura.
-Inuyasha es aún más cabezota que Sesshomaru, y no sé a quién habrá salido porque tanto en mi rama de la familia como en la de Izayoi éramos gente paciente y comprensiva. (NA: entonces¿es que es adoptado o su padre será otro?) Vosotros debéis seguir insistiendo hasta conseguir con vuestro objetivo. Si sois tenaces y no os rendís lo conseguiréis.
-sí abuelo. –dijo Inutaiyou animadamente.
-ahora regresad y acordaos de daros un buen baño antes de regresar a palacio y descubran que habéis estado aquí y que me habéis visto.
-no te preocupes abuelo, seremos cuidadosos.
-adiós abuelo.
Inutaisho sonrió ligeramente. Ahí estaba la tercera generación. Su hijo había hecho un buen trabajo, a pesar de tener a la humana con Tsukihime durante tantos años. Todo había sido por obra suya, él se lo había pedido con una razón que seguramente a su hijo le gustará. Además, así no volvería pasar aquello como le estaba ocurriendo a la futura mujer de su hijo menor.
-Inuyasha, tú la aprecias, pero, no quieres reconocerlo. Si no apuras, la perderás como yo perdí a tu madre al dejarla con los humanos. –dijo con pena recordando que sino la hubiese abandonado con los suyos, él no habría muerto y sus hijos no crecerían odiándose.
CONTINUARÁ...
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Notas de la autora:
Antes que nada, mis más humildes disculpas por haberme retrasado con este capítulo pero no tenía la inspiración para él y cuando me vino se me hacía demasiado largo que tuve que partirlo en dos, donde el siguiente cap tratará sobre "eso" que hablan.
El personaje de Yue, no sé si alguien se ha dado cuenta, pero no solo el nombre sino que incluso el físico lo saqué del personaje Yue de Card Captor Sakura, solo que en este fic no tendrá alas y las orejas puntiagudas.
Muchas me preguntasteis en vuestros reviews de porque los niños son youkais y vuestro asombro de que se casara tan joven. La primera ya la tenéis contestada y la siguiente se verá en una secuela que publicaré en la sección de Sessh y Rin quizás en este mismo mes, así que atentos. Bueno, otras preguntas más que me habíais hecho y demás están contestadas en la pág BashonoAotsuki donde encontrareis el link en mi profile.
Bueno, por último decir que este cap no tuvo casi nada de Inu y Kagome, pero lo compensaré en el siguiente.
Por cierto, a los que leen Four Seasons que también antes de este mes tendré la continuación. Tengo el cap hecho y solo tengo que revisarlo.
'Atori'
